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Área: Cultura >> Varios
Actualizado el 2009-10-02 a horas: 15:40:26

Una de las últimas entrevistas al recién fallecido poeta, ensayista y novelista cubano, uno de los más rigurosos y exhaustivos estudiosos de la obra de José Martí

Cintio Vitier: La libertad de pensar

Julio César Guanche

(PL).- Cintio Vitier es uno de los cubanos más longevos de la historia insular; en las partidas de nacimiento consta que nació en Cayo Hueso en 1921, pero debe ser un error. Aunque todavía acuda vital a su despacho del Centro de Estudios Martianos, su arribo a este nuestro reino debió producirse en 1802 ó 1806. (Se le atribuyen a la pluma de Vitier una serie de trabajos aparecida entre 1835 y 1870 en El Observador Habanero, el Diario del Gobierno y la Revista Bimestre Cubana. Asimismo, varios especialistas aseguran que en esa fecha ganó una cátedra por oposición para impartir Latín y Retórica en el Seminario de San Carlos y que colaboró con algunos colegios, uno de ellos llamado El Salvador, aunque este dato sea más difícil de corroborar.

Ciertamente, de lo único que tenemos constancia es de su paso por el siglo XX. Se sabe que en 1935 intercambiaba poemas con un jovencito llamado Eliseo Diego, que ambos, junto a un grupo de amigos, editaron Clavileño en 1942 y que se enamoró perdidamente de una muchacha, Fina, a la que no ha dejado nunca de escribirle poemas. Existe la prueba de sus colaboraciones para Espuela de Plata, Poeta, Orígenes, Lyceum, Revista Cubana, Casa de las Américas, La Gaceta de Cuba y otra larga relación de publicaciones. Algunos de esos trabajos, sus estudios sobre José Martí, y libros como Lo cubano en la poesía o Ese sol del mundo moral, bastan para su establecimiento definitivo en la historia literaria del país. No obstante, algunos de sus críticos le señalan altibajos a su obra, y que su poesía no tiene la calidad de sus ensayos.

También se le ha señalado cierto afán de convertir la historia de Cuba en un derrotero feliz hacia el triunfo revolucionario de enero, mas, ante ese argumento Vitier es categórico: "La acción revolucionaria nos ha enseñado, entre otras cosas, que la poesía puede encarnar en la historia y debe hacerlo, con todos los riesgos que ello implica, y que en la agonía de esa encarnación se desvanecen las frustraciones que nos paralizaban, quedando sólo en pie aquel imposible heroico la protesta de Baraguá, la obra de Martí, los doce de la Sierra, las muertes solitarias de Camilo Torres y el Che-, que es la sustancia y el motor de nuestra mejor historia y, en el reino de las transposiciones líricas o proféticas, de nuestra mejor poesía." Si algo testimonia su obra es el derrotero, agónico y esperanzado, por ello poético, del hombre cubano hacia sí mismo, hacia lo mejor de sí. "Vamos a hacer un mundo de verdad, con la verdad/ partida como un pan terrible para todos.", ha dicho, desgarrado, honesto.

Ahora Cintio Vitier anuncia, inexplicablemente, que cumple "la venerable edad de 80 años" en este septiembre. A quien ha dialogado con los grandes maestros de la historia de Cuba, los ha conocido y tratado y es un maestro él mismo pueden permitírsele estos rejuegos con la edad. Podemos incluso entregarle esta revista, una vez impresa, con la siguiente dedicatoria: "A Cintio Vitier, en la juventud y poesía de la patria", a la espera de los libros que publicará en el próximo siglo.

