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Actualizado el 2013-02-05 a horas: 03:17:06

La diversidad ¿partidista?

Gasto récord de siete mil millones de dólares en las elecciones de EE.UU.

Yolaidy Martínez Ruíz y Miguel Fernández Martínez *

Washington y La Habana (PL).- Más de siete mil millones de dólares gastaron los candidatos y grupos de interés político en la campaña electoral para los comicios del 6 de noviembre de 2012 en Estados Unidos, informó la Comisión Federal Electoral. Unos 3.200 millones de dólares gastaron los candidatos, dos mil millones los partidos, y 2.100 los comités de acción política, entre los que se hallan los llamados Súper-PAC.

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Estados Unidos transitó el año pasado por una contienda por la Casa Blanca donde, más que nunca, el dinero corrió sin límites aunque la economía mantuvo un ritmo lento y el desempleo continuó en alza. A solo 10 días de la jornada comicial, el presupuesto total de las campañas del presidente Barack Obama -aspirante a la reelección- y de su rival republicano Miit Romney superó los dos mil millones de dólares.

Esa cifra, todavía preliminar, rompió el récord de los 1.800 millones de dólares recaudados en conjunto por el actual gobernante y el senador opositor John McCain en 2008. Obama renunció a la financiación pública al igual que en la lid anterior, cuando reunió 750 millones de dólares en donaciones mientras su adversario conservador solo logró los 84 millones instituidos por las leyes federales. Con el amargo antecedente de McCain, el candidato republicano imitó al dignatario y también rechazó los fondos del Gobierno para impulsar su causa política.

Ese factor conllevó a la proliferación de los llamados supercomités de Acción Política o Súper-PACs, que gestionan grandes donaciones de empresas, personas o sindicatos para los contendientes y, en consecuencia, dispararon este año el costo de la pugna por la Oficina Oval. El capital entregado se destinó a pagar los enormes equipos de campaña de ambos candidatos, mantener oficinas en los distintos estados del país, realizar encuestas, comprar espacios en prensa, radio, televisión e Internet para los mensajes electorales y emprender giras proselitistas a nivel nacional.

Una controvertida decisión de la Corte Suprema de Justicia dio lugar al surgimiento en 2010 de esas organizaciones supuestamente independientes y rompió las normas que limitaban los aportes individuales a un máximo de 2.500 dólares en cada ciclo electoral. La Suprema cambió el sistema político-electoral en Estados Unidos y permitió los SuperPAC (foros de acción política, por siglas en inglés), entidades que no coordinan agendas con las campañas. Estos grupos no están obligados a identificar a los donantes de dinero, han puesto a circular grandes cantidades de propaganda negativa, y no tienen que respetar los límites de cinco mil dólares para contribuciones corporativas.

Los superPACs que apoyan a Obama por lo general se codean con estrellas de Hollywood, en tanto los que se movilizan por Romney cuentan con el favor de acaudalados empresarios e inversionistas. Priorities USA -controlada por los ex funcionarios de la Casa Blanca Bill Burton y Sean Sweeney- es la que más recursos ha captado para los demócratas entre figuras como Jeffrey Katzenberg, director ejecutivo de DreamWorks Animation; el cineasta Steven Spielberg, el actor Morgan Freeman y el corredor de bolsa James H. Simons. Mientras, el ex gobernador de Massachusstes tiene el apoyo de American Crossroads, dirigida por el antiguo gurú del ex presidente republicano George W. Bush, Karl Rove, y con una nómina de contribuyentes encabezada por los magnates Sheldon Adelson, Bob Perry y Robert Mercer.

A mediados de junio de 2012 un grupo de multimillonarios conservadores confirmó que juntarán energía, dinero e influencia política para elegir a un republicano como Presidente de Estados Unidos. Nuestro objetivo es sacar a Barack Obama de la Casa Blanca y estamos listos para gastar al menos 100 millones de dólares con ese propósito, subrayó Sheldon Adelson, magnate de los casinos con una fortuna personal de 25 mil millones de dólares.

Con Adelson se alinearon los empresarios Charles y David Koch, el primero un inversionista petrolero y el segundo un ejecutivo de la industria química. Todos fundaron la organización Prosperidad para América, con fuertes visos conservadores y tendencia racista. De hecho la principal compañía de Adelson, Las Vegas Sands, está bajo investigación federal por presuntos maltratos contra empleados, oscuros vínculos con organizaciones extremistas judías y presuntas transacciones financieras ilegales en Asia.

