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Actualizado el 2009-10-02 a horas: 14:32:14

El doble estándar de Washington hacia Cuba: La Habana como falso “patrocinador estatal del terrorismo”

COHA Research / Serna Salazar

El reciente levantamiento de la suspensión a Cuba para pertenecer a la Organización de Estados Americanos indica que el dominio de Washington sobre el sistema interamericano, es una historia del pasado. Los prerrequisitos fijados por la OEA (OAS por sus siglas en inglés) para la readmisión de Cuba, son mucho más débiles que los exigidos originalmente por la Secretaria de Estado de los Estados Unidos Hillary Clinton; esto demuestra el poder que acarrea el consenso de los líderes Latinoamericanos, lo cual marca un hito que los separa de las impopulares políticas de la administración Obama.

La controversia que rodea la readmisión de Cuba en la OEA demuestra que La Habana será el punto de contención más crítico en medio de las esperanzas de mejorar los lazos entre Estados Unidos y América Latina. Por lo tanto, el nuevo gobierno de Obama decidió moverse rápidamente hacia la normalización de las relaciones con Cuba, acción que mejorará considerablemente la situación de los Estados Unidos en la región. Si por el contrario, Washington insiste en mantener las tradicionales hostilidades en contra de la Habana, Estados Unidos se aislará aun más políticamente de los estados Latinoamericanos, los cuales se muestran cada vez más autónomos y con tendencias izquierdistas.

Es constante en la política de Washington hacia Cuba la reaparición de un doble estándar irracional. Habitualmente los Estados Unidos actúan hacia la isla con rencor y antagonismo reflexivo en una manera inconsistente con las políticas del país del norte hacia otros Estados más formidables y económicamente más poderosos, aunque mucho menos democráticos que Cuba. Esta actitud se manifiesta claramente en la continua inclusión de Cuba en la lista anual del Departamento de Estado de los “estados patrocinadores del terrorismo.”. Esta es una acusación amorfa en contra del gobierno de Castro agobiada por la continua presión del lobby anticastrista en Washington desde Miami. El error del Departamento de Estado de no quitar a Cuba de su reciente lista de patrocinadores del “terrorismo” muestra otra más de las inconsistencias y los fallidos intentos de las recientes iniciativas de la administración Obama en cuanto a Cuba. Lo que debe ser juzgado como un serio revés a una posible normalización de las relaciones entre ambos antiguos antagonistas.

Cuba ha Estado en la lista negra del terrorismo del Departamento de Estado desde el 1 de marzo de 1982, cuando fue agregada por las alegaciones de financiación y entrenamiento de grupos armados revolucionarios en América Latina y África por parte del régimen Castrista. Sin embargo en 1992, después de la caída de la Unión Soviética el gobierno de Fidel Castro renunció a la política anterior de financiar organizaciones terroristas. Desde entonces, no se ha conocido que Cuba financie o preste apoyo logístico a grupo alguno, lo que hace inexcusable que Cuba continúe siendo hostilmente calificada por parte de Washington como patrocinador del terrorismo, especialmente teniendo en cuenta los resientes retiros de Libia y Corea del Norte de esta lista de terroristas. A pesar de los serios problemas presentados por la supresión de libertades democráticas del gobierno cubano, este país no puede ser comparado convincentemente con Irán o Siria como patrocinador directo del terrorismo, de lo contrario, en las listas también deberían ser incluidas China, Libia y Corea del Norte.

El caso para la inclusión de Cuba.

