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Actualizado el 2015-04-14 a horas: 16:57:11

En torno a La querella por el excedente

Raúl Prada Alcoreza

En el capítulo de La querella del excedente se analiza el Estado, la formación del Estado-nación en Bolivia, Chile y Perú. Se analiza el Estado en relación al excedente, a la disponibilidad y al óptimo de la ecuación Estado-sociedad. El excedente, de por sí, no garantiza la disponibilidad; es decir, la retención y la absorción del excedente por la materialidad estatal; cierta absorción del excedente no garantiza el logro del óptimo de la ecuación Estado-sociedad. Entonces la pregunta es sobre las condiciones de posibilidad histórica, las composiciones y combinaciones históricas adecuadas, que hacen posible el óptimo. René Zavaleta Mercado considera que el análisis del juego de estas condiciones de posibilidad históricas, de estas composiciones y combinaciones históricas se hace posible en la contrastación de los momentos constitutivos. Las historias de las sociedades y los estados están erigidas por momentos constitutivos, momentos que inscriben en los decursos estructuras estructurantes, por así decirlo, usando en nuestra interpretación un concepto de Pierre Bourdieu, de los desenvolvimientos de la historia misma. Las estructuras estructurantes de los momentos constitutivos pueden dar lugar a la apertura de recorridos al óptimo o, por lo contrario, pueden clausurar estos recorridos históricos, en los periodos correspondientes, donde el momento constitutivo hace, a la vez, de matriz y de horizonte.

Raúl Prada Alcoreza

Raúl Prada AlcorezaEscritor, docente-investigador de la Universidad Mayor de San Andrés. Demógrafo. Miembro de Comuna, colectivo vinculado a los movimientos sociales antisistémicos y a los movimientos descolonizadores de las naciones y pueblos indígenas. Ex-constituyente y ex-viceministro de planificación estratégica. Asesor de las organizaciones indígenas del CONAMAQ y del CIDOB. Sus últimas publicaciones fueron: Largo Octubre, Horizontes de la Asamblea Constituyente y Subversiones indígenas. Su última publicación colectiva con Comuna es Estado: Campo de batalla.

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En la región andina un momento constitutivo inaugural fue la estrategia social desplegada de la articulación y complementariedad de los pisos ecológicos; estrategia sobre la que se establecen las formaciones sociales andinas precolombinas, desde las formas complementarias de las comunidades nómadas hasta el Estado Inka, institución cultural y territorial compleja, que articula la constelación de ayllus y markas del Tawantinsuyu, pasando por la conformación transversal de las alianzas políticas y territoriales de los ayllus. Otro momento constitutivo es la conquista y la colonización, momento constitutivo éste que ha requerido des-constituir, primero, el momento constitutivo andino y su irradiación cultural y territorial. Zavaleta encuentra que la viabilización al óptimo se hallaba en el momento constitutivo andino y se clausura, de alguna manera, en el momento constitutivo de la conquista. Para lograr otro óptimo en el horizonte histórico irradiado por el momento constitutivo colonial se requería transformaciones estructurales e institucionales del Estado colonial; cosa que no ocurrió, salvo, de manera improvisada, en la emergencia de la guerra contra las naciones y pueblos indígenas, sobre todo en el caso de la historia de Chile. Los españoles derrotados en el sur, amenazados por el asedio indígena, fueron obligados a modificar la forma organizativa de hueste de conquista para conformar un ejército. Este aparato de guerra se instaura como la matriz del Estado. Después de la guerra de la independencia, esta es la herencia colonial del Estado-nación de Chile, Estado-nación, por cierto oligárquico; empero, obligado a la convocatoria autoritaria a toda la población. El gobierno del periodo de la guerra del Pacífico no podía comenzar la guerra de expansión al norte sin antes tratar de resolver el problema pendiente dejado por los españoles, la dominación estatal sobre las naciones y pueblos indígenas del sur. Por eso, retomó la guerra contra los indígenas, como preludio de la guerra del Pacífico.

