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Área: Cultura >> Turismo
Actualizado el 2013-12-26 a horas: 23:05:31

Soweto después del apartheid, el Serengeti de Tanzania, y un vistazo a la gente y costumbres de Mali

El potencial turístico de Johannesburgo, Angola, Tanzania y Mali

Fausto Triana, Osvaldo Cardosa, Oscar Bravo Fong, Roberto Correa Wilson y Julio Morejón *

Johannesburgo, Luanda, Nairobi y La Habana (PL).- África como región se ubica en la cuarta posición dentro del mercado turístico global, con una tasa de crecimiento de más del 5%, según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (CMVT). Desde un avión, Luanda parece una ciudad coloreada, un matiz amarillento tiñe su geografía como si estuviera ahogada por residuos. Privilegiada por su potencial económico y conocida como tierra de las acacias, la provincia angoleña de Benguela se proyecta como destino turístico promisorio.

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El turismo es la industria más importante de Kenia después de la agricultura, según datos revelados en el Foro de Inversión Hotelera 2013 en África. Ese sector representa el 14% del PIB keniano y el 12% de la capacidad de empleo del país, reveló un informe del CMVT. El Foro elogió recursos naturales kenianos como sus bellas playas y su espectacular vida salvaje, que comprende la posibilidad de observar a los llamados “cinco grandes”: el elefante, el rinoceronte, el león, el búfalo y el leopardo.

Funcionarios del gobierno, por su parte, reconocieron la participación de inversiones chinas en el turismo local, lo cual también se expresa en el incremento de los niveles de ocupación de hoteles de empresarios del país asiático. Compañías chinas participan aquí en sectores como la producción de alimentos, ingeniería, construcción, comunicación, telecomunicaciones, aviación y manufactura de vehículos de motor.

De otra parte, Angola, con un turismo considerado aún en despegue, posee importantes polos de desarrollo en esa rama como Calandula y Okavango, caracterizados por sus notables bellezas naturales. Tanto el proyecto de Calandula, ubicado a unos 85 kilómetros al norte de la ciudad de Malanje, como el de la cuenca de Okavango, en la sureña provincia de Cuando Cubango, son considerados importantes ejes para aumentar ingresos económicos y fuentes de empleo en esta nación.

Angola posee excepcionales condiciones para la práctica del turismo de playa, río, montaña, pesca, cotos de caza y parques naturales, entre otras atracciones. La industria turística angoleña aportará un 3% al PIB en 2020, afirmó el ministro de ese sector Pedro Mutindi, en el ámbito de la Feria Internacional de Luanda. El país desarrolla sus infraestructuras turísticas con el objetivo de alcanzar en 2020 la cifra de 4,6 millones de visitantes, declaró el secretario de Estado de Hotelería y Turismo Paulino Baptista, quien participó en la Feria de Turismo de Lisboa.

Para el incremento del flujo de excursionistas en este país se construyen numerosos hoteles, mejoran vías de comunicación y promueven oportunidades de negocios. También, el Instituto de Fomento Turístico de Angola impulsa acciones de formación y capacitación de personal vinculado a la llamada industria sin humo y fomenta el turismo social. Mutindi manifestó que la expansión hotelera no era un ambicioso proyecto en su cartera y llamó a confiar en la construcción de hoteles de 50 habitaciones para el desarrollo de los municipios.

La autoridad reveló que en el plan maestro de turismo para Angola se estableció como prioridad el interno, el cual deberá movilizar 4,7 millones de vacacionistas, con prioridad para los nacionales. Lo anterior permite que entre las ciudades y los municipios haya un movimiento turístico importante en apoyo al desarrollo económico y social. El objetivo es crear un millón de puestos de trabajo y la formación de habilidades y competencias de los empleados del sector para lograr una mejor calidad de servicio en la hostelería y el turismo en general.

Para la consolidación de las metas fijadas por el sector, el gobierno angoleño aprobó la Estrategia Nacional en 2011, la cual prevé el establecimiento de centros de desarrollo turístico. Esos centros, asociados con la realización del proyecto Okavango Zambeze, son los pilares para la ejecución de proyectos de inversión en diversas regiones del país, con énfasis en las provincias de Luanda, Malanje y Cuando-Cubango.