P. ¿Puede algún silencio ser revolucionario?

R. Hay un ejemplo memorable en nuestra historia: el silencio que guardó Martí a partir de su discrepancia con Gómez y Maceo en octubre de 1884, el cual duró hasta su reaparición pública en el discurso del 10 de octubre de 1887. De haberse realizado con éxito el plan Gómez-Maceo este silencio le hubiera costado a Martí quedar prácticamente marginado de la Revolución cubana. Recordarás la carta de Martí a Gómez: "Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento." Es tan dura que llega a parecer injusta si no se atiende a la radicalidad en los principios de Martí y a su conocimiento sobre las experiencias de México, Guatemala y Venezuela, donde grandes paladines habían devenido dictadores. Quizás en ese momento Martí no aquilató cabalmente el espíritu de Gómez y de Maceo, porque ciertamente les increpó con rudeza: "Es mi determinación no contribuir en un ápice, por amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a traer a mi tierra a un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta, y más grave y difícil de desarraigar, porque vendría excusado por algunas virtudes, embellecido por la idea encarnada en él, y legitimado por el triunfo." Martí consideraba un deber abatir el peligro del caudillismo, para él la guerra era asunto del pueblo y no de jefes militares. Si se observa, Cuba no ha estado ajena a esa deformación: la historia de José Miguel Gómez como mambí es extraordinaria, peleó en todas las guerras y terminó convertido en un delincuente.

En 1885, Martí es invitado a Filadelfia a pronunciar, como había ocurrido en años anteriores, el discurso del 10 de octubre, y él rehusa asistir al acto. Su silencio revolucionario, por razones que hoy incluso pueden parecernos exageradas, afianzó su autoridad para la conducción ideológica de la nueva guerra. Es notable cómo él, años después, al fundar el Partido Revolucionario Cubano, se dirige a Gómez y a Maceo y los dos, con mucha nobleza, le responden sin rencor. Ahora, quería preguntarte: ¿por qué me haces esta pregunta?

P. Por dos razones. Una pertenece al pasado y otra al presente. Antes, algunos padecieron silencios y supieron mantenerse fieles a la Revolución; hoy existen cuestiones que uno quisiera debatir en público, abiertamente, mas no se discuten.

R. El silencio puede ser voluntario en alguna circunstancia, pero también se puede sufrir la imposibilidad de hablar, o al menos la de publicar. Eso nos pasó a nosotros en lamentables momentos, por suerte superados. Se habla de un "quinquenio gris", según frase ya acuñada, no obstante, en realidad la etapa duró más de cinco años. Siempre he creído que el acto de pensar no se puede impedir. El pensamiento es libre. Uno puede y debe expresarse, y escribir, así sea para uno mismo.

En aquel tiempo ningún mandato legal vetaba la publicación de un texto, de hecho no se publicaba. Estos errores tuvieron casi siempre como responsables a funcionarios intermedios que llegaron a alcanzar poder y causaron algunos desastres, a veces muy dolorosos, por cuanto limitaron la obra de personas valiosas.

Con todo, el silencio puede ser también una palabra, una posición. Callar puede indicar desacuerdo. La abstención es un testimonio, una actitud con valor ético. A veces es aconsejable no contribuir a confusiones, a controversias innecesarias: ya tenemos demasiadas polémicas indispensables como para extendernos en otras.

Te cuento una anécdota, no tanto por el hecho específico como por el sentido que ese tipo de problemas llegó a adquirir. Nosotros habíamos regresado de Burdeos tras participar en un Coloquio muy exitoso sobre José Martí. Según Juan Marinello había sido el más importante entre los eventos celebrados acerca del Apóstol.