El foro anti-Obama obtuvo el respaldo del conocido gurú político Karl Rove -ex consejero de George W. Bush- y del líder de la mayoría republicana en la Cámara Eric Cantor, a quien Adelson entregó cinco millones de dólares a través de donaciones. El veterano senador de Arizona John McCain no comulgó con las dádivas del multimillonario y alertó al Partido Republicano que sus contribuciones podrían acarrear problemas al gremio político opositor porque muchos capitales provienen del extranjero.

Adelson, quien ya entregó en 2011 unos 30 millones de dólares a la causa del partido rojo, primero apoyaba a Newt Gingrich, luego se acercó al candidato Rick Santorum, y finalmente aplaudía a Mitt Romney en las elecciones del 6 de noviembre de 2012. Según la prensa del país, Sheldon Adelson, magnate de los casinos en Las Vegas, y otros empresarios dispusieron de al menos 100 millones de dólares con el objetivo de sacar a Obama de la Casa Blanca.

El grupo de multimillonarios conservadores confirmó que jutaría “energía, dinero e influencia política” para elegir el 6 de noviembre a un republicano como presidente de Estados Unidos. Fred S. Zeidman, un magnate petrolero de Texas e integrante también de los billonarios anti-Obama, pensaba invertir 10 millones de dólares en cinco meses para publicidad televisiva contra el jefe de Estado demócrata.

Aunque el alto tribunal estadounidense solo prohibió a esos grupos evitar una coordinación directa con los equipos de campañas de los candidatos, los más cercanos a los aspirantes presidenciales están dirigidos por personas muy ligadas a ellos. Cada vez más analistas advierten sobre el lado oscuro de los superPACs y la creciente influencia en la política de Estados Unidos de los grupos de poder que inyectan los multimillonarios fondos a las campañas electorales. “Los comicios peligran porque los superPACs se convirtieron en un vehículo para las voces e intereses de una elite muy pequeña de empresarios y financistas”, escribió el académico norteamericano Kent Greenfield en el diario The Washington Post.

El poder los superPACs quedó claro en los resultados de las primarias presidenciales republicanas, calificadas por el senador demócrata por Nuevo México, Tom Udall, como verdaderas subastas donde gana quien tiene la chequera más gruesa. En esa competencia interna, realizada de enero a junio de 2012, los precandidatos del partido rojo agotaron sus recursos y peores tácticas para despedazarse entre sí y conseguir el apoyo de los 1.144 votos necesarios para la nominación oficial.

Otra desagradable consecuencia de la expansión de los superPACs es la proliferación de propaganda negativa basada en hechos falsos y transmitida mediante la avalancha de anuncios que difunden los medios de información, principalmente en los estados considerados indecisos. Según datos oficiales, la publicidad sucia pasó de un nueve por ciento en 2008 a 53% solo en los primeros siete meses de 2012. Una minoría poderosa con el capital suficiente como para mover las fichas del tablero electoral a su gusto y conveniencia.

El febrero de 2013 la Comisión Federal Electoral informó que más de siete mil millones de dólares gastaron los candidatos y grupos de interés político en la campaña electoral para los comicios del 6 de noviembre en Estados Unidos. Unos 3.200 millones gastaron los candidatos, dos mil millones los partidos, y 2.100 los comités de acción política, entre los que se hallan los llamados Súper-PAC.

La diversidad ¿partidista? en las elecciones de Estados Unidos

Aunque la lucha por conseguir la presidencia de Estados Unidos se concentraó entre los tradicionales republicanos y demócratas, el espectro electoral abarcó a otras agrupaciones que también lidiaron por llegar a la Casa Blanca.

Los rojos (republicanos) y los azules (demócratas) son los partidos políticos más grandes, y cuentan con suficientes recursos económicos para mantenerse en el ruedo a través de campañas propagandísticas que promocionan a sus principales aspirantes. Barack Obama y Joseph Biden, aspirantes a la reelección demócrata, y Mitt Romney y Paul Ryan, candidatos republicanos, fueron los rostros visibles de esta contienda, la más cara en la historia de Estados Unidos.

Pero junto a ellos, otros 15 grupos políticos aparecieron inscriptos en los registros electorales, aunque apenas se habló de sus proyecciones. Los pocos recursos financieros de estos partidos, y su poca capacidad de recaudación de fondos, les impidieron marchar a la par con las dos fuerzas políticas principales, y esto trajo como consecuencia que los electores no alcancen a conocer sus plataformas programáticas.

