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Área: Documentos >> Movimientos sociales
Actualizado el 2013-08-17 a horas: 01:26:16

Declaración política de la Conferencia nacional del Partido Obrero Revolucionario (POR), Cochabamba, junio 2013

Crisis capitalista y situación política nacional

A pesar que el capitalismo atraviesa por una profunda crisis de la que no logra salir, mundialmente se presenta el fenómeno de un retroceso político del proletariado. En Bolivia, el gobierno del MAS es una variante de gobierno burgués con sus propias características y planteamientos. Tiene en común con los gobiernos denominados neoliberales su respeto y defensa de la propiedad privada burguesa, sin ser por ello idénticos. La política del MAS es continuación de la de los gobiernos neoliberales en muchos aspectos, pero es diferente en otros y en algunos es peor que los neoliberales.

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I. EL CAPITALISMO NO LOGRA SALIR DE SU CRISIS

1. LA CRISIS DE LA DIRECCIÓN REVOLUCIONARIA. SITUACIÓN DEL MOVIMIENTO OBRERO MUNDIAL Y LA NECESIDAD DEL PARTIDO MUNDIAL DE LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA: LA IV INTERNACIONAL

La crisis del capitalismo es estructural, la gran propiedad privada sobre los medios de producción impide el pleno desarrollo de las fuerzas productivas que han llegado a un punto en el que la tecnología moderna permitiría a la humanidad liberarse en gran medida del trabajo mediante la automatización de la fábrica.

Esta posibilidad material, sin embargo, es inaplicable en el marco del capitalismo. Su aplicación masiva significaría, por una parte, el lanzamiento a la calle de miles de millones de trabajadores que no podrían ser absorbidos en el campo de los servicios, achicando el mercado. Por otra, elevaría la productividad del trabajo de tal forma que el valor de las mercancías (tiempo de trabajo humano socialmente necesario) caería dramáticamente y con él la tasa de ganancia (relación entre la plusvalía obtenida y el capital invertido) del burgués.

Grandes capitales, al no encontrar espacio para ser reinvertidos en la producción, se han convertido en capitales especulativos a través de la banca internacional, buscando ganancias con “valores” ficticios que no generan riqueza y que han terminado por estallar en la llamada crisis financiera. Por otra parte, han emigrado a los países asiáticos, especialmente la China, donde hay abundancia de mano de obra barata para super-explotar. Se da el fenómeno de la emergencia de una economía china, convertida en un paraíso para la explotación de la fuerza de trabajo por el capital financiero protegido bajo el puño de hierro de la burocracia estalinista china. Este fenómeno ha hecho que en medio de la crisis capitalista, la demanda china de materia prima haya mantenido sus precios en niveles expectables beneficiando las economías de los países atrasados asentadas en la producción de materias primas. Ni duda cabe que la situación es totalmente inestable y que si la crisis mundial se convierte en recesión mundial, la economía China puede venirse abajo y con ella derrumbarse los precios de las materias primas.

A pesar que el capitalismo atraviesa por una profunda crisis de la que no logra salir, mundialmente se presenta el fenómeno de un retroceso político del proletariado. Se observa un estancamiento de esta clase social, que es la clave del proceso político. El derrumbe de los Estados Obreros degenerados por la acción destructora del estalinismo contrarrevolucionario ha traído la desilusión sobre el movimiento obrero mundial y la debilidad y fragmentación de la IV Internacional ha impedido que la clase obrera mundial encuentre una dirección revolucionaria que la organice superando el fracaso del estalinismo.

La clase obrera y las masas en general son las que soportan el peso descomunal de la caída del capitalismo. Lo que se vive a nivel mundial no es otra cosa que la agonía de la sociedad capitalista y si no encontramos la respuesta revolucionaria al problema, marchamos directamente hacia la barbarie capitalista con todas las atrocidades de la superexplotación imperialista, las guerras civiles sin perspectivas de las masas en luchas empantanadas entre fracciones de las propias oligarquías dominantes en los países de oriente medio, el hambre y la miseria creciente de millones de seres humanos en los países atrasados, etc.

“Todas las monstruosidades que aparecen diariamente y el descomunal peso del capitalismo en descomposición que viene siendo descargado sobre los sectores populares y del propio proletariado, demuestran que el capitalismo ya maduró para ser convertido en comunismo.” (G. Lora)

No podemos menos que concordar con Trotsky que la crisis de la humanidad es la crisis de la dirección revolucionaria. La única respuesta posible y además necesaria a la crisis estructural capitalista es la revolución socialista, es decir, la destrucción de la sociedad capitalista asentada en la gran propiedad privada de los medios de producción para dar nacimiento a la nueva sociedad socialista en la que los grandes medios de producción serán propiedad social. Sólo entonces será posible producir utilizando a plenitud la tecnología moderna para trabajar menos y comer más toda vez que la producción ya no estará centrada en el afán de ganancia del burgués sino en la satisfacción de las necesidades sociales.

Sólo la clase obrera, por ser la clase que produce socialmente y no tiene ninguna forma de propiedad sobre los medios de producción, tiene la capacidad de llevar adelante esta revolución a condición de haberse organizado como clase consciente, es decir de haberse organizado alrededor de su propio partido político mundial. La tarea trascendental que corresponde materializar es reconstruir la IV Internacional como partido mundial del proletariado.

2. EFECTOS DE LA CRISIS CAPITALISTA SOBRE EL PAÍS Y LA REGIÓN

La mayor parte de los observadores políticos, el propio FMI y el Banco Mundial coinciden en señalar que el impacto de la crisis económica mundial no ha afectado en gran manera a América Latina, que en la mayoría de los casos muestran cifras abultadas de reservas internacionales y grandes superávits comerciales. Resultados que son atribuidos a la presunta “genialidad” de las políticas macroeconómicas de los gobiernos burgueses latinoamericanos, que, siguiendo las recomendaciones de los economistas burgueses de moda, recurrieron a la maniobra de alejarse de la ortodoxia neoliberal.

Esta aparente “bonanza” económica, fue construida sobre bases endebles, sobre una coyuntural alza de los precios de las materias primas y de los hidrocarburos (que en gran medida fue favorecida por las actividades especulativas del capital financiero) y el debilitamiento circunstancial de las potencias económicas imperialistas, como consecuencia de la crisis. No estamos ante una transformación del capitalismo atrasado en un nuevo régimen social más justo, más bien todo lo contrario, el presunto auge económico ha favorecido a las transnacionales saqueadoras, los beneficios de la “bonanza” no llegaron a las grandes masas que se enfrentan al látigo de la inflación crónica con salarios bajísimos, que soportan la aplicación de medidas que representan pérdidas de conquistas sociales, etc.

Las secuelas de la crisis financiera mundial de octubre del 2008 continúan manifestándose en la economía. El salvataje millonario que realizaron los gobiernos del G-7 a sus empresas y bancos que se encontraban al borde de la quiebra infló la deuda pública de los países más importantes del planeta. Al extremo que desestabilizó las cuentas de estos empujándolos a un estado de practica recesión económica de los países europeos, EEUU y Japón. Los muy mal parados de esta crisis mundial fueron las economías más débiles de este bloque como ser Grecia, España, Chipre, etc. Cabe aclarar que este escenario precario de la economía mundial es la manifestación, la consecuencia de un fenómeno mucho más profundo: la crisis de sobreproducción del capitalismo que se ha manifestado en una tendencia a la baja de la ganancia media del capital monopolista en la década de los noventas y la cual no se ha podido remontar en esta primera década del tercer milenio, es más se agravó con el derrumbe financiero del 2008. Esta situación de crisis y depresión económica en los países denominados “centrales” permitió que China, la India y otras puedan, gracias a su extensiva reserva de mano de obra barata y las inversiones extranjeras, crecer vertiginosamente en estas dos últimas décadas y de esta manera incrementar sustantivamente la demanda de minerales e hidrocarburos, lo que se tradujo en un incremento generalizado de los precios de estos en el mercado mundial. Tendencia al alza que parece que continuará dependiendo de la salud de la economía china fundamentalmente. Que dicho sea de paso ha reducido su crecimiento con referencia años anteriores por un fenómeno de sobreinversión o recalentamiento de su economía.

