Viernes 20 de julio del 2018
 
x

¿Olvidó su contraseña?

Área: Opinión >> Periodismo ciudadano
Actualizado el 2014-05-30 a horas: 17:45:07

Una crítica clasista al concepto y discurso de la “sociedad civil”

Organizaciones no gubernamentales, transmisores del proyecto capitalista de desarrollo

Jan Lust *

(Rebelión).- El objetivo del proyecto capitalista de desarrollo es facilitar y contribuir a la expansión de la acumulación de capital. Las estrategias de desarrollo local tienden a desmovilizar la población, a desviar la atención de los pobres de las estructuras de poder político y económico reales y asegurar los pilares locales del sistema capitalista global. Las ONG son las transmisoras adecuadas de estas estrategias y podrían ser consideradas como las bases locales del imperialismo. Como “pertenecen” a lo que se ha denominado la “sociedad civil”, no solo son directa e indirectamente funcionales para el capital, sino también su existencia se ajusta perfectamente dentro de la ola de la globalización neoliberal.

  • Artículos relacionados

Artículos que le pueden interesar

El contenido de estas páginas no refleja necesariamente la opinión de Bolpress

I. Una crítica clasista al concepto y discurso de la sociedad civil

En las últimas dos décadas el discurso político ha sido contaminado cada vez más por el concepto y el discurso de la sociedad civil. El colapso de la antigua Unión Soviética a principios de la década de 1990 en combinación con la introducción del neoliberalismo hizo boom al concepto de la sociedad civil. Como tal, la sociedad civil renació como un discurso adecuado para los intereses del capital y en contra de las fuerzas que luchan por una sociedad en la que los seres humanos son los motores del desarrollo en lugar de los intereses y las necesidades del capital (transnacional), y en donde el desarrollo colectivo forma la base de la asignación social e individual de los recursos.

La definición y el significado del concepto de la sociedad civil han cambiado con el tiempo. El concepto tiene, sobre todo, una connotación histórica y filosófica y fue utilizado por las diferentes fuerzas políticas y organizaciones, en contextos políticos, económicos y sociales específicos, para lograr objetivos particulares de estas fuerzas políticas (Kaldor, 2005: 31-71; Fernández, 2003: 31-197). En los “días de gloria” del neoliberalismo, el concepto fue empleado como una “propuesta conservadora para reducir el papel del estado y todo lo que pertenece al sector público” y para “fortalecer la acción privada” (Torres- Rivas, 2001).

En la primera parte de este artículo no vamos a profundizar en los antecedentes históricos y filosóficos de la sociedad civil como se hizo durante los debates en los 90. Sin embargo, el hecho de que el concepto de la sociedad civil se ha amarrado en el pensamiento político de la izquierda nos obliga a politizar en contra del concepto para establecer la esencia del concepto y exponer el significado ideológico real del mismo. Los muchos “rostros” de la sociedad civil, como escribe Wood (1990: 65), han hecho posible que sirva “para muchos propósitos”. Sin embargo, esto no quiere decir que el concepto es neutro.

La sociedad civil, según Wood (1990: 63-64), “abarca una amplia gama de instituciones y relaciones, desde los hogares, los sindicatos, las asociaciones de voluntarios, hospitales, iglesias, hasta el mercado, las empresas capitalistas, de hecho toda la economía capitalista en conjunto”. En realidad, el concepto de sociedad civil podría ser considerado mejor como una construcción política e ideológica en lugar de un concepto con base científica.

En este artículo se argumenta que el discurso de la sociedad civil no conduce a la liberación del yugo del capital por parte de los pueblos de los países periféricos y centrales sino que, de hecho, los encadena a este sistema de explotación y opresión. Como el discurso de la sociedad civil apunta a la democratización de la sociedad sin luchar por el poder del estado hace que el discurso sea muy conveniente para los intereses del capital.

La primera parte de este artículo está estructurada en tres secciones. En la primera sección se discute la “eliminación” del concepto clase en el discurso de la sociedad civil. En la sección dos cuestionamos la supuesta separación entre el estado y la “sociedad” e intentamos demostrar la idoneidad ideológica del discurso de la sociedad civil para el capital. En la tercera sección se presenta las conclusiones.

La sociedad civil y la realidad de la clase

El concepto de la sociedad civil se incrusta dentro de un discurso que elimina la clase como el fundamento de la sociedad, como la unidad elemental para el análisis del desarrollo de la sociedad capitalista y como la clave para la transformación social hacia una sociedad socialista. Por haber “eliminado” la clase de la sociedad, el discurso es capaz de concentrar el análisis de, por ejemplo, la desigualdad y la pobreza, en sus apariencias superficiales en lugar de sus causas. Como consecuencia, el discurso erradica la posibilidad de definir las relaciones estratégicas de poder así como los conflictos entre grupos sociales (Portes y Hoffman, 2003: 9) y se transforma en una herramienta política e ideológica para mantener el statu quo. De hecho, el discurso de la sociedad civil está orientado a crear armonía entre las diferentes clases sociales (David, 1998/99: 198).

La “eliminación” de la clase de la sociedad y de su “eliminación” del análisis social hace que la lógica totalizadora y el poder coercitivo del capitalismo se hagan invisibles. El efecto del discurso de la sociedad civil es que, en vez que se debata el capitalismo en sí, se discute una sociedad fragmentada “sin una estructura de poder global, sin una unidad totalizadora, sin coerciones sistémicas” (Wood, 1990: 65).

