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Actualizado el 2013-07-01 a horas: 12:44:41

La respuesta adecuada del momento

¿Y por qué no una comunidad ecológica en el TIPNIS?

Gustavo Portocarrero Valda

Una noticia, procedente de la Universidad de La Plata, Argentina, reproducida por el periódico oficial de Bolivia, hace saber que aquella entidad ha conferido el título de: “Doctor Honoris Causa” al Vicepresidente de Bolivia. También que el honrado con la distinción sostuvo en su discurso de respuesta: “Hoy en Bolivia estamos intentando construir eso. Esta fusión de estos idearios políticos es a lo que el presidente Evo Morales ha denominado el socialismo comunitario del vivir bien; recogiendo la fuerza del movimiento obrero y de la lucha mundial de clases contra el capitalismo y comunitario del vivir bien, porque recoge nuestra raíz eminentemente comunitaria indígena”.

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Si cotejamos tales palabras del segundo mandatario, con la realidad boliviana en el caso de la selva del TIPNIS, no es difícil concluir que no muestran relación alguna con la verdad, sino todo lo contrario como lo veremos.

En diferentes artículos, que he publicado en la prensa internacional, sin pretender descubrir nada nuevo, sino reflejar un fenómeno real existente, he destacado que las comunidades aborígenes asentadas en toda la selva del TIPNIS (corazón geográfico de Bolivia) llevan una forma de vida natural en base a la caza y la pesca. En estas condiciones no sufren las lacras de la civilización, que busca introducirse en aquella sana región con sus males contemporáneos, que amenazan acabar con la naturaleza, destruyendo toda forma de vida, y de los cuales la humanidad no puede liberarse,

He destacado también que aquellos aborígenes, de selva primaria, tienen la suerte de no tener aún patrones en sus tierras, tampoco empresarios foráneos ni nativos, y menos aún –por tratarse de sociedad pre capitalista– el fenómeno de la lucha de clases. Esta excepcional situación los libra de algunos placeres, característicos de la “civilización”: no hay sitios para expendio de bebidas alcohólicas, juegos de azar, prostitución, drogas ni otras taras para que entretengan a asalariados, que tampoco existen. Sin embargo asechan a tal área patria, numerosos peligros que ya se puede percibir de antemano.

Desesperados por la demora que muestra el gobierno en su anunciada invasión al TIPNIS, y con sobrada angurria por aquella selva de riquezas, se hallan en primer lugar, ocultando sus garras, empresas petroleras sedientas del obscuro líquido elemento. Le siguen aventureros buscadores de oro (que contaminan, sacan y escapan sin jamás asentarse) A continuación espera el nada inocente “turismo ecológico”, siempre de lujo porque cuenta con clientela millonaria dispuesta a pagar lo que se pida para disfrutar de placentera comodidad, hermosas vistas de paisajes y deleitarse en toda forma con la naturaleza virgen. Por si no lo sepa el lector, este turismo saquea aves de exuberantes plumajes y colores o las compra embalsamadas; acaba con exóticas especies de peces (de gran tamaño y variedad de tonos) igual cosa con plantitas y plantas de muchas cualidades, incluyendo medicinales (para negociar con aquellas con grandes corporaciones farmacéuticas) El turista “ecológico” es por igual un vulgar depredador que, generoso con sus dólares y/o euros más sabrosas propinas, no escatima recursos para disfrutar de otros placeres, como mujeres locales, bebidas, drogas y otros, transformando una sociedad local de paz y armonía, en el imperio del dinero, corrompiendo –además– la mente sana aborigen, para volverla maliciosa.

Si continuamos con el examen, aunque a vuelo de ave, encontraremos que por detrás se hallan ex indígenas de otros lares con bastante dinero, aspirantes a empresarios, desnudados y descarados en sus ambiciones de mayor plus valía. Se trata de espectantes a sui géneris “dotaciones” de tierras que jamás van a producir arroz, trigo, hortalizas, frutas, ni alimento alguno en favor de la sociedad, sino una cara hojita de color verde, cuya venta les reporta buen precio para la fabricación de un polvo blanco que agrada y degrada a viciosos en las sociedades del mundo rico, incluyendo productores, y distribuidores de drogas prohibidas. Conviene recordar que, por lo menos en los EE.UU, no ingresa y no circula un gramo del alcaloide sin que lo sepa previamente la Drug Enforcement Administration, DEA, cuyo control es eficiente como poderoso.

Aquellos “productores”, no obstante haberse beneficiado con la producción de coca en sus parcelas del Chapare, ahora desean más tierra y tal les ha sido ofrecido y prometido, a cambio de votos en pasadas elecciones nacionales. De otro lado, y tal como lo sostuve en otros artículos, tales personajes “agrícolas” –que nada tienen de campesinos originarios excepto su apariencia física– tampoco se van a dar el trabajo de labrar la tierra para su ilegal propósito. Van a convertir a los aborígenes del TIPNIS en sus asalariados y a sus mujeres en sirvientas, cocineras y doméstico-dependientes, sin beneficios sociales ni protección estatal.

A todos aquellos intereses económicos concurrentes se suma la deforestación. Nadie respetará los árboles porque se deberán habilitar áreas para la agricultura de la coca; peor si se trata de árboles de madera fina, que no van a permanecer rezagados como ornamento. Se avecinan días de incendio, humareda, motosierras, tala, arrasamiento y presencia de tractores para los albores de una gran “modernidad”.

