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Actualizado el 2010-08-11 a horas: 17:12:02

Estudio introductorio a José Luís Torres, el fiscal de la Década Infame

Alberto Buela

Dicen que la ocasión es queda, así, la reedición de las obras de José Luís Torres nos es propicia para rescatar del olvido algunos datos sobre la vida y obra de un pensador del campo nacional.

Alberto Buela

Alberto BuelaEs filósofo argentino

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Sus trabajos se destacaron por ser una “producción de denuncia” en torno a los grandes negociados que signaron la, bautizada por él, Década Infame, aquella que va desde 1930 hasta la revolución de 4 de junio de 1943 que reemplazó al régimen político “falaz y descreído” de la oligarquía maléfica y los perduellis= enemigos internos de la Patria.

El motivo y motor de toda su vida fue la lucha contra la injusticia y con su producción periodística y de ensayista buscó su erradicación tratando de influir siempre sobre los acontecimientos que denunciaba para modificarlos.

La Gran Prensa internacional, los mass media diríamos hoy, (la nacional es un epígono de ella) tiene dos armas contundentes: una, la propaganda mediante la cual vende lo que quiere, crea arquetipos de hombres e insufla ideales que solo benefician al poder financiero que las sustenta. La otra es el silencio. Silenciar la denuncia que la afecta, omitir una noticia que la daña, ignorar la voz de un hombre que dice: lo que todos quieren decir. Es esta última la mejor arma, la más poderosa de las dos.

Así, en el momento de la propaganda la Gran Prensa se mueve con soltura, con agilidad, es el momento del ataque a las conciencias, de su manifestación y consecuentemente, de idiotización del lector. En el segundo momento, el del silencio, ella se halla abroquelada. Ha sido afectada en su poder. Le han cortado algún tentáculo. Su detractor no ha podido ser sobornado de ninguna manera, pues él es un hombre con principios y que vive en función de un ideal. Luego, hay que evitar que se lo conozca, pues reconociéndolo, sus principios y sus ideales se tornarán peligrosos para el statu quo reinante, hoy expresado a través del llamado pensamiento único y políticamente correcto.

Es este, sintéticamente, el mecanismo de los embaucadores de conciencias y José Luís Torres con su vida y su muerte, es un ejemplo irrevocable de lo que este enfrentamiento acarrea. Sobre Torres escribió Arturo Jauretche: “No hay ningún periodista argentino que no haya querido escribir su necrológica. Pero no hay ningún periódico argentino que haya querido recogerla. Este silencio que ha habido para la muerte de José Luís Torres, prueba simplemente que murió en su ley. Esto es lo que se llama aquí “libertad de prensa”. Libertad de los intereses antinacionales y antipopulares, para impedir que tenga medios de expresión lo nacional y popular” [1].

Vida y obra de Torres

Nació en la ciudad de San Miguel de Tucumán el 21 de enero de 1901, fue su madre una mujer de condición humilde, siendo su padre, Domingo Torres, un ingeniero del ferrocarril que lo reconoció como hijo cuando el tenía ya treinta años. Sus estudios llegaron a cuarto grado del colegio primario, lo que habla a las claras del carácter autodidáctico de su formación.

“Ya a los 14 años, recuerda la señora de Torres, se unió a la acción anarquista para realizar la primera huelga violenta en el Ingenio Ledesma de Tucumán, a fin de conseguir el salario de 3 pesos para los obreros del surco”. A los dieciséis años va preso por primera vez. La niñez y adolescencia de Torres están marcadas por la experiencia concreta de la mísera existencia y salarios de los obreros del surco azucarero. La primera influencia ideológica es la de un anarquista “Era mi compañero de lucha, en ese entonces, un anarquista, peluquero de profesión”[2].

Al poco tiempo comienza a trabajar para el periódico tucumano El Orden. Es allí donde aprende el oficio de periodista y desde donde empieza, ya a los 18 años, su primera campaña periodística contra los que serán sus enemigo de por vida: la oligarquía maléfica y los perduellis, como los identificará años más tarde en libros homónimos.

Pasados los 20 años se trasladó al norte donde contrajo enlace con una mujer del lugar de quién tuvo un hijo, llamado Domingo, como su padre. Ahí, nos cuenta Torres “En Salta y Jujuy fui director de diarios, obrero de ingenio, motorista de automóviles de alquiler (tachero, diríamos hoy), y siempre por temperamento, por vocación y por deber, agitador de rebeldías” [3].