El discurso de la sociedad civil es de gran utilidad para los intereses del capital. No sólo disfraza los orígenes de la “prosperidad” del capital, sino que también contribuye a mantener la paz entre las clases. El concepto de la sociedad civil contribuye a mantener y profundizar una falsa imagen dentro de las clases y capas sociales oprimidas y explotadas con respecto a los fundamentos de la sociedad capitalista. Mientras que el proceso de la producción capitalista se ha construido de tal forma que se evite que la clase obrera “se transforma” de una clase an sich (en sí mismo) a una clase für sich (por sí mismo) ─el proceso productivo no es sólo técnico, sino también un proceso social “en el que la transformación de las condiciones materiales de la existencia es al mismo tiempo la producción, reproducción, y la transformación de las relaciones sociales entre los productores directos (que participan en el trabajo productivo real) y los que se apropian de su ‘producto excedente’ (los que controlan los medios de producción)” (Zeitlin, 1980: 2)─, el concepto de la sociedad civil tiene la intención de crear la percepción de que la sociedad no está estructurada en clases sociales sino solamente compuesta por individuos. De hecho, como David (1998-1999: 201) comenta, la dominación de clase es “no solo ejercido a través de la propiedad de los medios de producción y la coerción política, sino también por la creación de consenso ideológico a través de las instituciones de la sociedad civil.”

La existencia de diversas clases y fracciones dentro de cada clase hace que la comprensión de la sociedad capitalista es sin duda muy complicada. Sin embargo, como en el discurso de la sociedad civil se ha erradicado la clase, el “problema de la clase” no representa un problema para comprender cabalmente las dinámicas de la sociedad. Confluyendo con el discurso post- marxista, el discurso de la sociedad civil declara que “no hay intereses objetivos de clase” que divide la sociedad ya que “los intereses son puramente subjetivas y cada cultura define las preferencias individuales” (Petras, 1997). (1) Veltmeyer (2000) sostiene que “la base del postmarxismo es un rechazo del concepto que se encuentra en el centro del análisis marxista: clase, definida en términos de la relación de los individuos con los medios de producción en condiciones que son, como Marx ha concebido, ‘definitiva y más allá de su voluntad’, y que corresponden a las etapas del desarrollo de las fuerzas de producción de la sociedad”.

Según Wood (1990: 79), la “eliminación” de la clase es más bien exactamente el problema de discurso de la sociedad civil. Las teorías que no diferencian entre las distintas instituciones sociales y las “identidades”, no pueden tratar de manera crítica el capitalismo. Mediante la “eliminación” de la clase, la relación de explotación desaparece como una de las condiciones objetivas para el desarrollo del sistema capitalista y se transforma en un asunto subjetivo e individual.

El discurso de la sociedad civil y la verdad del estado capitalista

El discurso de la sociedad civil intenta hacernos creer que existe una brecha entre el estado y la sociedad, incluso intereses contradictorios.(2) De hecho, el estado está considerado como autónomo y la política y la economía se conciben como dos esferas de acción diferentes.

Hace años, Miliband (1970; 1976) y Poulantzas (1976a; 1976b; 1986) explicaron el papel del estado en la sociedad capitalista, aunque con distintos puntos de vista. Por un lado, el surgimiento del estado fue visto como la consecuencia de las contradicciones entre las clases y entre fracciones de clase (teoría estructuralista del estado) y, por otro lado, el estado capitalista fue considerado como un instrumento en las manos de la clase dominante (la teoría instrumentalista del estado). Sin embargo, según Gold, Lo y Wright (1977: 35-36) la perspectiva instrumentalista tiende al voluntarismo al explicar las actividades del estado. En el caso de los estructuralistas, estos autores consideran que su análisis ha eliminado casi por completo la acción consciente. Creemos la teoría estructuralista así como la teoría instrumentalista del estado, combinada, crucial para nuestra comprensión del funcionamiento del sistema capitalista al nivel político. Además, estamos de acuerdo con Poulantzas (1986: 241; 1976c: 12-13) quien declara que el estado capitalista no representa directamente los intereses económicos de las clases dominantes sino sus intereses políticos.

Una revisión de la discusión “antigua” con respecto a la visión estructuralista e instrumentalista del estado es relevante para el debate que debe ser llevado a cabo dentro de la izquierda en relación con el carácter de clase del concepto y discurso de la sociedad civil. En nuestro punto de vista, el estado debería ser contemplado como una relación de poder y de explotación, afectando y reproduciendo la estructura de las relaciones de clase de la sociedad capitalista. Como Adler (1982: 139) sostiene, aunque el estado no crea la explotación “y por lo tanto tampoco puede ser su objetivo”, no obstante, “da a esta explotación una forma particular, precisamente, la de la forma jurídica”.

El proceso de producción y explotación, señala Poulantzas (1976a: 21), es “al mismo tiempo el proceso de la reproducción de las relaciones de dominación y subordinación política e ideológica”. Esto significa que la lucha de clases no puede limitarse a la estructura económica y social de la sociedad, pero debe entrar en la arena del estado, o, en términos más generales, también tiene que “entrar” en el nivel de la superestructura. El estado podría ser considerado como relativamente autónomo de la estructura económica y social de la sociedad, pero esta autonomía relativa, como Poulantzas (1986: 140-141) explica, se debe a su relación con las estructuras sociales de la sociedad y no es causado por un cierto poder propio.

