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Actualizado el 2015-04-14 a horas: 16:54:13

Teoría política boliviana

Raúl Prada Alcoreza

Sospecho que con la decadencia del MAS, es decir, con las consecuencias políticas, por no seguir con el proceso de cambio, y embarcarse en círculo vicioso del poder, repetimos la triste historia del tiempo de las cosas pequeñas, de aquel tiempo del que hablaba Sergio Almaraz Paz. Sin embargo, esta revolución, la del 52, fue nuestra revolución, cuando nos constituimos como nación, como Estado-nación efectivo, no solamente jurídico. No supimos defender lo que quedaba de esa revolución en 1964. Era como abandonar a un familiar ante el peligro de muerte, justificar el abandono por haberse descarriado. Ahora pasa lo mismo, la decadencia en el MAS y del gobierno es alarmante; empero, son nuestros monstruos, emergidos de la movilización prolongada. La vieja rosa, la nueva rosca, el eterno retorno de las roscas quiere sacar la cabeza. Ellos creen que es el anuncio de su retorno. La tarea es difícil; no podemos dejar de hacer la crítica, buscar la profundización de un proceso de cambio "traicionado", por un lado; tampoco podemos dejar que las eternas roscas saquen la cabeza, por así decirlo, y pretendan decirnos lo que siempre nos han dicho, mostrarnos sus miserias y mezquindades como verdades. Volvemos a momentos decisivos como los de 1964. Debemos defender lo poco que queda delproceso de cambio, sin dejar de hacer crítica, sin dejad de hacer activismo, sin dejar de mantener el fuego para que una chispa vuelva a incendiar la pradera

Raúl Prada Alcoreza

Raúl Prada AlcorezaEscritor, docente-investigador de la Universidad Mayor de San Andrés. Demógrafo. Miembro de Comuna, colectivo vinculado a los movimientos sociales antisistémicos y a los movimientos descolonizadores de las naciones y pueblos indígenas. Ex-constituyente y ex-viceministro de planificación estratégica. Asesor de las organizaciones indígenas del CONAMAQ y del CIDOB. Sus últimas publicaciones fueron: Largo Octubre, Horizontes de la Asamblea Constituyente y Subversiones indígenas. Su última publicación colectiva con Comuna es Estado: Campo de batalla.

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Conversaciones con Luis Minaya

¿Cómo interpretar una escritura, incluso si esta sufre sus desplazamientos y transformaciones? ¿Cómo interpretar una obra, que es lo que se llama en referencia a un conjunto, más o menos secuencial, de escritos, si se quiere a una constelación de textos? ¿Cómo interpretar la obra de René Zavaleta Mercado? Estas son las preguntas que nos hacemos en la segunda década del siglo XXI, cuando asistimos a la decadencia de un gobierno progresista, que, en vez, de profundizar el proceso de cambio, ya sea en transiciones lentas, si es que no se lo quiere hacer o se cree que no se puede hacerlo más rápido, ha optado por lo de siempre, por el circulo vicioso del poder. Nos hacemos estas preguntas cuando una lectura rápida, provisional, conservadora, pretende descalificar a la obra de Zavaleta, descalificando también al autor, sin más argumentos que los prejuicios cultivados en el espíritu de revancha de las élites derrocadas. Escribimos en La episteme boliviana sobre este iluminismo criollo y mestizo, que efectuó la interpretación crítica de la historia política y de la historia económica de Bolivia, ocasionando una especie de paradigma de interpretación de la formación social boliviana[1]. Es, sin duda, un acontecimiento intelectual, pues se teorizaba, se construían interpretaciones, corpus enunciativos, para hacer inteligible la formación social abigarrada. Frente a este aporte, la intelectualidad conservadora no mostró más que sus miserias; repeticiones e imitaciones deslucidas de lo que le parecía honorable de las teorías universales de la modernidad. Por otra parte, la formación discursiva conservadora criolla hacía gala de sus vacíos y lagunas, sobre todo de su miopía, al no ver, no percibir, no comprender ni explicarse el país en el que vivían.

Como decía Hugo Zemelman Merino, Zavaleta era elocuente en la exposición luminosa de conceptos plásticos, cargados metafóricamente, casi figuras poéticas. Seres humanos como René Zavaleta se encuentran conmovidos por los espesores históricos de su país, del que tienen la memoria de las huellas inscritas en sus territorios, cuerpos y ciclos. Hablan, si se quiere, piensan, con todo el cuerpo. No se sienten externos a una realidad, que para otros se convierte en un objeto de estudio. Forman parte de ella, viven, sufren y se alegran con las contingencias, avatares, planos y espesores de intensidad de esa realidad. Bolivia para Zavaleta era su pasión, el amor perdido que hay que recuperar. Sus escritos, en todas sus etapas, la más vinculada al ideologüema del nacionalismo revolucionario, la de transición a un marxismo gramsciano, la de un desplazamiento a un más allá del marxismo, cuando intenta percibir desde los ojos de Willka, son escritos con sangre, como exigía Friedrich Nietzsche, son dispositivos a usarse en acciones emancipadoras de un país atrapado en las mallas de la colonialidad y en las redes del sistema-mundo capitalista.

