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Área: Opinión >> Periodismo ciudadano
Actualizado el 2016-03-10 a horas: 10:24:51

El agotamiento del estado burgués y la caída estrepitosa de un ídolo de barro

No es hora de fabricar líderes sino definir qué clase de gobierno y Estado buscamos

Miguel Lora Ortuño

Antes y después del referéndum, tanto el oficialismo como la oposición de la derecha democratizante han puesto en el tapete de discusión el problema de la falta de líderes; en el caso del oficialismo, un personaje capaz de reemplazar a Evo Morales y, en la oposición, una figura fulgurante que pueda unificar a las diversas tendencias de la derecha dispersa que marcha detrás de sus propios caudillejos ambiciosos.

Miguel Lora Ortuño

Es maestro y dirigente sindical.

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El oficialismo masista necesita de la construcción de un gran aparato de símbolos con la finalidad de mantener latente la fidelidad y el apoyo de grandes sectores de los pobladores de campo, uno de los pilares de esa construcción es que en este mundo capitalista decadente lo único que queda como reserva moral son los valores del movimiento campesino – originario, cuyo representante natural es el presidente indígena Evo Morales. Las cumbres que el gobierno ha organizado con gran derroche de recursos económicos y un aparato publicitario impresionante estaban orientadas a mostrar a Evo Morales como el líder universal de los indígenas del planeta, se ha esmerado en traer delegaciones de indígenas de todos los continentes y países ataviados de sus vestimentas originarias y resaltando su expresiones culturales.

En esta línea, por ejemplo, en tres oportunidades, se han hecho dos posesiones del presidente indígena, una llena de simbología originaria en Tiwuanacu donde curiosamente es coronado como un monarca con corona, cetro y capa real, vestido a la usanza de los incas del pasado; otra, al gusto de los k’aras, en el Palacio Legislativo, jurando respetar y hacer cumplir la Constitución del Estado burgués plurinacional.

Los oficialistas han hecho muchos esfuerzos por mantener la figura del Presidente como algo inmaculada y lejos de los brotes de corrupción en diferentes niveles de la administración del Estado; sin embargo, ya en el escándalo del Fondo indígena se ha puesto en entredicho eso de la “reserva moral” del movimiento indígena y del propio presidente frente a la indisimulada protección de los elementos indígenas más próximos al entorno palaciego como Nemecia Achacollo, por ejemplo. Pero el golpe mortal que ha desmitificado completamente la imagen de Morales ha sido la denuncia en torno a los problemas de alcoba de éste con su ex – pareja Gabriela Zapata, vinculado al uso de influencias para la firma de contratos millonarios con la transnacional china CAMC.

A pesar del esfuerzo hecho por García Linera, Juan Ramón Quintana y otros para proteger la imagen del Presidente, ambos escándalos han puesto al desnudo la pobreza moral e intelectual del gobernante y de sus cercanos colaboradores: declaraciones improvisadas y llenas de contradicciones que lejos de disipar las dudas lo único que hacían es confirmar las sospechas, uso abusivo de la prepotencia contra los opositores al gobierno, ataques a la prensa que se ha atrevido a seguir de cerca de manera independiente el escándalo, etc. Este escándalo ha alimentado el morbo de la gente que -cada día- acudía con avidez a las redes sociales, a la prensa televisiva, escrita y oral, para ver que nuevos elementos aparecían en esos apasionantes capítulos de una telenovela de mal gusto al estilo mexicano.

Estamos viviendo el agotamiento del Estado burgués, hoy presentado por el oficialismo como un nuevo Estado plurinacional. Ni nuevo ni esencialmente diferente del viejo estado liberal burgués. Las manifestaciones de su agotamiento y descomposición se expresan en la imparable corrupción en todos los niveles de la administración. Muchos señalan que la dupla Morales – García Linera no quiere ni puede dejar el control de este Estado por el temor de que, a partir del 2019, se destapen los hechos más horrendos de corrupción y del manejo arbitrario de la cosa pública.

La caída del ídolo de barro con todo el aparato de símbolos tendrá consecuencias en el seno de oficialismo e impulsará al proceso de emancipación política de amplios sectores de la población que se encontraban rezagados con referencia a los sectores más radicalizados que, en el último referéndum, le propinó un categórico puñetazo en el rostro de Evo Morales.

