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Área: Opinión >> Periodismo ciudadano
Actualizado el 2013-09-22 a horas: 03:39:31

Influencia burguesa en la conducción de las manifestaciones y límites políticos del movimiento

Brasil: Victoria del movimiento por el pasaje

(Massas Brasil*).- La tenaz disposición de la juventud en marchar hasta de noche, bloqueando el sistema vial de Sao Paulo y enfrentando la represión de la policía, logró arrancar de Alckmin del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB) y de Haddad del Partido de los Trabajadores (PT) la anulación del aumento de las tarifas del transporte. Cayeron los R$0,20. Lo mismo ocurrió en Río de Janeiro y otras capitales. Las masas en las calles mostraron su fuerza.

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Hace varios años, el Movimiento Passe Livre viene realizando manifestaciones en contra de los aumentos, por el pase gratuito para estudiantes y desempleados. La policía con facilidad pudo golpearlo. Pero esta vez, millares respondieron al ataque de guerra promovida por el gobernador Alckmin (PSDB) y Haddad (PT). Se cubrió de gases, se inundó de balas de goma, pisoteada por la marcha de la Tropa de Choque y marcada por las palizas, cientos de heridos y detenidos. El retrato vivo del Estado policial que emergió de la tan mentada democracia, la ciudadanía y los derechos humanos.

La violencia de la PM diluyó a la "Comisión de la Verdad" y borró a la Secretaría de Derechos Humanos. No hubo enfrentamiento porque los manifestantes no tenían manera de defenderse, a menos que su cuerpo y los objetos que se les aparecieron en el camino. El gobierno acusó al movimiento de vandalismo. Pero la respuesta al día siguiente fue que miles y miles salieron a las calles en todo el país. Buena parte de la prensa pasó a alabar las manifestaciones pacíficas, cuando en realidad no era más que la respuesta a la brutalidad policial. Los gobiernos trataron de ocultar el rostro de la dictadura de clase de la burguesía, que se definió totalmente en la cuarta jornada de la lucha.

La afluencia masiva de jóvenes y sectores populares, la ocupación de las ciudades y la condena de la acción policial pusieron a los gobiernos ante la alternativa de intensificar la represión o ceder. Reprimir más implicaba derramamiento de sangre. Ya no era suficiente disparar balas de goma en la cara. Ya no era suficiente aterrorizar con los métodos de la Tropa de Choque. La acción de grupos anarco-punks, que pasaron a actuar por su propia cuenta y al margen del movimiento de masas, logró mostrar diferente la marcha de la multitud, pero expresaron la rebelión contra las instituciones y propiedades. Evidenciado que la vigorosa lucha en las calles continuaba, en la sexta jornada, Alckmin y Haddad recularon.

La afluencia masiva a las calles de las capitales brasileñas respondió a la brutal represión llevada a cabo por la Tropa de Choque en São Paulo y Río de Janeiro en el cuarto día del conflicto. La campaña de los gobiernos de que se trataba de actos de vandalismo que atentaban contra la población, el patrimonio público y la propiedad privada, cayó por tierra.

Cientos de miles de personas salieron a las calles de São Paulo, Río de Janeiro, Belém, Belo Horizonte, Salvador, Curitiba, Porto Alegre, Brasilia y Fortaleza. Hace mucho que no ocurría un movimiento tan grande y masivo en el país. Gran parte constituido por jóvenes. A pesar de ser manifestaciones marcadamente de la clase media, contaron con jóvenes de las familias obreras y de los barrios pobres.

Se evidencia el hecho de que el ataque de la policía a la cuarta manifestación, orquestada por el gobernador Geraldo Alckmin (PSDB) y Sérgio Cabral (PMDB), con la connivencia de los alcaldes, como Fernando Haddad (PT) y otros, desenmascaró al Estado policial y la creciente militarización de la vida social. La situación de guerra creada el día 13 de junio se debió a la intervención de la Tropa de Choque, que se lanzó contra todo y todos los que estaban al frente. Las andanadas de balas de goma en medio de nubes de gas en las calles de São Paulo y Rio de Janeiro son la cara real de la democracia, que de hecho sirve a la política burguesa de dominación de la inmensa mayoría oprimida.

Por otra parte, la reacción dispersa e improvisada de una parte de la juventud, cuya acción se limitó a la revuelta, a incendiar bolsas de basura y cuando mucho tirar objetos sobre la policía, no pasó de ser una descarga de furia. Los gobernantes se enfrentan a una masa juvenil despolitizada y arrojada a las calles por una organización -Movimiento del Pasaje Libre- cuya única finalidad inmediata es mantener los precios de los pasajes congelados.

Esta organización que se dice apartidista intenta impedir que los partidos de izquierda ejerzan influencia con sus banderas y su política. La barbarie policial apareció ante los ojos de la clase media, los intelectuales e incluso representantes de la burguesía como una reacción desproporcionada de la Tropa de Choque. El saldo de numerosos periodistas golpeados por bombas de gas y balas de goma dejó atónitos a los medios de comunicación.