Luanda, 30 años después

Desde un avión, Luanda parece una ciudad coloreada, un matiz amarillento tiñe su geografía como si estuviera ahogada por residuos, y después, al aterrizar, confirmas que evidentemente es polvo y llegaste a Africa. Sin proponértelo, 30 años más tarde regresas a este continente y fortuitamente al mismo país, donde kilómetros de selvas antecedieron a civilizaciones y los zarpazos de desiertos importunan, y sus céfiros reabren punzantes recuerdos.

Bajo fuego de metralla y solidaridad sin límites, siendo muy joven conocimos parte de Angola, a sus hombres y mujeres de ébano, a sus etnias, culturas, ritos, cantos y olores. “Aunque algunos inmortalizan pasajes de ese período de conflictos y amores entre pueblos, Luanda quiere crecer y rehuye parecerse a la de evocaciones”, declaró a Prensa Latina el ex militar Carlos Capelo, propietario de una tienda de víveres.

Sede de empresas petroleras, de seguros, bancos e inmobiliarias, Luanda figura en el pináculo de la lista de ciudades más caras del mundo, pese a que la mayoría de sus residentes sigue transitando humildemente por calles y caminos que revelan la inexplicable armonía entre riqueza e intentos por acabar con la escasez.

La congestión en el tráfico compite con el hormiguero de vendedores ambulantes que pregonan y se precipitan sin mirar contra ventanillas de autos de alta gama que serpentean por las angostas calles de los barrios, con arquitectura colonial, y avenidas de nuevas localidades. Recorrer un kilómetro en Luanda puede hacerte perder horas por el brutal embotellamiento vial en la tercera ciudad más poblada de habla portuguesa en el mundo, únicamente superada por Sao Paulo y Río de Janeiro.

“Tener un vehículo en esta urbe es un infortunio, nunca llegarás temprano a tu destino, a no ser que viajes en la madrugada”, comentó Capelo, quien explicó que muchos autos y buses tienen incorporados DVD y televisión para la larga espera en las travesías. Por casi no existir el servicio de taxis, si un viaje se realiza en transporte público debe abordarse el llamado candongueiro, minibús pintado de blanco y azul que de forma temeraria recorre la ciudad por 100 kwanzas (un dólar) con unos 15 pasajeros y a veces escuchando a todo volumen los ritmos de la kizomba, la semba y el kuduro.

Este último género musical y baile (del portugués y literalmente significa culata dura) procede de Angola, está influenciado por otras variedades rítmicas como el sungura, el afrobeat y reggae, y su más popular exponente es el grupo Buraka Som Sistema.

En medio de esos contrastes en Luanda y otras provincias, estremece al visitante que muchos niños, algunos bajo indescriptibles condiciones de vida, porten el rostro de Ernesto Che Guevara dibujado en sus camisetas y conozcan acerca de su internacionalismo en Africa. De igual manera se percibe en cualquier lugar el acento y la disciplina social de cooperantes cubanos (más de cuatro mil en todo el país) que contribuyen al proceso de reconstrucción nacional angoleño en sectores que abarcan la Salud, la Educación y la Construcción.

Si algo también despierta curiosidad en esta ciudad, de más de cinco millones de habitantes y situada en la costa del océano Atlántico, es la creciente comunidad y venta de productos chinos por convenios económicos firmados entre ambos países, en particular en el sector constructivo. Risible resulta además cuando angoleños llaman chinés (escritura en portugués) a cualquier extranjero de raza blanca, aunque no tenga los rasgos físicos de los oriundos de Asia.

De memorias y huellas, solo el calor te hace recordar que sigue siendo insoportable y en la noche, junto al casi cotidiano apagón energético, te empuja a recorrer colina abajo la Rua da Missao hasta buscar un refugio en el llamado paseo La Marginal, que bordea la bahía, donde la brisa resulta una fortuna.

Más allá de inconvenientes sociales, económicos y naturales, como la sequía y las enfermedades, que atentan contra el desarrollo de la nueva Luanda, nadie negaría que desde cualquiera de sus alturas se perciba una floresta de enormes grúas en faenas laborales. Todos los luandeses, con el axioma de una cultura de paz para el desarrollo, pretenden hacer crecer a su ciudad fundada el 25 de enero de 1576 por el explorador portugués Paulo Dias de Novais, bajo el nombre de San Pablo de la Asunción de Loanda.

