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Actualizado el 2012-10-19 a horas: 03:16:15

La indomable lengua guaraní, la garra charrúa, la riqueza genocultural waorani y la sabiduría del Popol Vuh maya

La cultura guaraní, waorani, charrúa y maya, símbolo de la resistencia anticolonial

Javier Rodríguez, Jorge Luna, Yurién Portelles, Adalys Pilar Mireles y Randy Saborit Mora *

Moscú, Asunción, Montevideo, Quito, Pinar del Río y Guatemala (PL).- La dominación española en el pasado más lejano, las guerras modernas que sacudieron al continente y la infiltración de costumbres e intereses foráneos no lograron borrar la presencia de los pueblos indígenas guaraní, waorani, charrúa, chichimeco y maya, entre otros, consustanciales con la historia latinoamericana.

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La conferencia Otra visión del descubrimiento de América y la inauguración de una exposición de cestería y arte contemporáneo de la población originaria de Venezuela centraron en Moscú la conmemoración del Día de la Resistencia Indígena en la Biblioteca Estatal de Literatura Extranjera Margarita Rudomino.

El embajador de Venezuela en Rusia Hugo García criticó la versión de los vencedores sobre el aniversario 520 de la llegada de los europeos al Nuevo Mundo. Jamás se dijo que fue una invasión, como hacen todos los imperios, que fue un saqueo de nuestros recursos, ya que por más de 300 años se llevaron el oro, plata, madera valiosa y todo lo que pudieron, sostuvo enfático.

Diversos puntos de vista sobre este acontecimiento de la historia abordó en su conferencia Otra visión del descubrimiento de América el doctor Eduard Alexandrenko, especialista de la Cátedra de Etnografía de la Facultad de Historia en la Universidad Estatal Lomonosov. Los europeos, entre ellos Cristóbal Colón, atravesaron el océano en busca de la India, y a los habitantes de este nuevo continente le dieron la denominación de indígenas, explicó.

Citó una descripción del Gran Almirante sobre los habitantes de este nuevo mundo, en la cual indica que a partir de la ventaja tecnológica de los recién llegados se les podía poner a trabajar y enseñarles las costumbres y tradiciones de los españoles. El solo hecho de asomar estas posibilidades habla sobre las intenciones de imponer el trabajo por la fuerza a los indígenas, cambiar sus tradiciones y su cultura, que fue lo que acometieron los recién llegados a estas tierras.

Recorrió en su ponencia todo el período de colonización, la posterior liberación de los pueblos de América y resaltó cómo los países de la región que hoy luchan por la justicia social defienden los derechos de los pueblos indígenas.

El 18 de septiembre, el Parlamento de Nicaragua reconoció los aportes de los pueblos indígenas en la historia de luchas de los nicaragüenses en pos de su libertad y soberanía, y declaró héroes a los 60 indios flecheros matagalpa que en el siglo XIX contribuyeron a la derrota de los filibusteros encabezados por el estadounidense William Walker.

El dictamen de la Comisión de Educación y Cultura de la Asamblea Nacional argumentó acerca de las consultas hechas a instituciones relacionadas con esos tópicos en el país y del histórico reclamo de los habitantes de Matagalpa. La batalla de la hacienda San Jacinto ocurrió el 14 de septiembre de 1856 y en ella se enfrentaron unos 160 soldados del Ejército del Septentrión, encabezados por José Dolores Estrada, a unos 300 aventureros comandados por Walker.

En ese hito del devenir nacional, que se celebra cada año como parte de las Fiestas Patrias, tomaron parte los indios flecheros matagalpa, quienes dieron una muestra de arrojo y creatividad en el arte militar, ante un enemigo más numeroso y mejor armado.

El idioma guaraní, símbolo de persistencia cultural

El guaraní, incorporado como idioma oficial a la Constitución de Paraguay de 1992, comparte esa denominación con el castellano, pero es hablado por casi seis millones de personas en la nación aunque en diferentes variantes lingüísticas y se enseña obligatoriamente en los centros educativos.

