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Actualizado el 2014-04-11 a horas: 12:02:00

¿Dónde está la izquierda guatemalteca?

Guatemala: envidiablemente multicultural, escalofriantemente racista

Ollantay Itzamná

Cuando el visitante ingresa a las principales ciudades de Guatemala, la diversidad de colores, idiomas y aromas irrumpen desde los mercados y plazas principales, activando en el huésped sensible su capacidad de asombro y observación.

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El contenido de estas páginas no refleja necesariamente la opinión de Bolpress

Guatemala está conformada por cuatro pueblos (maya, xinca, garífuna y mestizo). Pero, más del 60% de su población es culturalmente maya, aunque genéticamente casi nadie se puede abstraer de lo maya. Y, precisamente, esta población mayoritaria maya, distribuida en 22 pueblos, con idiomas y costumbres vivas y diferenciadas, es lo que hace de Guatemala un país policromático y megadiverso como ningún otro en Abya Yala.

La extensión territorial de Guatemala es apenas un poco más de 108 mil Km2. Casi una décima parte del territorio de países andinos como Perú o Bolivia. En este territorio “diminuto”, germinó y florece un envidiable vivero de identidades culturales desconocido y despreciado casi por la totalidad de sus habitantes.

En el interior del país, existen bolsones territoriales indígenas inéditos donde los mestizos se sienten verdaderos extranjeros “con categoría”, no sólo por el idioma, sino también por la gastronomía, la vestimenta, las eco espiritualidades, las eco tecnologías, los conocimientos ecológicos y los diversos estilos de vida de sus anfitriones. Pero, la reacción casi “natural” del visitante mestizo ante esta riqueza biocultural es el desprecio barnizado de indiferencia.

El racismo, una enfermedad crónica de Guatemala

El desprecio y la expoliación del indígena se ha naturalizado tanto en la sociedad guatemalteca, que esta sociedad enferma del racismo, no sólo se niega a reconocer su mal crónico, sino que reproduce y defiende las causas estructurales de su atavismo patológico que lo ata en el atraso civilizatorio irracional.

Guatemala está tan enferma que no puede vivir sin este mal que configura las estructuras psicológicas individuales y colectivas de sus habitantes.

El racismo condena a las y los guatemaltecos a una esquizofrenia cultural identitario que los obliga a subsistir escupiendo a lo que son y añorando con lo que no son, ni será jamás (blancos genética y culturalmente). Sufrimiento histórico que espera redención estructural.

Abordar este mal estructurante del país, en la gran mayoría de los casos no sólo causa incomodidad, sino que hasta es ofensivo para la generalidad de guatemaltecos.

Ni indígenas, ni mestizos se asumen como racistas. Pero, las miradas, los comentarios, los maltratos, las estigmatizaciones permean las leyes, las costumbre sociales, las instituciones públicas y privadas, los ritos religiosos, hasta las relaciones intrafamiliares. Incluso, el o la indígena, en la medida que se escolariza/profesionaliza, se vuelve más racista y despectivo con su propia sangre.

El racista no nace, se hace

El racismo, como toda enfermedad social, es producto histórico y socialmente construido. Nadie nace racista. La sociedad racista es la que fecunda sujetos racistas. Esta enfermedad crónica se inyectó en el alma individual y colectiva de criollos y mestizos de Guatemala en tiempos de la invasión y saqueo colonial. Desde entonces, generación tras generación, esta tara social se institucionalizó y normalizó en las leyes, en las instituciones públicas y privadas y en las iglesias.

En Guatemala el mismo Estado está organizado para engendrar “ciudadanos” racistas. El Estado (colonial y republicano), en su origen, historia, estructura y funciones fue y es tremendamente etnofóbico y sistemáticamente etnofágico. El Estado hizo de las grandes mayorías (indígenas) un “mal” permitido e indeseado, pero necesario para su subsistencia.

¿Existen los pueblos indígenas en la Constitución Política de Guatemala? No. ¿Existen héroes o heroínas indígenas en la historia oficial de Guatemala? No. ¿Existen valores, eco tecnologías y conocimientos ancestrales indígenas en los contenidos académicos del sistema educativo estatal? No. ¿Para quienes están destinados los peores nichos laborales en el país? Para indígenas.

¿De qué color son las estatuas de santos, vírgenes y del mismo Dios en las iglesias? Blancos. ¿De qué color es el centro de la bandera de Guatemala? Blanco. ¿En qué idioma están escritas las leyes del país?

Sin embargo, las y los indígenas son casi las dos terceras partes de la población del país. Los pueblos mayas y xinca tienen historias, eco tecnologías, conocimientos milenarios y espiritualidades, ahora, rebuscados por la industria del conocimiento externo. Son indígenas quienes dinamizan y mantienen a las iglesias. El fenómeno de la economía de la agroexportación tiene aroma de sangre y sudor maya.