Al término del Coloquio me invitaron a pronunciar una conferencia en La Sorbona. Allí leí un ensayo sobre la poética de Versos Libres, respecto al cual, ya en Cuba, se pronunció el entonces Director del Consejo Nacional de Cultura. Esta persona argumentó la necesidad de suprimir una mención de Lezama contenida en mi trabajo, por su contigüidad con el nombre de Martí. Me dio como razón que Lezama con Paradiso se había convertido en un apóstol de la homosexualidad. (Entre paréntesis, de ninguna manera pienso que la homosexualidad sea el tema central de Paradiso.) Le pregunté al funcionario: ¿Y qué harás con la crónica de Martí sobre Oscar Wilde? Allí Martí considera al escritor "un elegante apóstol, lleno de fe en su propaganda y de desdén por los que se la censuran". ÂíY Wilde sí fue públicamente un apóstol de la homosexualidad! ¿Y con el ditirambo de Martí a Walt Whitman, cuyos libros Hijos de Adán y Calamus estaban prohibidos por "inmorales"? ¿Y con el nombre del Teatro García Lorca? ¿Y con el propio Federico, figura emblemática de la poesía republicana española? ¿Y qué harás con figuras imprescindibles de la plástica, el ballet, el teatro? "Esas cosas nosotros las manejamos", dijo él. Nunca supe quiénes eran nosotros. Le dije que los iniciadores de la persecución hacia los homosexuales habían sido los capitalistas y que si ese nosotros continuaría el camino.

Desde luego, rompí relaciones con dicha persona a partir de esa discusión. Después vino el silenciamiento, proceso que no guardó ninguna proporción con lo vivido en la ex URSS, aunque sí fue silenciamiento. Nosotros nos limitamos a dejar en otras manos la dirección de la Sala Martí de la Biblioteca Nacional y del Anuario Martiano, sin ningún comentario público. Por suerte todo eso quedó atrás. Hoy la figura de Lezama goza de la relevancia merecida. Es una lástima que haya muerto antes de presenciar esa rehabilitación, que además comenzaba ya desde los meses previos a su muerte. Algo desconocido por muchos es que se le pidieron disculpas y se le prometió la publicación de sus inéditos. Si Oppiano Licario y Fragmentos a su imán salieron inmediatamente después de su muerte fue precisamente porque se estaba preparando su edición.

Me quedó la tranquilidad de decir y escribir lo que pensaba, aunque no fuese publicado. Redacté un acta resumida de las críticas que me hicieron y de mis respuestas. Y la hice llegar a varios dirigentes, incluso al censor.

P. Si el corpus de la cultura cubana no puede desconocer lo producido fuera de la Isla, y si se parte de que ese "fuera de la Isla" es una vasta heterogeneidad geográfica, ideológica y cultural, ¿se puede hablar de una cultura cubana? ¿Qué determinaría la inclusión de determinado discurso dentro del ámbito de la cultura nacional?

R. Creo que siempre puede hablarse de una cultura cubana, cuyo centro estuvo, está y estará, como lo ha dicho Ambrosio Fornet, en la Isla. En cuanto a los caracteres que determinarán la inclusión "de determinado discurso dentro del ámbito de la cultura nacional", estos no forman parte de ningún programa previo. El tiempo los irá decantando a partir de la probada autenticidad de sus diversidades. Es un campo donde no es posible prejuzgar. El decursar irá haciendo sus integraciones, como ya de hecho ha venido sucediendo, no solo con personas que se marcharon de Cuba sino con quienes sostuvieron ataques contra la Revolución. Es el caso de Gastón Baquero. Ahora salió una entrevista a Luis Ortega , que me parece muy importante. Entrevista divertidísima y amarga. Ortega es una persona muy inteligente, muy respetable, que no llegó a colaborar aunque sí figuró como editor de Clavileño.

En esa entrevista Ortega habla de Gastón, y dice cosas muy acertadas: "Sus opiniones -las de Gastón- serán olvidadas, porque en realidad no tenían autenticidad. Brotaban de su tristeza profunda al tener que vivir fuera de Cuba. En él, como en nadie, esto se dio como castigo." En efecto, la poesía es lo auténtico en Gastón, por fortuna su poesía no se contaminó con sus disparates políticos. Baquero escribió uno de los mejores poemas que conozco sobre García Lorca: "Soñadle puesto en Dios. Soñad que estalla/ risa y verso y pasión; soñadle aroma/ que en lumbres canta la invisible playa."; escribió, a mi juicio, el mejor poema sobre César Vallejo: "a París le falta un Aconcagua, y voy a lloverle a Dios sobre/ su misma cara/ el sufrimiento de todos los humanos."; escribió páginas justicieras sobre Alejo, García Márquez, Neruda, los poetas españoles del 27. Es un escritor serio en lo literario, como no es serio en sus opiniones políticas. En resumen, me parece justa la opinión de Luis

Ortega porque de la obra de Gastón ni podemos ni debemos prescindir. Igual se está rescatando la labor de Lino Novás Calvo, de Enrique Labrador Ruiz, de Jorge Mañach. Todos son nuestros, no se los vamos a regalar a nadie. De Lezama, Âíni hablar!