No está lejos que esta economía llegue a su límite y también entre en crisis y depresión; acontecimiento que se trocará en la caída estrepitosa de los precios de las materias primas. Todo indica que los precios altos ya tienden a bajar y la recesión y contracción del aparato productivo de las metrópolis imperialistas y de China se viene traduciendo en una caída en la demanda de materias primas. Este hecho está lejos de ser circunstancial, por el contrario, estamos ante una manifestación de una tendencia dominante en sentido de que la crisis mundial marcará a fuego el destino de la economía boliviana y, en general latinoamericana en el futuro y que vendrá aparejado con crisis políticas y el acelerado desgaste de los gobiernos burgueses nacionalistas.

3. LA POLÍTICA PRO-IMPERIALISTA DEL MAS

Es evidente que este gobierno no tiene una política nacional de desarrollo integral de la actividad minera, tampoco de la hidrocarburífera, y la sustituye por una práctica vende-patria de entrega de nuestros riquísimos yacimientos a la voracidad de las transnacionales y de los cooperativistas. No otra cosa significa la permanencia de las compañías mineras en Bolivia y de las transnacionales en calidad de “socias” en la explotación y comercialización del gas, la firma de nuevos contratos con éstas por muchas décadas más, la nueva ley de inversiones extranjeras que se prepara y todo un conjunto de medidas a favor de los pequeños propietarios. Política cuyo razonamiento de ganancia se centra en entregar nuestras riquezas, la parte del león del excedente, a favor de estos capitalistas extranjeros o nacionales a cambio de unos miserables centavos por concepto de impuestos y regalías. Clara política entreguista, rentista y no desarrollista que refleja de cuerpo entero a Evo como pro-burgués y pro-transnacional. Es por ello que se niega a construir un poderoso sector minero estatal en manos de una fortalecida COMIBOL y se niegan a invertir en mejorar la productividad de la minería estatal y menos nacionalizar toda la minería.

Por otro lado, el movimiento minero debe tener una posición frente a la crisis del capitalismo y frente a las crisis periódicas de los precios de los minerales, para no ser víctima pasiva de los efectos de éstas. Debe entenderse que las crisis mineras son producidas por el capitalismo, por el interés de evitar la caída de la tasa media de ganancia de las transnacionales. Lo grave es que la solución burguesa pasa por la destrucción de la fuerza de trabajo, salida que condena a la ruina a millones de obreros obligándolos a revertir la bancarrota con su sangre y con sus vidas. Por lo tanto, los culpables son la burguesía mundial y la criolla, siendo ellos los que deben asumir las consecuencias de la bancarrota.

La respuesta obrera a la crisis minera, por ejemplo, pasa primero por luchar porque el gobierno asuma su responsabilidad como Estado y realice importantes inversiones en los sistemas de extracción, transporte y procesamiento del mineral y, también, invertir en exploración, prospección y explotación de nuevos parajes ricos en estaño y complejos de minerales; medidas que al materializarse bajarían el precio promedio de producción de la libra fina de Estaño, Zinc, Plomo, Plata, etc. lo que permitiría afrontar en mejores condiciones futuras crisis de precios. Y, segundo -y esto es lo más importante-, esta lucha no tendrá perspectiva ni sostenibilidad si no se logra la nacionalización de toda la minería privada transnacional y la reversión de las concesiones cooperativizadas al Estado, con el propósito de volver a erigir un poderoso sector minero estatal. Definitivamente, la respuesta al descalabro por la caída de los precios no se encuentra dentro de los límites de Huanuni y Colquiri, sino que pasa por nacionalizar toda la minera a nivel nacional. Conquistando esto, no sólo que los puestos de trabajo de los 7.000 mil mineros de la estatal estarán asegurados, sino que se crearán nuevas fuentes de trabajo permanente, incrementando en miles el ejército de mineros.

Debería el Estado aprovechar este buen momento de elevados precios de los minerales para construir un poderoso y productivo sector minero estatal y convertirlo en palanca de desarrollo industrial del país, enfrentando nuestra condición histórica de país monoproductor y exportador de materias primas. Política que la incapaz burguesía vende-patria nativa y sus gobiernos (incluye al del MAS) es incapaz de implementar por lo que pasa a ser una tarea pendiente que tendrá que enfrentar el futuro gobierno obrero-campesino en el marco socialista (propiedad social de los medios de producción).

García Linera, en abierto debate con el trotskysmo, trata de justificar el entreguismo burgués de su gobierno apoyándose nada menos que en Lenin. El pasado 2 de julio, en su discurso en Mina Bolívar presentando el nuevo contrato de Asociación Productiva GLENCORE (poderosa transnacional anglo-siuza, considerada la principal empresa privada dedicada a la compraventa y producción de materias primas) -COMIBOL en Mina Bolívar y Porco, García Linera dijo: “ESTE PEQUEÑO GRUPO DE TROTSKYSTAS… HOY TAMBIÉN SIGUEN ACTUA-NDO ENTRE LOS MINEROS Y NOS CRITICAN DICIENDO ¿CÓMO ES POSIBLE QUE UN GOBIERNO REVOLUCIONARIO FIRME UN CONTRATO CON UNA EMPRESA PRIVADA?...” (textual), para luego agarrar un tomo de las obras completas de Lenin y leer un párrafo donde Lenin justifica los convenios que el nuevo Estado soviético tuvo que firmar con empresas privadas (NEP).

El sofista defensor del capitalismo quiere apoyarse nada menos que en Lenin para justificar el convenio leonino a favor de las transnacionales entregando las riquezas de esas regiones por los siguientes 15 años y refrendando constitucionalmente por la Asamblea Plurinacional de Bolivia. Oculta premeditadamente que fue una medida transitoria -dada la debacle económica consecuencia de la guerra civil y la “economía de guerra”- permitiendo el establecimiento de algunas empresas privadas para beneficio privado mientras que el Estado seguía controlando el comercio exterior, los bancos y las grandes industrias.

“El Estado proletario, sin variar su esencia, puede admitir la libertad de comercio sólo hasta ciertos límites y únicamente a condición de una regulación por parte del Estado …” Lenin, “Acerca del Papel y las Tareas de los Sindicatos en las Condiciones de la Nueva Política Económica”, Resolución del CC del PC(b) de Rusia, 12 de enero de 1922.

II. EVOLUCIÓN DE LA SITUACIÓN POLÍTICA NACIONAL

Nuestro documento político aprobado en el XLV Congreso de 2012 señala: “El gran acierto del POR fue develar el contenido de clase del MAS; asentado en el campesino pequeño propietario e invadido por los “izquierdistas” pequeño-burgueses posmodernistas, está destinado a desarrollar una política burguesa por su relación con la propiedad privada. ...

“Para los revolucionarios estuvo siempre claro que estas ilusiones (de las masas explotadas N.R.) habrían de desvanecerse necesariamente al chocar con la incapacidad del gobierno, respetuoso de la gran propiedad privada burguesa, para atender sus necesidades, proceso que se ha dado más rápido de lo que podíamos imaginar. La imagen de “gobierno del pueblo”, la falacia del “proceso de cambio” se desvanecen como por arte de magia e ingresamos a una nueva situación política que Lenin caracterizó como revolucionaria.

“Esta nueva situación contrasta con la inmediatamente anterior cuando las ilusiones en el “proceso de cambio” de Evo se tradujeron en masivo apoyo y en contención de las demandas de los oprimidos. Ahora, esfumadas estas ilusiones, las masas desilusionadas se separan de la tutela del MAS y se rebelan contra el gobierno, ganan las calles y los caminos recurriendo a la acción directa, cada vez con más furia para imponerle al gobierno impostor sus demandas. Ya nada esperan de él, se han independizado. ....

“Siguiendo a Trotsky, diremos que nos encontramos ante una situación prerrevolucionaria dentro del proceso de desarrollo de la situación revolucionaria.” Nos corresponde ahora evaluar cuál ha sido el desarrollo de la situación política y la validez o no de su caracterización en el transcurso del año que ha transcurrido.