Las detenciones e interrogatorios de jóvenes ocurridos antes del estallido, simplemente porque llevaban una botella de vinagre –usada para protegerse del gas- preocuparon a los colegios de abogados y todo tipo de legistas. No faltaron voces para recordar que la Policía Militar y su Tropa de Choque son un legado de la dictadura militar y que la intervención del día 13/06 no tuvo mayor diferencia con aquel periodo antidemocrático.

Pese al giro tomado por la represión no retrocedieron ni por la responsabilidad de la policía en provocar la reacción de los manifestantes. La tesis de que se trataba de un movimiento violento dirigido a crear disturbios en la ciudad no pudo ser sustentada después de la operación de guerra contra la cuarta movilización en São Paulo.

En el tercer día de la manifestación (11/6), también reprimida con dureza, el periódico O Estado de São Paulo, en su editorial "Llegó la hora de decir basta", criticó a Alckmin por su moderación y exigió más brutalidad contra los "alborotadores". El gobernador procedió así el cuarto día, arengando al aplastamiento de la lucha sin instruir a los comandantes no atacar a periodistas y transeúntes.

En el ámbito internacional esto no fue nada bueno para la imagen de Brasil y su retórica de país que va superando la miseria, incluyendo a los excluidos e integrando a grandes sectores al proceso político. La prensa brasileña dio un giro defendiendo la democracia, el derecho a la manifestación pacífica y la imagen de la policía como el guardián de la libertad de todos los brasileños. Había que ocultar la cara de Estado policial y trazar una vía para controlar el movimiento y no sea tan sólo con bombas de gas lacrimógeno, balas de caucho, detenidos y heridos. Es en este clima que se lleva a cabo la manifestación del 17 de junio.

Buscan disciplinar la lucha

Brasil no podía parecerse a la Turquía de Ergodan. ¿Cómo sostener que aquí hay democracia y que los levantamientos populares en otras partes se deben a la presencia de los dictadores y autócratas? No hay duda de que la convulsa situación mundial, con levantamientos, protestas, huelgas generales, conflictos callejeros, muertes de manifestantes, ha comenzado a reflejarse en el Brasil.

El problema trascendió a los estados y llegó al gobierno federal. Las manifestaciones tienen por detrás a la grave crisis que se desarrolla. La proyección de las primeras demostraciones de gigantescas concentraciones, marchas, bloqueos de vías y enfrentamientos con la policía no son más que una muestra de las luchas por venir.

La situación social y política cambia rápidamente durante el gobierno de Dilma Rousseff. Las huelgas, levantamientos en las obras de la PAC, la huelga general de las universidades federales, ocupaciones estudiantiles, los desalojos de ocupaciones urbanas, la represión de las nacionalidades indígenas, revelan las profundas contradicciones del capitalismo en decadencia y el fracaso de la política reformista del PT que, para combatir a los explotados y las nacionalidades indígenas, arma un Estado policial con un aparato judicial orientado a criminalizar a los movimientos (procesos, condenas, multas, enmarcados en la figura de la formación de cuadrillas de delincuentes).

A pesar de una tendencia visible en las masas a lanzarse a la lucha, lo cierto es que nadie esperaba un movimiento de masas voluminoso tomando las calles de las capitales del país. Los gobiernos fueron tomados por sorpresa, tanto los del PT, PMDB, PSDB y el PSB.

Los medios de comunicación tuvieron que girar la vista, pasando a martillar la tecla de las manifestaciones pacíficas contenidas por una policía compatible con la democracia. Algunos de ellos llegaron a condenar la violencia policial (Folha de São Paulo). Se llamó a un contingente de estudiosos y comentaristas para explicar los valores de la democracia, para analizar el nuevo tipo de manifestación creado por las redes sociales y para insuflar el valor de la política sin partido o del apartidismo político.

Esperan disciplinar el movimiento y vaciarlo, contando con la debilidad de la dirección de MPL.

Cambio de conducta de Alckmin

El gobierno convocó a los líderes del “Movimiento Passe Livre” (MPL) para organizar junto a la policía la quinta manifestación. Se colocaron oficiales para acompañar la marcha, que al parecer estarían en contacto con los líderes. Nunca se reveló la ruta. El gobierno decidió mantener la Tropa de Choque acuartelada. Lo mismo ocurrió en Río de Janeiro. La nueva orientación sería lograr una manifestación pacífica. Se muestra una inclinación del MPL de adaptarse a las presiones de los gobiernos.

La represión en la cuarta jornada creó una fricción política entre Alckmin y Haddad, quien fue obligado no sólo a condenar el "vandalismo" sino también a criticar los excesos de la Policía Militar. Las reuniones entre el Gobierno y los dirigentes del MPL no fueron capaces de poner fin a las manifestaciones. Todo indica que el alcalde y el gobernador tendrán que dar marcha atrás en el aumento, dando una victoria a los manifestantes, o de lo contrario volver a la posición de reprimir.