Enviudó relativamente pronto, hecho que lo movió a retornar a Tucumán. La gran huelga azucarera de 1923, que estuvo dirigida por la FORA local de carácter anarquista, lo encuentra militando activamente.

De allí en más su figura comienza a adquirir dimensión política propia, y así lo vemos 1928 en una gira por Jujuy y Salta junto con Alfredo Palacios y Juan B.Justo investigando el accionar de la Standard Oil Company. Ese mismo año integró la comitiva que viajó con el General Enrique Moscón al campamento petrolero Vespucio sobre el que Torres escribe un informe[4] donde denuncia por primera vez con pelos y señales “al imperialismo situado” y enaltece la función industrial y tecnológica del Ejército como factor principalísimo de la recuperación nacional.

Lo vemos en 1932 cumpliendo funciones de ministro de gobierno de Juan Luís Nogués, quien a juicio de un oligarca de la talla de Juan Simón Padrós: “Renunció a la tradición legada por sus mayores, junto con su sangre y su apellido”. Y ello por qué. Porque Nogués y Torres como su ministro, llevaron a cabo el único gobierno de provincia que defendió la autonomía federativa de la misma contra la voluntad inconstitucional del testaferro Agustín P.Justo y su patrón el requeteoligarca Centro Azucarero Tucumano. Este enfrentamiento motivó la intervención de la provincia ante el silencio cómplice del Congreso de la Nación.

Después en 1933, el que va a ser reconocido como El fiscal de la década infame, viaja a Buenos Aires donde se radica definitivamente, pues consideraba que “la cabeza de la hidra estaba aquí”.

Llega entonces a la gran Capital munido de un raigal sentido popular-criollo,”siempre fue un demófilo”, una formación anarco-socialista y un nacionalismo militar-desarrollista. Tres rasgos que no poseía en la época el nacionalismo urbano y elitista. En Buenos Aires consolidad su amistad con el senador por Salta Benjamín Villafañe a quien ya conocía de su primera estadía en el Norte cuando anduvo junto al poeta y gobernador Joaquín Castellanos, con Alfredo Palacios, y traba amistad estrecha con el radical yrigoyenista Diego Luís Molinari, con el nacionalista popular Raúl Scalabrini Ortíz y con el General popularista Juan Bautista Molina quien fuera a la postre el padrino de su hija menor Julia.

Comienza entonces su período más fértil y combativo, pues junto con las denuncias del negociado de la venta de tierras de El Palomar; de la estafa de la conversión de la deuda pública externa de la provincia de Buenos Aires en 1935; del Instituto Movilizador; de la ley de Coordinación de Transportes; de los monopolios del gas y teléfonos, hace campaña periodística contra la CADE, el grupo Dreyfus, el engendro de creación del Banco Central por parte de Inglaterra y la denuncia de la Banca Bemberg, prepara el clima de lo que él llamaba la Revolución Nacional de 1943 y el posterior gobierno del General Perón.

En cuanto a su vida privada, el hecho más significativo por esa época es su enlace en 1940 con una mujer. Beatriz Sal[5], que lo acompañará hasta el resto de sus días y de quien tendrá una hija que agregará alegría a su carácter ya jovial.

Si bien en ese año publicó su primer libro Algunas maneras de vender la patria. Libro que agotó su primera edición en tres días, es en 1941 cuando “El Loco” Torres lanza tres manifiestos muy importantes que, de alguna manera, van a signar ideológicamente la revolución del 4 de junio de 1943: a) A las fuerzas armadas de la república(17/3), b) Carta (redactada por Torres) del general Juan Bautista Molina a la Alianza de la juventud nacionalista(25/5), y c) La nación debe ser salvada al presidente Castillo (9/7). El primero es un llamado al ejercito para que reaccione vigorosamente en contra de la desvergüenza organizada y que desobedezca como San Martín para salvar la patria. La segunda es un llamamiento a la juventud para que se movilice a favor de una revolución justa, libre y soberana. Y en la tercera le llega a decir al presidente de la nación, Ramón Castillo, con el que además tenía una buena amistad, que debe iniciar una indispensable acción liberadora que debe comenzar por “la liberación de Ud. mismo”.

