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Área: Internacional >> Latinoamérica
Actualizado el 2012-09-09 a horas: 22:44:47

En Venezuela, hoy es imposible ganar una elección con un discurso de derecha

Hugo Chávez sería reelecto con más del 50% de votos

Alfredo G. Pierrat y Lianet Arias Sosa *

Caracas, (PL).- A un mes de las elecciones presidenciales del 7 de octubre en Venezuela, casi todas las empresas encuestadoras dan por segura la victoria del presidente Hugo Chávez. En el último sondeo de International Consulting Services (ICS) el 63% de los consultados dijo que apoyará la reelección. La oposición de derecha parece estar consciente de la imposibilidad de evitar la victoria del oficialismo.

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En un escenario político claramente polarizado, los casi 19 millones de ciudadanos venezolanos inscritos en el padrón electoral deberán escoger el 7 de octubre entre dos modelos de sociedad representados por Hugo Chávez y Henrique Capriles Radonski.

A un mes de los comicios presidenciales, el escenario parece definitivo: el mandatario Chávez se afirma como favorito, mientras que la oposición, desestimando profundos cambios de índole social, intenta conectarse infructuosamente con las mayorías.

Para muchos investigadores, el proceso de transformaciones liderado por el gobernante ha dejado inéditas huellas, luego de 13 años signados por el énfasis en los menos favorecidos, a través de programas para ampliar el acceso a la salud, la educación, la alimentación o la vivienda. Sin embargo, los cambios no se detienen aquí, y son más visibles en lo que -a juicio del presidente de la agencia de inteligencia Hinterlaces Oscar Schémel- representa una maduración democrática, ciudadana y política.

El directivo, que encabeza una de las principales empresas de estudios de opinión en este país, dijo a Prensa Latina que los venezolanos se sienten involucrados en la agenda pública, y todos los sectores, fundamentalmente los populares, participan en el debate político y en la actividad social.

Por eso, una de las grandes debilidades de la oposición, que le ha impedido convertirse en una alternativa, parece residir en la incomprensión acerca del surgimiento de una nueva cultura política e, incluso, identidad nacional. Al negar el liderazgo del dignatario y lo que ha significado, la oposición reduce el debate sólo a su figura, y no está observando, comprendiendo, interpretando las transformaciones culturales producidas en la sociedad, aseguró.

En su opinión, tal realidad se asocia mucho a la calidad de las élites intelectuales, “que se han convertido más bien en agitadores políticos, en funcionarios de partidos o de las élites económicas”, y a la óptica de clase, “que desprecia la condición popular y niega la madurez política de los sectores populares”.

“De hecho, explican la popularidad del Presidente a través de una relación clientelar: para ellos, el respaldo a Chávez tiene que ver más con los programas sociales, que con una identificación con los ideales y con el modelo de inclusión”, sostuvo.

Cuando se les pregunta acerca de los ideales del Jefe de Estado, los simpatizantes del mandatario se identifican rápidamente y aluden a la justicia social, la inclusión, la participación, la solidaridad y la atención a los pobres, según resultados de Hinterlaces. Sin embargo, a los seguidores del candidato opositor Capriles se les dificulta definir los ideales del aspirante y la mayoría hace referencia a una oferta programática que, a todas luces, resulta muy poco consistente.

Capriles, el aspirante por la llamada Mesa de la Unidad Democrática, presentó el 10 de junio último ese programa de gobierno ante el Consejo Nacional Electoral (CNE). De acuerdo con el presidente de la encuestadora, esa oferta, basada fundamentalmente en propuestas programáticas, apunta a soluciones muy etéreas en relación con los problemas, mientras que temas como la desigualdad, la justicia social y la democracia están ausentes.

Del modelo de sociedad que Capriles propone solo es posible hablar a partir de conjeturas, pues los detalles de lo que el candidato pretende hacer si llegara al gobierno son escasos y en sus pronunciamientos se limita a promesas de progreso que nunca define y mucho menos explica como concretarlas.

