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Área: Opinión >> Periodismo ciudadano
Actualizado el 2013-08-11 a horas: 09:38:23

Rutina de un obrero en tiempos de “revolución cultural”

Ar.Bol paga mal, pero explota súper bien

(El Matapalo/Prensa Obrera).- Despierto alrededor de las cuatro de la madrugada, hecho mierda y lidiando con dos párpados que pesan una tonelada. En la calle no hay gente, excepto algún solitario transeúnte que casualmente es también empleado de Ar.Bol; lo reconozco por su vestimenta anaranjada y su caminar de sonámbulo. Estoy en el comedor alrededor de las cinco, hago cola para desayunar, el administrador me mira con cara de pocos amigos; todos desayunan somnolientos y en completo silencio; algunos se llevan la merienda en bolsitas de nylon para comer en el camino. Ahorita no hay apetito.

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5:45 parte la movilidad rumbo a la obra. Casi una hora demora el trayecto y la mayoría aprovecha para completar el sueño. Llegamos a las seis y treinta y la noche aún no se ha ido. Algunos pijchean y otros se acomodan para seguir durmiendo hasta las siete. Tenemos que construir muros de contención en lugares donde es menester ensanchar la vía. Va subiendo la temperatura y a mediodía son insoportables el sol candente y la polvareda que levantan las volquetas.

12:00 El almuerzo hay que tragárselo en un dos por tres, nos pagan por trabajo continuo de 7:00 a 17:00, diez horas diarias en teoría; la verdad es que el trabajo te roba más de 15 horas de vida al día porque llegas a tu dormitorio a las 19:00 con el cuerpo molido, aplastado por el sueño…

Los bolivianos trabajan, los extranjeros mandan

La empresa Ar.Bol ha firmado un contrato de 242 millones de dólares con la ABC para asfaltar, ampliar y mantener el tramo comprendido entre Santa Bárbara y Quiquibey. El gobierno boliviano adjudicó la obra al consorcio argentino-boliviano bajo la modalidad “llave en mano”. Entre los contratantes se dan abrazos, sonrisas, enhorabuenas, comen bocadillos y danzan los dólares. Ni una sola gota de sudor. Nada de mancharse la camisa ni estropearse el copete.

AR.Bol contrata mano de obra boliviana; los ejecutivos y altos empleados son gauchos. Un oficial de primera (¡ni loco ché!) no viene por los sueldos miserables que paga Ar.Bol a los bolivianos que cortan montañas, desvían ríos, horadan túneles, construyen muros, alcantarillas, barandas y puentes… El trabajo está dividido en tramos y subtramos, en cuadrillas de obreros y operadores de maquinaria pesada; todos ellos sudan y se esfuerzan al cien por cien. La obra debe concluirse en 12 meses.

En La Paz un contratista zaparrastroso paga de 150 a 180 Bolivianos el jornal; aquí la millonaria transnacional Ar.Bol paga la tercera parte. Eso mismo están haciendo los imperialistas yanquis. En EEUU un obrero gana arriba de los 10 mil dólares y a los obreros chinos les pagan sólo 100 dólares por hacer lo mismo. Los capitalistas gringos prefieren irse a la China para hacerse la América.

El capitalismo no tiene patria ni conoce fronteras, el capital financiero es el nuevo amo que invade naciones, doblega Estados, saquea pueblos. Los argentinos de Ar.Bol, como anteriormente los brasileros de OAS o Andrade Gutiérrez, no vienen a Bolivia por filantropía sino a llenarse los bolsillos gracias a los altos niveles de plusvalía, y en segundo lugar hacen también la carretera.

Tomografía de Ar.Bol

Me atreví a reseñar los pormenores de la última reunión entre los ejecutivos de la empresa y los dirigentes del sindicato. En tres hojas pegadas a la pared informé detalles de la negociación sobre el incremento salarial. Yo feliz de servir a mis compañeros, y el secretario general René “Torquemada” delirando de furia, amenazando, vomitando improperios. ¿Y el aumento salarial? Mutis el Júpiter tonante.