El discurso de la sociedad civil apunta al desarme de las clases explotadas y oprimidas. En vez de luchar por el poder propone la creación de “subsociedades”. La apuesta a la fundación de estas “subsociedades” confirma y profundiza la dominación de las estructuras de la sociedad “dominante”. De esta manera, el discurso no contribuye a la democratización de la sociedad como sus partidarios afirman, pero ayuda a prolongar y, por lo tanto, fortalecer el sistema. Al respecto, Petras (1997) anota que los ataques anti-históricos y antisociales al estado solo sirven para desarmar la posibilidad de “forjar una alternativa eficaz y racional anclada en las potencialidades creativas de la acción pública”.

El papel del Estado capitalista en mantener y profundizar el desarrollo capitalista y su clara defensa del capital transnacional en los países periféricos puede ser demostrado con el caso del Estado peruano. Es un ejemplo perfecto y claro para mostrar cómo funciona el estado capitalista en los países periféricos.

En las últimas dos décadas, la burguesía peruana no sólo fue capaz de implementar un proceso de privatización a gran escala, sino que también fue la fuerza política detrás de los acuerdos de libre comercio que el Perú firmó (y sigue firmando) con una variedad de países. En la actualidad, la burguesía peruana es el principal defensor de los intereses del capital extractivo (transnacional). Ha tenido éxito en evitar un impuesto a las súper ganancias de las corporaciones mineras y está estimulando proyectos de infraestructura que faciliten las actividades del capital extractivo. Estos mismos proyectos se dan, en muchos casos, en forma de Asociaciones Públicos Privados donde, al final, la empresa privada no tiene nada que perder. Es una situación de “ganar o ganar”. En resumen, el estado en los países periféricos ejecuta, principalmente, las funciones económicas e ideológicas que son indispensables para la reproducción ampliada del capital (transnacional).

Las consecuencias políticas devastadoras del discurso de la sociedad civil para la lucha hacia la transformación social parece ser más que evidente. A medida que el discurso hace hincapié en la existencia de intereses contradictorios entre el estado y la sociedad, crea y propaga la idea de que una reforma del estado, es decir, el estado como un instrumento al servicio de toda la población, es posible. Sin embargo, como Fernández (2003: 265, 274) ─un defensor del discurso de la sociedad civil─ afirma claramente: “Una sociedad civilizada vigorosa proporciona a los individuos y los grupos un sentimiento de respeto por el estado y un compromiso positivo [...] Además, la sociedad civil ofrece nuevos miembros para la clase dominante en la formación [...] El fortalecimiento de la sociedad civil democrática está estrechamente relacionado con el fortalecimiento de las instituciones públicas”. En otras palabras, según Fernández, la sociedad civil es funcional para el desarrollo y el mantenimiento del estado capitalista.

La supuesta separación entre el Estado y la sociedad tiene que ver con la forma en que se entiende la estructura de la sociedad. Como el discurso de la sociedad civil contempla la sociedad como compuesta de individuos, una pluralidad de identidades por así decirlo, en lugar de estar estructurada, básicamente, en clases sociales, sus defensores no son capaces de comprender la naturaleza de clase del estado capitalista. En el discurso de la sociedad civil, el Estado es considerado autónomo (ni relativamente autónoma como sostiene Poulantzas) y tiene intereses particulares que se oponen a la “sociedad”.

Los partidarios del concepto de la sociedad civil apuntan a la función instrumental del Estado cuando critican y se movilizan en contra de ello. El “carácter estructuralista” del estado es, por otra parte, una píldora muy difícil de tragar para los defensores de la sociedad civil, ya que destruye el fundamento de su intención, supuestamente, de democratizar la sociedad. Por ejemplo, es mucho más fácil movilizarse par a algún tipo de democratización política y obtener ciertos resultados tangibles en lugar de adoptar medidas en favor de la democratización económica ya que esto implicaría un proceso que conlleva a la transformación social.

La democratización política del Estado no es algo que pueda ser considerada como contrario a los intereses de la fracción de la burguesía en el poder. A pesar de que podría, en el corto plazo, oponer a los intereses económicos de la clase dominante, en el mediano y largo plazo la democratización podría ser “compatible con sus intereses políticos, con su dominación hegemónica” (Poulantzas, 1986: 242). Por esta razón, como Poulantzas (1976c: 27) argumenta, los intereses de las clases dominadas son, en general, solo garantizados por el estado capitalista cuando éstos sean compatibles con los intereses de la clase dominante. Harnecker (1970: 137) comenta que con el fin de preservar su poder económico, en algunos casos la burguesía tiene que “dar” algo de poder político. Estos “procesos” de dar “espacio” a las clases dominadas en el aparato estatal son el resultado dialéctico de la lucha de clases.

Los defensores de la sociedad civil tienen la intención de fortalecer las fuerzas democráticas fuera del Estado. Mientras que, en definitiva, esto podría contribuir a la democratización de la sociedad, sin embargo, al considerar el Estado como un organismo autónomo los “abogados” de la sociedad civil ayudan a mistificar la realidad política y de clase del estado capitalista entre la clase obrera y otras capas sociales explotadas y oprimidas. Por lo tanto, aquellos que se adhieren al discurso de la sociedad civil podrían ser considerados como lacayos del capital ya que intentan, tal vez sin ni siquiera ser consciente de ello, de enmascarar la dictadura de la minoría, el régimen de los propietarios de los medios de producción. En vez de apuntar a una verdadera democratización de la sociedad capitalista, ellos, como argumenta Wood (1990: 79), se rinden ante el capitalismo y sus mistificaciones ideológicas “por un concepto indeterminado de democracia”.

