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Área: Cultura >> Teatro
Actualizado el 2013-11-30 a horas: 02:49:12

Renace la milenaria ópera popular “Cheo” en Vietnam

Ópera de Beijing, alma de la nación china

Ilsa Rodríguez, Hugo Rius Blein y Armando Reyes *

Con dos siglos de existencia, la Ópera de Beijing es un arte multidimensional en la que se expresan las esperanzas y sueños del pueblo chino, una vitrina de su cultura y una particular forma de transmitir historias milenarias o contemporáneas. También el milenario y genunio arte vietnamita, la ópera popular “Cheo”, experimenta hoy una suerte de reencarnación en la provincia norteña de Ninh Bin.

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Todo comenzó hace 200 años cuando un grupo de artistas de la ópera de Anhui llegó Beijing para entretener al Emperador Qiantong en su cumpleaños 80 y comenzar un largo camino precisamente desde el Palacio Imperial, donde estos virtuosos pasaron a ser meros sirvientes. No obstante, los historiadores de este arte chino consideran que gracias a su presencia en esa ocasión festiva, pudo surgir y desarrollarse la Ópera de Beijing, un arte capaz de traer a la vida desde escenas de campos de batallas hasta romances sentimentales.

Durante dos siglos, la ópera ha crecido para convertirse en el alma de la nación china, una vitrina de su cultura. En su camino de éxitos y desventuras, cabe destacar la activa participación de la Emperatriz Cixi, una amante de esta expresión cultural que la llevó a derrochar riquezas del imperio para montar obras monumentales en las cuales participó como guionista y con muchas ideas para la puesta en escena.

Además de actuaciones exclusivas, en las que solo invitaba a un grupo reducido de ministros y personalidades, esta emperatriz esposa de Guangxu (1873-1908) organizaba varios festivales anuales con la participación de conjuntos de la Ópera de Beijing. Para su 60 cumpleaños, Cixi decidió preparar 60 fastuosos escenarios del entonces recién remodelado Palacio de Verano, para lo cual utilizó tanto dinero que la Armada Imperial fue derrotada por los japoneses al no disponer de los recursos necesarios para enfrentarlos en la Guerra de 1895.

Por esa razón, la gran amante de la ópera tuvo que pasar su cumpleaños sin la pompa que soñaba y que incluía múltiples conciertos de la Ópera de Beijing. De esa pasión de Cixi por el arte operático y su indudable impulso a esa expresión cultural salieron los primeros renombrados artistas de la Ópera de Beijing, ya que a diferencia del Emperador Qiantong, que redujo a la condición de sirvientes a esos artistas, ella los elevó a los primeros planos.

Ese interés de Cixi por la ópera atrajo la atención de la población china en ese género musical y los locales públicos donde actuaban los diversos grupos de la Ópera de Beijing se convirtieron en lugares siempre llenos de público. Entre los que deleitaron a la emperatriz con sus actuaciones figuran Yang Yuelou, Liu Gansan, Yang Xiaolou y Tan Xinpei. A este último ella lo apreciaba en particular por su capacidad para cambiar de la voz femenina a la masculina e interpretar impecablemente papeles tanto de mujeres como de hombres.

Ya en las primeras décadas del siglo XX, antes del triunfo de la revolución china en 1949, aparecen ciertos vacíos sobre la historia de la Ópera, ya que no existía una recopilación escrita de lo realizado porque las obras, actuaciones y otros detalles se transmitían oralmente.

Con la instauración de la República Popular China, por primera vez en la historia de su existencia los artistas de la Ópera de Beijing reciben todo el reconocimiento merecido, se les asegura un salario, jubilación y otros beneficios de los cuales siempre habían caricido. Ellos cantan entonces tanto las historias de princesas, emperadores y antiguas guerras, como las anécdotas de la nueva vida, de los cambios en la sociedad y de lo que iba aconteciendo en este país que de prácticas feudales saltó a tratar de edificar una sociedad socialista.

Veinte años después, sin embargo, los extremismos de la Revolución Cultural estuvieron a punto de borrar este arte particular, cuando se les prohibió terminantemente interpretar obras de su repertorio tradicional que fueron tildadas de feudales o burguesas. Esta decisión hizo que las actuaciones de la Ópera de Beijing se redujeran a solo un puñado de piezas revolucionarias escogidas por la dirigencia del país y a los teatros cada vez acudieran menos personas interesadas en ver una y otra vez la misma pieza teatral.