P. ¿Cómo se sigue produciendo la identidad cubana? ¿Quiénes la producen? ¿Con qué intenciones?

R. No creo que la identidad cubana sea tanto una producción como un resultado e incluso una inspiración incesante. No me parece definible por "intenciones previas" salvo en lo que se refiere a nuestros mejores "modos de ser" ya probados en la historia. Nada nuevo en verdad: vivir entre la mejor tradición y el mejor futuro de nuestra eticidad. De raíz a flor y fruto; de flor y fruto a nueva raíz fiel. No convirtamos la identidad en un programa. Tengo un trabajo titulado: "La identidad como espiral", en él afirmo: la identidad cultural no es una "invariabilidad ontológica, ni menos lógica, pues "lo cultural" se sitúa totalmente en el devenir, fuente de todos los cambios y contradicciones".

Hay ideales culturales aún irrealizados, que formaron parte de nuestras raíces, como la conciliación entre la ciencia y la fe. "Por la ciencia se llega a Dios", escribió Varela y esa idea se puede encontrar en Luz y en Martí. Pero ese tipo de polémicas va siendo innecesaria. No hay por qué enfrentar el materialismo al espiritualismo. Nuestro problema es la independencia de Cuba. Discutamos lo necesario sin dividirnos, sin fragmentarnos. Si bien la prédica de sacerdotes como José Agustín Caballero, Félix Varela, o de religiosos fervientes como José de la Luz es fundacional en la cultura cubana, no existe la obligación de mantener esa conciliación, aunque sí estemos obligados a no mantener esa polémica. Son cosas que también se están rectificando, y formaron parte de los conflictos de los años 70.

P. Nuestra cultura y nuestra identidad estuvieron, desde sus inicios, marcadas también por las deformaciones de lo colonial. ¿Poseemos el espacio crítico -o el sentido de la resistencia cultural- que nos permita eliminar las estructuras intelectuales reproductoras de la dependencia?

R. Como ya dije, entiendo por identidad en la tradición viva, los "modos de ser" mejores, "ya probados en la historia". Los modos de ser "peores", también probados, no tenemos que asumirlos como identidad sino como subproductos de fatalismos históricos. Todo lo hecho no tiene por qué caracterizarnos. Anecdótica y superficialmente sí, pero estamos buscando el modo preferible de ser. Identidad no coincide con tipicismo. Típico de cierta dimensión clasista del cubano fue el autonomismo; típica ha sido también la afición pronorteamericana, el anexionismo que, según Martí, en la república seguiría siendo problema "constante y grave".

Pensar que ambas tendencias colonialistas forman parte de nuestra identidad nacional, es a mi juicio negarla. Forman parte, sí, de una caracterización histórica. Pero, la identidad, lo que nos identifica como cubanos reales, sólo puede ser el independentismo y por lo tanto el antimperialismo. Claro, cada cual puede escoger su paradigma. El mío es José Martí. Otros pueden escoger a José Antonio Saco, a Arango y Parreño, al Marqués de Pinillos, o pueden escoger el anexionismo, como ocurre con ideólogos de la contrarrevolución radicados fuera de Cuba. Rafael Rojas, por ejemplo, joven autor con buena formación académica, intenta reivindicar el derecho de la derecha en Cuba. No existe el derecho de la derecha. El derecho de la derecha, comprobado históricamente, significa opresión.