El Estado-nación de Chile se había preparado para guerra con tiempo de anticipación, teniendo como antecedente que se trata de un Estado que nace no solamente en la guerra y por la guerra, sino guerreando efectivamente contra los indígenas. El antecedente de esta guerra, la del Pacífico, se encuentra en la guerra contra la Confederación peruana y boliviana, que era el proyecto asumido por el Mariscal Santa Cruz. En esa guerra, el ejército chileno apoya a la oligarquía costeña peruana en su lucha por la hegemonía contra la oligarquía serrana, que era una de las bases de la composición de la Confederación. Se trata de una guerra del interior contra la costa, una guerra ente los proyectos estatales del interior contra los proyectos estatales de los puertos, cuya mirada se encuentra en el mercado internacional. Esta guerra la perdió el interior, la perdió la Confederación; este es el desenlace compartido por otras guerras equivalentes en el continente. Ganó el mercado internacional contra la posibilidad de un mercado interno, ganó la oligarquía porteña contra las oligarquías del interior, que se encontraban en alianzas con estratos populares. Se puede decir también que las derrotas del proyecto hegemónico endógeno respecto al proyecto hegemónico exógeno, fueron momentos constitutivos distribuidos en la geografía del continente, en coyunturas decisivas. Clausuraron la posibilidad de óptimos estatales-sociales en la configuración histórica posterior de los Estado-nación del continente, desplegando ecuaciones histórico-políticas, por así decirlo, inciertas e inestables, manifestando permanentemente la crisis múltiple de los estados.

A la guerra del Pacífico asistió el Estado chileno preparado para la misma, en cambio, el Estado de Bolivia y el Estado del Perú se encontraron, como quien dice, desnudos, descubiertos en sus propios apuros, en sus propias vulnerabilidades, sin capacidad de disponer de todas sus fuerzas, pues, si bien contaban con el excedente, hasta en demasía, respecto de Chile, no tenían disponibilidad y estaban lejos del óptimo. Esta guerra se la podía vencer en una guerra larga y en la sierra, en el interior; sin embargo, las burguesías liberales de Perú y Bolivia, más volcadas al proyecto portuario de mercado internacional, conspiraron contra esta posibilidad de resistencia y guerra prolongada. Prefirieron pactar con el vencedor. El país que más perdió en esta guerra fue Bolivia, al perder el Atacama y clausurar su salida portuaria, que serviría tanto al proyecto endógeno como al proyecto exógeno. La oligarquía gobernante prefirió abandonar la guerra con anticipación, dejando al Perú pelear por tres años, después prefirió canjear el Atacama por dinero y un ferrocarril. Esta miseria política, diplomática y estatal de la oligarquía boliviana muestra patéticamente cuan lejos estaba de no sólo el óptimo sino incluso de la voluntad de disponibilidad.

Las guerras de los pueblos del interior y las oligarquías porteñas

En Guerra periférica y geopolítica regional[1] escribimos:

LaGuerra contra la Confederación Perú-Bolivianaconcurre desde el año 1836 hasta 1839. Se enfrenta la Confederación Perú-Bolivianaa la alianza formada por peruanos contrarios a la confederación y la República de Chile.

Cuando se dio lugar la Confederación Perú-Boliviana, la reacción de la oligarquía costeña fue contraria; se opusieron contra lo que consideraron era el dominio de la sierra peruana y boliviana. Destacamentos peruanos al mando de Felipe Santiagose enfrentaron a las fuerzas confederadas. El desenlace del enfrentamiento bélico fue favorable a la Confederación, culminó con la derrota y fusilamiento de Salaverry. La flamante Confederación andina no sólo tuvo que enfrentar esta oposición peruana y chilena, sino también el desacuerdo argentino; la Confederación Perú-Boliviana combatiría a la Confederación Argentina,dirigida por Juan Manuel de Rosas. En las batallas emprendidas en este frente de guerra se pugnaron territorios del altiplano. En este caso, también el ejército confederado de Andrés de Santa Cruz consiguió imponerse.

Empero, básicamente la guerra confederada se desenvuelve en el enfrentamiento de la Confederación Perú-Boliviana con la República de Chile, que apoyaba a peruanos contrarios a la confederación. Estos “restauradores” deseaban la reunificación del Perú y la expulsión de Santa Cruz del poder.

La segunda fase de la guerra culminaría con la victoria de las tropas del Ejército Unido Restaurador,ocasionando la disolución de laConfederación Perú-Boliviana,dando con esto también culminación al protectorado de Andrés de Santa Cruz.

