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Actualizado el 2011-05-15 a horas: 12:48:46

Ted Córdova Claure (1936-2011)

Un periodista combatiente

Alfonso Gumucio Dagron

Uno no quisiera hablar de la muerte, pero “la pelona”, como le llaman en México, se empeña en llevarse a los amigos. La semana anterior se llevó a Ted Córdova Claure, periodista de primer orden, legendario en Bolivia y América Latina. Teddy vivió su vida bien vivida, pero no deja de doler que se haya ido, aunque en realidad se fue cuando quiso.

Alfonso Gumucio Dagron

Alfonso Gumucio Dagron

Escritor, cineasta, periodista, fotógrafo y especialista en comunicación para el desarrollo. Ha trabajado en programas de comunicación para el cambio social en África, Asia, América Latina y el Caribe, con agencias de Naciones Unidas, con fundaciones internacionales y ONGs.

Fue miembro de la redacción del Semanario "Aquí" y ha publicado en un centenar de diarios y revistas de Bolivia, América Latina, Europa, Norteamérica, África y Asia. Dirigió películas documentales en varios países. Es Coordinador del Grupo Temático de Comunicación para el Cambio Social en la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC).

Ha publicado más de veinte libros de poesía, narrativa, testimonio, y estudios sobre literatura, cine y comunicación, entre ellos: Historia del Cine Boliviano (1982); Cine, Censura y Exilio en América Latina (1979); Luis Espinal y el Cine (1986); Las Radios Mineras de Bolivia (1989) en colaboración con Lupe Cajías; Comunicación Alternativa y Cambio Social (1990); La Máscara del Gorila (1982) Premio del Instituto Nacional de Bellas Artes de México; Haciendo Olas: Comunicación Participativa para el Cambio Social (2001), Antología de Comunicación para el Cambio Social (2008).

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“Murió en su silla, dormido” -me cuenta su hija Pía- en Havelock, Carolina del Norte, acompañado por su esposa Mary Boylan. Escogió para morirse el Día del Periodista, el martes 10 de mayo, pero venía anunciando desde hace cinco años su partida y él mismo circuló prematuramente la noticia de su propia muerte cuando tenía 70 años de edad.

Pegado a una silla de ruedas desde 1996, se estableció definitivamente en Estados Unidos, desde donde escribía las notas de su “Columna Global” que enviaba a los amigos y que se publicaban en páginas y boletines en la red. En ellas mencionaba su salud precaria y la visión de la muerte en el horizonte: “Así lo digo porque presiento que pronto me voy”, escribió en diciembre de 2005:

“De todos modos, como escritor y periodista que he sido toda mi vida, es interesante estar lúcido en el proceso final, pese a los dolores. Es curioso, uno termina por acostumbrarse al dolor. Se hace una rutina conocida porque, además, uno sabe que después del espasmo del dolor, en mi caso en mi brazo y pierna izquierdos, viene un alivio, un relajo enaltecedor como una droga que invita a seguir lúcidamente adelante. Y escribir es una forma de ignorar y soportar los males que me aquejan. Y así, hasta hoy, he dicho cartesianamente en los últimos siete años a quien quiera leerme u oírme: Escribo. Luego, existo.”

Teddy me apoyó en mis inicios como periodista. Para recordar esa etapa hago una voltereta hacia atrás y me remonto a 1970, poco tiempo después del golpe que llevó a la Presidencia de Bolivia al militar progresista Juan José Torres, con apoyo crítico de los movimientos sociales aglutinados en la Central Obrera Boliviana (COB). Los trabajadores apoyaron inicialmente a Torres, que acababa de echar del poder al efímero triunvirato de golpistas de derecha que derrocó a otro progresista, Alfredo Ovando.

Los periodistas también le brindamos apoyo al gobierno de Torres, que creó El Nacional, bajo la dirección de Ted Córdova, quien además dirigía el canal estatal de televisión. El diario tenía su redacción en la Plaza Murillo, frente a la Cancillería, y compartía la imprenta con Jornada y con Vanguardia, semanario del MIR donde escribía René Zavaleta.

Recuerdo el primer diálogo que tuve con Ted, a quien no conocía hasta entonces, cuando supe de la próxima aparición de El Nacional. Me presenté para pedirle trabajo, y lo hice planteando exigencias: “Quiero hacer la página cultural, pero a condición de disponer de una página entera todos los días, sin publicidad”. Teddy se rió en mi cara, pero me dio el trabajo, y me regaló su novela “Cita en tierra coraje” (publicada por el extraordinario Pepe Camarlighi), con una dedicatoria que no recuerdo ahora pero que capturaba en una frase una lección de ética para un periodista joven.