Torres vive estos años en una vorágine político-ideológica extraordinaria, su vocación por influir sobre los acontecimientos políticos diarios está en su plenitud. Su domicilio de Perú 971 es visitado desde Perón a Ramírez y de Scalabrini a Molinari. Los jefes del GOU son sus amigos y discípulos. Torres es el verdadero ideólogo de la revolución del 4 de junio de 1943.

Pasada la revolución halla relativa tranquilidad hasta 1955 para dejar por escrito sus experiencias, luchas e ideales. Así, Los perduellis(1943), La Década Infame(1945), La Patria y su Destino(1947), Seis Años después(1949), Nos acechan desde Bolivia(1952), La Oligarquía Maléfica(1953) son algunos de los títulos más salientes de su producción.

Pero José Luís Torres no es un hombre de partido sino de la Nación y ante la burocratización del peronismo, compuesta por esa camándula de adulones y alcahuetes que siempre rodearon a Perón, alzará nuevamente su pluma, o colaborará con sus pocos ahorros, como en la publicación de su último trabajo, en defensa de los intereses nacionales y populares.

Su relación con Perón es ambivalente, lo apoya y lo critica. Ejerció como nadie una de las mayores creaciones del peronismo, que él bautizó como: “el apoyo crítico”.

Pero es, por lo demás conocida, la colaboración desinteresada que prestó al gobierno de Perón, quien incluso más de una vez lo mandó llamar a fin de que lo informara sobre temas de vital importancia para el país. Es plausible que haya sido Torres, quien redactó el borrador de la proclama del GOU del 4 de junio de 1943.

Con posterioridad a la revolución del 55 edita la revista Política y Políticos, que tenía como leyenda “ni con unos, ni con otros”, de la que logran salir ocho números hasta que es cerrada por orden del almirante Rojas. En ella Torres, que era su único redactor y escribía con estilos diferentes para darle mayor relieve, estigmatizó la revolución triunfante desde todos los ángulos, bautizándola como “revolución fusiladora”, nombre con que años más tarde se la identificó definitivamente. Es éste, otro de los rasgos del “Loco Torres” como lo llamaban sus amigos, el poder sintetizar en un nombre preciso y apropiado hechos, personas y épocas. Así, a él se debe la caracterización de “Década Infame” al período del 30 al 43; “Oligarquía maléfica”, al sector social de mayores recursos que se enriqueció a costillas del pueblo en ese período y “Perduelio”, al aparato financiero y legal montado por los enemigos internos de la patria para su liquidación.

Clausurada la revista viaja a España, “admiraba todo lo español” cuenta su mujer, pues sostenía que: la cabeza de la hidra está en Europa y yo tengo que ir a cortarla allá. Se entrevista con Pío Baroja, el inconformista ibérico autor del inhallable ensayo Comunistas, judíos y demás ralea.

Sin embargo, a los dos meses, él que había sido un hombre todo vigor y dinamismo, regresa desanimado y sin fuerzas. Ya había comenzado a desarrollarse la larga y penosa enfermedad que le resultará mortal. Y así, mostrando un desinterés total, confiesa: Como Carlos Guido Spano, me corto la coleta y me meto en la cama a leer. No escribo más.

Luego de casi una década de oscuridad y silencio, fallece en Buenos Aires, el 5 de noviembre de 1965, en la pobreza más absoluta. Sus amigos entre ellos Pepe Taladriz, realizan una colecta para comprar el cajón. Sus restos descansan en el osario público del cementerio de la Chacarita.

Mas, como el mismo lo previera, no murió del todo, pues “Hasta después de muerto ha de prolongarse en el tiempo la consecuencia de mi esfuerzo”.

Torres y el imperialismo

Hace unos días, más precisamente el miércoles 2 de mayo tuvimos la ocasión de brindar el primer homenaje público que se le hizo a José Luís Torres (1901-1965) [6] luego de 42 años de fallecido.

Y lo hicimos en el marco de un acto oficial del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas con motivo de la instalación de un cuadro que donamos con la única fotografía que existe sobre el mencionado autor y que me regalara su segunda esposa Brígida Sal hace más de treinta años.