Con esto no niego la obra en la cultura, y la honradez, de algunos intelectuales de derecha. Pienso en José María Chacón y Calvo, católico practicante y amigo fraterno de Pablo de la Torriente Brau. En Madrid, de la casa del autor de Las cien mejores poesías cubanas salió Pablo para el frente. Allí Chacón y Calvo protegió a los republicanos perseguidos. En Santa María del Rosario inauguramos una institución dedicada al estudio de su obra y al reconocimiento de su gestión cultural en la república mediatizada.

P. La superficialidad, la desustanciación y la carencia de finalidad eran los signos epocales más distintivos, Lezama no tenía apenas diez centavos para ir a trabajar. En esas condiciones, él y un grupo de poetas dieron a la luz la mejor revista de su género en lengua española. ¿Cómo pudo ser posible?

R. No solo fue Lezama y Orígenes. Los años 40 y 50 presenciaron un poderosa resistencia de las energías culturales del país, evidente también en la pintura, la música (culta y popular), la antropología, la historiografía, el estudio de la tradición cubana, su culminación en Martí, la poesía social, Nicolás, Alejo, el teatro, la danza... Fue la respuesta de minorías solitarias o aisladas entre sí, a la frustración política. De algún modo se mantuvo, contra viento y marea, la continuidad creadora y se enriqueció una cultura que, como he dicho otras veces, merecía una Revolución verdadera.

P. ¿Posee el pensamiento intelectual cubano la autonomía cultural suficiente para expresarse con autenticidad? ¿Qué sería lo auténtico hoy?

R. Entiendo que sí. Existe una autonomía cultural cubana. Autonomía no es desconexión. Si no aspiramos a la universalidad no podemos ser autónomos. Lo auténtico hoy es asumir nuestra verdad nacional en su dinamismo hacia el futuro.

P. "La República martiana es el misterio que acompaña toda experiencia política cubana", esta frase atribuida en esos términos a José Lezama Lima ha sido llevada y traída por años. ¿Podría definir su alcance?

R. Unas veces se ha dicho que, en la frase de Lezama, "el misterio" se refiere a la República, y otras que se refiere a Martí mismo. Efectivamente, es cierto que Martí nunca reveló cómo concebía en la práctica nuestro futuro sistema republicano. Para mí es evidente que no iría a calcar en Cuba el sistema yanqui que, después de quince años, llegó a conocer tan a fondo hasta su entraña imperialista, ni tampoco las ya desmoralizadas repúblicas que conoció en México, Guatemala y Venezuela, de las que tuvo que huir. Los principios básicos de la nueva república ideal están, sin duda, en textos como el discurso "Con todos, y para el bien de todos", el "Manifiesto de Montecristi", la última carta a Mercado.

Llama la atención también la carta a Fermín Valdés Domínguez sobre la celebración del Primero de Mayo de 1894. Fermín ya era entonces socialista utópico, y hoy sabemos que, a la larga, no ha habido otro. Del socialismo como utopía, pues, habla allí Martí con reparos ante las "lecturas extranjerizas, confusas e incompletas", mas también con esperanza, y le dice a Fermín que la tarea de ambos en la nueva República sería "explicar, liso y hondo". ¿Explicar qué? ¿La democracia representativa de Norteamérica, Hispanoamérica y Europa? Martí no dice "sanear" sino "explicar". Sólo hay que explicar algo "nuevo". Presumo que está pensando en un nuevo tipo de República. Esa novedad histórica y política, esa creación martiana que se estaba fraguando en silencio con categórico cimiento antimperialista, sigue siendo, sin duda, un misterio. No menor lo es el mismo Martí, pero, en su persona, misterio totalmente revelado, misterio de luz y en la luz.

Aunque Martí tiene fama de visionario, de poeta en el sentido de iluso, era verdaderamente un realista. Sin llegar jamás a fundar una república socialista en medio del Caribe, algo nuevo iría introduciendo. Y el horizonte es claro: "con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar", o lo que dice a propósito de la gesta bolivariana en Nuestra América: "Con los oprimidos había que hacer causa común para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de los opresores."

