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Área: Opinión >> Periodismo ciudadano
Actualizado el 2013-03-18 a horas: 12:23:30

La ex mandataria mantiene el primer lugar entre los aspirantes a la presidencia

Chile 2013: Candidatos de derecha y silencios políticos de Bachelet

Álvaro Cuadra *

Santiago de Chile.- El año 2012 no ha sido bueno para el actual gobierno de derechas encabezado por el presidente Sebastián Piñera. Su actuación ha estado llena de tropiezos de diversa índole, malos resultados electorales en los comicios municipales, escándalos que afectan a instituciones del Estado, una pobre actuación frente a los movimientos estudiantiles, entre muchos desaciertos. Al cierre del año sumó un nuevo traspié político: el senador Carlos Larraín renunció a la presidencia de uno de los partidos que apoyan al gobierno y horas más tarde retornó a su puesto.

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Si bien todos los personeros de gobierno como los representantes de RN se han esforzado por poner paños fríos a la cuestión, lo cierto es que todo el episodio ha dejado en evidencia un profundo malestar al interior de parte de la elite política de la derecha chilena, lo que se traduce en una tensión con el actuar del gobierno del señor Piñera. Lo sucedido deja entrever, también, que el estilo de un presidencialismo hegemónico en detrimento de los partidos políticos que sostienen al actual gobierno dista mucho de ser del gusto de todos en su propio sector.

El primer interesado en apagar el incendio ha sido, nada menos, que el propio abanderado de Renovación Nacional, Andrés Allamand. Su papel de mediador en esta crisis palaciega no es casual, pues, después de todo su naciente candidatura ha sido la primera damnificada con la abrupta renuncia de Carlos Larraín. Dada la incierta situación electoral en que se encuentra la derecha chilena de cara a las parlamentarias, cualquier desliz puede acarrear nefastas consecuencias. Para este sector político se trata, más bien, de proyectar una imagen de unidad, gobernabilidad y confianza en su electorado y no convertir La Moneda en un burdel de intereses contrapuestos.

Como era de esperar, los aliados de Renovación Nacional han mantenido un prudente silencio y distancia ante este “frente de mal tiempo” que afecta a sus socios. Los personeros de la UDI saben de sobra que con todo esto se fortalece, quiérase o no, la sonrisa que como en la Monalisa es la marca de Lawrence Golborne, el “otro” candidato del sector. Si bien el incendio parece ya controlado y todos los involucrados hacen declaraciones de buena crianza, no es menos cierto que todo el “affaire” ha dejado a algunos chamuscados, entre ellos a los protagonistas del desaguisado. En un año complejo para el primer gobierno de derechas, ésta ha sido la “guinda de la torta”, el adorno que faltaba para afear todavía más un año de mala gestión.

Candidatos de la derecha

La derecha se presenta ante el país con dos candidaturas que, quiérase o no, están dando cuenta de su condición bicéfala. Lawrence Golborne, con un perfil sonriente, sencillo y de orientación más bien populista, este ex gerente de Cencosud, nos trae a la memoria la imagen de Joaquín Lavín. Sin un pasado ni una formación política destacable, conoció cierta popularidad en el episodio de los mineros cuando ejercía como ministro. Andrés Allamand, un reconocido animal político cuyos orígenes se hunden a la etapa anterior a la dictadura en la Feses. Durante muchos años ha estado ligado a la centro derecha, pero, nunca ha tenido una oportunidad cierta de desplegar su vocación.

Ambos candidatos son los dos rostros de una derecha que no acierta a encontrar un rumbo definido, ni para sí, ni para el país. El verdadero drama de este sector político radica en que se encuentra cautivo de su propio pasado. Podríamos decir que si la dictadura de Pinochet le hizo mucho daño al país, la derecha no está exenta de cicatrices. Por de pronto, recordemos la serie de episodios en que la oscura mano del pinochetismo ha dejado su huella: La presencia de Jarpa y Cardemil en las filas de RN, por ejemplo, y la actual presidencia de Carlos Larraín. En este sentido, ha sido la UDI un partido más estable, cobijando a los hijos de Chacarillas sin culpas ni complejos.

