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Área: Cultura >> Varios
Actualizado el 2012-09-15 a horas: 02:26:33

Entrevista a Eduardo Galeano: El destino cultural de América Latina y el “dolor agregado”

Identidades culturales de museo en la época de la “gran hamburguesa planetaria”

Gustavo Adolfo Carbonell *

En los últimos años se universalizó una concepción de identidad muy limitada y casi reducida a un asunto de museo; yo creo mucho más en una identidad cultural viva y en movimiento, en las identidades elegidas más que en las heredadas, y en la recuperación de la universalidad de la condición humana, expone el célebre escritor uruguayo Eduardo Galeano en la siguiente entrevista con Gustavo AdolfoCarbonell. La conversación ocurrió hace más de una década, pero no ha perdido ni una pizca de actualidad.

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Su nombre completo es Eduardo Hughes Galeano. Nació en Montevideo, en 1940. A los 14 años entró en el mundo del periodismo, publicando dibujos que firmaba “Gius”, por la dificultosa pronunciación castellana de su primer apellido. Algún tiempo después, empezó a publicar artículos. Se firmó Galeano y así se le conoce.

Ha hecho de todo: fue mensajero, editor y peregrino por los caminos de América. En su ciudad natal fue colaborador y posteriormente redactor jefe (1960-1964) del semanario Marcha y director del diario Época. En Buenos Aires fundó y dirigió la revista Crisis. Estuvo exiliado en Argentina y España desde 1973; a principios de 1985 regresó al Uruguay y desde entonces reside en Montevideo.

Es autor de diversos libros traducidos a más de 20 lenguas y de una extensa obra periodística. Ha recibido el premio Casa de las Américas en 1975 y 1978 y el premio Aloa de los editores daneses en 1993 La trilogía Memoria del fuego fue premiada por el Ministerio de Cultura de Uruguay y recibió el American Book Award (Washington University, EUA) en 1998. En 1999 fue el primer escritor galardonado por la Fundación Lannan (Santa Fe, EUA) con el premio a la libertad cultural.

Nos encontramos a conversar algunas horas antes de su partida de Bogotá, Colombia donde participó en el “Encuentro Iberoamericano de Escritores: El Amor y la Palabra”. Lo que sigue son los pasajes más sobresalientes de esta entrevista exclusiva con uno de los más brillantes pensadores de Latinoamérica en la actualidad.

P. ¿Cómo se entiende hoy en día la identidad cultural?

R. Creo que se universalizó en los últimos años sobre todo una concepción de la identidad que me parece muy limitada. Te diría que casi reduce la identidad a un asunto de museo. Pero creo que“somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”, o sea creo en una identidad en movimiento, en una identidad viva y creo mucho más en las identidades elegidas que en las identidades heredadas. En una región del mundo como es América Latina que tiene una amplia experiencia en la materia podemos citar solo dos ejemplos de identidad elegida entre miles y miles: Un antropólogo Alemán llamado Kurtz Hunkel, que llega a Brasil a principios del siglo XX para estudiar a los Guaraníes, es un hombre joven recién egresado de la Universidad. Al entrar en contacto con los Tupí Guaraníes descubre que él es Guaraní. Asume esta revelación y pasa a llamarse “Kurtznimuendayu” (el que elige su casa). Muchos años después muere siendo un indígena Guaraní que además es un antropólogo que se estudia a sí mismo.

El otro caso es el de Rafael Barret, uno de los escritores paraguayos más importantes de todos los tiempos y una figura emblemática de la cultura Paraguaya, el paraguayo más paraguayo de todos. Y fíjáte: Barret era hijo de padre inglés y madre española, educado en Francia llega a Paraguay cuando es hombre hecho y derecho, anarquista fervoroso pasa en Paraguay solo seis años de su vida, la mayor parte preso por actividades “subversivas”. Después lo mandan al exilio, nunca más puede volver y… “es el paraguayo más paraguayo de todos” porque el descubrió que era paraguayo. Piso esa tierra y le dijo a través de las plantas de sus pies: “Tu me perteneces, tu eres mi hijo”. Por eso digo, la identidad no tiene que ver con las partidas de nacimiento, tiene que ver sobre todo con los lugares, las personas, los valores.

P. ¿La identidad se adopta, se internaliza?

R. Depende de cada caso. Hay que tener una noción de identidad muy flexible que, además, en ningún momento nos impida olvidar que somos diversos y que somos universales, que la condición humana es una y muchas y que eso es lindísimo que ocurra.“Lo mejor que el mundo tiene está en la cantidad de mundos que el mundo contiene”. Por suerte somos diferentes, por suerte somos diversos, pero también hay valores comunes al género humano que se han ido transmitiendo de diferentes maneras, de generación en generación.