Por mucho que los dirigentes del MPL estén orientados a realizar manifestaciones sin desórdenes, una agrupación minoritaria -mal identificada como política- busca la vía de la confrontación, como se demostró en el intento de ocupar la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro y el intento de entrar al Palacio dos Bandeirantes de São Paulo en la manifestación del 17/6 y ahora en la sexta marcha del día 18/6, frente a la alcaldía de São Paulo. En ambos casos, la Fuerza de Choque no fue accionada.

Las autoridades cuentan con las acciones de un pequeño número de manifestantes radicalizados -que pueden albergar agentes provocadores policiales- aislados de la mayoría y manipulada para apagar la guerra desatada desde la cuarta manifestación y justificar el regreso de la Tropa de Choque a las calles. Recuérdese que Alckmin no permitió que la marcha de los docentes en huelga llegase a las puertas del Palacio, y mucho menos la de la Policía Civil, sin embargo no hizo nada para detener la llegada de una parte de los manifestantes actuales. Esperan que esta maniobra cree las condiciones para la nueva ofensiva represiva, si no se llega a un acuerdo con la dirección del MPL.

El cambio en el movimiento

La lucha comenzó contra el aumento de los pasajes. Se trata de una demanda limitada. Los gobiernos de algunos estados ya han acordado reducir el aumento. La resistencia Haddad / Alckmin indica su compromiso con los empresarios del transporte.

El movimiento rechaza las explicaciones de los presupuestos de los gobiernos, como ocurrió en la reunión del Concejo Municipal de São Paulo. Se trata de un problema de los gobiernos burgueses. El problema de los explotados está en recibir un salario de hambre, trabajando como una bestia de carga, sufrir el desempleo, enfrentar la locura del viaje diario al trabajo y no poder pagar los pasajes. Los cálculos de los capitalistas son contrarios a los de sus asalariados, los desempleados y hambrientos.

El movimiento, armado para echar abajo el aumento, procede pues a conquistarlo totalmente. Pero el retorno a R $3,00 no va a cambiar sustancialmente la situación de las masas. Aquí, el MPL muestra su pequeñez reformista.

En cambio el POR, solo, ha estado luchando desde que empezaron las primeras manifestaciones para que se asuman las banderas de SALARIO MÍNIMO VITAL, CON ESCALA MOVIL DE REAJUSTE y ESTATIZACIÒN SIN INDEMNIZACIÓN DEL SISTEMA DE TRANSPORTE URBANO COLECTIVO. En la lucha, el MPL incluso ha exigido el cumplimiento del reclamo de PASAJE GRATUITO PARA ESTUDIANTES Y DESEMPLEADOS.

Con el crecimiento de las manifestaciones, han aparecido banderas como impuestos, asignación mensual, la corrupción, la seguridad, la salud y la educación. Los sectores de la clase media tratan de expresar la influencia de las disputas interburguesas. Como era de esperar, la prensa se ha volcado a propagandizar que Brasil está despertando ante la corrupción, la ineficiencia del Congreso Nacional y que es necesario tener, en las próximas elecciones, los cambios.

Cuanto más difusas las banderas, más fácil el movimiento se puede canalizar hacia la política burguesa. La cohesión de las masas en lucha alrededor de las banderas de los explotados -que no deben confundirse con los intereses de los partidos burgueses en disputa- es fundamental para las conquistas y su fortalecimiento. Es esencial combatir por las reivindicaciones que conecten a la juventud oprimida con la clase obrera y demás explotados.

Eso es la defensa del SALARIO MÍNIMO VITAL, LA ESCALA MÓVIL DE AJUSTES Y LA ESTATIZACIÓN SIN INDEMNIZACIÓN DEL TRANSPORTE COLECTIVO BAJO EL CONTROL COLECTIVO y que garantice la unidad contra los ataques de la burguesía a la vida de las masas.

Victoria del movimiento por el pasaje

La tenaz disposición de la juventud en marchar hasta de noche, bloqueando el sistema vial de Sao Paulo y enfrentando la represión de la policía, logró arrancar de Alckmin del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB) y de Haddad del Partido de los Trabajadores (PT) la anulación del aumento de las tarifas del transporte. Cayeron los R$ 0,20. Lo mismo ocurrió en Río de Janeiro y otras capitales. Las masas en las calles mostraron su fuerza.

Económicamente, la victoria es pequeña. Políticamente, una gran victoria. La mayoría seguirá penando para pagar R $3.00, que se duplica o triplica según sean las distancias, seguirá madrugando, continuará horas en el tráfico y continuará exprimido en los autobuses y el metro sufriendo el peso de mayores impuestos y recortes del gasto público, anunciadas por la alcaldía del PT y el gobierno del PSDB para preservar los beneficios de los empresarios del transporte.

Los explotados cargarán con todas las deficiencias e ineficiencias del capitalismo. La explotación laboral y las ganancias no permiten que las masas tengan acceso a los bienes reservados a la burguesía y a la clase media rica. Es lo que pasa también en el caso de la vivienda, la salud y la educación.

Las favelas que crecen sin cesar, los hospitales del SUS con sus camillas en los pasillos, los niños hambrientos que no pueden llegar a ser personas alfabetizadas y los jóvenes que abandonan los estudios atormentan a la mayoría. La marginación, la discriminación y las matanzas policiales tienen que ver ampliamente con una juventud oprimida. Son reflejos estructurales del capitalismo en crisis. Expresan un salario mínimo de hambre, el subempleo y el desempleo.