Al terminar los años difíciles de la Revolución Cultural y comenzar el período de reformas y apertura, la Ópera de Beijing inicia su lento proceso de recuperación para volver a alcanzar la posición cimera que mantiene hoy. Las reformas también llegaron al sector cultural y a partir de 1976, de forma paulatina, los conjuntos operáticos comenzaron a interpretar las obras que había aprobado el ya desaparecido Mao Zedong (que falleció en septiembre de ese año) y, tímidamente, algunas de su repertorio tradicional.

Eso quiere decir que a los escenarios regresaron las historias de emperadores, nobles, leyendas y amores imposibles o pasionales, para deleite de la audiencia nacional. Deng dijo a los artistas que los profesionales del arte debían ser innovadores en sus creaciones para que la literatura y el arte sirvieran el objetivo nacional de la modernización, un llamado que inspiró al comienzo de una nueva era de la Ópera de Beijing.

En los más de 30 años de reformas y aperturas, la Ópera ha estrenado cientos de obras nuevas, con temas diversos y ha cambiado su forma de funcionar, ya que en noviembre pasado concluyó el proceso de cambio de grupos bajo amparo estatal a la de empresas independientes.

La vigencia de este centenario arte, por otra parte, está asegurada a través de la organización de festivales competitivos con la participación de jóvenes artistas de ópera, que celebraron su segunda edición en la capital china con la presentación de 32 obras. Estos jóvenes amantes de este arte, que combina actuación, canto, pantomima y acrobacia, junto a un complicado maquillaje y ropajes fastuosos, son los encargados de mantener vigente esa estimada arte de China que ha superado las pruebas a lo largo de su camino.

Renace en Vietnam milenaria ópera popular

La ópera popular “Cheo”, milenario y genunio arte vietnamita, experimenta hoy una suerte de reencarnación entre 60 estudiantes de enseñanza secundaria de la provincia norteña de Ninh Bin que acometen el reto de dominar una manifestación interpretativamente compleja. Sin que las predominantes preferencias juveniles de la modernidad los sustrajeran de ese empeño ofrecieron sus primeras actuaciones ante concurridas audiencias y fueron muy elogiadas por viejos lugareños que conservan fresca la memoria de otros tiempos en que el Cheo disfrutaba de un auge que se intenta rescatar.

Los primeros sorprendidos por los resultados de tamaño proyecto preservador fueron los maestros de música que prepararon a los pupilos en rigurosas jornadas de entrenamientos, en los que salieron a flote inesperados talentos, porque como dijo uno de los educadores “no basta con entusiasmo, se requiere una gran pasión”.

Se cree que el Cheo se originó en el siglo XI de nuestra era y tuvo sus raíces en los festejos de las aldeas en el delta del río Rojo y como muchas manifestaciones antiguas respondían a una tradición oral de contar historias compuestas por autores anónimos que a la vez actuaban.

En su posterior evolución se enriqueció con la introducción de pantomimas, instrumentos musicales y danzas que se combinaban con cantos y diálogos para relatar leyendas, recitar poemas y comentar la vida cotidiana, y usualmente se refería a jefes, héroes, romances, tragedias y hasta comedias. Con frecuencia se utilizaba para burlarse de quienes ostentaban el poder y exponer injusticias, a lo que se recurrió como instrumento de protesta durante la dominación del colonialismo francés.

Precisamente en este período se registraron los primeros intentos de modernizar el Cheo dividiéndolo en actos y escenas e incorporando una introducción, lo que no fructificó hasta después de la independencia de Vietnam, cuando en 1964 se estableció el Teatro Nacional del género, para rescatar la tradición de ópera popular.

Los promotores de este arte sostienen que aunque se trata de una expresión antigua se puede adaptar fácilmente a las audiencias contemporáneas con temas temporalmente cercanos, y de hecho en algunas obras el presidente Ho Chi Minh es uno de sus personajes, y en otras se educa sobre el peligro del consumo de drogas y del Sida. Pero faltaba asegurar su perdurabilidad en las nuevas generaciones, y en ese empeño se alistó la provincia de Ninh Binh, en pos de que el Cheo siga reencarnado con otros bríos.

Títeres vietnamitas: antiguos y espectaculares

La compañía vietnamita Thang Long (Dragón Volante), más conocida como la de las marionetas acuáticas, fue tema recurrente entre los habaneros asistentes a las tres funciones que esa entidad ofreció en 2012 en Cuba. Hasta Hanoi llegaron los ecos del rotundo éxito de los artistas vietnamitas, cuestión lógica si se toma en cuenta que en esa urbe del país indochino se asienta la sede principal de esa antigua institución cultural.