Tampoco el programa de gobierno que Capriles presentó al CNE despeja las dudas, pues, salvo algunas menciones específicas, está lleno de enunciados generales y muy pocas precisiones sobre sus objetivos. Sin embargo, no hace falta mucha imaginación para inferir el rumbo que tomará Venezuela en un eventual gobierno presidido por este candidato, a quien Chávez calificó, durante un discurso pronunciado el 11 de agosto en el estado Táchira, de “burguesito miamense”.

“Es uno de los hijos de la burguesía venezolana que se enriqueció robándole al pueblo (...) y su programa no es de él, es de Fedecámaras, de la alta burguesía, de los golpistas de abril (de 2002), de la derecha de Estados Unidos”, señaló el presidente en esa ocasión.

Políticos, parlamentarios y analistas han coincidido en que el modelo real de la oposición sí existe, pero tales sectores lo ocultan porque significa exponer una visión contraria a los paradigmas y expectativas de esta sociedad.

Algunos detalles sobre el modelo de sociedad que defiende el candidato opositor pueden encontrarse en declaraciones de representantes de las fuerzas que él representa. Un ejemplo es el presidente de la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras), Jorge Botti, quien a mediados de agosto dijo que bajo un gobierno de Capriles, la economía venezolana se abriría al mercado para poder desarrollarse.

La alusión al retorno del modelo neoliberal, con una liberalización total de la economía y la reducción del aparato estatal es clara en las declaraciones del presidente de Fedecámaras, entidad que desempeñó un papel protagónico en el golpe de Estado de abril de 2002 contra Chávez. Su principal dirigente de entonces, Pedro Carmona Estanga, fue la cara visible de los golpistas, quienes lo invistieron presidente de la República, aunque por la efímera duración de la asonada se le conoció después como Carmona el Breve.

Evidentemente, refiere Schémel, hay una mayor conciencia social, y una propuesta que la gente perciba como restauradora del modelo de exclusión (que acentúe las desigualdades y privilegie los intereses de las élites), recibirá un rechazo mayoritario. Si algo parece seguro entre los objetivos de un eventual gobierno opositor es la privatización total o parcial de Pdvsa, el regreso de las transnacionales petroleras estadounidenses y el abandono de las políticas dirigidas a mantener en un nivel adecuado los precios internacionales del crudo. La principal consecuencia a muy corto plazo sería el desmontaje de las misiones sociales, que en su casi totalidad son financiadas con recursos generados por las exportaciones de petróleo.

A juicio de algunos analistas, la vaguedad del discurso de Capriles responde a la necesidad de ocultar sus verdaderos objetivos, pues de revelarlos, correría el riesgo de perder el favor de una parte de sus potenciales votantes. Es un candidato de derechas, a quien su comando de campaña le ha orientado formular propuestas cercanas a la izquierda, porque en la Venezuela de hoy es imposible ganar una elección con un discurso de derecha, opinó recientemente Jesse Chacón, director del Grupo de Investigaciones Sociales Siglo XXI.

De esa realidad está consciente un sector de la derecha venezolana, el cual también está convencido de la imposibilidad de impedir por medio de las urnas la reelección de Chávez, algo que seguramente se conoce desde hace tiempo en los centros de poder de Washington. Con una de las reservas probadas de petróleo más grandes del planeta, Venezuela es para Estados Unidos una presa de la que no se puede prescindir y según el criterio de diversas fuentes, un plan B, en el que Washington desempeña un importante papel, ya está en ejecución en la nación sudamericana.

De creer lo que denunció a mediados de agosto un diario de Caracas, existe un plan para provocar en Venezuela el mayor caos, violencia y enfrentamiento posibles, si como todo indica, el presidente Chávez emerge triunfante de las elecciones del 7 de octubre. Según señaló ese periódico en un editorial, las instrucciones con tal objetivo fueron impartidas por el gobierno estadounidense a “la burguesía criolla” por intermedio de su embajada en esta capital.