Sobre estas fuerzas sociales oprimidas por el Estado policial, los partidos burgueses hacen sus fiestas. Los capitalistas se enriquecen más. La clase media alta exhibe su lujosa buena vida. Todos los días, las familias obreras y las de la clase media pobre se enfrentan a todo tipo de penurias y calamidades. Es por eso que las masas tienden instintivamente a chocar con el sistema social que reserva a la abrumadora mayoría el trabajo "esclavo" y a la ultra minoría, el ocio, el parasitismo, el consumismo y la protección.

Lo que Brasil fue testigo en sus capitales fue un levantamiento juvenil, que se inició con un pequeño grupo de clase media y continuó en los barrios pobres de Sao Paulo, Río de Janeiro, Fortaleza, Natal, Salvador, Belo Horizonte, Belem y otras ciudades.

Una victoria de las masas, no de la política del MPL

Es necesario distinguir al MPL -una organización formada en el Foro Social Mundial, que opera a través de las redes sociales- del movimiento de las masas. El grupo está formado por unos cuantos estudiantes universitarios que insisten en el tema del transporte público, concibiendo la lucha sin organización de base, sin organismos colectivos de toma de decisiones de los explotados y sin la presencia de partidos (dicen ser apartidistas).

El MPL insufló la idea de que las corrientes de izquierda no pueden levantar sus propias banderas. En las demostraciones, los activistas llegaron a atacar a los militantes que portaban banderas del partido. El uso de la fuerza para prohibir la militancia organizada mostró uno de sus rasgos reaccionarios.

Los partidos de izquierda que se encontraban en las manifestaciones son parte del movimiento, no son un cuerpo extraño de la burguesía ahí infiltrado. La prensa aprobó tal "apartidismo" porque se trataba de corrientes revolucionarias. Al mismo tiempo, insistió en que los partidos conservadores y los legisladores debían abordar el movimiento para canalizarlo.

El ataque del MPL a la democracia obrera -que garantiza, entre otras cosas, el derecho a disentir y la libre expresión- no partió de las masas, aunque éstas, hastiadas de los partidos de la burguesía y sus gobiernos, no sepan distinguirlos de los partidos que luchan contra el capitalismo. La campaña del MPL contra la expresión de partidos de izquierda trató de fomentar los prejuicios burgueses anticomunistas.

Esta es la conducta autoritaria de un movimiento juvenil que eclosiona sin organización y expresa las tendencias espontáneas de la lucha. Y también es una manera de demostrar que no quieren más que pequeñas concesiones de la burguesía y sus gobernantes. El MPL se aferra al más estrecho reformismo.

Detrás del apartidismo, la experiencia ya lo ha demostrado claramente, está la posición pequeño burguesa pro-capitalista, evidenciada por el rechazo del MPL a la bandera de estatización de la red de transporte privado. La victoria política del movimiento de la calle no se debe a la política pequeño burguesa (autonomista) de la MPL, sino a la disposición de salir a las calles de la juventud oprimida, enfrentar a la policía y no ceder a las presiones de la burguesía.

El abandono de las banderas

La lucha terminó centrada en la revocatoria de los aumentos. Es comprensible. Hubo un impacto inmediato de descontento en los explotados. Todo está subiendo mientras los salarios han sido erosionados por la inflación.

Las centrales sindicales no organizan un movimiento general en defensa de la vida de los trabajadores. Los burócratas ven que el coste de la vida empeora la situación de la existencia de la mayoría pero siguen apoyando al gobierno que protege a las multinacionales. La Unión Nacional Estudiantil (UNE) está atrapada por la política del estalinismo (PCdoB). Y la ANEL (Asamblea Nacional de Estudiantes Libre) ha servido sólo como palestra para que la izquierda centrista discursee sobre las opresiones.

Resultado, un vacío político y de organización que explica por qué, de la nada, de repente, aparece el MPL, convirtiéndose en canal de expresión de las masas. Alrededor de diez mil manifestantes en Sao Paulo, respondieron a la primera convocatoria de la red social. En otras capitales más o menos en la misma medida. Así comenzaron las manifestaciones. Pero la brutal represión proyectó al movimiento.

La bandera de la anulación del incremento fue llevada más allá. El MPL se mantuvo aferrado al mástil. Se puso del lado de los reclamos de pasaje libre para estudiantes y desempleados. Es muy posible que el movimiento centrado en la anulación no asumiera las restantes demandas. Pero no se puede ignorar el peso de su dirección -el MPL- en la evolución de los acontecimientos. Este peso ahora se juega para extinguir las grandes manifestaciones, cuando el MPL anuncia que no hará más convocatorias.

Límite social y político del movimiento

En gran medida, los manifestantes son jóvenes estudiantes y de clase media pobre. Esta composición varía de capital en capital. Es cierto que, en algún momento de la lucha, se sumaron los asalariados.

