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Área: Internacional >> Latinoamérica
Actualizado el 2014-03-12 a horas: 00:41:22

La apuesta renovada

Michelle Bachelet: El único adversario de Chile es la desigualdad

Fausto Triana y Enrique Torres *

Santiago de Chile (PL).- La nueva presidenta de Chile Michelle Bachelet afirmó que el único adversario de su país es la desigualdad y remarcó su compromiso de cumplir con su programa para lograr una patria mejor. En su primer discurso, la mandataria puntualizó que su mayor rédito cuando termine su mandato en 2018 será dejar un país más inclusivo, con la dignidad y el respeto para todos, con una reforma tributaria ejemplar y una nueva Constitución.

Chile con presidentes desde 1826

El 8 de julio de 1826 asumió el primer presidente de Chile, el militar y político Manuel Blanco Escalada, un chileno nacido en Argentina. El bonaerense asumió el cargo de manera provisional solo por dos meses, sucedido por Agustín Manuel de Eyzaguirre, quien permaneció hasta 1827 cuando el Congreso eligió a Ramón Freire Serrano, quien había tenido el poder antes de Blanco Escalada,  pero con el cargo de Director Supremo.

Sin embargo, la historia del Chile no comienza con esos nombramientos, sino con el período prehispánico, cuando su territorio era habitado por varias poblaciones amerindias, como los Aymaras, Incas y Mapuche, entre otras. Los Mapuche, que habitaban zonas entre los ríos Itata y Toltén donde se dedicaban fundamentalmente a la agricultura,  fueron los que con mayor fuerza se enfrentaron a los colonizadores españoles.

Entre los primeros expedicionarios que llegaron del llamado viejo continente se encontraba Fernando de Magallanes, a quien debe su nombre el paso marítimo existente en el extremo sur de América. La conquista española se prolongó hasta fines del siglo XVI (1598), cuando las tropas españolas estuvieron a punto de ser derrotadas por los Mapuche en la llamada guerra de Arauco.

Pese a la resistencia, comienza el período colonial, que se extiende durante más de 200 años, con el correspondiente establecimiento de instituciones emanadas de la metrópolis. El proceso real de apoderamiento del territorio chileno estuvo en manos del conquistador Pedro de Valdivia, fundador de Santiago, la capital del país. Su efigie sobre una cabalgadura es en la actualidad uno de los monumentos más emblemáticos de la Plaza de Armas capitalina, el kilómetro cero del país.

Una Junta de Gobierno dio los primeros atisbos de libertad ante la corona española el 18 de septiembre  en 1810, al querer dirigir el territorio a nombre del Rey de España, postura que fue considerada rebelión, dando inicio a la guerra de independencia frente a tropas de la colonia enviadas desde el Virreinato del Perú.

La independencia no se lograría hasta ocho años más tarde en la batalla de los campos de Maipú, acción que puso fin a la separación económica y política de España. En realidad la rúbrica del Acta de la Independencia se materializó el 2 de febrero de 1818, cuando fue nombrado el libertador Bernardo O’Higgins Director Supremo, dando inicio a la época en que se consolidad un régimen republicano, con cierta estabilidad política y social.

De 1861 a 1891 se considera la etapa de la República Liberal, en que la economía ve la luz gracias a la explotación de los recursos mineros del subsuelo chileno, que en el norte de su estrecha franja atesoraba plata, salitre y cobre, éste último en la actualidad su principal fuente de ingresos.

En 1879 sobrevino la llamada Guerra del Pacífico (o guerra del salitre) con Perú y Bolivia, en que las tropas de esta nación austral vencieron y por consiguiente ocuparon vastos territorios, dando por finalizada la salida boliviana al mar. La bonanza económica que sobrevino, entre otros factores, acentuó el liberalismo contrario al sistema imperante, lo cual devino en la Revolución de 1891, dando por finalizado el dominio de José Manuel Balmaceda y la instauración del régimen parlamentario, que regiría hasta 1925.