Nada extraña esta reacción del público cubano, pues las marionetas acuáticas vietnamitas constituyen un espectáculo único en el mundo que pone en juego la habilidad, la fuerza y la capacidad de los titiriteros. Solo de generación a generación pasa el secreto de manipulación de los muñecos, los cuales con tamaños de hasta 50 centímetros de alto y 15 kilogramos de peso, obligan a una depurada preparación física y una destreza rayana en la perfección.

Es ostensible que los titiriteros de la nación indochina recurrieron a una resistencia estoica para presentarse en la principal ciudad cubana, pues, por las expectativas creadas el público interesado en presenciar el espectáculo sobrepasó con creces la capacidad de la carpa Trompoloco, sede principal del Circo Nacional de Cuba. De ahí que se programaran tres funciones diarias durante tres días, lo cual obligó a un esfuerzo considerable de los artistas.

Teresa Menéndez, ama de casa, decidió ir con su nieto a disfrutar de una de las funciones. Pensaba que no podría comprar entradas por la popularidad que en poco tiempo habían alcanzado las marionetas acuáticas. “Fui con pocas esperanzas de ver la función, pero para sorpresa mía, comentó, logré entrar y en realidad valió la pena, porque se trata de una presentación increíble que nunca olvidaré ni yo ni mi nieto de cuatro años”.

Las marionetas son talladas en madera de higuera resistente al agua, con una durabilidad de entre tres y cuatro meses. Un estanque lleno de agua turbia impide a la mirada curiosa de los espectadores apreciar los mecanismos que mueven a los muñecos actores, representantes de escenas de la vida cotidiana rural de Vietnam o a criaturas míticas como dragones y unicornios e incluso reyes y otros personajes de la historia del país indochino.

A las evoluciones escenográficas las acompañan una banda de músicos, cuyos cantantes e instrumentistas amenizan y complementan los cuentos, representaciones y actuaciones que incluyen desde lo imaginario hasta temas prácticos actuales. Al respecto, el director de Cubanow, una publicación digital, Luis Notario, precisó que es una manifestación única, exclusiva e inimitable. “Estoy todavía sorprendido con la destreza y habilidad de los artistas vienamitas. Son verdaderos maestros del teatro Guiñol”, apuntó.

Ese teatro de títeres también escenifica rituales como el festival de percusión, el preludio del Teu, títere popular que encarna las cualidades típicas del pueblo vietnamita, la danza de las hadas y la de los cuatro animales sagrados (el dragón, el león, la tortuga y el fénix). Aunque los artistas se quedan detrás de una cortina y no ven bien las herramientas sumergidas, sus prolongaciones realizan movimientos increíbles como dragones que expelen fuego por sus fauces, mariposas voladoras o la de un joven montado sobre un búfalo de agua mientras toca una flauta.

Las marionetas acuáticas de la nación indochina iniciaron su andadura con figuras móviles a las que los lugareños les atribuían poderes mágicos y que se colocaban en los cultivos de arroz para alejar a las fieras y el mal tiempo. Se dice que las primeras surgieron hace unos mil años en el delta del Río Rojo en Vietnam, o sea, en una zona cercana a Hanoi, la capital, donde, por cierto, funciona el más grande y prestigioso teatro de este tipo.

La manifestación artística evolucionó durante siglos hasta convertirse en uno de los espectáculos más originales, innovadores y exclusivos, a lo cual se apega con fidelidad la compañía Thang Long de Hanoi (Dragón Volante de Hanoi) desde su fundación, en 1969, la cual se presentó en La Habana con un grupo de 19 artistas seleccionados entre los más diestros.

La danza de los muñecos en el agua que es como denominan los vietnamitas a esa forma peculiar de hacer teatro, se ha convertido en parte de la identidad cultural del país asiático, un hecho que tomó en cuenta la UNESCO para incorporarlo a la lista de Patrimonio Intangible de la Humanidad.

Los artistas y sus muñecos han viajado a más de 40 países de cinco continentes. Se han conservado testimonios que se refieren a funciones realizadas durante la dinastía Tran (1225-1400), un periodo de franco florecimiento cultural, dentro de la cual las letras vivieron una época de esplendor.

Al iniciador de la dinastía, el rey Tran Thái Tông (1218-1277) se le adjudican comentarios referentes a ese género teatral: “Todo el mundo puede ver con claridad que las marionetas de madera dependen de mecanismos y de cuerdas para crear sus movimientos. Son capaces de moverse y bailar como si fueran seres humanos y pueden parar cuando las cuerdas se aflojan”.

* Rodríguez es corresponsal de Prensa Latina en China; y Rius y Reyes son periodistas de la redacción Asia.

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