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Área: Internacional >> EEUU
Actualizado el 2012-10-30 a horas: 01:09:09

Hitler, correligionario de Mitt Romney

En EE.UU. no gana el más votado

Isaac Bigio

Estados Unidos se ufana de ser el mayor garante mundial de la democracia, aunque su presidente no siempre es el electo por la mayoría. En las pasadas presidenciales de 2008 hubo 213 millones de electores registrados de los cuales solo 132 millones fueron a las urnas, pero a la postre quien escogió a Obama fue un Colegio Electoral compuesto por 538 electores.

Isaac Bigio

Isaac BigioIsaac Bigio es un analista internacional formado en la London School of Economics & Political Sciences. En ésta, considerada la principal universidad internacional especializada en ciencias sociales, él ha obtenido grados y postgrados en Historia y Política Económica, y ha estado investigando y enseñando. Su especialidad son países en conflicto y transición entre distintos sistemas sociales.

Ha llevado cursos y seminarios en el Instituto Europeo, la Escuela de estudios Asiáticos y Orientales, la escuela de Estudios Eslávicos y Europeo Orientales así como en otras dependencias de la Universidad de Londres. Es una de los analistas que habla castellano o portugués con mayor conocimiento de las guerras en Afganistán, el Medio Oriente o los Balcanes.

Sus artículos han sido publicados en unos 200 medios en 5 continentes. Es columnista regular de El Comercio (Perú y Ecuador), La Patria (Bolivia), El Panamá América, Noticias (Reino Unido), La Opinión (EEUU) y otros diarios y decanos. Colabora con la BBC, CNI, Canal N, Radio Progreso y diversas emisoras de radio y TV. Sus escritos son difundidos por medios afiliados al ALAI, Adital, al Grupo de Diarios de América y otras redes de prensa. Diversos diarios electrónicos le han creado páginas web entre ellos Notionline, informativos.net, altopilar.com, analítica.com, Gran Valparaíso y El Ojo Crítico Digital. En 1998 obtuvo 2 Premios significativos: el de la Excelencia de Dillons-Waterstone (la mayor librería británica), y el E.H. Carr del Departamento de Política Internacional de la Universidad de Gales, Aberyswyth (el primer departamento de dicha disciplina en el mundo). Isaac Bigio se encuentra escribiendo un libro sobre la revolución boliviana de 1952.

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Las estrategias electorales de los dos grandes candidatos no consiste en priorizar el ganar la mayoría de los votos a nivel nacional sino superar los 270 votos en el Colegio Electoral. En éste, cada Estado tiene un determinado número de electores (de acuerdo a su población), los cuales van todos al que gane en dicha circunscripción.

En EE.UU. no existe la segunda vuelta (como ocurre en la mayoría de América Latina y Francia) y tampoco gana quien tenga la primera mayoría (como pasa en México). Existe la posibilidad de que el presidente negro, aunque pierda en votos, siga en la Casa Blanca. Barack Obama podría mantenerse en su puesto aunque se confirmasen los últimos sondeos que arrojan que su rival republicano le viene levemente aventajando.

Cuatro de los 44 presidentes norteamericanos llegaron al poder pese a haber perdido en las urnas. Estos fueron John Quincy Adams (quien en 1824 perdió por 44.804 votos contra Andrew Jackson, el padre del partido demócrata); Rutherford B. Hayes (quien fue derrotado por 264.292 votos por Samuel J. Tilden en 1876); Benjamin Harrison (quien perdió por 95.713 votos contra Grover Cleveland en 1888) y el republicano George Bush hijo (quien en 2000 perdió por 543.816 votos ante el demócrata Al Gore). Bush inició sus ocho años en el gobierno debido a que el Estado de La Florida se inclinó en su favor por, además, muy pocos votos de diferencia.

En las encuestas que ponen a Obama detrás de Romney en el porcentaje de votos a nivel nacional también se indica que el actual mandatario supera a su contendor en el número de votos en el colegio electoral. La clave se reduce a nueve Estados “oscilantes” en los cuales los demócratas vienen aventajando en ocho (Virginia, Ohio, New Hampshire, Iowa, Pensilvania, Nevada, Wisconsin y Colorado) y los republicanos en uno (La Florida, el que tiene más votos de toda esa categoría de Estados).

Si los demócratas retuviesen la Casa Blanca pese a haber sido derrotados en las urnas, se voltearía la tortilla en relación a lo que pasó en 2000, cuando la dinastía Bush depuso al vicepresidente

ganador Al Gore. En un escenario así, Obama podría tener un débil gobierno, quedar prisionero de la agenda conservadora de sus rivales o buscar alguna aventura militar que le levante los bonos (como la que Bush hizo después del 11-s-2001 en Afganistán).

