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Área: Cultura >> Música
Actualizado el 2013-12-07 a horas: 16:57:25

Buenos Aires no deja de ser ni tanguera ni gardeliana

Martin Hacthoun *

Buenos Aires (PL).- Con las luces que la embellecen y atrapada en un modernismo indetenible que la transforma y relanza hacia el futuro, Buenos Aires no deja de ser, sin embargo, ni tanguera ni gardeliana. El tango no es un simple motivo o una pincelada más, aunque algunos sitios lo exploten desde el punto de vista turístico para el ingreso necesario; va más allá, es más profundo que ese uso utilitario; toca sus propias raíces que no dejan de crecer, y de ellas surgen retoños en la nueva generación de intérpretes y compositores, mujeres y hombres con otras vidas, otras historias que contar.

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Y las huellas de Carlos Gardel se pueden seguir por doquier en una urbe oronda de su cultura. Cuenta Marcelo H. Oliveri que cuando se decidió erguir un monumento a Gardel en el Abasto, emblemático centro comercial de la ciudad, surgió el dilema de qué poner en el pedestal, si había nacido en Toulouse o Tacuarembó, pero se quería evitar la polémica.

En medio de la indecisión, el escritor Jorge Luis Borges propuso que simplemente debía decir: “Carlos Gardel, eterno como el aire y el agua”, genial pincelada que el apuro por terminar la obra e inaugurarla se le olvidó a quienes la irguieron. Así son el Zorzal y el tango para Buenos Aires, eternos como el aire y el agua.

Se les evoca en innumerables formas, como en una gran losa de mármol con la letra de "Mi Buenos Aires querido" en la acera de la avenida Callao y calle Lavalle, que los porteños ensimismados en el torbellino de la rutina diaria le pasan por encima sin percatarse de ella.

O en la foto de un risueño Gardel con el sombrero inclinado de medio lado que destaca en la pared de fondo de un kiosco de periódicos en avenida Corrientes, como también se percibe en el ambiente dentro de los numerosos cafés del circuito turístico del tango, como Los Inmortales también en Corrientes, o en los más populares de la zona de Boedo, un poco más adentro en el corazón de la ciudad, o se reflejan en libros y discos de las muchas librerías.

El mundo conoció el tango en la voz del Zorzal, pero hubo otros clásicos que lo confirmaron: Astor Piazzolla, Aníbal Troilo, Susana Rinaldi, Eladia Blázquez y Osvaldo Pugliese, pianista, director y compositor, que en su época innovó el tango de enérgico y rítmico fraseo, a quien agradecidos porteños le construyeron un monumento a toda su orquesta sobre el techo de un café en la diagonal de calle Malabia y avenida Corrientes.

Algo de historia

El tango canción nació nostálgico, desde mi "Noche triste" (Castriota-Contursi, 1916), considerado el primero de su tipo, la nostalgia por lo que ya no está se hizo presente de una u otra forma en buena parte de sus letras, recuerda el ensayista Sebastián Linardi.

El barrio -añade- no fue la excepción, aunque al principio la mirada nostálgica iba a ser más atenuada frente al devenir posterior.

En el modelo de los primeros tangos canción de la década del 20 el barrio, descrito en presente o en pasado, era representado con una visión romántica del "arrabal", lugar del culto al coraje y los valores "verdaderos", contrapuestos al "centro", donde habitaban "los bacanes" y sus valores "falsos" corrompidos por el dinero, prosigue el especialista.

Era el barrio "arrabalero" al que no había que abandonar, como a la "vieja", señala Linardi cuyo ensayo aparece en el libro "Tango, ventanas del presente".

Ese tango era escrito muchas veces en lunfardo, fuertemente melodramático, de historias con emociones fuertes, de comienzo, nudo y desenlace, muchos de los cuales fueron compuestos para presentarse en los sainetes, precisa el especialista.

Posteriormente -explica- en el modelo de la llamada "época de oro" del tango, la década del 40, el barrio se va desligando del imaginario de honor y se consolida el enfoque de un presente que mira hacia un pasado apacible que ya no volverá.

Durante las décadas del 60, 70 y 80, tal pareciera que el tango salió de la vida del porteño y de los argentinos en general, pero eso tiene su explicación en las secuelas de sangrientas dictaduras de impecables persecuciones que dieron al traste con la vida de pensadores y compositores, a lo cual se sumó la invasión del pop y el rock extranjeros.