P. Los chauvinistas te dicen la mía es la única tierra que existe…

R. Eso hay que comprenderlo, a veces, como una reacción defensiva, en muchos casos fanática y ciega, a la globalización que impone una suerte de“uniformización”de la cultura en escala mundial. Entonces a veces ocurren esas reacciones que suelen ser de fanatismo religioso o de aislamiento cultural que a veces se explican, yo no digo que se justifiquen, pero se explican como respuestas a esta especie de uniformización obligatoria en la época de la“gran hamburguesa planetaria”.

P.¿Frente a la globalización la “glocalización”?

R. El problema es que para recuperar la universalidad de la condición humana, que es lo mejor que tenemos, hay que celebrar al mismo tiempo la diversidad.Esta sería la síntesis de lo que yo creo es la identidad en un mundo, que a mí me parece que anda muy mal porqueo te condena a morir por hambre o te condena a morir por aburrimiento. Son dos muertes que no me interesan (se ríe). La condición humana es muy divertida, muy diversa, muy celebradora de la vida, es un abanico de todos los colores… un arco iris infinito.

P. ¿A pesar de ser nueva Latinoamérica ya tiene una identidad cultural?

R. Hay muchas, por suerte, que de algún modo definen un espacio cultural común. América Latina es una región del mundo donde se encuentra todo lo que busques. Todos los colores, todos los olores… y que suerte que seamos así. Siempre me acuerdo que una vez uno me discutía un disparate desde las altas cumbres de las ciencias; me decía: ¿a ver qué tienen en común un negro de Haití con un gaucho de Las Pampas? ¡Pero hombre, claro que tienen mucho en común!; de repente no lo saben, pero claro que tienen más cosas en común de las que saben que tienen.

Porque unos y otros han sido condenados a la amnesia por una historia oficial enferma de racismo, de machismo, de elitismo y de militarismo. Entonces estamos mutilados en el conocimiento de lo que fuimos, la memoria compartida y en el conocimiento de la realidad. Pero en la medida que luchemos para abrir este conocimiento vamos a descubrir que hay muchísimos más puntos de contacto de los que suponemos que hay. Empezando por los más obvios: en un escándalo que los países latinoamericanos no hayan logrado unirse ni siquiera para hacer frente juntos a la deuda externa. Cosas que parecen de cajón. Entonces negocian por separado, por separado se ahorcan claro.

P. Las Venas Abiertas de América Latina fue escrito al final del año 60. Treinta años después ¿América Latina no está en un proceso de involución?

R. En algunas cosas si, en otras no. La realidad, por suerte, es más rica y más asombrosa de lo que cualquier esquema puede presumir que es. Ella es una señora con mucha capacidad de sorpresa. Pero en líneas generales te diría que en algunas cosas si se ha retrocedido y en otras se avanzó. En las que se retrocedió podemos poner como ejemplo que yo recuerdo cuando escribí “Las Venas”, había una cierta unanimidad universal en torno de algunas cosas elementales: “la pobreza era un resultado de la injusticia”, lo proclamaba la izquierda, el centro lo admitía y la derecha no lo discutía. Había pobreza porque había injusticia…un reparto injusto de los panes y de los peces. Treinta años después ya quedan muy poquitos que digan que la pobreza es el resultado de la injusticia. No digamos de la derecha o del centro, pero hasta en la izquierda ha prosperado esta suerte de certeza de fin de siglo, que la pobreza es el castigo que la ineficiencia merece y por lo tanto no es un resultado de la injusticia, es un acto de justicia. Se jode el que no trabaja o el que no sabe defenderse y el que no sabe competir, el que no es eficiente ni rentable.

P.El sistema es muy perverso…

R. Si, en ese sentido se ha involucionado, es un retroceso. Este mundo es mucho menos solidario de lo que era el mundo del año 70, eso también hay que decirlo. Se han roto mucho los vínculos de solidaridad entre las personas, entre los pueblos y los países. Esta cosa casi unánime hoy por hoy de “arréglate como puedas”.

