Jueves 13 de diciembre del 2018
 
x

¿Olvidó su contraseña?

Área: Opinión >> Periodismo ciudadano
Actualizado el 2012-11-05 a horas: 23:00:25

El fracaso de la derecha; re encantar: ¿a quién?

Chile: Las encuestas y los Cisnes Negros

Álvaro Cuadra *

Un “Cisne Negro” es una figura que alude a cierto tipo de acontecimientos mayúsculos, pero extraños, inesperados e imprevisibles. Es lo podríamos llamar una “singularidad” completamente atípica, una verdadera sorpresa que solo somos capaces de racionalizar después de que se verifica. La Teoría del Cisne Negro ha sido desarrollada por Nassim Nicholas Taleb (2007) y nos remite a una locución latina atribuida a Juvenal: “rara avis in terris nigroque simillima cygno”. La pronunciada abstención en Chile en las recientes elecciones municipales constituye un “Cisne Negro” por su rareza, su impacto y su imprevisibilidad.

  • Artículos relacionados

Artículos que le pueden interesar

El contenido de estas páginas no refleja necesariamente la opinión de Bolpress

En efecto, se trata de un comportamiento atípico del electorado, una rareza; de hecho, no hay antecedentes de una abstención de esta magnitud en nuestra historia. Es evidente que una vez que ha acontecido el fenómeno, obliga a todos los actores políticos a replantear sus estrategias para enfrentar las presidenciales del próximo año. Por último, llama la atención que ninguna de las encuestas publicadas con anterioridad a los comicios pronosticara lo que iba a ocurrir. Esto nos lleva a una cuestión controversial en torno a las encuestas y su fiabilidad.

Las encuestas de diverso tipo constituyen instrumentos que pretenden escudriñar la realidad social, reconociendo tendencias, probabilidades. Tengamos presente que toda encuesta se inscribe en un “paradigma indicial” de carácter probabilístico que se aproxima a determinada realidad sin agotarla jamás. Toda encuesta entraña una dosis de incertidumbre y error. Una buena encuesta es capaz de mensurar su propio grado de aproximación. Las encuestas no podrían dar cuenta de un “Cisne Negro”, pues éstos son inconcebibles antes de su aparición.

Pareciera que los sistemas de pensamiento para analizar los fenómenos políticos reclaman una revisión de sus supuestos y fundamentos, pues están siendo superados por una realidad cada día más dinámica y compleja que no alcanza a ser concebida por los paradigmas al uso. Debemos acostumbrarnos a un mundo mucho menos “ordenado” y previsible que aquel del que nos hablan los textos clásicos. La acelerada transformación de las sociedades humanas ha aumentado la probabilidad de enfrentar fenómenos que ni siquiera habíamos imaginado. Son estas “rara avis” las que nos obligan a expandir nuestros horizontes de comprensión de lo social y lo político.

La abstención de la mayoría de los electores en nuestro país exige una revisión muy acuciosa sobre una serie de presupuestos aceptados como verdades por los analistas políticos y sociales. Es evidente que la “racionalidad” que pretendía explicar el comportamiento político entre nosotros estos últimos veinte años ha salido damnificada. Asimismo, lo acontecido exige revisar cuestiones metodológicas de fondo en la elaboración y aplicación de instrumentos para auscultar los fenómenos sociales, pues, aunque no acabemos de entenderlo, hemos tropezado con un “Cisne Negro”.

Vida cotidiana: Mundo político

La última elección municipal en Chile ha dejado varias lecciones, todas apuntan a un divorcio abisal entre la institucionalidad política vigente y la sociedad misma. No de otro modo se explica que seis de cada diez chilenos se abstuvieran de emitir su sufragio. Sin ningún ánimo tremendista se puede afirmar que se trata de la mayor deserción electoral registrada en la historia de nuestro país. Frente a la magnitud de lo acontecido no se puede imitar al avestruz y esconder la cabeza, negando o matizando la realidad. Lo cierto es que una amplia mayoría de electores decidió, por razones diversas, no ejercer su derecho a voto.

Este comportamiento masificado plantea una retahíla de interrogante a los analistas que no son nada fáciles de responder. Así, por ejemplo, cabe preguntarse cómo ha sido posible que ninguna de las encuestas haya pronosticado lo sucedido. Si bien se ha intentado explicar esta verdadera debacle a partir de ciertos criterios procedimentales como el “voto voluntario” y la “inscripción automática”, ello solo posterga la cuestión de fondo.

Cualquier aproximación seria a este fenómeno, exige reconocer en él un proceso de larga data. Asistimos al resultado de un largo proceso que nos remonta al origen mismo de la democracia en que habitamos y, ciertamente, a su antecedente inmediato, la dictadura militar de Augusto Pinochet. Las claves para comprender el presente político de nuestro país se encuentran en diecisiete años de dictadura, seguidos por dos décadas de una democracia débil y más que imperfecta.

