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Área: Opinión >> Comentarios y enfoque
Actualizado el 2016-02-20 a horas: 16:11:57

Más allá del sí y del no

Raúl Prada Alcoreza

De alguna manera las interpretaciones, sobre todo, de problemáticas que se quiere atender y resolver, dependen de los recortes hechos por los enfoques dados. Enfoques que tienen que ver tanto con la selección de la complejidad aceptada, con la extensión lograda del cuadro visualizado, así como de la intensidad de la composición; también con la temporalidad ajustada. Ciertamente los enfoques adecuados para comprender una problemática son aquellos que logran hacer recortes, que no cercenan planos y espesores de intensidad gravitantes de la complejidad tratada. ¿De qué depende? Se puede decir, en principio, de una apertura a la problemática; lo que se dice comúnmente, de la mirada y la sensibilidad, además de la imaginación y la razón, abiertas a la comprensión de la problemática. Cuando no concurre esta apertura, cuando, mas bien, hay una cerrazón, cuando se opta por un supuesto conocimiento previo, heredado, que, resulta ser una mirada desde el prejuicio heredado, concepción armada desde un esquematismo religioso e “ideológico”, entonces, la comprensión de la problemática se clausura. En vez de la comprensión se impone la apreciación antelada de la problemática, decodificada desde los simbolismos, alegorías, tramas, contenidas en el imaginario conservador, en la “ideología”, en el miedo religioso a lo desconocido. Con lo que no solo se ha renunciado a comprender la problemática, sino, sobre todo, se ha dado el paso fatídico a no resolverla, salvo imaginariamente. Paso fatídico también a la derrota; al final la problemática vence a los celosos interpretes históricos, herederos de verdades eternas.

Raúl Prada Alcoreza

Raúl Prada AlcorezaEscritor, docente-investigador de la Universidad Mayor de San Andrés. Demógrafo. Miembro de Comuna, colectivo vinculado a los movimientos sociales antisistémicos y a los movimientos descolonizadores de las naciones y pueblos indígenas. Ex-constituyente y ex-viceministro de planificación estratégica. Asesor de las organizaciones indígenas del CONAMAQ y del CIDOB. Sus últimas publicaciones fueron: Largo Octubre, Horizontes de la Asamblea Constituyente y Subversiones indígenas. Su última publicación colectiva con Comuna es Estado: Campo de batalla.

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La problemática de la coyuntura política no puede circunscribirse a la década, que es más bien la consecuencia de una correlación de fuerzas, de lo que plasmaron las fuerzas concurrentes en la etapa de movilizaciones sociales, cuando las fuerzas concurrentes se enfrentaron, aperturando un proceso de cambio y un proceso constituyente[1]. Entonces la problemática tiene que ver sobre todo con el truncamiento del proceso de cambio y del proceso constituyente; no tanto así con el fracaso o el hundimiento de un gobierno, que se impuso, a nombre de los movimientos sociales. Por lo tanto, hay pues diferencia en buscar resolver el tema político en cuestión, evitando prosiga un gobierno hundido en sus contradicciones, y buscar resolver la problemática que plantea un proceso político truncado. El primer recorte ha amputando planos y espesores de intensidad, que componen la estructura de la problemática, de tal manera que lo hace inentendible, salvo se crea, en la rejilla desde donde se enfoca; suponer, por ejemplo, que todo es cuestión de institucionalización, de respetar la democracia formal, el Estado de derecho, tener gobernantes probos, jueces rectos, congresistas que respondan a sus representaciones. Esta idea institucional de la política, este anhelo de las “buenas personas”, por así decirlo, se basa pues en una incomprensión de la problemática política, de la crisis política, que enfrenta. Puede no interesarles ver otra cosa que la que ven, un mundo reducido a los marcos y estructuras institucionales, que, evidentemente, no es el mundo efectivo, no es el mundo en su complejidad desenvuelta. Puede que lo que buscan es eso, la conservación del statu quo, en condiciones institucionales, en los marcos de la norma y de la ley del Estado de derecho. Pensar de esa manera, querer eso, optar por este alcance, es, como se dice comúnmente, su derecho. Sin embargo, la crisis política, que implica la crisis múltiple del Estado-nación, que desató las movilizaciones sociales del 2000 al 2005, de ninguna manera se manifestó en los marcos estrechos de desajustes en el orden instituido; todo lo contrario. Lo que se puso en cuestión es precisamente el orden instituido; lo que estaba interpelado era el Estado-nación, además de su condición subalterna, la dependencia. Lo que se criticó masiva y popularmente es la democracia formal y la legitimidad de la clase política, que “representa” al pueblo. Lo que se criticó e interpeló y se quiso desmantelar es la estructura de poder heredada y las formas de dominación de la colonialidad. La repercusión de la problemática histórico-política tiene este alcance[2].

