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Área: Internacional >> Europa
Actualizado el 2013-12-25 a horas: 22:07:46

Futuro incierto con soberanía limitada

Grecia 2013, fin de ciclo

Cira Rodríguez César y Antonio Cuesta *

El año 2013 pareció establecer para Grecia el fin de una tendencia a nivel económico que, tras seis años de recesión, se podría resumir en el estancamiento del PIB del país y del índice de desempleo. La aprobación del presupuesto para 2014 sin el aval de la Comisión Europea, Banco Central Europeo (BCE) y del FMI dejó en evidencia la limitada soberanía y el poco margen de maniobra con el que cuenta el gobierno de Atenas.

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Atorada en una seria crisis financiera por la acumulación de un elevado déficit público, para Grecia parecía que el tiempo se acababa a fines de 2012 y la bancarrota se acercaba con una salida de la eurozona que para muchos parecía inminente. Con una deuda que equivalía al 168%de su producción anual, la nación helénica ostentaba dos récords mundiales: la calificación crediticia más baja para un Estado soberano y la deuda más cara de garantizar.

Tan difícil era su situación que para los 11,3 millones de griegos parecía acabarse la esperanza de seguir viviendo con la moneda única, para lo cual habían agotado la paciencia con una profunda austeridad que redujo los salarios del sector público en el 20% y las pensiones en el 10%.

El año pasado casi el 22% de los griegos no tenía trabajo, y los desempleados eran el 54% de los jóvenes y barrios enteros de Atenas se encontraban en la miseria. Había cerca de 1,1 millones de parados, 42% más que en 2011. La economía perdió durante casi cinco años todo rasgo de credibilidad y confianza en los mercados, y las agencias crediticias han ido rebajando la calificación de su deuda soberana de forma continua.

Ese país del Mediterráneo declaró a finales de 2009 que su deuda ascendía a 6,7% del Producto Interno Bruto, cuando en realidad era del 12,7%, muy por encima del techo máximo de tres establecido por el Pacto de Estabilidad de la Unión Europea (UE). El 10 de mayo de 2010, frente a la inminente quiebra de Grecia, la UE acordó dos medidas importantes:

Primero, un plan de apoyo con préstamos bilaterales de los países de la zona euro por valor de 80 mil millones de euros y otros 30 mil millones del Fondo Monetario Internacional (FMI). De ese monto, hasta finales de 2011 Atenas había pagado 73 mil millones de euros, de los cuales 9.794 millones correspondían a España.

Segundo, la puesta en marcha del Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera con una capacidad de 750 mil millones de euros (60 mil millones de la comisión europea, 440 mil millones de los estados miembros y 250 mil millones aportados por el FMI). Ese rescate estipuló que en 2012 debía captar en los mercados la mitad de los recursos que necesitaba y el ciento por ciento para 2013, pero la UE asumió la imposibilidad de atraer financiamiento necesario para pagar ese compromiso y, por tanto, había que aplicar otro plan de austeridad.

Alemania, el peso pesado europeo, pidió a los griegos que reconstruyeran un Gobierno viable, pero reconoció que la situación era difícil, pues la alternativa consiste en el trauma de un nuevo recorte de gastos, exigido a cambio de ayuda, o vivir fuera del euro.

Con la debacle de Grecia la crisis de deuda en la zona euro, formada por 17 países, entró en una nueva y crítica fase ante el miedo de que ese país incumpla sus pagos y desate un desastre económico mundial como el que siguió a la quiebra del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers en 2008. Así las cosas, los ministros de Finanzas de ese bloque dijeron al Gobierno griego que tiene que aprobar medidas de austeridad más estrictas antes de que se tome una decisión final sobre nuevos préstamos de la UE y el FMI.

No pierden de vista que los griegos acumulan una deuda soberana superior a los 340 mil millones de euros, más de 30 mil euros por habitante, por lo que, cuanto más tiempo continúe la crisis, mayor será el riesgo de extenderse a las economías de la zona euro con problemas. Ese caso se refieren a Irlanda y Portugal, que ya han sido rescatados, y a España, cuya economía es mucho más grande y cuyo salvamento sería bastante más caro -quizás demasiado caro-, según analistas.

