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Actualizado el 2011-05-04 a horas: 00:14:00

Obama, Osama, Gadafi y los demás

Nunca sabremos la verdad

Alfonso Gumucio Dagron

Vivimos una re-edición de la Guerra del Golfo y de la invasión de Irak. Los conglomerados mediáticos, a la cabeza de los cuales está CNN, son estrechos aliados de los organismos de inteligencia y del poderío bélico de las potencias militares (Estados Unidos, Inglaterra, Francia, etc.) y nos dan información masticada y digerida, con muy pocas opciones de encontrar algo diferente.

Alfonso Gumucio Dagron

Alfonso Gumucio Dagron

Escritor, cineasta, periodista, fotógrafo y especialista en comunicación para el desarrollo. Ha trabajado en programas de comunicación para el cambio social en África, Asia, América Latina y el Caribe, con agencias de Naciones Unidas, con fundaciones internacionales y ONGs.

Fue miembro de la redacción del Semanario "Aquí" y ha publicado en un centenar de diarios y revistas de Bolivia, América Latina, Europa, Norteamérica, África y Asia. Dirigió películas documentales en varios países. Es Coordinador del Grupo Temático de Comunicación para el Cambio Social en la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC).

Ha publicado más de veinte libros de poesía, narrativa, testimonio, y estudios sobre literatura, cine y comunicación, entre ellos: Historia del Cine Boliviano (1982); Cine, Censura y Exilio en América Latina (1979); Luis Espinal y el Cine (1986); Las Radios Mineras de Bolivia (1989) en colaboración con Lupe Cajías; Comunicación Alternativa y Cambio Social (1990); La Máscara del Gorila (1982) Premio del Instituto Nacional de Bellas Artes de México; Haciendo Olas: Comunicación Participativa para el Cambio Social (2001), Antología de Comunicación para el Cambio Social (2008).

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Las guerras generan millonarios negocios para los países que, junto a Rusia, son los principales productores y comerciantes de armamento. Podríamos decir que provocar conflictos bélicos es su principal razón de ser como naciones. Tradicionalmente han armado a unos y otros bandos, inclusive a aquellos que luego se han convertido en sus enemigos.

Un caso digno de análisis es el ajusticiamiento de Osama Bin Laden. Toda la información que tenemos sale de los organismos de inteligencia de Estados Unidos, no hay posibilidad alguna de contrastarla con informaciones de fuentes independientes, que nos permitan formar una opinión propia.

Los gringos dijeron primero que Bin Laden “resistió” al ataque, pero como ninguno de los Navy Seals que lo asesinaron sufrió por lo menos un rasguño, luego tuvieron que reconocer que no estaba armado, pero “usó como escudo humano” a una de sus mujeres, una buena manera de justificar otra víctima. Lo cierto es que Bin Laden murió con un disparo en el pecho y otro en la cabeza, el tiro de gracia. Lo probable es que lo asesinaron en su cama; gran “éxito” militar de un enfrentamiento muy desigual.

Las dudas sobre las condiciones en que murió Bin Laden se acrecientan cuando nos dicen que el cadáver fue arrojado al mar. Los argumentos para hacer desaparecer el cuerpo son de una hipocresía monumental: nos quieren hacer creer dicen que lo hicieron “por respeto a las tradiciones musulmanas”. ¿Desde cuando las tradiciones musulmanas le importan un ápice a la CIA o al ejército de Estados Unidos?

Lo dice bien Robert Fisk, el gran corresponsal de los conflictos en el mundo árabe, en The Independent: “Justicia, llamó Barack Obama a esta muerte. En los viejos tiempos justicia significaba proceso debido, un tribunal, una audiencia, un defensor, un juicio. Como los hijos de Saddam Hussein, Bin Laden fue muerto a tiros”.

El mismo Fisk nos recuerda que de haberlo tomado preso en lugar de ajusticiarlo sumariamente, “un tribunal habría preocupado a muchas más personas que a Bin Laden. Después de todo habría podido hablar de sus contactos con la CIA durante la ocupación soviética de Afganistán”, del mismo modo que Sadam Hussein “fue ahorcado antes de que tuviera oportunidad de contarnos sobre los componentes del gas llegados desde Estados Unidos, sobre su amistad con Donald Rumsfeld o la asistencia militar que recibió de Washington cuando invadió Irán, en 1980.”