La intelectualidad conservadora no lo ha querido a Zavaleta; les parecía una hecatombe discursiva, una convulsión pasional que iluminaba con sus irradiaciones interpeladoras. No lo quieren, ahora, habiéndonos dejado hace un buen tiempo, pues sus escritos recuerdan a esta ardiente llamarada de palabras, que quema. No se le puede perdonar a este intelectual cholo, erudito e irreverente, por estas pretensiones iluministas. Los intelectuales, según ellos, de nuestro continente, de las periferias del sistema-mundo capitalista, deben honrar a las verdades universales institucionalizadas. Además, deben decirse estas verdades, con calma, mesura, con voz de profesor aburrido, a un ritmo de letanía amarga. Zavaleta era todo lo contrario, seducía a su auditorio, hablaba efusivamente, exponía intempestivamente, desplegando largas disertaciones eruditas y críticas.

Hay que leer sus escritos entonces acercándonos a su percepción apasionada del país. Debemos encontrar, primero, sus intuiciones asombrosas, para captar los sentidos inmanentes de la experiencia social, transmitidos a su escritura, abordados con la singularidad de su formación. Después podemos interpretar los conceptos. Esto para evitar exegesis como de diccionario, deducidas de paradigmas teóricos institucionalizados. Un concepto puede conllevar su efecto abstracto, su irradiación general; empero, cuando se lo uso en un discurso, en un escrito, adquiere connotaciones propias, singulares; sólo se lo puede decodificar atendiendo a la experiencia y a la memoria social e individual.

En la Formación de la consciencia nacional Zavaleta parte del acontecimiento de la guerra del Chaco. La considera una experiencia conmovedora e inaugural de la consciencia nacional. ¿Qué hay de criticable en esta premisa? ¿Colocar el nacimiento de la consciencia nacional, por lo tanto, del Estado-nación efectivo, en este acontecimiento bélico, y no en la guerra de la independencia? ¿Por qué tendría que ser la guerra de la independencia El nacimiento del Estado-nación y no, mas bien, uno de los nacimientos, quizás abortados? Pues el Estado-nación no se termina de constituir en su materialidad institucional jurídica, política, social, económica y cultural. Esta manera de asumir el análisis forma parte de lo que Michel Foucault considera los discursos histórico-políticos, a diferencia de los discursos jurídico-políticos.

Los discursos histórico-políticos son críticos de la dominación; se estructuran como interpelación a las dominaciones. La guerra es un concepto que hace inteligible la formación social, precisamente en su crisis, como enunciaba Zavaleta. De esto se trata la tesis inicial de este intelectual crítico. Independientemente si se está de acuerdo con esta tesis, si se quiere con el paradigma histórico-político, que se tenga más apego al paradigma jurídico-político de legitimación del poder, lo importante es seguir la estructura de esta interpretación de la realidad histórica y social de Bolivia, seguir su lógica. Si se quiere criticar, no hay que perder de vista la descripción del cuadro conceptual. Sin embargo, la pretendida “crítica” no hace esto; prefiere bañarse en sus propios prejuicios, usar la regla de su formación académica, como si esta fuera aplicable universalmente, además de desatender a las propias corrientes y debates contemporáneos en las teorías, por lo tanto al cuestionamiento de las pretensiones de verdad y de las pretensiones universalidad de las teorías institucionalizadas.

Esta pose de nobleza no hace otra cosa que desatender lo que lee; por lo tanto alejarse del texto y extraviarse en sus recónditos miedos. Esta lectura conservadora de la obra de Zavaleta no solamente es “ideológica”, sino es represiva consigo misma, no se da la oportunidad de comprender la obra, de entenderla, incluso para criticarla.

En Lo nacional-popular en Bolivia nos encontramos a un Zavaleta que ha dejado como sedimentación de su memoria al ideologüema del nacionalismo revolucionario, que ha incursionado en la formación marxista, adscribiéndose a la crítica gramsciana, que articula imprescindiblemente, en su inmediatez, la estructura económica y la superestructura ideológica, jurídica y política. No hay determinismo, sino como el marxista italiano llama bloque histórico. El concepto de bloque histórico debe interpretarse epistemológicamente como entrelazamiento de estructura y superestructura, antes que como bloque de clases sociales, como el gramscianismo vulgar acostumbra. Sobre o, mas bien, dentro esta concepción de totalidad intrínseca se puede deducir, si se quiere, la descripción del bloque de clases o alianza de clases. Zavaleta no es, de ninguna manera, ajeno a esta concepción, más hegeliana, que engelsiana, de la estructura social. Mal se puede decir que Zavaleta es determinista. Esto es no haberlo entendido.