Vale decir que, además de usarse abundantemente en todo el territorio paraguayo, el guaraní es una de las lenguas oficiales del Estado Plurinacional de Bolivia desde 2009 y se habla en el Chaco boliviano y en el noroeste de Argentina, especialmente en zonas de las provincias de Formosa, Entre Ríos, Misiones y Corrientes, en ésta última también como lengua oficial además del castellano.

No hay sorpresa alguna en su utilización sistemática en el día a día paraguayo, aunque en la capital de la nación y en zonas citadinas del interior del país, los conocedores señalan que se habla, en realidad, el jopará, el cual mezcla palabras y hasta frases en español con las pronunciadas en idioma guaraní.

Un estudio del ministerio de Educación y Cultura señaló que alrededor del 87% de los paraguayos, o sea más de cinco millones 820 mil personas, hablan guaraní; algunos expertos plantean, sin embargo, que el uso indiscriminado del jopará es producto del método de enseñanza existente en las escuelas, el cual consideran deficiente.

Para otros, el problema consiste en que el guaraní original no se usa en el ámbito familiar en forma suficiente, a no ser entre los residentes de áreas rurales o los más humildes en el entorno citadino. La persistencia y fortalecimiento de esa lengua indígena a lo largo de los años no es afectada por las distintas variantes en las cuales se usa y la resistencia a su desaparición, deviene por sí misma en un símbolo de la cultura nacional y de los pueblos originales asentados en toda una extensa franja de América del Sur.

En acontecimientos históricos de Paraguay como, por ejemplo, los conflictos limítrofes en los cuales se vio envuelto, los cronistas señalan que el uso de esa lengua fue decisivo para la comunicación entre quienes luchaban en el campo de batalla.

En los tiempos convulsos que vive actualmente Paraguay, a partir de la interrupción de su proceso democrático por la destitución expedita del presidente constitucional Fernando Lugo, resulta notable la fuerza del guaraní en el lenguaje popular de lucha en las calles contra el gobierno surgido del ya conocido como golpe de Estado parlamentario.

Las consignas en guaraní, multiplicadas en voces y carteles durante manifestaciones y marchas o en pronunciamientos mediante la prensa donde se utilizan normalmente los dos idiomas entrelazados, parecen dar más fuerza y sentido de rebeldía a los planteamientos de la población protestante. Su uso se hace absoluto al irrumpir en la escena nacional las demandas de los campesinos sin tierra, de los trabajadores despedidos o reclamantes de un salario digno y de las organizaciones sociales de trascendente presencia en este proceso político.

Estudiosos del origen de esa lengua nativa señalan que deben considerarse en su análisis tres variantes, las cuales aseguran ser inteligibles entre sí, a pesar del transcurso del tiempo entre el uso de cada una de ellas. Se refieren, en primer lugar, al guaraní denominado misionero o jesuítico, hablado en las misiones religiosas, de gran importancia histórica y cultural, vigentes en estas tierras entre 1632 y 1767, desaparecido posteriormente para dar paso al guaraní puro hablado por los indígenas.

Las tribus, agregan, usaban dialectos referentes a las distintas etnias asentadas en puntos diferentes de la geografía paraguaya, entre ellos, los conocidos como guaraní occidental, Ava Guaraní, Mby a Guaraní, Pay Tavyterá y Aché. Algunas de dichas etnias cuentan todavía con descendientes ocupantes de asentamientos actuales que mantienen sus costumbres y están dedicados a la agricultura.

La otra supuesta vertiente es la que denominan guaraní paraguayo o moderno en la cual, evidentemente, debería encajarse el mencionado jopará tan difundido actualmente. Para describirlo mejor, puede decirse que el jopará incorpora vocablos españoles a la estructura gramatical y prosódica de la lengua original, pero no elimina en lo absoluto la señalada fuerza expresiva atesorada por el guaraní.

Otros estudios a tener en consideración aseguran que el 27% de los paraguayos se comunican exclusivamente por medio del guaraní, lo que hace indispensable para funcionarios de todo nivel y el resto del conglomerado social dominar dicha lengua.