El primer homenaje en 42 años muestra la conspiración del silencio que hubo para con él, quiere decir que algún tentáculo le cortó a la “hidra internacional”, según gustaba caracterizar él al imperialismo. Es por ello que, como relatamos, Jauretche pudo escribir a su muerte: “Ningún periódico argentino quiso recoger su necrológica pero este silencio que ha habido para su muerte, prueba simplemente que murió en su ley”

Este silencio sigue vigente como mecanismo del “ninguneo”, pues esta misma conferencia sólo fue publicitada por una sola agencia de internet, “Rebanadas de realidad”, el resto de las supuestamente “nacionales” no se dieron por enteradas.

Dado que sobre Torres tenemos varios trabajos ya sobre su vida y su obra publicados en diferentes ocasiones[7]decidimos detenernos ahora a investigar la idea de imperialismo-antiiperialismo en el pensador tucumano, idea de la que nos sentimos herederos del viejo ensayista y periodista, no sólo por el trato que hemos tenido con él sino también porque formamos parte de esa tradición de pensamiento.

Si seguimos el hilo conductor de la categoría de imperialismo a través de sus siete libros publicados desde Algunas maneras de vender la patria (1940) pasando por Los perduellis(1943), La Década Infame(1945), La Patria y su Destino(1947), Seis Años después(1949), Nos acechan desde Bolivia(1952) hasta terminar en La Oligarquía Maléfica(1953) vemos que en Torres se va desplegando la idea de imperialismo en sus distintas facetas o matices: 1) en su manejo interno de la economía nacional con la creación del Banco Central desde Inglaterra. 2) en su manejo de la política internacional con la firmas de las Actas de Chapultepec y la Carta de las Naciones Unidas. 3) en el sostenimiento de grupos de poder nacionales a su servicio(los cipayos) como los grupos Bemberg o Bunge y Born. 4) Los negociados en detrimento de la soberanía nacional y en función del imperialismo del dinero como los del Palomar, la CADE, la Corporación de Transportes, la Conversión de la deuda pública de la provincia de Buenos Aires. 5) la forma de operar de los distintos grupos financieros internacionales de su tiempo: Morgan, Deterding, Gugenhein, Mellen, Kripp, Mitsui Okura, Wendel, Warburg, Lazard, Khun & Loeb.

El estudio pormenorizado de estas diferentes manifestaciones o aspectos del imperialismo le permiten concluir en su obra más lograda y de mayor despliegue intelectual “Nos acechan desde Bolivia, escrita para denunciar la intervención de la ONU, como organismo clave de dominación mundial, para invalidar las elecciones del 6 de mayo de 1951 que otorgaron en Bolivia el triunfo al Movimiento Nacionalista Revolucionario de Paz Estensoro.

Torres y con él todo lo que fue “el nacionalismo antiimperialista hispanoamericano” [8] compuesto en la época por pensadores como Scalabrini Ortíz, Ramón Doll, Carlos Montenegro (Bolivia), Gonzalo Zaldumbide (Ecuador) Julio Ycaza Tigerino (Nicaragua) pensaron a la nación como una realidad anterior al Estado y al imperialismo como un poder compuesto por distintas facetas y corrientes ideológicas para instauración de un gobierno mundial.

Años después, Perón va a caracterizar al imperialismo como “sinarquía internacional” y así afirmará: “El problema es liberar el país para seguir libres. Es decir, que nosotros debemos enfrentar a la sinarquía internacional manejada desde las Naciones Unidas, donde están el comunismo, el capitalismo, la masonería, el judaísmo y la Iglesia católica- que también cuando le pagan entra -. Todas estas fuerzas que tienen miles de colaterales en el mundo son las que empiezan a actuar” [9].

Es interesante notar como en Iberoamérica luego del triunfo de la revolución cubana, el marxismo se apodera del monopolio del antiimperialismo al menos en su aspecto mediático y propagandístico, mientras que el nacionalismo se refugia más bien en la batalla por la restauración cultural de nuestros pueblos.

Triunfa así la versión marxista del imperialismo como etapa superior del capitalismo, la del imperialismo como una categoría universal plasmado en una sola nación: los Estados Unidos.

Se abandona, entonces, la idea del nacionalismo hispanoamericano del imperialismo como un “internacionalismo situado”, el imperialismo con pelos y señales, donde, si bien existe una primacía “de la alta delincuencia financiera internacional con presencia cierta de lo hebreo en el imperialismo apátrida” [10],también convergen regímenes comunistas, liberales y dictatoriales.