P. ¿En este sistema es más importante el “parecer” que el “ser”?

R. Si, hoy más importante que parecer es “tener”. El verbo que se conjuga con más fuerza es tener. “Dime cuánto tienes y te diré quién eres y cuánto vales”, eso para las personas y para los países también. Hay una identificación de precio y de valor en el mundo de hoy que a mí me recuerda aquellos versos tan certeros de Antonio Machado que decían: “Hoy cualquier necio confunde valor y precio”. Debe haber sido por el año 30 que escribió eso, pero que actual ¿no? Y por supuesto que también se traduce en esta estupidez de creer que uno es lo que parece ser cuando sabemos que la realidad es infinitamente más rica y misteriosa que sus apariencias.

P. ¿Hay una retórica tecnócrata en el mundo de hoy?

R. Hay que desconfiar de toda esa retórica, de estos oradores profesionales, los técnicos, los expertos en el campo de la cultura, de la política o de lo que sea. Hay toda una tecnocracia en el mundo de hoy con poderes inmensos que ejercen una suerte de dictadura universal, sobre todo los que operan desde los organismos que gobiernan el planeta como el Banco Mundial, el Fondo Monetario o la Organización Mundial de Comercio. Fíjate como es: el Fondo Monetario es el que gobierna todo, es una suerte de gobierno universal y está en manos de cinco países que son los que tienen el 45% del capital. Tanto tienes, tanto votas. Veintitrés países africanos tienen el 1%, Estados Unidos tiene el 17%. Esos son los que mandan el mundo.

P.¿Y las cosas positivas?

R. Creo que las mujeres están mucho más “despabiladas”, o sea que hay un ascenso de los movimientos que han logrado conquistas importantes en el reconocimiento de los derechos de la mujer, no en las constituciones ni en las leyes, sino en los hechos. Se ha avanzado en esto, por lo menos en la toma de conciencia de que la humanidad no está formada solo por la mitad de la humanidad. En otro plano que te diría se evolucionó mucho es en el de la conciencia ecológica. Ahora está de moda y todos son verdes, hasta los asesinos del planeta. Pero eso indica quela hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud.

P. El Banco Mundial tiene justamente líneas de créditos para el medio ambiente…

R. Seguro, es como alguien que crea el enfermo y después le vende los remedios.

P. ¿Qué opinión le merece la discusión ética sobre el genoma humano?

R. Bueno, recién empieza esto, vamos a ver qué pasa, pero yo comparto el pánico y la indignación de gente que ha reaccionado contra la posibilidad que esto se convierta en un objeto de uso comercial y que terminen manipulándonos a todos. ¡Qué será de nosotros! Porque además fíjate que hay una larguísima tradición de racismo en el mundo, pero esa tradición se multiplicó mucho más o menos en los últimos cinco siglos. O sea el racismo se agudizó a partir de la mercantilización universal desde el siglo XVI en adelante. Porque fue instrumento de dominación esta idea de que el color de la piel define el valor de una persona o que hay seres superiores y seres inferiores y entonces me da un poco de pánico en ese sentido.

P.¿La historia la escriben los que ganan por eso hay un cronista que se llama Eduardo Galeano que nos cuenta la “otra historia”?

R. Hay mucha gente que trae la otra historia, pasada y presente, porque fíjate que la tarea es revelar la realidad que viene enmascarada. Yo sé que la realidad es neblinosa, contradictoria, difícil de descifrar, misteriosa, pero también es verdad que hay máscaras interesadas que nada tienen de inocentes, impuestas por un sistema que oculta, tergiversa, disfraza, miente. Entonces el gran desafío para el que escribe es la revelación de esa realidad escondida. La que fue, la que es, pero también a partir de una necesidad de celebración. Yo creo en aquella definición tan linda de Carpentier de lo “real maravilloso”. América tiene lo real maravilloso y tiene lo real horroroso. Pero lo maravilloso y horroroso son hermanos siameses, tienen las espaldas pegadas… la vida viene así. Así se barajan los naipes de la vida.

P. ¿En Latinoamérica seguiremos siendo tan dependientes?

R. Tanto como eso te diría que no. Esta es una región del mundo con tremendas reservas de dignidad y que uno apuesta a esa dignidad, pero reconozcamos que el panorama se ha hecho bastante complicado. Hay una imposición de un sistema de valores que corresponden a un modelo social que a mí no me gusta, pero que hoy por hoy se acepta como el único posible: la “Macdonaldización” del mundo. Para mí es un ejemplo perfecto Mc Donalds, te da de comer comida basura e impone la comida de plástico como modelo universal de la buena comida, lo que es un atentado cultural terrible, un acto criminal contra la diversidad cultural del mundo.