Polarización racial electoral

Una semana antes de los comicios de EEUU, Edward Luce, editorialista del Finantial Times, escribió que estas son las elecciones más racialmente polarizadas que ha tenido la historia reciente de la mega-potencia pues, mientras dos de cada tres trabajadores industriales blancos respaldan a su hermano de raza (aunque no de condición social) Mitt Romney, tres de cada cuatro latinos y nueve de cada diez negros secundan al primer moreno que haya liderado la Casa Blanca.

Esto puede acarrear muchas futuras consecuencias para la cohesión interna multirracial de la mayor economía y aparato militar del globo en un momento de crisis, recesión y ajustes. EEUU tradicionalmente ha sido una sociedad dominada por los blancos anglo-parlantes, pero cada vez el porcentaje demográfico de esa mayoría se ha ido reduciendo.

Uno de cada tres norteamericanos no es parte de la mayoría de raíz europea. Los de origen hispano son un 16%, africano 13%; asiático y polinésico 5%; mixto 2% y nativo 1%. El porcentaje de latinos aumentaría si se integrase a los más de 12 millones de indocumentados, la mayoría de ellos hispanoamericanos, pero en términos electorales se disminuye pues ellos solo constituyen un 7 al 8% de quienes votan.

En unos comicios tan ajustados bastaría con que las minorías étnicas fueran un tercio del padrón electoral (igual a su fuerza en la sociedad), y no menos de un cuarto (como lo es ahora), para que Obama retuviese su cargo. Sin embargo, el peso de la mayoría blanca es mayor en las urnas que en general y los republicanos buscan aprovechar ello y de los racistas que desconfían de Obama por su piel.

El problema es que Romney está perdiendo parte de la influencia que su partido antes tenía dentro de las minorías. Obama es apoyado por los asiático-americanos, cuyo mayor porcentaje dentro de los habitantes de un Estado lo tienen en su natal Hawái (donde son casi un 40% de la población).

Hoy probablemente menos del 5% de los afro-americanos vote por Romney, cuya iglesia mormona hace un tercio de siglo (cuando él era obispo de ésta) abiertamente les segregaba, pese a que el partido republicano fundado por Abraham Lincoln fue quien lideró una guerra civil para abolir la esclavitud. Dentro del electorado negro hay la sensación que Romney, a diferencia de Bush, no colocará a ningún moreno en posiciones tan importantes como las que Bush les dio a Condoleezza Rice o a Colin Powell (un republicano que abiertamente apoya a Obama).

Romney, que bien podría proclamarse como el primer hispano que postula a la Casa Blanca (su padre y abuelos son mexicanos), ha enajenado a los latinos demandando medidas contra los inmigrantes y contra el 47% de los norteamericanos que recibe ayuda estatal, lo mismo que ha hecho que el republicanismo pierda gran parte de ese 40% de hispanos que antes votó por Bush hijo.

La derrota de Lincoln

Si los republicanos vuelven al poder con Romney, esto implicaría una supuesta victoria para el partido que en 1854 fundó Abraham Lincoln, aunque los principios, la base regional y las características de este han cambiado tanto que lo que hoy es el movimiento político que gobernó con Reagan y los Bush parece, en muchos puntos, opuesto a sus raíces originales.

El republicanismo nació en el noreste de EEUU hace 158 años prometiendo "erradicar las dos lacras de su sociedad: la esclavitud y la poligamia". Seis años después ganaría las elecciones con Lincoln, quien fue presidente de EEUU desde 1861 hasta que en 1865 fue el primer mandatario de dicha nación en ser asesinado. Él dirigió la mayor guerra civil que se haya visto en el continente americano terminando por eliminar la trata de negros, en tanto que sus opositores del partido demócrata se dividieron entre quienes impulsaban la confederación secesionista pro-esclavitud del sur y quienes en el norte buscaban una conciliación con los esclavistas.

Hoy la tortilla se ha invertido. El noreste liberal ya no es la base del republicanismo sino de los demócratas, mientras que el sur conservador ya no es el bastión de los demócratas sino de los republicanos. Los afro-americanos que fueron emancipados por Lincoln ahora ya no quieren votar por su partido, en tanto que los republicanos en estas elecciones apuntan a sacar el peor porcentaje de su historia dentro del 13% de estadounidenses de color.