Se trataría de realizar acciones principalmente en los estados donde las gobernaciones y alcaldías se encuentran en manos de la oposición, las cuales contarían con el apoyo de mercenarios contratados que ya se encuentran en Venezuela. El plan consistiría en tratar de evitar a toda costa que se instale un nuevo gobierno de Chávez, un escenario que requerirá la inmediata denuncia del supuesto fraude electoral para generar seguidamente la condena interna y foránea y una eventual intervención estadounidense en el país.

Sea cierto o no, múltiples indicios derivados de la actuación durante los últimos meses de líderes opositores apuntan en esa dirección, y el gobierno parece estar al tanto, pues el propio presidente ha reiterado las advertencias y alertado sobre las consecuencias de tales acciones.

El plan B de la oposición

En la medida en que se acercan las elecciones presidenciales fijadas para el 7 de octubre, los sectores opositores al gobierno del presidente Hugo Chávez dejan ver con mayor claridad sus intenciones de recuperar por cualquier medio el poder perdido en 1999. Numerosos analistas locales advierten desde hace varios meses sobre planes de cierto sector de la oposición, dirigidos a crear el caos y la desestabilización en el país, ante la certidumbre de una casi inevitable reelección del mandatario en la venidera cita electoral.

Según las conclusiones de estudios realizados por Hinterlaces, la estrategia electoral de la oposición comenzó por intentar reducir la percepción de que podrían significar una amenaza para la continuidad de los programas sociales impulsados por el gobierno. La campaña de Capriles, añadió Schémel, también está aprovechándose de problemas cotidianos como la inseguridad y el alto costo de la vida, dos de las mayores preocupaciones de los venezolanos, para intentar convertirse en una opción.

Sin embargo, la más peligrosa táctica de la derecha, que ha despertado alertas incluso en la región latinoamericana, consiste en cuestionar al CNE, aunque su confiabilidad ha sido avalada más de una vez por expertos internacionales. “Desde hace semanas estamos viendo prácticamente una campaña programada para sembrar dudas acerca de la independencia del órgano electoral y de que los resultados pudieran estar comprometidos”, aseveró el directivo.

Para muchos, la postura opositora con respecto al árbitro comicial -al que Capriles irrespeta al emplear símbolos patrios en campaña-, intenta conformar una matriz de opinión que ilegitima al CNE y preanuncia una supuesta situación de fraude. Otro síntoma confirma esa intención: en semanas recientes, la oposición se ha hecho eco y respaldado a encuestadoras de cuestionable valía y ninguna tradición, que señalan un supuesto empate técnico entre Chávez y Capriles.

Hinterlaces vaticina dos probables escenarios sobre la base de la actual situación: en uno, la brecha a favor del presidente oscila entre 15 y 22 puntos y no surgen eventos extraordinarios que generen angustia colectiva. En otro, se instala la angustia colectiva, y la brecha se cierra. Aunque aun así ganaría Chávez, una brecha muy pequeña podría eventualmente alimentar o soportar los cuestionamientos a los resultados electorales y crear una situación de inestabilidad política, advirtió el experto.

“La sórdida campaña de la burguesía, no la que sucede en la superficie, sino aquella soterrada, sutil, oblicua, la que incide en la psiquis colectiva, está en pleno auge”, afirmó el periodista Toby Valderrama, en un reciente artículo de su habitual columna Un grano de maíz, que publica el diario Vea.

En esa campaña se insertan las reacciones de líderes opositores y medios de prensa privados en torno al trágico incidente ocurrido el sábado 25 de agosto último en la refinería de Amuay, la mayor de Venezuela, con un saldo de más de 40 fallecidos y cerca de un centenar de heridos. En horas de la madrugada de ese día, una fuga de gas en una de las áreas de almacenamiento de hidrocarburos provocó una fuerte explosión, que ocasionó graves daños materiales en ese sector de la refinería y en las zonas urbanas de la cercanía, además de las víctimas humanas.

