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Actualizado el 2016-07-15 a horas: 05:51:30

Boceto de una contrastación política

Raúl Prada Alcoreza

Para analizar una institución no es suficiente tener en cuenta sus estatutos, su organigrama, sus visión y misión, incluso, si se quiere, su “ideología”, sino que es indispensable contrastar todo esto con sus prácticas, con lo que hace efectivamente. Entre estas instituciones, resaltan en sus contrastes, si se quiere, en sus contradicciones, los llamados partidos políticos. Nos interesa analizar, desde esta perspectiva, la de la contrastación, a los llamados partidos de “izquierda”. En este caso, trataremos, en principio, hacer un boceto analítico de lo que fue el PS-1.

Raúl Prada Alcoreza

Raúl Prada AlcorezaEscritor, docente-investigador de la Universidad Mayor de San Andrés. Demógrafo. Miembro de Comuna, colectivo vinculado a los movimientos sociales antisistémicos y a los movimientos descolonizadores de las naciones y pueblos indígenas. Ex-constituyente y ex-viceministro de planificación estratégica. Asesor de las organizaciones indígenas del CONAMAQ y del CIDOB. Sus últimas publicaciones fueron: Largo Octubre, Horizontes de la Asamblea Constituyente y Subversiones indígenas. Su última publicación colectiva con Comuna es Estado: Campo de batalla.

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Podemos afirmar, que, por un lado, está el programa, la declaración de principios, del PS-1, liderado por Marcelo Quiroga Santa Cruz, y por otro lado, está la historia efectiva singular de este partido. El núcleo del programa y de los principios se encuentra en la transmisión del pensamiento propio de la “izquierda nacional” boliviana; de la que formó parte Marcelo Quiroga Santa Cruz. Este núcleo tiene que ver con la lucha de los pueblos y países periféricos por la soberanía e independencia, llevando a cabo un programa concreto de nacionalizaciones. La tesis inherente, si se quiere, de fondo, es la siguiente: La nacionalización de la economía implica la nacionalización del Estado, de la sociedad y del pensamiento. Este proyecto, irradiado en toda Latino América, en corrientes singulares, como las nacional-populares, forma parte de las corrientes descolonizadoras. La diferencia de aquéllas corrientes descolonizadoras, de mediados del siglo XX hasta entrada la segunda mitad de este siglo, por lo menos en la tercera parte del siglo, y las corrientes decoloniales de fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI, es que aquéllos postulados nacional-populares, consideraban que se enfrentaban a las condiciones neocoloniales, que imponía el imperialismo; en tanto que los decoloniales tienen en mente una estructura de larga duración, que deviene desde la conquista y la colonia. Sin embargo, ambas concepciones, la nacional-popular y la de-colonización culturalista y civilizatoria, para darle un nombre al alcance de sus pretensiones, se encuentran en esa porción de espacio-tiempo, que corresponde a las formas de dominación colonial económicas, en la historia reciente. Ciertamente, la perspectiva decolonial no se queda ahí, tampoco toma en cuenta como primordial esta dominación económica, haciendo, mas bien, hincapié en la dominación civilizatoria moderna, caracterizada como “occidental”.

El resto del programa tiene que ver con la perspectiva socialista, tal como es concebida por el PS-1. Podemos encontrar analogías con otros programas de los partidos socialistas del continente, aunque también diferencias, que tienen que ver, más que con la peculiaridad del país, con la herencia transmitida por los grupos de “izquierda” y socialistas que se incorporaron al PS-1. Desde nuestro punto de vista, la singularidad política del programa se encuentra en la médula nacional-popular, que hace como base para la transición al socialismo. Por lo tanto, lo destacado no se encuentra en los enunciados generales por el socialismo, sino en el programa de nacionalizaciones. En lo que respecta a las transiciones, podemos decir que, partiendo de la base de nacionalizaciones, políticamente, de la soberanía del Estado-nación, se sugiere que se puede avanzar hacia el socialismo, mediante medidas de igualación de las condiciones de vida, a través de la intervención estatal contra la estructuras de desigualdades sociales; incorporando, también estatalmente, a las grandes mayorías, a los beneficios que ofrece un Estado de transición al socialismo.

Sin embargo, no es este programa y la declaración de principios, lo que, ahora, nos interesa, sino el contraste entre lo que pretendía el partido como organización y lo que efectivamente fue. No vamos a desarrollar una descripción histórica del PS-1; ésta se encuentra el en los tres tomos del Socialismo vivido, de Hugo Rodas Morales; descripción histórico-política y análisis, hechos de manera minuciosa, además de analizada teóricamente[1]. Nos remitimos a esta investigación, exposición histórica, política y biográfica, desplegada en el bloque de escritos mencionado. Lo que vamos a hacer, es bosquejar perfiles del proceso orgánico y práctico del PS-1, a través de hipótesis interpretativas, que ayuden a explicar lo que ha sucedido con el partido, además de pretender servir como propuestas de investigación.

