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Área: Internacional >> Latinoamérica
Actualizado el 2013-03-23 a horas: 03:44:49

El levantamiento indígena gana eco en el mundo

La protesta indígena “No más pasividad” moviliza al pueblo canadiense

Yolaidy Martínez Ruíz *

La Habana y Ottawa.- La indignación estremece la geografía canadiense y sus protagonistas son miles de indígenas que reivindican respeto a sus derechos ancestrales y el cese de medidas del Gobierno perjudiciales para la naturaleza. Ese sentimiento de insatisfacción conllevó a los originarios a agruparse bajo el movimiento Idle no More (No más pasividad), denominado así para mostrar su oposición a las pretensiones hegemónicas del Estado que socavan su autonomía y marcan el regreso a la era colonial.

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Cuatro féminas de la provincia de Saskatchewan impulsaron la campaña en octubre pasado mientras se iniciaba el debate parlamentario del proyecto de ley C-45, el cual autoriza a las corporaciones la exploración y extracción de petróleo y gas, así como la pesca en ríos ubicados en asentamientos aborígenes.

Sylvia McAdam, Jess Gordon, Nina Wilson y Sheelah Mclean desarrollaron conversatorios y mitines con vistas a sensibilizar la opinión pública y brindar información sobre la normativa, considerada de corte neoliberal. Pero estimaron necesario extender el reclamo a nivel nacional y escogieron el 10 de diciembre, Día mundial de los Derechos Humanos, para iniciar las acciones de protestas contra la legislación, luego aprobada por las autoridades de Ottawa sin el consentimiento de la población nativa.

Su convocatoria tuvo un respuesta masiva y desde entonces miles de inconformes bloquean de forma pacífica carreteras, vías férreas y puentes, así como realizan concentraciones frente a instituciones públicas, ayunos, manifestaciones, danzas y ritos ceremoniales, entre otras actividades. Originarios canadienses -apoyados por individuos, grupos sociales, ambientalistas, defensores de derechos humanos y sindicatos- denuncian que la medida vulnera sus derechos ancestrales sobre la tierra, el agua y los recursos naturales, así como pone en riesgo al entorno porque permitirá al Gobierno controlar áreas protegidas.

Con el paso de los días, el levantamiento creció, se radicalizó y abrió una especie de caja de Pandora de la cual emergieron las desigualdades socioeconómicas que enfrenta ese sector, con más de un millón de miembros distribuido en 615 tribus o Primeras Naciones- como también se autodefinen. Los movilizados sacan a la luz problemas de discriminación, infraestructura, pobreza, altos niveles de desempleo, el limitado acceso a la educación y a los servicios de salud existente entre los nativos.

Shawn Atleo, presidente de la asamblea que agrupa a los jefes de las diferentes etnias canadienses, también denunció en una de las concentraciones que el Gobierno sigue sin dar respuesta a la desaparición de al menos dos mil mujeres y niñas indígenas en los últimos años. En ese punto, exigió la formación inmediata de una comisión pública para investigar los casos, tras considerar inaceptable la forma en que Canadá ignora la población originaria y manifestar disposición a luchar por ser incluidos en las decisiones que afectan a la tierra y sus recursos.

Precisamente todos los planteamientos anteriores llevaron a Theresa Spence, jefa de la tribu Attawapiskat, a declararse en huelga de hambre frente a la sede del Parlamento hasta analizarlos con el primer ministro Stephen Harper o el gobernador general de Canadá David Johnston. La líder se instaló en una pequeña isla del río Ottawa y sólo alimentó con líquidos desde el 14 de diciembre.

Idle no More se sumó a su exigencia de reunirse con las máximas autoridades canadienses en busca de respuestas a las dificultades indígenas. Con ese fin redobló las iniciativas de protesta y delineó un plan permanente para ampliar los foros educativos sobre los derechos y responsabilidades de los aborígenes, hacer públicas las penurias de ese grupo poblacional y su lucha por la soberanía, así como captar aliados a la causa dentro y fuera del país. Asimismo, se plantea batallar por el rescate de la autonomía de las Primeras Naciones y presionar al Ejecutivo conservador y a las industrias a proteger el medioambiente.