Criterios discrepantes de especialistas publicados recientemente por la prensa son los de Ramón Silva que se atreve a pronosticar la desaparición del guaraní tras el paso de las próximas dos generaciones por las deficiencias en la enseñanza y el de David Galeano, presidente del Ateneo de Lengua y Cultura Guaraní, quien afirmó eso es difícil de creer por la mayoritaria cantidad de personas que hablan el idioma en el país y en la región.

Los Charrúas: invisibilidad y resistencia

El grito de “garra charrúa”, empleado mundialmente por los aficionados al fútbol para identificar a la selección uruguaya, fue expresado por primera vez en 1935, durante un campeonato suramericano que Uruguay ganó. Pero pocos conocen el significado de la expresión, originada en las luchas de resistencia de los primeros pobladores de lo que hoy es Uruguay (y partes de Argentina y de Brasil), indígenas que --coinciden los historiadores-- fueron víctimas en 1831 de un genocidio que redujo a casi cero su etnia.

Diversas fuentes relatan que sólo unos pocos indios sobrevivieron a la matanza ejecutada por tropas del primer Presidente General Fructuoso Rivera en Salsipuedes, departamento de Paysandú, 320 kilómetros al norte de Montevideo. Entre los sobrevivientes, el Cacique Vaimaca, junto a Guyunusa, Tacuabé y Sanaqué, fue apresado y llevado a Francia para ser exhibidos como animales. Tras su muerte, Vaimaca fue momificado y devuelto a Uruguay, y Tacuabé huyó sin que se conozca su destino.

Es un tema terrible, muy poco divulgado, que viene arrastrando la historia nacional. No fue hasta 1938 que los artistas uruguayos Edmundo Prati, Gervasio Furest Múñoz y Enrique Lussich lograron inaugurar el monumento de bronce y granito “Los últimos Charrúas” en una céntrica plaza de esta capital, que les rinde homenaje.

El pasado 12 de octubre, que los pueblos originarios de la región conmemoran como Día de la Raza, pequeños grupos de jóvenes, orgullosos de sus ancestros indígenas, recordaron allí, en pie de lucha, la “garra charrúa” en demanda del reconocimiento pleno de sus derechos. Entre los primeros pedidos de organizaciones indígenas uruguayas figura el reclamo de que el Estado reconozca el genocidio de Salsipuedes y lo incorpore a la historia del país y a la enseñanza escolar.

Según el Consejo de la Nación Charrúa (Conacha), fundado el 2005, recién en 1989 surgieron algunas organizaciones indígenas, que actualmente adelantan un proceso de reconstitución como Pueblo-Nación, junto a descendientes de charrúas en la vecina Argentina. Nos encontramos en un proceso de recuperación de nuestra cultura y de fortalecimiento identitario sustentado en documentos históricos y en la memoria oral salvaguardada en las costumbres trasmitidas de generación en generación, subrayó el Conacha.

Integrado por nueve comunidades indígenas, el Conacha funciona bajo los valores ancestrales de horizontalidad y consenso. Entre sus demandas destaca también un llamado al Estado a reconocer el papel que cumplieron los indígenas en la lucha independentista y la gestación de la identidad nacional. Piden asimismo la protección de sus ecosistemas y la biodiversidad y la promoción de prácticas productivas en armonía con la Madre Tierra.

Aunque algunos organismos han reconocido a las organizaciones indígenas y, en 2005 Uruguay ratificó el Convenio Constitutivo del Fondo Indígena, los descendientes de los charrúas se siguen considerando “invisibilizados”. Desde el 2007, un representante del Conacha integra la Comisión contra la Discriminación, Racismo y Xenofobia, que depende de la Presidencia de la República y del Ministerio de Educación y Cultura, logrando incluir la revisión, revalorización y recuperación de la cultura de los pueblos originarios en los programas educativos.

En 2009 se aprobó una ley que declara al 11 de abril como “Día de la Nación Charrúa y de la Identidad Indígena”. Otras dos leyes habían sido aprobadas antes. Primero (2002), la repatriación de los restos del Cacique Vaimaca desde el Museo del Hombre en París y su entierro como héroe nacional; y luego (2004) la prohibición de realizar experimentos científicos en su cadáver.