Esta primacía del marxismo sobre el nacionalismo hispanoamericano, incluso a pesar que éste se adelantó en el tiempo con las denuncias pormenorizadas que realizaron Torres y los autores mencionados, y a pesar de la firme, decidida y clara definición de Perón del imperialismo como sinarquía. A pesar de todo ello el peronismo o mejor aún los peronistas vergonzantes que hacen de ideólogos, buscan en el movimiento de Forja el semental ideológico del peronismo. Olvidando o peor aun desconociendo o tergiversando la verdad indudable que el peronismo como nacionalismo antiimperialista de carácter hispanoamericano tiene su fuente en la profundidad de dicho nacionalismo.

Y así, y esto es significativo a tener en cuenta, mientras el nacionalismo europeo se identifica con la idea de Estado-nación, el nacionalismo hispanoamericano tiende a identificarse con la idea de nación-pueblo., identificación que obedece a una doble exigencia histórica: a) a la integración étnica y cultural en la formación de nuestra identidad a través del mestizaje y b) el carácter revolucionario de nuestros propios pueblos expresado en la movilidad social y política que se da en Iberoamérica a diferencia de Europa.[11]

Forja como su nombre lo indica (Fuerza de orientación radical de la joven argentina) y sin desmedro de todos sus méritos que los tiene y muchos, fue un movimiento de carácter radical con todas las taras modernas o modernosas que tuvo y tiene el radicalismo argentino (una especie de socialdemocracia criolla). Así sus mejores autores, como el mencionado Jauretche o García Mellid (hay que decirlo una vez más, Raúl Scalabrini Ortiz no formó parte de Forja pues no era radical sino nacionalista antiimperialista) tienen una visión y versión del imperialismo como potencia de dominación capitalista, y por lo tanto afin al marxismo como consecuencia de sus orígenes socialdemocráticos o radicales.

Es por eso que hoy en día no hay funcionario kirchnerista=versión socialdemócrata del peronismo, que no tenga diez citas de Jauretche a la carta, y de las que hecha mano cada dos por tres.

Debemos observar además que tanto el marxismo, como el socialismo y sus variantes socialdemócratas o socialcristianas han despreciado y minusvalorado la idea del imperialismo como sinarquía o como gobierno mundial, utilizando una astucia de la razón, diría Hegel, como lo fue la teoría del complot. Esta teoría, á la limite, generada desde los propios centros internacionales de poder, en este caso actuando como “productores de sentido”, sostiene la virginal e ingenua afirmación que en la historia no existe el complot, como conciliación de intereses de las partes(los diferentes lobbies) para dominar o derrocar a un enemigo. Así para ellos la conocida sentencia de Benjamín Disraeli, ministro de Inglaterra de 1868 a 1881 en su novela Coningsby : “El mundo está manejado por otros personajes que no imaginan aquellos cuya mirada no llega hasta detrás de los bastidores” es un juicio literario y no una realidad politológica.

Pero unos son los caminos de los intelectuales y otro el de las realidades políticas y así hoy este nacionalismo antiimperialista hispanoamericano ve a través de los bastidores con los ojos del boliviano Andrés Solíz Rada el imperialismo en la petroleras Repsol y Petrobras, nosotros lo vemos en los grupos financieros agropecuarios Eltzain y Grobocopatel, Jorge Báez Roa desde Paraguay en el grupo de Energía Mindlin, Chávez en Venezuela lo ve en el grupo de comunicación Phelps, y así podemos seguir poniendo casos de cada uno de nuestros países americanos.

Desde la implosión de la Unión Soviética a principio de los 90, momento a partir del cual los marxistas quedan “perdidos como turco en la neblina”, toma nuevamente la palabra el nacionalismo antiimperialista de carácter hispanoamericano con su teoría del imperialismo como un poder compuesto por distintas facetas y corrientes ideológicas que actúa como un gobierno mundial, donde la economía está controlada en su aspecto financiero por el Banco Mundial y su aspecto comercial por la OMC, su parlamento es el foro de Davos, su poder ejecutivo el Grupo de los 8 a través de las decisiones que generan en las ON y , su ejercito el de la OTAN. Así este nacionalismo, para el cual la nación en América es una realidad histórica y social anterior al Estado, que tiende a identificarse con la idea de nación-pueblo y no Estado-nación según el chliché europeo, es el que posee no solo los mejores niveles de análisis politológicos sino quien se aproxima más a la verdad de lo que sea el imperialismo.