En consecuencia, una cosa es abordar la problemática histórico-política y otra es abordar el problema, que preocupa a parte de la clase política excluida del poder por los que lo ocupan ahora, a nombre de los “movimientos sociales”; movimientos sociales que han desaparecido de escena, sustituidos por organizaciones, que hacen de apéndice del partido oficial y del gobierno. El referéndum por el artículo 168 de la Constitución, la pelea de las posiciones encontradas, el sí y el no, respecto al referéndum, se circunscribe en el marco del problema que preocupa a la clase política. Pueden tener sus argumentos, su justificación, incluso, si se quiere, sus razones, ante lo que llaman prorroguismo, autoritarismo, inconstitucionalidad; empero, se trata de un problema menor, en comparación con la problemática histórico-política. Se podría considerar que se trata de un primer paso, para abordar con más holgura el problema primordial; sin embargo, la inclinación, la compulsión política, el carácter “ideológico” de las interpretaciones, su mezquina elocuencia teórica, nos muestra, mas bien, que sustituyen la comprensión y la atención de la problemática histórica-política por un problema menor, el del ajuste adecuado de la institucionalidad formal del Estado de derecho.

Como hemos dicho, en la crítica desplegada, el gobierno populista, ha usurpado la movilización prolongada[3], se ha subido a la cresta de la ola; una vez elegido, se ha encargado de limitar, a como dé lugar, los alcances del proceso constituyente, después de la Asamblea Constituyente; para seguir con la manipulación y desmantelamiento de la Constitución. Por lo tanto, se ha comportado como contra-proceso. Así también, la “oposición”, por más heterogénea que sea, sigue una ruta parecida o complementaria; al no reconocer la complejidad y el alcance de la problemática histórico-política, también se comporta como contra-proceso; solo que lo hace desde la “oposición”, no desde el “oficialismo”.

“Oficialismo” y “oposición” están más próximos de lo que creen, pues comparten el prejuicio del Estado-nación; también la “ideología” de la institucionalidad de la democracia representativa y delegada. Están muy lejos del horizonte abierto por la Constitución; el sistema de gobierno de la democracia participativa, pluralista, comunitaria, directa y representativa. Ambos, “oficialismo” y “oposición”, son y hacen al contra-proceso, inverso al proceso abierto por las multitudes y las movilizaciones sociales. Su pelea, sus contradicciones, sus rivalidades, se reducen a la pelea por la forma del mismo Estado-nación; ya en crisis múltiple, desde hace más de medio siglo, si es que no es crisis congénita a la misma república. Se puede decir, que se trata de una pelea de quien conduce el contra-proceso.

En las condiciones políticas y sociales, también organizativas, así como “ideológicas”, que se han conformado durante la década, el gobierno populista ha desmantelado la fuerza de las organizaciones sociales, ha desarticulado las corporaciones sociales, ha separado a las organizaciones sociales de lo que pueden, para reducirlas a lo que deben hacer, respecto a las lealtades con el gobierno. En estas condiciones, la potencia social, manifestada en la movilización prolongada, ha sido diseminada, en beneficio del gobierno populista, que se legitima, ya no por la convocatoria a la movilización, sino por las extendidas relaciones clientelares. Estas condiciones desmoralizantes y profundamente debilitantes han llevado a lo que llamamos el conformismo generalizado, que también es la complicidad generalizada. En estas condiciones de imposibilidad, sabemos, no se puede identificar al interlocutor de nuestro discurso crítico, de nuestra convocatoria a la movilización general para continuar la lucha emancipativa, libertaria, descolonizadora. Este interlocutor ha desaparecido, salvo contadas excepciones, que no hacen una fuerza política social, con capacidad de incidencia. No podemos hacernos ilusiones, como acostumbra a hacer la “izquierda tradicional”, hablamos de la pretendida radical, de que la razón, la justicia, el valor del proyecto político, bastan para convencer y lograr nuevas movilizaciones, que conduzcan a la revolución. Esto es fundamentalismo intelectual y vanguardista; otra manera de renunciar a la lucha consistente, materialmente y políticamente potente, pues se sustituye la realidad por los deseos, la complejidad de la realidad por el esquematismo dualista de revolucionarios y contrarrevolucionarios; otra manera de expresar el dualismo religioso de fieles e infieles. No caemos en esta ilusión. Pero, sabemos que nuestra responsabilidad es llevar la crítica a los horizontes que la propia crítica abre; crítica de las relaciones polimorfas de poder. Aunque parte de los discursos edulcorantes pretendan ser “revolucionarios”; siendo, mas bien, conservadores, al caer en este ilusionismo; en el mejor de los casos, romántico; en el peor de los casos, impostor. La responsabilidad es hablar a los y las que quedan de la movilización prolongada y de sus irradiaciones, aunque sean pocos. De hablar a los y las futuras combatientes, pues las luchas no han acabado; ni los gobiernos progresistas, ni mucho menos, son el otro fin de la historia. Nuestra responsabilidad es la crítica de la “ideología”, en todas su formas y matices, así como crítica de las formaciones discursivas; crítica de los fetichismos; fetichismo de la mercancía, del poder, de las instituciones, patriarcales, coloniales. Crítica de la economía política generalizada[4].--- NOTAS

[1] Ver Horizontes de la descolonización; también Descolonización y transición. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. https://pradaraul.wordpress.com/horizontes-de-la-descolonizacion/. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/products/des-colonizacion-y-transicion/.

[2] Ver Acontecimiento político. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. https://pradaraul.wordpress.com/2015/06/23/acontecimento-politico-i/. https://pradaraul.wordpress.com/2015/06/23/acontecimento-politico-ii/.

[3] Ver Paradojas de la revolución. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/paradojas-de-la-revolucion/.

[4] Ver Crítica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares; la Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/.

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