El Conacha también realizó una campaña por una mayor identificación de la población indígena en el Censo 2011, entre otras medidas en favor de la ratificación gubernamental del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo. La Encuesta Nacional de Hogares Ampliada (2006), del Instituto Nacional de Estadística, reveló que un 3,8% de la población uruguaya (unas 115 mil personas) se reconocieron como descendientes de indígenas.

En el censo nacional realizado cinco años después (2011), un 4,9% de la población (unas 159 mil personas) afirmó tener ascendencia indígena. Un dato histórico revela que en 1828, cuando Uruguay obtuvo su independencia, la población indígena alcanzaba 30 mil personas y la de los blancos, unas 70 mil.

Los charrúas opusieron resistencia a la colonización española, siendo el primer episodio conocido la muerte de Juan Díaz de Solís durante su descubrimiento del Río de la Plata. En el afán de los gobernadores de Buenos Aires (Argentina) por “civilizar” la llamada Banda Oriental (Uruguay) hubo numerosos combates con los indígenas. Después, muchos de ellos lucharon en los ejércitos independentistas de José Gervasio Artigas y otros, hasta que se produjo la matanza de Salsipuedes y la persecución de los sobrevivientes.

El profesor Lincoln Maiztegui Casas sostiene que la desaparición de los charrúas fue “un proceso paulatino que llevó más de 200 años y que se generó a partir de la ocupación del territorio por europeos”. En ese período, miles de charrúas murieron, otros miles huyeron a Brasil y otros más se quedaron como siervos y se mestizaron con los blancos.

Con el tiempo, el término “charrúa” adquirió connotaciones de valor, fuerza, fiereza, orgullo guerrero y victoria, aunque, por ahora, quede restringido sólo al terreno de fútbol.

El reclamo waorani en Ecuador

Al amanecer, con una tapa o lanza de dos metros en una mano para la caza y la umena o cerbatana en la otra, el nativo waorani, de la Amazonía ecuatoriana, se dispone a buscar el alimento de cada día. En el huerto trabajan las mujeres, y en el onka, la vivienda tradicional, le espera la familia, optimista en que algo caerá a los estómagos porque sus hombres son fuertes, por la dieta rica en proteína y la actividad física constante.

Aunque pareciera insignificante, el komi, el filo hilo usado para amarrar el pene a la cintura y evitar que en el río los pececillos les dañen el miembro, les representa el poder y la energía que aseguran poseer. Probablemente el interés por esa fortaleza y resistencia llevó a que en 1991, en medio de la desolación de la selva donde viven hace siglos los waorani, integrantes de una de las 18 etnias de la nación, la dinámica de este pueblo indoamericano se viera interrumpida.

Recelosos por tradición de quien llega a sus predios, los nativos aceptaron a unos bondadosos extraños que les ofrecieron análisis médicos por el bien de la salud y les extrajeron muestras de sangre, pero nunca más los vieron. Fue la petrolera Maxus la que introdujo en territorio amazónico a una brigada médica para realizarles los exámenes y tomarles muestras de ADN sin su consentimiento, y cuya posesión ha revelado el Instituto Coriell, de la Universidad estadounidense de Harvard.

Como resultado, el gobierno de Ecuador acaba de determinar que un comité jurídico nacional lleve a tribunales internacionales la denuncia de los waorani sobre esta práctica ilegal, presuntamente para posteriores investigaciones. Aunque el Instituto Coriell, con sede en Nueva Jersey, confirmó en su página web que tenía 36 muestras de ese material genético de esta comunidad nativa, negó haberlas obtenido ilegalmente. Ahora serán la Defensoría del Pueblo y el Ministerio Coordinador del Patrimonio los encargados de establecer el proceso legal, el cual, se afirma, busca establecer un precedente y precautelar los patrimonios naturales o biológicos de Ecuador.

El suceso ocurrido con los waorani no es nuevo en el país, dijo en entrevista con Prensa Latina, el investigador César Paz y Miño, decano del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad de las Américas, de Ecuador. El académico y genetista señaló que lo mismo ha sucedido con los chachis de la provincia de Esmeraldas y con los tsáchilas en Santo Domingo, a quienes se les ha extraído sangre y luego las comunidades no recibieron nunca una retribución por el aporte.