Conclusiones preliminares

El discurso de la sociedad civil no sólo es funcional para el capital también es una expresión de la politización de la sociedad (Tejada, 1996: 127). El concepto y el discurso de la sociedad civil son adecuados para los procesos hacia la superación del capitalismo como para su reproducción. La lucha por la democratización política, por ejemplo, podría dar lugar a discusiones con respecto a la democracia y conducir a procesos de democratización económica. Sin embargo, la democratización política reflejada en la creciente participación de la sociedad civil en los procesos de toma de decisiones políticas también legitima la sociedad capitalista.

En el contexto político mundial, el concepto de la sociedad civil es una construcción política para enmascarar los fundamentos de la sociedad capitalista. El concepto “elimina” la clase de la sociedad y del análisis social, y considera al estado como neutro. De esta manera, la “lógica totalizadora del capitalismo”, como Wood (2000: 284) escribe, está siendo reducida a “un conjunto de instituciones y relaciones entre un montón de otros” y esta reducción es el “carácter distintivo principal de la ‘sociedad civil’ en su nueva personificación”.

El discurso actual de la sociedad civil tiene que ser considerado como un ataque político a los intereses históricos de la clase obrera, definido como un proceso hacia la creación de una sociedad basada en los principios socialistas. Es la tarea de las fuerzas revolucionarias para mostrar la naturaleza de clase del discurso de la sociedad civil para revelar el carácter de clase del estado y forjar la conciencia de clase de los explotados y los oprimidos.

El concepto de la sociedad civil es importante para la lucha contra el capital, ya que podría ayudar a reunir una gama diversa y amplia de movimientos sociales detrás de la bandera de la democratización de la sociedad capitalista. Para transformar esta lucha en un combate por la transformación social parece ser muy difícil debido a los intereses de clase contradictorios dentro y entre los movimientos sociales. Como afirma Petras (1997), “la política de identidad en el sentido de la conciencia de una forma particular de opresión por un grupo inmediato puede ser un punto de partida adecuado. Este entendimiento, sin embargo, se convertirá en una ‘prisión de identidad’ (raza o género) aislada de otros grupos sociales explotados a menos que trasciendan los puntos inmediatos de opresión y se enfrenta al sistema social en el que está inmersa”.

Aunque podría parecer que el discurso de la sociedad civil apunta a la democratización de la sociedad, mediante la introducción de conceptos relacionados a la pluralidad de las identidades el discurso ayuda, de hecho, a mantener la esencia de la organización no-democrática de la sociedad, es decir, su estructura de clases. Además, el discurso “de-conceptualiza” el capitalismo, por estar “dividiendo la sociedad en fragmentos, sin una estructura de poder que abarca todo” (Wood, 2000: 285).

Una verdadera democratización de la sociedad debería significar su democratización económica. En el contexto de los debates continuos sobre las cuestiones de desarrollo, consideramos que el desarrollo “genuino” sólo puede tener lugar si esto implicaría una transformación social de la sociedad. De hecho, si el desarrollo se entiende como una mejora constante y estructural de las condiciones sociales de una parte cada vez mayor de la población mundial debería implicar una ruptura con la mercantilización de las necesidades sociales básicas de la población, como el agua, la salud y la educación. Si también apunta a un aumento cualitativo de la participación de la población en la toma de decisiones políticas y económicas, debe significar dar a las masas explotadas y oprimidas la propiedad, el control y la gestión de los medios de producción.

El Estado en la sociedad capitalista no puede ser reformado para “trabajar” en favor de las clases explotadas y oprimidas ya que es, en esencia , una agencia para promover el desarrollo de la sociedad capitalista, es decir, para mantener, profundizar y ampliar las relaciones de explotación y opresión. El concepto y el discurso de la sociedad civil podrían ser considerados como instrumentos en las manos de la burguesía porque enmascaran la función del estado en la sociedad capitalista.

Aunque no consideramos que sea imposible para el Estado a contribuir al cambio social, por un período de tiempo determinado y dependiendo de la correlación de fuerzas de clase dentro y fuera del Estado, sin embargo, el proyecto revolucionario de transformación social no puede depender de ello, sino más bien que tenga que destruir el estado. Como comenta Lenin (1960: 299), “si el estado es un producto del cáracter irreconcilable de las contradicciones de clase, si es una fuerza que está por encima de la sociedad y que ‘se divorcia más y más de la sociedad’, resulta claro que la liberación de la clase oprimida es imposible, no solo sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción del aparato del poder estatal que ha sido creado por la clase dominante y en el que toma cuerpo aquel ‘divorcio’.”

II. El capital, las estrategias de desarrollo local y las ONG

El objetivo del proyecto capitalista de desarrollo es facilitar y contribuir a la expansión de la acumulación de capital. Las estrategias de desarrollo local tienden a desmovilizar la población, a desviar la atención de los pobres de las estructuras de poder político y económico reales y asegurar los pilares locales del sistema capitalista global. Las ONG, que son financiadas por las agencias de cooperación internacional para el desarrollo, son las transmisoras adecuadas de estas estrategias y podrían ser consideradas como las bases locales del imperialismo.

Desde hace unos sesenta años los teóricos del desarrollo están discutiendo el problema del “subdesarrollo” y las cuestiones relacionadas con la misma en lo que se ha denominado como el Tercer Mundo. Hasta la fecha, no han sido capaces de encontrar e introducir soluciones duraderas al problema de “subdesarrollo”.