Provincia de Benguela rumbo a puerto seguro

Privilegiada por su potencial económico y conocida como tierra de las acacias, la provincia angoleña de Benguela se proyecta como destino turístico promisorio, con sus más de 200 kilómetros de costa territorial, bañada por el océano Atlántico. Pero más allá de su veta paisajística, sus hoteles, cálido ambiente y ajetreo de pescadores, clasifica como territorio con perspectivas para el desarrollo industrial y agrícola, al disponer de cerca de un millón de hectáreas de tierras cultivables.

Al abordar aspectos evolutivos de esa provincia, 425 kilómetros al sur de Luanda, el Gobernador en ejercicio de la provincia de Benguela, Agostinho Estêvão Felizardo, destacó que además de sus playas, la demarcación atrae a turistas por su historia y calidez de sus pobladores.

En entrevista exclusiva con Prensa Latina, el representante gubernamental refirió que este territorio, otrora uno de los centros de la trata de esclavos, progresa con sus infraestructuras, entre las cual destaca la plataforma marítima. Detalló que el área, en la cual se edifica una refinería de petróleo, posee múltiples instalaciones en torno al llamado Corredor de Lobito.

Integran la lista infraestructural que posibilita la interconexión en la esfera del transporte el Puerto de Lobito, el cual se amplía y moderniza; el Ferrocarril de Benguela, y el Aeropuerto Internacional de Catumbela, aún en construcción. Sobre el llamado Camino de Hierro de Benguela, el cual interconectará a este estado con otros países de África Austral, subrayó que constituye un puntal decisivo para el desarrollo económico y social regional.

El ferrocarril de Benguela, puente regional integracionista entre países como Angola, República Democrática del Congo, Zambia y Zimbabwe, es considerado obra trascendental para el enlace de puertos de la zona a través de territorios que descuellan por su potencial minero y recursos naturales. Tanto el ferrocarril como el Puerto de Lobito permitirán el trasiego de grandes volúmenes de recursos agrícolas y minerales, mercancías y otros bienes industriales, amplió Felizardo.

Hoy el Puerto de Lobito, el segundo mayor de Angola tras el de Luanda, no sólo expande sus infraestructuras para atender las necesidades nacionales directas, sino que se adapta también a los requerimientos internacionales, junto al ferrocarril, enfatizó. En medio del ajetreo de grúas y constructores, Prensa Latina constató en un recorrido por tierras benguelenses que, junto a esas unidades, se construye actualmente un parque de contenedores para el depósito de mercancías y la recepción de minerales.

Avanzan también las obras del Polo Industrial de Catumbela, que en un perímetro de cerca de dos mil hectáreas ya cuenta con varias unidades industriales. Tras comentar que el gobierno de la provincia promueve la inversión extranjera, Felizardo señaló que la demarcación posee una economía diversificada, la cual incluye el mayor centro de captura y producción pesquera de este país africano.

Según estadísticas gubernamentales, las capturas de pescado pasaron de las 50 mil toneladas en 2009 a 60 mil en el siguiente año. Además de contar con la mayor industria productora de sal de Angola, desde el punto de vista agrícola “este territorio cultiva de tubérculos y frutas a hortalizas y cereales, y cría animales comestibles diversos”, abundó.

Significó, asimismo, que la región atesora cuantiosos recursos minerales y materias primas para la construcción, aún insuficientemente explotados. Aparejado a las inversiones en sectores productivos y la creación de nuevos empleos, el gobierno promueve el combate contra el hambre y la pobreza en los municipios y comunas, mediante el impulso de programas de desarrollo.

Entre ellos figuran proyectos en áreas como salud, agua, construcción de escuelas, energía eléctrica, vivienda, ayudas crediticias y entrega de implementos agrícolas a trabajadores del campo, apuntó. A una pregunta de Prensa Latina sobre lo que significa la cooperación cubana en Benguela, Felizardo calificó como relevante esa colaboración, sobre todo en los ramos de salud y educación, la cual se extendió a los 10 municipios de la provincia.