Alrededor del 30 de Abril de cada año, el Departamento de Estado debe presentar un informe detallado sobre las actividades terroristas ocurridas alrededor del mundo con varios párrafos dedicados a cada país designado como patrocinador del terrorismo. La siguiente descripción fue dada a Cuba en el “Reporte sobre el Terrorismo 2008”: Aunque Cuba no apoya activamente la lucha armada en América Latina y otras partes del mundo, el gobierno cubano sigue proporcionando protección y seguridad a varios terroristas. Miembros de ETA, de las FARC y del ELN permanecieron en Cuba durante el 2008, inclusive algunos llegaron a Cuba en relación con las negociaciones de paz con los gobiernos de Colombia y España. Autoridades cubanas continúan defendiendo en público a las FARC. Sin embargo, el 6 de Julio de 2008, el anterior presidente cubano Fidel Castro invitó a las FARC a liberar a los rehenes sin ninguna condición previa. A su vez, Castro también ha condenado el maltrato que las FARC le dan a sus cautivos y la abducción de civiles políticos que no tienen ningún papel en el conflicto armado.

Los Estados Unidos no poseen ninguna evidencia de las actividades terroristas relacionadas con el lavado de dinero o el financiamiento del terrorismo en Cuba, aunque Cuba tiene uno de los sistemas bancarios más reservados y menos transparentes del mundo. Cuba no tiene ninguna unidad de inteligencia financiera. Sin embargo, la ley 93 de Cuba contra actos terroristas, le proporciona al gobierno la autoridad para rastrear, bloquear, o capturar terroristas activos.

En la actualidad, el gobierno Cubano continúa permitiendo que algunos fugitivos estadounidenses vivan legalmente en Cuba, incluyendo miembros de los grupos militantes de Estados Unidos tales como “Boricua popular” o “Macheteros” y el Ejército por la Liberación Negra. Consecuente con su declaración pública, el gobierno Cubano no ha proporcionado asilo a ningún nuevo fugitivo de los Estados Unidos requerido por terrorismo desde el 2006.

Irónicamente esta misma explicación expone precisamente porque Cuba no debería ser considerada como un Estado que apoya el terrorismo. La primera frase del reporte indica que Cuba ya no apoya “activamente”el terrorismo, una clara contradicción a la afirmación del Departamento de Estado de que los países que se encuentran repetitivamente en la lista “han proporcionado en varias ocasiones apoyo para actos de terrorismo internacional.” La afirmacion de que el sistema bancario de Cuba es “secreto y no transparente” llama la atención, haciendo énfasis en el hecho que las agencias de inteligencia de los Estados Unidos no han obtenido evidencia alguna de que Cuba financia terroristas.

De hecho, existen más que suficientes pruebas de que el gobierno Cubano ha tomado significativas medidas contra el terrorismo. La ley 93, decretada en diciembre del 2001, proporciona una base jurídica para la política cubana contra el terrorismo y aunque no esta indicado en este informe, Cuba es signatario de doce de las convenciones y los protocolos de la ONU contra el terrorismo. Los argumentos del Departamento de Estado indicando que Cuba “continúa defendiendo en público” la red colombiana terrorista FARC contradicen el hecho de que es el mismo Departamento de Estado quien reconoce el rechazo de Fidel Castro a las tácticas de las FARC. Adicionalmente, en el 2005, Fidel Castro declaró haber terminado con la práctica de ofrecer refugio a los fugitivos de la justicia de los Estados Unidos, incluyendo los fugitivos requeridos por terrorismo, demostrando así un cambio claro con respecto a las políticas de Cuba en la Guerra Fría. En septiembre del 2006, el gobierno Cubano mantuvo la declaración de Castro al deportar un ciudadano estadounidense que había secuestrado a su hijo y lo había enviado a Cuba. Este es el único caso reciente en el cual un fugitivo de la justicia de los Estados Unidos ha buscado asilo en Cuba.