Critican tratamiento mediático sobre movimiento indígena de Canadá

Líderes indígenas criticaron el tratamiento dado por los grandes medios de difusión canadienses a las protestas que realizan desde diciembre pasado para exigir respeto a sus derechos ancestrales y el cese de medidas gubernamentales dañinas para la naturaleza. Ron Morin, jefe de la tribu Enoch Cree, manifestó decepción y lamentó que muchos espacios informativos resalten las consecuencias públicas de las acciones en vez de enfocarse en las demandas de los aborígenes.

Para el dirigente indígena, es una pena que la prensa no centre la atención en los verdaderos problemas del sector como la violación a los tratados sobre sus derechos, el racismo, las desigualdades socioeconómicas y decisiones unilaterales del Gobierno que amenazan las garantías fundamentales y los recursos naturales. “Llevamos muchos años luchando en vano ante los tribunales. Por eso reclamamos un diálogo sincero con las autoridades federales para resolver finalmente esta difícil situación heredada por varias generaciones durante más de un siglo”, precisó Morin.

Añadió que las protestas continuarán y se expandirán por todo el país hasta tanto el Ejecutivo acceda a atender las peticiones de la población originaria. Los nativos están agrupados bajo el movimiento nacional de protesta denominado “Idle no more”, surgido el pasado 10 de diciembre en rechazo a reformas aprobada por el Parlamento para permitir la exploración y extracción de petróleo y gas, así como la pesca en ríos ubicados en asentamientos aborígenes.

Ese sector denuncia que esas medidas vulneran sus derechos ancestrales sobre la tierra, el agua y los recursos naturales, y son perjudiciales para el medioambiente porque permitirán al Gobierno controlar las zonas protegidas. Con ese fin, recorren de manera pacífica el país, realizan ritos y danzas ceremoniales, bloquean carreteras, vías férreas y aeropuertos, acampan en espacios públicos y se concentran frente a instituciones federales mientras el primer ministro Stephen Harper se rehúse a atender sus demandas.

El 8 de enero Naciones Unidas expresó su preocupación por la salud de la líder indígena canadiense Spence, en huelga de hambre desde hace casi un mes reclamando una entrevista con el primer ministro Steven Harper. En una declaración emitida en Ginebra, el relator especial de la ONU sobre los derechos de los pueblos indígenas James Anaya instó a ambas partes a dialogar para reconstruir sus relaciones en un espíritu de confianza y buena fe.

Anaya puntualizó al gobierno de Ottawa que el diálogo con los representantes de Attawapiskat debe sustentarse en los principios de la declaración de la ONU sobre los derechos de los pueblos indígenas, adoptada en 2007 por la Asamblea General. Ese texto recoge los derechos colectivos e individuales de esas comunidades con respecto a sus tierras, bienes, recursos, territorios, cultura, identidad, lengua, empleo, salud y educación y a determinar libremente su condición política y desarrollo económico.

El gobernante conservador cedió al encuentro casi un mes después de que Spence iniciara una huelga de hambre hasta dialogar con él o con el gobernador general de Canadá David Johnston, sobre las desigualdades sufridas por los originarios, los problemas de pobreza, educación e infraestructura. La dirigente cumplía 33 días instalada en una pequeña isla del río Ottawa solo alimentándose con agua, té de hierbas y caldo de pescado.

No obstante, el 22 de enero Harper rechazó una petición de los jefes tribales de incluir al gobernador Johnston, en una nueva reunión para tratar las problemáticas de la población originaria. Harper descartó la participación del representante de la reina Isabel II en negociaciones futuras con los aborígenes y denegó una propuesta de dialogar con los líderes de las Primeras Naciones, como se autodefinen las diferentes etnias, indicó el sitio informativo First Perspective.

Según el espacio noticioso, el jefe de Gobierno solo manifestó disposición a entrevistarse con Shawn Atleo, presidente de la Asamblea de las Primeras Naciones, en las próximas semanas, pero no precisó fecha alguna. Los dirigentes nativos exigieron en una carta la presencia de Johnston en las conversaciones porque consideran insuficiente un encuentro realizado el 11 de enero con Harper para examinar los tratados, derechos y el desarrollo económico de los pueblos indígenas canadienses.

El 24 de enero la líder indígena Spence puso fin a la huelga de hambre que mantuvo durante seis semanas en defensa de los derechos ancestrales de su pueblo. Aunque el ayuno concluyó, ello no significa el fin de la lucha por mejorar las condiciones de las comunidades indígenas del país, dijo Danny Metatawabin, portavoz de Spence.