La población benguelense siente los beneficios de la atención sanitaria, ya que cuando concluyó la guerra en Angola en 2002, en este territorio era casi nula la presencia de médicos, sin embargo actualmente contamos con unos 110, resaltó. Con su quehacer, los cooperantes cubanos benefician a la población, y a la vez su presencia constituye un gesto de hermandad en la común historia de lucha, en que los hijos del país caribeño y angoleños vertieron la sangre juntos en las mismas trincheras, reconoció.

El cooperante cubano, además de demostrar que está capacitado, cumple con amor sus tareas y se adapta a condiciones de vida difíciles, consideró Felizardo. Cuna del fallecido luchador y exdirigente político, Paulo Teixeira Jorge (1934-2010), Benguela, con unos dos millones de habitantes, prioriza el bienestar de sus gentes, muchas de ellas originarias de otros sitios, que emigraron como desplazados durante la prolongada y cruenta guerra en Angola (1975-2002).

Soweto, después del apartheid

De un lado, el hotel de lujo lleno de símbolos e historia en medio de la Plaza Walter Sisulu donde abundan los vendedores ambulantes y es inocultable la pobreza. De otro, los “townships” de Soweto sin arreglos cosméticos. La disparidad y las inequidades saltan a la vista en el emblemático barrio-ciudad satélite de Johannesburgo, el emporio económico y comercial de Sudáfrica.

Viven cuatro millones de personas en Soweto, más de la mitad de la población de la llamada Nueva York de Africa, incluyendo sus áreas metropolitanas. Entre rascacielos y terraplenes con casas de techos de zinc y letrinas exteriores, el brillo circundante y las condiciones de vida paupérrimas. A Johannesburgo la llaman en zulú Igoli (lugar del oro), pero el metal precioso no salpica como debiera.

Soweto, que es el acrónimo de South Western Township, fue levantado por el régimen del apartheid para alojar a los africanos negros “relocalizados” fuera de las zonas de los blancos. Aquí, en junio de 1976, más de 575 personas fueron masacradas. Las protestas tuvieron lugar a raíz de un mandato gubernamental que exigía de forma obligatoria la enseñanza en idioma afrikáans (la lengua de los blancos). Uno de esos niños asesinados por la policía, Héctor Pieterson, se convirtió en héroe anónimo.

Cargado en brazos por un joven (Mbuyisa Makhubo) enardecido, su cuerpo inerte apareció en una foto del reportero gráfico Sam Nzima que recorrió el mundo. Makhubo, entonces con 18 años de edad, acosado por los torturadores del apartheid, debió huir de Sudáfrica. Luego de una carta recibida por su madre en 1978, nunca más se supo de su paradero hasta hace pocos días. En fecha reciente, el Gobierno de Sudáfrica dejó saber que en coordinación con autoridades de Canadá investiga a una persona quien pudiera ser el joven que llevaba a Pierterson tras el crimen de Soweto en 1976.

En el corazón de Soweto, en el barrio de Kliptown y al lado de la plaza Walter Sisulu -uno de los más prestigiosos compañeros de lucha de Nelson Mandela-, un hotel cuatro estrellas parece desentonar con el ambiente.También centro de conferencias, la instalación tiene un doble propósito muy bien logrado. Primero despertar la curiosidad y la atención dentro de un espacio de lujo con vistas hacia los “townships” y vendedores ambulantes de la zona.

Luego, el hotel como parte de un proyecto de desarrollo social de Soweto. Desde el mismo momento en que se levantó el sitio de alojamiento, fue contratado personal del área, parte de ellos para ser adiestrado en obras de la construcción. Además, el staff del hotel siempre integrado en su mayoría por jóvenes otrora desempleados de Soweto; cursos de capacitación en turismo y hospitalidad; compra de vegetales y frutas a los vendedores locales; y formación de guías y gerentes hoteleros.

Para completar, el apoyo a programas concebidos para la juventud y la niñez de Kliptown, junto con la concepción del diseño de las habitaciones que cuentan con fotos históricas de Sudáfrica. Asimismo, en los dormitorios sobresalen ribetes relacionados con las tradiciones, como los almohadones con el peso señalado de los sacos de maíz, y las frazadas típicas que se amarran las mujeres negras para cargar a sus hijos.