Para el Departamento de Estado uno de los principales argumentos del informe es que Cuba “continua proporcionando asilo” a terroristas colombianos y vascos. Esta afirmación inicialmente no aparecía en el borrador que la agencia del Departamento de Estado envió al congreso para su revisión preliminar por el cuerpo legislativo. Es después de esto que los miembros del congreso del área de Miami reaccionaron furiosamente frente a las acciones del Departamento de Estado al no nombrar a Cuba como un Estado patrocinador del terrorismo. La revisión fue hecha rápidamente por el Departamento de Estado para luego ser retornada al congreso. El Departamento de Estado tomó estas medidas aunque el refugio en territorio Cubano para vascos y colombianos haya sido otorgado a petición de los gobiernos españoles y colombianos, con el fin de agilizar la solicitud pendiente de liberacion de un rehén solicitado bajo argumentos humanitarios. Sin embargo, mientras nadie niega que haya miembros de las organizaciones terroristas extranjeras que viven en Cuba (un remanente del previo involucramiento ocasional de Cuba en armar a revolucionarios internacionales), no existen evidencias creíbles de la relación del gobierno de la isla con las actividades relacionadas a estos grupos. Estos exguerrilleros ciertamente no son conocidos por conducir actividades terroristas o lanzar ataques terroristas fuera de Cuba; y de hecho, el Departamento de Estado reporta que algunos “han llegado a Cuba en conexión con negociaciones de paz.” Durante el 2002 y 2003, el gobierno Colombiano anunció que las negociaciones de paz con el ELN se estaban realizando en Cuba y buscó la “mediación continua” de este país en el desarrollo de estas negociaciones. Colombia, Cuba y la ONU han realizado seis rondas de negociación con estos rebeldes desde el 2005. Por otra parte, el Consejo de Relaciones Internacionales ha divulgado que las FARC y el ELN tienen presencia en muchas capitales de Europa y América Latina. Por lo que, la presencia de dichas guerrillas no se puede utilizar para constituir a Cuba como un estado patrocinador del terrorismo internacional.

Otro argumento común para incluir a Cuba dentro de la lista de estados terroristas (hecho reiterado durante la última década) es el refugio prestado por parte del gobierno a un estimado de 70 fugitivos de la justicia de los Estados Unidos, algunos a su vez conectados con organizaciones terrorista establecidas en dicho país. En un caso particular, el gobierno cubano proporciona refugio a Juana Chesimard, quien fue miembro del Ejército de Liberación Negra requerida por el asesinato de un policia estatal del Estado de New Jersey en 1973. Ella es una de varios fugitivos conectados con movimientos de liberación de negros y puertorriqueños. Cuba ha rechazado la mayoría de peticiones por parte de Estados Unidos para que estos fugitivos sean entregados bajo el argumento de que no tendrían un juicio justo en los Estados Unidos.

Sin embargo, en la mayoría de las situaciones, el usar los casos anteriores como argumentos para la designacion de Cuba como estado terrorista, sería considerado por algunos como argumentos infestados de hipocresía. Actualmente, Estados Unidos tiene detenidos a varios fugitivos de la justicia Cubana, siendo el más significativo Luís Posada Carriles, un terrorista anticastrista implicado en la explosion de un avión de una aerolínea cubana en 1976, así como de una serie de bombardeos en La Habana en 1997 y de un intento de asesinato a Fidel Castro en el 2000. Washington continuamente ha rechazado las solicitudes de Cuba y Venezuela para la extradición de Posada Carriles, argumentando que enfrentaría torturas en estos países a pesar de las aseveraciones que afirman lo contrario. El caso de Posada Carriles adicionalmente contradice la usual tesis antiterrorista de Washington y parece violar la resolución 1373 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esta resolución es un producto de la guerra contra el terrorismo estadounidense, la cual establece que las “demandas por motivación política” no pueden ser utilizadas como argumentos para “rechazar las peticiones de extradición de terroristas.” Igualmente, los Estados Unidos también han rechazado la extradición de Orlando Bosch, otro terrorista acusado de ser la mente maestra de la bomba del avion Cubano en 1976.