Ese año se promulgó una Constitución que puso fin al parlamentarismo, y un año después el Congreso dio nacimiento al cargo de Presidente de la República, que fuera ocupado por Blanco Escalada. Se inició así la República Presidencial, que vio pasar indistintamente hasta el golpe de Estado de 1973, a 62 presidentes electos y otros que ocuparon el cargo por corto plazo, algunos civiles y otros militares.

Lo cierto es que tres fueron los partidos que se alternaron el poder: los radicales, la democracia cristiana y los socialistas. La asonada golpista del 11 de septiembre de 1973 contra el presidente Salvador Allende  puso fin a esta etapa de la historia de Chile, dando inicio a una dictadura militar, encabezada por el general Augusto Pinochet, la cual se extendió hasta 1990.

Gracias a los resultados del plebiscito del 5 de octubre de 1988, cuando triunfó el No, se puso término al régimen de facto, que fue sucedido por 20 años de Gobierno de la Concertación de Partidos por la Democracia, bloque integrado por los socialistas, la socialdemocracia, los radicales socialdemócratas y el Partido Por la Democracia.

Durante esas dos décadas, se sucedieron los gobiernos de los  democratacristianos Patricio Aylwin (1990-1994) y Eduardo Frei (1994-2000), del Partido Por la Democracia, con  Ricardo Lagos (2000-2006) y la socialista Michelle Bachelet (2006-2010). Tras 20 años de administraciones de partidos de la Concertación, en 2010 llegó al poder la derecha, al ganar los comicios de fines de 2009 el empresario Sebastián Piñera, nominado por los partidos Renovación Nacional y Unión Demócrata Independiente.

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Tras las elecciones primarias de junio de 2013, la ex mandataria chilena Michelle Bachelet se consolidó como la candidata favorita de cara a los comicios presidenciales de noviembre de ese año. Bachelet se postuló por los partidos Socialista y por la Democracia, también con el respaldo de los comunistas, la Izquierda Cristiana y el Movimiento Amplio Social.

Bachelet arrasó en la competición interna del pacto opositor Nueva Mayoría, rebasando con amplísima ventaja a sus contendientes Claudio Orrego de la Democracia Cristiana, José Antonio Gómez del Partido Radical Socialdemócrata, y el independiente Andrés Velasco.

En lo que se etiquetó como tsunami electoral, con más del 73% de los votos, la ex presidenta ganó la boleta de ese bloque para hacer frente al entonces ganador de las primarias de la alianza de derecha Pablo Longueira, y a aspirantes de otros partidos e independientes que compitieron de manera directa para llegar al Palacio de La Moneda. Empero, Longueira, en una decisión de última hora, renunció a la candidatura presidencial, aquejado por un cuadro depresivo, decisión que desató un terremoto político en las filas de los partidos gubernamentales.

Sin duda alguna, la campaña de Bachelet, con sus propuestas, sedujo a un mayoritario sector del electorado que acudió a las urnas en las primarias, y que le permitió ganar más de un millón 500 mil votos, de los poco más de dos millones que recibieron en total los aspirantes de la oposición. Del otro lado, los dos contendientes de la alianza de derecha, Longueira por la Unión Demócrata Independiente, y Andrés Allamand de Renovación Nacional, en su conjunto apenas llegaron a 806 mil boletas.

La ex presidenta de 61 años es de profesión pediatra e hija de la antropóloga Angela Jeria y del general Alberto Bachelet, muerto de un infarto seis meses después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, y aquejado por las torturas fue sufrió a manos de sus subalternos, por oponerse al cuartelazo.

Tras la asonada golpista, Bachelet fue detenida junto a su madre en centros de reclusión de la dictadura de Augusto Pinochet, hasta que en 1975 ambas fueron expulsadas del país. Luego de cuatro años de exilio en Australia y Alemania, retornó en 1979 a Chile, donde continuó sus estudios de medicina y se especializa en pediatría.

