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Área: Opinión >> Periodismo ciudadano
Actualizado el 2012-08-21 a horas: 01:38:19

El dilema del gobierno: conquistar el voto de las masas o mostrarse ante el imperialismo como capataz eficiente

Desbordante demagogia electoral en Bolivia

Miguel Lora Ortuño

Ya hemos denunciado que el oficialismo se ha embarcado en una temprana campaña electoral. Morales corretea por todos los extremos de la geografía nacional inaugurando obras ejecutadas con recursos del Estado, ofreciendo nuevos proyectos, discurseando en todos los actos públicos que la economía nacional –gracias a su genialidad de estadista- marcha viento en popa a pesar de la descomunal crisis internacional. Su gran oferta electoral es acabar con la extrema pobreza hasta el año 2025.

Miguel Lora Ortuño

Es maestro y dirigente sindical.

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Entre muchas otras acciones proselitistas, hace poco el gobierno del MAS saturó toda la prensa nacional con una millonaria campaña de promoción de los teleféricos para La Paz que le costarán a las arcas nacionales más de 300 millones de dólares, amén de los eventuales negociados en la firma del contrato con una empresa previamente seleccionada a dedo por el oficialismo, eludiendo normas básicas como la licitación internacional. La finalidad es modificar la intención de voto en la ciudadanía paceña, que, según las últimas encuestas, se ha tornado demasiado adversa al MAS.

Por otra parte, también se pagan millonarios avisos políticos a la prensa para publicitar un crédito de 100 millones de dólares destinado a la renovación del parque automotor de las ciudades de La Paz y El Alto. El negocio de esta segunda oferta radica en que el dinero viene de bancos chinos, con la condición de que se compren 2.000 vehículos de origen chino.

El negocio en favor de la potencia asiática es por doble partida: por un lado permite a la banca china poner en movimiento sus capitales paralizados, cobrando millonarios intereses; y por el otro el gobierno boliviano le abre un mercado nada despreciable para al menos 2.000 vehículos, con la proyección de quintuplicarse si el crédito se amplía a los nueve departamentos, como ya están exigiendo los transportistas de Oruro, Cochabamba, Potosí, Chuquisaca y Santa Cruz.

Entre tanto, el ministro Arce Catacora y el inefable Quintana propalan a los cuatro vientos que más del 30% de la población extremadamente pobre ya ha mejorado sus condiciones de vida. Son poquísimos los sectores que dan crédito a tan burda demagogia electoral, aquellos que de pronto han mejorado sus ganancias gracias a la política derechista que desarrolla el gobierno, quien ejecuta servilmente los mandatos de las organizaciones financieras del imperialismo para conservar un equilibrio macroeconómico que le garantiza a la clase dominante amasar grandes utilidades a costa de mantener a la mayoría nacional soportando penurias y miseria insostenibles.

Son los empresarios privados, las transnacionales que invierten en el país, los banqueros, algunas capas sociales que emergen al amparo del gobierno como las burocracias cocaleras, los contrabandistas, los traficantes de drogas, la minería privada, los cooperativistas mineros, etc., quienes se sienten bien representados por este gobierno.

Estos sectores se convierten en la nueva base electoral en las ciudades y en el campo; gracias a una burocracia indígena servil y próspera, el gobierno aún mantiene a grandes sectores de los explotados del agro bajo su despótico control; favoreciendo a los sectores pequeños propietarios en desmedro de aquellos otros asentados en la propiedad comunitaria de la tierra, como ocurre con los cocaleros y los “interculturales” que avasallan los territorios comunitarios como el TIPNIS y otros del Oriente.

En este ambiente electoral parece contradictorio que el régimen, al mismo tiempo, descargue duros golpes contra otros sectores que se movilizan por lograr mejores condiciones de existencia y por preservar sus conquistas amenazadas. El MAS trata con dureza a los sectores laborales que piden mejores salarios; a los indígenas que defienden su hábitat natural y sus formas de vida tradicionales; a los maestros que luchan por impedir la aplicación de una reforma educativa retrógrada y anticientífica; y confronta los sectores profesionales independientes, etc., que también constituyen una importante masa electoral.

Es indudable que el MAS está transitando por un proceso de franca derechización, que consiste en mostrarse a los ojos de los inversionistas extranjeros como un gobierno capaz de garantizar sus capitales y de demostrar que en Bolivia existe la “seguridad jurídica”, de modo que el país se convierta en una plaza de todos los que quieran venir a invertir, que hay un gobierno de mano dura y segura para que las transnacionales amasen grandes fortunas sin sobresaltos ni contratiempos.

El oficialismo es consciente de que pierde aceleradamente el voto de la clase media en las grandes ciudades, pero también sabe que las expresiones de la derecha tradicional no tienen ninguna posibilidad de constituirse en una alternativa electoral porque políticamente han sido derrotadas. Y sin embargo se esmera en borrar todo vestigio de su existencia en algunos sectores donde todavía tienen algún control político, como por ejemplo la gobernación cruceña y los gobiernos municipales de Trinidad y La Paz.

El gobierno del MAS no disimula su intención de acabar con algunos famélicos exponentes de esta derecha agotada y derrotada como es el caso de Doria Medina, Juan del Granado y otros que pretenden aparecer en el escenario como posibles alternativas para la clase media y obrera golpeada. Sueña con convertirse en un partido único capaz de manipular y falsificar procesos electorales indefinidamente y terminar encaramándose en el gobierno por mucho tiempo.

Sin embargo, son apenas deseos y sueños de enanos que pretenden imitar a los gigantes y otra la realidad. La miseria, cada vez más insostenible, obligará a los explotados a echar por la borda las maniobras electoreras y tomar en sus manos la solución de sus problemas. Probablemente en 2014 gane el voto en blanco y Morales vuelva a hacerse del poder con una votación pírrica; pero no existe ninguna posibilidad de que sobreviva por mucho tiempo porque las condiciones materiales para ese extremos no existen.

El proyecto del MAS que, en apenas seis años, se hunde en el charco de la corrupción, no es la respuesta al atraso y la miseria de este país y, en esa medida, no es una perspectiva política de largo alcance como sueñan sus caudillos.

El autor es dirigente de la Federación de Maestros Urbanos de Cochabamba y del POR.

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