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Actualizado el 2015-08-24 a horas: 06:28:05

Juegos geopolíticos

Raúl Prada Alcoreza

¿Qué es la geopolítica? Una política geográfica, una estrategia del dominio del espacio[1]. Fue como la teoría de la dominación en el siglo XIX; su proyección se alargó hasta el siglo XX. Quizás su proyección marcada con dramática y hasta trágica intensidad durante la primera y la segunda guerra mundial. La geopolítica expresa muy bien los juegos de poder de los imperialismos concurrentes. Los resultados de la primera y segunda guerra mundial mostraron lo vanos que son estos juegos geopolíticos. La búsqueda del espacio vital, el hinterland, finalizó en un rotundo fracaso, en la derrota catastrófica de la potencia tecnológica y militar, que buscaba resarcirse de la derrota de la primera guerra mundial con una victoria arrasadora en la segunda guerra mundial. Esta potencia jugó a la geopolítica imperial de dominio absoluto; al recurrir a la geopolítica mostraba su atraso estratégico. Se trataba de una potencia apegada a concepciones territoriales, correspondientes al anterior siglo, el XIX, cuando, en el siglo XX, los espacios del capitalismo tendían a ser lisos, incluso des-estriados. Quizás también las otras potencias seguían tomando en serio la geopolítica, pues no se había desarrollado otra teoría, contemporánea, en ese entonces, adecuada a las características del espacio transformado durante los periodos del capitalismo ya avanzado. Cuando la geografía cuantitativa, la geografía social, la geografía humana, cuando Milton Santos expuso su geografía emancipadora, cuando estas teorías del espacio como producto social aparecieron en la escena, de manera consolidada, los fuegos estruendosos de la segunda guerra mundial habían acabado. Sin embargo, el comportamiento de las potencias aliadas, que enfrentaban al eje nazi-fascista e imperial japonés, era más bien defensiva, al principio, antes de entrar a la ofensiva. Si bien tomaban en serio todavía la geopolítica, se movían para actuar también con otros referentes y ópticas, sobre todo económicas, intuyendo o adivinando que el manejo espacial debería ser distinto; sobre todo, estas apreciaciones se daban en la potencia industrial reciente, potencia emergente, en aquel entonces, económica-tecnológica-militar, que comenzaba a ser Estados Unidos de Norte América.

Raúl Prada Alcoreza

Raúl Prada AlcorezaEscritor, docente-investigador de la Universidad Mayor de San Andrés. Demógrafo. Miembro de Comuna, colectivo vinculado a los movimientos sociales antisistémicos y a los movimientos descolonizadores de las naciones y pueblos indígenas. Ex-constituyente y ex-viceministro de planificación estratégica. Asesor de las organizaciones indígenas del CONAMAQ y del CIDOB. Sus últimas publicaciones fueron: Largo Octubre, Horizontes de la Asamblea Constituyente y Subversiones indígenas. Su última publicación colectiva con Comuna es Estado: Campo de batalla.