Desde que se conoció el suceso y durante varios días, mientras se luchaba por apagar el fuego provocado por la explosión, se multiplicaron las declaraciones, marcadas por un denominador común: desacreditar a la actual dirección de la industria petrolera venezolana y culpar al presidente Chávez del desastre. Incluso, la televisora Globovisión, punta de lanza de la oposición mediática al gobierno de Chávez, sacó del ostracismo a José Toro Hardy, integrante destacado de la llamada Meritocracia que dirigió Petróleos de Venezuela (Pdvsa) hasta el sabotaje petrolero de 2002-2003.

En declaraciones divulgadas por esa televisora privada, Toro Hardy calificó lo ocurrido en la refinería de Amuay de “el siniestro más grande en la historia de Venezuela” y lo atribuyó “al despido de los especialistas en materia petrolera durante el año 2002”. Otros medios se pronunciaron en esa misma línea y atribuyeron el suceso a falta de mantenimiento y a advertencias sobre problemas en la refinería que no fueron atendidos por la dirección de Pdvsa, porque “los gerentes estaban pendientes del simulacro de las elecciones (previsto para el día siguiente) antes que de sus funciones”.

Capriles, por su parte, dijo desconfiar de los trabajadores de Pdvsa que están comprometidos con la Revolución Bolivariana y afirmó que cuando sea presidente colocará en la empresa petrolera a “a trabajadores que estén comprometidos con la industria y no comprometidos con un partido político”.

El síndrome de Atocha

En horas de la mañana del 11 de marzo de 2004, en la madrileña estación de Atocha, varios artefactos explosivos estallaron en un tren de cercanías, con un saldo de 191 personas fallecidas y 1.858 heridas, en lo que fue calificado del segundo mayor atentado terrorista perpetrado en Europa hasta entonces. Tres días después, se efectuaron las elecciones legislativas, para la que todas las encuestas vaticinaban que el candidato del Partido Popular, Mariano Rajoy, se alzaría con el triunfo y relevaría a José María Aznar en la jefatura del gobierno.

Sin embargo, el triunfo se lo llevó el socialista José Luis Rodríguez Zapatero con una ventaja del 4,9% de los votos, un resultado atribuido a la influencia de los atentados sobre el electorado español. Entonces, numerosos analistas de la prensa madrileña coincidieron al afirmar que el vuelco en las elecciones se debió a la irritación causada por la manipulación informativa del gobierno sobre el atentado, lo que se sumó al descontento por la participación de España en la invasión a Irak.

Ahora, en Venezuela, la situación es otra y, por el momento, se ignoran las causas exactas que originaron la explosión en la refinería de Amuay. La persistente y amplia brecha que separa en intención de votos a Chávez de Capriles en la mayoría de las encuestas, ha motivado en varias ocasiones preguntar a los especialistas si la consideran irreversible.

A juicio de Oscar Schémel, presidente de la encuestadora Hinterlaces, una de las más prestigiosas firmas consultoras del país, esa ventaja es irreversible, salvo que ocurra algún “evento extraordinario que genere una angustia colectiva”. “Una miserable derecha venezolana se está aprovechando de lo sucedido en Amuay para crear una matriz de opinión que siembre el miedo entre los venezolanos”, dijo el periodista Mario Silva en su programa La Hojilla, que transmite Venezolana de Televisión.

Todo indica, en resumen, que el tratamiento que la oposición política y la oposición mediática han dado al incidente de la refinería de Amuay, intenta, a todas luces, propiciar en octubre, en Venezuela, lo que los socialistas españoles alcanzaron ocho años atrás en Madrid como consecuencia del atentado de Atocha.

Guerra contra encuestas

La victoria de Chávez en esos comicios se da por prácticamente segura en la mayoría de las encuestas y las empresas consultoras que realizan de manera periódica esos estudios solo difieren al valorar el tamaño de la ventaja que el presidente obtendrá sobre su principal adversario Henrique Capriles Radonski.

Con variaciones muy ligeras, casi todos los sondeos de opinión otorgan una intención de voto que oscila alrededor del 30% a favor de Capriles, candidato único de la mayor parte de las formaciones opositoras y genuino representante de la élite económica y financiera privada. Esas mismas encuestas vaticinan la reelección del Jefe del Estado con porcentajes de votación superiores al 57%, mientras que el propio Chávez intenta ir más allá, al exhortar a sus partidarios a buscar el 70% de los sufragios.