Y esto explica porque en nuestro país la denuncia antiimperialista más profunda, fundada y contundente de los últimos 30 años la realizó otro tucumano, Alejandro Olmos (1924-2000), coincidentemente el más destacado discípulo de Pepe Torres, cuando denunció el fraude de la deuda externa Argentina.

Es que la teoría acerca del imperialismo que el nacionalismo hispanoamericano, el peronismo es su forma ejemplar, no se agota en la metodología de denuncia de la que tanto Torres, Scalabrini, Doll, Olmos fueron maestros consumados, sino que ellos en tanto pensadores lograron unir en forma sustancial e indivisible, algo que el marxismo nunca pudo hacer, el nacionalismo y el antiimperialismo. Y en esto se destacó sobre todos Perón como el gran ejecutor.

Entendemos que esta breve meditación sobre un tema tan principal como la idea de imperialismo para el nacionalismo hispanoamericano podría servir como disparador para desarrollos y estudios futuros sobre una visión y versión dejada de lado por los estudiosos contemporáneos del tema. Así por ejemplo, cuando Hart y Negri en su publicitado libro Imperialismo caracterizan al actual como “un imperialismo desterritorializado”, al no haber tenido en cuenta los trabajos realizados en Nuestra América por ensayistas como Torres o Montenegro, terminaron siendo una justificación de los poderes indirectos, y una meditación que nació con intención progresista finalizó haciéndole el juego a la los satisfechos del sistema de la sociedad opulenta.

Obras de Torres:

Algunas maneras de vender la patria (1940)

Los Perduellis (1943)

La Década infame (1945)

Una batalla por la soberanía (1946)

La Patria y sus destino (1947)

Seis años después (1949)

Nos acechan desde Bolivia (1952)

La oligarquía maléfica (1953)

Opúsculos:

Almas enfermas (Tucumán, Ed. Novelas del norte, año 1, nº 6, 1919). Bajo el pseudónimo de Sergio Serna

Por los senderos del arte (Tucumán, Ed. del autor, 1923)

Comedores de pueblos (Tucumán, Ed. del autor, 1925)

[1] Jauretche, Arturo: periódico “Prensa Argentina”, Bs.As. 5-11-65

[2] Torres, J.L.: La década infame, Bs.As., Freeland, 1973, p. 25

[3] Torres, J.L.: La Década infame, Bs.As., Freeland, 1973, p. 26

[4] Torres, J.L.: La zona petrolífera del Norte argentino. Ligeras impresiones de un viaje, Boletín de informaciones petroleras, Bs.As., junio 1928

[5] Hay algunos ensayistas que la han bautizado como Brígida, pero nosotros la conocimos estando Torres vivo y poseemos varias cartas de ella y en todas firma como Bety Torres.

[6] En estos días(mayo de 2007) viajamos a Tucumán por una conferencia en el Centro de Estudios Alberto Rougés y pudimos conseguir la partida de nacimiento de Torres, donde constan que fue hijo natural de Elvira Barrosa de 14 años, cocinera, y anotado como José Luis Barrosa, reconocido en el acta por Domingo Torres recién en 1932, año en que viaja a Buenos Aires por primera vez.

[7] Noticias sobre José Luis Torres, en revista Bancarios del Provincia, Bs.As. 1974.- José Luis Torres: el fiscal de la década infame, Ed. Marcos, Buenos Aires, 1975.- La sinarquía y lo nacional (apéndice sobre José Luis Torres), Ed. Cultura et Labor, Buenos Aires, 1983.- Además de varios artículos en internet

[8] Con la categoría de hispanoamericano, tal como se llamaban a sí mismos estos pensadores (Manuel Ugarte, de la generación anterior también se llamaba así y no “latinoamericano” como erróneamente lo hace aparecer Galasso y con él toda la izquierda progresista) querían significar que el marco de pertenencia de su nacionalismo era la Patria grande hispano o iberoamericana de San Martín y Bolivar.

[9] Diario La Razón de Buenos Aires, 4/7/72.

[10] Torres, J.L.: Nos acechan desde Bolivia, Bs.As., Ed. Federación, p. 34

[11] Quien más en profundidad ha trabajado esta idea en América ha sido uno de los padres de la sociología indiana don Julio Ycaza Tigerino en su libro Perfil político y cultural de Hispanoamérica, Madrid, Ed. Cultura Hispánica, 1971

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