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Área: Cultura >> Folklore
Actualizado el 2014-01-26 a horas: 11:23:13

El chamamé, sentimiento cantado del litoral argentino

Martin Hacthoun *

Buenos Aires (PL).- Si el tango resulta el signo distintivo del porteño, el chamamé lo es de la gente del litoral y más allá; son dos manifestaciones musicales populares que distinguen y enorgullecen a todo el pueblo argentino. Vida, amores, sufrimientos y alegrías en torno a los ríos -por un lado el Uruguay y, por el otro, el Paraná, los cuales bañan riberas a lo largo de las provincias de Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Chaco, Santa Fe y la punta nordeste de Buenos Aires- marcan la esencia de esta manifestación folclórica que emanó de los pueblos originarios de esas regiones, en especial la guaraní.

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Ah, mi Corrientes porá

en donde te conocí

Correntinita ivoti

de labios color rubí;

mi pena se hace canción

cuando te quiero soñar

y entonces el corazón

y el alma quieren cantar.

Así transcurre el chamamé de Manuel García y Lito Bayardo con música de Eladio Martínez, que evidencia la fuerte influencia de la cultura guaraní, pues el vocablo "porá" en la lengua de ese pueblo significa hermosa, linda, mientras "ivoti" expresa bella como una flor.

Es el género musical popular del llamado litoral argentino, de los pueblos ribereños a lo largo de los ríos Paraná y el Uruguay. Musicólogos coinciden en que resulta la música tradicional de Corrientes pero su influencia trascendió esa comarca y se extendió por las colindantes Chaco, Entre Ríos, Santa Fe, Misiones, y partes de Santiago del Estero y Formosa.

Los estudiosos concuerdan que es un estilo con raíces indígenas y tiene su base musical en el guaraní. A esta, con el tiempo, se le agregaron influencias jesuitas, españolas, africanas con los esclavos llevados a esas tierras, y sobre todo alemanas, reflejado en la incorporación del acordeón y más tarde se le sumó el bandoneón. En su estudio del tema, Rubén Pérez Bugallo lo considera íntimamente emparentado con manifestaciones similares como el gato, la chacarera, la zamba y el escondido, aunque el chamamé posee la misma o mayor profundidad cronológica que muchas especies de esa gran familia folclórica.

Pérez Bugallo fundamenta su posición en la dirección Perú-Paraguay de las corrientes colonizadoras, la llegada de los Jesuitas al Paraguay -desde Perú- y la introducción del romancero español (versos de 16 sílabas que riman entre sí en forma asonante y divididos en dos hemistiquios de ocho sílabas cada uno) también desde Perú.

Puede ser una danza alegre y animada, pero también cadenciosa, suave, triste y hasta elegante para bailes de ocasión. Como cualquier otra expresión artística, trasciende la música en sí y se convierte en manifestación personal y colectiva.

Ya no solo se circunscribe al nordeste argentino, sino que su encanto cautivó a poblaciones de países limítrofes como Paraguay, Uruguay y el sur de Brasil, debido a la cercanía cultural con las poblaciones de esas regiones.

Su proyección nacional parte del creciente gusto, por lo general, de los motivos musicales guaraníes en los medios urbanos hacia donde hubo inmigración provincia-ciudad, y la difusión de composiciones lírico-musicales inspiradas en los ritmos del litoral, cuya aceptación fue en aumento en amplios sectores de la población. Y así se fue convirtiendo en una moda nacional, y actualmente hay festivales de danza, composiciones e intérpretes, siendo los de Corrientes los más populares.

En cuanto a su expresión bailable, el chamamé es danza de pareja enlazada que se desarrolla como un vals lento y apocado. La dama se lleva de costado, casi nunca de frente y las manos se toman al revés, con movimientos balanceados de arriba hacia abajo, o a la cintura, ciñéndose al revés. Los pasos son fáciles, sin complejidad. Está el "sobrepaso", el pie que llega es el que sale, en el cual la pierna que da el paso se flexiona al apoyar el pie. Conforme se balancee el cuerpo, le da características de paso hamacado.

El "arrastrado" es un paso de danza por cada dos de música, con marcado de vals exagerando el avance, y el "cruzado" se logra cruzando los pies en forma alternada. Y no falta el zapateo; sus formas más comunes son el "parará", que se realiza con ambos pies en posición de repique; el taconeo, que lleva a cabo con un solo pie o talón y llamado generalmente "chicada" o "chicadita", con la dama suelta o tomada.

Además, los más experimentados incorporan el "iribú chicá chica", o "chicada de cuervo" cuando el varón se desliza hacia el costado, y puede seguirlo con la "cepillada" o "escobillada" en la que el bailador ejecuta todas las figuras posibles "escobillando" el suelo a los pies de la dama.

Sin embargo, la coreografía es libre; no hay un patrón estricto de movimientos ni de pasos, y solo se parte de unas pocas figuras elementales. A partir de estas solo hay que dejarse llevar por la melodía y el ritmo, y que los cuerpos dibujen con movimientos cuanto la mente inspirada les dicta.