El actual gobierno ha debido moverse en las turbias aguas de una derecha que pretende dar la imagen de un matrimonio modelo, cuando se sabe que sus integrantes viven amancebados por sórdidos intereses políticos, económicos y un pasado culposo que está por ser investigado algún día. En este sentido, la figura del actual mandatario Sebastián Piñera es, para muchos de sus “aliados”, el mal menor: Un hombre de negocios muy peligroso, pero un político inepto. Un político de derechas con una genealogía demócrata cristiana, aceptable, mas no convincente. Por lo menos, les da garantías a las distintas mafias empresariales, mantiene la actual constitución intocada, para felicidad de civiles y uniformados todavía impunes, y – por último - divierte a los medios de comunicación con sus “piñericosas” de farándula política.

Ni Golborne ni Allamand poseen la fortuna o la “astucia del pillo” que ha mostrado su predecesor, por lo tanto sus cualidades personales serán decisivas, eso y el dinero y las máquinas partidarias dispuestas para el efecto. Golborne, simpático y sonriente, un gestor exitoso, políticamente ingenuo, pero dócil para ser asesorado por los “zorros” de la extrema derecha. Allamand, un político hábil e inteligente, cualidades que le juegan más bien en contra, pues, la derecha no necesita hombres inteligentes sino, más bien, “cómplices” en el negocio de gobernar para que todo siga igual. Es claro que en las aguas de la derecha no es tiempo para aventuras liberales, el cauce desemboca, ineluctablemente, en el hipócrita conservadurismo pietista y los buenos negocios, defendiendo siempre como propia la herencia del general, sea con la sosa sonrisa de Golborne o el gesto adusto de Allamand.

Chile: ¿Volver atrás?

El presidente Sebastián Piñera se ha permitido hacer algunas referencias hacia la principal fuerza opositora, señalando en El Mercurio que: “la Concertación no es el camino que Chile necesita para alcanzar el desarrollo y derrotar la pobreza" y que sería, a su juicio, “un tremendo error volver atrás" Las opiniones del primer mandatario han suscitado, como era de esperar, una serie de reacciones en el mundo político y bien merecen una reflexión.

Para el señor presidente, un regreso concertacionista de la mano de Bachelet representaría una vuelta atrás. Si la Concertación es el camino del error, se sigue que es la Alianza derechista que él encarna, la senda apropiada para el desarrollo. Lo primero que habría que considerar es que las políticas del actual gobierno no están tan alejadas de aquellas concertacionistas como se pretende. De hecho, hay quienes hablan, incluso en la propia derecha, del quinto gobierno de la Concertación. De suerte que a la hora de intentar marcar una diferencia, todo se juega en matices y sutilezas más que en cuestiones de fondo. No nos engañemos, Concertación y Alianza han administrado un modelo económico de neoliberalismo extremo y un mundo político presidido por una constitución de facto aprobada por una junta militar hace más que cuatro décadas.

Una segunda consideración se deduce de la expresión “volver atrás”, pues cualquier mirada desapasionada muestra que Chile vive inmerso en un mundo retrógrado y extemporáneo, diseñado por una dictadura cívico – militar a la medida de las grandes empresas. En la hora actual, la contemporaneidad no es un atributo de la derecha que anhela mantener inalterado el legado dictatorial, este sector representa el pasado oprobioso que se mantiene hasta el presente como impunidad e injusticia social. Tampoco ha sido un atributo de la Concertación, pues, durante dos décadas este conglomerado se mostró incapaz de proponer al país transformaciones de fondo al “modelo chileno” y, por el contrario, aprendió, más bien, a administrarlo. Pareciera que la verdadera vocación de futuro, finalmente, se expresa en las calles, en el reclamo ciudadano de los movimientos sociales.