1. LA SITUACIÓN DE LOS EXPLOTADOS

Los marxistas, los únicos que hacen de la política una ciencia social, deben partir –en todo momento- del cuidadoso análisis de la realidad que nunca permanece inmutable. La economía y el comportamiento de las clases sociales están en permanente transformación, ya sea marchando hacia adelante y otras veces retrocediendo, abandonando los avances ya logrados; en este escabroso y contradictorio proceso que recorre la realidad social es preciso visualizar los obstáculos que se presentan en el camino y las perspectivas de los protagonistas de la lucha de clases.

En la presente coyuntura de una nueva versión tímida de nacionalismo de contenido burgués, encarnado por el MAS, partimos del postulado teórico fundamental de que a esta altura del desarrollo del capitalismo ya no es posible un crecimiento armónico de las fuerzas productivas y que, por tanto, el gobierno del MAS que prometió un largo período de crecimiento económico y prosperidad para los explotados en el marco de una coexistencia armónica entre todas las formas posibles de propiedad la grande, mediana, pequeña, comunitaria y la estatal en sociedad con las transnacionales, estaba condenado a fracasar.

Partiendo de ese principio teórico mil veces confirmado por la realidad, dijimos que este gobierno, al no poder satisfacer las necesidades vitales de los explotados, terminaría chocando con éstas y desnudando –cada vez más brutalmente-su verdadero contenido de clase como sirviente de la clase dominante nativa y de las transnacionales.

En este análisis no nos equivocamos un milímetro, ahora todos –aún aquellos que tenían ilusiones en el MAS- llegan a la misma conclusión. Luego señalamos que, en este proceso, las masas al chocar con el gobierno incapaz de darles pan, trabajo, educación, salud y seguridad, se irían emancipando políticamente de la férula masista y, a esta altura de los acontecimientos, nadie puede dudar que también tuvimos razón. Esta emancipación política de los explotados se realiza con diferentes ritmos, unos sectores han avanzado mucho más rápido que otros, según sus necesidades materiales, otros aún permanecen entrampados en las ilusiones masistas.

Hasta antes de la huelga general indefinida con movilización decretada por la COB sobre el problema de las pensiones, varios sectores no proletarios de las masas vinieron realizando una serie movilizaciones radicales pero esporádicas por motivos distintos aparentemente sin ninguna conexión unos con otros, aunque todos ellos expresan el malestar que sienten por el agravamiento de las condiciones de vida a las que están sometidos. El gran problema ha sido la ausencia física del proletariado en estas luchas sociales que determina que estas movilizaciones carezcan de perspectiva política revolucionaria.

Sectores importantes realizan grandes movilizaciones y dejan aflorar su repudio al gobierno porque, lejos de resolver sus problemas, dicta medidas que agravan más su miserable situación. El movimiento cívico de Oruro contra el cambio de nombre del aeropuerto Juan Mendoza por el de Evo Morales, significó una descomunal derrota política para el gobierno; el bloqueo aymara exigiendo la construcción de tres puentes en el Titicaca ha sido ejemplar por su radicalidad y su persistencia. Los aymaras no realizarían un bloqueo tan radical por más de 15 días –aunque su objetivo de los tres puentes parezca disparatado para el resto de la población-- si no estuvieran profundamente contrariados por la política que desarrolla el gobierno y que les afecta en sus intereses. Las movilizaciones de los carniceros y de los comerciantes minoristas contra la pretensión del gobierno de grabar mayores impuestos a estos sectores han paralizado a las grandes ciudades del país y finalmente la gran movilización alrededor del problema de las pensiones.

Sin embargo, estos movimientos, tan pronto explosionan, se aplacan por algún tiempo para luego volver a resurgir con igual o mayor virulencia. Este fenómeno se debe a que no encuentran una perspectiva clara debido a que no existe una dirección que unifique sus luchas y los conduzca a la victoria. De este modo, nuevamente vuelve a ratificarse el principio teórico de que estos amplios sectores sociales de explotados que constituyen la mayoría de este país no pueden, por sí solos, encontrar un rumbo propio para superar su miserable situación económica y social. Es imprescindible la presencia del proletariado como clase, o sea, como dirección política, para que pueda fijar una clara perspectiva en su lucha.

Lo dicho en líneas arriba confirma el programa trotskista que señala que la mayoría nacional oprimida sólo podrá encontrar su liberación y la solución plena de sus problemas en el marco del triunfo de la revolución social dirigida por el proletariado, la única clase capaz de derribar el orden social basado en la propiedad privada de los medios de producción.

El gran problema de la situación política en el país es que esta clase revolucionaria no ha estado presente en el escenario de la lucha. Situación que comienza a modificarse a partir del último conflicto por la Ley de Pensiones en el que luego de mucho tiempo, los trabajadores de la minería estatal (Huanuni y Colquiri) se incorporan masivamente a la huelga general indefinida, al igual que el proletariado fabril de las principales ciudades, saliendo al bloqueo de caminos y a la movilización en las calles de la sede de gobierno, esto a pesar de la acción desmovilizadora de la dirigencia sindical y las amenazas del gobierno en sentido de que estarían decretando la quiebra de la empresa.

Esto demuestra que la presunta inmovilidad del proletariado boliviano, tiene un carácter absolutamente coyuntural, situación que echa por tierra las teorías del reformismo que hablan de nuevas clases emergentes como el campesinado o sectores radicalizados de la clase media que terminarían ocupando el lugar de vanguardia del proletariado.

Los cambios en las condiciones objetivas que impone la crisis estructural del capitalismo, inevitablemente, repercutirán en el agravamiento de las condiciones de vida del proletariado, sobre todo minero debido a su relación directa con el comportamiento de los precios de las materias primas en el mercado mundial. Sin embargo, es preciso señalar que el agravamiento de la miseria no conduce mecánicamente a la clase a adoptar posturas revolucionarias como ocurre, por ejemplo, con el movimiento fabril, ni que condiciones salariales favorables determinen necesariamente actitudes conservadores. En el caso minero la tradición facilita el proceso del retorno de la clase a su eje revolucionario a partir de su instinto revolucionario.

Sobre la presunta desmoralización de las bases del magisterio, duramente golpeado por descuentos por haber acatado disciplinadamente los paros decretados por la COB mientras los trabajadores del sector productivo no lo hacían, comprobamos que se trata de un fenómeno coyuntural. En el último conflicto, al ver que los mineros y fabriles se incorporaron a la lucha, dejando de lado la supuesta desmoralización, ganaron las calles sin temor a las amenazas de descuentos por parte del gobierno comprendiendo que sólo la acción unitaria puede poner freno a las arbitrariedades de los circunstanciales amos del palacio quemado.

Las particularidades de la presente situación política no serán superadas por la desesperación voluntarista. Ninguna acción desesperada de grupos radicalizados, sin la presencia efectiva y política del proletariado en la lucha de clases, podrá enrumbar la lucha de los explotados hacia la perspectiva de la revolución socialista. Lo que corresponde es trabajar por fortalecer al partido revolucionario que, penetrando al seno del proletariado, le ayude a reencontrar su tradición revolucionaria.

2. FACTORES QUE OBSTACULIZAN LA LUCHA DE LOS EXPLOTADOS

Existen, no cabe duda, factores que obstaculizan la lucha de los explotados en el presente período; pero no todos estos tienen la misma naturaleza o están en el mismo nivel de importancia. Unos son fundamentales que marcan a fuego las particularidades del presente proceso y emergen de condiciones objetivas como la crisis estructural del capitalismo, por tanto, difíciles de superar sólo con la acción sistemática del Partido o de las organizaciones sindicales; pero también concurren otros factores absolutamente coyunturales y que, en la cambiante situación del país, van a desaparecer muy rápidamente.

El factor fundamental que no ha podido superarse durante el último cuarto de siglo es la ausencia política del proletariado en el escenario. Está presente físicamente como “clase en sí”, numéricamente muy disminuido como consecuencia de la acción destructora de la crisis estructural del capitalismo que en el sector minero se tradujo como el despido masivo y el cierre completo de la minería nacionalizada (relocalización); los otros sectores, como el fabril, han sobrevivido sometidos a durísimas condiciones de trabajo por la destrucción de las conquistas sociales (flexibilización laboral). Se trata, no cabe duda, no sólo de la dispersión física de la clase sino de una derrota política porque ha retrocedido en sus posiciones programáticas alcanzadas en el proceso histórico anterior cuyos puntos culminantes han sido la Tesis de Pulacayo y la Asamblea Popular de 1971.

