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Área: Sociedad >> Ecología
Actualizado el 2013-11-08 a horas: 23:10:27

El nuevo Convenio Marco de Cambio Climático debe incluir financiamiento para países en desarrollo

Antropoceno, el período geológico humano

Alberto Corona, Vivian Collazo Montano y Alfredo Boada Mola *

La Habana (PL).- Las tres dimensiones del llamado desarrollo sostenible o sustentable; ambiental, económico y social, constituyen una tarea aún pendiente de armonizar ante el constante deterioro de la relación tácita entre ellas para la planeación del desarrollo. A escala global, tanto los desastres regionales como locales que a diario se suceden, hacen imprescindible volcar la atención de la sociedad y los gobiernos hacia la búsqueda de soluciones y alternativas de desarrollo que tomen en cuenta las complejas interrelaciones con el medio ambiente.

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De la misma forma que hace 65 millones de años el fin de los dinosaurios quedó geológicamente registrado, los humanos dejarán su huella en la Tierra, en un período que los expertos consideran llamar Antropoceno.

Las emisiones de combustibles fósiles, el cambio climático, la agricultura, la acelerada extinción de especies, la polución química, la urbanización y las grandes ciudades se expresarán de varias maneras en los sedimentos de mares, lagunas y ríos de nuestros tiempos, los que dentro de millones de años se habrán compactado en rocas, dicen los científicos. Allí estará la evidencia de lo sucedido y los eventos de transición que lanzaron al planeta hacia esa “historia geológica” diferente, señalan investigadores como Paul Olsen del Observatorio Lamont-Doherty de Nueva York, Estados Unidos.

Basados en los tipos de cambios producidos, es claro que “tendremos un marcador geológico, que los humanos son una fuerza geológica y que estamos en un nuevo período geológico de un tipo nunca visto en la Tierra”, asegura Olsen. En tanto, Jan Zalasiewicz de la Universidad de Leicester, Reino Unido, indica que sólo ciertas ciudades dejarán marcas distintivas, y otras se convertirán en anónimas arenas, mientras que las zonas costeras quedarán en un estado parcialmente reconocible.

“Las cloacas y el sistema eléctrico, los subterráneos, se conservarán muy bien. En la superficie los edificios colapsarán en masas de escombros. Pero formarán estratos muy diferentes a cualquier cosa que haya habido antes”, aseveró. Será así porque las formas y los materiales de esos “estratos urbanos” no se parecerán a nada que haya formado la naturaleza.

“El concreto es como una caliza arenosa así que tiene un buen potencial de conservación. Los ladrillos pasarán de rojo a gris, mantendrán la forma aunque posiblemente se aplanen un poco. El vidrio se volverá un material lechoso y se cristalizará muy finamente. El acero se oxidará y desaparecerá pero dejando huecos donde alguna vez estuvo. Así que podemos aplicar los principios de la geología a los nuevos estratos que estamos haciendo para predecir cómo lucirán en decenas de miles de años”, aseveró Zalasiewicz.

El término antropoceno fue introducido hace unos 10 años por el holandés Paul Crutzen, quien en 1995 compartió el Premio Nobel por su trabajo conjunto en la química atmosférica, especialmente en lo que concierne al campo de la formación y descomposición del ozono.

Cuentan que en una conferencia donde se encontraba el prestigioso científico solo se hablaba del holoceno, época geológica que comenzó al final de la última glaciación, hace unos 12 mil años y que se prolonga hasta el presente. En una de las veces, Crutzen se paró y dijo: “¡Dejémoslo ya! Ya no estamos en el holoceno, sino en el antropoceno”.

Luego, en 2002, publicó el concepto en la revista Nature, el cual fue aprobado por expertos de diversas disciplinas. Desde entonces, en muchos foros se habla de este período, aunque no todos están de acuerdo en cuando comenzó. Unos piensan fue hace miles de años con el surgimiento de la agricultura, algunos lo fijan en la Revolución Industrial, y otros consideran que el final de la segunda guerra mundial podría marcar el inicio de la nueva era.

Sin embargo, quizás lo más importante no sea esto, para Crutzen, quien comenzó el debate, ni siquiera está en las revisiones de los libros de texto de geología. Su propósito es más amplio: que centremos nuestra mirada en las consecuencias de la acción colectiva y en cómo evitar lo peor. “Lo que espero –dice- es que el término antropoceno sea una advertencia para el mundo”.

Hombre y Naturaleza, armonía pendiente

En opinión de expertos, vertidas en diferentes foros y estudios accesibles para quienes se interesen por estos temas, el cambio climático, el deshielo de polos y glaciares, la pérdida de la biodiversidad, así como la destrucción de selvas, bosques y diversos ecosistemas y la contaminación del agua, entre otros muchos problemas, plantean una verdadera disyuntiva a la humanidad.

De ahí que algunos investigadores subrayen la necesidad de hallar alternativas para lograr un desarrollo equitativo, económica y socialmente viable, que fomente el aprovechamiento racional y óptimo de los recursos naturales. Sin embargo, pese a las diversas conferencias de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, cumbres y foros, la mencionada tríada aún está lejos alcanzar un equilibrio real ante la resistencia de los denominados centros de poder.

Con la extensión y profundización del proceso que los estudiosos han llamado globalización, las economías, los sistemas políticos, la cultura, las estructuras sociales, la ciencia y la tecnología, entre otras, se encuentran altamente homogeneizadas. No obstante, en este proceso contradictorio en sus manifestaciones y efectos, el debate sobre el ambiente ha tenido un papel fundamental en términos económicos y sociales.

Ciertamente desde la aparición de las primeras críticas a la industrialización por sus impactos nocivos sobre la naturaleza y el ambiente en general, no se ha dejado de discutir acerca del valor que tiene la preservación y conservación de los recursos naturales renovables y no renovables con que cuenta el planeta, así como de la influencia de estos en la calidad de vida.

Pero el énfasis durante varias décadas en una integración económica de corte neoliberal, como la única vía para el desarrollo de las economías dependientes, y por otra parte el predominio del capital financiero transnacional, coincidieron con políticas ambientales poco eficaces. México es un ejemplo de ello tras la entrada en vigencia de un tratado de libre comercio con Estados Unidos, acorde con las cifras disponibles que dan cuenta de un deterioro y contaminación de los suelos, el agua y el aire, mientras se redujo por varios años el gasto destinado a la política ambiental.

Por otra parte, las grandes corporaciones o transnacionales ya no sólo se desplazan por el mundo buscando escapatoria a la legislación laboral, sino también a la legislación ambiental, pues no todos los países cuentan con el mismo poder para la implementación de las leyes. Esa migración empresarial se dirige hacia aquel territorio donde menos obstáculos existan a la hora de ejecutar actividades proclives a la degradación ambiental.

El impacto es doblemente grave, pues no sólo se explota a la población con largas jornadas de trabajo y bajos salarios, sino que también se está dejando una secuela de destrucción y contaminación de consecuencias impredecibles. Bangladesh es un ejemplo de ello. Recientemente un edificio que albergaba fábricas textiles se derrumbó, con un saldo de más de mil 127 víctimas fatales.

A su vez, todo ello evidencia que las políticas ambientales son un factor reproductor de las bajas condiciones de vida de las poblaciones con economías atrasadas o dependientes, toda vez que disminuyen las posibilidades de insertarse en la economía global en igualdad de condiciones.

Asimismo, el factor ambiente tiene otras formas de expresión en el contexto de la globalización, que es explotado por los centros de poder a conveniencia. En este sentido, se han establecidos determinados estándares de calidad para empresas y productos a fin de producir el menor impacto ambiental, al tiempo que muchos gobiernos se valen de esa normativa con vistas a evaluar los productos y las empresas con posibilidades de ingresar en el mercado interno de su país.

De esa manera, los productos contaminantes -según sus criterios- y aquellas empresas de alto impacto ambiental no pueden entrar ni funcionar en su territorio, situación que hace más vulnerable a las naciones pobres o en desarrollo, ya que esos estándares sólo pueden ser cumplidos con tecnología de punta, recurso escaso para esos territorios.

Es así como bajo dichas normativas se han consolidado grandes monopolios industriales de los países desarrollados, en la medida en que excluyen al resto de esas tecnologías y recursos, dando lugar así un ciclo vicioso de degradación y exclusión en el objetivo por alcanzar la tan añorada armonía entre el hombre y la naturaleza.

Nuevo convenio de cambio climático debe incluir financiamientos

Un nuevo convenio sobre cambio climático para que sea efectivo debe contemplar que los países en desarrollo reciban financiamiento de las naciones desarrolladas para mitigar la emisión de gases de invernadero, causantes del calentamiento global.

El actual Convenio Marco de Cambio Climático se firmó en la Conferencia de Medio Ambiente y Desarrollo de Río de Janeiro en 1992 y entró en vigor en 1995, con vistas a intentar que las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera no afecten la seguridad alimentaria y permitan un desarrollo sostenible.

Se trata de reducir las emisiones de seis gases que causan el calentamiento global: dióxido de carbono (CO2), gas metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), además de tres gases industriales fluorados: Hidrofluorocarbonos (HFC), Perfluorocarbonos (PFC) y Hexafluoruro de azufre (SF6). Para tratar de limitar las emisiones de esos gases y así evitar las consecuencias negativas del cambio climático, la comunidad internacional firmó el referido convenio, del cual son parte 195 estados o gobiernos.

El doctor en Ciencias Roberto Acosta, un amplio conocedor de las cuestiones de cambio climático desde que se iniciaron este tipo de investigaciones en Cuba, explicó a Prensa Latina que una de las bases de este convenio fue el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas. Ello significa que todo el mundo tiene que combatir el cambio climático pero los países desarrollados, debido a que fueron los principales emisores de gases de efecto invernadero y los de mayores capacidades, deben hacer los aportes mayores.

Sobre esa base se estableció el llamado Protocolo de Kyoto, aprobado en 1997, con la meta de que estos países en su conjunto redujeran en un cinco por ciento anual de sus emisiones en el período 2008 a 2012, con respecto a lo que emitían en 1990. Este tratado fue afectado grandemente por la decisión del gobierno de Estados Unidos, el país de mayores emisiones en el planeta, de no participar.

Entonces, en lugar de tener un 5% de reducción en las emisiones la cifra bajó a 3,8%, acotó Acosta. A pesar de ello, el Protocolo de Kyoto vinculó legalmente a los países desarrollados a reducir las emisiones, las cuales, no obstante, han sido incrementadas últimamente.

Si bien es verdad que algunos países en desarrollo alcanzaron niveles de crecimiento grandes en las emisiones, como China, India y Brasil, los países ricos tienen percápita de emisión mucho mayores, pues la distribución de la riqueza en el mundo no es equitativa. En ese contexto se trabaja actualmente para lograr un nuevo acuerdo, que mantenga el principio de responsabilidad común pero diferenciada, en el cual todos los países deben mitigar, o sea evitar emisiones de cambio climático sin que se perjudique el desarrollo.

Todas las naciones tienen un común denominador, pues saben que el cambio climático afectará su estabilidad y bienestar, y mantienen conversaciones para ver si se llega a un nuevo acuerdo climático, a ser aprobado en 2015 y entrar en vigor en 2020. De acuerdo con Acosta, para que un nuevo convenio sobre cambio climático sea efectivo debe contemplar que los países en desarrollo reciban un financiamiento importante de las naciones desarrolladas, para mitigar la emisión de gases de efecto invernadero, causantes del calentamiento global, sin afectar su desarrollo.

Acosta espera que haya más conciencia en el mundo para lograr ese acuerdo en el año 2015.

* Corona es jefe de la redacción Economía de PL, y Collazo y Boada son periodistas de Prensa Latina.

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