A su juicio, el Estado ecuatoriano está en el deber de iniciar un proceso porque sentaría un precedente para la protección de la riqueza genocultural en cualquier grupo humano, en particular en los grupos no contactados o en estado de aislamiento. Expone que es preciso resguardar a estas poblaciones para evitar el uso ilegal de sus muestras con vistas al beneficio exclusivo de un grupo de poder económico, sin que estos pueblos puedan apreciar siquiera el resultado de las investigaciones.

Paz y Miño manifiesta que ciertamente no han sido estudiados los grupos huaoranis o wao, como también se les llama, a causa de las limitaciones económicas y de los proyectos científicos incipientes aunque muy serios en este campo, en el país. Respecto a las pesquisas genéticas en esta nación suramericana, señaló que hace unos 20 años, aunque con limitaciones económicas, se realizan estudios pero solo para la descripción del ADN de los ecuatorianos.

Los estudios de las mitocondrias, una parte del ADN, han arrojado que en Ecuador la población afro proviene del Congo, en África, mientras los cholos de la costa están relacionados genéticamente con la población árabe y libanesa. También los quichuas tienen genes de Australia y del centro de Asia, mientras los mestizos acaparan una mezcla de todos estos grupos y de la península ibérica, lo cual avala el conocimiento histórico sobre esa procedencia.

En Ecuador se han realizado importantes estudios de la fibrosis quística del páncreas, que normalmente causa un daño pulmonar, pero aquí un gen de raro comportamiento provoca problemas respiratorios y gastrointestinales atípicos, con alta incidencia de muertes en niños. Otras exploraciones realizadas por los científicos nacionales con un basamento bioético, dijo el experto, tienen que ver con la investigación genética de la enfermedad del Alzheimer, del cáncer de próstata y de estómago, relacionado este último con la bacteria Helicobácter pylori.

Para el científico, el mundo contemporáneo precisa de estas indagaciones a fin de explorar las características de los grupos humanos, sus posibilidades de supervivencia y coadyuvar al descubrimiento de genes resistentes y de medicamentos con vistas al tratamiento de ciertas afecciones. Sin embargo, señala que estas pesquisas deben ser beneficiosas a la humanidad en general y realizarse con el consentimiento de las comunidades nativas o sociales escogidas, a las que también deben ofrecerse los resultados e incluso parte de los dividendos económicos si se obtuvieran.

En su opinión, es necesario despojarse del mito de que todos los investigadores tienen propósitos dañinos, pero debe protegerse a las poblaciones autóctonas con un sistema legal, el cual permita control para estas investigaciones en función de la ciencia y no de su mercantilización. Expone que en las indagaciones científicas cualquier elemento que se encuentre va a reportar importantes réditos económicos a sus autores, como por ejemplo un gen de resistencia a enfermedades como la malaria, el dengue u otras enfermedades tropicales.

El académico expone que en este tipo de investigaciones en los pueblos poco contactados o aislados se presume ese hallazgo, porque se supone que un componente genético les ha permitido la adaptabilidad al medio ambiente en esas condiciones. Apunta que en estos centros o grupos científicos se piensa que el descubrimiento de un gen es una buena inversión y por eso vienen a los países en la búsqueda de tales comunidades, cuyos Estados tienen estructuras judiciales y legales débiles, para hacer sus análisis libremente y luego patentar los resultados.

En una primera aproximación monetaria hecha por los waorani -porque la riqueza genocultural es invaluable-, ellos aseguran que podrían obtener 1.500 millones de dólares derivados de esas muestras exóticas de su componente sanguíneo. Para el experto, Ecuador debe reclamar los derechos de este pueblo aborigen y establecer un código de protección a las poblaciones autóctonas, vulnerables desde todo punto de vista, a fin de que sean consultadas y puedan recibir en algún momento el beneficio de su contribución.

