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Actualizado el 2013-11-13 a horas: 19:16:31

Dóxofos y analistas…

“No votemos como huanacos”: El racismo mediático/político

Idón Moisés Chivi Vargas *

El presente artículo pretende hacer un recorrido en dos campos de análisis, por un lado diferenciar a los “dóxofos” de los “analistas” y por el otro en las “estructuras discursivas” del racismo en los medios de comunicación.

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En el mundo comunicacional, estos dos niveles se confunden muy fácilmente, de hecho se mezclan de tal forma que el racismo –como aparato de poder- tiene un campo fértil para su difusión. El racismo agrede el artículo primero de la Declaración de los Derechos Humanos donde todos los seres humanos somos iguales incluso en nuestras diferencias.

Si la analista Ximena Costas dice que hay huanacos que votan, ¿quiénes son los huanacos? Los indios, sin duda… Los demás, los que “son como ella”, no son huanacus, son gente, humanos y no animales. Eso lo dijo en Fides, en una radio católica…

¿Qué tenía que hacer la radio? Advertirle el hecho ¿lo hizo?, ¿no quiso hacerlo? La “animalización”, “demonización”, “monstruización” del ser humano, constituye esencialmente racismo. Existen otras formas, de ellas nos ocuparemos más adelante.

Por el momento, lo dicho por Ximena Costas, es racismo, que la señora no lo sepa es otra cosa, la muestra grosera de ignorancia en uno de los temas más políticos de nuestro tiempo.

Dóxofos y analistas…

Pierre Bordieu solía referirse a los “sabelotodo” como dóxofos, pero cuyo “capital cultural” provenía de una construcción artificial resultante de tres variables: a) Medios de comunicación; b) Partidos políticos, y; c) Agenda de presentaciones más o menos intensiva. Dicho de otra forma, los dóxofos son opinadoras/es provienen de una relación incestuosa entre medios y estructuras políticas, pero que se muestran públicamente como alejados, casi como que no se conocieran, hasta presentan diferencias de fondo, pero conviven en un campo mediático donde presentadores de noticias, opinadores, dueños de medios y políticos deciden los imaginarios colectivos que el público tiene que “consumir”. Esta relación incestuosa no es un hecho proveniente de una mano mágica, sino que responde esencialmente a las urgencias de la reproducción ampliada del capital. Dóxofo es mercader de su voz, imagen y uso del lenguaje, los rostros, el tono de la voz y la sonrisa se convierten en parte de las mercancías cuyas ventajas se ponen en las vitrinas del poder.

El analista en cambio, sostiene sus argumentos en razonamientos comprobables, en evidencias sociales y proyecciones políticas, las más de las veces fructíferas en el mundo material. Es decir una analista o un analista, plantean horizontes de proyección y horizontes de acción, que puestas a prueba, tienen verificación histórica. Son pensadores que ponen a prueba sus hipótesis -no solo en las mesas de los medios de comunicación-, sino ante la realidad histórica y que generalmente aciertan en esas proyecciones, pero no solo porque lo pensaron, sino porque además lo hicieron, es decir un analista no solo piensa sino también hace militancia política de sus ideas…

Esta pequeña diferencia entre dóxofos y analistas, es necesaria en un mundo mediático donde -por lo general-, se confunden muy simplemente y no es así.

Dóxofo es mercader/mercenario, soldado a sueldo del capitalismo en su forma mediática. Analista es militante de la dignidad humana y en consecuencia un activista por los derechos humanos en todas sus dimensiones, incluidas las mediáticas. Un dóxofo puede ser racista… Un analista, bajo ningún motivo, tiene que combatir al racismo en todo campo de batalla.

“Categorías personificadas”

Vayamos al motivo de este artículo, que toma como pretexto la declaración de la dóxofa Ximena Costa en radio Fides, pero que está pensado para un ámbito mucho más extenso.

Es que en realidad -para este documento- Ximena Costa es solo una “categoría personificada” (Marx), como lo son Samuel Doria Medina, Juan del Granado o Rubén Costas. No significan nada en tanto personas, pero si tienen significado en tanto operadores políticos, porque representan al capitalismo, al colonialismo y al imperialismo.

Orden colonial y racismo: para no confundirse

El orden colonial es histórico, complejo y reticular, pero se sustenta en un argumento ridículamente simple aunque altamente efectivo: el racismo.

El racismo -al interior del orden colonial- es el sentido ordenador de economía, política y sociedad, pero no es ni economía, ni política, ni sociedad, solo su sentido ordenador, es un “aparato de poder” (Foucault) cuyos dispositivos -culturalmente construidos- han servido para que el capitalismo, después de su fase de acumulación originaria con el robo y saqueo genocida (Marx) se convierta en imperialismo (Lenin).

Por ello no debemos confundirnos, el racismo no es el orden colonial, solo su rostro más visible. ¿Qué debemos combatir? ¿Orden colonial? ¿racismo? ¿las dos cosas a la vez? La ofensiva descolonizadora –como mandato constitucional-, nos plantea la necesidad de combatir, tanto el orden colonial, como el racismo.

Pero hoy, el racismo a diferencia del orden colonial, es mucho más visible que antes de la ley 045 y el Decreto Supremo 0762, ya que estos instrumentos normativos ponen al desnudo las formas del racismo, penalizan los mismos y establecen sus principios procesales y reglamentarios que le dan funcionalidad y sentido histórico emancipatorio, revolucionario. En consecuencia, racismo no es lo mismo que orden colonial, ni descolonización es solo lucha contra el racismo.

Racismo: resumen político para principiantes

El racismo tiene una larga historia en diferentes disciplinas del control social, particularmente la criminología y el Derecho Penal como lo he demostrado en un viejo documento sobre tratamiento penal de los indígenas en Bolivia (1997).

Gobinueau, Spencer, Ferry, Garofalo (europeos todos ellos), sirvieron para que Bautista Saavedra en 1901, elaborara sus célebres tesis sobre la inferioridad del indio en Bolivia (de los cuales era abogado defensor en el caso Mohoza de 1899) y donde uno de los principales acusados es nada menos ni nada más que ¡Pablo Zarate Willca!

Luego de él vienen Julio Salmón (1936), Manuel López Rey y Arrojo (1943), José Medrano Ossio (1941), Manuel Duran Padilla (1946), Hugo Cesar Cadima (1954), Huascar Cajias (1972), Fernando Villamor Lucia (1978) y Benjamín Miguel Harb (1990), todos sostienen –desde diversas vertientes-, que el indio es inferior, alcohólico, incapaz e inadaptado “al medio cultural boliviano”.

El resultado legal después de casi setenta años de debate se resume en el código penal Banzer de 1973, el indio es inimputable y semiimputable, es decir incapaz e inadaptado.

No es de mi interés que se conozca el racismo penal, sino solo demostrar que Bolivia no ha estado exenta de una ideología cuya base es la inferioridad humana por el color de la piel. Hoy, siglo XXI, esa inferioridad criminológica y penal, está en desuso y retirada ideológica.

No sucede lo mismo en el campo mediático., es decir en el tratamiento comunicacional e informativo. En consecuencia conviene recordar la historia del racismo.

Antes de la segunda guerra mundial, el racismo era un paradigma general un modo de pensamiento que afectaba a todas la ciencias conocidas en ese entonces, por tanto no se discutía sus bases epistemológicas, salvo desde algunas disciplinas marcadas por el marxismo.

La segunda guerra y el holocausto pusieron en tapete de discusión el racismo. Cuando el racismo toco sus puertas y los muertos se sumaron por millones, de entre los blancos, los mas blancos resultaban ser los arios, es decir los alemanes, por tanto eran los destinados a conducir los destinos del mundo y no había otra forma que comenzar por Europa.

Así en la escala cromática blancoide, los alemanes se arrogaron el derecho de invadir Europa y hacerla suya. Pasada la segunda guerra, con los muertos europeos por delante, el mundo en un acto de conciencia política pone en cuestionamiento el racismo, como modelo de pensamiento.

En 1955 las Naciones Unidas encargan a Claude Levy Strauss un estudio sobre el racismo, que dará como resultado “Raza e Historia”, y que servirá como base para la Convención Internacional contra el Racismo de 1965.

Posteriormente científicos de renombre indagaran al racismo en diferentes contextos de análisis: el Estado (Michel Foucault), la historia (Svetan Todorov), las estructuras sociales (Michel Wieviorka), cuyos resultados sirven hoy, como los instrumentos teóricos más conocidos para enfrentar el racismo y combatirlo con éxito.

Racismo mediático: una aproximación

Pero el racismo mediático aún muestra un serio vacío en el conocimiento, al menos esa sensación se tiene cuando se trata el caso boliviano. Existen muchos artículos y ensayos, pero escasos textos de investigación que hagan un abordaje completo sobre las estructuras discursivas.

Dicho de otra forma, es urgente tratar el racismo mediático en su estructura discursiva, en el manejo del lenguaje y en la forma de su tratamiento por los medios de comunicación. En el caso de la señora Ximena Costas, comienza por una afirmación que acaba con una explicación pueril “no votemos como huanacos… no es racismo”.

El racismo tiene tres formas básicas de presentación (M. Wieviorka): a) inorgánico; b) orgánico, y; c) Estatal. En el primer caso está presente casi en todas las sociedades, pero con manifestaciones aisladas, en el segundo tiene instituciones que lo postulan, ideología y sistemas de socialización altamente estructurados, en el tercer caso es el Estado el que lo convierte en su ideología oficial.

Cuando hablamos de racismo mediático estamos frente al segundo caso. Si en el nivel del derecho penal y la criminología el racismo está en retirada y bancarrota, no ocurre lo mismo en el nivel comunicacional ¿por qué? Porque hoy, los aparatos de poder más eficaces, en términos de respuestas a la crisis del capital transnacional y el imperialismo está en manos de los grandes medios de comunicación y sus agentes locales.

Por ello es que el racismo mediático no es un fenómeno inocente, sino uno que está articulado al imperialismo y los poderes transnacionales. Y funciona de modo tal, que se muestra como inocente, error o lapsus. Pero en el fondo constituye el arma ideológica que usan las expresiones partidarias más reaccionarias de Bolivia.

De otro lado, la “animalización” constituye la forma básica en la que el racismo se expresa a través de los medios, este modelo de construcción social se conoce como “fisiognomismo”, hacer equivalentes algunos grupos humanos con especies animales, la frase “no votemos como huanacos” expresa este modelo orgánico de emisión ideológica fisiognomista ¿Ximena Costas es fisiognomista?

En el siglo XIX la Comuna de Paris fue considerada un hecho de clases bajas, como clases bajas eran los que hicieron la revolución rusa o los partisanos que luchaban contra el hitlerismo, este modelo apela a la idea de pobreza como modelo de jerarquización, hoy no han desaparecido, muchos piensan que solo el que tiene dinero debe ser presidente… o el caso del periódico Página Siete que compara a los cooperativistas con una masa acrítica y prebendal por necesidades económicas.

No han faltado quienes apelan a la idea de “universidad” para construir los modelos de jerarquías sociales que son racistas por excelencia, por ejemplo el caso Juan del Granado y su delito al hablar de Evo Morales como un “no profesional y que no sabe leer”.

Todos estos casos son las estructuras discursivas con las cuales el racismo se emite hoy, por los grandes medios de comunicación, pero no es un hecho inocente, sino un dato político que no puede pasarse por alto.

Abriendo el debate…

La diferencia del color de la piel, la religión y el género, la animalización, monstruización, demonización, satanización, constituyen desde la edad media y el proceso colonial en estas tierras, las formas básicas de jerarquización social y que en el siglo XIX adquirieron estatus científico, a partir de explicaciones que partían de la armonía del cráneo, el color blanco o la pobreza.

El siglo XX fue testigo hacia donde llevan esos modelos de distinción: El genocidio. Pero el genocidio no fue visto sino solo cuando tocó las puertas de Europa, lo que ocurrió en el Abya Yala desde 1942 no importaba, no existía. Nadie se percataba que la sangre de los indios y la sangre de los negros en el proceso colonial, fueron el sostén del moderno capitalismo y el capitalismo se sostiene esencialmente sobre el racismo.

Hoy el racismo está en retirada epistemológica, pero en el campo comunicacional está viviendo el auge más impresionante del que es testigo la humanidad. El racismo mediático es un modelo orgánico de emisión ideológica, porque cuenta con un aparato comunicacional que lo respalda e impulsa aparentando inocencia.

El racismo mediático responde a las necesidades de las grandes usinas ideológicas del imperialismo, las transnacionales y el neocolonialismo. Muchos agentes locales (propietarios de medios, presentadores, periodistas, dóxofos, opinadores, articulistas y otras formas de trabajo) son correas de transmisión del racismo mediático cuando emiten estas estructuras discursivas sin poner reparo alguno, en ese momento se convierten en mercenarios del racismo y mercaderes de su poder en los medios.

La lucha por los derechos humanos nos convoca y exige no dejar pasar por alto al racismo mediático, porque constituye la forma contemporánea más gravosa y lesiva a la lucha de los pueblos por un mundo digno.

Denunciar el racismo es construir dignidad…

* Abogado y director general de Estudios y Proyectos del Viceministerio de Gestión Comunicacional.

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