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Área: Sociedad >> Salud
Actualizado el 2014-01-11 a horas: 13:40:40

Estrés, crisis de pánico y trastorno del sueño

Consulta médica: Trastornos de ansiedad

José A. de la Osa *

La ansiedad es la más común y universal de las emociones básicas del ser humano y se encuentra presente a lo largo de toda la vida. Por tanto, guarda algunas similitudes con otras reacciones emocionales, tales como la alegría, la ira, la tristeza, el miedo. Ansiedad proviene del latín anxietas, congoja o aflicción, y consiste en un estado de malestar caracterizado por sensación de inquietud e intranquilidad, inseguridad, desasosiego.

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Muchas veces ansiedad y estrés se usan como sinónimos. En ambos casos se produce una reacción caracterizada por alta activación fisiológica. El estrés es un proceso más amplio de adaptación al medio. La ansiedad es una reacción emocional de alerta ante una amenaza o peligro. Digamos que dentro de los procesos de cambio que implica el estrés, la ansiedad es la reacción emocional más frecuente.

La ansiedad elevada genera estrés. A su vez, el estrés es una de las fuentes más comunes de ansiedad. Así introduce el tema sobre trastornos de la ansiedad la doctora Míriam de la Osa O’Reilly, jefa del Servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico-Quirúrgico Hermanos Ameijeiras.

P. ¿La ansiedad tiene alguna función relacionada con nuestra supervivencia?

R. Podemos definir las respuestas de ansiedad como reacciones defensivas e instantáneas ante el peligro. Estas respuestas, ante situaciones que comprometen la seguridad del sujeto, son adaptativas para la especie humana. Significa esto que ejerce una función protectora de los seres humanos.

P. ¿Cuáles son las situaciones cotidianas que normalmente provocan ansiedad?

R. La lista sería interminable, porque la ansiedad y el estrés parecen envolver a la sociedad actual en todas nuestras actividades diarias. Te cito: el cambiar de empleo, dificultades en la pareja, enfermedades, enfrentarnos a un examen, muerte de un familiar o un amigo.

P. Luego presenta aspectos positivos y negativos.

R. Cuando no es excesiva presenta aspectos positivos ya que estimula el aprendizaje y el desempeño de las labores. Sin embargo, cuando rebasa cierto margen, lleva a una evidente manifestación de aprensión y temor, además de síntomas somáticos de hiperestimulación simpática.

P. ¿Qué causas originan los trastornos en esta esfera?

R. Hay factores genéticos que pueden estar implicados en los trastornos de ansiedad y, también, biológicos y psicológicos. Se han mencionado incluso algunos rasgos de personalidad que pueden estar presentes en personas con predisposición a la ansiedad. Entre otros muchos, las tendencias excesivas a la dependencia, pensamientos rígidos, elevadas autoexigencias.

P. ¿Son frecuentes estas alteraciones?

R. Datos de la Organización Mundial de la Salud estiman en aproximadamente 450 millones el número de personas aquejadas por este tipo de trastorno mental, y para el año 2020 sitúan la ansiedad y la depresión entre las causas más frecuentes de discapacidad en el mundo.

P. ¿Qué síntomas y signos principales podrían alertar de que estamos traspasando los límites normales de la ansiedad?

R. Cuando la respuesta ansiosa deja de ser adaptativa y resulta desproporcionada hay una explosión neurovegetativa en todos los aparatos y sistemas.

P. ¿A qué médico acudir?

R. Al médico de familia y también a los Centros de Salud Mental del municipio donde se desempeña un equipo de Salud Mental que evalúa a los pacientes de forma integral.

P. ¿Qué procederes se emplean para establecer el diagnóstico de certeza?

R. Los trastornos mentales se identifican y diagnostican mediante el método clínico: una buena entrevista médica y la aplicación de instrumentos de evaluación psicológica utilizados internacionalmente para definir los síntomas de ansiedad, enumerar y categorizar las diferentes manifestaciones, tanto somáticas como psíquicas que pueda experimentar una persona que padece ansiedad.