Si bien es evidente que el estudio de las motivaciones de cada elector para negarse a votar nos llevaría a una casuística infinita, no es menos cierto que se pueden reconocer indicios claros en algunos sectores ciudadanos que reconocen en esta negación una legítima opción política. Pensemos en ciertos sectores estudiantiles que bajo el lema “Yo no presto el voto”, han convertido la deserción en un gesto político explícito.

No obstante, al considerar el fenómeno en su totalidad, tropezamos más bien con un “malestar difuso” que opone la “vida cotidiana” con el “mundo político” personificado, concretamente, en una “clase política”. Hagamos notar que esta oposición entre el ciudadano común y “los políticos”, se traduce como un “nosotros” y un “ellos”, nosotros los que laboramos y ellos los privilegiados. Esta idea fundamental instalada en el “sentido común”, supera las distinciones ideológicas y hace indistinta las diversas identidades partidarias.

La percepción ciudadana de la “clase política” la concibe como una “casta parásita” que abusa de sus atribuciones para medrar del erario nacional, muy bien dispuesta, de manera unánime, a aumentar sus salarios cada vez que se da la ocasión. En el “imaginario ciudadano” contemporáneo, “el político” se ha convertido en un personaje aborrecible. Todo ello encuentra su asidero en los frecuentes escándalos en que se ven envueltos algunos “Honorables” que van desde el nepotismo a conflictos de intereses, pasando por bochornosos episodios reñidos con el más mínimo sentido de una “ética cívica”, o peor aún, con la ética a secas.

No obstante, la animadversión que genera la figura del político nos obliga a examinar el lugar que éste ocupa en una “democracia pos autoritaria” como la nuestra. Dicho de manera sencilla, estamos sumidos en una institucionalidad política incapaz de salvaguardar, mínimamente, una “ética cívica” en el comportamiento de quienes protagonizan el quehacer político y, mucho menos, de los diversos partidos que componen el estamento político del país.

El fracaso de la derecha

La derecha política chilena ha sufrido un serio revés en las últimas elecciones municipales. La pérdida de comunas y figuras emblemáticas atestigua el retroceso. Sin embargo, sospechamos que el fracaso es mucho mayor. Si nos atenemos a la burbuja de aquella fracción del electorado que emitió su sufragio, los resultados ya son desastrosos, pero si pensamos en el “electorado oscuro”, aquella masa ausente e invisible, pero que ejerce su fuerza de gravedad, el fracaso es inconmensurable.

Hay un doble fracaso de nuestra derecha, por una parte, al interior de la burbuja, no ha sido capaz de convocar a un electorado que le dio el triunfo al actual mandatario, Sebastián Piñera hace apenas algunos años. Pero, hay además un “fracaso histórico” profundo cuyo mejor emblema es la caída del alcalde de Providencia en la Región Metropolitana, Cristián Labbé, ex “Boina Negra” y agente de la DINA, A esto se agrega, desde luego, la inmensa masa de abstenciones.

Con la salida de Labbé, uno de los últimos bastiones del pinochetismo es barrido del espacio público. El abstencionismo, por su parte, resulta ser un bofetón a toda la institucionalidad construida sobre la “constitución de facto” heredada de la dictadura militar de Pinochet. El proyecto pseudo democrático de la derecha chilena que ha sido administrado durante décadas por la Concertación ha perdido su pretendida legitimidad en las urnas. Una amplia mayoría de chilenos se ha negado a participar en el rito electoral, descalificando la institucionalidad construida por la extrema derecha bajo la forma de una democracia pos autoritaria.

Este rotundo fracaso se da, precisamente, cuando la derecha está en el gobierno, poniendo paños fríos a la atmósfera triunfalista que hacía soñar a algunos con una reelección de ese sector político. El “electorado oscuro”, mezcla de indiferencia, apatía y resistencia, no presagia nada bueno para una derecha que ha sabido sobrevivir al amparo de un orden judicativo constitucional que, con la clara complicidad concertacionista, le ha servido de paraguas para prolongar su poder político y económico.

Nuestra sociedad, impulsada por las nuevas generaciones, ha llegado a un punto en que exige que los logros económicos se distribuyan de manera más equitativa y las grandes decisiones políticas sean más participativas, incluyendo las voces de los movimientos sociales. Ya no les satisface un orden político administrado por partidos ajenos a la ciudadanía y una economía que concentra la riqueza en muy pocas manos. Es evidente que para alcanzar un país tal es fundamental modificar la actual constitución y restituir al Estado muchas de sus atribuciones reguladoras y fiscalizadoras. En pocas palabras, otro país es posible solo a condición de abandonar el neoliberalismo.

Re encantar: ¿A quién?

La resistencia a concurrir a las urnas de una masa significativa de votantes autorizados a ejercer su derecho está dando cuenta de un cierto “estado de ánimo” socialmente compartido, ello responde en último trámite a la irrupción de un nuevo “carácter social” en la sociedad chilena. Vivimos una “sociedad íntima” en que la determinación de “clase”, en su sentido duro, cede su lugar a la expansión de la subjetividad. Pareciera que la “personalidad” define más las opciones que un credo o ideología.

