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Área: Opinión >> Comentarios y enfoque
Actualizado el 2016-02-23 a horas: 15:37:32

Miserias del discurso político

Raúl Prada Alcoreza

Los discursos transmiten sentidos, transportan mensajes, cargando con los conceptos, las concepciones, los imaginarios y los símbolos que conllevan. Son decodificados por intérpretes, que también cuentan con sentidos sedimentados, con mensajes presentes, con conceptos aprendidos y concepciones compartidas, además de imaginarios colectivos y símbolos culturales. Los discursos son construcciones del lenguaje y de las articulaciones sociales con el mundo, son herramientas sonoras o escritas, útiles en la comunicación, que conforma comunidades hermenéuticas; también son los lazos o hilos del tejido social, que compone artesanalmente mundos complejos, integradores de afectos, percepciones, razones, acciones y prácticas, en contextos institucionales y territoriales.

Raúl Prada Alcoreza

Raúl Prada AlcorezaEscritor, docente-investigador de la Universidad Mayor de San Andrés. Demógrafo. Miembro de Comuna, colectivo vinculado a los movimientos sociales antisistémicos y a los movimientos descolonizadores de las naciones y pueblos indígenas. Ex-constituyente y ex-viceministro de planificación estratégica. Asesor de las organizaciones indígenas del CONAMAQ y del CIDOB. Sus últimas publicaciones fueron: Largo Octubre, Horizontes de la Asamblea Constituyente y Subversiones indígenas. Su última publicación colectiva con Comuna es Estado: Campo de batalla.

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Los discursos políticos han sido, en primer lugar, convocativos, interpeladores o, en su caso, legitimadores. Después, los discursos políticos se han convertido en objetos de estudio, dejando emerger meta-discursos políticos; lo que podemos llamar discursos del análisis político. Los análisis se han encargado de descifrar lo que contienen los discursos, tanto como intensiones, estrategias, tácticas, conspiraciones, proyectos, como lo que de alguna manera hizo Nicolás Maquiavelo, analizando también las acciones políticas. El tercer desplazamiento, fue conformar una ciencia del Estado, que terminó siendo ciencia política, que estructuró un análisis político más sofisticado, que atendía relaciones, funciones y estructuras institucionales. Si bien, esta ciencia política tiene sus antecedentes en la filosofía política antigua, lo cierto es que al conformarse sobre la base de una metodología de investigación, en principio, empirista y positivista, lo que era la filosofía política se convirtió en ciencia, ya no basada en la utopía del bien común, aunque lo persiga, sino en los registros, las fuentes, los archivos, los datos, los sucesos, los estados y sus crisis. Se han sucedido escuelas y corrientes en la ciencia política, que, debaten, se diferencias, concurren y disputan sus interpretaciones. Todo esto se ha dado lugar en las academias; pero, también en los colectivos activistas, predispuestos a incidir y transformar el mundo, conscientes de requerir del análisis político.

Sin embargo, también, se ha desprendido de esta ciencia política, de sus corrientes, y de retazos de la antigua filosofía política, combinada con “ideologías” del periodo, desgajes discursivos políticos, que no llegan a ser análisis propiamente dicho, sino dispositivos de incidencia, en un campo de fuerzas concurrente. Claro está, que estos desgajes discursivos pretenden ser análisis políticos, que acuden a la ciencia política, cualquiera que sea la corriente en la que se embarcan. Sin embargo, están lejos de contar con el rigor del análisis de la ciencia política, independientemente de sus pretensiones de verdad. Las pretensiones “científicas” del discurso político en acción de la clase política, cualquiera sea su tendencia, son esto, poses, para convencer. Para la acción política es indispensable hacer esto, pretender objetividad, en un mundo moderno, donde tiene valor este criterio empirista. Empero, no se puede considerar a estos discursos como análisis político de la ciencia política, aunque la tengan como referencia.

Lo que decimos tiene importancia, al momento de considerar la evaluación de estos discursos políticos en acción. No se puede evaluarlos como si fuesen discursos del análisis político, pues al encontrar sus falencias, lagunas, desajustes, debilidades, vamos a terminar de aplazarlos. No son análisis políticos, son dispositivos discursivos, articulados a acciones, a partidos, a instituciones, a instituciones, en el campo de la lucha de clases.

En este mapa “ideológico”, donde la filosofía política hace como substrato, el discurso político es la herramienta de la convocatoria o de la legitimación; el análisis político convierte al discurso político en objeto de estudio; constituye e instituye, después, la ciencia política; posteriormente, desgajando nuevos discursos políticos en acción, imbuidos o afectados por las miradas de la ciencia política. ¿Qué papel juega los comentaristas políticos?

