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Actualizado el 2014-12-07 a horas: 14:39:04

Filosofía, literatura y colonialidad

Raúl Prada Alcoreza

Acontecimiento lenguaje

Raúl Prada Alcoreza

Raúl Prada AlcorezaEscritor, docente-investigador de la Universidad Mayor de San Andrés. Demógrafo. Miembro de Comuna, colectivo vinculado a los movimientos sociales antisistémicos y a los movimientos descolonizadores de las naciones y pueblos indígenas. Ex-constituyente y ex-viceministro de planificación estratégica. Asesor de las organizaciones indígenas del CONAMAQ y del CIDOB. Sus últimas publicaciones fueron: Largo Octubre, Horizontes de la Asamblea Constituyente y Subversiones indígenas. Su última publicación colectiva con Comuna es Estado: Campo de batalla.

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El postgrado de la Carrera de Literatura de la UMSA, ha editado y publicado un libro titulado Pensamiento de-colonial y literatura. El libro reúne once ensayos de los y las estudiantes del posgrado; además cuenta con el prólogo de Rosario Aquim Chávez, quien comenta y analiza los ensayos a partir de tres ejes entrelazados; la filosofía, la literatura y la cuestión colonial. Cuestión y condición colonial concebida tanto en su pasado colonialista como en su presente situación de la colonialidad múltiple, en la condición actualizada como colonialidad del poder, del saber, del ser, usando conceptos de las corrientes de-coloniales. Vamos a retomar estos sugerentes ensayos y el prólogo a partir del enfoque crucial del acontecimiento del lenguaje, que supone el acontecimiento perceptual; es decir, acontecimiento corporal. Esto quiere decir, que vamos a seguir su ruta, la de abierta por los ensayos, reflexionando sobre los tópicos tocados, concretamente sobre los tópicos que entrelazan en las formas del lenguaje y los modos de la escritura, lo que comúnmente se denomina el campo de la filosofía, el campo dela literatura, conectándolos, si se quiere con el campo social y el campo político, usando conceptos de Pierre Bourdieu, experimentados en la condición colonial. No es pues un comentario de los ensayos lo que presentamos, sino la continuación de los senderos abiertos por los mismos.

El lenguaje como acontecimiento descubre al cuerpo, expresado en la gramática sensual y en la meditación racional; combinadas, entrelazadas, adquiriendo las tonalidades y coloridos de las metáforas pronunciadas en las palabras. Gramática y memoria, gramática y meditación; gramática, primero de las sensaciones, en el devenir de las composiciones perceptuales; combinadas con imágenes, en el flujo imaginario del cuerpo volcado completamente a la experiencia. Entonces cuando el leguaje toma al lenguaje como referente; cuando busca hacerlo hablar; aunque parezca asombroso e insólito decirlo. Pues, aunque el leguaje supone el habla, ya habla, el hecho de que el lenguaje mismo, como lectura, busque hacer hablar nuevamente al lenguaje, buscando en su repetición la diferencia imperceptible, secreto del sentido inmanente, es cuando el lenguaje interpreta a otro lenguaje. Cuando en lenguaje se pone a meditar, a reflexionar, el lenguaje, por así decirlo, hace filosofía. No hablamos necesariamente de la filosofía académica, aquella que necesita un permiso para hacerlo, el permiso de la formalidad institucional, sino hablamos de la filo-sofía como amor al saber, que puede ser también, al mismo tiempo, amor del saber; es decir, hablamos de filosofía como espontaneidad reflexiva.

Para comparar, sin ningún ánimo de jerarquía, sino todo lo contrario, podemos decir que la literatura no hace lo mismo que la filosofía con el lenguaje; la literatura es la inmanencia misma del lenguaje; la literatura vive en ese espesor de substratos donde nace, emerge, deviene el sentido inmanente, o, si se quiere, el flujo interminable de sentidos inmanentes. La literatura escarba en la geología de la memoria y elabora en base a las huellas e inscripciones de la experiencia en los cuerpos. Jugando con figuras, la literatura se parece a una adolecente intrépida y aventurera, sentimental y romántica, en tanto que la filosofía se parece a una señora ya vivida, que medita en el crepúsculo sobre el sentido de la vida.

Cuando estudiantes del posgrado de literatura se ponen a escrutar en el lenguaje de otros u otras, en la literatura de otros y de otras, en la filosofía de otros y de otras, cuando se encuentran en el dilema de preguntar al lenguaje o vivirlo plenamente, dilema entre filosofía y literatura, se exigen escoger entre el medio día o el crepúsculo. Se colocan ante el desafío de cómo escribir sobre sus impresiones de la lectura o sobre sus posiciones filosóficas respecto a la lectura. Es pues toda una tensión en el arte de escribir. Esto se hace más intenso cuando el tema de fondo, que tratan las lecturas, tiene que ver con el acontecimiento colonial, acontecimiento que toma al cuerpo como materia de poder, objeto vivo de la violencia desmesurada. Volvemos a encontrarnos con el cuerpo; pero ahora, vulnerable, torturado, marcado, estigmatizado, desvalorizado, por la economía política racial.

Aimé Césaire

Una de las fuentes de la teoría crítica descolonizadora es indudablemente Aimé Césaire. Mentor de Frantz Fanón, entonces fuente primordial. La secuencia de nuestra exposición no tiene que ver con ninguna jerarquía, ni una clasificación del antes y el después; tan solo se debe a los propios requerimientos de la exposición. Primero comenzamos con Césaire, por la intensidad de su literatura; después seguimos con los ejes del discurso descolonizador, expuestos por Fanon en forma de una analítica crítica y una intensa narración teórica;

Blanca Zulema Ballesteros Trujillo reflexiona sobre el Discurso sobre el colonialismo de Aimé Césaire; el título del ensayo es Reflexiones sobre el pensamiento de Aimé Césaire en su Discurso sobre el colonialismo y otras preocupaciones. El Discurso sobre el colonialismo fue escrito en 1950 y publicado en 1956, en Paris. AKAL vuelve a publicar el 2006 en Madrid, quedando a cargo de la introducción del libro Immanuel Wallerstein.