Las marchas masivas fueron más allá de la bandera de no al aumento de pasajes, el horizonte de la lucha se amplió contra la extrema pobreza y la opresión capitalista. Fue pequeño el reclamo de anulación del aumento mientras que la batalla fue grande, para una demanda tan limitada y un pequeño resultado económico, si se considera, como hemos dicho, a las terribles necesidades de los explotados.

Cuando las masas acudieron a las calles, había una clara posibilidad de romper los límites sociales de las manifestaciones. La clase obrera podía intervenir y tomar la iniciativa imprimiendo su política. Pero la burocracia sindical la tiene contenida y en el puesto de asistente. El MPL ha hecho todo lo posible para que no se supere el marco de la anulación del aumento.

Sucede que esta medida es paliativa. La burguesía y su gobierno trasladarán inmediatamente al pueblo los costos de la renuncia. Alckmin y Haddad no querían que fuese así. Era mejor el aumento. Como tuvieron que volver atrás, tendrán que reorganizar el presupuesto a costa de los explotados. Los capitalistas tienen mecanismos para librarse de las reclamaciones que en realidad no atingen al capital y su rentabilidad. Es lo que pasa con los aumentos salariales, se diluyen en el tiempo, transfiriendo los costos a los precios, restableciendo la tasa de ganancia.

Los gobernantes de Sao Paulo, dijeron que tendrán que pagar alrededor de R$ millones (antes habían calculado R$ 420 millones). Es una cantidad fácilmente transferible a la población. Los capitalistas del transporte tendrán garantizados los beneficios. No se toca su capital, pero sí el presupuesto público.

Los empresarios no se incomodarán. Más bien, esperan que se siga avanzando en la privatización del metro. Las masas en las calles crean las condiciones políticas y sociales para llegar a la raíz del problema del transporte público y las condiciones de vida de la mayoría. Sin embargo, el MPL fue la visera que tapó las respuestas necesarias de los ojos y la conciencia política de los manifestantes.

Estuvieron objetivamente colocadas las demandas de ESTATIZACION SIN INDEMNIZACIÓN DE LA RED PRIVADA DE COLECTIVOS, CONSTITUCIÓN DE UN SISTEMA PÚBLICO ÚNICO, CONTROLADO POR LAS ORGANIZACIONES OBRERAS Y POPULARES, Y ESTABLECIMIENTO DEL SALARIO MÍNIMO VITAL CON ESCALA MÓVIL DE REAJUSTE.

Por este conjunto de soluciones, se torna posible hacer frente a los intereses de los capitalistas, defender los intereses de la mayoría explotada y avanzar en la lucha revolucionaria en el campo de la lucha por el socialismo. Si el movimiento tendría que aceptar el retroceso de los gobernantes, lo haría, sin embargo, colocando el programa del próximo choque. Habría cambiado la composición social. Habría suspendido el derecho de las manifestaciones. Y tendría que retirarse organizada. Así, la conquista de la anulación habría sido sólo un paso en una larga lucha.

La dirección del MPL, pequeño burguesa, infantil e ilusionista, en ausencia de una dirección clasista, circunstancialmente impuso un límite que hay que romper con las masas.

Influencia burguesa en la conducción de las manifestaciones

La estrategia de los gobiernos, de los medios de comunicación y de los comentaristas fue separar de las marchas la acción de ataque a las instituciones y bienes. "Manifestación pacífica sí, manifestación violenta no." Esta línea pasó a ser repetida insistentemente.

Es necesario repetir que los ataques a los partidos de izquierda se han convertido en parte de esta estrategia. El MPL se ha adaptado a ella. Llegó a informar que los "vándalos" serían identificados por el movimiento, lo que significa entregarlos a la policía. Hubo desmentidos, pero la noticia periodística indica la incapacidad del MPL para distinguir la posición burguesa de protesta pacífica de la posición proletaria de manifestación colectiva organizada.

La violencia no existe en sí mismo. Expresa las condiciones de la lucha de clases. Las masas organizadas deben utilizar toda su fuerza y los medios para ganar. La burguesía ejerce su dictadura de clase a través de su policía, cuando las masas salen a las calles para exigir el fin del hambre.

Las fuerzas políticas de la burguesía que trabajan fuera del movimiento trataron de neutralizar la capacidad de combate de las masas. La transformación de las marchas combativas en manifestaciones pacíficas de zombis errantes.

Una de las primeras medidas fue la de disipar las reivindicaciones. Comenzaron a aparecer banderas completamente ajenas, como la del PEC 37, que limita los poderes de investigación del Ministerio Público, o de la corrupción, la asignación mensual, la seguridad. Por supuesto, detrás están las ONGs, Iglesia, partidos burgueses y movimientos ligados institucionalmente a las políticas estatales.

Las mismas demandas de las masas, como la salud y la educación, fueron planteadas tan alejadas, como las separan los partidos burgueses en campaña electoral.

El movimiento estaba cambiando de rumbo. La disparidad de banderas convirtió las manifestaciones de Río de Janeiro y Sao Paulo en canal de las disputas interburguesas. La manifestación pacífica tenía un contenido de clase pequeño burgués y burgués. La disolución del movimiento en descontentamientos difusos e institucionales expresa al pacifismo burgués, una cuerda colocada en el cuello de los explotados.