P. ¿En qué consisten los tratamientos?

R. En los Centros Comunitarios de Salud Mental se utilizan diferentes recursos psicológicos, psicoterapéuticos, farmacológicos, técnicas de Medicina Natural y Tradicional, y, sobre todo, elementos psicoeducativos a fin de mejorar los estilos de vida.

P. ¿Existe prevención para los trastornos de ansiedad?

R. Una de las formas de prevenirlos es trabajando en estilos de vida saludables, poniendo en práctica algunas recomendaciones: cuando termina la jornada laboral dejar el trabajo en la oficina; realizar algún deporte o hacer ejercicios de manera regular y moderada. Organizar nuestras actividades y el tiempo; establecer horarios para evitar olvidos y poder descansar. Entender que la ansiedad y el miedo son emociones naturales y no preocuparnos más porque estemos activados o nerviosos. La felicidad en nuestras vidas depende mucho de la calidad de nuestros pensamientos.

El estrés

El estrés no es en sí mismo un síntoma ni una enfermedad. Es un proceso de interacción entre el individuo y su entorno (social, familiar, laboral, escolar), cuando alguien evalúa determinadas situaciones personalmente significativas como desbordantes de sus recursos. Así lo afirma el doctor Jorge A. Grau Ábalo, especialista en Psicología de la Salud, Investigador Titular del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología y Jefe del Grupo Nacional de Psicología del Ministerio de Salud Pública de Cuba.

Y precisa: El estrés es un proceso normal, parte de la vida misma y no siempre es dañino. En muchas ocasiones ayuda a movilizarnos para obtener las metas que deseamos, manifestándose como fenómenos positivos (implicación, optimismo, desafío) enriquecedores de nuestra vida espiritual y promotores de bienestar. Sin embargo, el estrés perjudicial, que se manifiesta con emociones negativas (miedo, depresión, ansiedad, hostilidad), puede obstaculizar nuestro funcionamiento personal, familiar, laboral y también social.

P. ¿Es uno o son varios los tipos y grados de estrés?

R. Suele hablarse de estrés positivo (eutrés), que es el que debemos fomentar en la educación y está presente en diferentes orientaciones personales protectoras de la salud, y de estrés negativo (distrés), que aumenta la probabilidad de enfermar, y que debemos aprender a prevenir y controlar.

P. ¿Cuáles son las causas fundamentales que suelen vincularse con la presencia del estrés?

R. No hay una causa única ni universalmente reconocida que se vincule con la producción de estrés, aunque se reconoce el valor perjudicial de ciertos factores. Por ejemplo, cuando el apoyo social disminuye, cuando se producen pérdidas en la persona y la familia, cuando la expresión emocional es inadecuada (pasiva o agresiva), cuando se asocia a estilos de vida perjudiciales.

P. ¿Y en cuanto a los factores desencadenantes?

R. Las situaciones desencadenantes (eventos vitales estresores) no son en sí mismas positivas o negativas, se relacionan con las distintas esferas de la vida humana y con la forma particular de valorarlas y afrontarlas.

P. ¿Aqueja de la misma manera a todas las personas y a cualquier edad?

R. Afecta a todas las personas en cualquier edad, pero no de la misma manera, dependiendo de la etapa de la vida, de la experiencia y la madurez, del desarrollo de la autovaloración, de cualidades personales individuales.

P. ¿Son variados sus síntomas y signos principales?

R. Son muy diversos los signos de activación fisiológica (en especial a nivel del sistema nervioso, endocrino e inmune), las manifestaciones psicológicas (en procesos cognitivos como atención y memoria, vivencias propias de las emociones, problemas personales y de conducta como disminución de interés y entusiasmo por las tareas), cambios en los ritmos de sueño y descanso, dificultades en las relaciones interpersonales.