Al salir de La Moneda el dictador Pinochet, Bachelet ocupó varios cargos públicos en la esfera de la salud y cursó estudios sobre estrategia militar. Durante el gobierno de Ricardo Lagos se desempeñó como ministra de Salud en los primeros dos años de esa administración, en la que también ocupó la secretaría de Defensa, siendo la primera mujer en ocupar esa cartera en la historia de la nación.

En marzo de 2006 se convirtió también en la primera chilena en asumir la Presidencia de la República, cargo que ocupó hasta marzo de 2010, cuando entregó la banda a su sucesor Sebastián Piñera. El 14 de septiembre de ese año fue designada directora de ONU Mujer, una agencia de Naciones Unidas recién creada a la sazón para defender los derechos de las mujeres y niñas en el mundo, responsabilidad a la que renunció en marzo del año pasado para regresar a Chile y participar en la campaña electoral con la intención de retornar a La Moneda.

La apuesta renovada de Chile

Michelle Bachelet volvió a recibir la banda presidencial, esta vez de manos de la hija de Salvador Allende, Isabel, la titular del Senado en un momento histórico para Chile. Ocurrió al filo del mediodía de ayer en la sede del Congreso Nacional en Valparaíso, 120 kilómetros al oeste de Santiago, para abrir un segundo capítulo a Bachelet quien ya estuvo al frente del Palacio de La Moneda de 2006 a 2010.

Un sol espléndido y agradable temperatura acompañó el ingreso de Bachelet al Palacio de La Moneda, ovacionada por miles de entusiastas simpatizantes. Ya lo ven, ya lo ven, ya la tenemos otra vez, gritaban desde la multitud en la Plaza de la Constitución al caer la tarde de este martes, con numerosas consignas que mostraban las enormes expectativas que despierta el segundo mandato de Bachelet.

De forma breve y directa, el primer discurso de la flamante jefa de Estado fue muy aplaudido a partir del hecho de tocar los puntos esenciales recogidos en su plataforma de gobierno. Soy hija de la educación pública (...) conozco como médica y ministra los beneficios de la salud y sé de primera mano los desafíos del crecimiento, que no pueden ser vistos sólo por la eficiencia, sino también por lo humano, argumentó.

Bachelet puntualizó que su mayor rédito cuando termine su mandato en 2018 será dejar un país más inclusivo, con la dignidad y el respeto para todos, con una reforma tributaria ejemplar, y una nueva Constitución. Es hora de poner los sueños en marcha, resaltó, luego de insistir en la búsqueda de un camino para un Chile desarrollado y justo, moderno y tolerante, con empleos de calidad y el derecho para todos de la cultura, recreación y deporte.

Fue el segundo momento más emotivo de la jornada para Bachelet, quien en Valparaíso recibió la banda presidencial de manos de Isabel Allende. Poco más de cuatro décadas después de perder la vida con el golpe de Estado de Augusto Pinochet, el nombre de Salvador Allende volvió a cobrar máximo protagonismo en Chile. Su hija se convirtió ayer en la primera mujer en dirigir el Senado.

Quiero rendir un especial homenaje a mi padre y a aquellos que lucharon por recobrar la democracia, sé que él estaría orgulloso y seguiremos siendo una familia comprometida con Chile, anotó. Sin embargo, no fue un hecho aislado. La nueva jefa de Estado perdió igualmente a su padre, el general Alberto Bachelet, justo el 12 de marzo, como consecuencia de las torturas en la cárcel sufridas por oponerse a la asonada golpista de Pinochet. No he dejado de pensar en mi padre en todo este tiempo y mañana será por supuesto un día muy especial, reconoció la mandataria en declaraciones a la prensa.