Ya no se discute en Bolivia que todos los males anteriores se harán realidad en cuanto se construya la carretera, patrocinada por el Gobierno, para partir en dos la selva referida, aun incumpliendo las propias leyes nacionales que protegen el medioambiente.

Para dorar la píldora, que se pretende hacer tragar a mentes ingenuas, se ha hecho abundante propaganda de que las obras traerán progreso, acarrearán tecnología, aumentarán las comunicaciones, electrónica, exportaciones (?) y que se generará divisas extranjeras. Se ha insistido en que, además de incrementarse el efecto multiplicador de la economía, se podrá y “sacar” a los aborígenes de la “miseria en la que viven”. Quede claro que aquellos no sufren hambre.

Los auspiciadores de tanta historia, que más parece de historieta, están auto convencidos que todo marcha color de rosa con su propaganda. Sin embargo de tanta cantaleta de maravilla, los aborígenes de la selva no se han entusiasmado ni se entusiasman con ofertas que los vayan a llevar al venturoso porvenir de una sociedad “civilizada”. Siguiendo los mismos ejemplos que ya se han dado en otros países, estos últimos ya se han pronunciado que prefieren vivir como están, pero acordes con las leyes de la naturaleza, y sin dejarse convencer por cantos de sirena que ya han destruido verdaderos paraísos naturales en infinitas partes del mundo.

La férrea resistencia que ofrecen los indígenas del TIPNIS en bien de su territorio y en contra de la destrucción, ha logrado fuerte apoyo nacional en todos los centros urbanos; también fuera del país e incluso a nivel mundial. Para contrarrestar esta situación, de veras desfavorable para el propio gobierno boliviano –suponiendo éste que la gente no vaya a darse cuenta de las maniobras que emplea– ya no encuentra forma efectiva para dividir y acallar a la fuerza aborigen, pese al empleo de estrategias miserables de regalillos, ofertas de un futuro paraíso en la zona, y jugosos sobornos a dirigentes que circundan la zona, pero no se atreven a ingresar a aquella.

Los gastos propagandísticos en la compra de conciencias, de Judas que no faltan pero se venden con facilidad, no auguran buenos resultados por su propio descrédito. Por tanto, fracasados los intentos, sólo le queda el uso de la fuerza, aunque ya se percibe una lucha fratricida, que tampoco le conviene al Gobierno Nacional. Una victoria impuesta por la fuerza de las armas, aplastando la voluntad de sus propios nativos, no solo le provocará resistencia local, sino le incrementará problemas nacionales y aún de orden internacional.

No se entiende tampoco como un gobierno que dice ser socialista y respetuoso de la naturaleza, además de “comunitario” y otros dones más, en lugar de provocar tanto problema (empleando enormes gastos sobre el burrito de carga, denominado “Tesoro Nacional”), no se dé cuenta que debería trabajar con los propios aborígenes locales para el desarrollo armónico de la zona, brindando apoyo en vez de hacerle la guerra. Todo aquello, precisamente dentro los márgenes comunitarios que pregona y sin destrucción alguna del medioambiente al que dice proteger y a su Pachamama (madre naturaleza) de idolatrada adoración.

Siendo el TIPNIS una sociedad pre capitalista, no cabe como respuesta una revolución socialista, sino –más bien– su enderezamiento y avance gradual dentro sus propios marcos, para que sea su porvenir, el resultado de lo que desean sus propios habitantes, que niegan y rehúyen las manos negras que ven por encima.

Esa sociedad –más aún si aquello es su sincero deseo– solo puede ser edificada con la decisión propia de aquellos, quiéralo o no el gobierno central. Empero, una visión fría de las cosas como se hallan no es para hacerse ilusiones. La lucha se avecina y habrá que prepararse para aquella.

Consiguientemente la sociedad del TIPNIS tiene el inmediato deber de elaborar las condiciones para consolidar su propia estructura, situación que reclama pasos concretos:

1. Por el principio jurídico de contar con una Carta Orgánica Constitutiva Global para la región, en base a la democracia directa de todos sus pobladores, procurando que esta cuente con la asistencia general (incluyendo ancianos y niños) debe convocarse, con cierto plazo de anticipación, a una Asamblea General soberana aquél pueblo, que fije en detalle todas sus determinaciones y demarque sus límites geográficos.

2. Para los efectos de preparar los materiales, que serán llevados a consideración de la Asamblea Fundadora, deberá solicitarse asesoramiento legal y técnico para proyectar su correspondiente Carta Constitutiva. Simultáneamente, deberá formarse comisiones locales de estudio y concientización.

3. Por la seriedad, trascendencia y respetabilidad del ente en gestación, se recomienda invitar a la Asamblea de Fundación, a fuerzas aborígenes vivas de todo el país, trabajadores, intelectuales, universitarios en las carreras de Ecología y Ciencias políticas, prensa, radio y televisión nacionales, para que acrediten su Delegado observador representante.

4. Vencido el paso jurídico, y elaborada la documentación pertinente, corresponde el estudio socio–económico–político, tanto de los recursos de aquella inmensa región como de su forma de aprovechamiento comunitario y organización productiva de la sociedad, a cargo de asesores de universidades, centros de intelectuales y de voluntarios, nacionales y extranjeros. Estos últimos ya existen para la cooperación internacional.

5. A continuación se pedirá apoyo económico mundial a entidades que ya existen, interesadas en financiar (sin objetivos de lucro) la gestación de la nueva sociedad, organizando a la vez, su defensa interna.

¡Con gusto los ayudaremos quienes vivimos fuera del país!

* Gus_port@adtekz.com - Gustavop2@hotmail.com

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