En el mundo de la pantalla o en la pantalla como mundo, como dice Gilles Lipovetsky[1], los comentaristas políticos se han convertido en parte del espectáculo político y mediático. Aquí tampoco se hace análisis político, ni ciencia política, sino se emite un discurso político con pretensiones de análisis y de ciencia, un discurso político también en acción; empero, la acción política de los comentaristas no tiene el carácter directo y evidente, sino, mas bien, se trata de un efecto indirecto, que se presenta con pretensiones de objetividad y de análisis. Tomando en cuenta este contexto, vamos a pasar a evaluar los discursos emitidos por los comentaristas, también por los políticos, en la coyuntura del referéndum sobre el artículo 168 de la Constitución.

Una vez que se conoció los resultados preliminares, no solamente de muestreo abierto, sino, sobre todo, de escrutinio de las actas, cuando la tendencia evidente es a la inclinación por el no, aunque los márgenes son estrechos, a los ocurrentes comentaristas oficialistas, compartiendo el mismo criterio alucinante del Vicepresidente, lanzaron la tesis de que se trata de un “empate técnico”. Este término, domeñado, en las anecdóticas elecciones que llevaron a la presidencia al tercero, por la astucia criolla del vocero del MIR, ha vuelto a usarse, repetirse; sin embargo, perdiendo la sorpresa de la astucia de aquel entonces. Eta tesis desgastada, trasnocha, es la tabla de salvavidas del MAS, en su propio naufragio. Que se vea por donde se vea el partido oficialista ha perdido el referéndum. No nos referimos solo a los resultados cuantitativos, sino, sobre todo, a los desenlaces cualitativos.

En un anterior texto expusimos nuestra posición al respecto, en Más allá del sí y del no[2]. Donde dijimos que una cosa es querer resolver el problema menor del hundimiento ético-moral de un régimen clientelar, otra cosa es buscar resolver el problema mayor de la crisis múltiple del Estado, del truncamiento del proceso de cambio. Por eso, nos colocamos más allá del sí y del no, de las soluciones institucionales de un Estado-nación en crisis múltiple. Si atendemos a la primera circunscripción problemática, la modificación de la Constitución, si la respetamos, no requeriría, legítimamente, la mitad más uno de la votación, sino mucho más; si se quiere, para decir algo, algo así como los 2/3, aritmética de la decisión que se volvió famosa, debido a la disputa y al conflicto den la Asamblea Constituyente. También se podría decir, que la exigencia por lo menos debería ser superior a la proporción de lo obtenido para la aprobación de la Constitución por parte del pueblo. Empero, no se trata de cifras, ni mucho menos. Tampoco es un problema de legitimar una reforma constitucional, a través de inclinaciones y mayorías estadísticas, sino, sobre todo, se trata de la estructura constitucional, de la integralidad de la Constitución.

No vamos a repetir aquí nuestra crítica a la inconstitucionalidad de las gestiones de gobierno, posteriores a la promulgación de la Constitución; nos remitimos a los ensayos que tratan del tema[3]. Partiendo de lo que dijimos en textos anteriores, que se trata de un artículo, el 168 de la Constitución, que si bien importante, en lo que respecta a las postulaciones continuas a la presidencia, es marginal, en la estructura constitucional. Constitución que establece el Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico, el sistema de gobierno de la democracia participativa, directa, comunitaria y representativa. El gobierno progresista, el partido populista, que no solamente han gobernado, sino que han logrado el control de los órganos de poder del Estado, ha vulnerado y desmantelado la Constitución sistemáticamente, restaurando el Estado-nación; barnizándolo con nombres como de Estado plurinacional de Bolivia. Con esto pretendiendo convencer de que hay cambio, cuando lo que hay son, en todo caso, en el mejor de los casos, reformas. Pretende modificar la Constitución para prorrogar la presencia en el gobierno, si en las siguientes elecciones vuelve a ganar el MAS con su único candidato permanente, como si se tratara de un dilema de vida o muerte para el “proceso de cambio”. Cuando el proceso de cambio murió con la desnacionalización de los hidrocarburos, en los Contratos de Operaciones; con el cruce de la línea en el conflicto del “gasolinazo”, que sitúa al gobierno en el otro de la vereda, enfrentando al pueblo; con el conflicto del TIPNIS, vulnerando los derechos de las naciones y pueblos indígenas, consagrados por la Constitución; con la conspiración terrorista de Estado, que ha venido sinuosamente manifestándose en momentos inquietantemente confusos; su última expresión fue el asalto a la Alcaldía de la Ciudad del Alto.

