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Área: Cultura >> Turismo
Actualizado el 2013-12-27 a horas: 02:29:35

Miles se movilizan en Turquía para salvar el parque Gezi

Estambul, la ciudad de las mezquitas

Yasiel Cancio Vilar y Luisa María González *

Estambul, Ankara y La Habana (PL).- Pese a la progresiva occidentalización de Estambul, el culto al Islam es una condición sine qua non para la vida de la gran mayoría de los habitantes en esa gran urbe turca, en la cual existen más de tres mil mezquitas. A fines de mayo de este año miles de turcos se movilizaron en numerosas ciudades del país en defensa del parque Gezi, donde el gobierno pretende construir un centro comercial.

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De acuerdo con los creyentes musulmanes, las mezquitas se erigen para ampliar el dominio geográfico y la influencia del Islam, y además como forma de lucha contra el ateísmo y la incredulidad. En Estambul existen 3.113 mezquitas, según datos de marzo último. Las más famosas y espléndidas pudieran ser la Azul, construida por el Sultán Ahmed I, entre 1609 y 1616; la Santa Sofía, de arquitectura bizantina de más de 1.500 años; la Cisterna Basílica (Palacio Sumergido), una de las preferidas por los turistas; o la de Suleiman el Magnífico, considerada por muchos como la obra cumbre del arte islámico.

Al recorrer esta ciudad, conocida antiguamente como Constantinopla, salta a la vista la presencia muchas mezquitas de barrio, incluso los nativos aseguran que “en cada calle existe una”. Con potentes altavoces situados en lo alto de sus alminares o minaretes (torres altas y esbeltas adheridas a las mezquitas), el almuédano llama a la oración cinco veces al día, con una declaración pública que profesa la fe islámica y su contenido, y de paso sugiere a los no musulmanes convertirse a esa religión milenaria, monoteísta, y adoradora, exclusivamente, de Alá.

Las frases de las plegarias varían en dependencia de la tradición sunní o chií, aunque coinciden en muchos pasajes como “Dios es más grande, Dios es más grande”, “Doy fe de que Mahoma es el mensajero de Dios”, “Acudid a la oración”, “Acudid a la salvación”, “No hay más dios que Dios”, entre otros. Con esos cánticos, monótonos, reproducidos cual lamentos, se despierta todos los días Estambul sobre las 04:30 hora local, y así comienzan sus días.

Turquía, nación transcontinental que une Asia con Europa a través del Bósforo, es regida casi totalmente por la religión islámica. En toda su geografía se calcula la existencia de más de 80 mil mezquitas, e incluso se prevé un incremento de esa cifra en los próximos años.

Protestas en Turquía, algo más que salvar el parque Gezi

Mientras Europa se convierte últimamente en cita habitual de protestas contra recortes del sector público, desempleo, crisis inmobiliaria y otras cuestiones similares, Turquía aportó la nota distintiva con un movimiento social de otro tipo. La preservación de parque Gezi, considerado entre las pocas zonas verdes de la ciudad de Estambul, fue la causa que movilizó desde fines de mayo a miles de turcos en numerosas ciudades de todo el país.

El 31 de mayo la policía desalojó a quienes se oponían a la remodelación del parque Gezi en la plaza Taksim para convertirla en un centro comercial. Al cumplirse el séptimo día consecutivo de protestas, el Ejecutivo ofreció su primer balance: 746 protestas en 78 de las 81 provincias, 117 detenidos y 1.431 heridos, cifra muy por debajo de la que daban las asociaciones médicas. El Colegio de Médicos de Turquía estimó que más de cuatro mil manifestantes resultaron heridos.

Cerca de 300 niños fueron detenidos y uno resultó herido de bala durante las protestas antigubernamentales en Turquía, reportó el 27 de junio la organización no gubernamental (ONG) Gundem Ãocuk (Niños en la Agenda). El número de pequeños detenidos fue 294: 78 en Ankara, 35 en Estambul, 130 en Adana, 35 en Izmir, dos en Kayseri y 15 en Mersin, precisó el reporte divulgado en el diario Hurriyet Daily News.

El hecho acaparó la atención internacional por interrogantes muy sencillas: ¿Por qué los turcos se interesan tanto en cuidar un parque? ¿Ciertamente será tan importante ese sitio público aledaño la plaza Taskim? Sucede, en este sentido, que la aparente trivialidad de la causa contrasta con la magnitud de las consecuencias. Además de la multitud avocada a las calles que llegó exigir la dimisión del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, los enfrenamientos con la policía -con gases lacrimógenos y cañones de agua incluidos- arrojaron un saldo de cuatro fallecidos y cerca de cinco mil heridos, según fuentes médicas.

Por esa razón, especialistas de varios países del mundo coinciden que las grandes concentraciones de gente con muy variada tendencia política, e incluso sin militancia definida, tuvieron motivaciones complejas, más allá de la simple protección de un parque, lo cual fue, según afirman, solo la gota que colmó el vaso.

De acuerdo con el experto en Estudios Políticos Juan Carlos Guerrero Bernal, las movilizaciones de muy diversos sectores de la sociedad emergieron a partir de agravios acumulados en los últimos 10 años. El académico señaló que durante su gobierno, Erdogan ha privilegiado una tendencia gubernamental hacia el islamismo, lo cual resulta chocante en un Estado laico acostumbrado al equilibrio religioso y el respeto de los derechos individuales.

Por su parte, el investigador y escritor experto en temas del continente asiático Ian Buruma calificó los acontecimientos de “protesta masiva contra el islam político”, en la cual se pone de manifiesto un conflicto de valores. Apuntó, además, que en la contienda ven representadas dos ideas muy diferentes de la moderna Turquía: la secular y democrática contra la religiosa y la autoritaria. “La religión, por tanto, parece estar en el centro del problema turco. El islam político es considerado por sus adversarios como inherentemente antidemocrático”, valoró.