Los demócratas, que antes aceptaron la esclavitud, son quienes en el 2008 llevaron al primer moreno en ocupar la Casa Blanca y quienes hoy podrán superar el 90% al 95% de los votos de los negros. El otro gran enemigo de Lincoln eran los mormones quienes promovían la poligamia, la misma que ellos condenaban como la esclavitud de un sexo sobre otro. En aquel entonces Brigham Young había creado en Utah su propio Estado donde se alentaba a los varones a tener decenas de esposas, diciendo que Jesús y Dios tenían varias mujeres y que ello era una condicional esencial para aspirar a ser Dioses en la vida eterna.

En el 2012 alguien que ha sido educado en la Universidad Brigham Young y que ha sido obispo mormón, Mitt Romney, es quien encabeza al partido que Lincoln formó contra dicha iglesia, la misma que solo se distanció de la poligamia hace 12 décadas y de segregar a los negros como raza maldecida hace un tercio de siglo.

Hoy la congregación religiosa que más vota por los republicanos es la mormona y el Estado más republicano es Utah, donde el 60% de sus habitantes pertenece a dicho culto. Si Lincoln era un secular pro-ciencia, su partido es hoy el reducto de los fundamentalistas religiosos, algunos de los cuales combaten diversos avances científicos en materia de sexualidad, genética, evolución o ecología.

Hitler, correligionario de Romney

EE.UU. se forjó como mega-potencia en la II guerra mundial contra Hitler y sus aliados. En ese conflicto es donde más pérdidas han tenido y también donde más han ocasionado éstas habiéndose convertido en el único país en haber bombardeado atómicamente a civiles del llamado campo fascista.

Desde entonces hasta hoy en EE.UU. todos los presidentes y candidatos serios a serlo han considerado a Hitler como el mismísimo demonio, algo que refrendan en películas y en el eterno apoyo a Israel presentado como una nación conformada haciendo justicia al holocausto nazi de seis millones de judíos.

Todos los candidatos del Partido Republicano compiten entre sí en hacer más denuncias contra el fascismo (a punto de querer con ello justificar intervenciones o bombardeos sobre Siria o Irán), pero el favorito de ellos, Mitt Romney, es el principal político de una iglesia que ha bautizado en su religión a Hitler, a su esposa Eva Braun y a algunos de sus más brutales genocidas, incluyendo el carnicero Mengele.

Los mormones, de los cuales Romney ha sido obispo y sus antepasados han sido fundadores o directivos, son la única congregación que recluta adeptos no solo dentro de los vivos sino también dentro de los muertos. Desde la guerra contra Hitler hasta hoy, dicha iglesia ha pasado de 1 a 14 millones de fieles, pero posiblemente han reclutado a mucho mayor número de personas fallecidas a través de sus “bautizos de los muertos”, que son ceremonias muy secretas a las cuales solo los mormones más fieles pueden asistir.

Los mormones creen que todos nosotros nacemos como espíritus que pasamos por una existencia terrenal pero al morir físicamente nuestras almas entran al “mundo de los espíritus” donde uno puede seguirse preparando para entrar en el reino celestial para vivir con o como un Dios. Ellos son la única iglesia que cree que se debe bautizar a quienes ya han dejado de vivir en la Tierra para estar en ese mundo de espíritus a fin de ayudar a que ellos puedan vivir junto a Jesucristo.

A Hitler se le bautizó el 30 de septiembre de 1993 en un templo mormón sobre una pileta sustentada en 12 bueyes que significan las 12 tribus de Israel, nación a la cual él quiso exterminar. Los mormones, además, han convertido a su credo a cientos de miles de víctimas del holocausto, todo lo cual ha enfureciddo a muchos judíos.

Hoy esta iglesia tiene una de las principales bases de datos genealógicas del planeta, las cuales son usadas para bautizar a su culto a cuántos muertos puedan, sin importar si ellos hayan sido cabezas de otra religión (como Buda o varios papas) o asesinos en masa (como Gengis Khan o Stalin).

Romney admite haber bautizado muertos, él siempre lleva puesta su ropa interior sagrada mormona y obedece sin chistar a lo que el profeta mormón le instruya.

Republicanos de EE.UU.

Cuando en unas elecciones hay dos actores centrales, usualmente, pero no siempre, el ganador es aquel que se muestra más capaz de moverse hacia el centro captando a los claves sectores intermedios. Humala en Perú y el Partido de los Trabajadores en Brasil dejaron de perder comicios cuando se distanciaron de primigenios discursos izquierdistas y se aliaron con “moderados”. En Reino Unido el único candidato conservador que no se desplomó en las municipales de 2012 fue al alcalde londinense Boris Johnson quien adoptó muchas posiciones sociales y centristas apelando a un sector del electorado tradicionalmente laborista.