Además, un impago de Grecia dañará a los bancos que tienen deuda griega, entre ellos el Banco Central Europeo, y a los grandes prestamistas franceses y alemanes. También podría llevar a los mercados de crédito a la paralización, como ocurrió tras el colapso de Lehman Brothers, cuando los bancos virtualmente dejaron de prestarse dinero entre sí.

Un impago griego sería una catástrofe y una humillación para la UE, que lanzó el euro en 1999 como su proyecto más ambicioso y como símbolo de la unidad del continente. Eso ha llevado a destacados expertos a pensar lo impensable: que la zona euro podría romperse, bien por la expulsión de Grecia o por la marcha de Alemania, el gran pagador de la UE, que puede verse tentada a retornar a su moneda anterior, el marco.

El Nobel de Economía Paul Krugman ha insistido en que Atenas debe salir del euro para salvar a España e Italia, al considerar que ya no hay solución posible para arreglar su crisis financiera. Líderes europeos y de Estados Unidos intentan por todos los medios buscar una alternativa a esa idea, pues no quieren que el país helénico abandone la moneda única, pero Krugman piensa lo contrario, debido a que para él todas las soluciones que se discuten no sirven para remediar el desastre.

Con anterioridad la directora gerente del FMI Christine Lagarde tampoco descartó que Grecia se vea abocada a la bancarrota y tenga que abandonar el euro y la Unión Europea. Por el contrario, la UE aseguró que honrará sus compromisos con Grecia en un intento por garantizar que se mantenga dentro del eurogrupo, pero insistió en que en reciprocidad esa nación debe cumplir con las obligaciones contraídas.

A finales de marzo de 2012 Grecia anunció que recibiría 172.700 millones de euros para cubrir sus necesidades financieras hasta 2015, cifra que incluye algunos fondos no usados en su primer rescate de 2010, el cual constituye el segundo salvataje acordado este año con fondos adicionales del FMI. Los ministros de Finanzas de la zonaeuro sometían a aprobación también otro respaldo por 130 mil millones de euros, a los que se sumaran 34.500 millones de euros de la primera ayuda ofrecida por la comunidad europea y otros 8.200 millones adicionales del FMI para 2015.

Grecia 2013, fin de ciclo

El 2013 pareció establecer para Grecia el fin de una tendencia a nivel económico que, tras seis años de recesión, se podría resumir en el estancamiento del Producto Interno Bruto (PIB) del país y del índice de desempleo. Este año finaliza con una contracción de la economía que ronda el 4%, pero todo apunta a que para el próximo año el valor de la economía griega se situará en torno al cero, décimas arriba según el gobierno de Atenas o décimas abajo a tenor de las previsiones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

También el desempleo siguió una suerte de marasmo, estabilizándose prácticamente a lo largo de todo el año en el 27%, con ligeras subidas y bajadas de apenas unas décimas, ayudado en parte por una temporada récord en el sector del turismo y también por la creciente corriente migratoria de trabajadores griegos hacia países del norte de Europa.

Otro dato macroeconómico que durante los últimos meses disparó la euforia gubernamental fue la eventual consecución de un superávit primario, sin contar los intereses del pago de la deuda, que permitiría al país la vuelta a los mercados financieros en 2014. Esa posibilidad se apoyó fundamentalmente en drásticos recortes del presupuesto público, básicamente en las partidas sociales; un fuerte incremento de la presión fiscal, del 10% de media; y la práctica paralización de las devoluciones del Estado a los contribuyentes, como es el caso de las declaraciones negativas del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) o del impuesto de la renta.

De lograrse el citado superávit, Grecia vería rebajados los tipos de interés vinculados a los préstamos internacionales concedidos, lo que supondría un ligero alivio en el pago de la deuda y el inicio de un nuevo ciclo en relación con los mercados financieros y con los acreedores extranjeros. Sin embargo, esta tímida mejora prevista en el ámbito financiero no mostró ninguna conexión con la economía real que, lejos de recuperarse, continuó en 2013 profundizando su espiral de recesión.