Uno de los factores coyunturales que obstaculizan la lucha unitaria de los explotados se debe a los elevados que perciben los mineros y los petroleros por los altos precios de los minerales y al lucrativo negocio del gas. Este hecho, indudablemente, ha contribuido a paralizar la lucha de estos sectores en perjuicio de los otros que agonizan de hambre. También, algunas capas de la clase media, los comerciantes, la banca, etc.; en el sector agrario, los cocaleros y otras capas que surgen al amparo del narcotráfico y de las remesas internacionales, se tornan también en obstáculos en la lucha de los oprimidos contra la miseria. Los mineros y más aún los petroleros siempre percibieron salarios más elevados que el resto de los trabajadores del país. La “condena” por este presunto privilegio fue siempre el arma política de los sectores reaccionarios y ahora del gobierno del MAS, que pretende enfrentar a los campesinos harapientos y a los más pobres de las ciudades contra los otros explotados supuestamente ”privilegiados”.

En el caso presente la cosa es aún más descarada por parte del gobierno, por que ampara a los petroleros y los de BOA por su actitud política de sometimiento al gobierno pero ataca, por sus “salarios privilegiados” a los mineros que lo enfrentan y se han emancipado políticamente de él. El obstáculo está más bien en el atraso político de los mineros que se avergüenzan de sus salarios elevados y se dejan arrinconar con la propaganda gubernamental. En el Cabildo de Huanuni, transmitido por Radio Nacional de Huanuni se ha escuchado voces de viejos mineros explicando el sistema de trabajo a destajo y por contrato y porqué ganan como ganan (unas veces mucho otras veces nada o muy poco), desafiando al Ministro de Minería a trabajar como ellos, etc. El comunicado 4 del Sindicato de Huanuni publicado por Masas, da la pauta de que este obstáculo “subjetivo” tiende a ser superado. Por otro lado, se han escuchado en las ciudades voces desde otros sectores de la clase media justificando a los mineros y sus salarios como eso de que “el país le debe a los mineros” y que “ellos trabajan y cuando salen es directo a morir, y por tanto está plenamente justificado lo que ganan”, etc.

En el último decenio, con el auge de los precios de los minerales, se ha recompuesto el proletariado minero en el sector nacionalizado en Huanuni y, últimamente, Colquiri. Se trata de un jóven proletariado que ha perdido en gran medida su nexo con su vieja tradición revolucionaria, es un movimiento no libre de las influencias de las taras de la clase media y el oficialismo.

Los mineros de la minería estatizada (Huanuni) no mostraron ningún interés por acompañar a los otros sectores en la lucha económico–salarial porque casi todos perciben sueldos equivalentes o mayores a la canasta familiar. Lo más grave es que no logran superar el prejuicio de que ellos son los administradores de la empresa y que de su sacrificio depende que ésta se salve. Podríamos decir que la expresión más avanzada del proletariado boliviano ha perdido su independencia de clase para embarcarse en franco colaboracionismo con el Estado burgués gobernado por el MAS. Este fuerte prejuicio, sin embargo, en el último conflicto fue echado por la borda por los trabajadores. La amenaza del gobierno en sentido de que las consecuencias del acatamiento de la huelga sería la quiebra de la empresa, lejos de amedrentarlos los enfureció. En asamblea señalaron que no permitirán que esto ocurra y que si es preciso están dispuestos a intensificar el trabajo el tiempo necesario para compensar las pérdidas.

El proletariado fabril, que ocupa tradicionalmente el segundo lugar en la estructura de la COB, debido a lo incipiente de la industria y porque no logra reponerse del régimen de la libre contratación impuesta por más de 25 años por el neoliberalismo, a pesar del alto grado de explotación que sufre a manos de la miserable clase dominante y de las transnacionales, también se encuentra entrampado en una suerte de colaboracionismo clasista con sus patrones. Por el terror a la paralización de sus fuentes de trabajo debido a la crisis internacional del capitalismo, desarrolla la lógica de no pedir a la patronal más allá de lo que puede dar.

Los otros sectores proletarios, debido a su pequeñez, tales como los constructores con fuertes rasgos artesanales, los zafreros y castañeros limitados por el lugar que ocupan en la economía y por su condición de trabajadores temporales, no constituyen factores que en el futuro puedan surgir como la posibilidad de una real dirección política en el país.

El proletariado, en estas condiciones no puede ejercer su papel de vanguardia revolucionaria. En el reciente conflicto de las pensiones, la disparidad de los objetivos entre mineros y fabriles y otros sectores ha pesado negativamente en todo el conflicto debilitando la lucha unitaria y favoreciendo el accionar de los enemigos del proletariado y poniendo en entredicho su papel de vanguardia revolucionaria. Los explotados movilizados, carentes de dirección política sufren permanentes frustraciones porque sus movilizaciones no apuntan a una perspectiva concreta que es la superación del orden social burgués y la necesidad de construir una nueva sociedad basada en la propiedad social de los medios de producción, perspectiva que sólo la clase obrera puede encarnar por su condición de clase no propietaria de medios de producción su forma de trabajo.

Sin embargo, esta situación del proletariado boliviano tiene un carácter absolutamente coyuntural. Los inevitables cambios de las condiciones objetivas que impone la crisis estructural del capitalismo, inevitablemente repercutirán en el agravamiento de las condiciones de vida del proletariado, sobre todo minero debido a su relación directa con el comportamiento de los precios de las materias primas en el mercado mundial, aunque es preciso señalar que el agravamiento de la miseria no conduce mecánicamente a la clase a adoptar posturas revolucionarias como tampoco que una situación bonancible determine necesariamente actitudes conservadoras de la clase. En el caso minero su tradición revolucionaria facilita el proceso del retorno de la clase a su eje revolucionario.

3. LA BUROCRACIA SINDICAL

Merece especial análisis el papel de la burocracia sindical como un formidable obstáculo para la lucha de los explotados y oprimidos. La burocracia, como señala Engels, es una enfermedad del sindicalismo. Consiste en que los dirigentes se convierten en una casta que se han independizado del control de sus bases y actúa en función de intereses creados, mezquinos, ajenos a los intereses colectivos de la clase a la que formalmente representan.

La burguesía y sus gobiernos son los agentes corruptores de las dirigencias sindicales por medio de dádivas y privilegios para someterlos y utilizarlos como instrumentos a su servicio en contra de los intereses de los trabajadores. La burocracia sindical se convierte así en instrumento de explotación de la burguesía sobre los trabajadores. Su función es la de quintacolumnistas de la burguesía al interior de la clase. Este fenómeno no es nuevo ni exclusivo del actual gobierno, se da con sus particularidades con todos los gobiernos burgueses y en todas partes del mundo.

Esta burocracia, cínica y corrupta, vendida al gobierno, constituye, ni duda cabe, un gran obstáculo en la lucha de los explotados. Durante este periodo de gobierno del MAS, ha podido moverse con relativa libertad para boicotear sistemáticamente la lucha y traicionar las demandas de los trabajadores decretando huelgas generales indefinidas sin ninguna preparación previa asegurándose así que no se cumplan para luego, sobre su fracaso, llegar a acuerdos capituladores con el gobierno.

Para la burocracia sindical, la demanda de un salario que cubra el costo de la canasta familiar (salario mínimo vital) es apenas una referencia utópica subordinada a los argumentos del gobierno sobre las limitaciones e imposibilidad del Estado burgués para dar a los trabajadores lo mínimo indispensable para vivir en condiciones humanas. Lo mismo ocurre con la demanda de una renta de jubilación con el 100% del salario del trabajador activo financiada por el Estado y los patrones. Esto demuestra su servilismo a los intereses del gobierno y la burguesía por encima de las necesidades de los trabajadores.

Para los revolucionarios, demandas de este tipo que son vitales para los trabajadores y sus familias, ante la incapacidad de la clase dominante para atenderlas, se convierten en consignas de transición a través de las cuales, los trabajadores y los oprimidos en general puedan madurar políticamente para comprender la necesidad de echar del poder a la burguesía incapaz, expulsar del país al imperialismo e instaurar el gobierno de obreros, campesinos y clases medias empobrecidas de las ciudades que bajo la dirección política proletaria instaure el socialismo. En otras palabras, que la lucha por el pan conduzca a los explotados a la destrucción del orden burgués, del capitalismo caduco.