Con estas estructuras estructurantes es imposible no ser racista. ¡Hasta los dioses se hacen racistas en Guatemala!

Y, lo más triste es que este atavismo crónico es asumido y premiado como una estimable virtud por el sistema. Al grado que las víctimas del racismo, no sólo aceptan este vicio social como algo normal, sino que lo defiende y lo reproducen como un elixir de ascenso social y progreso.

¿Cuál es el origen del racismo en Guatemala?

El racismo, como un constructo sociocultural, tiene su origen histórico en la invasión colonial, y en la configuración psicológica del espíritu del colonizado.

Si bien los invasores, luego los criollos, pudieron legitimar su conducta de saqueo y dominación sobre los aborígenes argumentando que nuestros abuelos/as no eran seres humanos, por tanto, tampoco tenían derecho a tener derechos, ni propiedades; esta negación se convirtió simultáneamente en la frustración y fracaso de los soldados guerreros del Rey de España.

Los soldados del Rey sólo podían demostrar su hidalguía y esperar la recompensa real correspondiente si demostraban su victoria militar sobre otros pueblos, sobre otros seres humanos. Pero, como los aborígenes “vencidos” no eran seres humanos, entonces, los “vencedores” no podían autoafirmar su gallardía, mucho menos esperar la recompensa del ascenso de estatus.

De allí viene el odio y el desprecio al aborigen por parte del invasor y del criollo. Ellos odian y desprecian su fracaso (al aborigen), pero, al mismo tiempo ese fracaso era la esencia vital para su subsistencia en el nuevo mundo.

Esta contradicción existencial que habitó a los invasores fue heredado por criollos y mestizos que intentaron crear el Estado republicano. Por eso, sistemáticamente aplicaron desde el aparente Estado nación políticas de asimilación, integración y de eliminación biológica (genocidio) en contra de los pueblos indígenas (por ser, según ellos, el espejo de su fracaso). Pero, tampoco podían desaparecernos cultural y biológicamente por completo porque su Estado y ellos subsistían y subsisten gracias a nuestros bienes y fuerzas laborales. Por eso, el racismo fluctuante en Guatemala aniquila pero no mata por completo. Porque si desaparecemos, desaparecen ellos.

Esta contradicción existencial que enferma a verdugos y víctimas sólo será superada con la creación de un nuevo Estado y una nueva sociedad intercultural con la participación de todos los pueblos y sectores del país.

A esta redención histórica, en la América Latina del siglo XXI, se denomina proceso de una asamblea constituyente refundacional. Concertar y construir nuevas leyes, nuevas instituciones públicas y nuevos proyectos de vida fundados y orientados por la interculturalidad y la vocación por la vida policromática. Éste es el reto que tiene Guatemala para superar su pecado original, el racismo.

¿Dónde está la izquierda guatemalteca?

La izquierda latinoamericana vive uno de sus momentos históricos más fecundos y promisorios en la región. Como nunca antes, 10 países de Abya Yala son gobernados por fuerzas políticas de tendencia de izquierda con resultados socioeconómicos y políticos positivos sin precedentes. De estos 10 gobiernos, 5 son encabezados por ex guerrilleros (en su mayoría derrotados militarmente) de las últimas décadas del pasado siglo.

Uruguay, gobernado por José Mujica (un lujo de Presidente), ex guerrillero tupamaru, encarcelado por 14 años por subversivo. Brasil, gobernado por Dilma Rousseff, ex guerrillera de Colina, guardó prisión 3 años. Nicaragua, por segundo período consecutivo gobierna Daniel Ortega, ex comandante del Frente Sandinista para Liberación. Cuba, país culto, con mayor nivel de igual social en la región, gobernado por Raúl Castro, ex integrante del Movimiento 26 de Julio y Ejército Rebelde. El Salvador, país geográficamente más pequeño del continente, pero uno de los más grandes en el empobrecimiento, desde hace 4 años atrás es gobernado por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, ahora, encabezado por el ex comandante guerrillero Salvador Sánchez.

Incluso en Honduras, país sin presencia de izquierda en su historia, ahora, el partido Libre se constituye en la segunda fuerza política del país. Hasta en la noble Costa Rica la izquierda tiene 9 diputados.

¿Y en Guatemala?

La izquierda en Guatemala tuvo su primavera política entre 1944 y 1954, bajo los gobiernos de Arévalo y Árbenz. Éste último, defenestrado por un golpe militar promovido por el gobierno de los EEUU. El mismo que obligó a oficiales del Ejército y civiles a organizarse, en la década de los 60, en 4 grupos guerrilleros para defender los objetivos truncados de la Revolución.

En 1982, con la finalidad de unificar esfuerzos, crean la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG). En 1996, la URNG firmó los Acuerdos de Paz con el Estado-Ejército (luego de dantescos masacres por parte del Estado), y en 1998 fue reconocida legalmente como una organización política.

