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Área: Opinión >> Comentarios y enfoque
Actualizado el 2012-09-04 a horas: 22:02:42

Por una carretera, las comunidades que antes eran unidas se han distanciado hasta orgánicamente

La Iglesia Católica en el TIPNIS

Eugenio Coter *

Desde que empezó el lío de la carretera que el Gobierno quiere construir a través del parque, se está viviendo con amargura la fractura de las comunidades indígenas, las divisiones, el alejamiento de las personas entre sí, el intento de socavar las autoridades locales o de enfrentarlas con sus bases. Los lugareños se sienten manoseados y han perdido la mirada serena y abierta.

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En seis horas, desde la ciudad de Cochabamba, estábamos en Gundonovia, en el TIPNIS, encontrando a las hermanas Hijas de la Caridad que desde muchísimos años están a cargo del trabajo pastoral en toda esta zona y llevando además dos internados y un Colegio técnico-humanístico en Katery. Las habíamos alcanzadas para hacerles sentir la presencia de los obispos de Trinidad y Cochabamba, el P. David Gómez por Mons. Julio María Elías y yo por Mons. Tito Solari.

Estábamos como signo de hermandad, de cercanía con ellas y con su servicio eclesial, reforzando los enlaces de comunión con las Hermanas y con las Comunidades Cristianas del parque. Justo unos días antes había pasado otro franciscano, P. Gregorio, que desde más de 30 años recorre periódicamente el parque acompañando el camino de las comunidades, de los catequistas y de las hermanas. Ahora los dos Obispos nos habían enviado para subrayar una vez más la comunión con estos hermanos y la preocupación por los sufrimientos que se están generando en estas comunidades.

Desde que empezó el lío de la carretera que el Gobierno quiere construir a través del parque, se está viviendo con amargura la fractura de las comunidades indígenas, las divisiones, el alejamiento de las personas entre sí; el intento de socavar las autoridades locales o de enfrentarlas con sus bases. Y la gente, los lugareños, se sienten manoseados, utilizados, enfrentados y han perdido la mirada serena y abierta. Antes que contarnos su acuerdo o desacuerdo con la carretera, nos han transmitido la pena de verse divididos, alejados entre sí. Las comunidades que antes eran unidas, hasta orgánicamente, ahora se han distanciado.

“La consulta” solo aporta motores de regalo para canoas; parabólicas para la red de celulares, unos paneles solares para corriente y algunos tanques de gasolina que funcionen como surtidores, para las comunidades cercanas a Gundonovia, y grupos que no se opongan a la carretera… más bien, que estén de acuerdo en derogar la “intangibilidad” de los recursos naturales que la Nueva Constitución Política del Estado no señala, dejando a los indígenas el derecho de aprovechar –con respeto y cuidado de la naturaleza– de los mismos recursos.

El absurdo está en una ley (ley 180) que –de propósito o por imprevisión- ha querido imponer lo que la Nueva Constitución Política del Estado no decía (la intangibilidad), cerrando así el camino carretero (como querían los indígenas) y también la posibilidad de seguir viviendo los procesos de desarrollo en sintonía con la naturaleza (como quiso el Gobierno).

Nos contaron que un grupo de comunarios había ido a un cuartel de Trinidad con personeros del Gobierno. Habían hecho un listado de proyectos que ellos consideraban necesarios para su zona, donde por cierto había beneficios como tanques de gasolina, antenas, motores… todo lo necesario para un desarrollo como ellos lo querían. Se les había hecho firmar un documento, pero no tenían copia ni estaba claro de qué se trataba. Pero tenían bien claro que si los otros comunarios seguían oponiéndose a la carretera, no habría la ayuda que el Gobierno les había prometido.

Así que ahora tienen miedo de perder estas pequeñas ventajas útiles para la vida concreta y práctica de la selva. Esto les ha llevado a ver en sus compañeros, que siguen velando en oposición al proyecto carretero, unas posibles amenazas y enemigos de las ayudas que casi ya tienen. ¡Qué pena esta división y este enfrentamiento!

Unos ven el proyecto de la carretera como la destrucción de la naturaleza y la eliminación de los pueblos indígenas del oriente, y otros (aún viendo el riesgo) se conforman con la pequeña dadiva que hoy reciben a cualquier costo. Pero, si antenas, motores y gasolina son para el desarrollo (y son adquiridos con fondos públicos), entonces ¿no tienen que ser para todos los ciudadanos de este territorio? ¿No son un derecho para todos? ¿Por qué tienen que ser ofrecidos a cambio de no hacer oposición a un proyecto carretero?

Los indígenas que defienden el territorio nos decían: ¿Por qué apoyar una carretera que pasará a seis días de camino a pie de nuestra comunidad? ¡Encima arruinando la selva! ¡Nuestras carreteras son los ríos! ¡Que nos ayuden en mantenerlos!

Mirando al mapa, ellos daban crédito a la propuesta de camino de los ingenieros de Cochabamba, que, bordeando externamente al parque en dirección al este, pasaría sobre pampa más sólida que los curichales del Parque, y más cerca de las comunidades. “La carretera del Gobierno” –decían– solo tocará dos comunidades a cambio de la gran herida que llevará a la selva. Y no queremos que los cocaleros ocupen nuestro territorio. Ellos ya han destruido la selva en el polígono 7”.

Les preguntamos del alambre de púa sobre el río, de los medicamentos, del desayuno escolar, si el personal de salud ha llegado, y si de salud se ocupa…; y la verdad –indicada por otros– es que el desayuno escolar lleva ya un año y medio de atraso, y los medicamentos no llegan. Y los supuestos periodistas secuestrados ya han aparecido indicando que por miedo se habían metido al monte.

Por otro lado, ¿por qué el Gobierno está empecinado “si o si” en hacer la carretera por el TIPNIS? La respuesta de los analistas, entredichos y no desde los funcionarios públicos, está en los intereses nacionales e internacionales: yacimientos de gas, el corredor carretero que Brasil necesita hacia el Pacífico, los comercios entre Beni y Cochabamba.

En sí todo esto es legítimo, pero la Nueva Constitución Política del Estado ha reconocido los más amplios derechos de soberanía sobre su territorio a los indígenas; y el resto del país lo ha avalado con un referéndum. Ahora, si se quiere pasar con la carretera, hay que quitarles los derechos que hace tres años nos alabábamos de haberles devuelto. Entonces, otra víctima de este proyecto caminero es la Nueva Constitución Política del Estado y el referéndum que la ratificó.

Si todo lo obrado hasta ahora no fuese todavía suficiente… siempre podremos hacer pelear más a los indígenas entre sí con un poco de regalos y de apoyo ofrecido no por humanismo y derecho al desarrollo; ayuda entregada a los unos y no a los otros, así sea que las diferencias y el riesgo de perderlo todo rompa la unidad y enfrente a las personas, llevándolas a que ellas mismas renuncien a los derechos que se les dieron.

Y si para eso sirven también más uniformados, por supuesto que como la carretera, ¡serán ecológicos!

En la Misa que celebramos en la noche todos juntos, los unos y los otros, recordamos que sólo una Palabra que devuelva humanidad a los corazones –una Palabra de vida- nos permitirá reunirnos en la que sigue siendo la Casa Común donde todos están a gusto con el Padre y los hermanos.

* Sacerdote, Iglesia Viva.

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