“Las volteretas que ejecutan los burócratas para perpetuarse en sus cargos son inseparables de una inevitable persecución, franca o velada, de los elementos revolucionarios (en Bolivia de los militantes poristas) y que se oponen a su liderazgo. Los objetivos y la conducta de burócratas y revolucionarios necesariamente se contraponen, pues están ubicados en campos diferentes y contrapuestos del todo.

“Los marxistas están empeñados -y esto explica su participación en las actividades sindicales- en influenciar ideológicamente sobre las masas, a fin de poder organizarlas, educarlas y movilizarlas hacia la materialización de la estrategia de la clase obrera, vale decir, de la revolución social y de la dictadura del proletariado. Esto no puede menos que desagradar a la burguesía, interesada en que los sindicatos se ocupen exclusivamente de salarios, de las relaciones obrero-patronales, pero en ningún caso de la revolución. La burocracia no puede consentir el trabajo de los revolucionarios porque existe el peligro de que éstos se apoderen de las masas y dejen en cueros a los dirigentes profesionales y traidores. Por otro lado, una de las funciones de la burocracia consiste en asegurar que ninguna molestia ni amenaza contra la burguesía provenga del campo laboral: no está en discusión la evidencia de que los movimientos de los revolucionarios constituyen el mayor de los peligros para la sociedad capitalista en su conjunto y también para la burocracia sindical.” (G. Lora. La Burocracia Sindical, 1984)

Una muestra evidente de esto fueron, por ejemplo, las declaraciones del Secretario Ejecutivo de la COB, Juan Carlos Trujillo, en medio del conflicto por las rentas, desesperado por el curso radical ascendente del conflicto que se le escapa de las manos y le impide llegar a un acuerdo capitulador con el gobierno, señalando que los policías y los trotskistas quieren aprovecharse del conflicto para sus fines. Dice que no permitirán un motín de la policía al que interpreta como golpista. Muestra del pavor que produce en los burócratas los planteamientos revolucionarios y la posibilidad de que un pilar tan importante del aparato represivo del Estado como es la policía se vuelque y se una a la lucha social. A primera vista parecería una locura que el burócrata vele por la integridad del órgano represivo que reprime brutalmente las movilizaciones de los trabajadores. Pero no lo es, el burócrata declarado en comisión con 30.000 Bs. mes a lo que más teme es a la posibilidad de que los trabajadores acaben derrumbando, no al gobierno al que sirve descaradamente, sino al orden burgués dentro del cual goza de las ventajas de ser un lacayo de la clase dominante.

4. EL CONFLICTO POR LA LEY DE PENSIONES

Este conflicto marca un viraje en la conducta de los trabajadores mineros. Hasta este momento, por todo lo ya señalado, la vanguardia minera y en general los sectores obreros marcharon a la saga de las luchas de otros sectores explotados no proletarios. La ausencia física de los trabajadores directamente ligados a la producción, quitó contundencia a las crecientes movilizaciones antigubernamentales que estallaron de manera intermitente. Factores como los altos salarios y el prejuicio colaboracionista de que de ellos depende la rentabilidad de la empresa, hicieron que permanecieran al margen de las acciones de los demás sectores en lucha. Daba la impresión de que habían sido capturados por el gobierno y su política, esto a pesar de que declamaran en sus congresos fidelidad a los grandes objetivos estratégicos de lucha por el socialismo plasmados en sus históricos documentos políticos como la Tesis de Pulacayo.

En el conflicto por la modificación de la Ley de Pensiones heredada de los gobiernos neoliberales y mantenida en su esencia por el gobierno del MAS, los trabajadores mineros dejaron de lado esos prejuicios que los mantenía maniatados, acataron la huelga general indefinida, iniciaron los bloqueos de caminos y se trasladaron masivamente sobre la sede de gobierno para presionar al gobierno para que atienda la demanda de modificación de la ley de pensiones. Vana fue la campaña del gobierno en sentido de que estaban decretando la quiebra de la empresa cuya factibilidad económica depende de que trabajen, de que son un sector privilegiado porque muchos de ellos perciben salarios de hasta 50.000 Bs. y que de manera egoísta pretenden beneficiarse con jugosas rentas en perjuicio de los que perciben bajas rentas, etc., etc.

La presencia física de los mineros en el conflicto envalentonó a los otros sectores obreros como ser los fabriles y particularmente a los trabajadores de la educación urbana y rural que inicialmente mostraron temor por la experiencia de anteriores convocatorias a huelga general de la COB en las que los trabajadores del sector productivo no se incorporaron dejándolos solos e inermes ante las represalias del gobierno (duros descuentos por los días de huelga).

El conflicto por las pensiones se convirtió en el canal a través del cual ha explotado el creciente descontento popular contra el gobierno del MAS incluidos los mineros. Muestra, sin lugar a dudas, un salto importante en la conciencia del proletariado minero dentro en el proceso de diferenciación política de los explotados en general respecto al gobierno del MAS y en el desarrollo de la situación revolucionaria.

El carácter anti-obrero del gobierno del MAS es algo que ya ha quedado fuera de toda duda para los trabajadores; no sólo se expresa en la sañuda campaña gubernamental, con marcados rasgos fascistoides, contra los sindicatos que no se someten a sus designios y contra el Partido Obrero Revolucionario, sino en el sistemático desconocimiento de las conquistas laborales y sociales de los trabajadores en las empresas administradas por el Estado Plurinacional.

En Evo, su anterior condición de campesino cocalero, pequeño propietario que trabaja por cuenta propia, hace que vea las conquistas laborales y sociales de los obreros como privilegios odiosos, pero es su apego y respeto a los intereses de la gran propiedad privada de los medios de producción lo que determina el carácter burgués y anti-obrero de su gobierno.

La lucha por la jubilación antes que ser un problema técnico es un problema fundamentalmente político porque contrapone los intereses de la burguesía con los del proletariado en la disputa por apropiarse de parte de la plusvalía generada por el obrero.

El acierto del POR fue convertir esta lucha en nacional lanzando la consigna de transición de jubilación con el 100% del salario con aporte patronal y estatal, que permita unificar la lucha de las masas partiendo de su estado de ánimo inmediato para proyectarla hacia el cuestionamiento del destino del poder político.

5. PRESENCIA POLÍTICA DEL POR

¿Cuándo la situación política podrá calificarse de francamente revolucionaria? Sólo en el momento en que la clase obrera retome en su lucha la perspectiva de la lucha por el socialismo. ¿Cómo? Cuando el POR se convierta la dirección política para la lucha de las masas movilizadas y penetre política y organizativamente en el seno de los explotados y especialmente en el proletariado.

¿Dónde nos encontramos? El POR está presente como única referencia política revolucionaria en todo este proceso de diferenciación de las masas oprimidas respecto al gobierno. De otro modo no se podría entender por qué el gobierno invariablemente, en los grandes conflictos que se desatan, acaba atacando al trotskysmo como la mano negra detrás de todo conflicto serio. Aliado de la derecha –dicen-, en su desesperación por hacer desaparecer nuestra influencia sobre la lucha de las masas.

Este hecho es de la mayor importancia porque es condición necesaria para que sea posible que el POR pueda convertirse en dirección física de las masas. El desarrollo ascendente de la situación revolucionaria y la presencia política del POR como única referencia revolucionaria para los explotados crean las condiciones favorables para esta posibilidad.

Nuestra presencia política es incuestionable, esto a pesar de que organizativamente actuemos desde sectores de la clase media, particularmente desde el magisterio y nuestra presencia organizativa dentro del proletariado mismo sea muy débil cuando no nula en muchos sectores obreros.

El contenido revolucionario de la acción y prédica del POR se determina por su programa que es proletario y no por el sector desde el cual se actúe. Lo que no debe interpretarse como que no sea absolutamente necesaria la penetración en el seno del proletariado superando los obstáculos y las limitaciones que se presentan. Todo lo contrario, el instinto socialista de la clase obrera sólo puede transformarse en conciencia a través de la presencia de una vanguardia obrera organizada como partido.