Existe una variedad en la manifestación de este género: se habla del Chamamé Orillero en el cual se notan influencias del tango, y está el Ganci o Cangüí, que es triste, modalidad caracterizada por su tónica cadenciosa y sentimental. A este también se le denomina Chamamé canción.

Igualmente está la versión "Maceta", de pulso y ritmo vivos, habitual en los grupos que tocan en festivales, bailes y centros nocturnos, conocidos en Argentina como "boliches". También está el Chamamé Caté, de ritmo elegante, de ahí su calificativo de "caté", de categoría, que se interpreta en lengua guaraní. Y no falta una modalidad alegre y de contenido humorístico, denominado Chamamé Rory.

Al igual que existen varias versiones sobre el origen exacto de este género, también hay diversas opiniones sobre el origen y definición del término Chamamé. Para el historiador Manuel Florencio Mantilla, la formación de esa palabra proviene de la combinación "che amoa memé", que significa en guaraní "doy sombra a menudo o constantemente".

Otra hipótesis explica que ese vocablo es el resultado de la contracción de la frase guaraní "che ama me, en la cual "che" significa mi alma; "ama", lluvia, y "me" el verbo estar. Entonces, sería "estoy en la lluvia con mi alma, con el alma mía".

Pero existen una veintena de versiones más que giran en torno a orígenes diversos, aunque casi todas relacionadas con la cultura guaraní.

Numerosos son los grupos e intérpretes de esta manifestación argentina, pero entre los más nombrados están Chango Rodríguez, Hernán Rondán Grasso, Oscar Esperanza Palavecino, Soledad Pastorutti, Nadia Jerbes, y los grupos Amanecer Campero, Lautaro, Azahares y Montenegro.

Eusebio Ciriaco es otro de los compositores chamameros más reconocidos, quien a su pueblo natal Piedras Blancas le cantó su amor, con música de Martín Dolores:

"A Piedras Blancas"

El día que me alejé

con el pecho dolorido,

que no te echaría al olvido

casi llorando juré.

Piedras Blancas volveré

te decía entristecido

y alegre de haber cumplido

con la misión prometida

te canto mi despedida

en tiempo de chamamé.

Otras tradiciones

Una parte considerable del pueblo argentino cultiva y mantiene viva sus tradiciones musicales y bailables a manera de expresión popular, como comprobó este reportero en Mendoza, donde una noche de domingo el sonido de varias melodías, todas acompasadas y agradables al oído, lo atrajo hasta la plaza Néstor Lencinas.

Allí parejas de diferentes edades, vecinos de la comunidad y amigos se reunían espontáneamente como esparcimiento y con el único objetivo de bailar diversos temas folclóricos. Sana manera de pasar el tiempo.

No mediaban bebidas, ni comidas ni ruidosos jolgorios, solo la música que brotaba de unos parlantes traídos para la ocasión y el deseo y gusto de bailar; no cesaban, eran piezas tras piezas, solo que algunos cambiaban de pareja.

Es una costumbre que se repite cada domingo o sábado en una plaza diferente de Mendoza o su entorno, explicó a Prensa Latina María Raquel Navarro, una vecina, quien disfrutaba el momento.

Cuando no están en "Néstor Lencinas", se reúnen en la plaza del Castillo, en el área fundacional de la ciudad mendocina, o en la del Barrio UNIMEV... Y así cada fin de semana, en un sitio diferente, muestran el apego a sus ritmos y tradiciones.

El chamamé y el tango son tan solo dos manifestaciones del rico y diverso folclor argentino en el que abundan danzas, ritmos y tonadas surgidas de la imaginativa creación y la influencia de los variados pueblos que conformaron la nación de este austral país. Suman casi 30, y entre las manifestaciones más reconocidas están la milonga, el candombe, la chacarera, el carnavalito, el malambo, el loncomeo, el pericón, la zamba, la cueca y el gato.

Milonga

Musicalmente, la milonga emana de la exquisita mezcla de la habanera y del tango, aunque tiene un ritmo mucho más rápido que éste y sus letras suelen ser picarescas. La campera es ligera, aunque no tanto como la urbana. Se interpreta con guitarra y no tiene coreografía específica, esta la aporta cada cual con su inspiración.

El notable escritor Jorge Luis Borges, según dicen los estudiosos del tema, la prefería por la ausencia de melancolía, rasgo tan característico del tango y compuso incluso su "Milonga para Francisco Chiclana".

Los especialistas señalan que el vocablo puede referir el sitio donde se baila indistintamente tango y milonga. Hombres y mujeres se sientan a mesas colocadas alrededor de la pista y la invitación a bailar -esto sí- obedece a una regla estricta: el hombre desde cierta distancia "cabecea" a la mujer, es decir, le hace una señal inclinando la cabeza, y ella acepta o rechaza el convite, en este caso, también con la cabeza.

Las mujeres "milongueras" han sido objeto de dedicatoria de varios tangos, cuyas letras suelen aludir a un pasado humilde y a un presente en el cual la frecuencia a las milongas de lujo les permite relacionarse con hombres adinerados -los "bacanes"- vínculo que para algunos sugiere un modo de prostitución, aunque no es necesariamente así.