Por último, habría que recordar que la promesa demagógica de desarrollo y lucha contra la pobreza no se resuelve maquillando la encuesta Casen ni ocupando un sillón de espantapájaros en la OCDE. El ciudadano que vive de un salario conoce de cerca la carga que representan los servicios básicos, la educación, la salud, las deudas, frente a las ganancias millonarias de Isapres y otras grandes empresas nacionales y extranjeras. Estamos muy lejos del desarrollo cuando más de la mitad del país vive condiciones precarias, cuando no en pobreza extrema; estamos muy lejos del desarrollo cuando los más elementales derechos ciudadanos como el derecho a una educación pública, de calidad y gratuita, se han convertido en un negocio.

Punto de partida

La encuesta CEP – correspondiente a los meses de noviembre y diciembre 2012 - muestra que la ex mandataria Michelle Bachelet mantiene el primer lugar entre los aspirantes a la presidencia, seguida por el ex ministro Laurence Golborne y más atrás los candidatos Andrés Allamand y Marco Enríquez Ominami. Se trata, por cierto, de un “punto de partida” frente al cual es necesario tomar algunas precauciones. La primera y más obvia es sobrevalorar los datos de la encuesta, pues, bien sabemos que estos instrumentos no han sido del todo fiables a la hora de contrastarlos con la realidad de los hechos. La segunda precaución es atender a una cifra inquietante que hay leer entrelíneas y es entregada por la misma encuesta: Un 54% asegura que emitirá su voto en las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias. Esto significa que el factor “abstención” sigue gravitando en el imaginario del electorado chileno como un elemento de inestabilidad e incertidumbre.

En tanto “punto de partida”, esta encuesta marca un momento de un proceso que se desplegará este año y todo va depender de las “jugadas” de los distintos actores involucrados. Sería un exceso de confianza hacer pronósticos fáciles de ganadores o derrotados, pues, en definitiva, se trata de una partida que apenas comienza. Si bien la señora Bachelet aparece en un expectante primer lugar, la experiencia histórica indica que a lo largo de una campaña hay obstáculos, tropiezos, que deben ser superados: esto es válido para todos los candidatos. Por de pronto, algunos de ellos deben enfrentar las primarias al interior de sus respectivos conglomerados.

Por último, muy pocos parecen tomarse en serio la abstención, verdadera “deserción de las masas”, como un factor muy desestabilizador de la ecuación. De hecho, si esta conducta se mantiene en el rango que vimos en los comicios municipales, o se acrecienta, bien pudiera modificar las tendencias que indican las encuestas. Así, entonces, todas las candidaturas no solo deben enfrentarse a sus oponentes políticos sino, y principalmente, al rechazo o apatía de una mayoría de la masa electoral. Contrariamente a lo que muchos piensan, pareciera que no es hora de sacar cuentas alegres sino que es tiempo de precaución, recato y responsabilidad para acometer la tarea de una campaña presidencial que se augura más compleja de lo que aparentan las cifras hoy y que pudiera deparar más de una sorpresa.

La hora de Bachelet

De acuerdo a lo señalado por sus cercanos y ratificado más tarde por la misma ex mandataria Michelle Bachelet, este es el tiempo en que ella se pronunciará en torno a una eventual candidatura a la presidencia. Tras un largo silencio que ha sido interpretado como una astucia por algunos y como una estrategia torpe por otros, la ex presidenta bien pudiera convertirse en la candidata que convoca más simpatías en el electorado. Esto, por lo menos, es lo que señalan las encuestas.

De no suceder algo inesperado o imprevisible, la señora Bachelet sería, por segunda vez, la próxima presidenta de Chile. Si bien la adhesión a su figura es aplastante, convirtiendo su candidatura en “imbatible”, lo cierto es que el camino que resta durante el año no está exento de obstáculos. Por de pronto, cabe preguntarse por el “Programa” que animará su campaña y en el que estarán condensados los anhelos y consensos de los partidos y movimientos dispuestos a acompañarla en esta empresa. Es claro que en la propia coalición bacheletista hay tendencias y liderazgos que no siempre coinciden en el modo de enfrentar esta segunda campaña de la abanderada socialista.