Como respuesta a las demandas de Washington de devolver a los fugitivos estadounidenses, el gobierno de la isla exigió el envió de cinco espías Cubanos encarcelados actualmente en los Estados Unidos; cuyos castigos han sido juzgados por un sinnúmero de defensores de los derechos humanos como extremos, los cuales fueron víctimas de una parcialización significativa dentro de un juicio enormemente politizado. Esta situación se agravo en Junio, cuando la Corte Suprema rechazo la petición de revisar la decisión de la Corte Federal de Apelaciones en la que se mantuvo la decisión de considerar este juicio como justo. Por lo tanto, la retención por parte de Cuba de los fugitivos estadounidenses es un resultado de hostilidades recíprocas entre los dos gobiernos y no indica necesariamente que Cuba apoye el terrorismo internacional. Más aun cuando México y El Salvador son concidos por detener a varios fugitivos de la justicia de los Estados Unidos. En enero del 2004, The Washington Times divulgó los casos de varios mexicanos requeridos por delitos violentos realizados al suroeste de los Estados Unidos, indicando que las autoridades de Ciudad de México han rechazado las solicitudes de extradición de estos sospechosos. Estas evidencias se adhieren a la hipocresía ligada a la designación única de Cuba como país sponsor del terrorismo.

Notablemente, el belicoso lenguaje utilizado contra Cuba en previos informes del Departamento de Estado ha sido removido del informe de este año. Durante la administración Bush, el Departamento de Estado usando una retórica ritualizada repetivamente, acusó a Cuba de rehusarse a cooperar en la guerra contra el terrorismo emprendida por Estados Unidos. Mientras el Departamento de Estado utiliza estos ejemplos como principal evidencia para sustentar que Cuba es un Estado patrocinador del terrorismo, lo que de hecho es una conclusión completamente falsa. No podria esperarse que Cuba directamente siguiera las iniciativas antiterroristas de Washington, dado el legado de enemistad entre estos dos países y los pereniales intentos de Washington por desestabilizar al gobierno cubano. La pretensión del presidente Bush de que cada país del mundo debe apoyar las propuestas antiterroristas lideradas por su país (que de no seguir su modelo, necesariamente se determina que un país es un estado terrorista), muestra una postura extremadamente arrogante que ha sido atenuada de algún modo por la administración Obama. El Miami Herald ha afirmado que la administración Obama, dejando por fuera las más extrañas alegaciones de la era Bush, pudo haber dado un paso decisivo hacia al retiro definitivo de Cuba de la mencionada lista.

Corea del Norte y Libia: La lista del terrorismo como herramienta política

Últimamente, la lista de “estados patrocinadores del terrorismo” es empleada a menudo por Washington como una herramienta política, un incentivo o un castigo que se utiliza sobre los países que sigan o definitivamente renuncien a las políticas de los Estados Unidos y no como una medida legítima hacia las acciones de un país en pro del terrorismo internacional. Esto se evidencia en el caso de Corea del Norte, un país que no se asemeja a Cuba, pero ha estado relacionada en la lista del terrorismo. Corea del Norte fue retirada de la lista de estados patrocinadores en octubre del 2008, después de que el gobierno de Kim Jong Il acordase desmontar la planta de tratamiento de plutonio en Yongbyon y permitir inspecciones limitadas de sus instalaciones nucleares. En este caso la agilidad fue manifiesta.

El retiro de Corea del Norte fue un poco más que un acto puramente político, fue el producto de un deseo de demostrar resultados de las negociaciones que habían buscado finalizar el programa nuclear de este país desde el 2003 y buscando aplacar una amenaza a la verdadera seguridad. En junio de 2008, después de que los Estados Unidos anunciaran el retiro de Corea del Norte de la lista del terrorismo y propusieran un estricto sistema de inspección de sus instalaciones nucleares, Kim inmediatamente revirtió su posición amenazando con reasumir su programa nuclear. Solo hasta que los Estados Unidos retrocedieron y propusieron unas inspecciones mas limitadas, Kim acepto y su gobierno fue retirado de la lista de Estados patrocinadores. Tal uso de la lista del terrorismo por el Departamento de Estado como un dispositivo político bajo el mandato de la Secretaria de Estado Condoleezza Rice y el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, ignora la misma definición del terrorismo en la cual obstenciblemente se encuentra basada. Independientemente de si Corea del Norte está procesando o no el plutonio, no se tienen pruebas convincentes, además esto no tiene mucha relación con que Corea este apoyando o no grupos terrorista internacionales.