Las informaciones que recibimos en estos días son incompletas y sesgadas; no sabemos con precisión cuantas personas más fueron ejecutadas junto a Bin Laden, ya sea miembros de su familia o su escolta. ¿Cuántos guardias había en su residencia? ¿Cuántos murieron, cuantos resultaron heridos, cuantos fueron apresados? Lo más probable era que la orden era eliminar a todos y no dejar testigos. Nunca lo sabremos.

Nadie pone en duda la responsabilidad de Osama Bin Laden –entrenado y armado por la propia CIA años atrás- como artífice de los ataques terroristas que se le atribuyen y que él mismo reivindicó. Pero en esa lógica, hay muchos otros líderes políticos en el mundo que deberían ser ajusticiados por ejercer el terrorismo de Estado. Para empezar, los presidentes de Estados Unidos que ordenaron invasiones en un centenar de países, y orquestaron masacres como la que tuvo lugar durante la invasión de Panamá en 1989, con la excusa de sacar del gobierno a un hombre corrupto como Noriega.

Si hubiese coherencia alguna y el gobierno de Estados Unidos, auto-nombrado gendarme mundial, quisiera descabezar a todos los gobiernos corruptos o autoritarios, debería empezar por sus socios en Oriente Medio, como Arabia Saudita o los emiratos del Golfo Pérsico. No lo hace porque estos son aliados dóciles que le aseguran el flujo de petróleo sin problemas. Tampoco lo hizo cuando en todo América Latina había dictaduras en las décadas de 1960 y 1970, por el contrario, fue artífice directo de esos golpes militares. La hipocresía salta a la vista.

Veamos lo que pasa en Libia, cuyo presidente es un obstáculo para los planes de dominación geopolítica de Europa y de Estados Unidos. Poco tiempo atrás los dirigentes occidentales abrazaban a Muamar el Gadafi y le rendían pleitesía. Basta buscar en Google para encontrar las fotos de las sonrisas y los abrazos de Tony Blair, de Rodríguez Zapatero, de Sarkozy, de Obama, de Puttin, de Berlusconi, de Barroso, y tantos otros que hoy le envían bombas y tratan de exterminarlo junto a toda su familia. El linchamiento mediático de Gadafi es simplemente el preámbulo de su linchamiento físico.

Gadafi es ciertamente un gobernante autoritario que se ha eternizado en el poder, como tantos otros que ahora caen como fichas de dominó en los países árabes, sin embargo es importante distinguir que la situación no es la misma en Libia. Ni siquiera CNN puede ocultarlo.

Cuando nos muestran imágenes de Yemen, de Siria, de Túnez o de Egipto, vemos grandes manifestaciones populares en contra de los regímenes autocráticos que se aferraron al poder durante décadas, y abundan las imágenes de aficionados tomadas con teléfonos celulares. Queda claro que la población en esos países se ha levantado en contra de sus gobiernos autocráticos.

Pero cuando nos muestran Libia, no vemos grandes manifestaciones callejeras, solamente vemos pequeños grupos de “combatientes de la resistencia” en Misurata, disparando al aire, bien pertrechados por las potencias occidentales. Vemos también algunas entrevistas con “líderes de la oposición”, ninguno de los cuales aparece más de dos o tres veces, porque en realidad no hay una oposición popular organizada, a pesar de los esfuerzos de la CIA para crearla artificialmente. No vemos ni una sola manifestación multitudinaria, como las de Yemen o Siria, en contra de Gadafi. Lo que sí vemos son los resultados de los bombardeos de la OTAN, para cuyos aviones no hay “no fly zone” (zona de no-vuelo).

El terrorismo lo alimenta y fortalece Estados Unidos desde siempre con su política de terrorismo de Estado, sus acciones encubiertas y su desapego a la legislación internacional. Mientras siga actuando de esa manera, habrá terroristas en su contra, y en contra de sus aliados. Ser amigo de Estados Unidos es por eso tan peligroso como ser enemigo de esa potencia militar.

Hemos vuelto al colonialismo militar más puro, que había sido reemplazado durante algunas décadas por el disfraz de la cooperación para el desarrollo y el endeudamiento. Ahora la OTAN y el ejército de Estados Unidos ignoran a las Naciones Unidas e intervienen sin consultar con nadie. El mundo no se rige más por el concierto de las naciones, ni las leyes internacionales, sino por la arbitrariedad de las potencias. Estados Unidos domina el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, impone sus criterios y veta resoluciones que no le convienen, y llegado el momento, igual deja de lado la ONU para intervenir militarmente a través de la OTAN.

Y los medios occidentales aplauden. Y toman por verdad absoluta la información (o desinformación) de la CIA y del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Y muchos ingenuos se la creen.

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