Las estrategias que han sido implementadas para hacer frente a la cuestión del “subdesarrollo” tomaron, y toman aún, las restricciones del modo capitalista de producción y distribución como algo dado. De hecho, aunque los teóricos del desarrollo que elaboraron sus estrategias en las décadas de los años 50 y 60 del siglo pasado, criticaron las estructuras externas e internas que hicieron el “progreso” muy difícil y elaboraron propuestas que apuntaron a un cambio de estas estructuras; sin embargo, estas proposiciones fueron confinadas dentro del marco general capitalista. Se podría argumentar que estos teóricos estaban más preocupados por la expansión del sistema capitalista y la mejora de su funcionamiento que por las causas fundamentales del “subdesarrollo” en sí.

En la actualidad, las estrategias de desarrollo no cuestionan las causas del “subdesarrollo”, al igual que los teóricos de desarrollo de los años 50 y 60. Todo esto es comprensible, ya que la correlación de fuerzas de clase al nivel internacional favorece las clases dominantes y estos no están interesados ​​en erradicar las raíces de “subdesarrollo”. Incluso podría decirse que todas las estrategias de desarrollo que no rompen las restricciones del modo de producción capitalista se oponen a los intereses (históricos) de las clases dominadas, ya que tratan de desviar la atención de las clases populares del proceso hacia la creación de una sociedad basada en los principios socialistas.

En la segunda parte de este artículo se discute la relación entre el proyecto capitalista de desarrollo, las estrategias de desarrollo local y el papel de las organizaciones no gubernamentales (ONG) financiadas internacionalmente. Intentamos mostrar que las estrategias de desarrollo local, como parte del proyecto capitalista de desarrollo general, son las más apropiadas para mantener la base de la acumulación de capital. Las iniciativas de desarrollo local financiadas por las agencias de cooperación internacional para el desarrollo y ejecutados por las ONG podrían, incluso, ser consideradas como reaccionarias, ya que encierran a la población en sus comunidades y parecen tener la intención de desviarla de la lucha contra las causas reales de la explotación, la opresión y la miseria.

El proyecto capitalista de desarrollo y la transformación social de la sociedad

El proyecto de desarrollo que surgió a finales de los años 40 ─el Programa de Cuatro Puntos lanzado en 1949 por el expresidente de los Estados Unidos Harry Truman─ estaba destinado a mantener a los países recientemente descolonizados en el “mundo libre” de la explotación capitalista y la opresión. Durante el paso del tiempo, este proyecto no ha cambiado su objetivo esencial, es decir, facilitar y crear bases para la expansión de la acumulación de capital por parte de las empresas del “Norte”.

El modo de producción capitalista se basa en la propiedad privada de los medios de producción. Sobre la base de esta propiedad, el capitalista individual es capaz de extraer plusvalía de los productores directos y transformarla en capital con el fin de sobrevivir en la “batalla” con otros capitalistas y para expandir su producción. Esta relación de explotación muestra que los explotadores (capitalistas) no solo necesitan a los explotados (los productores) para su propia supervivencia como capitalistas, sino también deben mantener (reproducir) esta relación para sobrevivir como clase. Una transformación social de la sociedad implicaría la transferencia de los medios de producción en manos de la sociedad a través de un proceso de nacionalización y socialización y, por tanto, la eliminación política y económica, como clase, de los dueños de los medios de producción. Los programas de desarrollo descartan esta posibilidad o, más bien, intentan aumentar la base económica, social e ideológica del modo de producción capitalista.

El Estado en la sociedad capitalista es un colectivo de todos los organismos institucionales que sirven al propósito del capital colectivo. Su tarea principal es la de mantener las condiciones generales para la reproducción del modo de producción capitalista. Sin embargo, los proyectos de desarrollo incluyen, en muchas ocasiones, organismos del estado como socios y no los consideran como enemigo de clase. Una transformación social de la sociedad apunta a la destrucción del estado capitalista y de una democratización profunda de la sociedad.

La globalización neoliberal es la forma institucionalizada, al nivel mundial, de la explotación y la opresión por parte del centro capitalista. Bajo el liderazgo de los Estados Unidos, la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) sirven a los intereses de las corporaciones transnacionales. Los proyectos de desarrollo financiados por instituciones internacionales no tienen el objetivo de superar las causas fundamentales del “subdesarrollo”, sino “para allanar el camino para el capital, para crear las condiciones necesarias para el desarrollo económico y social”. (Petras y Veltmeyer, 2011:105).

Las relaciones entre el centro y la periferia podrían definirse en términos políticos, económicos y militares como dominación y dependencia. Estas relaciones son, sin embargo, no lineales y estáticas, sino dinámicas y cambian con el tiempo (Petras y Veltmeyer, 2011: 105). Aunque los capitalistas del “Norte” y del “Sur” tienen conflictos de intereses económicos y pueden tener objetivos políticos opuestos, sin embargo, estos conflictos se desvanecen cuando el propio sistema está cuestionado o está en peligro. Es precisamente por estas razones que los proyectos de desarrollo financiados internacionalmente tienen la intención de:

i) ayudar a mantener la estabilidad política que podría verse afectada por la rebelión de las masas empobrecidas y hambrientas,

ii) encerrar a la población en proyectos de pequeña escala como un medio para mistificar las estructuras que yacía en el fondo de su situación socio-económica particular, y

iii) el desarrollo de los pequeños mercados locales como mecanismos para la generación de ingresos y para la difusión de la ideología capitalista. Una sociedad en camino a la transformación social rompe las cadenas con el centro capitalista, levanta su población de la miseria y la convierte en objeto y sujeto de su propio desarrollo.