Detrás de rojos y azules avanzó como tercera fuerza política el Partido Libertario, con Gary Jonson, ex gobernador de Nuevo México, como candidato a la presidencia, y Jim Gray, ex magistrado de la Corte Suprema de California. Entre sus presupuestos de campaña figuraron reducir la capacidad del gobierno, favorecer los matrimonios entre personas del mismo sexo, legalizar el consumo de la marihuana y permitir un flujo migratorio sin restricciones legales. Fundado en 1971, el Partido Libertario es el más grande de los grupos marginales en Estados Unidos, y cuenta con una base de votantes registrados que supera los 225 mil electores.

También destaca el Partido de la Reforma, fundado por Ross Perot, dos veces candidato a la presidencia de Estados Unidos, y que esta vez trajo como candidatos a Andre Barnett, de Nueva York, y a Ken Cross, de Arkansas. Este partido, fundado en 1995, se creó como una alternativa ante el desencanto en los partidos tradicionales -demócrata y republicano-, de trabajar seriamente en los temas más importantes de la sociedad estadounidense. Los “reformistas” de Perot se apuntaron su mayor victoria cuando lograron llevar a Jesse Ventura como gobernador del estado de Minnesota en 1998.

En el ruedo electoral apareció nuevamente el Partido de la Prohibición, fundado en 1869, que lo convierte en el más antiguo de Estados Unidos en activo, con el binomio integrado por Lowell Fellure, de West Virginia, y Toby Davis, de Mississippi, y que se opone desde siempre a la venta y consumo de bebidas alcohólicas.

Entre los más reaccionarios destacaron el Partido de la Tercera Postura, y el de la Constitución, los que promueven la supremacía blanca y tienen un carácter antiinmigrante. Proponían castigos severos a la inmigración indocumentada, y una moratoria a la migración legal que garantice que todos los subsidios federales a los inmigrantes sean abolidos o eliminados.

Otras agrupaciones inscriptas fueron el Partido Verde, con Jill Stein, de Massachussets, y Cheri Honkala, de Pensilvania como candidatos, quienes promueven el cuidado del medio ambiente, la justicia social, la diversidad social y la no violencia, y el Partido Justicia, que defienden una reforma financiera electoral y modificar el sistema de rentas internas de Estados Unidos, al tiempo de prometer un sistema gratis de salud pública.

Estuvieron además el Partido Paz y Libertad, una agrupación de izquierda que nació durante la guerra de Vietnam, defensora de las libertades individuales y el derecho a la educación y la salud gratis, con Rossane Barr, de Hawai, y la activista Cindy Sheehan, de California como aspirantes a la presidencia.

Completaron la lista los partidos Socialista, con Stewart Alexander, de California, y Alejandro Mendoza, de Texas como candidatos; el Socialista Igualitario, con Jerome White, de Michigan, y Phyllis Scherrer, de Pensilvania; y el Socialista de los Trabajadores, con James Harris, de Nueva York, y Maura Peluca, de Nebraska.

Cerró la campaña con el Partido Socialista y Liberación, el Independiente de América, y el Objetivista, que propuso reformar el sistema de rentas internas y eliminar el impuesto sobre los ingresos. Otra fuerza política que marcó este proceso electoral fue el Tea Party, un movimiento nacido en 2009 y que se enrumbó hacia la derecha más extrema del Partido Republicano.

A pesar de llevarse las palmas en las elecciones legislativas de 2010, el Tea Party ha tenido una presencia mucho más discreta en los últimos comicios, después que Michele Bachmann, su principal candidata en las primarias republicanas, sufrió un rotundo descalabro.

Según analistas políticos que siguen el tema electoral, la falta de respaldo al Tea Party puede haberse generado después de las negociaciones del techo de la deuda nacional en 2011, cuando la intransigencia de los congresistas elegidos un año antes con el respaldo de esta agrupación ultraconservadora estuvo a punto de abocar al país a la suspensión de pagos.

A pesar de la diversidad, incluida la relativa pluralidad política, nadie dudaba que el botín se repartiría, como siempre, entre los “elefantes” republicanos, y los “burros” demócratas, protagonistas eternos de estas contiendas.

* Periodistas de la Redacción Norte de Prensa Latina.

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