Un dato revelador del abismo entre el sector productivo y el especulativo lo aportó la Autoridad de Estadísticas de Grecia (Elstat) al mostrar un descenso en el volumen de la producción industrial del 8,9%, en el cómputo interanual, en contraposición con la marcha ascendente de la Bolsa de Atenas que, en los últimos cuatro meses, creció un 50%.

Desde el inicio de la crisis el PIB griego se redujo en un 22%, lo que significa la mayor caída registrada nunca para un país desarrollado en tiempos de paz, y ello derivó en una pérdida del 40% en el poder adquisitivo de los ciudadanos y en el desplome de la actividad económica y comercial.

Junto al citado descenso de la producción industrial, los últimos informes de Elstat muestran una contracción del sector de la construcción (-31%) y del comercio minorista (5,9%), mientras se generaba un importante desequilibrio en la balanza comercial, debido al aumento de las importaciones (7,9%) y al descenso de las exportaciones (2,2%).

Según los datos de la Confederación General de Profesionales, Artesanos y Comerciantes, el volumen de negocio de las pequeñas empresas, que suponen el 99,6% del total, disminuyó en 75% desde el inicio de la crisis, mientras que su cifra de empleados retrocedió al nivel de 1997.

En el ámbito de las familias, las medidas de austeridad se llevaron este año el 10% de sus ingresos, lo cual dejó a cambio un aumento equivalente de la carga impositiva y un índice de desempleo del 27,1% en el segundo trimestre del año.

Las consecuencias fueron un empeoramiento de las condiciones de vida de los ciudadanos, expresada en la tendencia al alza de hogares que se hallan en el umbral de la pobreza, un 23% en 2012 y cerca de un tercio en la actualidad, y en la creciente dificultad para poder hacer frente a sus obligaciones de pago.

Así, el Banco de Grecia constató en noviembre una reducción de los depósitos bancarios y un aumento de la morosidad tanto con el Estado, al que empresas y particulares ya adeudan más de 60 millardos de euros, como con las entidades financieras, que para 2014 evalúan en 140 mil el número de desahucios probables si el gobierno decreta el fin de la moratoria existente.

En resumen, y en lo que respecta a la economía real, el optimismo del gobierno se basó principalmente en que la desregulación laboral, las reformas exigidas por los acreedores y la recapitalización bancaria, sirvieran para atraer inversiones extranjeras y para facilitar líneas de crédito a las empresas, según lo explica el economista Kostas Lapavitsas.

Unas esperanzas que hasta el momento se han mostrado vanas, pues ni el vasto programa de privatizaciones ni la rebaja del 22% del salario mínimo han supuesto un acicate para los capitales foráneos. Por esa razón, el profesor de economía política Leonidas Vatikiotis aseguró que la realidad desmiente las predicciones del gobierno, basadas en que “salarios más bajos, facilitan exportaciones y atraen inversiones”, pues ni lo exportado entre 2010-2013 superó al periodo previo de la crisis (1995-2008), ni aumentó el stock de capital fijo.

Más bien al contrario, la reducción de un 32,4% en los salarios, durante los últimos dos años, vino acompañada de una caída de la inversión a precios constantes que la situaron al nivel de 1994, reduciéndose en un ocho por ciento en 2013.

Para muchos economistas, Grecia cierra un ciclo en el que quedó clara la imposibilidad de recuperación bajo los parámetros neoliberales de austeridad y contención del déficit, pues de seguir con las mismas políticas harían falta aún dos décadas, en el mejor de los casos, a fin de retornar al punto de partida.

Al contrario, la salida de la eurozona y la recuperación de la soberanía fiscal y monetaria, algo que comienza a debatirse en determinados ámbitos, permitiría la mejora económica en un lapso de tiempo mucho menor, tal y como experimentaron los países latinoamericanos que abandonaron los férreos dictámenes neoliberales, tras décadas de opresión.