Bachelet vuelve al Palacio de La Moneda, pero las diferencias son más que sustanciales. Es el regreso de una mujer que prefirió intentarlo otra vez en lugar de quedarse como embajadora de las féminas en la Organización de Naciones Unidas. Médico cirujana especialista en pediatría, con 62 años de edad y una sonrisa bondadosa, se enfrenta al reto de hacer valer sus promesas electorales que le dieron una cómoda victoria con un porcentaje de popularidad (61) sin precedentes.

En lo interno, el vuelco que pretende dar es colosal. Diseñar una nueva Carta Magna, a través de un plebiscito o una Asamblea Constituyente, como dijo la joven diputada Camila Vallejo, reformar la educación y elevar los impuestos. No podemos aspirar a ser un país desarrollado con lagunas en la preservación del medio ambiente, el respeto efectivo a los trabajadores, la protección a los niños, mejor salud y un desarrollo económico inclusivo, reflexionó recientemente.

Nuestro programa recoge un Chile que cambió y que demanda mayor calidad de vida y la urgencia de enfrentar la desigualdad, adelantó la política de filiación socialista y presenta un Gobierno de coalición amplia con la Nueva Mayoría. Cuenta con mayoría en las dos cámaras parlamentarias, la presencia de Isabel Allende al frente del Senado y de momento con un equipo que parece saltarse las distancias ideológicas en favor de un proyecto de largo alcance nacional.

La capacidad de liderazgo de Bachelet también estará sobre la mira, en especial después que su antecesor Sebastián Piñera se enfocó en el dispositivo de la Alianza Pacífico del cual recelan países de la región. Al respecto ya dejó en claro su voluntad de recomponer los lazos con América Latina y el Caribe, en particular con su vecino Brasil, y el fortalecimiento del papel de Chile en la Celac y Unasur.

En el caso de Venezuela, ya la estadista chilena se pronunció claramente: pondera relaciones normales y apoyo al diálogo del gobierno democráticamente electo de Nicolás Maduro con la oposición. Para que no quedaran dudas de la molestia de Dilma Rousseff, la gobernante brasileña, con Piñera, la delegación brasileña viajó directamente a Valparaíso y no asistió a la Cena de Despedida que ofreció el todavía anfitrión de La Moneda. Dilma vino a Chile, algo que no hizo durante el mandato de Piñera, y además proyecta invitar a Bachelet a visitar Brasil en fecha próxima según trascendidos de prensa.

Programa de gobierno

Entre sus propuestas programáticas, Bachelet defiende la educación pública y gratuita para los ciudadanos de bajos ingresos y una reforma tributaria que permitiría recaudar unos ocho mil 200 millones de dólares, dinero que sería destinado a reformar la enseñanza, con énfasis en la calidad y la gratuidad. La reforma tributaria anunciada por Bachelet incluye aumentar gradualmente de un 20 a un 25% los impuestos a las empresas, mientras que el techo de los gravámenes a las personas bajaría de 40 a 35%.

También es partidaria de una Asamblea Constituyente, que permita una ruta para poner fin a la actual Carta Magna, heredada de la dictadura Pinochet. Bachelet ha dicho que aún no definió el mecanismo para dicha asamblea, pero que no descarta variante alguna, y en ese sentido le pidió a “la comisión de una Nueva Constitución en sus propuestas de contenidos y de mecanismos que no se recortaran las alas y pensaran en todas las opciones posibles dentro de la institucionalidad”.

Durante la campaña, Bachelet también se mostró a favor de la despenalización del aborto en Chile, de manera que se pueda aplicar en situaciones especiales, tanto ante violaciones como por razones terapéuticas.

Bachelet ha insistido en que para llevar adelante muchas de las propuestas de su programa es necesario que las fuerzas de la oposición tengan mayoría en el Parlamento, y las ha instado para que libren la batalla por ganar el poder legislativo. “Queremos un parlamento que se la juegue por los cambios que Chile requiere, y tenemos que trabajar para ello. Hay mucho en juego, y es el momento de la acción, de la grandeza y la generosidad”, subrayó Bachelet poco después de ganar las primarias.

* Periodistas de Prensa Latina.

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