¿Por qué se opuso Diego Portales a la Confederación Perú-Boliviana? ¿Por qué también lo hizo la Confederación argentina? ¿Por qué los peruanos del norte se alzaron en armas contra la Confederación andina? Revisando los hechos, tal parece que en tiempos de Andrés de Santa Cruz, Bolivia contaba no sólo con un estratega y estadista, sino también con un ejército capaz de hacer frente a dos guerras casi simultáneas. Este general de Simón Bolívar, oficial curtido en la guerra de la independencia, era como la presencia o la proyección de una época gloriosa, de la cual devienen todavía los aires de la Gran Colombia. En el caso del Mariscal de Calahumana, incluso podemos no sólo tener en cuenta la extensión geográfica del Virreinato del Perú, sino incluso del Tawantinsuyu. Se trataba de buscar corregir los errores locales del nacimiento de las repúblicas independientes. Ahora bien, ¿por qué no entró en este proyecto Chile? No eran estructuras sociales tan distintas, aunque había más analogía entre las estructuras sociales de Bolivia y Perú. Al final se trataba de repúblicas que habían sido liberadas por los ejércitos independentistas de Simón Bolívar y San Martin, quienes se pusieron de acuerdo en Guayaquil, sobre el curso a seguir. Cuando estos países se vieron amenazados por la flota española que incursionaba el Pacífico, confraternizaron para afrontar la amenaza. ¿Qué ocurrió en los 40 años posteriores a la finalización de la guerra de la Confederación para que la situación cambie, para que la correlación de fuerzas cambie tan drásticamente, que la ventaja cualitativa la tenga Chile contra Bolivia y el Perú?

La oposición de Portales a la Confederación fue enunciada claramente: Bolivia y Perú eran mucho más que Chile. De concretarse esta unión era como que el destino de Chile se circunscribiría a un papel modesto. ¿Por qué no pudo pensarse de otra manera? ¿Los intereses económicos que se conformaron al sud, en Santiago, y al norte, en Lima, visualizaron como amenazas la conformación de una Confederación que potenciaba la sierra y los Andes, el interior, contra la costa? ¿Se repetía la misma mezquina perspectiva de las oligarquías locales que se opusieron a la Patria Grande? Bolivia tenía como referente administrativo la Audiencia de Charcas, y como referente económico el entorno potosino, vale decir la economía de la plata, que comprometió a una geografía que venía desde Quito y llegaba a Córdoba. Esta economía, que podemos llamar endógena, con cierta cautela, se contrapone a la economía de la costa, altamente articulada al mercado internacional de la revolución industrial. ¿No se podía combinar ambas geopolíticas, ambas estrategias económicas? ¿Por qué tendrían que ser dicotómicas? Tal parece que en estas contradicciones se encuentra la explicación de las tensiones entre el interior, las provincias del interior, y las capitales, que tienen la mirada puesta en la costa, que los subordina al mercado internacional. La guerra gaucha, de las provincias del interior contra Buenos Aires, parece tener el mismo sentido. Así también la guerra de la triple alianza, Argentina, Brasil y Uruguay, contra Paraguay, país que conservó una perspectiva endógena.

El ciclo del capitalismo de la revolución industrial, bajo hegemonía británica, arrastró los centros económicos de los países periféricos a la costa, condicionando sus economías a circunscribirse a una división del trabajo internacional, a una geopolítica capitalista, que los condenaba a ser países extractivistas. No es pues inapropiado nombrar a la guerra del Pacífico como guerra del guano y del salitre, la querella del excedente. Estos países periféricos, involucrados en la guerra, disputaron el excedente para satisfacer la demanda británica y europea. La guerra que se peleó fue para favorecer a sus oligarquías, que eran intermediarias del capital británico. Las oligarquías locales no podían tener otra perspectiva que la de sus intereses locales; era entonces imposible que de ellas se genere una perspectiva integral. Entre las incipientes burguesías nativas, boliviana, chilena y peruana, con sus propias contradicciones coloniales, enfrentando a sus poblaciones indígenas, aunque lo hagan en distintos contextos y de distinta manera, la que parece haber resuelto, para entonces, problemas de constitución de clase, es la burguesía chilena, en tanto que las burguesías boliviana y peruana, todavía se debatían en la ambigüedad de proyectos contrastados. Entre persistir en la dominación gamonal, latitudinaria y colonial, o transformar su dominación, modernizando sus relaciones de poder, proletarizando a su población.

La burguesía chilena, intermediaria del capital hegemónico, no encontró otra cosa, como proyecto propio, que expandirse, controlar los recursos naturales que sus vecinos no sabían explotar ni administrar. Se trata de una guerra de conquista de mediana intensidad. Se puede decir que la estatalización en Chile se dio más rápidamente que en Bolivia y Perú, a quienes les costó más tiempo conformar un Estado-nación. Parece que es en el transcurso de esas décadas, que vienen desde los treinta y van hasta los setenta del siglo XIX, que la burguesía trasandina se inclina por una estrategia militar. Concretamente se prepara para la guerra; desde la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana hasta la Guerra del Pacífico, concurren reformas institucionales administrativas y militares, tendiendo a una modernización, equipamiento, disciplina y adecuación a las tácticas y estrategias de la guerra moderna, para ese entonces. En cambio, parece no concurrir esto ni en Bolivia ni en el Perú, que enfrentan la guerra con los resabios de la guerra de la independencia y la guerra confederada.