Estrategias de desarrollo local: sus limitaciones y su idoneidad para el capital

La elaboración y la implementación de las estrategias de desarrollo local están recibiendo cada vez mayor atención. La resistencia contra las políticas neoliberales impuestas por Washington formó exactamente una de las principales razones para la implementación de nuevas estrategias de desarrollo. Las estrategias que apuntaron a la participación de los pobres en la elaboración y ejecución de proyectos de desarrollo (“empoderamiento”) y que podrían ser convertidas en pilares locales del sistema capitalista en general fueron consideradas como las más apropiadas.

El “empoderamiento” de los pobres, es decir, dar a los pobres la capacidad de toma de decisiones sobre cuestiones relacionadas a los proyectos de desarrollo local, no es más que una construcción ideológica ya que las clases dominantes no son dispuestas a transferir o compartir su poder real. Dado que estos proyectos se limitan a pequeñas comunidades y no son una amenaza para las estructuras que causan su pobreza, el “empoderamiento” de los pobres es ilusorio. Además, al dar a los pobres la administración y la responsabilidad sobre su “propio desarrollo”, distrae su atención a las estructuras de poder político y económico real y restringe sus actividades al entorno local (Veltmeyer, 2011: 188). El “empoderamiento” sirve al objetivo de mantener a los pobres lejos de los movimientos sociales que cuestionan las estructuras de explotación y opresión de la sociedad.

Es posible identificar tres razones generales porque las estrategias de desarrollo local podrían ser consideradas como las más adecuadas para los intereses del capital, además de la pertinencia de las estrategias de desarrollo en general para el capital como se ha descrito en la sección anterior. En primer lugar, estas estrategias no cuestionan el sistema. Están permitidas y controladas por el estado. En realidad, como reproducen las estructuras sociales y económicas “externas” y, en cierto modo, agrandan el mercado interno (local), las estrategias de desarrollo local sostienen, difunden y profundizan la ideología capitalista en la sociedad.

En segundo lugar, las estrategias de desarrollo local no toman en cuenta las existentes estructuras de clase dentro de las comunidades. Como Veltmeyer (2003: 44) sostiene, las comunidades no sólo están divididas en clases, pero con frecuencia están sumergidas en conflictos de clase. Aunque, como era de esperar, esto hace la implementación de estas estrategias bastante difíciles porque ningún proyecto es capaz de incluir o representar a toda la población o comunidad, esto no es de ninguna preocupación como las estrategias de desarrollo local tienen el objetivo de ocultar y distraer la atención de estas estructuras de clase.

En tercer lugar, las estrategias que apuntan al desarrollo local están condicionadas y limitadas por las estructuras externas y los intereses nacionales e internacionales, muchas veces plasmados en los tratados bilaterales de libre comercio y acuerdos de cooperación firmados con el FMI, el BM y la OMC. A medida que estas estructuras son consideradas como dadas y no pueden ser cambiadas y retadas, las estrategias de desarrollo local contribuyen a la desmovilización de la población contra la invasión “extranjera” de sus territorios. En el contexto de la creciente presencia de las industrias extractivas en las zonas de las comunidades indígenas, estas estrategias tienen el objetivo de moldear la aceptación de esta población ante el ataque a sus hábitats y medios de subsistencia mediante la introducción de proyectos que podrían proporcionar fuentes alternativas de generación de ingresos.

Las agencias que promueven las estrategias de desarrollo local tienen sus oficinas en los centros imperialistas. Aquellos que con frecuencia ponen en práctica estas estrategias, tienen sus bases en los países que son objeto de estas estrategias. A estos organismos nos dirigimos en la siguiente sección.

Organizaciones No Gubernamentales: transmisores del proyecto capitalista de desarrollo

Las estrategias de desarrollo local han sido, frecuentemente, elaboradas y ejecutadas por las ONG. (3) No ponemos en duda los objetivos, a menudo bien intencionados, de personas que trabajan para estas organizaciones. Sin embargo, esto no nos puede retener de un análisis crítico del significado político de las ONG y su función para el capital.

Las ONG están, en muchos casos, financiadas por las agencias internacionales de cooperación para el desarrollo. (4) Estas agencias fueron creadas para facilitar y contribuir a la expansión de la acumulación de capital por parte de las corporaciones del “Norte”. Las ONG tienen la tarea de introducir una retórica colaboracionista de clase. Destacan los proyectos y no los movimientos, y se centran en los aspectos financieros -técnicos de la ayuda de los proyectos en vez en las condiciones estructurales que moldean la vida de la gente todos los días (Petras y Veltmeyer, 2003: 169, 172).

Las ONG no solo son directa e indirectamente funcionales para el capital, sino también su existencia se ajusta perfectamente dentro de la ola de la globalización neoliberal que atormentaba a los llamados países en desarrollo en los años 80 y 90. Como “pertenecen” a lo que se ha denominado la“sociedad civil”, convenía increíblemente bien a la agenda neoliberal. El retiro del estado de su “función de desarrollo” en la década de los 80 permitió a estas organizaciones hacerse cargo, en cooperación con el estado (Petras, 2011: 94), de algunas de sus funciones sociales claves. Además, al pasar estas funciones a la “sociedad civil”, las clases dominantes lograron dirigir la atención de las masas empobrecidas a sí mismas en lugar de las estructuras opresoras que causan su miseria.

Las agencias de cooperación internacional para el desarrollo, y en particular las ONG financiadas por estas agencias, podrían ser consideradas como las suaves manos reaccionarias del capital como su función política es contribuir a evitar todos los caminos posibles hacia un sistema en el cual los seres humanos sean las fuerzas impulsoras de desarrollo de la sociedad en lugar de los intereses y necesidades del capital (transnacional). Estas ONG están creadas para hacer la práctica de la explotación y la opresión menos cruel y políticamente aceptable para la población, los encierran a alternativas de desarrollo local que no forman ninguna amenaza para la burguesía local y mistifican y desvían el descontento con respecto a las estructuras de poder de las corporaciones con el fin de evitar el análisis de clase del imperialismo y la explotación capitalista (Petras y Veltmeyer, 2003: 166).