Es muy irónico que durante los últimos años a pesar del retiro de Corea del Norte de la lista de los Estados Unidos, estos hayan hecho alegaciones continuas acerca del apoyo de Corea del Norte a las redes terroristas. Periódicos Franceses, Japoneses, Surcoreanos y el servicio de inteligencia extranjera Israelí han alegado evidencia de que el régimen de Kim está implicado activamente en armar y entrenar a Hezbolla en el Líbano; así mismo, los medios del Japón y el servicio de inteligencia extranjera en Bangkok encontraron que Corea del Norte ha armado a los tigres del Tamil en Sri Lanka. Los Estados Unidos han señalado a ambos grupos como organizaciones terroristas extranjeras. Tales informes refutan seriamente la información del Departamento de Estado de que Corea del Norte “no ha patrocinado en ningún acto terrorista” desde 1987, lo cual fue sostenido por el Departamento de Estado de Rice para sacar adelante sus programas de desarme nuclear, a pesar de las evidencias contrarias. Lo que nos lleva a concluir que el hecho de que Corea del Norte no está sindicada como Estado patrocinador del terrorismo, mientras que Cuba continua en la lista, es un absurdo.

El caso de Libia resalta aún más el uso por parte de Washington de la lista de estados patrocinadores como herramienta política. El gobierno libio fue ligado a varios atentados terroristas de los años 80; adicionalmente dicho país no se ajustó a los estándares antiterroristas de los Estados Unidos hasta el 2003, cuando el jefe del estado libio Muammar al-Gaddafi permitio que los inspectores de las Naciones Unidas supervisaran el desmonte del programa de armas nucleares en Libia y aceptó responsabilidad legal por el bombardeo de 1986 de un vuelo de Pan Am sobre Lockerbie. Su recompensa por la cooperación fue el retiro de Libia de la lista como estado patrocinador del terrorismo en mayo del 2006, además de la normalización de las relaciones diplomáticas y comerciales.

Cuando Libia abrió sus brazos al Occidente y cedió a las políticas unilaterales antiterroristas de Washington, ésta recibió un premio; por el contrario, cuando Cuba ha actuado en esta línea la situación no ha cambiado. Más aún, ésta sigue siendo calificada como un estado terrorista aunque su actividades vinculadas al terrorismo son ostensiblemente menores o no existentes comparados con Libia. Mientras que Libia renunció a sus políticas anteriores en el 2003, Cuba renunció a prestar ayuda a los revolucionarios terroristas en 1992 y tampoco ha demostrado financiarlos desde ese entonces. Aunque el lobby anticastrista alegue que el gobierno Cubano está apoyando el entrenamiento de guerrillas en Venezuela, ni el Departamento de Estado ni la comunidad de inteligencia han mostrado evidencias que respaldan estas alegaciones. De hecho, es demostrable que Cuba plantea una amenaza menor para la seguridad internacional que Libia, esto en vista de la continua presencia de al-Qaeda y otros grupos terrorista en Libia a pesar de la supuesta buena voluntad de Gaddafi de seguir cogido de las manos de Washington las políticas antiterroristas.

Cuba, Irán, y Siria

La calificación de Cuba como Estado patrocinador del terror es cada vez más desacreditada cuando se compara a Cuba con dos de las contrapartes de la lista: Irán y Siria, cuyos vínculos con el terrorismo son comprobables. Irán se señala en la lista de Estados patrocinadores principalmente por las acciones de la Fuerza Qods de la Guardia Revolucionaria Islámica, la cual es una rama de los militares iraníes, quienes han financiado y entrenado a Hamas, