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Área: Cultura >> Turismo
Actualizado el 2013-10-27 a horas: 04:28:10

Córdoba, un ambiente diferente

Viaje a Uspallata y más allá

Martin Hacthoun *

Mendoza, Córdoba y Buenos Aires (PL).- A unos 100 kilómetros de la ciudad de Mendoza por la Ruta Nacional 7 que atraviesa la cordillera de los Andes, se encuentra la pequeña villa argentina de Uspallata, un remanso de paz cercado por un impresionante paisaje, muy próximo a la frontera con Chile. Sin el bullicio citadino de un conglomerado poblacional como el de Buenos Aires, en Córdoba se respira un ambiente diferente, el ritmo de la vida tiene un toque distintivo, como el musical acento de los cordobeses.

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A 2.039 metros de altura sobre el nivel del mar, Uspallata es una pequeña villa serrana, dispersa en el valle homónimo, surcada por el río Mendoza, de aguas heladas por el deshielo de los altos cerros de la cordillera, y los riachuelos San Alberto y un segundo que lleva su nombre. Pertenece al departamento mendocino de Las Heras y la habitan, contando los aislados barrios de La Fundición y Las Bóvedas, casi nueve mil 660 uspallatinos. Su flora es escasa por la aridez del clima, aunque en ella abundan los álamos con su peculiar figura.

Al abandonar la autopista nacional 40 y enrumbar el camino hacia el oeste por la Ruta 7, mucho antes de llegar, a ambos lados de la vía no faltan los viñedos y las bodegas de buen vino. La vinicultura es rica en esta tierra mendocina de la región del Cuyo, que abarca además a las provincias argentinas de San Juan, San Luis y La Rioja. Pero las plantaciones de la vid quedan atrás en la medida que el viajero se va acercando a la pre-cordillera y con ella a Uspallata, cuya gran riqueza está en su entorno natural imponente. La vista de la cordillera de los Andes es simplemente formidable, fascinante, subyugadora.

Por el camino se avista la gran refinería de petróleo de Cuyo, una de las más grandes del país, y un poco más allá se divisa el dique Potrerillo, utilizado para generar hidroenergía, y detrás de un macizo montañoso está una inmensa represa que le sirve de fuente y que corta el río Mendoza. En Uspallata quedaron atrás los años de apogeo minero, aunque algunas empresas aún insisten a despecho de los cuyanos, su economía hoy se basa fundamentalmente en el turismo de montaña, y los rápidos del río Mendoza propician la modalidad del “rafting”.

No está lejos del majestuoso Aconcagua, el cerro más alto de las Américas, y como atractivos adicionales están el monumento natural denominado “El balcón”, las famosas ruinas mineras y el bosque fósil de Darwin. Muy llamativas para los que gustan de hurgar en la historia son las Bóvedas de Uspallata, construcciones hechas bajo la dirección de los Jesuitas, con mano de obra huarpe y datan del año 1600, aproximadamente.

Se encuentra muy cerca la localidad de Las Cuevas, por donde se accede al Monumento Cristo Redentor de los Andes, y los lugareños muestran como curiosidad topográfica un macizo rocoso con silueta y color de una leona echada... Realmente, parece una leona echada. La antigua y hoy inoperante vía férrea del tren transandino perdura en el tiempo y se incorpora a la topografía cual paisaje natural más con sus desusados túneles y puentes de atrevida ingeniería.

Medio día, ni tampoco un día alcanzan para poder apreciar a plenitud toda la majestuosidad de la maravillosa naturaleza andina que rodea a Uspallata, pero al menos esas pocas horas de contemplación dejan grabada en la memoria esa regia cordillera de cerros de diversos colores según las capas de rocas que la componen, que parecen tocar el cielo.

Córdoba, un ambiente diferente

Sin el bullicio citadino de un conglomerado poblacional como el de Buenos Aires, en Córdoba se respira un ambiente diferente, el ritmo de la vida tiene un toque distintivo, como el musical acento de los cordobeses. A través de sus edificaciones, desde coloniales hasta las modernas líneas actuales, se puede percibir el rico patrimonio histórico, cultural y monumental de esta ciudad que se encuentra en el corazón de Argentina.

La Manzana Jesuítica es muestra de esa riqueza, pues junto a las otras cinco estancias en la provincia homónima: Caroya, Jesús María, Santa Catalina, Alta Gracia y La Candelaria, integran el Complejo Jesuítico de Córdoba, que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad en el 2000. Muchos otros son los sitios, festivales o acontecimientos que se acumulan desde la fundación de la urbe el 6 de julio de 1573, y que hoy enorgullecen a los cordobeses.

Alcira Vaca Martínez es una dulce y afable mujer que se declara cordobesa de pura cepa, y salve Dios a quien trate de denostar frente a ella a su querida “Córdoba de las campanas”, a la “urbe de nombre musical”. Escucharla es ver la ciudad con su carga de un millón 400 mil habitantes a través de sus ojos, y más... es también sentirla:

“En tierras comechingonas y formando parte de un sueño fundacional mucho más amplio, el río Suquía, acunó en sus orillas a la que centurias después sería llamada, con justicia, La Docta y también la Rebelde”, cuenta Alcira. Fue el sevillano Jerónimo Luis de Cabrera Zuñiga y Toledo, quien contraviniendo órdenes del Virrey del Perú de conquistar y evangelizar las nuevas tierras, decidió en cambio, atraído por el paisaje, quedarse y fundar la ciudad. Tal desobediencia le costó la decapitación un año después, pero ya la semilla había sido sembrada.

Al igual que el incesante torrente del río Suquía, así fue creciendo indetenible la ciudad, que experimentó un proceso de industrialización iniciado a fines del siglo XIX con el apogeo del modelo agro exportador, principalmente de carnes y cereales, y que perduró hasta 1930. Córdoba y en especial su ciudad capital, se forjaron y adquirieron peculiar fisonomía a partir de acontecimientos que la fueron moldeando, dándole un especial carácter de aguerrida e indómita.

Eventos y acontecimientos, más que sitios o edificaciones, le han dado realce y trascendencia universal a esta urbe. Un lugar de insoslayable protagonismo, de acontecimiento histórico de referencia no sólo local y nacional, sino por su proyección latinoamericana, lo ocupa, sin dudas el Movimiento conocido como Reforma Universitaria que culminó en junio de 1918.

Córdoba fue el epicentro de ese Movimiento Reformista, que se había ido gestando desde hacía tiempo y que se extendió a todo el país, al continente e incluso a España, rememora oronda Alcira. Todo se desató por el rechazo e indignación en los jóvenes estudiantes de mentes libres por el oscurantismo de los claustros y la falta de democracia. El estudiantado pugnó por una educación de calidad, que dejara de ser el patrimonio de una elite.

Exigieron que las nuevas ideas tuvieran espacio en las aulas y cátedras y que los estudiantes pudieran decidir también los destinos de la Casa de Altos Estudios, entre otras reivindicaciones. El alumnado de los nuevos tiempos contó con el apoyo del movimiento obrero y también la mayoría del pueblo.

Aquel espíritu juvenil que despertó simpatías se vio reflejado en otro de los hitos más importantes del siglo XX, que marcarán a la ciudad y su pueblo para siempre: El Cordobazo. El Cordobazo fue un hecho que trasciende aún en nuestros días, protagonizado por obreros y estudiantes durante mayo de 1969 y cuyo momento más álgido fue el 29 de aquel mes. Tuvo claro sentido antidictatorial y fue acompañado entusiasta y masivamente por el pueblo de la ciudad. Antes vivió la industrialización a partir de 1930 y la Revolución Libertadora en 1955.

Más tarde sobrevino la dictadura militar de 1976, que los argentinos llaman “la última”, con el general Videla al mando y los desmanes criminales de la Triple A. Fueron tiempos oscuros para los cordobeses, y también para el resto de Argentina que aún busca a sus decenas de miles de desaparecidos.

“La dictadura militar y sus secuelas, vigentes hasta hoy, hacen que los cordobeses aún tengamos una herida abierta y que las demandas de verdad, memoria y justicia, sean parte de nuestro ADN”, comenta Alcira. Los cordobeses se sienten orgullosos de su historia y para quien recorre a diario las calles de la ciudad, cada rincón esconde un trozo significativo de esa historia que “necesitamos conservar y difundir”, señala la oronda cordobesa.

Y es cierto, para el forastero que llega por primera vez siente un ambiente diferente, una calidez singular enriquecida por la peculiar inflexión a la hora de hablar de sus moradores, quienes se entregan con facilidad a la amistad con afable gracia. Decirles que su ciudad es bella y diferente, es hacer brotar el brillo en sus ojos y que florezca una sonrisa en sus labios. Tienen motivo para ello.

Detallar un mapa de la urbe es percatarse que tiene una distribución urbana centralista; son pocos los barrios con vida autónoma del centro y alrededores, lo cual se observa en la organización de los recorridos de las más de 700 unidades de ómnibus cuyas rutas casi todas concurren al macrocentro.

La Universidad Nacional (UNC) con su fecunda historia de 400 años, la monumental Catedral, el Cabildo, la Plaza Mayor o Plaza San Martín, el Teatro del Libertador y sus miles de luminarias dan calma a la indignación de los cordobeses luego que una vez privatizada la antigua Escuela Olmos fue convertida en un “shopping”.

Por la UNC no solo pasaron jóvenes cordobeses y argentinos, sino muchachas y muchachos de la Patria Grande, quienes encontraron en sus aulas, no sólo saberes y conocimiento, sino amistad y fraternidad inolvidable. No faltan los museos, como el exquisito Caraffa, o el de Bellas Artes Evita en el Palacio Ferreyra, toda una joya arquitectónica, el de la Industria, el de Antropología y el de Arte Religioso; la lista es larga.

El Arco de Córdoba ubicado en la entrada sureste, sobre la Avenida Amadeo Sabattini, es símbolo cultural. En 2000 la Unesco declaró a la Manzana Jesuítica Patrimonio de la Humanidad y en 2006 fue nombrada Capital Americana de la Cultura de ese año. Asomarse a la vieja Cañada, que cruza la urbe a lo largo de tres kilómetros, es apreciar un hilo de agua que fluye ahora mansa cuando antaño corrió como imparable torrente. En cada ribera la gente se hilvana en singular paisaje urbano con los árboles de negro tronco retorcido y dulces flores amarillas.

“El Monumento a los Héroes de Malvinas” -dice Alcira-, “nos recuerda cada día, a los cientos de jóvenes caídos que esperan que nuestras Islas sean devueltas a la Patria”. De esa difícil parte de su historia los argentinos, en general, no pueden escapar. También hay otra gran riqueza en Córdoba, su propia gente, de orgullo sano, que subyace en su forma de ser: picaresca, irónica, rápida en la respuesta y en las muestras de ingenio, caracterizada por el acento tranquilo y lento a la hora de hablar.

Carlos Gardel, el que la Argentina tanguera no olvida, encontró en Córdoba un oasis, a su decir, y allí actuó muchas veces, y encontró amigos sinceros que al departir con ellos, lo llenaban de vida.

Los cordobeses muestran con satisfacción el Teatro Novedades, el más antiguo de la urbe y donde actuó por primera vez el Zorzal allá por el año 1914. Cafés y bares son parte de la vida cotidiana, son sitios para el encuentro amistoso, la charla animada o la lectura tranquila si el lector puede abstraerse del ambiente a su alrededor.

Los mercados dan colorida vida a la ciudad, donde las voces son altisonantes y los aromas de comida desatan el apetito y animan el paladar, aún para el transeúnte de escaso tiempo disponible. “Los cordobeses vivimos un romance perpetuo con nuestra ciudad, de la que nadie quiere alejarse por mucho tiempo y a la que todos, siempre, anhelamos volver”, afirma Alcira.

Y es cierto, más allá de su fisonomía urbanística -la oronda cordobesa tiene razón- “Córdoba es un amor constante”, que quien la visita por primera vez y lo siente, desea regresar.

Carimar, por los caminos de la historia

En lo que propone como un turismo diferente, el turoperador argentino Carimar Eventos oferta andar por la historia y la cultura de países latinoamericanos como Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela. Y proyectamos ampliar los viajes a otros países, como México, Portugal y Estados Unidos, dijo a Prensa Latina Carlos Rodríguez, director general de Carimar Eventos, quien precisó que “esta es una forma de revolucionar el turismo, ponerlo al servicio del conocimiento social, histórico y cultural”.

La idea -agregó- es hacer un turismo diferente, no el convencional típico; “la intención es hacer un intercambio cultural entre nuestras naciones a través de ofertas con un contenido histórico-social, destinadas a introducir a los turistas en nuestras sociedades”. Ilustró como ejemplo que la agencia organiza por estos días un viaje histórico a Bolivia en el que los participantes recorrerán los senderos por los que anduvo la guerrilla del Che Guevara en la selva boliviana, y concluirá en La Higuera, sitio donde fue asesinado el Guerrillero Heroico, señaló Rodríguez.

Como invitado especial junto a los turistas viaja Carlos “Kalica” Ferrer, quien fue uno de los amigos entrañables del Che Guevara, que lo acompañó en el último viaje que realizara el comandante argentino-cubano por América Latina. También -añadió el ejecutivo- organizamos un viaje a Nicaragua al aproximarse un aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista, el 19 de julio, para festejar allí ese acontecimiento, y se prevén encuentro con el comandante Carlos Fonseca, actual secretario adjunto del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Esa oferta incluye recorridos por varios sitios de valor histórico y cultural, como el pueblo natal de Augusto César Sandino, adelantó el director de Carimar. “Preparamos paquetes similares a Ecuador, Venezuela, y ahora coordinamos un grupo que asistirá a las celebraciones por el 60 Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, que fue la gesta que disparó la revolución cubana en 1953”, explicó.

“Con esos viajes perseguimos que el turista tenga vivencia propia de la realidad de nuestros pueblos, pero, claro, también incluimos en el paquete opciones de entretenimiento y descanso típicos como por ejemplo estancias en playas y recorridos por la Habana Vieja y Santa Clara”, señaló Rodríguez.

Como parte de su plan de expansión, Carimar Eventos proyecta organizar viajes históricos a México, Portugal y Estados Unidos, Rodríguez aclaró que los grupos que mueven no son contingentes políticos, sino clientes, ciudadanos comunes, turistas, que van a conocer las realidades de otros países, y “aunque el programa tenga un contenido político, porque lo social es político, ellos participan sin necesidad de profesar una tendencia política determinada”.

Carimar Eventos también ofrece paquetes de turismo convencional, con estancias en hoteles 5 Estrellas, si así lo prefieren los clientes.

* Corresponsal de Prensa Latina en Argentina.

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