Boceto político de un partido socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, al retornar a Bolivia, clandestinamente, en plena dictadura militar del general Hugo Banzer Suarez, rescata al socialismo, no solamente de una tibia expresión socialista, más apegada al statu quo que a las tradiciones socialistas. La fundación del PS-1 implica un nuevo curso, más ligado a la radicalización de las grandes tradiciones nacional-populares del país; otorgándole un alcance socialista, por lo menos, en el programa. El meollo y la nuez de la convocatoria partidaria es, indudablemente, el mismo Marcelo Quiroga Santa Cruz, que gozaba de mucho prestigio, por su historia política, por la nacionalización de la Gulf Oil, por su consecuencia y conducta ética. El grupo más cercano al perfil de Marcelo Quiroga es Pututu, el primer grupo que se incorpora, aunque no con todos sus miembros. Pututo apoya el programa de nacionalizaciones del PS-1. Esto se debe a que en este grupo se encuentran ex-militantes de la “izquierda-nacional”, sucintamente del “Grupo Octubre”. Los siguientes grupos que se incorporan, estaban más ligados a las concepciones socialistas contemporáneas, contando con la experiencia del debate, en el contexto de la dictadura militar, con la llamada “izquierda internacional”, así como contando con la experiencia de la preparación para la guerrilla. Ambos perfiles, hacen a lo que podemos denominar la composición básica del PS-1. Por otra parte, ingresan otras organizaciones, más vinculadas a las tradiciones sindicales, también gremiales, incluso barriales. Éstas le dan una expresión de proyección masiva al partido. También podemos nombrar, obviamente, a los originarios del Partido Socialista escindido, que sería el grupo plataforma de la formación del partido. Por otra parte, no debemos olvidarnos de los socialistas independientes, con perfil más individual, en la suma de las incorporaciones al PS-1. En consecuencia, podemos detectar distintas tendencias, aunque no pueda nombrárseles, propiamente, como corrientes; por lo menos, las podemos asumir como tendencias prácticas, pues venían de sus propias tradiciones políticas, intelectuales y sindicales. Otra consecuencia, parece ser, la que anunciamos a un principio; la diferencia entre lo que quiere ser el partido y lo que fue efectivamente. Las distintas corrientes, más en lo que respecta a sus herencias, tradiciones, prácticas y concepciones, definen una configuración del partido, en sentido efectivo, más bien, heterogéneo, que homogéneo; incluso en lo que respecta al acuerdo de lo fundamental del programa socialista, que era el programa de nacionalizaciones. Pueden afirmar que lo están; empero, algunos grupos, estaban más interesados en hacer hincapié en las expresiones socialistas, que tienen una tonalidad general, que comprender el peso histórico-político de la tradición nacional-popular en Bolivia. En otras palabras, el PS-1 no tuvo tiempo para discutir a fondo sus diferencias conceptuales y de interpretación de las luchas sociales y por la soberanía de los pueblos de América Latina y en el país. En resumidas cuentas, no pudo homogeneizarse lo suficiente para operar. Sin embargo, esta falencia, si podemos hablar así, pues no puede ser otra cosa, una especie de fragmentación de la “ideología” y la concepción política por el socialismo, fue compensada notoriamente por la claridad teórica, “ideológica” y política de Marcelo Quiroga Santa Cruz, quien forma parte, en su trayectoria intelectual y política, de lo que llamamos la episteme boliviana[2]. Es por esto, que su asesinato, su desaparición del escenario político, derivó en la diseminación del partido. El PS-1 se ha reducido a un pequeño grupo de intelectuales, conocidos, por su especialización en ciertas áreas académicas; respecto al cual, podríamos decir, es el grupo más cercano al proyecto del PS-1, en el periodo de Marcelo Quiroga. Hay otros grupos que se reclaman PS-1; empero, están muy lejos del programa, así como lejos del espíritu crítico, que caracterizaba a Marcelo; es más, están más lejos de la connotación irradiante de Marcelo. Incluso, hay un grupo, cuyo comportamiento triste, nada ético - lo que contrasta notoriamente con el perfil ético-político de Marcelo -, avala grotescamente la demagogia del gobierno populista, llamado “gobierno progresista”. Teniendo en cuenta, el decurso político, descrito, en rasgos de boceto, podemos sugerir que la herencia ética y política de Marcelo Quiroga Santa Cruz, se encuentra más en la geología social-política, sedimentada, de la experiencia del pueblo, en la memoria social del pueblo; sobre todo, cuando se moviliza por la defensa de los recursos naturales y por la defensa de la soberanía nacional, más que en los fragmentos que quedaron del PS-1. El contraste entre el deseo político, expresado en los principios, incluso en la forma de organización buscada, y la práctica efectiva del partido, es evidente. Lo que muestra que el PS-1 vivió un proceso inacabado, repentinamente cortado. Desde nuestra perspectiva activista, crítica y política, no se trata de revivir un partido fragmentado, además de inacabado, sino de lograr la pedagogía política popular, aprendiendo de la experiencia intensa de un hombre que entregó su vida al socialismo vivido; es decir, a la praxis de la defensa de los recursos naturales, de la defensa de soberanía del Estado-nación, plasmando la politeia, en otras palabras, la política, en sentido pleno de la palabra, como liberación y emancipación, no en sentido restringido, como dominación, politeia que no puede darse, sino a través de la pragmática, en sentido pleno, como conducta y comportamiento, ético. --- NOTAS

[1] Ver de Hugo Rodas Morales Socialismo vivido; tres tomos. Plural Editores. La Paz.

[2] Ver Pensamiento Propio: https://pradaraul.wordpress.com/2015/04/14/pensamiento-propio/.

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