La jefa tribal, quien estuvo 44 días sin ingerir alimentos sólidos, firmó una declaración con líderes tribales y representantes de los partidos de oposición para buscar vías de solución a temas como vivienda y educación. En sentido general, se pretende presionar al gobierno conservador del primer ministro Harper a que coloque en un lugar más alto las cuestiones de los pueblos originarios, reseñó una nota de la página digital del diario The Globe and Mail.

¿Un nuevo occupy?

Expertos y medios de prensa ya comparan a Idle no More con la llamada Primavera Árabe de 2010 o con el movimiento global de protesta conocido como Occupy, este último tomó las principales potencias del planeta durante 2011 en demanda de un nuevo modelo económico, político y social. Los entendidos citan como similitud el móvil común de descontento popular que dio paso a tales procesos, su rápida expansión y aceptación entre diferentes capas sociales, la visión final de construir sociedades más justas, sanas y sostenibles, así como la repercusión a escala internacional.

El levantamiento indígena de Canadá ganó eco en naciones como Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Ucrania y Colombia, donde organizaciones civiles destacan la férrea decisión de las Primeras Naciones a poner fin a la relación colonial con Ottawa y defender sus garantías constitucionales. Incluso el ex primer ministro Paul Martin alabó la campaña y fustigó la postura del gobierno conservador hacia a los nativos.“Nunca hemos admitido a nosotros mismos que fuimos, y seguimos siendo, una potencia colonial (...) Y seguimos con ese enfoque en la integración. No hay otra razón, ninguna otra excusa para la discriminación en el financiamiento”, dijo en entrevista con el diario PostMedia News.

Organizaciones de latinoamericanos en Canadá respaldaron la campaña de protesta y señalaron en un comunicado conjunto que el movimiento Idle no More representa un vigoroso llamado a construir una sociedad más igualitaria y sostenible, en la cual las poblaciones vulnerables tengan acceso a una vivienda apropiada, alimentación, agua limpia, educación y autonomía. A su juicio, el levantamiento constituye una fuerte voz a favor de la democracia participativa real y en contra de la destrucción y continua privatización de los recursos naturales, así como de las políticas racistas y de asimilación que perpetúan las relaciones neo-coloniales.

Las agrupaciones hispanas destacaron que Idle no More desafía imágenes y estereotipos convencionales de indígenas pasivos y provee visibilidad a las voces alternativas. Asimismo, consideraron el movimiento una oportunidad para repensar las relaciones sociales, políticas y económicas con la inclusión de los valores ambientales, espirituales y comunitarios. Entre los 13 firmantes figuran el Congreso Hispana Canadiense, el centro cultural Casa Maíz, la Asociación Salvadoreña Canadiense de Toronto,la Red de Comunidades de Guatemala, así como las organizaciones Casa Salvador Allende, Memoria Viva y Latino Rebels. Desde Estados Unidos también se sumaron la emisora One Voice Radio, de Arizona; y la agrupación Latino Advocacy, de Seattle, en el estado de Washington.

Muchos periódicos canadienses coinciden en que Idle no More ha sido mucho más efectivo porque supo unificar, organizar y mover las masas indígenas hacia una dirección única: igualdad, respeto, derecho a la autodeterminación y a la naturaleza. También exaltan cómo la campaña creció de manera sostenida y coordinada, perseveró y presionó a Harper a recibir el 11 de enero a los jefes de la Primeras Naciones con el objetivo de examinar las relaciones de los tratados y los derechos aborígenes, y el desarrollo económico.

No obstante, los movilizados siguen en pie de lucha porque consideran que el encuentro con el Primer Ministro es un mero gesto formal y no ofrecerá ninguna solución a sus demandas. Ante las dudas de poder alcanzar una solución a corto plazo con el Gobierno, Idle no More apuesta por expandirse, aumentar en intensidad y educar al resto de los canadienses sobre la realidad de los originarios.

Según Pamela Palmates, vocera del levantamiento, las Primeras Naciones siguen dispuestas a trabajar para restituir su amor propio y cumplir con las responsabilidades que tienen con la Madre Tierra. “Soy optimista sobre el poder de nuestros pueblos y al final, tendremos éxito (...) somos la última y mejor esperanza del país para proteger las tierras, aguas, plantas y animales de la destrucción completa, algo que no sólo beneficiará a nuestros hijos, sino a los hijos de todos los canadienses”, sentenció.

* Periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina.

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