Por otra parte, la presencia política del POR es un obstáculo formidable para los aventureros pequeño-burgueses de toda laya que buscan, camuflándose inclusive como trotskistas, apartar al movimiento obrero boliviano de su tradición política marcada a fuego por el programa del POR.

6. EL ABORTO DEL PRETENDIDO “PARTIDO DE LOS TRABAJADORES” (PT)

A tiempo de dar nacimiento al PT los burócratas y los “izquierdistas” renegados que lo alentaron no tuvieron el menor reparo de levantar las banderas de la “lucha por el socialismo” e inclusive citar la Tesis de Pulacayo y otros documentos revolucionarios de los trabajadores bolivianos como fundamento de su lucha. El POR salió al frente señalando las razones por las cuales rechazaba la creación del “Instrumento Político de los Trabajadores” que luego se constituyó como “Partido de los Trabajadores”.

Señalamos que el debate abierto sobre el IPT estaba centrado en el contenido que debe tener un Frente político de los explotados en Bolivia. Pero, evidenciando las intenciones confesas de los burócratas sindicales en dar nacimiento, sobre todas las cosas, a un frente electoral para el 2014, lo que el movimiento obrero debía debatir y responder es si en la actual coyuntura política nacional corresponde o no utilizar la táctica electoralista-parlamentarista y si esta nos acerca o nos aleja de la revolución. Definir con claridad cuál es la posición revolucionaria frente a la táctica parlamentarista.

No somos anti-parlamentaristas o parlamentaristas por principio, sino que las tácticas se aplican de acuerdo a condiciones específicas. En momentos cuando los explotados están atravesando períodos de derrota y han sido ganados a las ideas conservadoras de la clase dominante y en momentos cuando las ilusiones democráticas han florecido en la cabeza de los explotados llevándolas a abandonar la lucha callejera y confiar en las instituciones democráticas burguesas, entonces el partido revolucionario puede optar por intervenir en los procesos electorales con la finalidad de utilizar estos medios para decirles a las masas que no se liberarán a través de las elecciones, sino mediante la insurrección; y si se logran curules, utilizar el Parlamento como tribuna revolucionaria de denuncia de la explotación capitalista y potenciar la lucha de las masas que reverdece en el llano. Pero, cuando las masas están en asenso revolucionario, radicalización y en un progresivo proceso de emancipación ideológica con referencia a la democracia burguesa, toda participación en las elecciones burguesas constituye una distracción y por lo tanto corresponde boicotearlas.

Revisando la historia del movimiento obrero boliviano al respecto, encontramos la experiencia del Bloque Minero Parlamentario de 1947, acontecimiento que en la lupa de Lechin “fue un importante salto cualitativo del movimiento obrero, incluso pudimos obtener cuatro senaturías” (Historia de una leyenda, L. Cajías) y bajo la óptica de Filemón Escobar un verdadero éxito electoral: “cabe recordar que el resultado político de la participación del movimiento obrero entre 1942 a 1952 fue extraordinario: dos senadores y doce diputados” (Hora 25, No.99). De manera totalmente diferente Guillermo Lora evalúa esta importante experiencia sindical: “las elecciones generales de 1947 se realizaron en pleno ascenso revolucionario. Las masas asestaban rudos golpes al gobierno salido de la sonada contrarrevolucionaria de julio de 1946. En estas condiciones la activa participación en el parlamento no contribuyó a acentuar la movilización de las masas y más bien, despertó en las capas más atrasadas la ilusión de que por la vía legal se podía poner coto a los avances de la rosca, lograr nuevas conquistas en favor del pueblo…

El análisis retrospectivo de esta experiencia fácilmente puede llevarnos a la conclusión de que la táctica parlamentaria fue inoportunamente aplicada pues contribuyó… en aletargar a la mayoría nacional” (Historia del Movimiento Obrero Boliviano, Tomo IV, pág. 566). Para esos dos primeros, traidores a su clase, el resultado de la aplicación de la táctica parlamentarista se mide por el resultado electoral poniendo de manifiesto que sus objetivos eran oportunistas y figurativos en franca sumisión al sistema democrático burgués. Pero para Lora lo que importaba saber era ver si los mineros habían avanzado en su camino hacia la derrota de la rosca minera y la conquista del poder político, es decir, aplicó un criterio revolucionario de evaluación de la táctica aplicada. No debemos perder de vista que “la táctica está subordinada a la estrategia, pero… no toda táctica sirve a una determinada finalidad estratégica: una mala táctica puede contribuir desvirtuando la estrategia. Cuando se abandona la estrategia…, la táctica concluye convirtiéndose en finalidad estratégica y el partido acaba como reformista” (G.Lora, Diccionario Político).

En la actualidad la burocracia sindical electorera ¿a qué buen puerto puede dirigir la nave de los explotados si estos han sido ganados al discurso posmodernista e indigenista pro-burgués de la inviabilidad del socialismo, de la lucha de clases y del sindicalismo revolucionario?. En realidad no es cierto que crean que no existan condiciones, por ahora, para la revolución; la verdad, estos ya no creen que la revolución y el socialismo mismos sean una salida real y viable para Bolivia, lo que explica el acercamiento y alianzas de las distintas dirigencias cobistas al gobierno masista. ¿De qué revolución pueden discursear si no creen en ésta?; aprobaron sin convicción la estrategia política revolucionaria de la Tesis del IV Congreso de la COB en el último congreso cobista, deformándolo totalmente al señalar que “debía pasarse del apoyo (al gobierno N.R.) a la participación efectiva, orgánica y militante para avanzar hacia un proceso socialista”. Paso seguido, por inercia, estos despistados terminaron ciegos de conveniencia negándose a ver el grado de radicalización de la lucha y de la emancipación política de los trabajadores frente al gobierno de Evo y al sistema democrático como tal. Muy dentro consideran que las masas están derrotadas, están sumisas y dóciles frente al gobierno. Que escupan pues estos oportunistas el verdadero balance que está en sus cabezas: de un definitivo fracaso del socialismo y de una supuesta situación de derrota y reflujo de los combatientes. ¡Los derrotados son ellos y no las masas que caminan hacia la revolución social!

Los revolucionarios nos oponemos a participar de las elecciones nacionales porque partimos de un balance objetivo del estado de ánimo de las masas después de haber vivido la experiencia de un gobierno “indigenista” en realidad dominado por “izquierdistas” pequeño-burgueses y de las posibilidades del régimen democrático a la cabeza de un campesino cocalero indígena en la silla presidencial. Caracterizamos la situación política actual como una “situación prerrevolucionaria dentro del proceso de desarrollo de la situación revolucionaria” (Documento Político del XLV Congreso del P.O.R. Julio-2012). en donde la etapa de las ilusiones en las bondades de la democracia burguesa han pasado. Donde la actitud de las masas frente al gobierno ha cambiado, las esperanzas en el “proceso de cambio” se han desvanecido. Evo ha quedado al desnudo frente a las masas como un vulgar sirviente incondicional de las transnacionales, la oligarquía terrateniente oriental y los dueños de sistema financiero y productivo nacional. Si todavía existe control en varios sectores sociales es por la gran plata destinada a comprar dirigentes y dividir sindicatos. Y si todavía va a lograr votación es porque su campaña se centra en comprar votos: a los campesinos con pequeñas obras, a los cooperativistas con nuevos parajes, a los cocaleros con el TIPNIS, a los choferes con buses nuevos, etc., etc. y no porque sigan creyendo en el “proceso de cambio” de este gobierno y en el régimen democrático. Definitivamente los trabajadores bolivianos no están derrotados, por el contrario saltan a la palestra incesantemente como ya hemos evidenciado en estos dos últimos años. Por diferentes motivos y de manera sectorial y a veces unitaria, se enfrentan al dictador y megalómano presidente indígena. Esta es la tendencia fundamental de desarrollo de la conciencia de los explotados bolivianos en la actualidad y por lo tanto corresponde oponernos a la táctica electoralista y potenciar los métodos de lucha insurgentes del proletariado en el escenario de la lucha de clases que se radicaliza día que pasa en nuestro país.