Si esta hipótesis está en lo correcto, la convocatoria de la ex mandataria Michelle Bachelet se debe más a su condición de “mamita de Chile” que a su militancia socialista. En suma, su particular personalidad, rica en “atributos blandos” explicaría que una parte del electorado la recuerde con afecto, mientras que al mismo tiempo aborrece de su entorno político. La cuestión no es baladí, pues en esta definición se juega, ni más ni menos, su pretensión para un segundo mandato y la proyección, acaso supervivencia, de la llamada Concertación.

La pregunta es si acaso la figura de Bachelet es realmente viable en este nuevo clima político marcado por el ascenso de los movimientos sociales y un estado anímico adverso a los conglomerados políticos tradicionales. No se puede negar que los datos que arrojan las encuestas sitúan a la ex presidenta en una posición expectante, pero, bien lo sabemos, este tipo de instrumentos no son del todo fiables. Para complicar el cuadro, hay que decirlo, todas las cifras y proyecciones cuantitativas están sesgadas al 39% del electorado que se pronunció en las urnas.

La masa abstencionista del 60% es lo que podríamos llamar una “caja negra”, pues si bien conocemos su magnitud, desconocemos su composición y los vectores que determinan sus orientaciones. Lo único cierto es que reaccionaron como conjunto frente a una coyuntura electoral, pero no es posible vaticinar si lo harán de nuevo y en qué medida y en qué dirección. Esta realidad condiciona a todos los estamentos de la política chilena, los que tendrán que acostumbrarse a conducir bajo una niebla cerrada y con un mapa carretero obsoleto. Lo prudencia indica estar muy atentos a las señales del camino y conducir a baja velocidad.

Estamos ante una paradoja inquietante, mientras todos los partidos hablan de re encantar a la gente, nadie sabe a ciencia cierta de quién estamos hablando. Es claro que la masa de indiferentes no es un cuerpo compacto y homogéneo, sabemos que sus motivaciones son muy variadas. Sospechamos que la composición de esta masa abstencionista reconoce un núcleo duro y muchas adherencias que como hojaldres se instalan unas sobre otras.

En su dimensión estrictamente política y reconociendo la diversidad de motivaciones para no votar, lo que no se puede negar es que la abstención es una forma de rechazo y “resistencia” de la ciudadanía ante la “democracia” tal y como se la entiende y se la practica en Chile hoy. Cuando las excelentes cifras macroeconómicas no alcanzan a seducir a la mayoría de la población con derecho a voto, la cuestión es que los frutos del desarrollo nacional no están llegando a los más. Un país que se jacta de sus logros económicos y tiene a la mayoría de su población en la pobreza y privada de sus derechos básicos no puede ser un país democrático sino un país apático y desencantado de sus políticos.

* Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS.

Volver atrás
Enviar el artículo por E-mail
close



11 - 2 = echchange

Con el uso de ese servicio Ud. acepta:
Su dirección E-Mail y la del destinatario serán utilizados sólo para avisar al destinatario sobre el envío. Para evitar el mal uso del servicio, Bolpress registrará el IP del emisor del mensaje.

Compartir el artículo en Facebook Versión para mprimir
+ Restaurar tamaño del texto -
Mas informacion
Uhr 12

min.

... a fondo

La influencia histórica de la convicción patriótica

Eduardo Paz Rada

La historia de la sociedad boliviana ha estado marcada por la dinámica y las contradicciones de las relaciones con las potencias capitalistas mundiales en torno a la explotación de los recursos naturales acompañada con la dominación política e ideológica sobre el conjunto de América Latina. En este contexto, los estudios, aportes y (...) :: Más detalles

Otros artículos de análisis

El gobierno de Evo Morales acelera el montaje de la planta nuclear

AnaliaPandoCabildeo

¿Por qué el gobierno de Evo Morales quiere gastar más de 2 mil millones de dólares en la construcción de (...)

Elites económicas y decadencia sistémica

Jorge Beinstein

A raíz de la llegada Mauricio Macri a la presidencia se desató en algunos círculos académicos argentinos la (...)

El gobierno del MAS se hunde en un mar de mentiras

AmaliaPandoCabildeo

El gobierno del MAS ha perdido tres elecciones consecutivas desde 2014 porque las grandes mayorías, sobre todo urbanas, ya no creen (...)

Quintana tiene el hábito de desviar fondos públicos y de impartir “línea” a los periodistas

Wilson García Mérida

La difusión de un audio que registra una reunión “de trabajo” entre el ministro de la Presidencia Juan (...)

la frase

Álvaro García ha leído pocos libros Cita a Hegel pero leyó citas de citas nada más Por eso carece de espíritu humanista y sufre acomplejamiento social e intelectual

Wálter Chávez, ex asesor del MAS

¿Cuál es el principal desafío del nuevo gobierno

  • Seguridad ciudadana
  • Lucha contra el narcotráfico
  • Industrialización
  • Empleo y educación
  • Otros

Encuesta vigente desde el 13-10-2014

Encuesta anterior:

Por quién votará en las elecciones de 2014