Lejos de quedar en el olvido o en el detalle pintoresco del pasado -por sombrío que sea-, Soweto es una de las asignaturas pendientes pero en progreso de los Gobiernos del Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés). Desde la asunción al poder de Mandela en 1994, aparece entre las prioridades de los mandatarios del país, aunque los abismos de pobres y ricos se mantengan acentuados y el tema de acortar las disparidades sociales sea todavía quimérico.

En Soweto hay varios rincones de bastante interés, como el museo Héctor Pieterson, que a veces se escribe Peterson y en verdad era Pitso, pero su familia cambió el apellido para disfrutar de ciertos privilegios de los mestizos. No muy lejos, la Casa-Museo de Nelson Mandela. Pequeña, sencilla, atesora capítulos de emocionantes cartas y pensamientos del luchador antiapartheid y su entonces esposa Winnie, y fotos históricas, entre ellas con el líder de la Revolución cubana Fidel Castro.

Al abandonar el antiguo hogar de Madiba, el trayecto cercano al estadio Soccer City de Soweto hace el honor a Invictus y es fácil imaginar al Premio Nobel de la Paz entregando el trofeo de la Copa del Mundo de Rugby en un acto de extraordinario altruismo en 1995. Su espíritu de reconciliación, en el concepto de Nación Arcoiris, seguiría el rumbo en 2010 en el mismo escenario, con la cita del orbe de fútbol, como si tener una vida invicta con 27 años de cárcel incluidos, fuese el designio milagroso de Mandela.

El Serengeti, aliciente de la naturaleza en Tanzania

Cuando el mundo teme una catástrofe medioambiental, sea por desaforados intereses económicos o revanchas políticas, mirar al sur y ver lugares como el Parque Nacional Serengeti, en Tanzania, conmueve a los amantes de la naturaleza. El Parque Nacional Serengeti es posiblemente una de las reservas naturales más importantes de África y del mundo, razón justificativa para que en 1979 fuera declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad y en 1981 la UNESCO reconociera el espacio Serengeti-Ngorongoro como Reserva de la Biosfera.

Con más de 60 años, esta área es una joven maravilla de la naturaleza, que se extiende sobre 14 mil 763 kilómetros cuadrados en territorio de Tanzania, en África oriental. Aunque su historia comienza en 1929 al dedicarse unos pocos kilómetros cuadrados a un coto de caza, es de 1951 a 1959 que se le añaden nuevos territorios protegidos hasta llegar a su actual extensión.

Hace un siglo, el británico Stewart Edward White comenzó sus exploraciones en el norte del Serengeti. Para los años 20 ya se había decidido crear una reserva parcial de caza de unos 3,2 kilómetros cuadrados. El establecimiento más completo ocurriría a finales de esa década.

Este Parque se halla en el norte del país, al oeste del gran valle del Rift, al este del lago Victoria y por el norte limita con la Reserva Nacional de Maasai Mara, en la vecina Kenya, país con que Tanzania se relaciona en cuanto a flujos migratorios. El nombre Serengeti o Serengueti proviene de la pronunciación de la palabra maasai, que describe la región.

En mayo, época de lluvias, cuando todo reverdece las manadas de animales salvajes se trasladan a zonas ubicadas entre Kenya y Tanzania en busca de alimentos. En el más importante centro de recepción turística del país, se pueden observar aglomeraciones de elefantes, ñúes y cebras, así como búfalos, jirafas, antílopes, hipopótamos, gacelas y kudúes, y depredadores como hienas, perros salvajes, leones y leopardos.

Esa región posee variados ecosistemas, muy ricos y una gran población de mamíferos, lo cual se combina para ser un extenso y maravilloso escenario de la convivencia de la vida silvestre, aunque sin ser un paraíso total, toda vez que allí imperan las reglas de juego de la cadena alimenticia.

Entre los pobladores de la periferia del Parque Nacional, están los pertenecientes a la comunidad maasai. Con anterioridad, las tierras del Serengeti fueron zonas de pastoreo de la comunidad maasai, un pueblo sahelo-nilótico dedicado a las labores ganaderas en forma colectiva. Crían mayormente cabras y ovejas para consumo, mientras que los vacunos son preservados para el intercambio comercial.