Tras los rastros de indios rebeldes chichimecos en Cuba

Expertos de Cuba y México siguen hoy las huellas de indios chichimecos, oriundos de la nación azteca, quienes se rebelaron en la provincia Pinar del Río contra el dominio colonial español desde finales del siglo XVIII. La primera expedición conjunta entre la universidad de Coahuila, México, e historiadores y espeleólogos de Cuba, permitió hallar varias pictografías en dos grutas situadas en la sierra de la Guacamaya, en el noroeste insular.

Ese escenario, perteneciente al municipio de La Palma, sirvió de refugio temporal al Indio Grande y al Indio Chico, traídos a la isla como prisioneros, declaró a Prensa Latina el doctor en Ciencias Jorge Freddy Ramírez, uno de los coordinadores de las indagaciones. Según el especialista cubano, las pinturas encontradas en la caverna del abono, con excelentes condiciones para la vida, consisten en cruces y otros elementos semejantes a los realizados por las comunidades chichimecas en México.

Mientras en la cueva del agua perduran aún imágenes de embarcaciones antiguas, algunas movidas a vela y motivos geométricos. El estudio, en fase inicial, requiere de análisis más profundos para confirmar si esas manifestaciones de arte rupestre están asociadas a la presencia de los rebeldes mexicanos, los cuales comandaron cuadrillas de cimarrones por localidades de esta occidental región, conocida otrora como Vueltabajo, explicó el historiador.

Al referirse a otros hallazgos relevantes, adelantó que los grupos investigativos descubrieron vestigios de la primera iglesia de La Chorrera, la cual data del siglo XVIII, del cementerio y el asentamiento homónimo, también en el actual municipio de La Palma, lugares frecuentados por el Indio Grande y el Indio Chico.

Las investigaciones permitieron establecer la ubicación del poblado y colectar numerosas evidencias arqueológicas, entre las que destacan fragmentos de losas del ajuar doméstico y envases de vidrio, en ambos casos típicos del comercio de la época. Como curiosidad, mencionó la preservación del camposanto (donde pudiera estar enterrado el Indio Grande) en medio de un bosque, en las inmediaciones de un terreno agrícola.

“Dichas averiguaciones incluyeron entrevistas a pobladores de la demarcación, principalmente longevos, quienes aportaron valiosos testimonios; ellos guardaron como herencia de sus antepasados la leyenda de los guerreros mexicanos”. Con estas exploraciones -aseveró- pretendemos esclarecer la actuación de los llamados indios feroces de la Vueltabajo, bautizados despóticamente así por la burguesía criolla y los grupos de poder que los persiguieron.

Queremos reivindicar la resistencia de los chichimecos (tribus con desarrollo inferior a los mayas o aztecas), trasladados a Cuba desde la entonces Nueva España, en condiciones de privación de libertad tras sufrir en su tierra el más cruel de los genocidios, enfatizó. Atestiguan apuntes históricos que en el país caribeño eran obligados a realizar trabajos forzados en la construcción de fortalezas militares y embarcaciones.

Al Indio Grande y al Indio Chico se unieron indígenas de otras denominaciones como los guachinangos, y esclavos huidos, cuadrillas que mantuvieron en vilo a las autoridades españolas por estos predios. “A todas luces fue un conjunto multiétnico, movido por las ansias de libertad y la resistencia a la sumisión esclavista”.

Existen evidencias -dijo- de una intensa persecución contra ellos entre 1802 y 1804, y aunque trascendieron detalles de la captura y la muerte del Indio Grande, se ignora el final del Indio Chico, quien causó los mayores estragos en haciendas de la zona. Las pesquisas, junto a profesores de la universidad mexicana de Coahuila, persiguen esclarecer detalles de la presencia y modo de actuar en Cuba, que la propaganda mediática del momento tildó de feroz y cruel.

Se trata de un proyecto para dignificar la resistencia de estos pueblos originarios de América ante la imposición colonialista europea de ocupar y dominar sus territorios, insistió Ramírez. Esos esfuerzos para localizar sus palenques y otros vestigios arqueológicos, tendrán una segunda fase de exploración en el terrero durante 2013, pero las búsquedas en bibliotecas y archivos continúan. Las primeras indagaciones sobre el tema las realizó el historiador Armando Abreu (fallecido recientemente), autor de un libro sobre el tema, que será publicado por el sello cubano Ediciones Loynaz.