Blanca Zulema Ballesteros Trujillo analiza el Discurso sobre el colonialismo, retoma del discurso la interpelación vehemente a la dominación “occidental”, la crítica a sus formas violentas y encubiertas de colonización, sobre todo la de-construcción efectuada a la “ideología” racial, a la pretensión de raza superior. Se centra en el argumento de que el que coloniza se convierte en un monstruo, habiendo deshumanizado al colonizado. Nada justifica lo que se ha hecho, con la colonización y la esclavización, ocupando territorios de pueblos vulnerables; es crimen de lesa humanidad. Sin embargo, Ballesteros reclama Césaire el olvidar a la mujer, a la mujer de color, subyugada y subalternizada también por las estructuras patriarcales, quizás compartidas por colonizadores y colonizados. Este debate propuesto lo dejaremos para después; ahora, ingresamos al pensamiento y a la percepción, al activismo y militancia de Aimé Césaire.

En su exposición dice que Césaire da, anticipadamente, el giro de-colonial, acercando entonces al militante, activista y teórico crítico del colonialismo y el capitalismo, propulsor de la valorización de la negritud, a los académicos intelectuales, no militantes, de-coloniales, dudosamente anticapitalistas. Interpretación con la que no estaríamos de acuerdo. No se pueden comparar, menos aproximar, la lucha de los pueblos afros e indígenas, con los que comparte plenamente, militantemente, activamente, Aimé Césaire, con posiciones discursivas, que tienen problemas de delimitación entre corrientes teóricas, problemas de demarcaciones de paradigmas, que llaman rupturas epistemológicas. La de-colonialidad ha resultado más una remoción universitaria, un desplazamiento en las mallas curriculares, en ciertas facultades de ciencias sociales y humanísticas, que un movimiento de masas, de pueblos, de colectivos subalternos, masculinos, femeninos, diversos. Son los movimientos sociales anti-sistémicos contemporáneos de los pueblos, de las comunidades indígenas, de los colectivos afro-descendientes, de las activistas feministas radicales y de-coloniales, de los activistas de las subjetividades diversas, los que continúan la lucha anticolonial y descolonizadora, anticapitalista y anti-moderna, iniciada por el levantamiento indígena pan-andino del siglo XVIII y por la guerra anti-colonial de los esclavos de Haití, a fines del siglo XVIII.

Retomando el análisis de Ballesteros, continuaremos con interpretaciones de la obra de Aimé Césaire. Como Ballesteros lo hizo con el Discurso sobre el colonialismo, nosotros atenderemos a la poesía de este intelectual crítico y poeta afro.

En la Introducción al Discurso sobre el colonialismo, Wallerstein escribe:

Aimé Césaire es un poeta y un político, como lo fue su amigo de toda la vida Leopold Sedar Senghor. Si hubiera que etiquetarlo de alguna forma, tendría que ser como un homme de culture noir, hombre de cultura negra. Los hechos más destacados de su biografía son bien conocidos, pero quizá convenga recordarlos: nacido en 1913 en un pequeño municipio de Martinica, recibió su educación secundaria en Fort-de-France, de donde partió a Paris para ingresar en las instituciones de enseñanza más prestigiosas de Francia: en el Lycee Louis-le-Grand, donde conoció a Senghor, uno de sus compañeros de clase, para completar su hyper-khâgne, y luego en la Ecole Normale Supérieure. En 1939 regresó a Martinica y allí escribió la que será quizá su obra más famosa, el poema Cahier d‘un retour au pays natal. Durante la guerra conoció, casi por casualidad, a André Breton, cuando éste pasó por la isla. Césaire descubrió que era un surrealista sin saberlo, y Breton descubrió que Césaire era un gran poeta, y aceptó escribir un prefacio para el Cahier con ocasión de su publicación[1].

Immanuel Wallerstein, en la misma Introducción al Discurso sobre el colonialismo, dice que:

Césaire era ya una personalidad local, y el Partido Comunista Francés, del que era en cierto modo simpatizante pero no miembro, le pidió que fuera su candidato en la isla para la Asamblea Nacional Francesa. Resultó elegido y se convirtió en el principal defensor de la «departamentalización» de la Martinica y otras tres colonias francesas. Tras ingresar en el PCF se presentó también a las elecciones para alcalde, fue elegido y permaneció en ese puesto durante más de cincuenta años[2].

El año 1956 destacó como una de los cardinales semblantes del Primer Congreso de Escritores y Artistas Negros, celebrado en Paris. Se puede decir que en este Congreso si dio lugar el momento constitutivo de re-valorización de la cultura de la diáspora africana, desplegando del concepto de negritud, del que, junto con Senghor, fue uno de los esclarecidos impulsores[3].

No hay nada mejor que adentrarse en la literatura, sobre todo en la poesía, para acceder a las percepciones corporales, que son la integralidad de la existencia; experiencia y memoria sensible, algo más que el ser, concepto abstracto ontológico, pues se trata del acontecimiento. Vamos a tratar de hacerlo atendiendo al Cuaderno de poesía de Aimé Césaire, particularmente concentrarnos en Cuaderno de un retorno al país natal

CUADERNO DE UN RETORNO AL PAÍS NATAL[4]

1

Partir.

Así como hay hombres-hiena y hombres-pantera, yo

seré un hombre-judío, un hombre cafre

un hombre-hindú-de-Calcuta

un-hombre-Harlem-sin-derecho-a-voto

El hombre-hambre, el-hombre -insulto, el hombre-tortura

se le podría

prender en cualquier momento, molerlo a golpes-matarlo

por completo sin tener que rendirle cuentas a nadie.

2

Un hombre judío

un hombre-progom

un perro de caza

un pordiosero.

Pero, ¿es que puede uno matar el remordimiento, bello

como la cara de sorpresa de una dama inglesa al encontrar

en su sopa un cráneo de hotentote?

Yo reencontraría el secreto de las grandes comunicaciones

y de las grandes combustiones. Diría tempestad, diría río.

Diría ciclón. Diría hoja. Diría árbol, mejorarían todas las

lluvias, me humedecerían todos los rocíos.

Me revolcaría como sangre frenética sobre la lenta corriente

del ojo de las palabras,

en caballos locos, en niños tiernos, en toques de queda en vestigios

de templo, en piedras preciosas, lo bastante lejos como para

descorazonar a los menores.

Quien no me comprenda no comprenderá el rugido del tigre

Es mío

un hombre solo preso de blancura

un hombre solo que desafía los gritos de la muerte

blanca

(TOUSSAINT,TOUSSAINT L‘OUVERTURE)

un hombre solo que fascina al gavilán blanco de la muerte

blanca

un hombre solo en la mar infecunda de la arena blanca

es un viejecito que se eleva contra las aguas

del cielo.

La muerte describe un círculo brillante encima de este hombre

la muerte brilla dulcemente sobre su cabeza

la muerte sopla en la caña madura de sus brazos

la muerte galopa en la prisión como un caballo blanco

la muerte luce en la sombra como los ojos de los gatos

la muerte hipa como el agua bajo las rocas

la muerte es un pájaro herido

la muerte decrece

la muerte vacila

la muerte es un paytura sombrío

la muerte expira en una blanca balsa de silencio.

***

“… Y he aquí que de pronto fuerza y vida me acometen como un toro y la

onda de vida rodea la papila del morro, y aquí están todas las venas y

vénulas atareadas en la sangre nueva y el enorme pulmón de los ciclones

que respira y el fuego atesorado de los volcanes y el gigantesco pulso

sísmico que lleva el compás de un cuerpo vivo en mi firme incendio.

Y ahora que estamos de pie, mi país y yo, con los cabellos al viento y mi

pequeña mano ahora en su puño enorme y la fuerza no está en nosotros

sino por encima de nosotros, en una voz que barrena a la

noche y a la audiencia como la penetración de una avispa apocalíptica. Y la voz dice que

Europa durante siglos nos ha cebado de mentiras e hinchado de

pestilencias,

porque no es verdad que la obra del hombre haya terminado

que no tengamos nada que hacer en el mundo

que seamos unos parásitos en el mundo

que basta que nos pongamos al paso del mundo

pero la obra del hombre ha empezado ahora

y falta al hombre conquistar toda prohibición

inmovilizada en los rincones de su fervor

y ninguna raza tiene el monopolio de la belleza, de la inteligencia,

de la fuerza

y hay sitio para todos en la cita de la conquista y ahora sabemos que el sol

gira alrededor de nuestra tierra iluminando la parcela que ha fijado nuestra

sola voluntad y que toda estrella que cae del cielo a la tierra a nuestra

voz de mando sin límite.

Ahora poseo el sentido de las ordalías; mi país es “la lanza de noche” de mis

antepasados bámbaras que se arruga y su punta huye desesperadamente

hacia el astil si se la rocía con sangre de pollo y dice que es sangre de

hombre lo que necesita su temperamento, grasa, hígado, corazón de

hombre, no sangre de pollo.

Y yo busco para mi país no corazones de dátil, sino corazones de hombre

que, para entrar en las ciudades de plata por la gran puerta trapezoidal,

golpeen la sangre viril, y mis ojos barren mis kilómetros cuadrados de tierra

paternal y enumero las llagas con una especie de júbilo y las hacino una

sobre otra como raras especies, y mi cuenta se alarga siempre con

imprevistas acuñaciones de la bajeza.

Y aquí están aquellos que no se consuelan de no ser hechos a semejanza de

Dios sino del diablo, aquellos que consideran que se es

negro como se es dependiente de segunda clase: esperando mejorar y con la posibilidad de

subir más alto; aquellos que capitulan ante sí mismos, aquellos que viven

en el fondo de la mazmorra de sí mismos; aquellos que se envuelven con

seudomorfosis orgullosa; aquellos que dicen a Europa: “Mire, yo sé cómo

hacerle reverencias, cómo prestarle mis respetos, en suma, no soy diferente

de usted; no haga caso de mi piel negra: me ha tostado el sol”.

Y hay el rufián negro, el áscari negro, y todos cebras se zarandean a su

manera para hacer que el listado de sus pieles caiga en un rocío de leche

fresca. Y en medio de todo esto yo digo ¡hurra! mi gran padre se muere, yo

digo ¡hurra! la vieja negritud se cadaveriza progresivamente.

No hay que decir: era un buen negro. Los blancos dicen que era un negro,

un verdadero buen negro, el buen negro de su amo.

Yo digo ¡hurra!

Era un muy buen negro,

la miseria le había herido pecho y espalda y habían metido en su pobre

mollera que una fatalidad pesaba sobre él y que no la puede manejar a su

antojo que no tenía poder sobre su propio destino; que un señor avieso

había desde tiempo inmemorial escrito leyes de prohibición en su

naturaleza pelviana; y ser el buen negro; creer honradamente en su

indignidad, sin la curiosidad perversa de verificar nunca los jeroglíficos

fatídicos.

Era un muy buen negro.

Y no se le ocurría la idea de que podría azadonar, ahondar, cortarlo todo,

cualquier otra cosa verdaderamente que no fuese la caña insípida.

Era un muy buen negro.

Y le lanzaban piedras, trozos de chatarra, cascos de botella, pero ni esas

piedras, ni esa chatarra, ni esas botellas…

Oh quietos años de dios sobre este mogote terráqueo!

Y el látigo disputó el chupeteo de las moscas el rocío azucarado de

nuestras llagas.

Yo digo hurra! la vieja negritud

se cadaveriza progresivamente

el horizonte se deshace, retrocede y se ensancha

y entre desgarrones de nubes aparece el fulgor de un signo.

El negrero cruje por todas partes… Su vientre se convulsiona y resuena… La

horrible tenia de su cargamento roe los intestinos fétidos del extraño niño

de pecho de los mares.

Y ni el júbilo de las velas hinchadas como un abultado bolso de doblones, ni

las jugarretas hechas a la tontería peligrosa de las fragatas policíacas le

impiden oír la amenaza de sus gruñidos intestinos.

En vano para olvidarse de ello el capitán cuelga en su palo mayor el negro

más gritón, o lo echa al mar, o lo entrega al apetito de sus molosos.