Los meses que ejercí en El Nacional, hasta poco antes del golpe de Bánzer en agosto de 1971, fueron los más gratificantes en mi trabajo inicial como periodista. En mi página cultural y en el suplemento del fin de semana publicaba cada día entrevistas con pintores y escritores, y reseñas de exposiciones, películas y libros. Allí compartí el oficio con colegas más experimentados. El Jefe de Redacción era Paulo Canabrava filho, un brasileño exiliado por la dictadura, y estaban en planta Chichi Solíz, Víctor Hugo Carvajal, Coco Manto, y el uruguayo Álvaro Barros-Lémez, también exiliado.

Un par de veces, a raíz de artículos míos que se publicaron incompletos (yo atribuía eso a una censura política), me enfrenté a Teddy y lo “amenacé” con mi “renuncia” del periódico (como si eso le hubiera podido importar a alguien en lo más mínimo). Ted sonreía divertido y me pedía que no me lo tomara tan a pecho, porque eran gajes del oficio de periodista.

Cuando sobrevino el golpe del Coronel Bánzer, el 21 de agosto de 1971, Ted Córdova fue “cosido” con una ráfaga de ametralladora por el conocido paramilitar “Mosca” Monroy, pero sobrevivió y siguió con su periodismo combativo desde el exilio en Santiago de Chile, Buenos Aires y finalmente Caracas. Me cuenta Martín, uno de los hijos de Teddy: “A mi papá le pegaron siete balazos, yo conservo algunas de las balas que le extrajeron en Chile. El mismo Mosca ayudó a salvarlo una vez que lo reconoció, y si mal no recuerdo le dijo: ‘uuy hermanito, eso te pasa por ser comunista’.”

Fuimos regresando del exilio en su momento, yo en 1978, durante la huelga de hambre masiva que precipitó la caída del dictador Bánzer. Teddy regresó a Bolivia a principios de los 1990 para dirigir Ultima Hora y nuevos proyectos periodísticos. Vivía en Ovejuyo y nos veíamos poco.

Cuando llegó de visita mi amigo Pierre Kalfon, escritor y periodista francés que estaba preparando una monumental biografía sobre el Ché, organicé en mi casa el 11 de abril de 1995 una reunión con algunos amigos que tuvieron relación, más o menos directa, con la etapa boliviana del Ché. Allí estaban Ted Córdova Claure, Loyola Guzmán, Carlos Soria Galvarro, Marcelo Quezada, Amalia Barrón y Freddy Alborta.

Han pasado 75 años desde que Ted Córdova nació en abril de 1936 en el sector minero de Catavi, en el norte de Potosí. Vivió una vida intensa y tuvo una carrera en el periodismo latinoamericano que muchos envidiarían. Fue columnista de Semana (Colombia), de Hoy (Ecuador), de las revistas Auténtico (Venezuela) y Cambio 16 (España), y corresponsal de numerosos medios de información. Publicó varios libros: “Cita en Tierra Coraje”, “Al filo de la Revolución”, “Adiós al Sibaritismo”, “España, el Destape”, “Nuevo Desorden Mundial”, entre otros.

Escribir se convirtió en una tarea compleja para Teddy, porque lo hacía con una sola mano en apretados párrafos sin espacios, todas mayúsculas como en los tiempos del telex. Leía y a veces comentaba mis notas, y yo las suyas. Sus mensajes me llegaban como este que transcribo tal cual:

HOLAOTRA VEZ.ABRI LAOTRA DIRECCIONDETUBLOG Y LEIEL ARTICULO SOBRE ORTEGA. AHORANTIENDOMAS. TAMBIENPERCIBO CIERTASRESERVAS RESPECTO ALINEFABLEEVOO.PERO OTROSNUEVE MILLONES TAMBIEN ESTAN ENLA MISMA DUDA.DISCULPA LA MAJDERIA, PERO ERA SOLOASUNTODE BROWSEARCONMASCALMA TUBLOGSPOT.AHORA ME PREGUNTO TUOPINION SOBRE LA PELICULA “APOCALYPTO”, DE MELGIBSON. SLDSY PACIENCIA, TED

Antes, en octubre del 2006, al leer mi nota recordando los 25 años de la muerte de mi padre, me envió un mensaje ofreciéndose generosamente para escribir conmigo una biografía. Lo transcribo esta vez eliminando erratas: “Interesante, real y conmovedor. Yo era un joven reportero de AP, y luego PL, cuando lo conocí. Era uno de los pivotes del lado constructivo de la revolución nacional. El ‘flaco’ se merece un buen libro, si quieres, te ayudo. Sería el mejor monumento a su memoria. Desgraciadamente, en la Bolivia originaria y medialunística de hoy, pocos recuerdan su obra, comenzando por los cambas, por los que tanto hizo, un abrazo y va este...”

A Ted, que era un pionero en el uso de las nuevas tecnologías, le hubiera gustado saber que a su muerte hubo “un velorio simbólico en línea”, como me dice Pía, su hija. Colegas y amigos dispersos por todo el mundo intercambiamos en estos días innumerables recuerdos sobre su vida.

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