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Área: Sociedad >> Regiones
Actualizado el 2012-09-05 a horas: 16:45:05

Chacha-Warmi boliviano en la dirigencia de la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI)

Mama Rosiyo Patty de Quispe: “Aún golpeada, sigo queriendo luchar”

(Equipo de Comunicación Indígena Originario).- Mama Rosiyo Patty de Quispe es de Coro Coro, provincia Pakajes de La Paz. Llegó a la dirigencia del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ) en 2009, siempre de la mano de su esposo, tata Rafael Quispe Flores. Las críticas de la pareja al gobierno de Evo Morales les han costado decenas de conflictos con familiares, amigos, compañeros y funcionarios del Movimiento Al Socialismo (MAS), quienes desde un primer momento eligieron como método de debate la calumnia, los ataques verbales y falsas acusaciones, que siempre recayeron sobre tata Rafael, hasta ahora la cara más visible del matrimonio.

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A pesar de que el Presidente instruyó a todas las estructuras del Estado Plurinacional eliminar políticamente a Quispe, no pudo porque jamás lograron comprobar ni uno de los múltiples delitos que endosaban al entonces dirigente del CONAMAQ, entre ellos que sería agente del imperialismo de Estados Unidos.

Como no consiguió una excusa para enjuiciar o meter preso a Quispe, el MAS recurrió a las agresiones y a las golpizas contra él y su familia, como una manera de atemorizarlo y alejarlo de la lucha de los pueblos indígenas. De al menos dos episodios de violencia nunca se olvidará mama Rosiyo. El primero fue el 25 de septiembre de 2011, cuando la Policía Nacional reprimió brutalmente a la Octava Marcha Indígena, que se dirigía a La Paz, adonde finalmente llegó. En esa ocasión, su hija Jimena, entonces de 11 años, recibió de un policía un palazo en pleno rostro. Esa noche perdió mucha sangre y la cicatriz le quedará para siempre.

El segundo y último ataque fue el 6 de Agosto pasado, en Coro Coro, adonde concurrió toda la familia por la fiesta patria. En un momento, un grupo de empleados de la empresa minera Coro Coro agarraron al tata Rafael cuando estaba solo en el baño y le dieron una golpiza que también podrá recordar por las nuevas cicatrices en la cara. Y si no quedó peor, fue porque su esposa y sus hijos lo defendieron de los seis maleantes.

A pesar de que los violentos del masismo son cada vez más radicales, mama Rosiyo piensa que ella y su esposo no hacen nada malo, por lo cual seguirán en su lucha hasta conseguir que el Gobierno respete sus culturas y sus territorios ancestrales.

En agosto de 2012, asumieron como Chacha-Warmi la dirigencia en la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI), que reúne a movimientos originarios de Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Argentina y Bolivia.

P. ¿Cuál será su función como dirigenta de la CAOI?

R. Tengo que decir todo lo que pasa en Bolivia, que Evo no está cumpliendo con el pueblo. Así pienso y no me van a bajar a mí ni me van a cambiar, tengo una sola posición. No voy a dejar que mis hermanos sigan sufriendo avasallamientos en sus territorios, no lo voy a permitir. Tengo un mandato y voy a cumplirlo: hacer ver qué pasa en Bolivia con el avasallamiento de los territorios, con la vulneración de nuestros derechos. Dicen que respeta el Evo Morales a los pueblos indígenas, pero no es así, aquí más bien está vulnerando nuestros derechos, desuniendo nuestras organizaciones, perforando a los pueblos indígenas. Y esto bien clarito lo voy a decir, cueste lo que me cueste.

P. ¿Qué experiencia le quedó de su participación en la Octava Marcha Indígena?

R. Me han entrevistado periodistas de otros países y también me han preguntado por mi participación en la Octava Marcha. He dicho lo que he vivido, lo que he sufrido como mujer. Me han preguntado por la represión de Chaparina más que todo (el 25 de septiembre de 2011) “¿Has sido golpeada, no?” Sí, lo he sido “¿A tu hija más han golpeado?” Les dije que esa era la verdad ¿Cómo te sientes de ser golpeada, maltratada? ¿A alguien has cuestionado por eso? No, a nadie. Yo nada más he entrado a la marcha para defender los derechos, eso no es delito “¿Ahora qué piensas?” Seguir luchando, si es posible voy a dar mi vida.

P. Ha participado en algunos encuentros internacionales ¿Cómo se ha sentido con las organizaciones indígenas de otros países?

R. Las organizaciones sociales de otros países están luchando también por sus derechos, así como nosotros por los nuestros. Decía que tenemos que estar más unidos, unirnos con ellas, para poder luchar con toda esa fuerza. Eso he pensado en mí: tenemos que unirnos. Lo que aprendes, aunque tropieces, porque así aprendes, no es para que te lo guardes. A las bases les cuento que así también pasa allá, así también pasa en ese país, eso he dicho días atrás en Caquingora Marka. Allí una señora me dijo: “Yo pensaba que ustedes lo criticaban al Evo porque querían que se salga del Gobierno”. Le he explicado que no es así.

Ahora, algunos hermanos de Bolivia piensan que nosotros estamos en contra de ellos, en contra del Gobierno, pero no es así. Eso hay que hacerles entender: por qué estamos luchando, porque queremos que nos respeten en nuestros territorios para tener aire fresco, aire libre. Porque más adelante no vamos respirar como ahorita: nos van a hacer pagar para respirar. Hasta el agua en otros países es cara, un vasito ¿cuánto cuesta? Eso no tenemos que querer y tenemos que seguir luchando, eso es lo que no entienden algunos: no estamos contra el Gobierno, es toda Bolivia y todos los países que están igual.