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No queremos decir que la Alemania nazi ha perdido la guerra por su anacrónico apego a la geopolítica, sino que esto muestra el rezago o el apego a concepciones espaciales sobrepasadas por las transformaciones espaciales efectivas, dadas en el sistema-mundo capitalista. Los analistas e historiadores de la primera y segunda guerra mundial todavía consideran como referente de análisis la geopolítica, todavía se detienen en la impresionante maquinaria militar alemana de aquel entonces, la Wehrmacht, sin evaluar los rezagos conceptuales de la Alemania nazi. Por cierto no hablamos de los anacronismos “ideológicos” del nacionalsocialismo, que, por cierto, expresa un gran rezago “ideológico” respecto a las “ideologías” de convocatoria universal, humanista; sean estas liberales o, en su caso, socialistas. Apostar al dominio, desde la perspectiva etno-céntrica, enalteciendo delirantemente la cualidad superior de la raza, no hace otra cosa que mostrar el elevado solipsismo y autismo, acumulado y fijado geológicamente, en gran parte de las subjetividades de aquella sociedad moderna, de desarrollo desigual y combinado civilizatorio y cultural. Un proyecto de dominio nacional, auto-centrado, absoluto, descalificando a los demás, estaba, de principio, destinado al fracaso, en un mundo que estaba ya atravesado por convocatorias universalistas y humanistas, ya sean de un tipo o de otro tipo. Esto no miran los analistas y los historiadores, quienes prefieren demonizar al enemigo, el monstruo racista, genocida. No está en discusión los crímenes de lesa humanidad cometidos, sino, que hasta ahora, no se ha dado una explicación satisfactoria teóricamente, si se quiere, científicamente, de lo ocurrido. Se prefiere echar tierra sobre la necesidad de responder a preguntas cruciales. ¿Por qué, en determinadas circunstancias, los estados, si se quiere, ciertos estados absolutistas, son capaces de las atrocidades más descabelladas? No se crea que sólo hacemos referencia a los nazis, a los fascistas y a los franquistas, el imperio nipón, o, si se quiere, a las alusiones que les gusta hacer a los “críticos del totalitarismo”, que incluyen también a los estalinistas, sino también hacemos referencia a las potencias líbrales, autonombradas “democráticas”. No está en discusión quienes han cometido más atrocidades que otros. Abunda material a propósito. Sino, que llama la atención, la forma como se oculta el vacío de análisis y de la falta de respuestas. Este olvido, no hace otra cosa que mostrar un profundo trauma.

Las generaciones contemporáneas están en la obligación de efectuar el análisis crítico de esa dramática y trágica historia. Están en la obligación de buscar respuestas, pues en la actualidad enfrenta peligros de nuevos juegos geopolíticos. Para evitar que se repitan estas oscuras experiencias, que pueden repetirse de una u otra manera, no necesariamente parecida a la anterior, sino que basta que el mundo se involucre en una tercera guerra mundial, es menester haber aprendido la lección, lo que no parece ocurrir. Una cosa es haber experimentado el dolor desgarrador y masivo, que ocasiona la destrucción de la guerra, y otra cosa es haber racionalizado, por así decirlo, comprendido, interpretado y explicado lo que ha pasado. Esto último no se ha hecho, a no ser que se crea que una explicación es encontrar la causa del mal en el juicio de la locura del nazismo y en la locura delirante de su líder; esta “explicación”, por cierto, simplona, es la que aparece en muchos libros de historia y en muchos escritos de analistas. Hay, ciertamente, interpretaciones menos simplonas; que recurren a teorías, para aludir a supuestas causas. La más común, en sus diversos tonos, es la que encuentra la causa de la guerra en la competencia y beligerancia económica, en la lucha por los mercados, que pueden extenderse a la competencia por el control de las colonias, existentes en gran escala, en aquel entonces. De entre estas teorías sobresale aquella que expone la lógica de un determinismo histórico, que dice: La competencia burguesa es despiadada, eleva a unos y saca a otros del mercado, los más. Del mismo modo, la competencia imperialista deriva en guerra imperialista. Se dice esto, como si un mecanismo inherente, en el suceder histórico, condujera deterministamente los acaecimientos, como si alguna “lógica” tutelar condujera secuencialmente los eventos.

Las últimas teorías mencionadas pueden tener ciertos aciertos, sobre todo porque la descripción de los sucesos parece darles la razón; sin embargo, esto está lejos de demostrar la existencia de un determinismo histórico[2]. De todas maneras, tampoco este es el problema al que queremos analizar, sino, lo que dijimos: ¿cómo es que llegaron a ser lo que son los hombres para cometer esas atrocidades? Este es el tema.

En este tema, no son respuestas, menos teorías, esas apreciaciones, pues no las consideramos ni hipótesis. Unos, dicen porque son los otros capitalistas, particularmente capitalistas nacionalistas exaltados, que actuaron contra la amenaza comunista; este fanatismo los llevó a la barbarie del holocausto. Los otros, dicen porque son los otros comunistas, el otro mal, después del nazismo; porque no son liberales, porque no son “democráticos”, porque son totalitaristas; este fundamentalismo los llevo a la dictadura y a la represión contra los campesinos. Ambos, dicen lo mismo, descalifican moralmente al otro, el enemigo común, amenazante, pues el enemigo compartido, en el lapso de la guerra, eran los nazis; quienes los habían declarado a ambos, liberales y comunistas, enemigos, estigmatizados como decadentes. Los nazis consideraban enemigos a liberales y comunistas; unos expresando la decadencia del capitalismo; los otros, expresando la decadencia comunista. Estas no son respuestas, mucho menos explicaciones, son prejuicios. Todos cometieron atrocidades, salvando obviamente las diferencias; es difícil disputar frente a lo que han hecho los nazis. Para hablar un poco románticamente, sobre todo para ilustrar; la humanidad, los hijos, los hijos de los hijos, de las sociedades, solicitan respuestas, requieren aprender la lección, para evitar que sucedan estas tragedias masivas nuevamente.