Zavaleta Mercado habla de disponibilidad y de óptimo. Dice que el Estado chileno logró esta disponibilidad de fuerzas y un óptimo para cuando estalló la guerra del Pacífico. Lo que no ocurrió con Bolivia y Perú, que contaban con excedente, pero no con disponibilidad de fuerzas y un óptimo. Zavaleta cree ver que la militarización del Estado chileno tiene que ver también con la contingencia de la constante amenaza de la guerra indígena; Chile se vio obligado a conformar un Estado fortaleza, encargado de cuidar y definir las fronteras permanentemente. Puede ser; empero, esta característica también la compartían Bolivia y Perú, aunque en otro contexto y de otra manera. Es preferible concentrarse en dos aspectos: 1) la mejor adecuación y adaptación de la burguesía trasandina a las demandas de materias primas de la revolución industrial, logrando pautas de reproducción social más afines al nuevo ciclo del capitalismo; y 2) la reorganización y modernización del Estado, incluyendo, claro está, de la armada y del ejército.

La hipótesis de interpretación es la siguiente:

La guerra confederada forma parte de las historias de las guerras entre el interior y la exterioridad misma de la formación económico-social, entre los proyectos endógenos y los proyectos exógenos. La historia de estas guerras más se parecen a la historia de guerras civiles entre las provincias del interior y la capital, núcleo primordial de la externalización. Este tipo de guerras civiles se han dado en todo el continente americano; también podemos considerar, como formando parte de esta tipología, guerras que se presentan como guerras entre estados, como es el caso de del guerra confederada, así también como la guerra de la triple alianza contra Paraguay. Este país era el ejemplo de un proyecto endógeno en marcha y consolidado; tuvo que enfrentarse a tres proyectos económicos, políticos y sociales exógenos. No parecía posible la convivencia entre ambos proyectos confrontados. El ciclo hegemónico de la revolución industrial exigía una clara división del trabajo internacional, una definida geopolítica que diferenciará los centros de las periferias del sistema-mundo capitalista. Así como convertir a las periferias en espacios de compra de los productos manufacturados, siendo economías primario exportadoras. La orientación económica, social y política paraguaya era, en el siglo XIX, un desafío a la geopolítica del sistema-mundo capitalista del ciclo de la revolución industrial.

La guerra confederada andina no dejó de connotar estas características de una suerte de guerra civil entre un interior y una exterioridad, aunque ésta forme parte de la propia formación social y económica. La contradicción entre los intereses de una oligarquía costeña y otra oligarquía serrana hablan de ello. En el espacio discursivo e “ideológico” se puede notar también este contraste, cuando los voceros y políticos costeños calificaban a Andrés de Santa Cruz como “serrano”, queriendo usar este término despectivamente; incluso se lo calificó de “guanaco de los Andes”. Ahora bien, los actores involucrados no tienen que ser plenamente conscientes de estas contradicciones; empero, basta que sus acciones y perspectivas se involucren en una proyección distinta a la de subordinación al mercado externo, como para marcar la diferencia; así, como al contrario, adecuando, mas bien, la forma Estado a este requerimiento. Puede pensarse que el proyecto de la Confederación era una reminiscencia del proyecto independista integral de la Gran Colombia; se puede incluso concebirlo como una reminiscencia de la convocatoria de Tupac Amaru de formar una gran nación desde el Pacífico hasta el Paititi. Como reminiscencia ya no tenía el alcance que contenían los proyectos de la Patria Grande; sin embargo, era, esta proyección disminuida, una actualización, en menor escala, de aquellos.

La derrota del ejército confederado era una derrota más del interior contra la costa, de la interiorización contra la externalización, de los proyectos endógenos contra los proyectos exógenos. Se puede decir también que la derrota de la Confederación anticipa la derrota de Bolivia y Perú en la guerra del Pacífico, aunque esta guerra es de otra índole. Ya no se trataba de una guerra entre un interior y la externalización, entre unos proyectos endógenos y otros proyectos exógenos, pues claramente los tres países optaron por la externalización, por el proyecto exógeno, por el modelo extractivista de sus economías. La guerra del Pacífico fue una guerra de tres proyectos de externalización, fue una guerra por el excedente para externalizarlo. Cuando decimos que la derrota de la Confederación anticipa la derrota de la guerra del Pacífico, decimos también que, la burguesía chilena fue más eficaz con la conformación y consolidación de este modelo, procurando una modernización institucional, administrativa, educativa, militar, adecuada a los tiempos de la revolución industrial. Las oligarquías peruana y boliviana se adormecieron con la externalización de sus excedentes, que los tenían en más que en lo que respecta a Chile, se adormecieron con una suerte de sobrevaloración de sus capacidades, que, viendo los desenlaces, resultaron hartamente obsoletas, dadas las circunstancias y los cambios habidos durante el siglo XIX.