El Estado policial

Tamaña movilización en todo el país expresó la crisis capitalista y las tendencias profundas de las masas para salir a la lucha. La bandera de la anulación del aumento de los pasajes se superó con creces.

El día 19, los gobernantes aceptaron la demanda del movimiento. El día 20, las masas salieron a las calles. El periódico Estado de São Paulo estampó en su portada la estimación de un millón. A las 18 horas, en el inicio de la marcha de Río de Janeiro, 300 mil tomaron la Avenida Presidente Vargas. Pronto ese número casi se duplicó. La verdad es que más de un millón ganaron las plazas, calles y avenidas en 100 ciudades importantes.

Fueron a los ayuntamientos, parlamentos, cámaras municipales y al Congreso (Brasilia), lugares que sitiaron e intentaron ocuparlos. Se enfrentaron con las fuerzas de choque. En Brasilia, la manifestación se ubicó dentro del Palacio de Planalto (cancillería). En esta ocasión, se encontró con un potente bloqueo de la policía. Aun así, el contingente más avanzado del movimiento intentó invadir Itamarati. En Victoria, los manifestantes atacaron el edificio de la Justicia. En Río de Janeiro, la Tropa de Choque dejó el campo para esperar a las masas a la puerta del Ayuntamiento.

Una vez más, la prensa acusó a los vándalos y elogió a la mayoría pacífica. Las imágenes de la guerra del día 13, que los gobiernos trataron de espantar con la señal de la democracia, regresó y se esparció. La Tropa de Choque volvió a combatir a los manifestantes con balas de goma. Disparar al rostro de los manifestantes desarmados, es la práctica bárbara este brazo armado de la burguesía.

El movimiento masivo de las masas dio el salto para reconocer al Estado policial brasileño. Mostró que la dominación de millones de trabajadores, campesinos pobres, los sin tierra, las nacionalidades oprimidas indias, una amplia capa de la clase media arruinada y miles y miles de habitantes de favelas, subempleados, desempleados e indigentes miserables depende de un Estado policial. Las acciones radicalizadas de un pelotón avanzado del movimiento -y fuera de su control- hizo saltar por los aires el llamado Estado de Derecho, en verdad Estado policiaco.

Revuelta de los vándalos

Las manifestaciones del día 20, por su masividad, extensión, diversidad y agresividad, patentizaron la presencia de lo que la burguesía llamó "vándalos". El Brasil está lleno de vándalos -es lo que se puede concluir. En todas partes, un destacamento de jóvenes manifestó métodos radicales. Cuyas características fueron atacar a las instituciones (Palacio de Planalto de Gobierno, municipios, el Parlamento y el Poder Judicial), haciendo frente a las tropas de choque, con la destrucción de bienes, quema de autos de la prensa y saqueos.

Los promotores del movimiento (MPL, redes sociales) no pudieron contenerlos. Ellos no estaban sujetos a ninguna política definida, señalados como anarquistas, punks, marginados, etc. Sin desanimarse, ocuparon el frente de las marchas y asedios. Tan combativos, fueron los últimos en dejar las calles. Tan visibles, fueron los más reprimidos. Los gobiernos, la burguesía, los periodistas y la pléyade de sabios comentaristas han tratado de asegurar que simplemente se trataba de vándalos, delincuentes y bandidos. ¡Absolutamente falso!

El hecho de constatarse la presencia de lumpen en los saqueos de Sao Paulo (desechos humanos que aprovecharon la situación) e incluso de saqueadores no se puede generalizar este acontecimiento y a ese contingente llamándolos “vándalos". Interesa a la burguesía -sobre todo para justificar la acción de la fuerza de choque- caracterizar erróneamente el fenómeno social y político de los enfrentamientos "no pacíficos" poniéndolos en la tumba de la marginalidad.

El joven destacamento que intentó invadir las instituciones del Estado -para su destrucción material- no estaba formada por "vándalos". Mucha juventud combativa - excluyendo los provocadores de la policía y de la derecha de la pequeña burguesía- provenía de los barrios pobres, que llevan sobre sus cabezas la violencia cotidiana. No son despolitizados. Ellos cultivan el odio ciego contra todo lo que se relaciona con el capitalismo. Muchos niegan la política en general.

Un grupo de estos jóvenes, a pesar de ser una minoría en las manifestaciones, asistió y llevó la pelea a su manera fuera de la ley. En otras condiciones políticas, estos grupos podrían haber sido perjudiciales para la lucha organizada y revolucionaria. Eso porque, si no centralizan los objetivos, las banderas y los métodos de lucha de la masa, terminan sirviendo al Estado policial como pretexto. Como el movimiento ocurrió cuando la crisis económica y política está en su inicio, la acción de este destacamento acabó presionando a los gobernantes.

Los hechos demuestran la urgente necesidad de recuperar las organizaciones estudiantiles tales como la UNE, UMEs y alumnos de secundaria. Esto requiere la construcción de una dirección proletaria de la juventud.