Volviendo a nuestra crítica a la geopolítica. Si bien hubo un tiempo cuando parecía seria la geopolítica; siglo XIX, incluso parte del siglo XX. Después de la segunda guerra mundial no se la puede tomar en serio. La complejidad del mundo, del sistema-mundo capitalista, no se reduce al simple referente del dominio del espacio, mucho menos, cuando se tiene una concepción del espacio tan abstracta y vacía, como la tiene la geopolítica. Si ahora, los famosos servicios de inteligencia, los estados mayores de los ejércitos y fuerzas armadas de las potencias imperiales, los académicos especialistas en el tema, toman en serio la geopolítica, es porque todos ellos manifiestan su gran rezago y anacronismo ante los problemas geográficos sociales, geográficos económicos, geográficos políticos, geográficos culturales, que se han hecho evidentes en la actualidad. En realidad, estos especialistas juegan a la geopolítica, manteniendo presupuestos gigantescos, aparatos gigantescos, que no tienen mucho sentido, incluso mucha utilidad. Ante este desajuste, sobre todo respecto a la complejidad, sinónimo de realidad, estos especialistas han optado por inventarse guerras de probeta para mantener el calor, para probar, de esta manera, que existe la amenaza, en las magnitudes que dicen que se da. Son como unos escuincles – usando el término como metáfora, con perdón de los niños - jugando a la guerra, dedicados a juegos geopolíticos; sin embargo, no por ser tales, escuincles, metafóricamente, no dejan de ser, empero, psicológicamente vulnerables. Lo grave es que al jugar con armas de destrucción masiva, son altamente peligrosos.

Una vez desaparecida la amenaza comunista, se han inventado el enemigo ambiguo, mutante, camaleón, indefinido. El terrorista, que amenaza la paz mundial, que es capaz de destruir en gran escala, comenzando con las pequeñas escalas, incluso micro, puntuales. Para atender esta amenaza se requiere tanta cantidad de presupuesto como la empleada en la segunda guerra mundial. ¿No hay algo más absurdo que esto? Grupos, hasta dispersos, que llaman terroristas, son capaces de no solo amenazar, sino de destruir a la híper-potencia económica-tecnológica-militar-comunicacional-cibernética. Lo llamativo es que parte de las sociedades se lo cree; a lo que coadyuvan los medios de comunicación de masa.

La paradoja es la siguiente: Se ha llegado a tal capacidad tecnológica de guerra, de destrucción intensa y masiva, no solo nuclear, sino incluso convencional, que ya la guerra misma, la posibilidad de la guerra, ha encontrado un límite. Ir a la guerra ya no es para vencer, sino para perder ambos. La única que ganaría es la muerte. Para decirlo de un modo resumido, la capacidad destructiva de la guerra ha hecho imposible la guerra; aunque nunca hay que perder de vista tendencias suicidas, que pueden estar como solapas. Esta es la razón, por lo que estos estrategas de la guerra se han inventado una novedosa estrategia geopolítica, la guerra de baja intensidad. Cómo no pueden destruirse, se opta, en principio, porque se destruyan terceros, transfiriendo su guerra, la guerra imperialista, a otros, desplegando guerras en menor escala, que no dejan, sin embargo, ser altamente destructivas, localmente y regionalmente. Después, cuando desaparece la gran amenaza, los estados socialistas de la Europa oriental, sobre todo la URSS, las guerras de baja intensidad son para contener y controlar, devastando, de todas maneras, los países donde estas guerras de baja intensidad se dan.