Zavaleta anota otro tópico en el análisis del desenlace de la querella por el excedente. Este es el de la vinculación con el espacio. Considera un vínculo con el espacio en las civilizaciones andinas, pre-coloniales, distinta al vínculo dado en las repúblicas. Mientras las civilizaciones andinas emergían del espacio, nacían del territorio, domesticando plantas, arrancando a la tierra una fertilidad difícil, mediante tecnologías agrícolas innovadoras y la organización colectiva. Las repúblicas producirán el espacio, por así decirlo, conformaban un espacio adecuado al mercado internacional; sin embargo, no todas lograron controlar su propio espacio.

Zavaleta escribe:

“Los espíritus del Estado en Bolivia no veían los hechos del espacio sino como una dimensión gamonal. Lo característico era la forma gamonal del Estado[2]”.

Refiriéndose al espacio andino dice:

“La agricultura andina, que no en balde es el acontecimiento civilizatorio más importante que ha ocurrido en este lugar y en América Latina entera, y después Potosí o sea Charcas, se organizan y se identifican en torno a este discurso territorial… El Atacama, por lo demás, era de un modo arquetípico una tierra apropiada, incorporada al razonamiento ecológico de esta instancia de los andinos de tal manera que no es cualquier costa apta para el comercio moderno lo que podía ocasionar semejante sentimiento gregario de desagregación[3]”.

Este vínculo ancestral con el espacio se quebró o se redujo a su mínima expresión; ya no es el espacio articulado por las complementariedades, ya no es el archipiélago andino el que hace de matriz territorial reproductiva a la sociedad organizada en comunidades, ayllus, sino es otro espacio o espacialidad el que hace de referente de los flujos y desplazamientos, un espacio mercantil cuya gravitación radica en los núcleos de externalización de los recursos naturales. Es con relación a este otro referente espacial que hay que entender lo que pasó; por qué no reaccionó la sociedad boliviana ante semejante pérdida.

Zavaleta se pregunta:

“Se necesita explicar sin duda por qué la otra Bolivia, la que sí debería ver estas cosas como una adversidad gravísima, tardó tanto en su evaluación. La perplejidad con que vive el cuerpo social una pérdida tan considerable se explica porque la lógica espacial previa, que era en realidad una combinación entre la agricultura andina clásica y el Estado despótico como su culminación natural… se había replegado a lo que será el aspecto de la cristalización u osificación de la historia del país[4]”.

La respuesta que se da es:

“Recluido en su coto cerrado de la agricultura y practicando una economía moral de resistencia, conservación e insistencia, el vasto cuerpo popular, aunque se demoraría en tomar consciencia del problema, lo haría después con una intensidad que sólo se explica por la interpelación que tiene el espacio sobre la ideología o interferencia en esta sociedad[5]”.

ConclusionesLa teoría del Estado de René Zavaleta Mercado se basa en la disponibilidad del excedente y en la habilitación del óptimo de la ecuación Estado-sociedad-territorio. Se trata de una teoría, que podemos llamarla genealógica, que toma en cuenta los momentos constitutivos como nacimientos y la irradiación de estos momentos constitutivos como emergencias, actualizaciones coyunturales de los momentos constitutivos de referencia. e trata de una teoría que apunta a evaluar la capacidad auto- determinante de las sociedades, que sólo se puede lograr por el autoconocimiento de sus condiciones históricas y sus procesos inherentes y desatados en periodos constitutivos o des-constitutivos. Encuentra que es la crisis histórica-política-social la que abre la posibilidad de inteligibilidad de las formaciones sociales abigarradas, al mostrar el bricolaje insostenible de sus yuxtaposiciones, al mostrar la inciertas costuras de la pluralidad, al mostrar el campo de posibilidades alternativas para articular la pluralidad de una manera integral. ---

[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Guerra periférica y geopolítica regional; Dinámicas moleculares; La Paz 2013.

[2] Ibídem: Pág. 23.

[3] Ibídem: Pág. 23.

[4] Ibídem: Pág. 27.

[5] Ibídem: Pág. 29.

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