La demagogia de los burócratas se ha hecho evidente con la vergonzosa capitulación de la burocracia ante el gobierno anti-obrero del MAS en las negociaciones sobre el problema salarial. Levantan la consigna de la lucha por un salario acorde con el costo real de la canasta familiar (Salario Mínimo Vital) pero, como buenos sirvientes de la burguesía, están convencidos de que no es posible luchar por éste porque la clase dominante y su gobierno señalan categóricamente que no están en capacidad de atender dicha demanda. Por eso acaban acordando miserables aumentos que ni siquiera compensan la inflación real de los precios de los artículos de primera necesidad; esto en condiciones políticas en que amplios sectores de los explotados superan las ilusiones que en su momento despertó el gobierno del MAS y se abre una nueva situación revolucionaria caracterizada por movilizaciones y otras acciones de lucha.

Esta traición constituyó el debut político del PT y, no nos cabe la menor duda, su lápida. Dijimos que nació muerto, sólo faltaba cerrar su tumba y ellos mismos se han encargado de hacerlo. La burguesía ya no puede dar de comer sus propios esclavos lo que significa, desde el punto de vista de los oprimidos, que es necesario echarla del poder.

En nuestra larga y rica historia de lucha, el proletariado boliviano, particularmente el minero, junto a su partido, el POR, hemos señalado (Tesis de Pulacayo, Tesis Socialista del IV Congreso de la COB, etc.) que el único camino posible para que Bolivia supere las condiciones de atraso en la que se encuentra, es la vía de la revolución protagonizada por el conjunto de todos los explotados bajo la dirección política del proletariado para instaurar una sociedad nueva en la que la propiedad de los grandes medios de producción sea social (socialismo) y no privada (capitalismo). Esto implica la necesaria expulsión de las transnacionales del país y la estatización de la propiedad burguesa (industrias, banca, gran comercio, etc.) por un gobierno obrero-campesino.

Una revolución (significa destrucción de la actual sociedad burguesa y nacimiento de una sociedad distinta, la socialista) no puede darse por la vía legal, es decir, mediante el Parlamento, la reforma constitucional, el ministerialismo, en fin la colaboración con los gobiernos de nuestros explotadores.

La participación del POR en este debate y la firmeza con que combatimos la creación de este engendro, podemos decir que ha sido determinante para que aborte a tiempo de nacer.

7. NO ES LA PRIMERA VEZ QUE LOS GOBIERNOS BURGUESES MOVILIZAN A LOS CAMPESINOS CONTRA LOS OBREROS

Gran parte del movimiento campesino –sobre todo el sector de los pequeños propietarios- permanece como la base social más importante del gobierno a pesar de que la política agraria que el gobierno ejecuta favorece a la gran propiedad de los agroindustriales, a la propiedad mediana y cooperativa de sectores emergentes en el área rural (quinua, por ejemplo). Las ilusiones en torno al Presidente indígena presuntamente nacido y llamado a liberar a las naciones originarias de 500 años de opresión, sirvieron de fundamente para ello. La burocracia sindical campesina, a partir de esa situación, ha promovido la total subordinación de las organizaciones sociales del agro al gobierno burgués del MAS. Ensoberbecidos y empoderados, los burócratas sindicales campesinos creyeron llegada la hora de cobrarse por las ofensas recibidas y se dieron a la tarea de llenarse los bolsillos con los dineros del Estado y los municipios. Apoyándose en estos caciques campesinos, el gobierno pretende usar a parte de las masas campesinas contra de la lucha de los asalariados. No es la primera vez que un gobierno burgués moviliza a los campesinos contra los obreros. El MNR y posteriormente el fascista Barrientos son ejemplos históricos de este tipo de maniobras políticas de los gobiernos burgueses contra la lucha independiente de la clase obrera.

Al igual que en el pasado, para espantar ingenuos, el gobierno azuza con la “amenaza” del trotskismo (comunismo) para movilizar a los campesinos a enfrentar a los asalariados de las ciudades y en particular a los mineros que se han emancipado de la tutela política del oficialismo. Los campesinos son utilizados para preservar los intereses de la patronal, de las transnacionales y de los terratenientes, en fin para preservar las relaciones capitalistas de producción, asentadas en la explotación del trabajo asalariado. Los campesinos son usados para frenar la “amenaza” de la Revolución y Dictadura del proletariado.

Por este camino los campesinos concluyen remachando las cadenas de su opresión y su miseria, cerrando las puertas a su liberación y a la perspectiva de la recuperación de toda la tierra para los campesinos, los cocaleros que los sigan persiguiendo por el cultivo de la hoja de coca, sañuda represión ejecutada en complicidad con sus dirigentes de la mano de un gobierno sirviente del imperialismo. Las Naciones originarias son engañadas con imposturas (autonomía indígena) que no constituyen el respeto a su derecho a la autodeterminación, etc. En resumidas cuentas los campesinos son usados como pivote para preservar a la burguesía en el poder y escalera para que los politiqueros se llenen los bolsillos con los cargos y recursos del Estado.

El Estado burgués, incapaz de resolver los problemas fundamentales de la gran masa campesina, está condenado a terminar chocando con ella, que desilusionada constata que el Gobierno del Presidente “indígena” no había sido diferente a los anteriores gobiernos burgueses y que no hay solución verdadera a los problemas estructurales del agro (régimen de tenencia de la tierra y el problema de la opresión nacional), proceso que apunta a generalizarse en la medida en que se hace cada vez más evidente la incapacidad del Estado burgués y se agota la paciencia con la falacia del “proceso de cambio”. Por este camino, es que la masa campesina indígena originaria, oscila hacia las posiciones del proletariado y se convierte en la fuerza motriz de la revolución proletaria que pondrá en pie un verdadero gobierno obrero campesino que será radicalmente diferente a la impostura masista actual. Un gobierno y una alianza que sólo puede existir sobre la base de la entrega de toda la tierra a los campesinos, de la expropiación de los latifundios y de los grandes medios de producción y su establecimiento como propiedad social.

Pese a todo, en el último periodo, al igual que en otros sectores, parte de los explotados del agro (comunarios indígenas del TIPNIS, por ejemplo) ha empezado romper con el gobierno. La política capitalista de la administración de Evo Morales en el campo, terminará chocando con los intereses de los campesinos pobres y de las comunidades indígenas. El problema de la tierra, pese a 6 años de gobierno de un indígena, no ha sido resuelto y no lo será porque el gobierno del MAS respeta la gran propiedad agro-industrial en el oriente en tanto mantiene el minifundio improductivo en occidente. La concentración y mercantilización de la tierra afecta directamente a la gran masa campesina asentada en el minifundio que, en medio de esta situación, se ve obligada a migrar a las ciudades aumentando los cordones de miseria. Esto implica que objetivamente la miseria de la gran mayoría de los campesinos se ha acentuado. Es el marco social que ofrece las perspectivas para que los explotados del agro sigan a sus pares de las ciudades en el proceso de separación y diferenciación política respecto al gobierno del MAS.

8. LAS ELECCIONES 2014. PERSPECTIVAS

La evolución política de las masas es impresionante. La situación revolucionaria evoluciona hacia una francamente revolucionaria. Las masas ganan las calles y los caminos con posiciones radicales y han roto con las ilusiones que en inicio despertó el gobierno del campesino cocalero en ellas.

En la trinchera de la izquierda sólo queda el POR, firme en el programa revolucionario de la clase obrera cuyo objetivo histórico es la revolución y dictadura proletarias, sin ocultar su estrategia ni disimularla por temor a la impopularidad pasajera. Por eso, es la referencia obligada en los momentos en los que se agudiza la lucha de clases y las masas protagonizan grandes movilizaciones. Ya nadie cree en las imposturas del gobierno del MAS, ni siquiera los sectores que aún se mueven bajo su control. El MAS en la misma medida en que las masas se van diferenciando de él se derechiza cada vez más al punto de identificarse con las organizaciones políticas abiertamente pro-imperialistas y anti-obreras. Es la nueva derecha y, por el momento sigue siendo la mejor alternativa para la burguesía y el imperialismo ante la total crisis de la derecha tradicional.

El imperialismo sabe mejor que nadie lo que es importante y lo que no lo es. Mientras Bolivia siga siendo una fuente de materias primas estratégicas para sus intereses y las transnacionales sigan de “socias” del Estado, el imperio sabrá tolerar paciente y condescendientemente las majaderías “antiimperialistas” del gobierno del M.A.S., en su afán de recuperar credibilidad entre los explotados, esto mientras no se presente una mejor alternativa.