En Lo nacional-popular también se nota a un Zavaleta preocupado, como no lo había hecho antes, por la problemática colonial, en el sentido de la dominación estatal sobre las naciones y pueblos indígenas. Ahí está, como corroboración de lo que decimos, el capítulo de El mundo del temible Willka; también su replanteamiento de la concepción espacial. Esta intuición como condición de posibilidad de la experiencia, en el capítulo sobre La querella del excedente. En La querella del excedente el tema es la pérdida de Atacama en la guerra del pacífico; el análisis es sobresaliente, al margen y muy lejos de los revanchismos y chauvinismos acostumbrados, Zavaleta desmenuza la condición de posibilidad histórica territorial, el efecto des-articulador de la pérdida de un espacio acoplado a los archipiélagos andinos. Espacio borrado por la mirada oligárquica, que sólo entendía como territorio la extensión de sus fincas y de sus minas. Analiza las condiciones y las composiciones de los tres Estado-nación en guerra; Bolivia, Chile y Perú. Para decirlo resumidamente y no hacer una larga exposición al respecto, la estructura gamonal del poder en Bolivia y Perú debilitan a estos estados en su capacidad de respuesta, de defensa de sus territorios; en cambio, la transición del gamonalismo chileno hacia una burguesía pujante, consigue la modernización institucional y de sus aparatos bélicos del Estado-nación chileno. Sin alargarnos, de todos modos, en ambos casos, la cuestión indígena es parte la composición y las razones de la guerra del pacífico. El Estado-nación criollo chileno reinicia la guerra contra los pueblos indígenas del sur, sobre todo con la nación y pueblos mapuches, como preludio de la guerra del pacífico. Por el otro lado, dos Estado-nación, con preponderante población indígena, van a la guerra enseñoreados de sus tenencias, riquezas y sus dominaciones coloniales. Como dice Zavaleta, la guerra estaba pérdida de antemano, si es que no se acudía a transformaciones estructurales e institucionales de estos Estado-nación, perdidos en el ostracismo de sus oligarquías criollas.

Comparando la guerra del pacífico, la guerra federal y la guerra del chaco, Zavaleta observa que sorprende que la sociedad no haya respondido, como corresponde en estos momentos, a la pérdida de Atacama, que haya tardado en asimilar esta pérdida hasta muy tarde; que la que sabía que se perdía el litoral, la oligarquía gobernante, creyó que no era una perdida irreparable. Por eso prefirió negociar el Atacama, recibiendo dinero y un ferrocarril a cambio; firmando esta entrega en el Tratado de 1904. En cambio la guerra federal fue un acontecimiento estatal; lo profundo de la sociedad se movilizó, la estructura misma del Estado se conmovió y terminó no solo de desplegar su crisis, sino de transformarse. De un Estado-nación patrimonial se pasó a un Estado-nación jurídicamente liberal, con instituciones liberales, que pretendían encaminarse al progreso y al desarrollo. Sin embargo, la ilusión jurídica liberal y la restringida malla institucional liberal no podían ocultar a la inmensa mayoría poblacional, ajena a esta burbuja jurídica-política, que tampoco dejaba de ser oligárquica, aunque esta transitaba seriamente a conformar una burguesía minera. Es la guerra del chaco la que vuelve a conmocionar al país entero, las clases sociales, los pueblos, mestizos e indígenas, se encuentran en las arenas del chaco, confraternizan en las trincheras y se abrazan en la muerte. Para Zavaleta este acontecimiento, en su singularidad, se convierte en la matriz de la consciencia nacional.

El momento constitutivo y la disponibilidad de fuerzas son dos conceptos que conciben la intensidad del acontecimiento, momentos históricos creativos, de desplazamiento y de posibles rupturas. Momentos de articulación desmesurada y de apertura enérgica. Se puede decir que el método de la crisis como procedimiento para hacer inteligible las formaciones sociales abigarradas, el momento constitutivo y la disponibilidad de fuerzas, son concepciones que elaboran un pensamiento propio en Zavaleta. Esta propiedad del pensamiento singular, en su etapa “madura”, no pertenece al ideologüema del nacionalismo revolucionario, tampoco a la concepción marxista gramsciana; ya forma parte de una nueva etapa del pensamiento intenso de este intelectual militante y comprometido. Si bien esta etapa ha quedado inconcluso, debido a su muerte temprana.

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* Comuna publicó un libro que titula Teoría política boliviana, después de las publicaciones de El retorno de la Bolivia plebeya y Tiempos de rebelión. Ponemos este título a un análisis hermenéutico y político de la obra de René Zavaleta Mercado.

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[1] Ver de Raúl Prada Acontecimiento político. También La episteme boliviana. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub. http://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/acontecimento_pol__tico.docx.

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