Otro elemento a considerar es el hecho de que apenas la ex mandataria declare su intención de postularse a La Moneda, los sectores oficialistas la convertirán en un blanco mediático. Es obvio que entre los muchos tópicos, la cuestión de su responsabilidad en el 27/F en el año 2010 ocupará un lugar preponderante. Es evidente que la derecha intentará acortar la brecha que separa a Bachelet de sus propios aspirantes, tratando de poner en el tapete la vieja tesis de que la candidata “no da el ancho” , aunque hay que reconocer que la candidata llega investida con su paso por la ONU, lo que le da una estatura internacional de importancia. No podemos olvidar, por otra parte, que más allá de su figura, el conglomerado concertacionista está bastante desprestigiado y representa más una debilidad y un aspecto vulnerable de su candidatura.

No obstante lo anterior, no podemos olvidar que el año 2013 es lo que podríamos llamar un “año sensible” en nuestro país, pues estará marcado, quiérase o no, por los cuarenta años del golpe militar de Augusto Pinochet. En este sentido, la candidatura Bachelet encuentra un clima propicio a su reelección si sabe conjugar las cuestiones contingentes con aquellos ecos que llegan desde cuatro décadas de distancia. Su propia biografía se afirma, en parte, en aquellos luctuosos hechos acaecidos en 1973.

Por último, y hay que decirlo, la gestión de gobierno del señor Piñera no ha estado a la altura de las expectativas que muchos se habían hecho. Si bien el gobierno insiste en mostrar cifras macroeconómicas fuertes, lo cierto es que éstas no han sido suficientes para atraer al electorado a la derecha. Podríamos aventurar que el “malestar ciudadano”, aunque difuso, bien pudiera volcarse, aunque sea parcialmente, hacia una figura dulce y maternal como la de Bachelet, siempre que su mensaje sea muy claro y esperanzador, esto es y hasta aquí, lo que se deduce de los sondeos realizados.

Los silencios políticos

Por definición, política y comunicación van de la mano. Lo político supone y exige asumir una posición en la trama de fuerzas e intereses en el seno de una sociedad en un momento histórico determinado. Esta toma de posición se traduce en elocuentes discursos, imágenes y acciones. El lenguaje cristaliza lo político y define figuras y actores de una dramaturgia cuyo horizonte es el poder. Sin embargo, hay veces en que el “silencio”, lo “no-dicho” es de suyo un gesto político, una manera de administrar un itinerario e imprimir un cierto ritmo al “tiempo político”

Los silencios de la ex mandataria Michelle Bachelet señalan, precisamente, un gesto político que está determinando el itinerario de su eventual candidatura y con ello de la política chilena toda. Lejos de ser una “ausencia” como reclaman sus detractores, asistimos más bien a una estrategia que, para bien o para mal, representa una opción para el año venidero. De hecho, lo sabemos, los primeros meses del año marcan una pausa de vacaciones y festividades en nuestro país.

El postergar la decisión en torno a la posible candidatura de la señora Bachelet, obliga a todos los candidatos en liza a esperar hasta el próximo año para enfrentar a la ex presidenta. Esta postergación otorga, además, un plazo más largo a las negociaciones de los partidos y movimientos que apoyarían su candidatura. Como en todos los procesos, hay un tiempo óptimo para que irrumpa la protagonista, y su “entourage”, quienes han estimado ese momento como marzo 2013. Notemos que, como enseñan los manuales de comunicación política, la dilación en el arribo de un líder o figura acrecienta la tensión y el suspenso en el público. De manera que al momento de su irrupción se desata con más fuerza la pasión de la multitud.

Por último, debemos considerar que la próxima elección presidencial será más que compleja para la señora Bachelet, pues si bien se enfrenta a una derecha exangüe y no exenta de serios problemas internos, su propio conglomerado no ha alcanzado todavía los consensos indispensables para administrar un futuro gobierno. Si a esto se agrega la alta tasa de abstención verificada en la última elección municipal y la escasa confiabilidad de las encuestas, así como la presencia de otras candidaturas alternativas, lo que parecía un día luminoso muestra oscuros nubarrones en el horizonte.

* Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS.

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