En tanto, la periodista Aliona Palázhchenko estimó que el catalizador de la explosión fue el carácter nacional de esa sociedad euroasiática: los turcos saben lo que quieren y no aceptan ser presionados.

Los analistas interesados en la cuestión turca señalan varias de las insatisfacciones acumuladas que llevaron a la ciudadanía a intentar tomar las riendas del país. Al respecto, Buruma apuntó el control de la prensa ejercido por el gobierno de Erdogan, cuestión que, de hecho, se puso de manifiesto durante las mismas protestas, cuando los medios dieron una cobertura calificada de muy escasa al conflicto en la nación.

En otro asunto, Gerrero Bernal y Palázhchenko mencionaron que la población permanece incómoda con medidas como la prohibición de ingerir bebidas alcohólicas en la noche, la promoción de los colegios religiosos como “centros de estudios correctos”, o el impedir a las azafatas de Turkish Airlines pintarse los labios de rojo.

Un joven estudiante entrevistado por el diario español El Mundo se pronunció al respecto: “Tayyip nos prohibió el alcohol. Y tan sobrios estamos ahora que hemos cobrado consciencia de la realidad y nos hemos alzado”. Entre tanto, los medios señalan otros posibles blancos futuros de las políticas de Erdogan: vetar que en las calles se fume la pipa de agua, pasatiempo preferido de los ancianos turcos, y hacer lo mismo con el consumo del pan blanco, el favorito de la gente.

Por esas razones, argumentó Palázhchenko, se unen a las protestas amas de casa, jubilados, jóvenes y todos los ciudadanos que defienden el derecho de vivir como desean, y alzan en las calles sus reivindicaciones: No nos molestéis, no os metáis en nuestra vida, advierten. Contó además el caso de un gerente de Turkish Airlines, quien confesó: “Tengo una hija de seis años y mi mujer me dice que es mejor morir que ver como la obligan a ponerse el velo”.

Los manifestantes turcos exigen cosas muy cotidianas y concretas, resumió la periodista, como que los dirigentes del país les dejen vivir su vida, no les impongan la manera de vestir, ni la edad a la cual empezar la escolarización del niño, ni qué bebida tomar, ni qué pan comer... Este panorama actual se agrava a partir del contraste con lo vivido por la sociedad turca décadas atrás, cuando “el fundador de la moderna República turca, Mustafa Kemal Ataturk, encontró el frágil equilibrio entre el Islam y los principios laicos”.

“El creador logró construir una sociedad en la cual durante 90 años se sintieron a gusto tanto musulmanes como partidarios de los valores occidentales. Mujeres con hiyab están cómodas en compañía de las vestidas de minifalda, y un venerable anciano que acude a la oración cinco veces al día juega al ajedrez con un compañero que toma una cerveza”, describió.

Para los analistas, el primer ministro logró mantener ese equilibrio por un tiempo, sin embargo, su inclinación por los valores islámicos lo rompió y, en consecuencia, los postulados laicos empezaron a sufrir presión por parte de la religión.

A pesar del rechazo manifiesto contra un Erdogan calificado de autoritario por una parte de la población turca, tampoco se trata de una figura completamente envuelta en matices oscuros, y mucho menos sentenciada a salir de la arena política. Por el contrario, a su gobierno se le reconocen logros en materia de desarrollo económico; el desenvolvimiento en sectores como la energía, el turismo, la medicina y la construcción; el correcto comportamiento en la arena internacional y el avance en el diálogo para solucionar el conflicto kurdo, señalan especialistas.

Mientras, en el lado de las protestas, a pesar del descontento ningún manifestante es capaz de nombrar una candidatura para el puesto de primer ministro del país, precisa Palázhchenko, y agrega: “los expertos tampoco pueden hacerlo”.

Gobierno turco sigue adelante con plan urbanístico, pese a protestas

El 6 de junio el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan manifestó que el Gobierno seguirá adelante con su plan urbanístico en Estambul, negó la posibilidad de abrir un diálogo y subrayó que no pueden concretar nada con la gente que provoca incendios. Ya he declarado que pido perdón por el uso excesivo de gases lacrimógenos, pero no existe ningún país que no los utilice, expresó.

Mientras el primer ministro hacía esas declaraciones desde el norte de África, en Turquía decenas de miles de personas volvieron a las calles para protestar contra el Gobierno conservador, al que acusan de autoritario y de querer islamizar la sociedad turca.

El 1 de julio al menos 17 personas resultaron heridas en nuevos choques entre manifestantes y la policía en la meridional ciudad turca de Marsin, sede de los XVII Juegos Mediterráneos. Allí unas 500 personas se manifestaron contra la política del gobierno de Recep Tyyip Erdogan, quien prometió someter a referendo el asunto de la urbanización del parque Gezi.

Sin embargo, el 22 de julio un tribunal administrativo de Estambul abrió el camino para la futura demolición del parque Gezi, tras revocar la oposición al proyecto por parte de una corte de menor instancia. La medida permitirá en un determinado plazo la demolición de la zona verde del sitio, prácticamente la única de la ciudad.

En lugar del parque está prevista la construcción de un centro comercial y el levantamiento de la réplica de un antiguo cuartel otomano. Gezi reabrió a inicios de julio, tras permanecer cerrado por varias semanas por las autoridades para evitar las manifestaciones.

* González es periodista de la redacción Europa de Prensa Latina y Cancio Vilar, enviado especial a Estambul.

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