Conclusiones: transformación social en vez de desarrollo

Las estrategias de desarrollo local que se implementan dentro de una sociedad capitalista sirven, esencialmente, a los intereses de las clases dominantes, ya que estas estrategias no apuntan a una transformación social, sino más bien tratan de ampliar y profundizar las bases para la acumulación del capital. En las sociedades capitalistas que apuntan, en cierto modo, a la transformación social, como es actualmente en Venezuela y Bolivia, consideramos, sin embargo, las estrategias locales de desarrollo cruciales para la continuación, profundización y aseguramiento de este proceso, ya que podría aumentar sus bases de apoyo en la sociedad.

La idoneidad de las estrategias de desarrollo local para el capital no nos lleva a rechazar estas estrategias ya que consideramos que estas son importantes no sólo para la reducción de la pobreza, sino también podrían ser utilizadas por las fuerzas revolucionarias para elevar la conciencia de clase de la población cuando ellos vinculan la “problemática local” con el sistema social; cuando son capaces de conectar cuestiones locales con temas nacionales e internacionales y estructuras de poder.

La lucha para la transformación social al nivel local no debe conducir a las fuerzas revolucionarias a tratar de convertir a las ONG que son financiadas por las agencias imperialistas de apoyo en catalizadores de un proceso revolucionario hacia el socialismo. Las iniciativas que apuntan a este objetivo estarán, indudablemente, sujetas a la corrupción y provocan un debilitamiento general de las fuerzas para la transformación social. La obra política e ideológica devastadora de estas ONG ha de ser combatida creando estructuras locales independientes para la transformación social y desarrollar y promover alternativas concretas revolucionarias. (5)

Una estrategia que apunta a la transformación social de la sociedad necesariamente tiene que estar basada en la conciencia social de la población y su situación socio- económica, ya que es la única manera de conectar el proyecto de transformación social a la realidad de las masas y conquistar su conciencia. La necesidad de cambio comienza con la conciencia de que esto es posible.

Notas:

1. Es interesante observar la relación entre la sociedad civil y el discurso postmarxista. Según Petras (1997), uno de los argumentos del postmarxismo contra el marxismo es la siguiente: “El énfasis marxista en la clase social es ‘reduccionista’ porque las clases se están disolviendo; los puntos políticos principales de partido son culturales y arraigado en las diversas identidades (raza, género, étnicidad , preferencia sexual)”.

2. Según Fernández (2003: 240), la sociedad civil no está “sistematicamente opuesta” al estado.

3. Con el fin de ser absolutamente claro acerca de este asunto, nos gustaría hacer hincapié en la palabra “frecuentemente”. Las ONG no son las únicas agencias que elaboran e implementan estrategias de desarrollo local. Va más allá del propósito de este artículo para identificar los otros actores.

4. En lo que sigue, nos referimos específicamente a las ONG que son financiadas por las agencias internacionales de cooperación para el desarrollo. Somos conscientes de la existencia de ONG que no se ubican en la categoría de “transmisores del proyecto capitalista de desarrollo” y tampoco están financiadas por estas agencias.

5. Cuando se habla sobre la construcción de las estructuras locales de transformación social, no nos referimos a la creación de estructuras de poder dual, sino más bien a las bases políticas y sociales a nivel local.

Bibliografía:

Petras, James (2011), “Globalización, imperialismo y desarrollo”, en Henry Veltmeyer (coord.), Herramientas para el cambio: Manual para los estudios críticos del desarrollo, La Paz, Plural editores.

Petras, James & Henry Veltmeyer (2011), “Rethinking imperialist theory and US imperialism in Latin America”, en HAOL, no. 26.

Petras, James & Henry Veltmeyer (2003), La globalización desenmascarada. El imperialismo en el siglo XXI, México D.F., Miguel Ángel Porrúa, UAZ.

Veltmeyer, Henry (2011), “Capital social y desarrollo local”, en Henry Veltmeyer (coord.), Herramientas para el cambio: Manual para los estudios críticos del desarrollo, La Paz, Plural editores.

Veltmeyer, Henry (2003), “La dinámica de la comunidad y las clases sociales”, en Henry Veltmeyer & Anthony O’ Malley (coords.), En contra del neoliberalismo. El desarrollo basado en la comunidad en América Latina, México, Miguel Ángel Porrua, UAZ.

Referencias:

Adler, Max (1982), La concepción del estado en el marxismo, México, Siglo XXI Editores S.A.

David, Miguel Limia (1998-1999), “Retomando el debate sobre la sociedad civil”, Marx Ahora 6-7 (1998-1999), pp. 185-207.

Fernández, José (2003), El despertar de la sociedad civil. Una perspectiva histórica, México, Oceano de Mexico, S.A. de C.V.

Gold, David A., Clarence Y. Lo. H. y Erik Olin Wright (1977), “Recientes desarrollos en la teoría marxista del estado capitalista”, en Heinz Rudolf Sonntag y Héctor Valecillos (coords.), El estado en el capitalismo contemporáneo, México: Siglo Veintiuno Editores S.A., pp. 23-61.

Harnecker, Marta (1970), Los conceptos elementales del materialismo histórico, México, Siglo Veintiuno Editores S.A.