¡Por favor!, la barriga es una zona del alma y la boca su puerta. El inmenso placer de comer que hasta los hambrientos sienten, porque hasta en la mesa del pobre lo poco que se tiene, cuando se mantienen vivas las tradiciones de la cultura propia, eso tiene cierta gracia y la invención casi mágica de la gracia con la nada. Como decía un director de orquesta en Uruguay: “y bueno, este es un país pobre, aquí hay que saber cocinar con agua”. También cocinar con agua puede ser una fiesta. La imposición de un modelo de comida es un atentado contra la salud y sobre todo contra la cultura. ¿Pero por qué Mc Donalds es un símbolo perfecto? Porque prohíbe que sus trabajadores se sindicalicen. Son dos siglos de luchas obreras tiradas por la ventana. Este símbolo de la democracia occidental prohíbe los sindicatos. Entonces este es el modelo que se impone y a mí no me gusta ni un poquito.

P.¿Qué lo enamora y qué odia de las ciudades?

R. Yo lucho contra la traición de las ciudades. Las ciudades desde su muy remoto origen fueron creadas como espacio de encuentro. Hoy las ciudades son espacios de encuentro entre las máquinas, creo que es una hazaña ahora en las grandes ciudades ejercitar los dos derechos humanos más elementales de todos: el derecho de respirar y el derecho de caminar, las dos cosas más obvias, más mínimas. Nosotros en América Latina tenemos la mala costumbre de copiar desde hace ya mucho tiempo, es una herencia colonial; la idea de que el mejor es el que mejor copia y no quien tiene la audacia de crear aunque creando se equivoque. Ya que somos copiones por lo menos vamos a elegir un poquito mejor los modelos, porque el modelo de las ciudades latinoamericanas es Los Ángeles. ¿Por qué no elegimos como modelo Ámsterdam o alguna otra de las ciudades europeas que son todavía espacios humanos, que no son propiedad de los automóviles sino de la gente?

P. ¿Qué es eso del “dolor agregado”?

R. Es una cosa que invente estos días, una mosca que se me metió en la cabeza. Porque los economistas hablan mucho del valor agregado que es un criterio económico discutible. Valor agregado es el aumento de precio de una mercancía como resultado de su circulación en el mercado o su transformación industrial. Fíjate, parezco un profesor de Harvard (nos reímos). ¿Pero cuál es el “dolor agregado”? El dolor “evitable”, porque la condición humana tiene luces y sombras, estamos condenados al dolor y al amor. Pero hay dolores que no provienen de la pasión humana ni de la muerte; son los “dolores agregados” por un sistema enemigo de la gente y la naturaleza. Todos los días tienes ejemplos mirando el diario. La globalización multiplicó el dolor agregado, contra la naturaleza y contra la gente. Este proceso de imposición de valores universales centrados en la mercancía y en la rentabilidad implica un envenenamiento del agua, de la tierra, del aire, pero también del alma.

P. Según su libro La Escuela del Mundo al Revés, ¿cuál es la responsabilidad de la educación en la prevención del “dolor agregado”?

R. La vida no es tampoco un campo de rosas, ni en el mejor de los casos. Hay cosas que ni el capitalismo ni el socialismo ni la anarquía ni nadie van a poder resolver. Pero el problema es el “dolor agregado”, cuando el sistema incorpora dolor al dolor. Y claro que la educación cumple un papel importantísimo; el problema es que hoy por hoy la educación “deseduca” porque está en manos de los grandes medios que te transmiten el sistema de valores del sistema que genera el “dolor agregado”. Valores de violencia, valores de la muerte, valores de consumo que te están repitiendo día a día tu eres lo que tienes, tu eres lo que compras. Todo en nombre de una presunta “objetividad”.

Ahora se publicó en EE.UU. un libro muy interesante sobre la guerra del Vietnam, que ocurrió hace ya tantos años. Y ahí ya estaba claro en qué consistía la objetividad de los grandes medios de comunicación. En este libro, que es un estudio muy cuidadoso y minucioso de los espacios dedicados en la televisión, la radio y los diarios durante la guerra de Vietnam, la conclusión es que “el enemigo” que después resultó triunfante ocupó el tres por ciento del espacio de la información y de la opinión. ¡O sea noventa y siete a tres!; esa es la “objetividad”. Yo no creo ni creí nunca en la objetividad en ningún caso, no solo en los medios de comunicación. Cuando hablo con vos estoy siendo subjetivo, cuando evoco lo que me ocurrió, cuando interpreto algo que me ocurre en la vida privada o colectiva soy ¡absolutamente subjetivo! La diferencia está en que yo lo digo y lo asumo. Digo ¡si, como no, yo soy un hombre de pasiones!