Entre otras cosas, estas guerras, ya no solo de baja intensidad, sino guerras policiales, que también llaman guerras humanitarias, de ocupación parcial de los países, de los estados, que llaman “canallas” los “ideólogos” de las nuevas versiones discursivas de la misma geopolítica, se dan en ese borde, en ese límite, que no se quiere cruzar, el umbral antes de entrar en una guerra a gran escala. Un ejemplo de estos discursos pretensioso, hasta pomposos, haciendo esfuerzos por mostrarse eruditos, sin embargo, repiten sentidos comunes, anidados de prejuicios, es la famosa supuesta tesis del Choque de civilizaciones[3], que estaría bien para guion de Hollywood; pero, que no se la puede considerar como teoría consistente. Todo esto, las estrategias geopolíticas y estas “teorías” geopolíticas no sirven para otra cosa que para mantener inflados presupuestos, destinados a un arsenal sofisticado, que en gran parte no se va utilizar. ¿No hay algo más irracional?

De las explicaciones teóricas recientes sobre este tema, el de las máquinas de guerra, la más sugerente es la que encuentra en la guerra el medio para absorber la plusvalía, que no puede realizarse en el mercado. Esta interpretación es bastante distinta al determinismo linealista, que dice que la competencia conduce irremisiblemente a la guerra. No nos vamos a detener en la exposición de estas tesis sugerentes; nos remitimos a lo escrito en La inscripción de la deuda, su conversión infinita[4]. Lo que nos interesa, ahora, es mostrar no solo el anacronismo de la geopolítica, de los juegos geopolíticos, sino que, de todas maneras, estas estrategias y estos discursos son útiles para mantener hipertrofias burocráticas y militares, que no tienen mucho sentido, incluso utilidad, en términos de su uso, incluso de su eficacia. Salvo, si se quiere, como dijimos un poco más arriba, usarse desencadenando guerras para absorber la plusvalía, que no se realiza en el mercado. Empero, lo que se usa en estas guerras es parte del arsenal. Lo asombroso e inocuo es que se ha producido un arsenal que posiblemente no se va utilizar nunca, salvo en el depósito, a no ser que las tendencias suicidas se encaminen estrepitosamente a ello.

Geopolíticas regionales en el sur

En el sur, otro nombre para denominar a las periferias del sistema-mundo capitalista, quizás con una perspectiva más cultural que económica, también se han dado juegos geopolíticos. Hemos llamado a estos juegos geopolíticos, en el sur, geopolíticas regionales. En principio, nos referimos a la geopolítica regional de la burguesía trasandina en la guerra del Pacífico[5]; después nos ocupamos de la geopolítica regional de la burguesía industrial brasilera[6], que adquiere tonalidades expansivas, en su versión militar, que, después, se transforma en una geopolítica de integración económica, comercial y de infraestructura, en su versión neoliberal, adquiriendo con Lula, tonalidades populistas. Por último, retomamos una geopolítica micro-regional, abanderada por el gobierno populista de Bolivia en su intervención en los territorios indígenas, institucionalizados por la Constitución[7]. En los tres casos se juega a la geopolítica, en menor escala, que en los casos anteriores, que se dan a escala mundial.