P. ¿Y cómo ha estado en esos tiempos, alejada de sus hijos?

R. Durante los días en Brasil (Rio+20, en julio de 2012) medio raro me sentí, porque me faltaban mis hijos. Pero ellos me habían dicho: “Tienes que ir siempre”. Mi hija (Jimena, de 12 años) me apoya, más que mi tata me apoya mi hija. Cuando regreso a casa me dice: “¿Qué cosa has traído, qué documento?”. Ella me dice: “Anda mami, solamente me vas a llamar por teléfono, si no puedes yo te voy a llamar, también voy a estar viendo a mi hermanito”.

Cuando mi hija me apoya tengo más ganas pues. Ella me dice que vaya, ella me dice que estudie. “Ahora estudia mami ¿o acaso eres viejita? Entra a estudiar”, así me dice. Ahora me vine hasta acá y ella me dijo: “Voy a estar recogiendo yo la ropa, vos bajá nomás”. Además cocina la Jimenita, rápido cocina. Todo eso más bien me da más fuerza a mí. Ahora más Internet tengo que empezar a usar, eso es lo más importante para mí. Limberg ahora ha desfilado abanderado, son los mejores alumnos de sus cursos mi hijita y mi Limberg.

Ella ya se hace tecito, sirve, da a su hermanito, después se sale y no te miente mi Jimena. “Mamita estoy yendo a tal lugar ¿O me acompañas?”, así me dice. Tienes que ser su amiga de tu hija, porque si vas a estar riñendo, gritando, ella no te va a avisar lo que haga. Si preguntas “¿cómo es? ¿Qué ha pasado?”, te explica. A mí me avisa como si fuera su amiga yo.

P. Usted siempre había participado en actividades de organizaciones sociales acompañada de su esposo, Rafael Quispe. Pero ahora usted está empezando a participar por su lado.

R. Yo he dicho que tampoco puede ser, junto junto no puede ser siempre. A algún lado me van a llamar y tengo que ir yo también y hacer. Toda la vida no podemos estar así de juntos con mi tata. Aquí estoy, viajo, vengo, casi siempre solita. Así siempre era yo, cualquiera cosa hago yo, hago mantas, polleras costuro también. Como me dice el tata Rafo: “Te haces tus cosas”. Más bien, gracias a mi mamá no me ha enseñado floja. Por la equidad de género tenemos la misma fuerza las mujeres y los hombres. No podemos estar siempre colgadas del tata, nosotras tenemos que ir como mujeres también. “Poco más ya me vas a pisar”, así me dice pues el tata Rafo. Así tenemos que aprender también.

P. ¿Estaba usted con el tata cuando lo golpearon en Coro Coro, el 6 de Agosto pasado?

R. En Coro Coro, el 6 de Agosto, al Rafo le habían esperado para pegarle en el baño. Estábamos ahí en la plaza con sus hermanos más, pero después de ir al baño se ha perdido. Ahí vino Jimena corriendo: “¡Mami, a mi papi les están pegando!”. Y ahí corrí con mis dos hijos.

De la trenza me han agarrado por defenderlo al tata Rafo. He tenido que agarrarlo, a mí me han pateado aquí al costado. Les he dicho: “Si quieres hacer algo a mí hazme, pero no a Rafo”. “Levantate, levantate”, me gritaban. Yo lo cubría al Rafo, porque habían querido pisarle en el suelo. Me he vuelto loca, ya no lo he dejado. “Matame a mí más antes si querés matar”, les he dicho.

Del hombro me han agarrado, de las trenzas. Querían patear al Rafo, a mí han venido las patadas, pues. Esta parte de mi pierna verde estaba, apenas podía caminar. Al Rafo entre seis lo han puñeteado, lo han pateado, le han dado con sus cascos, aunque se cubría. En un ratito se han escapado, masistas siempre habían sido. Si no hubiéramos estado, peor lo hubieran lastimado al Rafo. En su cabeza le han hecho una herida con el golpe del borde de un casco. “¿Qué cosa eres pa’ sonar con tu casco?”, le he dicho al que le pegó, le agarré el casco y le he dado, así le ha bajado sangre también. Y ha rodado el casco, me había rayado mi mano. Vi que rápido le bajaba la sangre al Rafo, desesperada estaba, le he limpiado con la enagua, que era pura sangre. Le pusimos huevo también para cerrar la herida. Mi hija cascarita le había puesto, todo le he limpiado. Mi blusa pura sangre estaba.

A mis guaguas más les habían pegado, a mi guagua lo habían botado, él gritaba: “No a mi papá, no a mi papá”, me lo habían jalado pues a él, grave es. Ha sido grave.

Mi enagua es blanco ¿no ve? Pura sangre había quedado, porque no había trapo, qué iba a hacer. Grave la sangre había sabido ir. Agua de betarraga le hemos hecho tomar al Rafo, así más amarillo se puso. Y a mí me han sacado cabellos. De ahí otros mineros han venido a ayudarnos, de eso se han escapado los seis eran pues.

Así tenemos que seguir luchando, eso te da más fuerza, hermana. Hay que seguir nomás. Hace unos días unos periodistas me preguntaban: “¿Y qué te sientes? Has sido maltratada, golpeada ¿Qué piensas hacer?”. Yo pienso seguir luchando, pues, no voy a dejarme atemorizar así. Más me alimento con eso, más fuerza tengo, golpeada lo mismo sigo queriendo luchar, eso le he dicho a los periodistas.

Estaba toda verde mi rodilla, yo caminaba que parecía un robot. Pero aunque así nos estén hablando, así nos estén agarrando, más fuerza tenemos. Hay que seguir luchando hasta donde podamos, hasta dar nuestra vida. Por es justo lo que hacemos ¿qué de malo hay en ello? Ese es de mi pensamiento, así aprendes, hermana.

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