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Área: Economía >> Agricultura
Actualizado el 2013-05-17 a horas: 23:27:42

El mundo produce alimentos suficientes, pero a mayores precios

¿La crisis alimentaria es natural o inducida?

(Prensa Latina y Cubarte).- “Hay suficiente comida en el planeta para todos, por eso la actual no se trata de una crisis de alimentos sino una crisis en los precios, algo muy diferente”, asegura el ex representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Cuba Marcio Porto.

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Los elevados precios han caracterizado en los últimos años al mercado mundial de alimentos, con una tendencia alcista que, según expertos, debe continuar. ¿Qué influye en los precios? Los analistas subrayan algunos factores relacionados con el tema de la oferta, la demanda y las características de la coyuntura internacional. Contemplan además el crecimiento poblacional, los subsidios a los biocombustibles y el incremento del ingreso per cápita de los países en desarrollo. Igualmente sobresalen los elementos asociados al bajo crecimiento de la productividad agrícola, una menor inversión en agricultura y la escasez de recursos naturales.

En la próxima década la demanda de alimentos seguirá creciendo, pero la oferta no lo hará a igual ritmo, a menos que se incrementen sustancialmente la inversión y la investigación en agricultura, precisó la especialista cubana Blanca Munster, del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial. El caso de los cereales es ilustrativo. Estudios recientes confirman la disminución de la producción mundial de trigo en 2012 al ubicarla en 663 millones de toneladas, 5,2% menos que en el 2011. Los efectos ocasionados por las sequías en las principales zonas productoras son una de las principales causas atribuidas al empeoramiento de las perspectivas en renglones esenciales como el arroz.

Los llamados factores externos, como el cambio climático y los precios del petróleo, también resultan esenciales en el alza de precios. De igual forma influyen la inestabilidad financiera y cambiaria internacional asociada a los nuevos instrumentos de especulación en alimentos, las restricciones al comercio y las políticas de subsidios agrícolas en los países desarrollados.

Llama la atención la persistencia y la fortaleza de lo que es considerado el gran negocio de la cadena agroalimentaria. De acuerdo con cifras oficiales, el 67% del comercio mundial de semillas era manejado en el 2007 por 10 grandes multinacionales del orbe. El 26% del mercado mundial de comestibles empaquetados es cubierto por unas pocas transnacionales, entre ellas: Nestle, Pepsico, Kraft, Coca-cola, Unilever y Danone.

Algunos expertos en la materia abordan lo que denominan factores domésticos. En dicha categoría incluyen la falta de transparencia en los mercados y las reglas de competencia, el escaso poder de negociación de los pequeños productores rurales y la incorporación de empresas locales a cadenas multinacionales. De igual forma añaden la ausencia de acceso al financiamiento para el incremento de la producción, las dificultades en la adopción de nuevas tecnologías de producción y la carencia de mecanismos de mitigación del riesgo y la incertidumbre.

Sin embargo, afirmó Porto, de escasear los alimentos significaría que el mundo está produciendo menos y no es así; aun con las secuelas de fuertes fenómenos climatológicos, los volúmenes que se obtienen alcanzan, solo que cuestan más y el acceso para algunos es muy difícil, sobre todo para los pobres.

Por su amplia experiencia en varios países, Porto aseguró que “lo importante hoy son los obstáculos en la distribución”. Insistió en que cuando los precios elevados se combinan con una crisis económica, altos niveles de desempleo, fenómenos climáticos extremos, las tensiones y conflictos en el Medio Oriente, el alza del petróleo, y con un entorno de especulación financiera, los commodities (productos básicos) agrícolas se hacen más difíciles y preocupan a gobiernos y pueblos.

En ese marco, un mayor número de pobres en el planeta es una realidad previsible, porque “un dólar que aumenten los alimentos, para unos puede ser nada, pero para otros puede ser el sustento diario, el trabajo, la vida”.

Otro aspecto impresionante mencionado por el especialista es que la tercera parte de la comida producida se pierde o desperdicia, ascendente a más de cuatro mil millones de toneladas. En las naciones pobres, por plagas, sequías y falta de recursos y tecnologías para sembrar y cosechar adecuadamente, y en las industrializas, por los elevados hábitos de consumo.

¿La crisis alimentaria es natural o inducida?

Vivimos desde 2008 una crisis económica global que después de estallar en Estados Unidos y extenderse por todas las regiones, tiene hoy en Europa su epicentro. Vivimos también una crisis energética con altos precios del petróleo, una crisis ambiental de potencial capacidad devastadora para el planeta. Algunos llaman sistémica a esta colección de crisis, todas entrelazadas y mutuamente reforzadas.

La crisis alimentaria es un drama humano desgarrador. Los terrícolas somos capaces de descifrar el genoma humano, de hacer maravillas con la nanotecnología o planear vacaciones en órbita en pocos años, pero según estadísticas oficiales —que sabemos incompletas y suavizadas— casi mil millones de personas padecen hambre, esto es el 15% de la población mundial.