En la conversación con Prensa Latina, Schémel hizo referencia a la campaña por parte de seguidores y representantes de la llamada Mesa de la Unidad Democrática contra empresas con tradición y prestigio que dan como ganador a Chávez. Todas ellas, desde Consultores 30.11 hasta el Grupo de Investigación Social Siglo XXI, auguran una contundente victoria del mandatario, que lograría una ventaja de más de 15 puntos sobre Capriles.

La propia Hinterlaces, en su estudio del 28 de julio al 5 de agosto, asevera que el dignatario alcanza un 48% de intención de voto, frente a su oponente, que llega al 30%. Precisamente sobre esta empresa, los ataques de la oposición han sido -en palabras de su presidente- particularmente obsesivos y feroces.

Por otro lado, el 63% de los venezolanos que aseguraron su intención de votar en los comicios del 7 de octubre lo hará por el presidente Hugo Chávez, y el 36,4% favorecerá al opositor Henrique Capriles, informó el pasado viernes el director de International Consulting Services (ICS) Juan Escorza.

La encuesta de ICS, realizada entre el 10 y 27 de agosto, abarcó 2.200 entrevistas en todo el país, en una muestra representativa por edad, sexo y estrato social. La cifra representa una brecha de 26,6% a favor de Chávez, significó Escorza y resaltó que, según el balance histórico de intención de votos, la diferencia favorable al Jefe de Estado se ha mantenido estable desde julio de 2011 hasta la fecha.

A un mes de las elecciones presidenciales “somos partidarios de la tesis de la irreversibilidad. Nuestra convicción es que esta tendencia no va a cambiar”. Escorza añadió que el 69% de los interrogados valora la gestión del mandatario de excelente, buena o regular a buena, y el 57,7% considera que representa lo nuevo para la nación sudamericana. Asimismo el 68,39% de los entrevistados aseguró tener confianza en la labor del Consejo Nacional Electoral, y el 57,2% afirmó que votaría por el Partido Socialista Unido de Venezuela, frente al 17,9% que lo haría por el opositor Primero Justicia.

La mayoría de las encuestadoras que recién han publicado sus resultados, reflejan una brecha de 18% o más a favor del presidente Chávez. Sin embargo el opositor Capriles Radonski ha reiterado que posee resultados de estudios donde esa distancia entre candidatos es mínima, son favorables a su persona o muestran un posible empate.

Sobre el tema, Escorza aseveró a Prensa Latina que hay diferentes formas de hacer investigaciones: por vía telefónica, en puntos de intersección de la población (como las paradas del Metro), a partir de medir el tamaño de una concentración o acto de campaña, entre otras. Pero lo más importante, acotó, es que la muestra sea representativa y hacer el trabajo con mucha seriedad; “nosotros lo hacemos así, incluso pedimos hasta la partida de nacimiento del encuestado, y los resultados son los mostrados”.

El último mes de la campaña electoral en Venezuela se inició con un simulacro cuyos resultados mostraron la amplia ventaja a favor de la reelección del presidente Hugo Chávez. El pasado 2 de septiembre se realizó un ensayo, convocado y organizado por el CNE, que abarcó la ubicación de 1.553 centros de votación a lo largo de la geografía venezolana.

Aun cuando el CNE ratificó que el objetivo del simulacro no era informar resultados de votos, sino afinar detalles para el mejor desarrollo de los venideros comicios, los Comandos de Campaña de las partes contendientes sacaron sus propias cuentas.

El conteo rápido realizado en todos los puntos de sufragio por el Comando de Campaña Carabobo, que promueve la candidatura de Chávez, determinó que el 86% del millón 600 mil venezolanos participantes en el ensayo, votó a favor de la reelección del presidente. En tanto, el candidato opositor solo obtuvo el 12% de los sufragios.

* Corresponsales de Prensa Latina en Venezuela.

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