Extravío de la política burguesa democratizante

El oficialismo desarrolla una posición mesiánica que raya en un ridículo culto a la personalidad al sostener que es imposible la continuación del “proceso de cambio” sin Evo Morales a la cabeza, en una entrega de viviendas en Curahuara de Carangas García Linera ha preguntado a la masa campesina concentrada: “si el tata Evo no está en el gobierno ¿quién los va a defender y quién les va a dar viviendas? Por su parte, tanto los “politólogos” como los políticos de la derecha razonan que en el 2019 sólo podrá estructurarse una candidatura unitaria para hacer frente al oficialismo si surge la imagen fulgurante de un líder carismático que pueda embriagar al electorado y unificar a las distintas facciones hoy atomizadas.

Los cadáveres del PT, creen que ha llegado su hora y abrigan la esperanza de aparecer como la única opción electoral de izquierda y, entre los que representan a la derecha tradicional derrotada como Rubén Costas, Carlos Mesa, Tuto Quiroga, Doria Media y otros entrarán en una carrera desenfrenada por capitalizar la simpatía del electorado, de tal modo que puedan convertirse en las figuras aglutinadoras de un frente electoral unitario. Los llamados “librepensantes” que reivindican las banderas primigenias del MAS, sueñan con la posibilidad de forjar un nuevo “instrumento político” para destronar al MAS del poder por la vía electoral. Para todas estas tendencias de la derecha democratizante la perspectiva es que la situación política desemboque en la salida electoral el 2019.

Esta discusión encuentra eco en las corrientes anti oficialistas de amplias capas de la clase media que, hastiadas de la prepotencia y la corrupción masista, han votado mayoritariamente por el NO; estas corrientes que no han podido salir de los límites de la política burguesa de defensa de la Constitución y cuyo horizonte apunta a las próximas elecciones del 2019 tienen un embrollo en la cabeza, el problema de cómo se supera la ausencia de un líder que permita encausar la política por rumbos diferentes a los trazados por el MAS. El sector del movimiento obrero que se ha sumado al NO, en sus amplias capas despolitizadas, también recibe la poderosa presión de estas diversas tendencias de la política burguesa, presión que se convierte en un obstáculo en el desarrollo de la conciencia de clase y el ejercicio de su independencia política e ideológica frente a la clase dominante y su Estado.

Es preciso reconducir el debate en el movimiento obrero y en las diferentes capas de la clase media radicalizada, señalar que la tarea más importante en este momento es definir cuál es el camino que nos conduce a superar las consecuencias de la crisis capitalista y que el actual gobierno pretende cargarla sobre las espaldas de los sectores más empobrecidos por la vía de los impuestos, condenando a los sectores cuentapropistas a ingresos miserables, a los asalariados a sueldos de hambre, a las amplias capas de la clase media maltratada y humillada a una espantosa inseguridad, a los campesinos y originarios a seguir subvencionando la crisis con precios miserables de sus minúsculos excedentes que llegan a los mercados locales, etc. Este debate plantea la necesidad de definir qué clase de Estado pretendemos construir y que qué clase de gobierno debe dirigirlo.

Está superabundantemente demostrado que el Estado liberal burgués, con su actual variante del llamado Estado plurinacional, ha fracasado porque ya no hay posibilidad de desarrollo del país en los marcos del capitalismo (un Estado basado en la gran propiedad privada de los medios de producción), que el imperialismo con todas sus manifestaciones bárbaras como las crisis cíclicas que padece y el carácter mundial de la economía se ha convertido en el mayor obstáculo para que los países como el nuestro puedan conocer un generoso desarrollo independiente orientado a consolidar una sociedad democrática que tanto cacarean los reformistas y políticos burgueses. Está demostrado que el Estado burgués está condenado a acabar en el charco de la corrupción como el escándalo del Fondo Indígena, de los contratos directos con las empresas chinas, el envilecimiento en la administración de la justicia y de todos los poderes del Estado, etc. Entonces ¿qué nos esperar en el marco del Estado y de los gobiernos burgueses? Sólo hambre, sobreexplotación y sometimiento a los intereses del imperialismo.

Este es el momento de definir la necesidad de construir un nuevo Estado basado en la propiedad social de los medios de producción dirigido por un gobierno de obreros y campesinos. En el proceso de construcción de este Estado surgirán los líderes que la sociedad necesita para dirigir sus órganos de poder. El camino para alcanzar este objetivo no es la democracia burguesa que se reduce a la ficción de que “un pueblo soberano” elige con su voto al gobierno que se instalará en el poder. Para destruir el Estado burgués caduco e inservible no existe otro camino que la revolución social.

* El autor es secretario general de Partido Obrero Revolucionario (POR).

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