La crisis política

El hecho de que miles rompen la cadena de contención social y tomaran cuenta de las ciudades indica un cambio en la situación política. La crisis económica se hace sentir, con bajo crecimiento, el regreso de los despidos, el aumento del costo de vida y las presiones de la burguesía para contener los salarios, especialmente la recuperación del salario mínimo (incluso si es a cuenta-gotas).

La política estatal del PT funcionó en condiciones económicas favorables. Ahora, las masas sienten que la inclusión social es ilusoria. Las llagas estructurales del capitalismo se magnifican y llevan a los explotados a chocar con la política burguesa. En este caso la política del lulismo.

El gobierno de Dilma Rousseff se ha chocado con cientos de huelgas. El reciente choque de los indios Terena con los hacendados señaló un horizonte de profundos conflictos por la tierra. Ciertamente, la cuestión agraria será reposicionada por el MST. El movimiento obrero sigue fuertemente controlada por la burocracia, pero los vientos de desempleo industrial están golpeando más fuerte.

La división interburguesa está en marcha alrededor de las directrices del gobierno petista para enfrentar la crisis. La dificultad para contener las presiones inflacionarias trae las disputas burguesas en el seno de las masas. La oposición (PSDB/DEM/PPS) logró, por medio del STF, colocar al gobierno del PT y sus líderes como peligrosos agentes de la corrupción. No es casualidad que una masa informe levante todo tipo de banderas en las manifestaciones.

Llama la atención la afluencia de sectores de la pequeña burguesía blandiendo pancartas que agitan las fricciones entre el gobierno y la oposición (asignación mensual, la corrupción, los impuestos, PEC 37, etc.). Las transformaciones económicas y una intensa carrera al poder en 2014 impregnaron al monumental movimiento. Las actitudes derechistas de un sector presente que habló el día 20 en Sao Paulo contra los partidos de izquierda son una señal dada por el sector reaccionario pequeñoburgués.

Sin la presencia física del proletariado y sin sus políticas de clase revolucionaria, la crisis política que se identifica con el fracaso del reformismo petista no podrá ser aprovechado para canalizar a los explotados hacia su propio programa.

Derrotar el apartidismo reaccionario del MPL

Se ha llegado a suprimir la libertad para levantar sus banderas de las corrientes de izquierda, que siempre han estado en la organización del movimiento. La campaña del MPL contra la identificación de la militancia organizada ha sido impulsada por la prensa burguesa. El ataque a las corrientes que levantaron sus banderas llegó a la agresión física. Tenemos que derrotar a esta política reaccionaria pequeñoburguesa.

Es de esta manera que se arman tendencias fascistas contra los partidos que se reclaman del socialismo, de la revolución proletaria. Las masas que luchan aborrecen a los partidos burgueses. Estos deben ser expulsados porque son contrarias a las posiciones e intereses de los jóvenes oprimidos y explotados. No se puede confundir el odio que las masas acumulan en contra de la política de los capitalistas con la política del proletariado.

El MPL hace un favor a los partidos patronales y al gobierno atacando las banderas de la izquierda. La tesis anarquista -ahora autonomista- de que los explotados no necesitan un partido para dirigirlos no sólo va en contra de la corriente de la historia sino sirve a la burguesía en su lucha incesante para que el proletariado no se organice bajo la estrategia de tomar el poder, el programa de transformación de las relaciones de propiedad y la abolición de la explotación capitalista del trabajo.

Es una gran limitación no luchar por los reclamos que en realidad defienden y unen a los explotados. No tener una estrategia de lucha contra el capitalismo es un error capital que deriva en una debilidad del movimiento de las masas ante el Estado burgués, que finalmente impondrá sus condiciones.

Es preciso que la vanguardia, los partidos de izquierda y la parte más consciente de las manifestantes eleven la bandera de ¡ABAJO LA REPRESIÓN DE LAS PARTIDOS DE IZQUIERDA IDENTIFICADOS CON LA LUCHA DE LOS EXPLOTADOS! ¡POR LA DEMOCRACIA OBRERA!

Es hora de que los partidos de izquierda formen un frente unido para imponerse frente a los ataques de los matones de la MPL. Ya es hora de organizar un bloque de la izquierda que dicen ser del socialismo dentro de las manifestaciones. Es esencial diferenciar las políticas proletarias de las políticas de anarco-autonomistas pequeñoburgueses.

Construir la dirección revolucionaria

No puede dudarse que la dirección del MPL conduce al movimiento a un callejón sin salida. Los gobiernos presionados por el agigantamiento del ascenso maniobran entre la represión y el legalismo "democrático". O el movimiento es canalizado por la política burguesa o será combatido por el Estado policial. Una vez pasada la sorpresa, las fuerzas capitalistas se volcarán a apagar el incendio y evitar que el movimiento juvenil sea captado por el movimiento obrero.

El capitalismo se hunde en su peor crisis desde 1929/1945 y va con fuerza contra la clase obrera y la pequeña burguesía. Lo que pone de relieve la crisis de liderazgo. Las masas salen a luchar en todas partes, pero sin un partido marxista-leninista-trotskista, sin su partido de la revolución socialista mundial, destruida por el estalinismo.