Los cinco países con mayor índice global de hambre son: Burundi, Eritrea, Haití, Etiopía y Chad. En América Latina y el Caribe están, además de Haití, Guatemala, Bolivia, República Dominicana y Ecuador. Tres naciones de la región figuran entre las diez que más han disminuido el hambre en los últimos 20 años: México, Nicaragua y Perú.

La FAO alerta sobre una probable crisis alimentaria global en 2013, que podría superar a las crisis de 2007-2008 y su director general solicitaba al gobierno de Estados Unidos que reduzca o suspenda temporalmente el mandato de ese gobierno para destinar el 40% de la cosecha de maíz a la producción de agrocombustible para alimentar motores de automóviles. El llamado de la FAO habla de evitar “una catástrofe que golpee a millones de personas en los próximos meses”.

La crisis alimentaria tiene variados ingredientes que en su combinación producen un resultado perverso. Hay ingredientes en los que la Madre Naturaleza se aprecia claramente, hay ingredientes de rápido crecimiento poblacional en ciertas regiones, de degradación de suelos, pero hay también con mucha fuerza la acción de la codicia, la insensibilidad y el afán desmesurado de ganancias.

Hay cambio climático, es cierto, pero lo acelera la subordinación de las condiciones naturales para la vida a la tasa de ganancias del capital, y la conversión en mercancías del agua, de la tierra y otros bienes públicos sobre los que se desarrolla una ofensiva privatizadora que conduce a la depredación.

En una Reflexión publicada el 31 de enero de 2011, Fidel Castro citó in extenso al prestigioso ecólogo Lester Brown, expresando informaciones esenciales sobre la realidad de la crisis alimentaria. La población mundial casi se ha duplicado desde 1970. Aún seguimos creciendo a un ritmo de 80 millones de personas cada año. En algún momento este crecimiento incesante comienza a ser demasiado para las capacidades de los agricultores y los límites de los recursos terrestres e hídricos del planeta.

Estados Unidos, donde se cosecharon 416 millones de toneladas de granos en 2009, 119 millones de toneladas se enviaron a las destilerías de etanol a fin de producir combustible para los automóviles. Eso bastaría para alimentar a 350 millones de personas cada año. En Europa, donde buena parte del parque automotor se mueve con combustible diesel, existe una demanda creciente de combustible diesel producido a partir de plantas, sobre todo a partir del aceite de colza y de palma.

Esta demanda de cultivos portadores de aceite no solo reduce la superficie disponible para producir cultivos alimentarios en Europa, sino que también acelera el destroce de los bosques tropicales en Indonesia y Malasia a favor de las plantaciones productoras de aceite de palma.

Al propio tiempo que se duplicaba la demanda anual de granos, surgían nuevas limitaciones por el lado de la oferta. Se calcula que la tercera parte de las tierras cultivables del mundo pierden la capa vegetal más rápido que el tiempo que se necesita para la formación del suelo nuevo a través de los procesos naturales, perdiéndose así su productividad inherente…

Mientras tanto, el agotamiento de los acuíferos reduce rápidamente la extensión de las áreas irrigadas de muchas partes del mundo. En la actualidad, la mitad de la población del mundo vive en países donde los niveles freáticos descienden a medida que el bombeo excesivo agota los acuíferos. Pero los déficits de agua realmente elevados están en la India donde, según las cifras del Banco Mundial, hay 175 millones de personas que se alimentan de granos producidos mediante el bombeo excesivo.

El ascenso de la temperatura también hace que resulte más difícil aumentar la cosecha mundial de granos con la rapidez suficiente para ir a la par del ritmo sin precedentes de la demanda. Otra tendencia emergente que amenaza a la seguridad alimentaria es el derretimiento de los glaciares de las montañas. Esto es especialmente preocupante en el Himalaya y la meseta del Tíbet. Sin este derretimiento de los hielos la cosecha de granos experimentaría una gran caída y los precios ascenderían proporcionalmente.

Por último a largo plazo, los casquetes de hielo que se derriten en Groenlandia y el oeste de la Antártica, unido a la expansión térmica de los océanos amenaza con elevar el nivel del mar hasta seis pies durante este siglo. Incluso una elevación de tres pies provocaría la inundación de las tierras arroceras de Bangladesh. También dejaría bajo agua a buena parte del delta del Mekong, donde se produce la mitad del arroz de Vietnam, el segundo exportador de arroz del mundo. En total, hay aproximadamente 19 deltas fluviales productores de arroz en Asia donde las cosechas se reducirían considerablemente a causa de la elevación del nivel del mar.

La escasez de alimentos debilitó a anteriores formaciones históricas y esa implacable lógica está imponiendo la geopolítica de los alimentos, incluso por encima de la geopolítica del petróleo.

* Con reportes de las periodistas de Prensa Latina Cira Rodríguez César y Masiel Fernández Bolaños, y de Osvaldo Martínez, articulista de Cubarte.

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