Él nunca fue amigo de la lucha de clases, aunque también llegó a darse cuenta de su inevitabilidad. Cuando habla de Marx dice: "no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño." ¿Qué "remedio blando" -podría preguntarse alguien- si él estaba preparando una guerra?

Pero no es lo mismo la lucha social que la liberación política. Él nunca fue partidario de lanzar una clase contra otra, precisamente porque su móvil era la unidad patriótica. La logró en el exilio con los dueños de fábricas de tabaco, con los "ricos benévolos", quienes contribuyeron a la causa común, junto a los obreros. Sin embargo, en el manifiesto que envía a The New York Herald y en la última carta a Mercado, él dice que ante la posibilidad de una nueva alianza de la oligarquía criolla con el imperialismo norteamericano, había que identificarse con "la masa pujante, -la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,- la masa inteligente y creadora de blancos y de negros". De aquí que no se puedan tomar al pie de la letra los reparos que hizo en Karl Marx ha muerto, porque la lucha de clases podía no ser lo deseable pero sí lo inevitable.

P. Las revoluciones, desde la francesa hasta la nuestra del 30, pasando por la rusa, no han escapado a una "cerrada dialéctica". ¿Qué dialéctica cree usted que siga en lo adelante la Revolución cubana?

R. Permíteme advertir que en el 30 no tuvimos una revolución en ningún sentido comparable con la francesa o la rusa. La inmediata injerencia yanqui volvió a impedirlo. Por otra parte, aunque líderes capaces para llevarla a cabo no faltaban (ahí estaban Mella, Rubén, Guiteras, Pablo, prematuramente muertos), quizás el pueblo aún no estaba maduro para protagonizar semejante empresa.

En cambio, la que tomó el poder en el 59 y se declaró heredera de la concepción martiana de una sola Revolución fundadora y sustentadora de la nación en "varios períodos de guerra", según se dijo en el "Manifiesto de Montecristi", ha ido adquiriendo caracteres de perdurabilidad cada vez más insólitos. No parece que vaya a convertirse, ni para bien ni para mal, en una reliquia histórica. Aunque surgió como insurrección frente a una tiranía local, su sentido esencialmente antimperialista la ha situado cada vez más en el centro de la política contemporánea. Su "cerrada dialéctica", por lo tanto, tendrá que estar abierta a los avatares de una batalla universal que es la de "los pobres de la tierra" y de la supervivencia del planeta para el hombre. Nada menos.

P. ¿Qué nexos podría encontrar entre el imposible, la utopía, el milagro y la poesía?

R. Siempre he sentido el imposible como una fuerza profunda y creadora, tanto en la poesía como en la historia. La declaración de Tertuliano sobre la fe cristiana, "lo creo porque es imposible", me parece insuperable. En 1957 escribí un libro al que, significativamente, titulé La luz del imposible. Martí, en el debate del Liceo Hidalgo, dijo que afirmaba su fe en el espíritu inmortal "porque lo creo, porque lo siento y porque lo quiero". Subrayo aquí el papel de la voluntad. En carta a Miguel F. Viondi diría: "Los locos somos cuerdos; lo imposible es posible." De hecho, en nuestra historia el imposible encarnado en el Pacto del Zanjón hizo posible la protesta de Baraguá, que a su vez hizo posible el Partido Revolucionario Cubano. Con ello aludo a los nexos que encuentro entre el imposible, la utopía, el milagro, la poesía... y la historia, aquí donde nuestro mayor hombre histórico es nuestro mayor hombre poético.

P. Para terminar, sobre usted, dos preguntas. ¿Cuál sed, a su edad, no ha saciado Cintio Vitier?

R. La sed de ser mejor.

P. "La fuerza de un poeta está en la fuerza de sus contradicciones", según sus propias palabras. ¿Cuáles son las contradicciones de Cintio Vitier? ¿Cuál su fuerza?

R. No tengo estas respuestas. Quizás ellas me tienen a mí.

Fuente: Cubaliteraria, septiembre 2001.

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