Nuestra empresa, de acuerdo al último decreto, debe, como todas las empresas privadas, negociar un incremento sobre la base del 8%. Lo raro y llamativo es que el sindicato no haya llamado a una asamblea general para discutir los alcances de dicho decreto y la propuesta de la empresa. Lo normal en cualquier empresa es que se vaya a consultas, propuestas, contrapropuestas antes de firmar el acta de acuerdo interno ante el Ministerio de Trabajo. Pero el sindicato, callado nomás. ¿Por qué será?

Uno ingresa a las oficinas de Ar.Bol y todo apesta. Arcadas provoca el nauseabundo tufillo de la burocracia bien aceitada, claro está. Señoritos y señorones con complejo de superioridad miran de arriba a la chusma que huele a patas, sudorosa y con los pelos encebados. Más temidos que respetados son estos licenciados ingenieros con ínfulas de nobleza; para consuelo de tontos, hay excepciones.

Escuché decir a un obrero en una de las primeras asambleas a las que asistí que la empresa solía presumir dicendo que pagaría los mejores sueldos de Bolivia, pero luego se desdijo porque algunos ingenieros bolivianos comentaron que los obreros bolivianos estábamos “acostumbrados a ganar poco” (¡!)

Una encefalografía de Ar.Bol

Hace algunos meses el capo de Recursos Humanos impuso un cavernario reglamento de conducta en los campamentos, que a la letra dice: prohibido recibir visitas en sus alojamientos, prohibido internar bebidas alcohólicas, prohibido robar, prohibido pelear, prohibido causar escándalos, prohibido ingresar a altas horas de la noche. Ya en una oportunidad la encargada de Medioambiente nos advirtió que estaba completamente prohibido piropear o molestar a las jóvenes y jovencitas del lugar. Faltaba nomás que te manden memo por tirarte un pedo.

Para la empresa un obrero no tiene derecho a la vida social, solo debe cumplir órdenes y trabajar, cuidándose de reventar como un insensible y frío instrumento de la producción. Obrero de Ar.Bol: tu destino es trabajar, aguantar, sufrir, ignorar, sudar, apretar los dientes, pujar, pujar… ¡Qué Joder!

En la empresa ocurren accidentes que pasan desapercibidos porque los altos ejecutivos se empeñan en ocultarlos, y ¡aquí no pasó naranjas! Sabemos que algunos capataces argentinos no toleran obreros con baja médica. Dicen que una vez un ingeniero llevó personalmente a un obrero accidentado a la Caja para el chequeo de rigor, y antes de que el médico abriera la boca el susodicho se le adelantó diciendo que su obrero debía volver de inmediato a su puesto de trabajo.

Esto ya se está haciendo costumbre. Cuando uno va al médico por algún malestar o accidente, éste se rehúsa a darle de baja porque desde las cumbres de Ar.Bol le instruyeron no fomentar el “ocio”. ¿Y los muertos? Se tapan con tierra y nadie se entera de nada, es decir, no nos enteramos de las circunstancias del suceso, no hay ningún parte para el velorio, menos para el entierro. ¿Será que para la empresa es una pérdida de tiempo?

Política y politiquería

Ar.Bol paga mal, trata mal, pero explota súper bien. Y la cantaleta de siempre es: “la política es lo peor”; “yo no vivo de la política, vivo de mi trabajo”; “mi única política es mi trabajo”; “mi política es el hacha y el machete”. ¡Vainas! Eso dicen los necios. La política es ciencia social, confundirla con la politiquería es una torpeza tamaño baño. La política y la politiquería son extremos opuestos.

“El obrero no puede hacer política”, dicen los burgueses chupasangres. ¿Y ellos sí pueden? ¡Qué mamones! Los capitalistas son poderosos porque tienen el poder económico, su Estado, sus leyes, su religión, su moral, su política de vampiros, su jauría de jueces y burócratas, y una nutrida servidumbre de “ociólogos”, pluris y ramas anexas.

El capitalista nunca trabaja pero sí hace trabajar y vive como jeque. El capitalista es banquero, es terrateniente, empresario; son los dueños del país y de todas sus riquezas. Por eso los pícaros y sus gestores políticos de turno no nos quieren políticos sino buenos cristianos y corderos del “proceso de cambio”.

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