Pero a partir de la segunda mitad de la década del 90 comienza a resurgir el tango como una apropiación de las nuevas generaciones. Esa fue la novedad y por ello el primer calificativo endilgado para diferenciar a este de los anteriores fue el de "tango joven", pero hay muchas adjetivaciones más.

Michel Bolasell, en su libro "La Revolución del tango", sugiere que este género desde sus orígenes no ha dejado de transformarse. Rápido en sus comienzos sobre el ritmo 2x4 de la habanera ejecutada con violines, flautas y guitarras, fue volviéndose más lento, cadencioso al compás de un 4x8, que introdujo la irrupción del bandoneón.

En nuestros días

En la actualidad, unos especialistas hablan de "revolución del tango"; otros del surgir de una "nueva edad de oro" del género, en tanto algunos se refieren a la existencia de un "tango nuevo", el "neotango" y el "tango fusión".

Cualquiera que sea la interpretación de los entendidos sobre el tema, eso demuestra la riqueza de los aportes que la nueva generación de tangueros impregna a esta manifestación musical, y también idiosincrática.

Se hizo más evidente esa tendencia a partir del 2000. Explica Linardi que fueron muchas las propuestas musicales que comenzaron a estrenar canciones de su autoría en alternancia con el repertorio clásico, posiblemente influenciados estos jóvenes músicos por la tradición del rock nacional argentino de buscar, mirarse hacia dentro e interpretar composiciones propias.

Articulistas, musicólogos y hasta los propios intérpretes actuales consideran que el nuevo tango todavía hoy cuenta con una circulación restringida, quizás como resultado de la poca difusión a través de los medios masivos de comunicación, "o cierta mirada conservadora respecto del género encarnada en buena parte de la población", opina Linardi.

Y aclara que el uso del vocablo "nuevo" habla de una clara necesidad de marcar una diferencia con todo lo anterior, pero esto no quiere decir que efectivamente exista tal ruptura respecto a ese pasado.

Sin embargo, "en los últimos años el tango se ha convertido en un ámbito fértil para pensar los sentidos de las experiencias musicales, y se ha extendido a otros sectores de la sociedad que empezaron a reconocer su diferencia", explicó a Prensa Latina la musicóloga Mercedes Liska.

Para Walter Alegre, coordinador del Departamento de Tango del Centro Cultural de la Cooperación (CCC), este género "es una música urbana cuya dinámica es progresiva, vibra hoy, pero es invisible a los canales de difusión masiva".

"Estamos hoy frente a un torrente de creatividad, en el que las composiciones mantienen el patrón indiscutible del género, pero el lirismo cambio; Argentina vive nuevos aires y transformaciones, la vida también, y los jóvenes exponentes reflejan esa realidad en la que viven y sienten", remarca Alegre, quien abre el CCC a esta generación en cada ciclo de Tango de Miércoles.

Dicen los nuevos tangueros

"El tango nació entre músicos que vivieron en esta ciudad, proceso al que aportaron incluso extranjeros que vinieron a residir acá, y entre todos crearon una expresión musical de esa mezcla, entre criollos y los inmigrados. Todo lo que se construyó fue en busca de una identidad, algo que fuera representativo y único de este lugar", señaló Julio Coveillo en conversación con Prensa Latina.

"Más allá de que no esté tan presente en los salones de baile y televisión, el tango sigue siendo una expresión muy auténtica y viva de los músicos de esta ciudad y de la nación", agregó el joven músico, un especialista en el bandoneón.

Para el joven bandoneonista, Buenos Aires es tanguera desde la manera de pensar y de decir, presente en su lirismo, muy propio de esta urbe, donde nació y creció el género, y donde sigue vivo.

Durante las décadas del 60, 70 y 80, estuvo muy aplacado y fuera de circuito, por la penetración del pop y el rock extranjero; su forma de expresar se siguió no obstante manifestando, y estuvo presente a través, por ejemplo, en el lirismo del rock nacional, opinó.

Ya a mediados de los 90 y principio del 2000 muchos grupos de jóvenes sintieron la intención de investigar y asumir esta manifestación, y comenzaron a interpretar tango, y se gesta un rescate.

"O sea, podíamos hacerlo sin caer en clichés y en el formalismo antiguo, de traje y corbata, haciéndolo a través de nuevos conceptos de expresar nuestros sentimientos y nuestra realidad, sin que dejara de ser tango", precisó el joven músico, quien formó el cuarteto Coveillo -su apellido.

El tango es una necesidad cultural dentro del proceso de globalización. Y, por ejemplo, yo toco el bandoneón, y donde mejor se aprende es en Buenos Aires, donde están los mejores bandoneonistas. "Así, sin perder el lenguaje y la esencia del tango, expresamos hoy lo que sentimos y en lo que creemos", remarcó.

Julio Coveillo fue uno de los fundadores de la orquesta Fernández Fierro, que en sus inicios tocaba en las plazas y pasaban la gorra en los ya lejanos días del 2009, y hoy es una respetable institución musical con numerosas y diversas composiciones, en las cuales recrean la fusión del rock con el tango.

"Todo comenzó como un gran experimento, una afición, en la que al principio buscamos una manifestación más amigada con la tradición, y así fuimos creando tangos nuevos, temas propios, y hoy estamos en un proceso de composiciones, ya no solo nos remitimos a los discos para reproducirlos, sino estamos inmersos en la creatividad a partir de nuestras perspectivas", ahondó.

"Buscamos que las letras plasmen nuestra realidad, el hoy que vivimos, que se sienta que lo que cantamos te puede pasar a vos", acotó el joven músico.

Con el poco dinero que lograban recolectar, los muchachos de la Fernández Fierro fueron ahorrando y compraron un viejo galpón en la calle Bustamante, no lejos del Abasto, y lo convirtieron en un centro nocturno para conciertos; lo nombraron Club Atlético Fernández Fierro, y hoy es popularmente conocido como CAFF.

Es un sitio sui generis, sin el más mínimo lujo, administrado como una cooperativa y donde el público degusta vinos, cerveza y las típicas empanadas argentinas que los propios socios elaboran, y, sobre todo, se escucha buena música; ambiente que hace olvidar que estás en lo que fue un depósito de piezas de vehículos.

"Para la apertura, tuvimos que pedirle a los asistentes, que eran amigos, conocidos y familiares, que trajeran sillas y mesas para que se pudieran sentar, pues no teníamos dinero para comprarlas, y ¡respondieron! Así empezamos", recordó Coveillo.

Hoy el salón está repleto de sillas, bancos y mesas, muy diferentes unas de otras; tal parece una muestra; pero esa disparidad proyecta, en general, una visión de singular uniformidad.

Melissa Dopazo es una de las cuatro integrantes de otro cuarteto, pero este lo integran jóvenes mujeres, "tangueras, como nos llama la gente", dice la flautista. Bramaje es el nombre del elenco que interpreta sus propias composiciones, impregnadas de sutil ternura.

Conocieron esta manifestación institucionalmente cuando estudiaron en la Escuela de Música Popular de Avellaneda, y se propusieron agruparse para hacer tango; primero asumieron lo clásico, "y después en la medida que fuimos conociendo el género, su lenguaje, entonces comenzamos a componer", relató para Prensa Latina Dopazo, antes iniciar un concierto de Tango de Miércoles en el CCC.

Para Soledad Venegas, otra de las integrantes, "hay una conexión con el rock nacional; nuestros padres hace 20 años se adentraron en el rock, y ahora nosotros hacemos un redescubrimiento de nuestras propias raíces, hay una nueva tendencia a identificarse con nuestra música ciudadana, y se creó un puente, una conexión con la generación de nuestros abuelos".

"Hoy hay todo un movimiento de crear música popular, del cual nos sentimos parte y con el cual nos identificamos, porque encontramos un canal de expresión, como lo fue el rock nacional en su momento", explicó.

Las influencias nuevas son manifestaciones -ahondó- de lo que uno asimila de la vida, por lo tanto hacemos una música y expresamos sentimientos, ideas, conceptos distintos a los que vivieron nuestros padres, nuestros abuelos.

"La sociedad cambió y de alguna manera su música, su arte también. La cultura está viva, y lo que queremos hacer es eso, demostrar que no es necesario hacer una postal del tango clásico, y que podemos apropiarnos de ese lenguaje y expresarnos a través de él", concluyó la joven artista.

Sobre la pregunta de si Buenos Aires sigue siendo tanguera, Verónica Sala, otra de las integrantes del cuarteto, opinó que "el tango está en los ruidos de la calle, en la expresión de la gente, en la forma que se habla, está en la temática que cambia, pero tiene esa esencia".

"La gente me dice, por ejemplo, que hablo como tanguera; yo no sé si hablo como tanguera, yo hablo como porteña, y eso está en el tango, lo estuvo y está ahora. Es una característica, en el fraseo, en la forma de hablar; a la gente le gusta el tango, antes no se escuchaba mucho, pero ahora hay más fuentes que lo transmiten y espacios que se abren para interpretarlo", consideró.

La musicóloga Liska refirió que en los últimos años se aprecia una manifestación que hoy también enriquece el género, y que ha surgido de la diversidad, "de otros sectores como la comunidad homosexual, que comenzó a expresar a través de él su realidad humana y social, y aparece el tango "queer" que es una propuesta lesbiana y feminista, la de bailar el tango entre parejas del mismo sexo; "es algo desafiante socialmente", estimó.

El tango "queer" surge a principio del 2000 -rememoró la especialista- y a partir del 2005 comienza a conformar parte de lo habitual, y en el festival mundial de baile 2013 que se celebró en Buenos Aires se incorporaron tres parejas de mujeres.

El calificativo "queer" significa "raro" en inglés, pero así se le denominó años atrás a esa comunidad en Estados Unidos, de ahí su uso, indicó Liska.

Lo primordial es que el tango pudo sumarse a las transformaciones sociales contemporáneas, y su vitalidad residió en que la sociedad pudo hacerlo dinámico, hubo un reparo a cambiarlo, pero se gestó una apertura ideológico-política que permitió decir estos son nuestros símbolos; somos parte de la cultura nacional y podemos apropiarla y vivirla, o sea hubo un contexto histórico que facilitó las transformaciones del tango, argumentó la musicóloga.

Indudablemente, Buenos Aires sigue siendo tanguera, afirmó, aunque no de todos los sectores sociales, aclaró.

El tango ha vivido en las dos últimas décadas un proceso de revitalización como un fenómeno de clase media, universitario; aunque también sigue teniendo un público muy segmentado; se escucha mucho en las provincias, pero el clásico de la década del 40, el tradicional.

"Pero como fenómeno vital está fuertemente arraigado en Buenos Aires, y en un público que tiene cierto nivel económico. Eso de que el tango es la identidad de todos los argentinos, bueno, siempre ha sido un cliché, pero puede ser cuestionado, habría que verlo y discutirlo; es una mirada muy de Buenos Aires, del porteño, que siempre quiso monopolizar la cultura de toda Argentina", concluyó Liska.

Esa hipótesis puede suscitar la polémica. Ahora, lo que nadie rebate es que con el aporte de la nueva camada de jóvenes músicos el tango para Buenos Aires "es eterno como el aire y el agua".

Muchos le han cantado a la urbe; uno de ellos fue la compositora y cantante Eladia Blázquez, quien nació en 1931 y se nutrió durante su adolescencia de la época dorada del tango, y lo mantuvo vivo en las décadas del olvido de los 60, 70 y 80. Ella ya partió en 2005, pero dejó entre otras composiciones una de intenso significado:

Mi ciudad y mi gente

Aunque me dé la espalda de cemento,

me mire transcurrir indiferente,

es ésta mi ciudad, ésta es mi gente...

y es el lugar donde a morir, me siento.

¡Buenos Aires!...

Para el alma mía no habrá geografía

mejor que el paisaje...

...de tus calles,

donde día a día me gasto los miedos,

las suelas y el traje...

No podría...

vivir con orgullo,

mirando otro cielo que no fuera el tuyo,

porque aquí me duele un tango

y el calor de alguna mano

¡y me cuesta tanto el mango que me gano!...

Porque soy como vos,

que se niega o se da;

¡te proclamo, Buenos Aires, mi ciudad!

Aunque me des la espalda de cemento,

me mires transcurrir indiferente;

¡te quiero!.... Buenos Aires, y a tu gente,

y entre tu gente, sin querer, te encuentro,

me encuentro...

Porque soy como vos,

que se niega o se da;

¡te proclamo, Buenos Aires, mi ciudad!

* Corresponsal de Prensa Latina en Argentina.

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