El fenómeno del MPL es una expresión de la crisis de dirección revolucionaria. Los voceros de la burguesía - académicos, intelectuales y "expertos" - insisten en que es un reflejo de las redes sociales y que es beneficioso ya que superan las "viejas" ideologías marxistas. El peligro está en que el Estado no lo reconoce y lo tratan con gases y balas de goma.

Ante la ausencia de un partido revolucionario del proletariado, que podría influir en el curso de la pequeña burguesía, la juventud atiende la convocatoria de las redes sociales, de organizaciones como el MPL. Es sintomática la disminución de la presencia política de las organizaciones como ANEL y CSP-Conlutas, controladas por el PSTU. La UNE está al margen de la organización de las manifestaciones pues se transformó en una correa de transmisión del gobierno del PT / PMDB.

El MPL formado por algunos activistas de internet brilla solo. Ocupa un espacio vacío dejado por las organizaciones de estudiantes, liderados por un lado por el petismo y el estalinismo (PC do B) y por el otro por el centrismo de izquierda (PSTU) y de derecha (PSOL). Existe para bloquear la evolución organizativa y política de la juventud en lucha.

La troika MPL, PSOL y PSTU forma una dirección colegiada, pero el MPL es el que lleva la voz cantante. Los tres hicieron de la reunión ampliada una formalidad. Debe constituirse un Comando del movimiento, que sea responsable de mantener las demandas, dándole organicidad a la lucha, por combatir políticamente la acción de grupos aislados, para presentar las reivindicaciones y garantizar la democracia obrera.

La gran mayoría de los que salieron a las calles fue movida por una profunda insatisfacción con las condiciones de existencia y con la política de la burguesía. Pero arrojada a la calle sin dirección clasista y revolucionaria, no tiene cómo arrancar de su seno las banderas de los intereses de los partidos burgueses. No ha podido aglutinarse en torno a las reclamaciones que concretizan sus necesidades y no pudo imponer la cohesión como método de lucha colectiva.

En gran medida, las masas se movieron espontáneamente impulsadas por el calamidad que sufren. Ahí radica su fuerza y su debilidad. Sin una dirección revolucionaria, no hay manera de unir a los explotados en la lucha por un programa de reivindicaciones, que contenga la estrategia histórica del proletariado.

A lo contrario de lo que proclama el MPL, el papel de los marxistaleninista-trotskistas es decisivo para la organización y desarrollo de la lucha. Distorsiona la realidad cuando se supone que el movimiento contra el aumento de los pasajes no es parte y expresión de la lucha de clases. El poderoso movimiento no sólo chocó contra de los gobiernos responsables de los aumentos, sino contra el Estado burgués. Es decir, contra la política general de la clase capitalista, contra los intereses de los explotadores.

Este es el evento principal que expone crudamente la crisis de dirección revolucionaria, abierta por la revisión estalinista del bolchevismo, la destrucción de la III Internacional y el proceso de restauración capitalista. Es lo que estamos viendo en Europa, que se descompone y en el convulso Oriente Medio y el Norte de África.

Los disturbios parecían lejanos al Brasil pero irrumpieron. Hay un cambio importante en las relaciones de poder entre las clases, motivado por la bancarrota mundial del capitalismo. Existe, por tanto, necesidad de trabajar incansablemente por la organización del Partido Revolucionario de la Clase Obrera y la reconstrucción de la IV Internacional, el Partido Mundial de la Revolución Socialista.

El POR actuó en todos los estados del Brasil donde está organizado empuñando las demandas de la lucha y este objetivo. Es necesario potenciar la política del proletariado al interior del movimiento juvenil, politizar y emanciparla de la política transmitida diariamente por la burguesía.

Responder al aumento del costo de vida y de los pasajes con:

1. Salario mínimo vital, con escala móvil de reajuste,

2. Pasaje gratuito para estudiantes y desempleados;

3. No al aumento del precio de los pasajes;

4. Nacionalización sin indemnización de los medios de transporte colectivo urbano;

5. Por un sistema de transporte público urbano controlado por los trabajadores.

Responder a la necesidad de organizar el movimiento:

1. Organizar un comando del movimiento elegido en asambleas;

2. Garantizar la participación de las corrientes políticas que se identifican con el movimiento y que lo construyen;

Responder a los ataques de los gobiernos con:

1. Defender las libertades políticas de libre expresión;

2. Fuera la policía de las calles para controlar el movimiento

3. Ninguna sanción para los manifestantes;

Responder las acciones aisladas de los grupos que pueden favorecer la represión y el aislamiento del movimiento con:

1. Politizar a la juventud con claras banderas de lucha

2. Conquistar la cohesión política del movimiento dotándole de dirección revolucionaria

3. Responsabilizar gobierno por la represión;

4. Constituir un frente entre las corrientes de izquierda para asegurar la democracia del movimiento.

* Fuente: Massas N. 456, órgano bisemanal del Partido Obrero Revolucionario (POR) de Brasil.

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