P. ¿En qué momento solicitar atención especializada?

R. Cuando las manifestaciones apuntadas interfieran el funcionamiento personal y las principales actividades a realizar.

P. ¿Cómo se establece el diagnóstico?

R. Identificar que una persona tiene estrés y caracterizarlo puede resultar más complejo de lo que se cree. Hay que considerar todos los componentes que se asocian y esto puede requerir un diagnóstico psicológico con diversos instrumentos. No existe una medida única de estrés, no hay un “termómetro” para el estrés.

P. ¿Hay tratamientos efectivos?

R. Existen medidas para la prevención y control de las repercusiones negativas del estrés. Por lo general, se recomienda practicar regularmente ejercicios de relajación, dar prioridad a las tareas y hacer pausas de descanso. Pueden ser necesarias medidas adicionales, con técnicas más especializadas.

P. ¿Puede convertirse en crónico?

R. Sí. Este es el estrés más perjudicial, porque generalmente se vincula a la producción de determinadas hormonas que inciden en el funcionamiento inmunológico. Las afectaciones pueden producirse no solo a nivel corporal, del organismo, sino en las relaciones sociales y en la práctica de actividades de disfrute de la vida, y, además, en el rendimiento mental, escolar y laboral.

P. ¿Es posible hablar de prevención en el tema que nos ocupa?

R. No hay recetas universales, cada uno deberá experimentar la eficacia de unas u otras estrategias, requiriendo algunas veces orientación psicológica para ello. El estrés no se produce solamente por el trabajo y las tareas por hacer. Recordemos que la vida no se mide tanto por los descansos que tomamos, como por los momentos que roban el aliento...

Crisis de pánico

Las crisis, ataques de pánico o ansiedad paroxística, como se les denomina indistintamente, son cuadros caracterizados por la aparición brusca de una ansiedad intensa, de corta duración, que surge de forma inesperada y sin relación con situaciones específicas desencadenantes. Así lo refiere la jefa del Departamento Docente del Hospital “Doctor Salvador Allende”, radicado en La Habana, la doctora Annia Duany Navarro.

Después el propio temor de la persona a que en circunstancias similares reaparezcan los síntomas actúa en ocasiones como detonante, dice la doctora Duany Navarro, especialista de primer grado en Medicina General Integral, de primero y segundo grados en Psiquiatría y Profesora Auxiliar. También miembro del Grupo Nacional de esa disciplina.

P. ¿Esas crisis son una enfermedad en sí mismas o un síntoma de alguna dolencia?

R. Pueden ser ambas cosas, pues cuando se repiten más de una al mes se denominan trastornos de pánico y se consideran una enfermedad. Sus manifestaciones durante otros desarreglos mentales, como ocurre en algunas fobias (agorafobia o miedo a los lugares abiertos, a las multitudes, grandes establecimientos o medios de transporte), y en el trastorno de ansiedad generalizado, se consideran como un síntoma más de estas entidades.

P. ¿Conoce la ciencia las causas que desencadenan estas crisis o, al menos, qué hipótesis se plantean?

R. La causa exacta, como en la mayoría de los trastornos mentales, no se conoce. Sin embargo, se invocan teorías como “desórdenes bioquímicos a nivel cerebral”, otras enfatizan en el efecto del estrés mantenido, en la personalidad, y, asimismo, la predisposición hereditaria.

P. ¿A qué edades como promedio comienzan sus manifestaciones? ¿Aquejan por igual a personas del sexo masculino y femenino?

R. No hay edades específicas para su aparición, aunque son raras en la niñez y adolescencia, y más frecuentes en la adultez. Con relación al sexo se plantea que es más común en mujeres.

P. ¿Estas crisis suelen aparecer de repente e indistintamente cuando la persona está despierta o durmiendo?... ¿Cuál es su frecuencia y cuánto duran como promedio?