Están dadas las condiciones para que el Partido Obrero Revolucionario acaudille y potencie la corriente abstencionista como expresión de repudio al MAS, a las expresiones políticas de la derecha tradicional y a los oportunistas anti-neoliberales que pudieran aparecer buscando capitalizar parte del voto de los desilusionados del MAS, reivindicando el “proceso de cambio” supuestamente traicionado por el entorno de Evo convertido al neoliberalismo. Esto, sin perder de vista que amplios sectores atrasados de las masas a la hora de votar, optan, sin convicción, por el “mal menor” y que el MAS tampoco es que ha perdido todo su caudal electoral, especialmente en el sector campesino.

9. LA TAREA IMPOSTERGABLE: PENETRAR EN EL MOVIMIENTO OBRERO

El Partido Obrero Revolucionario, expresa en su programa, ratificado por el desarrollo histórico, la necesidad de la revolución y dictadura proletarias en el país como única posibilidad para superar el atraso y arrancar al país de las garras del imperialismo. Esta finalidad estratégica es la que condiciona la táctica que debe emplearse en la actividad diaria.

El peor error, de consecuencias fatales para la lucha revolucionaria, es que el partido revolucionario, por temor a chocar con los prejuicios o atraso político de las masas, oculte o coloque en un segundo plano su estrategia limitándose a la agitación alrededor de los objetivos inmediatos planteados por las masas en su lucha.

La táctica adecuada para organizar la lucha del conjunto de los explotados es el Frente Revolucionario Antiimperialista que es la unidad de las grandes mayorías oprimidas y explotadas bajo la dirección política del minoritario proletariado.

Buscamos que las masas radicalizadas que luchan en las calles y los caminos proyecten su lucha hacia la conquista del poder político para destruir el orden social capitalista aplastando a la burguesía y expulsando al imperialismo e instaurar el gobierno obrero-campesino que convierta la propiedad sobre los medios de producción en propiedad social. En otras palabras que la lucha instintiva de los explotados se ajuste políticamente a la finalidad estratégica del proletariado.

El Partido Obrero Revolucionario, está obligado a ligar las reivindicaciones inmediatas, motivo de las movilizaciones de las masas, a la finalidad estratégica. Esto es posible si, al responder a las necesidades inmediatas de los explotados, las proyectamos hacia la necesidad de derrocar no a tal o cual gobierno de la burguesía, sino al sistema de explotación capitalista asentado en la propiedad privada de los medios de producción. Esto es lo que nos distingue de las corrientes “izquierditas” reformistas pequeño-burguesas que reivindica la democracia y combaten a tal o cual gobierno no por burgués sino porque es dictatorial o represor o corrupto o, siguiendo la moda actual, neoliberal, cuidándose de no tocar para nada la base material de la explotación capitalista: la propiedad privada de los medios de producción.

El trabajo fundamental del Partido Obrero Revolucionario no es otro que el de transformar el impulso instintivo de las masas en conciencia política y, fundamentalmente, transformar el instinto comunista que sólo la clase obrera posee, en conciencia revolucionaria para que pueda convertirse en dirección del conjunto de la nación oprimida.

El POR en su larga y rica historia ha trabajado en el seno de las masas dentro de todas sus clases sociales explotadas y oprimidas, pero ha sido y tiene que ser de capital importancia la penetración en el seno del movimiento obrero.

En las actuales condiciones de ascenso de la lucha de los explotados y oprimidos, de crisis de todas las expresiones políticas de la burguesía incluido el MAS, la necesidad de penetrar en los sectores obreros se hace imperiosa.

El partido deberá discutir en sus células este problema y el trabajo debe ser planificado con la dirección para no caer en la improvisación caótica y voluntarista que, la experiencia enseña, acaba siempre en fracaso. Se debe potenciar y apoyar desde la dirección los trabajos que ya existen en algunos sectores obreros en la perspectiva de consolidar células de militantes obreros.

*****

RESOLUCIÓN SOBRE EL “CENTRO DE ESTUDIOS CESAR LORA”

Este denominado “Centro de Estudios Cesar Lora” conformado básicamente por ex militantes del POR que han abandonado la militancia o que fueron apartados por violentar los estatutos del partido, se declara como un grupo de simpatizantes del POR y, según declara, “se enmarca en el estricto apego a los principios del Programa del Partido Obrero Revolucionario (POR).”

Sin embargo, detrás de esta declaración se esconde una grave desviación pequeño-burguesa que sostiene que la caracterización oficial del POR referida al carácter burgués del gobierno del MAS por su sometimiento y defensa de la propiedad privada sobre los medios de producción en todas sus dimensiones (grande, mediana, pequeña), es una generalidad contrarrevolucionaria porque no especifica que esa política burguesa es neoliberal. Para ellos, el contenido de clase de la política del gobierno es algo secundario y lo importante sería su forma neoliberal.

En esa línea han abandonado el método marxista que enseña que lo que determina el contenido de un determinado gobierno es su posición frente a la gran propiedad sobre los medios de producción. Si la defiende o la tolera es un gobierno que desarrolla política burguesa esto independientemente del origen de clase del caudillo. Evo es un campesino, Lula en el Brasil era obrero, sin embargo sus gobiernos son burgueses porque respetan y en consecuencia defienden los intereses de la burguesía y el imperialismo.

El POR es antiburgués, es anticapitalista, es comunista y no limitadamente antineoliberal, combate a los gobiernos por burgueses más allá de la forma de su política, los combate por su contenido de clase. Señala que PARA SALVAR A LA SOCIEDAD Y AL HOMBRE DE LA OPRESIÓN NO QUEDA OTRO CAMINO QUE CONSUMAR LA REVOLUCIÓN Y LA DICTADURA PROLETARIAS, INSTAURAR UN VERDADERO GOBIERNO OBRERO-CAMPESINO, QUE ABRA EL CAMINO HACIA EL COMUNISMO.

Todas las corrientes reformistas pequeño-burguesas se limitan a combatir a los gobiernos por sus excesos formales, por ser dictatoriales, o corruptos, o, siguiendo la moda actual, por neoliberales pero nunca por su contenido de clase. Esto porque no buscan transformar la sociedad burguesa sino maquillarla. El relegar a un segundo plano, cuando no olvidar definitivamente, la estrategia revolucionaria de la revolución socialista, significa haber caído en el reformismo, es decir, haber abandonado la política revolucionaria.

Los miembros del denominado “Centro de Estudios Cesar Lora” han llegado al extremo de calificar de contrarrevolucionaria a la dirección del POR por no caracterizar al MAS como neoliberal e insistir en denunciarlo como burgués y colocar en primer plano la estrategia de la revolución y dictadura proletarias.

El gobierno del MAS es una variante de gobierno burgués con sus propias características y planteamientos. Tiene en común con los gobiernos denominados neoliberales su respeto y defensa de la propiedad privada burguesa, sin ser por ello idénticos. La política del MAS es continuación de la de los gobiernos neoliberales en muchos aspectos fundamentales pero es diferente en otros y en otros es peor que los neoliberales. El POR permanentemente debate y refuta los planteamientos del gobierno y caracteriza sus rasgos particulares pero como un aspecto auxiliar necesario para mostrar ante los explotados el contenido de clase del gobierno dispuesto a defender utilizando todos sus recursos, la gran propiedad privada de los medios de producción.

Quienes sostengan que la estrategia del POR es una generalidad contrarrevolucionaria simplemente no pueden llamarse simpatizantes del mismo y menos aún militar o pretender militar en el POR.

EL DENOMINADO “CENTRO DE ESTUDIOS CESAR LORA” NO TIENE NADA QUE VER CON EL PARTIDO OBRERO REVOLUCIONARIO. EL POR ROMPE CUALQUIER TIPO DE RELACIÓN, COORDINACIÓN O CO­LABORACIÓN CON DICHO GRUPO DE PRETENDIDOS “SIMPATIZANTES”. LOS MILITANTES QUE PARTICIPEN DEL REFERIDO CENTRO DE ESTUDIOS QUEDAN SUSPENDIDOS DE LA MILITANCIA. SE SUSPENDE DE LA MILITANCIA A GUIDO.

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