Popol Vuh a la moda y algo más

El Popol Vuh, como un verdadero clásico, conserva enseñanzas aún de moda para el mundo y Guatemala, donde diversas organizaciones de indígenas han denunciado al gobierno del presidente Otto Pérez Molina por aplicar políticas discriminatorias contra los pueblos herederos de los sabios mayas. Los principios ancestrales de este libro siguen siendo válidos porque uno de los mensajes del texto es “que no haya uno ni dos que se queden atrás, que todos juntos se levanten”, comentó a Prensa Latina Manuel Xiloj, segundo escribano de la Municipalidad Maya Santo Tomás Chichicastenango.

Un día después que entrara en vigencia un acuerdo del Ministerio de Cultura y Deportes, mediante el cual se declara Patrimonio Cultural Intangible a esa obra literaria por sus valores histórico, filosófico y espiritual, Xiloj remarcó la importancia de que se reconozca parte del legado de nuestros ancestros, lo cual -a su juicio- beneficia a los nueve millones de descendientes mayas radicados en este país centroamericano.

El texto llama a buscar un propósito, y esto es esencial durante este año que marca el cambio hacia una nueva era maya, porque todos juntos deben encontrar soluciones, regresar sobre sus pasos, ya sean intelectuales, letrados, filósofos o ciudadanos de a pie. Opinó que es necesario sentarse a ver que se está haciendo con el nuevo poder en el mundo, donde cada día el ser humano se ve atrapado en una sociedad de consumo. Uno de los valores del libro, destacó Xiloj, es el equilibrio que las personas deben tener con la naturaleza.

El gobierno guatemalteco declaró al Popol Vuh como Libro Nacional de Guatemala el 30 de abril de 1972. Tal escrito recopila varias leyendas de los quichés, el pueblo de la cultura maya mayoritario en esta nación, y ofrece una explicación del origen del mundo, la civilización y los diversos fenómenos naturales.

El literato guatemalteco José Millá (1822-1882), en su libro El Popol Vuh de los quichés, ofrece detalles acerca de esa cultura auténtica. Llaman al Creador Supremo Corazón del cielo y Huracán, al personaje en que residen tres diversas entidades: el Relámpago, el Trueno y el Rayo, comentó al respecto del volumen de Millá, el periodista cubano José Martí en una crónica publicada en la revista neoyorquina La América, en mayo de 1884.

El porqué de la creación del universo, según los quichés, es una relación que no carece de poesía, valoró Martí, quien vivió entre 1877 y 1878 en Guatemala, donde conoció y admiró a fondo las raíces tradicionales de los habitantes del país de entonces. Más allá del valioso reconocimiento que representa declarar al Popol Vuh como Patrimonio Cultural Intangible, diversas organizaciones han criticado las políticas del gobierno guatemalteco.

El Gobierno discrimina y es racista al asignar el Presupuesto General de la Nación, acusó la Coordinadora de Organizaciones Mayas para la Incidencia en la Reforma Política del Estado el pasado 9 de agosto, a propósito de celebrarse el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, establecido por la ONU en 1994. Para mejorar los altos índices de desnutrición, escaso acceso a la salud y educación que padecen las comunidades de pueblos originarios guatemaltecos, la agrupación instó al Ejecutivo a incrementar del 10 al 20 por ciento del fondo destinado a las municipalidades.

De su lado, el Centro de Acción Legal de Derechos Humanos señaló que desde hace dos años se han agudizado 250 conflictos relacionados con la minería e hidroeléctricas en este país. Paralelo a tales denuncias, el presidente Pérez Molina homenajeó con la condecoración Oxlajuj Na’oj (“Trece sabidurías”) a igual número de representantes indígenas por sus aportes al desarrollo de sus comunidades. La presidencia otorga esa distinción a ciudadanos e instituciones de localidades originarias por sus servicios comunitarios, virtudes cívicas o su destacada trayectoria en el deporte, medicina ancestral, arte, ciencia o política.

* Corresponsales de Prensa Latina en Paraguay, Uruguay, Ecuador, Pinar del Río (Cuba) y Guatemala.

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