Futuro incierto con soberanía limitada

El gobierno griego tuvo una semana de incertidumbre en su camino para finalizar las difíciles negociaciones con los acreedores extranjeros, que conduzcan a la entrega del nuevo tramo del préstamo valorado en mil millones de euros. La iniciativa del ejecutivo de Atenas, al aprobar el 8 de diciembre el presupuesto para 2014 sin el aval de la troika - CE, Banco Central Europeo (BCE) y FMI-, dejó en evidencia el poco margen de maniobra con el que cuenta y su limitada soberanía ante las declaraciones posteriores de los responsables europeos.

Las cuentas del estado pueden quedar bien pronto sin validez si los prestamistas rechazan las medidas aprobadas y eso no se conocerá hasta enero, según anunció el portavoz para Asuntos Económicos de la Comisión Europea, Simon O’Connor, cuando los máximos responsables de la troika retomen las negociaciones.

Más tajante fue el presidente de la CE, José Manuel Dura Barroso, al asegurar que “si no hay acuerdo con la troika se detendrá la financiación”, cuestionando además el optimismo de Atenas de lograr un superávit primario a lo largo del próximo ejercicio, lo cual invalidaría los presupuestos pues requieren obligatoriamente el visto bueno de los prestamistas.

El principal diario nacional, el conservador Kathimerini, citó a un alto responsable europeo para decir que de los 135 compromisos que Grecia debió cumplir este otoño, “hemos alcanzado solamente 60 y los progresos se ralentizan”. Además, el movimiento unilateral del ejecutivo heleno de “legislar o tomar decisiones sobre cuestiones en discusión (con la troika), como los embargos inmobiliarios, la reducción del IVA en la hostelería o los despidos masivos (de funcionarios) es visto como una provocación”.

El Parlamento aprobó, con 153 votos a favor de un total de 300 escaños, unos presupuestos estatales que reducen en 3.120 millones de euros a los de 2013, pero con un aumento de los impuestos de 2.500 millones y otros tres mil calculados en base al supuesto crecimiento económico del 0,6% que tendrá lugar en 2014.

Los recortes más drásticos recaerán sobre la partida sanitaria, con un descenso de 1.200 millones de euros en el monto global, siendo especialmente grave el recorte de un 30% en lo que se refiere a la financiación de los centros hospitalarios. Estas previsiones, convertidas en ley, crean serias discrepancias tanto entre los prestamistas, fundamentalmente a partir del dato de que el año que finaliza presentará una caída de la economía griega del cuatro por ciento, como dentro de las filas de la propia coalición de gobierno ante leyes que aún deben ser aprobadas.

Para la troika la brecha presupuestaria será de entre 1,5 y 2,9 mil millones de euros, por lo que las previsiones de superávit y la insistencia del gobierno, de que no será necesario aplicar nuevas medidas de austeridad, carecen de fundamento. Según el rotativo alemán Frankfurter Allegemeine Zeitung, el anuncio de un excedente primario “es el resultado de una triquiñuela matemática, como es el retraso en el pago de las facturas de proveedores por varios miles de millones de euros”, algo que desde hace tiempo señalan analistas económicos.

A su vez, numerosos miembros del gubernamental Nueva Democracia vienen mostrando su rechazo a que se ponga fin a la moratoria existente sobre desahucios por impago de las hipotecas bancarias, y también al nuevo impuesto de la propiedad en los términos decididos por el ministro de Finanzas, Yanis Sturnarás. Durante el debate parlamentario del fin de semana, el diputado Thanos Moraitis, miembro del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok) que integra la coalición de gobierno, advirtió de que si se plantean nuevas medidas de austeridad, “no habrá una mayoría gubernamental que las apoye”.

Tras el abandono de la coalición por Izquierda Democrática y la expulsión de numerosos parlamentarios que rechazaron la disciplina de voto, tanto en Nueva Democracia como en el Pasok, el gobierno perdió 25 diputados desde el inicio de la legislatura hace un año y medio. No parece probable que la exigua mayoría actual permita la aprobación de nuevas medidas que, sin duda, la troika exigirá a partir de enero, lo cual supondrá la interrupción de nuevas entregas de dinero y la previsible caída de un gobierno cada vez más débil.

* Rodríguez es periodista de la Redacción de Economía, y Cuesta es corresponsal de Prensa Latina en Grecia.

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