Kaldor, Mary (2005), La sociedad civil global. Una respuesta a la guerra, Barcelona, Tusquets Editores.

Lenin, Vladidmir Ilyich (1960), “El estado y la revolución. La doctrina marxista del estado y las tareas del proletariado en la revolución”, en Vladidmir Ilyich Lenin, Obras Escogidas en tres tomos, 2, Moscú, Progreso, pp. 291-389.

Miliband, Ralph (1976), El estado en la sociedad capitalista, México, Siglo Veintiuno Editores S.A.

Miliband, Ralph (1970), “The capitalist state: Reply to Nicos Poulantzas” en http://ebookbrowse.com/miliband-the-capitalist-state-reply-to-poulantzas-pdf-d180550096 (consultado 17/02/2013).

Petras, James (1997), A Marxist critique of Post-Marxism”, en http://www.rebelion.org/hemeroteca/petras/english/critique170102.htm (consultado 15/04/2014).

Portes, Alejandro y Kelly Hoffman (2003). “Las estructuras de clase en América Latina: composición y cambios durante la época neoliberal”, CEPAL, Serie Políticas Sociales, no. 68. Santiago de Chile, en http://www.eclac.org/publicaciones/xml/1/12451/lcl1902e-p.pdf (15/04/2014).

Poulantzas, Nicos (1986), Poder político y clases sociales en el estado capitalista, México, Siglo Veintiuno Editores S.A.

Poulantzas, Nicos (1976a, Las clases sociales en el capitalismo actual, México, Siglo Veintiuno Editores S.A.

Poulantzas, Nicos (1976b), “The capitalist state: A reply to Miliband and Laclau” en http://ebookbrowse.com/poulantzas-nicos-capitalist-state-reply-miliband-laclau-new-left-review-n95-p-63-83-1976-doc-d197652786 (consultado 17/02/2013).

Poulantzas, Nicos (1976c), Crítica de la hegemonia del estado, Buenos Aires, Cuervo.

Tejada, Aurelio Alonso (1996) “El concepto de sociedad civil en el debate contemporáneo: los contextos”, Marx Ahora 2, pp. 119-135.

Torres-Rivas, Edelberto (2001) “La sociedad civil en la construcción democrática: notas desde una perspectiva crítica”, en http://www.insumisos.com/lecturasinsumisas/CIUDADANIA.pdf (consultado 15/04/2014).

Veltmeyer, Henry (2000). “The Post-Marxist project: An assessment and critique of Ernesto Laclau”. Artículo inedito.

Wood, Ellen Meiksins (2000), Democracia contra capitalismo. La renovación del materialismo histórico, México, Siglo Veintiuno Editores S.A. de C.V.

Wood, Ellen Meiksins (1990), “The uses and abuses of ‘civil society’” en http://twpl.library.utoronto.ca/index.php/srv/article/view/5574/2472#.URo7C2fFmVo (consultado 12/02/2012).

Zeitlin, Maurice (1980), “On classes, class conflict, and the state: An introductory note”, en Maurice Zeitlin (coord.), Classes, Class Conflict, and the State. Empirical studies in class analysis, Cambridge, Massachusetts, Winthrop Publishers, Inc., pp. 1-37.

* Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=185131 / http://www.rebelion.org/noticia.php?id=184202

Volver atrás
Enviar el artículo por E-mail
close



15 + 2 = echchange

Con el uso de ese servicio Ud. acepta:
Su dirección E-Mail y la del destinatario serán utilizados sólo para avisar al destinatario sobre el envío. Para evitar el mal uso del servicio, Bolpress registrará el IP del emisor del mensaje.

Compartir el artículo en Facebook Versión para mprimir
+ Restaurar tamaño del texto -
Mas informacion
Uhr 42

min.

... a fondo

La influencia histórica de la convicción patriótica

Eduardo Paz Rada

La historia de la sociedad boliviana ha estado marcada por la dinámica y las contradicciones de las relaciones con las potencias capitalistas mundiales en torno a la explotación de los recursos naturales acompañada con la dominación política e ideológica sobre el conjunto de América Latina. En este contexto, los estudios, aportes y (...) :: Más detalles

Otros artículos de análisis

El gobierno de Evo Morales acelera el montaje de la planta nuclear

AnaliaPandoCabildeo

¿Por qué el gobierno de Evo Morales quiere gastar más de 2 mil millones de dólares en la construcción de (...)

Elites económicas y decadencia sistémica

Jorge Beinstein

A raíz de la llegada Mauricio Macri a la presidencia se desató en algunos círculos académicos argentinos la (...)

El gobierno del MAS se hunde en un mar de mentiras

AmaliaPandoCabildeo

El gobierno del MAS ha perdido tres elecciones consecutivas desde 2014 porque las grandes mayorías, sobre todo urbanas, ya no creen (...)

Quintana tiene el hábito de desviar fondos públicos y de impartir “línea” a los periodistas

Wilson García Mérida

La difusión de un audio que registra una reunión “de trabajo” entre el ministro de la Presidencia Juan (...)

la frase

Álvaro García ha leído pocos libros Cita a Hegel pero leyó citas de citas nada más Por eso carece de espíritu humanista y sufre acomplejamiento social e intelectual

Wálter Chávez, ex asesor del MAS

¿Cuál es el principal desafío del nuevo gobierno

  • Seguridad ciudadana
  • Lucha contra el narcotráfico
  • Industrialización
  • Empleo y educación
  • Otros

Encuesta vigente desde el 13-10-2014

Encuesta anterior:

Por quién votará en las elecciones de 2014