Políticamente, en el sentido de la valorización política, del impacto en el decurso del proceso gubernativo, el referéndum impuesto, como referente forzado[4], patentiza la pobreza del alcance político del partido populista. Esta es una de sus miserias políticas. Aquí también se puede observar el horizonte político del MAS; no puede imaginarse un futuro sin Evo Morales Ayma, depende absolutamente del simbolismo del caudillo. La otra miseria del partido oficialista es que es caudillista, por lo tanto patriarcal, no, como pretende, “revolucionario”. Reduce las transformaciones al jolgorio de las ceremonias rituales del poder, mientras las estructuras institucionales del poder y del Estado-nación se preservan por inercia. Esta es la tercera miseria del discurso político populista. A pesar de haber forzado un referéndum anodino, es derrotado, aunque se dé un margen de diferencia estrecho. El MAS ha perdido lo que no fue nunca exactamente hegemonía, como hablan los comentaristas, pues la hegemonía es compartir sentidos comunes, es convencer socialmente, conformar consensos intercalases y consensos trans-clases, transformando los imaginarios y las “ideologías”; el MAS ha perdido la mayoría, que ha sido, durante casi toda la década, mayoría absoluta. La cuarta miseria, entonces, es apostar a la mayoría absoluta, para controlar el Estado, confundiéndola con hegemonía; por lo tanto, reduciendo, incluso su reformismo, sin ya hablar de transformaciones institucionales y estructurales, al control por mayoría aritmética, renunciando a la hegemonía efectiva. La quinta miseria - que no por ser la quinta es menos importante, incluso quizás sea la más importante, pues condiciona y determina la otras -, es que su acción política se ha circunscrito en los perímetros estrechos de las relaciones clientelares, renunciando a la convocatoria, si se quiere, convocando clientelarmente. La sexta miseria, tiene que ver, con lo que ya dijimos, en la caracterización del comportamiento político del partido populista, de sus voceros y comentaristas, reciclar una tesis de la astucia criolla del periodo neoliberal.

La derrota del MAS tiene varios planos. Perder la mayoría absoluta es una derrota, si se quiere, verificada estadísticamente. Optar por métodos bochornosos, como los del asalto a la Alcaldía del Alto, es una derrota política, ética y moral. Esta acción manifiesta la desesperación del gobierno, de sus gobernantes, de su líder, de la estructura de poder palaciega. La desesperación es ya una derrota; además, con el aditamento que el tiro salió por la culata. Es una derrota de su campaña política, que ha abusado del símbolo de su líder, para tratar de invertir las tendencias electorales, mostradas anteriormente con su derrota en las elecciones departamentales y municipales. Es una derrota del símbolo.

La tesis trasnochada del “empate técnico” no los salva de estas derrotas. No solamente por el reciclaje y la perdida de significación política de una tesis astuta, en su coyuntura, que dejó de ser ingeniosa, sino porque es absurda. No hay “empate técnico” entre fuerzas políticas; este fue, incluso en su mejor coyuntura, un enunciado desafortunado e inconsistente conceptualmente. Las fuerzas políticas no empatan, se equilibran. Por otra parte, aritméticamente, estadísticamente, no hay sentido de hablar de “empate técnico”, pues numéricamente, en lo que respecta a los datos, tampoco hay coherencia de hablar de “empate”, como si se tratara de un partido de futbol. Lo que hay numéricamente es igualdad o equivalencia, acortando magnitudes cuantitativas. Esta absurda tesis evidencia también la mezcolanza confusa de concepciones inherentes al discurso político populista.--- NOTAS

[1] Gilles Lipovetsky y Jean Serroy: La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico. Anagrama; Barcelona 2015. Pág. 20. Revisar de Gilles Lipovetsky y Jean Serroy La Cultura-mundo. Anagrama; Barcelona 2010. También de Gilles Lipovetsky y Hervé Jupín El occidente globalizado. Anagrama; Barcelona 2011.

[2] Ver Prácticas y cartografías de la impostura. Dinámicas moleculares; La paz 2016.

[3] Ver Horizontes de la descolonización; también Descolonización y transición. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. https://pradaraul.wordpress.com/horizontes-de-la-descolonizacion/. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/products/des-colonizacion-y-transicion/.

[4] Ver Laberinto generalizado. Dinámicas moleculares; La Paz 2016.

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