Hay analogías en estos juegos políticos en el norte y en el sur, a pesar de sus diferencias de escala, de sus diferencias geográficas. Una primera analogía es que desbordan sus pretensiones estratégicas, como si sus proyectos fuesen la clave del éxito, cuando no son más que exageraciones burocráticas, que presentan sentidos comunes como grandes estrategias espaciales. La geopolítica regional trasandina no era otra cosa que un discurso subordinado, que daba forma a la estrategia de las burguesías portuarias de apostar al mercado internacional, desechando las proyecciones del país interior. En ese entonces, se puede decir, que esta geopolítica regional era un dispositivo intermediario para adecuarse a la revolución industrial británica, solo que en condición de subalternidad, garantizando la transferencia de los recursos naturales de las periferias a los centros del sistema-mundo capitalista. En lo que respecta a la geopolítica regional de la burguesía industrial brasilera, en sus dos versiones, geopolítica, por cierto de mayor escala regional que la anterior, se persigue la expansión de lo que fue el imperio brasilero, y, en su versión neoliberal, incluso populista, la integración continental, bajo la hegemonía de la burguesía industrial brasilera. Dicho así, suena más serio, no parece ser un juego; sin embargo, como anotamos en Gramatología del acontecimiento[8], este plan estratégico es un proyecto, que adolece de la comprensión de la complejidad de las formaciones sociales del continente, del subcontinente suramericano, incluso de la propia formación social brasilera. Que se haya elaborado la estrategia, incluso con la sistematización abordada en el IIRSA, no quiere decir que se cumpla al pie de la letra; primero el plan militar fracasó; tropezó con las resistencias territoriales, sociales, culturales, de los pueblos; segundo, el IIRSA tropieza con las resistencias de las naciones y pueblos indígenas. Si se quiere, éste es un juego más serio, además de darse a una escala controlable, la regional; sin embargo, no deja de ser juego, pues se pretende desplegarlo, ejecutarlo, como ingeniería institucional, sin contar con la participación, la consulta, la opinión de los pueblos. Al ignorar a los actores sociales, se cree que el IIRSA se puede efectuar así como se construyen las carreteras, con criterios meramente técnicos. Confunden entonces a los países, con todas sus complejidades, con explanadas o terrenos accidentados pasivos, donde se construyen carreteras. Esta perspectiva los condena a un fracaso.

El tercer caso, es el de la geopolítica micro-regional, planeada como intervención a los territorios indígenas, buscando ampliar la frontera agrícola en beneficio de la agro-industria, sobre todo la de la soya, de los transgénicos, además de la frontera agrícola de la hoja de coca, fuera de otorgar concesiones a las empresas extractivistas minera e hidrocarburífera. Esta geopolítica no solamente hereda las desventajas de todo juego geopolítico, la de reducir la complejidad al simplismo de un espacio abstracto, un mapa susceptible de control estatal, sino también hereda las desventajas mencionadas de las geopolíticas regionales de mediana escala, como la trasandina, que sirven como instrumentos de subalternización en la adecuación del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. En el caso boliviano, en menor escala, micro-regional, de una manera más rudimentaria, incluso insólita, pues un gobierno que se reclama indígena se propone precisamente desterritorializar a los pueblos indígenas, para efectuar concesiones a las empresas trasnacionales extractivistas.--- NOTAS

[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Miseria de la geopolítica. Dinámicas moleculares. La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/miseria-de-la-geopolitica/. Amazon: https://kdp.amazon.com/bookshelf.

[2] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento político. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/acontecimiento-politico-/. Amazon: https://kdp.amazon.com/bookshelf.

[3] Ver el curioso libro de Samuel Phillips Huntington Choque de civilizaciones. Donde se mantiene el cuadro de la repetición recurrente de guerras entre culturas y civilizaciones, desde la época de la antigüedad. Habrían cambiado los contextos, las condiciones; empero, el formato, prácticamente seria el mismo. http://www.mercaba.org/SANLUIS/Historia/Universal/Huntington,%20Samuel%20-%20El%20choque%20de%20civilizaciones.pdf.

[4] Ver de Raúl Prada Alcoreza La inscripción de la deuda, su conversión infinita. Dinámicas moleculares; La Paz 2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-inscripcion-de-la-deuda-su-conversion-infinita/. Amazon: https://kdp.amazon.com/bookshelf.

[5] Ver de Raúl Prada Alcoreza Guerras periféricas. Dinâmicas moleculares; La Paz 2013-2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/guerras-perifericas/. Amazon: https://kdp.amazon.com/bookshelf.

[6] Ver de Raúl Prada Alcoreza Gramatología del acontecimiento. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/gramatologia-del-acontecimiento-/. Amazon: https://kdp.amazon.com/bookshelf.

[7] Ver de Raúl Prada Alcoreza Miseria de la geopolítica. Dinâmicas moleculares; La Paz 2013-2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/miseria-de-la-geopolitica/. Amazon: https://kdp.amazon.com/bookshelf.

[8] Ver de Raúl Prada Alcoreza Gramatología del acontecimiento. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/gramatologia-del-acontecimiento-/. Amazon: https://kdp.amazon.com/bookshelf.

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