Muchos de los actuales descendientes de ese grupo humano ocupan las fronteras orientales del área, que al oeste están densamente habitadas; en esa zona hubo un gran aumento poblacional, se estima que en los siete distritos del occidente del Parque viven cerca de dos millones de esos residentes.

Los maasai viven tanto en Kenya (unos 860 mil) como en Tanzania (unos 470 mil) y según el sitio digital ikuska.com, en el siglo XIX eran considerados una de las comunidades más agresivas por sus constantes acciones contra los pueblos cercanos para ampliar las manadas de ganado a costa de los vecinos. “Desde anteriores generaciones son pastores que se trasladan con grandes zancadas y recorren largas distancias en busca de pastos verdes y agua para el ganado, el cual se mezcla con las manadas de ñúes, cebras, jirafas y demás animales que deambulan por las llanuras de la sabana”, apunta el articulista Florián Yubero.

Los animales salvajes del Serengeti incluyen al león, de cuya especie se estima que en el ecosistema del Parque habiten unos 3.500 ejemplares, posiblemente la mayor cantidad de toda África. El leopardo africano es avistado frecuentemente en la región de Seronera, pero se considera que viva en todo el parque nacional, donde su población puede ser de un millar o algo más. También se suma a la lista de residentes en el Serengeti los elefantes africanos, que generalmente se concentran en la región septentrional del Parque, no obstante ser piezas predilectas de los cazadores furtivos.

Otro objetivo de la caza ilegal es el rinoceronte negro que los turistas pueden observar en los cerros de la zona central del Parque Nacional. Su población se redujo significativamente, debido a las matanzas realizadas por quienes persiguen sus cuernos para comercializarlo a precios escandalosos, por considerarlos medicamentos y/o afrodisíacos. El búfalo africano es abundante y con muchas especies en todo el Parque, aunque su número disminuyó debido a enfermedades, según informes técnicos.

La lista de residentes mamíferos es muy extensa y comparten ese hábitat con un gran número de aves, entre ellas flamencos, grullas, palomas, gansos, avestruces, estorninos, cigüeñas, pelícanos y búhos. Se han catalogado cerca de 350 especies de aves entre las que se encuentran 34 de rapaces, seis de buitres, avutarda de Kori, avestruz, flamenco y tejedores, exponen las fichas zoológicas.

Todas esas especies y más se cobijan en un generoso territorio tanzano que cada año debe enfrentar contrastes ambientales y emprenderla contra la caza ilegal, para el bien no solo de la vida salvaje en las reservas, sino también de la conciencia humana en el respeto a la naturaleza. Un resumen sobre zonas de interés de la atención a la naturaleza indica que el Serengeti en Tanzania, el Parque Nacional Hwange en Zimbabwe y el Kruger en Sudáfrica, son las tres mayores reservas de vida silvestre de África.

Un vistazo a la gente y costumbres de Mali

Por su extensión territorial, Mali es el octavo país mayor de África y su millón 240 mil kilómetros cuadrados se encuentran encerrados en los límites de sus vecinas Argelia, Guinea, Costa de Marfil, Burkina Faso, Níger, Mauritania y Senegal. Es una nación mediterránea y ocupa una parte del Sahel, es decir, el territorio al sur del gran desierto del Sahara que se extiende desde Senegal en el Occidente, hasta Sudán en la región oriental.

La vasta zona del norte maliense, que cubre unos 500 mil kilómetros cuadrados, pasó a formar parte del enorme arenal. La región de mesetas semiáridas culmina por el norte en las montañas de Adrar Des Iforas, situadas en la frontera con el Sahara. Allí casi no hay vida vegetal ni animal y el clima pasa de semidesértico a desértico.

En la zona propiamente sahariana se registran altísimas temperaturas. La región intertropical se encuentra al sur y recibe abundantes lluvias, tiene clima tropical que alterna con bosques frondosos y fértiles planicies. En esa zona está la arteria principal del país: el curso medio del río Níger, el tercero de mayor recorrido en el continente, que entra en Mali por la frontera con Guinea, en el suroeste, y sale de esta nación por el oeste hacia Níger y Nigeria. Por encima del Níger se dispersan los diferentes rostros del desierto.