R. Las crisis ocurren cuando la persona está despierta. En cuanto a la frecuencia deben ocurrir más de una al mes. Se clasifican de graves cuando se reportan cuatro o más ataques semanales o al menos dos por semana. La duración es corta, desde segundos a no más de 10 minutos. Son muy intensas, de ahí el temor que producen en quien las padece y la sensación de una durabilidad mucho mayor.

P. ¿Se pueden predecir?

R. No cuando constituyen una enfermedad, pero sí cuando acompañan a otros trastornos, como las fobias.

P. ¿Cuáles son los síntomas principales?

R. El cortejo sintomático es variado, constituido por inicio brusco, sensación de pérdida de control, miedo a enloquecer, a morir de pronto, deseo de escapar, huir, palpitaciones, taquicardia, temblores, dificultad para respirar (sensación de ahogo), dolores o malestares inespecíficos, opresión en el pecho, temores hipocondríacos. Pueden ser tan intensos que desorganizan la conducta de la persona, y generan depresión y aislamiento social.

P. ¿Es posible confundirlos con los de un ataque cardíaco?

R. Para un personal profesional no, pero sí para otras personas. Por ello es una causa frecuente de solicitud de evaluación por Cardiología o Medicina Interna.

P. ¿Cómo auxiliar a estos pacientes durante la crisis?

R. Dándoles apoyo, comprensión y tranquilidad. Pero cuando con estas alternativas no desaparezcan o disminuyan los síntomas, deben ser valorados por un facultativo que determinará la conducta a seguir.

P. ¿En qué momento solicitar ayuda profesional?

R. Atendiendo a la frecuencia de las crisis y luego de analizar que no se relacionan con eventos específicos que las desaten.

P. ¿Qué procederes se emplean para establecer el diagnóstico de certeza?

R. No hay procederes para ello. La mayor parte de las veces una buena historia clínica, es decir, correcta anamnesis (interrogatorio) y apropiado examen, acompañados o no de pruebas psicológicas, ayudarían para arribar a este diagnóstico.

P. ¿Las crisis de pánico tienen tratamiento específico?

R. Sí, y van desde el uso de la psicoterapia en sus diversas variantes, el de la Medicina Natural y Tradicional, hasta el empleo de psicofármacos.

P. ¿Son curables estos pacientes o transitan hacia la cronicidad?

R. Los síntomas se controlan con el tratamiento, y pueden pasar grandes periodos de tiempo asintomáticos.

P. ¿Tendría algún comentario sobre la prevención de estas crisis?

R. La prevención siempre es posible y en este caso estaría dirigida a fomentar estilos de vida saludables que incluyen una dieta adecuada, manejar correctamente las situaciones estresantes y disfrutar de periodos de recreación.

Trastorno del sueño

De forma no conocida aún por la ciencia, el sueño restablece tanto los niveles normales de actividad como el equilibrio entre las diferentes partes del sistema nervioso central, afirma la doctora Elizabeth González Naranjo, jefa del Servicio de Neurofisiología Clínica del Hospital Universitario General Calixto García, ubicado en La Habana.

El acto de dormir con una finalidad restauradora, precisa, es fundamental para el organismo, y es también esencial para la conservación de la energía, y, en general, para que podamos ser capaces de tener un grado satisfactorio de vigilancia y atención durante el día. De modo que la falta o una calidad pobre del acto mismo de dormir, dice resumidamente la especialista en Neurofisiología Clínica y Máster en Neurociencias, puede traer consecuencias para los seres humanos, y cita entre ellas la depresión, falta de concentración, somnolencia diurna, cansancio, accidentes de tránsito y laborales, irritabilidad, mala memoria, desorientación.

P. ¿Cada persona, tiene sus peculiaridades en cuanto al tiempo necesario de sueño y su distribución en 24 horas?

R. Las necesidades de sueño varían, y en los adultos sanos van desde tan sólo cuatro horas hasta nueve horas diarias. Por lo regular hay grandes diferencias individuales en la duración y profundidad del sueño, al parecer a causa de factores genéticos, grado de actividad física, aspectos psicológicos.