P. ¿Estamos en una etapa de “frivolidad mediática”?

R. Viste como hacen los científicos que nombran las eras cuaternaria, terciaria, glaciar…, bueno venimos nosotros ahora de la era “Lewinskiana”, que es una era que abarcó un año y medio decisivo en la historia de la humanidad, que consagró toda su energía de comunicación a la transmisión de estas jornadas épicas en el Salón Oval de la lingüista Mónica Lewinski con el presidente del planeta. Yo creo que ese es un retrato certero, perfecto, de lo que son los medios de comunicación en el mundo de hoy. Podemos elegir quinientas…mil maneras entre lo mismo y lo mismo. Estuvimos todos condenados en el planeta entero a desayunar a esta señorita, almorzarla, cenarla a todas horas. Pero no había quien se salvara de eso.

P. ¿Qué conceptos le merecen las comunicaciones actuales, por ejemplo Internet?

R. Es un medio no un fin. Se enredan mucho los medios y los fines sobre todo en el mundo de hoy. Los medios han ocupado el lugar de los fines, o sea hay una usurpación de los fines por parte de los medios. Se supone que es al revés, pero hoy somos instrumentos de nuestros instrumentos. Entonces los automóviles nos manejan, los supermercados nos compran los televisores nos miran y las computadoras nos programan. Pero los medios no tienen la culpa; el problema es el uso que se hace de ellos y la inversión de valores que los colocan en el centro del universo.

Yo creo que Internet ha abierto espacios de comunicación alternativos muy importantes. Es una paradoja al revés, por fin una paradoja linda, una paradoja buena. Internet es un sistema mundial de comunicación organizado al principio al servicio de fines militares; nace al servicio de la cultura de la muerte y sin embargo se ha convertido en un centro de resonancia de voces alternativas que antes resonaban en campana de palo y que hoy, por medio de Internet, encuentran un espacio muchísimo más amplio. Y esto permite también articular movimientos que son inspirados por la lindísima idea de que el planeta Tierra puede ser salvado, de que la condición humana no es tan jodida como creemos y que la solidaridad todavía es posible. Todos esos movimientos ecologistas, feministas, de derechos humanos, de defensa de la diversidad sexual, de las radios comunitarias, etc., han encontrado espacio para tejer una red.

P. ¿Cuál es su concepto de héroe?

R. Para mí los grandes héroes no son los que están inmortalizados en el bronce o en el mármol sino que son la gente anónima, desconocida que practica el heroísmo de la vida cotidiana y que es capaz de no sacrificar sus ideas, sus convicciones, sus principios en función de sus conveniencias. Entonces, de repente para mí un gran héroe es un hombre que se levanta a las seis de la mañana, que trabaja doce o catorce horas y que sin embargo sigue siendo leal a ciertos principios y valores, sigue creyendo que esos valores valen la pena, y que a pesar que todo está en contra no se ha dejado convencer por la idea de que se vive para trabajar e intenta trabajar para vivir. O sea que no ha perdido de vista que el fin de la vida humana no es convertirse en hormiga. ¡Es un héroe!, ¿Cómo trabajando 14 horas por día algunos pueden tener todavía buen humor, la capacidad de amor? Para mí esos son los héroes…

P. ¿Perdió la fe en la condición humana?

R. No, no… la pierdo cada dos horas más o menos, el promedio es ese (nos reímos), pero la recupero… y creo en ella por eso… porque la recupero y la pierdo. Yo no creo en la gente que tiene una fe blindada a salvo de la duda, a salvo de la desesperanza. Son hombres de madera. Hay un hermoso mito Maya de la creación de la condición humana. Según los Mayas fuimos todos hechos del maíz y por eso tenemos distintos colores. Pero antes de que los dioses nos hicieran del maíz hubo algunas tentativas muy chambonas que les salieron pésimas. Una dio como resultado el hombre y la mujer de madera. Los dioses estaban aburridos y no tenían con quien hablar porque eran de madera y tampoco tenían aliento. Yo siempre que leo ese mito me digo: bueno pero si no tenían aliento tampoco tenían desaliento. Si yo tengo desaliento es porque tengo aliento… por lo tanto no soy de madera. ¡Qué suerte que no soy de madera!

* Fragmento de la entrevista completa publicada en: http://www.carbonell.com.ar/ Bogotá, Colombia. 27 de agosto de 2000.

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