Se calcula que el 75 por ciento de la población vive en las zonas bañadas por el Níger, al oeste de la zona sur está el río Senegal de menor escala. Desde el siglo III hasta el siglo XVI, el territorio fue asiento de los grandes imperios negros del África Occidental, como los de Ghana y Mali, este último dominó una extensión de más de 300 mil kilómetros cuadrados. Más tarde se estableció el imperio Songhai o Gao.

Numerosos grupos étnicos pueblan el territorio maliense con costumbres, hábitos, lenguas y creencias religiosas propias. Las aldeas de Mali varían de aspecto según la etnia que las habitan Las islamizadas son cerradas y laberínticas y se extienden en torno a las mezquitas.

Durante muchos siglos la cultura del Islam tuvo su foco en Tumbuctú, donde funcionó una Universidad, notable por el número elevado de alumnos. Las aldeas animistas y las más o menos cristianas mantienen sus habitáculos dispersos a la sombra de los baobabs, un árbol bien aprovechado por sus enormes posibilidades. Los baobabs, originarios de África, son el mayor vegetal conocido, y pueden verse en otras naciones.

Entre los pueblos que viven en el país se encuentran los bereberes, que ocupan la región sahariana, principalmente moros en la frontera con Mauritania. Ese pueblo llegó procedente de las regiones montañosas del Rif, Kabilia y Aurés, en el norte de Africa. Los tuareg, más al centro, son al igual que los bereberes pueblos nómadas que se dedican preferentemente a la cría de ovejas, cabras y camellos. A los varones se les denominan “hombres azules del desierto” por el color azul del velo que cubre su rostro. Ellos recorren del desierto siguiendo rutas tradicionales en busca de agua y pastos para su ganado.

Los dogones conservan una identidad ajena a cualquier frontera. Tienen una lengua propia y una religión tradicional animista que conservan desde hace siglos. El jefe dogón y los ancianos se reúnen durante los consejos de la Toguna o Casa de la palabra, una estructura que se sostiene sobre ocho pilares esculpidos. Cada 60 años tiene lugar un relevo generacional, un nuevo ciclo que trae consigo diez días de fiesta, es el Sigui. En el valle del Níger un mosaico de misterio envuelve a las aldeas que se cuelgan de la meseta. En ellos desfilan danzas de máscaras, rito e iniciación, culto a los muertos, fetichismo, magia, senderos prohibidos y bosques sagrados.

El pueblo peul, dedicado a la ganadería, los somozo y bozo, que practican la pesca; los voltaicos incluyen a los bwa o bobos; los senufo y los miankana, en el este y sureste del país. No puede dejar de relacionarse en este contexto mágico a los fulani, pastores nómadas del Sahel. Tampoco a los toucoleurs (nombre dado por los colonialistas franceses al reino Tekrour en la vecina Senegal, que se extendió a Mali), los kasonke, bozp y somono; los songhai, establecidos igualmente en el valle del Níger.

Los bambara son el grupo más importante, con una población de más de millón y medio de miembros y están ubicados en el valle medio del río Níger. Su idioma es el bamana, que es una de las lenguas mandinga. Aunque la mayoría de sus miembros afirman que son musulmanes, muchas personas siguen sus creencias tradicionales del culto a los antepasados, cuyo espíritu puede asumir las formas de animales e incluso verduras. En las ceremonias extraordinarias se presentan ofrendas a los espíritus.

Cada pueblo bambara se compone de muchas unidades familiares, por lo general todos de un linaje o familia extensa. El hogar o gwa es responsable de proveer para todos sus miembros, así como para ayudarlos con sus tareas agrícolas, que es la principal actividad de la etnia. Las casas de los bambara se caracterizan por ser más grandes que las de otros grupos étnicos y algunas viviendas tienen hasta 60 o más personas. El pueblo bambara fue uno de los que destacó por su resistencia al colonialismo de Francia, que finalmente ocupó totalmente a Mali en 1894.

* Julio Morejón es jefe de la redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina; Cardosa y Bravo son corresponsales en Angola; Triana es enviado especial en Sudáfrica, y Correa, colaborador de PL.

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