En las elecciones de 1998, la izquierda guatemalteca (en coalición como Encuentro por Guatemala) obtuvo 12 escaños en el Congreso Nacional. Número que nunca más alcanzaría en las posteriores elecciones.

Al igual que otras organizaciones políticas, la izquierda guatemalteca vivió procesos de fraccionamiento interno. Emergieron organizaciones políticas como Alternativa Nueva Nación (ANN), Movimiento Nueva República (MNR), WINAQ, con reducido apoyo popular.

En las últimas elecciones (2011), la coalición de izquierda, bajo la candidatura de Rigoberta Menchú obtuvo un poco más del 3% de votos y consiguió 3 diputados en el Congreso.

¿Cómo se explica este decrecimiento?

La dirigencia nacional de la URNG desconfía de los movimientos sociales de izquierda. “No podemos ampliar la base social del partido porque desvirtuaríamos la doctrina”, es la respuesta de algunos dirigentes nacionales ante la pregunta de por qué no convertimos a la URNG en un instrumento político de los movimientos sociales.

Por su parte, movimientos sociales masivos como el Comité de Desarrollo Campesino (CODECA) realizan un trabajo sistemático organizativo y formativo permanente para masificar/fortalecer a la URNG como el instrumento político para la liberación de Guatemala, pero varios dirigentes “permanentes” de la URNG, al ver que CODECA trabaja por la democratización internas de la URNG, optan por desprestigiar a este movimiento. Se percibe que la dirigencia de la URNG se ha burocratizado y no ha logrado desoccidentalizarse, mucho menos decolonizarse. Su ausencia en el interior del país es notoria.

La dirigencia actual no siempre obedece las decisiones de las asambleas. En el III Congreso Nacional de la URNG (2012), las delegaciones del interior del país fueron contundentes al exigir la democratización interna del partido. Exigieron el fortalecimiento de la URNG. Pidieron que la dirigencia no tomara decisiones inconsultas especialmente en asuntos electorales con otros partidos políticos. Pidieron formación y mayor organización. Pidieron que se hiciera alianzas con organizaciones y movimientos sociales. Pero, en la actualidad, la dirigencia nacional emprende una coalición con organizaciones políticas y sospecha de los movimientos sociales.

Estas actitudes indican que muchos de la izquierda “profesional” o “de trayectoria” se encuentran aún atrapados en la ortodoxia occidental y asumen la democracia representativa como la única válida, mas no así la participativa o comunitaria. Aún creen en la toma del poder de arriba hacia abajo. No creen en la construcción del poder local de abajo hacia arriba. Asumen que la revolución lo hacen reducidos cuadros de ilustrados. No creen en el sujeto político multitud, asambleario. Y, lo más triste, al indígena sólo lo oyen, pero jamás lo escuchan (por más que sus propuestas sean viables y medibles), porque para la ortodoxia occidental, indígenas y campesinos no son sujetos políticos plenos.

¿Qué panorama de izquierda tenemos en Guatemala?

En esta Latinoamérica, cuyos gobiernos de tendencia de izquierda generan inocultables cambios para la superación de la desigualdad y la dependencia, y en una Guatemala, donde la acumulación del sistema neoliberal genera desesperación y fastidio en las grandes mayorías, la izquierda guatemalteca tiene una histórica oportunidad para hacer lo que no pudo por la vía de las armas.

La URNG debe de dejar de ser el clásico partido reducido de izquierda y convertirse en un instrumento político horizontal para todos los sectores organizados o no de Guatemala que sueñan con transformaciones estructurales. Debe incorporar en su discurso y prácticas las agendas y conocimientos ancestrales de los pueblos. En Guatemala, los pueblos indígenas, al igual que el resto de excluidos, viven sin Estado y sin derechos. La URNG debe plantear y emprender la urgente tarea de la refundación de Guatemala.

Una ventaja que tiene la izquierda guatemalteca es que no está tan fragmentada como en otros países. WINAQ, ANN y la misma URNG deben entender que la unidad es el camino para avanzar, y la organización y la permanente concientización en las comunidades, tareas urgentes permanentes.

La URNG, por su condición histórica y matriz organizativa de la izquierda guatemalteca, está en la inevitable tarea de convertirse en el instrumento político de las grandes mayorías excluidas del país. Urge que la dirigencia y militantes de la URNG se sumen a los núcleos organizados y articulados en CODECA, para desde allí consolidar la conciencia popular creciente.

En la medida en que los vientos de cambio del sur soplan en las fronteras de Guatemala, los sectores excluidos conscientes se estimulan para emprender cambios. Pero, ya no están dispuestos para hacer de escalera política, ni para la derecha, ni para izquierda.

La desoccidentalización y la decolonización son tareas urgentes para la disminuida guardia de la izquierda guatemalteca. De lo contrario, los movimientos sociales emergentes harán su camino con su propio instrumento político, y la URNG terminará en el epitafio de la izquierda clásica, como muchos otros en la historia.

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