En el caso de EE.UU., los republicanos en 2008 escogieron como cabeza de formula a McCaine, quien buscaba distanciarse de planteos muy conservadores y halcones de la era Bush y adoptaba algunas políticas demócratas. Sin embargo, esa estrategia fracasó pues no lograron evitar el triunfo de Obama, el mismo que navegaba con viento en su favor ofreciendo cambio y aprovechando el desgaste del bushismo.

Ahora los republicanos han adoptado una fórmula diferente. En vez de pegarse al centro, se han derechizado aún más. Mitt Romney ya no es aquel ex gobernador de Massachusets quien se mantenía abierto a la regularización de los inmigrantes indocumentados, al aborto, a los derechos de los homosexuales y a diversas políticas liberales, y quien creó una versión local de un sistema público gratuito de salud.

Hoy, más bien, ofrece mano dura y deportaciones masivas a los más de 12 millones de residentes sin papeles y pide revertir concesiones hechas al aborto y a los gays, así como atacar el sistema de salud Medicare, que es una de las estrellas de Obama. Romney ha escogido como a su compañero de plancha a Paul Ryan, quien es el gurú de los recortes de impuestos y de ofrecer las mayores excepciones tributarias. Esto aunque él no quiere alterar el hecho de que su mega-potencia siga teniendo la mitad de la inversión en armas del planeta.

Romney-Ryan se ufanan de ser muy conservadores y durante estos comicios buscarán empujar a la opinión pública de EE.UU. hacia rechazar las concesiones históricas que este país ha hecho a derechos de la mujer como es el aborto o a las de las minorías sexuales, y lanzar una ofensiva contra inmigrantes. También pedirán anular controles a la compra personal de armas o para proteger al medio ambiente. En el plano educativo serán hostiles a la teoría de la evolución y buscarán curriculums más influidos por la fe que por la ciencia.

Los demócratas, en vez de buscar polarizar al país entre este programa y el suyo liberal, están, mas bien, adaptándose a la presión conservadora pensando que así no perderán los comicios.

Más armas y menos impuestos

Desde hace dos décadas en EEUU los congresistas republicanos tienden a oponerse a nuevos impuestos o a demandar que éstos se reduzcan. Su plancha presidencial pide hoy una contracción aún más dura que los últimos ajustes en el gasto público aprobados por el legislativo y ejecutivo norteamericanos.

Para Lawrence Summers (secretario de economía de Clinton en 2009-10) el plan económico de sus rivales republicanos puede poner en jaque el esfuerzo de Obama para contener el alto desempleo (8% de la población adulta), elevar el ingreso de las capas medias y reducir el gran peso de la deuda pública en relación a la producción.

Esto se debería a que el ticket Romney-Ryan planea unos recortes tributarios que sumarian $US 5 billones en una década mientras que, al mismo tiempo, llaman a incrementar el gasto militar en $US 1 billón más, algo que –según él- ni si quiera Robert Gates, el Secretario de defensa de Bush, se atrevió a promover.

La formula económica republicana se inspira en el principio de que mientras más se reduzca la presión a las grandes corporaciones para que paguen impuestos o estén bajo regulaciones en materia del medio ambiente, esto alentaría a estas a invertir más en EEUU (y no en otros mercados). El problema con este tipo de recetas es que implica un mayor encogimiento del gasto público, lo cual, a su vez, generaría menos ventas y una reducción del mercado, todo ello en tiempo de recesión.

Los republicanos esperan que sus medidas ayuden a que haya una mayor demanda de bienes de lujo para los ricos y también que la producción bélica genere empleos. Esto último trae presiones para una carrera armamentista (cuando en el mundo se discute desmantelar armas nucleares y de la guerra fría) y para nuevas guerras.

Una señal de esto último es el hecho de que Romney fustigue a los palestinos como incapaces de entender la paz, cuestione a Obama por no proteger más los intereses norteamericanos en el mundo islámico y tenga en su entorno partidarios de soluciones duras ante Siria, Irán, Corea, Venezuela y Cuba.

El paquete republicano, a su vez, trata de desmontar las concesiones que Obama ha hecho al seguro médico gratuito (uno de los pilares de las economías canadiense, británica y europea del que EEUU carece) así como a las redes de protección social. Esto es algo que puede llevar a que la ya muy desigual sociedad norteamericana se polarice aún más entre etnias y entre ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres.

El modelo económico de Romney-Ryan es una forma de buscar salir de la recesión y podría funcionar, pero con un grave costo social interno y con posibles nuevas guerras en el exterior.

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