La negrería que huele a cebolla frita vuelve a encontrar en su sangre

derramada el sabor amargo de la libertad

Y está de pie la negrería

La negrería sentada

inesperadamente de pie

de pie en la cala

de pie en los camarotes

de pie en el puente

de pie en el viento

de pie al sol

de pie en la sangre

de pie

y

libre

de pie y no como una pobre loca en su libertad y su indigencia marítimas

girando en la deriva perfecta y aquí está:

más inesperadamente de pie de pie

en los cordajes

de pie ante el timón

de pie ante la brújula

de pie ante el mapa

de pie bajo las estrellas

de pie

y

libre

Y el navío lustral hiende impávido las aguas

Desplomadas

Y ahora se pudren nuestras borlas de ignominia!

por el sol abrotoñado de medianoche

escucha gavilán que tienes las llaves de oriente

por el día desarmado

por el tiro de piedra de la lluvia

Escucha perro blanco del norte, serpiente negra del

Mediodía

que rematáis el cinturón del cielo

todavía hay un mar por cruzar

para que yo invente mis pulmones

para que el príncipe se calle

para que la reina me bese

todavía un viejo mar por asesinar

un loco por entregar

para que mi alma brille ladre brille

ladre ladre ladre

y que chille la lechuza mi bello ángel curioso.

El maestro de las risas?

El maestro del silencio formidable?

El maestro de la esperanza y la desesperación?

El maestro de la pereza? El maestro de las danzas?

Soy yo!

y por eso, señor

los hombre de cuello frágil

recibe y percibe fatal calmoso triangular

y para mí mis danzas

mis danzas de mal negro

para mí mis danzas

la danza rompe-argolla

la danza salta-prisión

la danza es-hermoso-y-legítimo-ser-negro

para mí mis danzas y salta el sol en la raqueta de mis manos

pero no el sol desigual ya no me basta

enróscate, viento, alrededor de mi nuevo crecimiento

pósate en mis dedos medidos

te entrego mi conciencia y su ritmo de carne

te entrego los fuegos donde se asa mi debilidad

te entrego la cadena múltiple

te entrego el pantano

te entrego el in-tourist del círculo triangular

devora desea

te entrego mis palabras abruptas

devora enróscate

y enroscándote abrázame con un más vasto

estremecimiento

abrázame hasta el nosotros furioso

abraza, abrázanos

pero habiéndonos igualmente mordido

hasta la sangre de nuestra sangre mordido,

abraza, abraza mi pureza sólo se enlaza con tu pureza

pero entonces abraza

como un campo de apretados ramas de casuarinas

en la noche

nuestras multicolores purezas

y enlaza, enlázame sin remordimientos

enlázame con tus inmensos brazos de arcilla luminosa

enlaza mi negra vibración al ombligo mismo del mundo

enlaza, enlázame, áspera fraternidad,

y luego, estrangulándome con tu lazo de estrellas, sube,

paloma

sube

sube

sube

Yo te sigo, impresa en mi atávica córnea blanca,

sube lamedor de cielo

y el gran agujero negro donde yo quería ahogarme

en la otra luna

es allí donde quiero pescar ahora la lengua maléfica

de la noche en su inmóvil vibración”.

Poesía afro

En Acontecimiento poético escribimos:

¿Qué es la poesía? No se puede eludir esta pregunta, tantas veces inquirida. Sobre todo arremete con demoledora fuerza, después de leer a Cesar Vallejo. Cuando estamos cerca de él, mas bien, de sus poemas, estamos ante el acontecimiento de la palabra, ante el nacimiento desgarrador de la palabra; que se lleva pedazos de carne en su estallido, en su volcánica emergencia. La palabra hace al mundo, empero emerge adentro, en la intimidad más íntima, en el devenir vida, en las dinámicas moleculares de la vida. La palabra, no tanto como lenguaje, no tanto como sentido, sino como experiencia intensa, como recorrido de sensaciones, mezclándose con imágenes, también pensamientos. La poesía pertenece a esta experiencia de la palabra esculpida, de la palabra entrelazada con espesores corporales[5].

Nuevamente la pregunta: ¿Qué es la poesía? Esta vez, inquiriendo, a partir de la poesía de Aimé Césaire, después de mojarnos en las aguas torrenciales de sus vehementes metáforas encarnadas.

Devenir humano, devenir animal, devenir otro, en ese flujo permanente de mutaciones. Pero sobre todo, obligado por la violencia, devenir bestia, reducido al desprecio, a la descalificación, a toda sospecha. “Occidente” ha clavado una herida en el cuerpo, lo ha esclavizado, convirtiéndolo en su instrumento de trabajo, también en el despojo humano, pues le ha quitado todo aliento, toda dignidad, al convertirlo en materia susceptible de destrucción, en aras de la producción. Pero, el cuerpo no muere, la vida no muere, el cuerpo renace, resiste, se rebela, toma la palabra, sobre todo toma las formas de las expresiones estéticas; danza, baila, canta, encuentra en el océano de la penuria la isla de la alegría. Confraterniza con los condenados de la tierra; solidarizándose, complementando sus fuerzas, se convierte en una demoledora fuerza vital. Fuerza vital que se defiende, que ataca, que descoloniza, libera la piel, libera el cuerpo, libera la potencia creativa.

Aimé Césaire retorna a su tierra, retorna a la tierra de las mitologías tropicales, retorna al devenir, armado de coraje y de poesía. Por eso dice así como hay hombres-hiena y hombres-pantera, yo seré un hombre-judío, un hombre cafre, un hombre-hindú-de-Calcuta, un-hombre-Harlem-sin-derecho-a-voto. El hombre-hambre, el-hombre-insulto, el hombre-tortura; se le podría prender en cualquier momento, molerlo a golpes-matarlo por completo sin tener que rendirle cuentas a nadie. Consciente a lo que ha sido reducida la humanidad, no solamente una gran parte de la humanidad, los condenados de la tierra, los afros, los indígenas, los humanos de color, sino toda la humanidad, pues cuando se atenta contra la dignidad de un humano, de un grupo humano, de conglomerados de pueblos humanos, se atenta contra la humanidad misma. Esto mismo lo dijo Aimé Césaire en el Discurso sobre el colonialismo. El que deshumaniza con la violencia y la esclavización al humano sometido, también se deshumaniza; quizás de una manera más atroz. Pues el dominador, el esclavista, el amo, ha perdido el apego a la vida, pues la desprecia; la vida reducida, convertida en una abstracción, la ganancia, convertida en compulsión, deseo de poder.

El poeta es devenir, vive en el devenir, sus palabras emergen de este flujo mutante de sensaciones, de imágenes intensas, de metáforas apasionadas. El poeta se ha convertido en un guerrero. En sus territorios se pintará el cuerpo con los colores alusivos al combate, se ungirá de símbolos convocantes, llamando a los ancestros, llamando a los presentes, congregándolos en una reunión donde los cuerpos humanos se entrelazan con los territorios y sus ecologías, pues lo que está en peligro es la vida misma. La guerra colonial esta lanzada, se la retoma desde la guerra anticolonial Haitiana, liderada por Toussaint L‘Ouverture. A él, a este anciano sabio, capturado por Napoleón, exilado a una isla, hasta su muerte, le dedica el poema. Le dice:

Es mío/un hombre solo preso de blancura/un hombre solo que desafía los gritos de la muerte/blanca/(TOUSSAINT,TOUSSAINT L‘OUVERTURE)/un hombre solo que fascina al gavilán blanco de la muerte/blanca/un hombre solo en la mar infecunda de la arena blanca/es un viejecito que se eleva contra las aguas/del cielo.

Continúa:

La muerte describe un círculo brillante encima de este hombre/la muerte brilla dulcemente sobre su cabeza/la muerte sopla en la caña madura de sus brazos/la muerte galopa en la prisión como un caballo blanco/la muerte luce en la sombra como los ojos de los gatos/la muerte hipa como el agua bajo las rocas/la muerte es un pájaro herido/la muerte decrece/la muerte vacila/la muerte es un paytura sombrío/la muerte expira en una blanca balsa de silencio.

Son versos hermosos, apasionados, desplegándose en metáforas de soledad; pero, a la vez, de acompañamiento profundo. Le dice a Toussaint que está solo, aislado, preso; pero, al desafiar a la muerte blanca, fascina al gavilán blanco; eres un viejecito que se eleva contra las aguas del cielo. Venciste a tus presidiarios, a tus carceleros, venciste al “occidente” imperial; tú coraje ha llegado a nosotros, convocados por ti, por tu llama flameante, por tu corazón fogoso, a continuar la lucha contra el poder, contra las opresiones coloniales persistentes, opresiones cambiantes como si fueran camaleones. Por eso, la muerte describe un círculo brillante encima de este hombre; brilla dulcemente sobre su cabeza, así como sopla en la caña madura de sus brazos. La muerte es una enamorada, quiere conquistar, galopa como un caballo blanco; también se enciende como los ojos de los gatos. La muerte está en todas partes, acompañándote; debajo las rocas; es también un pájaro herido. Sin embargo, la muerte retrocede, decrece, vacila; por último, expira en una blanca balsa de silencio.

La poesía no es, de ninguna manera, un discurso de victimización; todo lo contrario. La poesía canta a la vida, es la vida misma evocada en figuras intensas, desbocadas, expresada en la música inherente a las palabras, pringadas de pasión, arrastrando consigo fragmentos de cuerpo. La poesía es guerrera, empuña las armas del lenguaje; empero, de un lenguaje matricial, integrado al cuerpo y a la percepción, a la imaginación y a la intuición. Aimé Césaire está en combate contra el colonialismo y el poder, contra Medusa y su cabellera de la muerte.

El poema tiene dos partes, por su forma de escribir. Después de escribir en versos, el poeta pasa a una semi-prosa, escribe más efusivamente, lanzando las ideas en tropel; es una corriente al galope. Recomienza diciendo: Y he aquí que de pronto fuerza y vida me acometen como un toro y la/onda de vida rodea la papila del morro, y aquí están todas las venas y/vénulas atareadas en la sangre nueva y el enorme pulmón de los ciclones/que respira y el fuego atesorado de los volcanes y el gigantesco pulso/sísmico que lleva el compás de un cuerpo vivo en mi firme incendio. Fuerza y vida me acometen; el poeta está empujado por fuerzas vitales; el efluvio de la vida rodea el peñasco; todo el cuerpo está atravesado por esta energía creativa; por las venas circula nueva sangre; en el pulmón se agitan ciclones; en el espesor del cuerpo estallan los volcanes, el pulso es enorme, las pulsaciones son gigantescas, se desata el terremoto mientras mi cuerpo es una llama incendiaria. Este es el sentir del militante anti-colonial y anticapitalista. Antes del combate, una reflexión: Y ahora que estamos de pie, mi país y yo, con los cabellos al viento; siento el puño enorme; descubro, la fuerza no está en nosotros, sino por encima de nosotros, en una voz que barrena a la noche. Agujerea a la audiencia como la penetración de una avispa apocalíptica. Es fresca esa atmósfera; sin embargo, hay anuncios apocalípticos. De lo profundo emerge la voz, se pronuncia como un rugido, interpela: Europa durante siglos nos ha cebado de mentiras e hinchado de pestilencias. No es el fin de la historia, ésta recomienza con más ímpetu. No es verdad que la obra del hombre haya terminado. Nuevamente comienza, en un nuevo horizonte. Basta que nos pongamos al paso del mundo, la obra del hombre ha empezado ahora. Falta al hombre conquistar toda prohibición inmovilizada en los rincones de su fervor. Falta liberar la potencia del cuerpo. Todo está al alcance de la humanidad, no hay razas; menos una pretensiosa que se ha creído elegida y ha llevado al mundo y a la humanidad a su derrotero destructivo.

La poesía oscila entre la apertura sensible a la totalidad y la manifestación irradiante del proyecto emancipatorio. Dibuja figuras tumultuosas e interpela, acusando a la pretensión fatídica de dominación. Estos versos convertidos en prosa, que tampoco deja del todo de emitir versos, transmiten composiciones abultadas, abigarradas, entrelazando sentimientos sublimes con acciones desbordantes. Hay momentos, mas bien, espacios-tiempos, cuando la poesía se convierte en una encrucijada de mundos, encrucijada de experiencias, cuando se mide la explanada del mundo con la medida de los sentimientos, incluso con la medida de los comportamientos. Algo parecido a lo que ocurre con la poesía de Cesar Vallejo, sobre todo en Poemas humanos. El poeta escribe:

Y yo busco para mi país no corazones de dátil, sino corazones de hombre

que, para entrar en las ciudades de plata por la gran puerta trapezoidal,

golpeen la sangre viril, y mis ojos barren mis kilómetros cuadrados de tierra

paternal y enumero las llagas con una especie de júbilo y las hacino una

sobre otra como raras especies, y mi cuenta se alarga siempre con

imprevistas acuñaciones de la bajeza.

La memoria social, la memoria de la experiencia social ocultada, precisamente por la historia, que es la narrativa de los vencedores, la memoria vital de los pueblos es rescatada en la vivencia poética del acontecimiento. Más que una memoria y transmisión oral, la poesía es una memoria corporal. Es una memoria que recuerda para actuar; no se entristece con lo acontecido, sino que se alegra de haber aprendido; para, potenciada, intervenir, inventando mundos alternativos. Se necesita corazones de hombre para entrar en las ciudades de plata. La mirada viajera atraviesa inmensas explanadas, arrugadas en montañas, ocupadas por bosques, de tierra paternal. Mientras viajo, la historia efectiva está inscrita en las llagas de mi piel, en la memoria sensible del cuerpo, cuento las llagas con alegría, acumulándolas como un botánico; es larga esta historia, sorprendente por las acuñaciones de bajeza.

La poesía configura el viaje de una embarcación negrera. Las imágenes son profusas e intensas; se narra - si se pudiera hablar así en poesía, algo que no ocurre, pues la poesía no narra, sino que crea - desde los órganos y las entrañas del cuerpo, de los cuerpos de los esclavos atiborrados en el vientre de la nave.

El negrero cruje por todas partes… Su vientre se convulsiona y resuena… La

horrible tenia de su cargamento roe los intestinos fétidos del extraño niño

de pecho de los mares.

Y ni el júbilo de las velas hinchadas como un abultado bolso de doblones, ni

las jugarretas hechas a la tontería peligrosa de las fragatas policíacas le

impiden oír la amenaza de sus gruñidos intestinos.

En vano para olvidarse de ello el capitán cuelga en su palo mayor el negro

más gritón, o lo echa al mar, o lo entrega al apetito de sus molosos.

Es pues una vivencia trágica y dramática, a la vez; esta es la Odisea de los esclavos, no de Ulises, que regresa a Ítaca. Este es el gran poema, no de Homero sino de Aimé Cesairé. Los esclavos escribieron con el sacrificio de sus cuerpos la historia efectiva de la modernidad y del capitalismo. Ellos viajaron más que Ulises, cruzaron el Océano Atlántico, habitaron tierras desgarradas antes por los conquistadores, trabajaron en las plantaciones y en las minas, escaparon formando ciudades cimarrones, migraron a las ciudades, crearon la estética maravillosa de candentes ritmos, de fogosas danzas, revolucionando la música, irradiando con la danza, contagiando de alegría a las poblaciones. Usaron la escritura para narrar de otra manera, sin despejarse ni separarse del cuerpo, por eso las reflexiones afros son vitales.

El cuerpo colonizado

Vamos a continuar la exposición con aproximaciones al cuerpo, esta vez, como corresponde, con el cuerpo colonizado. Vamos a retomar otra de las fuentes del discurso, del gesto, de la interpelación y de la acción descolonizadora. Esta fuente es Frantz Fanon. En Los condenados de la tierra el intelectual crítico martinico define lo que entiende por descolonización. En primer lugar, dice que la descolonización es el remplazo de una “especie” de hombres por otra “especie” de hombres. Añade, sin transición, se trata de una sustitución absoluta. Escribe:

Por supuesto, podría mostrarse igualmente el surgimiento de una nueva nación, la instauración de un Estado nuevo, sus relaciones diplomáticas, su orientación política, económica. Pero hemos querido hablar precisamente de esa tabla rasa que define toda descolonización en el punto de partida. Su importancia inusitada es que constituye, desde el primer momento, la reivindicación mínima del colonizado. A decir verdad, la prueba del éxito reside en un panorama social modificado en su totalidad. La importancia extraordinaria de ese cambio es que es deseado, reclamado, exigido. La necesidad de ese cambio existe en estado bruto, impetuoso y apremiante, en la conciencia y en la vida de los hombres y mujeres colonizados. Pero la eventualidad de ese cambio es igualmente vivida en la forma de un futuro aterrador en la conciencia de otra "especie" de hombres y mujeres: los colonos[6].

En segundo lugar la descolonización, al proponerse cambiar el orden del mundo, se plantea como programa el desorden absoluto. Fanon escribe:

Pero no puede ser el resultado de una operación mágica, de un sacudimiento natural o de un entendimiento amigable. La descolonización, como se sabe, es un proceso histórico: es decir, que no puede ser comprendida, que no resulta inteligible, traslúcida a sí misma, sino en la medida exacta en que se discierne el movimiento historizante que le da forma y contenido. La descolonización es el encuentro de dos fuerzas congénitamente antagónicas que extraen precisamente su originalidad de esa especie de sustanciación que segrega y alimenta la situación colonial. Su primera confrontación se ha desarrollado bajo el signo de la violencia y su cohabitación —más precisamente la explotación del colonizado por el colono— se ha realizado con gran despliegue de bayonetas y de cañones. El colono y el colonizado se conocen desde hace tiempo. Y, en realidad, tiene razón el colono cuando dice conocerlos. Es el colono el que ha hecho y sigue haciendo al colonizado. El colono saca su verdad, es decir, sus bienes, del sistema colonial[7].

En tercer lugar, la descolonización es la creación de hombres nuevos, de un nuevo lenguaje, de una nueva humanidad. Al respecto, Fanon dice:

La descolonización realmente es creación de hombres nuevos. Pero esta creación no recibe su legitimidad de ninguna potencia sobrenatural: la "cosa" colonizada se convierte en hombre en el proceso mismo por el cual se libera[8].

En cuarto lugar, la descolonización es lucha a muerte por la liberación, es la violencia volcada contra el colonizador. Fanon escribe:

No se desorganiza una sociedad, por primitiva que sea, con semejante programa si no se está decidido desde un principio, es decir, desde la formulación misma de ese programa, a vencer todos los obstáculos con que se tropiece en el camino. El colonizado que decide realizar ese programa, convertirse en su motor, está dispuesto en todo momento a la violencia. Desde su nacimiento, le resulta claro que ese mundo estrecho, sembrado de contradicciones, no puede ser impugnado sino por la violencia absoluta[9].

En otras palabras, la violencia cristalizada en los huesos, se la devuelve al colonizador; la violencia libera al cuerpo oprimido. En este sentido Fanon escribe:

La violencia que ha presidido la constitución del mundo colonial, que ha ritmado incansablemente la destrucción de las formas sociales autóctonas, que ha demolido sin restricciones los sistemas de referencias de la economía, los modos de apariencia, la ropa, será reivindicada y asumida por el colonizado desde el momento en que, decidida convertirse en la historia en acción, la masa colonizada penetre violentamente en las ciudades prohibidas. Provocar un estallido del mundo colonial será, en lo sucesivo, una imagen de acción muy clara, muy comprensible y capaz de ser asumida por cada uno de los individuos que constituyen el pueblo colonizado. Dislocar al mundo colonial no significa que después de la abolición de las fronteras se arreglará la comunicación entre las dos zonas. Destruir el mundo colonial es, ni más ni menos, abolir una zona, enterrarla en lo más profundo de la tierra o expulsarla del territorio[10].

La relación colonial es una relación deshumanizante. El colonizador animaliza al colonizado, lo reduce a las clasificaciones zoológicas de su bestiario; mapa imaginario de sus propios miedos. Este despojamiento de la humanidad del colonizado forma parte de la economía política racial, economía política que desvaloriza lo concreto, el cuerpo del colonizado, y valoriza el ideal abstracto, el hombre blanco como símbolo de la civilización moderna[11]. El extremo de la animalización tiene que ver con los alcances de la desmesurada violencia desatada, que convierte en una figura terrorífica al colonizador; la violencia desatada lo lleva al desvarío y al paroxismo. La violencia crea una distancia demasiado grande entre el colonizador y el colonizado; la bestialización del colonizado es como la imagen del espejo. Imaginariamente exorciza el mal, transfiriendo anti-valor absoluto al cuerpo del colonizado. El imaginario “occidental” vuelve a sus traumas, a las relaciones ambiguas, incluso entrelazadas, entre la bestia y el soberano[12]. Fanon escribe:

A veces ese maniqueísmo llega a los extremos de su lógica y deshumaniza al colonizado. Propiamente hablando lo animaliza. Y, en realidad, el lenguaje del colono, cuando habla del colonizado, es un lenguaje zoológico. Se alude a los movimientos de reptil del amarillo, a las emanaciones de la ciudad indígena, a las hordas, a la peste, el pulular, el hormigueo, las gesticulaciones. El colono, cuando quiere describir y encontrar la palabra justa, se refiere constantemente al bestiario. El europeo raramente utiliza "imágenes". Pero el colonizado, que comprende el proyecto del colono, el proceso exacto que se pretende hacerle seguir, sabe inmediatamente en qué piensa. Esa demografía galopante, esas masas histéricas, esos rostros de los que ha desaparecido toda humanidad, esos cuerpos obesos que no se parecen ya a nada, esa cohorte sin cabeza ni cola, esos niños que parecen no pertenecer a nadie, esa pereza desplegada al sol, ese ritmo vegetal, todo eso forma parte del vocabulario colonial. El general De Gaulle habla de las "multitudes amarillas" y el señor Mauriac de las masas negras, cobrizas y amarillas que pronto van a irrumpir en oleadas. El colonizado sabe todo eso y ríe cada vez que se descubre como animal en las palabras del otro. Porque sabe que no es un animal. Y precisamente, al mismo tiempo que descubre su humanidad, comienza a bruñir sus armas para hacerla triunfar[13].

Sin embargo, la descolonización no concluye con la insurrección, con la liberación nacional y la instauración del Estado-nación independiente, pues la colonialidad continúa arraigada en las estructuras de poder heredadas, también la burguesía nacional, que toma el timón del mando, o en los dirigentes “revolucionarios” que se hacen cargo del gobierno. Aunque:

En las regiones colonizadas donde se ha llevado a cabo una verdadera lucha de liberación, donde la sangre del pueblo ha corrido y donde la duración de la fase armada ha favorecido el reflujo de los intelectuales sobre bases populares, se asiste a una verdadera erradicación de la superestructura bebida por esos intelectuales en los medios burgueses colonialistas[14].

Sin embargo,

Pero puede suceder que la descolonización se produzca en regiones que no han sido suficientemente sacudidas por la lucha de liberación y allí se encuentran esos mismos intelectuales hábiles, maliciosos, astutos. En ellos se encuentran intactas las formas de conducta y de pensamiento recogidas en el curso de su trato con la burguesía colonialista. Ayer niños mimados del colonialismo, hoy de la autoridad nacional, organizan el pillaje de los recursos nacionales. Despiadados, suben por combinaciones o por robos legales: importación-exportación, sociedades anónimas, juegos de bolsa, privilegios ilegales, sobre esa miseria actualmente nacional. Demandan con insistencia la nacionalización de las empresas comerciales, es decir, la reserva de los mercados y las buenas ocasiones sólo para los nacionales. Doctrinalmente, proclaman la necesidad imperiosa de nacionalizar el robo de la nación. En esa aridez del periodo nacional, en, la fase llamada de austeridad, el éxito de sus rapiñas provoca rápidamente la cólera la violencia del pueblo. Ese pueblo miserable e independiente, en el contexto africano e internacional actual, adquiere la conciencia social a un ritmo acelerado. Las pequeñas individualidades no tardarán en comprenderlo. Para asimilar la cultura del opresor y aventurarse en ella, el colonizado ha tenido que dar garantías. Entre otras, ha tenido que hacer suyas las formas de pensamiento de la burguesía colonial. Esto se comprueba en la ineptitud del intelectual colonizado para dialogar. Porque no sabe hacerse inesencial frente al objeto o la idea. Por el contrario, cuando milita en el seno del pueblo se maravilla continuamente. Se ve literalmente desarmado por la buena fe y la honestidad del pueblo. El riesgo permanente que lo acecha entonces es hacer populismo. Se transforma en una especie de bendito-sí-sí, que asiente ante cada frase del pueblo, convertida por él en sentencia. Pero el fellah, el desempleado, el hambriento no pretende la verdad. No dice que él es la verdad, puesto que lo es en su ser mismo[15].

Continúa:

El intelectual se comporta objetivamente, en esta etapa, como un vulgar oportunista. Sus maniobras, en realidad, no han cesado. El pueblo no piensa en rechazarlo ni en acorralarlo. Lo que el pueblo exige es que todo se ponga en común. La inserción del intelectual colonizado en la marea popular va a demorarse por la existencia en él de un curioso culto por el detalle. No es que el pueblo sea rebelde, si se le analiza. Le gusta que le expliquen, le gusta comprender las articulaciones de un razonamiento, le gusta ver hacia dónde va. Pero el intelectual colonizado, al principio de su cohabitación con el pueblo, da mayor importancia al detalle y llega a olvidar la derrota del colonialismo, el objeto mismo de la lucha. Arrastrado en el movimiento multiforme de la lucha, tiene tendencia a fijarse en tareas locales, realizadas con ardor, pero casi siempre demasiado solemnizadas. No ve siempre la totalidad. Introduce la noción de disciplinas, especialidades, campos, en esa terrible máquina de mezclar y triturar que es una revolución popular. Dedicado a puntos precisos del frente, suele perder de vista la unidad del movimiento y, en caso de fracaso local, se deja llevar por la duda, la decepción. El pueblo, al contrario, adopta desde el principio posiciones globales. La tierra y el pan: ¿qué hacer para obtener la tierra y el pan? Y ese aspecto preciso, aparentemente limitado, restringido del pueblo es, en definitiva, el modelo operatorio más enriquecedor y más eficaz[16].

Este cuadro dibujado y pintado tan elocuentemente por Frantz Fanon nos muestra que la descolonización no termina con la independencia estatal, porque tampoco culmina la herencia colonial, porque tampoco termina la colonialidad. La colonialidad no solamente se habría internalizado, no solamente se manifestaría en los comportamientos, sino que se encuentra en las estructuras institucionales heredadas, en la administración pública, en la estructura estatal; la colonialidad reaparece en los intelectuales, quienes creen en universales; por lo tanto, forman parte de la episteme de la modernidad. La colonialidad reaparece en las relaciones que tiene el Estado independiente con el pueblo, en las relaciones que tienen los dirigentes, que tienen los intelectuales, con el pueblo. No son exactamente las mismas relaciones que en la época de la colonización, cuando la sociedad colonial estaba claramente dividida, dualizada, entre la sociedad de colonos y la sociedad de los colonizados. Las relaciones de dominación han mutado, para adquirir una tonalidad propia en una sociedad unificada por el Estado-nación. Las relaciones raciales han sido sustituidas por relaciones que se enfocan en la modernización y el desarrollo. Las nuevas dicotomías son atraso/desarrollo, rezago/progreso. Los connacionales que se resisten o quieren otra cosa, otro proyecto, que consideran propio y más apropiado, van a ser descalificados como pre-modernos, opuestos al “desarrollo nacional”. Como se puede ver la matriz racial de la economía política colonial se preserva, ahora encubierta por las categorías de la economía política del desarrollo. La descolonización requiere de una crítica radical de la modernidad y de la crítica de la economía política generalizada[17].---

[1] Aimé Césaire: Discurso sobre el colonialismo. AKAL; Madrid 2006.

[2] Aimé Césaire: Discurso sobre el colonialismo. AKAL; Madrid 2006.

[3] Ibídem.

[4] Aimé Césaire: Cuaderno de un retorno al país natal. http://www.red-redial.net/iguanalista/wp-content/uploads/Aime-Cesaire-Cuaderno-de-un-retorno-al-pais-natal.pdf. También en francés, file:///C:/Users/RAUL%20PRADA/Documents/Africa/aime-cesaire-cahier_d‘un_retour_au_pays_natal.pdf.

[5] Ver de Raúl Prada Alcoreza Acontecimiento poético. Dinámicas moleculares; La Paz 2013.

[6] Ver de Frantz Fanon Les damnés de la terre. Gallimard; París 1968. Pág. 65. En castellano, Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica; México 1983. http://elortiba.galeon.com

[7] Ibídem: Pág. 66.

[8] Ibídem. Págs. 66-67.

[9] Ibídem. Págs. 67-68.

[10] Ibídem. Pág. 71.

[11] Ver de Raúl Prada Alcoreza Cartografías histórico-políticas. Dinámicas moleculares; La paz 2014. Amazon; https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub.

[12] Ver de Jacques Derrida Seminario la bestia y el soberano. Volumen I y II. Manantial; Buenos Aires 2002.

[13] Ver de Frantz Fanon: OB: CIT: Pág. 73.

[14] Ibídem. Pág. 77.

[15] Ibídem. Pág. 79.

[16] Ibídem. Pág. 80.

[17] Ver de Raúl Prada Alcoreza Continentes y océanos, estratificaciones y flujos de fuga. Resistencias y diáspora africana. Dinámicas moleculares; La Paz 2014.

---

Dedicado a los y las estudiantes del postgrado de la Carrera de Literatura de la UMSA; Blanca Zulema Ballesteros Trujillo, Raúl García Duarte, Miriam Roxana Hurachi Herrera, Lourdes Reynaga Agrada, Martín Mercado Vásquez, Elizabeth Johannesen Lino, Gabriela Lía Tito Chura, Ruth Bautista Durán, Ada Zapata Arriarán, Ricardo Avendaño Astorga y Rafael Bertón Salinas. A la directora del Postgrado, Ana Rebeca Prada Madrid, a la profesora de Teoría crítica desde América Latina: Pensamiento de-colonial, Rosario Aquim Chávez.

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