Candombe

El vocablo candombe aparece por primera vez en una crónica del escritor Isidoro de María (1808-1829). Su génesis se remonta a finales del siglo XVIII en Uruguay y en Argentina, con su característico tamboril y sus personajes prototípicos.

Esta manifestación folclórica fue originalmente concebida como pantomima de la coronación de los "reyes congos", costumbre que trajeron los hijos arrancados de sus tierras africanas para explotarlos como esclavos en estas latitudes. Se imitaba la vestimenta, ciertas figuras coreográficas y las costumbres de los reyes blancos, expresión en la cual se fundieron elementos de la religión bantú y la católica.

En una etapa inicial se enriqueció con figuras de contradanza, cuadrilla y otros elementos coreográficos asimilados hábilmente de la cultura blanca. Los barrios porteños de San Telmo, Monserrat, La Concepción y Santa Lucía congregaban multitudes al compás de su ritmo.

Fue decreciendo paralelamente con la extinción de la comunidad negra, diezmada por las guerras y epidemias, y con el caudal inmigratorio que desplazó a los morenos del servicio doméstico, de los oficios artesanales y también de los puestos callejeros. En la actualidad, se le evoca como un elemento más del rico folclor de estas tierras.

Chacarera, carnavalito, malambo, loncomeo

La chacarera es una danza alegre y pícara; muchos en el interior argentino gustan de bailarla. Los estudiosos no se ponen de acuerdo sobre la exactitud de origen, aunque le adjudican como cuna de nacimiento la mediterránea provincia de Santiago del Estero, desde donde se difundió a lo largo del país. Es de ritmo vivo, alegre, apicarado por su galante juego pantomímico. Se baila en parejas sueltas y el zapateo es constante.

El carnavalito, una manifestación que pertenece al grupo de las grandes danzas colectivas, es jovial, se ejecuta con alegría a modo de juego inocente y familiar. Dicen los historiadores que ya se bailaba en América, la Abya Yala para sus pueblos originarios, desde antes del descubrimiento.

El "carnavalito" perdura y hoy sigue practicándose en el noroeste argentino, especialmente en el centro y norte de las provincias de Salta y Jujuy. Los bailarines suelen moverse en torno a los músicos o en hilera. Una mujer o un hombre con un pañuelo, aunque a veces emplean un banderín con cintas, en la mano se encarga de dirigir a los demás.

Los danzantes forman filas del brazo o de la mano, también lo hacen los niños y hasta los lactantes sujetos a la espalda de las madres. Todos cantan la misma copla o entrecruzan improvisaciones. Las figuras son sencillas: apenas la rueda, la doble rueda, la hilera de itinerario libre y algunas pocas más. Es común el trote, que consiste en una larga fila formada por los bailarines de a dos, tomándose del brazo.

El malambo es una danza de hombres, del gaucho pampero, que se acompaña con guitarra, y nació en las soledades de la Pampa, según se estima en el siglo XVII. Entre los bailes folclóricos argentinos, resulta una excepción el que carezca de letra.

El bailarín se luce en el zapateo, la cepillada (roce de la planta del pie contra el piso), el repique (golpe con el taco y la espuela) o los floreos. Deben ser ágiles pues sus pies apenas tocan el suelo. Las evoluciones del bailarín, cruzando las piernas, zapateando enérgicamente o haciendo dibujos con boleadoras y lazos son impresionantes, describen los conocedores del género.

Dentro de los bailes tradicionales, el malambo equivale a la "payada de contrapunto" en el canto: un verdadero torneo de habilidad gauchesca. En dichas competencias no hay límite de competidores, de a uno van exponiendo sus "mudanzas" y gana quien mejor realiza la mayor variedad de figuras. Es una constante competencia, la cual termina cuando al final uno de los dos que quedan no puede ejecutar las evoluciones del bailador rival.

Actualmente el malambo reconoce dos estilos: el sureño de la provincia de Buenos Aires y la región pampeana, y el norteño. En el primero, las figuras son suaves, el bailarín muestra ingenio y habilidad, dejando a un lado la rudeza. El segundo, en cambio, se caracteriza por un compendio de destreza, brío y agilidad.

En la danza del loncomeo, también se establece una suerte de competencia. Su realización es frecuente como parte de ceremonias rituales de índole religiosa, en la que los bailadores ejecutan una especie de desafío a la resistencia física, resultando vencedor quien permanece más tiempo en pie.

Es una danza grupal de origen mapuche, propia del suroeste argentino, que se baila principalmente con movimientos de cabeza. Su nombre resulta de la composición de dos voces: "lonco", que significa cabeza, y "meu", que quiere decir bajar.

La expresión musical que la acompaña lleva el mismo nombre y se ejecuta con cajas y cuernos. La danza consiste en correr, saltar, agacharse, erguirse con movimientos pantomímicos de la fauna regional, mientras se mueve fuertemente la cabeza.

* Corresponsal de Prensa Latina en Argentina.

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