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Área: Opinión >> Comentarios y enfoque
Actualizado el 2014-06-22 a horas: 14:03:37

Impacto del G-77 en el “Buen Vivir” de los bolivianos

Moira Sandóval Calvimonte

Existiendo antagónicas opiniones del oficialismo y de la oposición sobre la Cumbre del G-77 celebrada en Santa Cruz, es menester analizar elementos objetivos para determinar el impacto de dicha cumbre en la realidad política y económica boliviana y consecuencias futuras, a fin de que las apreciaciones subjetivas, las ejercite el lector.

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Recordemos que el G-77 surgió en 1964 como una propuesta de organización económica alternativa a la economía de mercado, objetivo casi incumplido, al ser China paladín del capitalismo más salvaje por sus costos laborales, dando como el mejor resultado del Grupo, medidas arancelarias más favorables a países en vías de desarrollo. Por lo demás, los burócratas del G-77 siempre agendan proclamas vehementes sobre desarrollo sostenible y medio ambiente, que tampoco son cumplidas por sus más ilustres miembros, como China. Finalmente, para expresar sus recomendaciones u opinión en temas de regulación del capitalismo, comercio, industria, agricultura, energía, alimentos, sistema financiero, cooperación sur-sur, que son en el orden declarativo –insisto- no hacía falta un gasto tan dispendioso. Y hace ruido la inutilidad de sus proclamas, cuando por estos días un Juez federal norteamericano se pronuncia a favor de los fondos “buitres” acreedores del gobierno argentino.

Si bien la naturaleza del G-77 no corresponde a un foro de Derechos Humanos, sería útil que este grupo, comience a incorporar exigencias para su cumplimiento y respeto, puesto que muchos de sus miembros son signatarios de Tratados Internacionales en la materia. Esa sí que sería una novedad del G-77, donde todavía, al igual que en la ONU, no constituye un requisito para pertenecer, acreditar el respeto a los Derechos Humanos y a la Democracia.

Así se evitaría el bochorno de que el presidente anfitrión se ocupe de halagar la egolatría de dos dictadores vitalicios y sanguinarios: Robert Mugabe y Teodoro Obiang, que gobiernan Zimbawue y Guinea desde 1980 y 1979, respectivamente. Aunque no debería sorprendernos del presidente Morales, de profunda vocación malinchista, que es íntimo amigo de otros dictadores como Ahmadinejad, Gadafi, resulta oprobioso que una Cumbre que congrega a 133 países, calle ante esos regímenes. Empero, como mensaje subliminal en su intervención del acto inaugural, Ban Ki-Moon dijo que “los países no pueden alcanzar el desarrollo sostenible mientras se libran conflictos, se violan los derechos humanos, se descuidan la buena gobernanza y el Estado de derecho y mientras la desigualdad y la injusticia alimentan la inestabilidad" posiblemente en alusión a los gobiernos de Mugabe, Obiang y Castro.

Siguiendo una línea de objetividad, es pertinente comparar la realización de la Cumbre del G-77 en 1990 en la sede de Nueva York, cuando también presidía Bolivia dicho grupo y el costo corrió a cargo de los países miembros, vs. la actual versión de la Cumbre que erogó 75 millones de dólares, con fondos del Gobierno nacional, la Gobernación, las Alcaldías de Santa Cruz/Warnes y la empresa privada. Frente a tal decisión de despilfarrar, es bueno preguntarse: ¿era necesario?

Afortunadamente Evo no es presidente de Brasil, donde hasta hace poco tiempo, la sociedad se volcaba a las calles a protestar porque el gobierno de Dilma estableció como prioridad un millonario gasto público en construcción de estadios para el Mundial y los Juegos Olímpicos de 2016, no obstante la situación de desigualdad social en la que se encuentra el vecino país, con servicios públicos caros e ineficientes. Son entendibles las protestas reclamando falta de inversión en salud, educación o transporte, sin embargo, la euforia y emoción que genera un Mundial de fútbol, puede eclipsar y hasta justificar aquéllas inversiones estatales, pues los resultados en cuanto a ingresos de recursos por concepto de turismo, son también de calibre millonario.

Esa no es la situación en Bolivia, ya que el gasto que no se puede llamar inversión al no existir un retorno de esos recursos, no produjo ni producirá efecto económico o político gravitante en la calidad de vida o el “buen vivir” de los bolivianos, pues de aquéllos montos, únicamente Bs 50 millones fueron utilizados en obras viales y aeropuertos, que serán del beneficio de todos los bolivianos, y el resto se distribuyó en hotelería, transporte, alimentación, gastos operativos de las delegaciones, publicidad y Bs 64 millones en la compra de helicópteros, para recibir y agasajar a las delegaciones.

Además de esa ecuación costo-beneficio en el movimiento económico de la realización del G-77 en Bolivia, es preciso señalar que dicha cumbre emite Resoluciones sólo en la vía declarativa, que no tienen efecto vinculante para las decisiones de Naciones Unidas o del concierto internacional de estados soberanos.

Entonces, podría decirse que realizar un gasto dispendioso para expresar verdades de perogrullo en resoluciones redactadas en Nueva York, entregando sendos regalos a los mandatarios y el pago de viáticos a sus delegaciones, con plata de todos los bolivianos, es un gasto más que injustificado y ostensiblemente indolente con la realidad material que viven la mayoría de habitantes de este humilde país.

Sobre dicha afirmación, basta comparar las citar cifras de las inversiones pingües que realizó el gobierno estos últimos siete años en educación (sin ítems) y en salud (sin infraestructura), a diferencia del gasto elevadísimo presupuestado para armamento, y del gasto no presupuestado, que mediante Decreto Supremo 1910, se autorizó transferir para la Cumbre.

Ratificando ese entusiasmo en priorizar gastos frívolos y electorales en vez de la inversión en desarrollo humano, el presidente Evo Morales, incluyó en su agenda la entrega en persona del equipo policial para reforzar la seguridad de la Cumbre G77, y una inspección ocular al Centro de Convenciones Fexpocruz. Me gustaría saber si en los ocho años de gobierno, el primer mandatario fue con tal diligencia y compromiso, a inspeccionar personalmente algún hospital o algún colegio (puedo estar desinformada al respecto).

La verdad de la milanesa sobre el G-77 en Bolivia -vista la costosa inversión en la capital oriental- es que la Cumbre fue parte de una gigantesca maquinaria electoral orientada a conquistar Santa Cruz para los comicios de octubre, y para posicionar el liderazgo de Evo Morales a nivel internacional. Frustrada pretensión, por la escasa asistencia de mandatarios al cincuentenario del G-77 (16 de 133), ya que al parecer, el Mundial fue más seductor.

Finalmente, me permito concluir que el costo invertido en la realización de la Cumbre del G-77, no tuvo ni tendrá un impacto positivo en el Buen Vivir de los bolivianos ni de los países que enviaron sus delegados, pues como bien dijo el presidente uruguayo Mujica, en ocasión de discursar ante dicha Cumbre “la cultura del despilfarro no crea Desarrollo Humano.”

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