P. ¿Cuáles son los requerimientos de las horas de sueño según la edad?

R. En los seres humanos el sueño diario declina rápidamente desde un máximo de 17 a 18 horas al nacer, a 10-12 horas a los cuatro años de edad, y después de forma más gradual a una duración bastante estable de siete a ocho horas a los 20 años. En los mayores de 50 ocurre una disminución gradual de las horas de sueño.

P. ¿Es posible recuperar el sueño “perdido”?

R. Todo lo que no durmamos en una noche, se pierde. Muchas personas consideran el tiempo dormido como si fuera tiempo perdido, pero nada más lejos de la realidad. Sin dormir las horas diarias requeridas el cuerpo se vuelve vulnerable a las enfermedades.

P. Cuando hablamos de desórdenes en esta esfera, ¿nos estamos refiriendo solo al insomnio?

R. Los trastornos del sueño son alteraciones en el acto de dormir o durante el sueño, o bien relativas a su duración, o a comportamientos anormales asociados. Los elementos más frecuentes que describen estos trastornos son el insomnio y la somnolencia diurna excesiva. El insomnio –es decir la dificultad para conciliar el sueño y permanecer dormido, o la sensación de que el sueño no tiene un carácter reparador– constituye la molestia más frecuente de todos los problemas relacionados con el sueño y la vigilia.

P. ¿El insomnio es una enfermedad?

R. No, es un síntoma que puede ser consecuencia de diversos trastornos emocionales y físicos y del uso de medicamentos. Incluso hay personas que tienen dificultad para conciliar el sueño simplemente porque no experimentan cansancio, ni físico ni mental. Los insomnios transitorios o a corto plazo, que duran días o semanas, se deben a trastornos del horario de sueño, a un ambiente no propicio para dormir o a una experiencia vital estresante. Cuando el insomnio persiste durante meses, es secundario a diversos trastornos médicos y psiquiátricos.

P. ¿Cuáles son las causas principales de estas alteraciones?

R. Algunas personas necesitan menos sueño que otras y por ello el diagnóstico de insomnio se basará en las necesidades individuales. Los médicos pueden clasificar el insomnio como primario, una alteración del sueño de larga duración que aparentemente no está asociada a factores de estrés ni a vivencias; o como secundario, causada por dolor, ansiedad, fármacos, depresión o un estrés desmesurado.

P. ¿Tiene tratamiento específico?

R. El tratamiento del insomnio se sustenta en su causa y en el nivel de gravedad. En general se acepta que cuando el insomnio ha durado menos de tres semanas no se debe hacer ninguna intervención, salvo las medidas de higiene del sueño (no tomar café de 4 a 6 horas antes de dormir, por ejemplo); sin embargo, en algunos casos específicos es de gran ayuda el uso supervisado de medicamentos por tiempo corto. Si la causa del insomnio se debe al estrés emocional, resultará más útil un tratamiento para aliviar el estrés en lugar de tomar fármacos para dormir. Cuando el insomnio se manifiesta con depresión se debe acudir al médico.

P. Recabo de usted un comentario sobre la automedicación.

R. No es recomendable. Al tomar medicamentos sin prescripción médica se corren riesgos como las reacciones de dependencia o que, al suspenderlo, se produzca un aumento del insomnio, y reacciones por interacción con otros fármacos.

P. Finalmente, una curiosidad: ¿Contar ovejas podría ayudar a conciliar el sueño?

R. Es un antiguo remedio para curar el insomnio, aunque estudios recientes afirman que es preferible visualizar cualquier cosa que nos resulte relajante y agradable: una playa desierta, el cielo, un bosque, un campo en primavera.

* Colaborador de Prensa Latina.

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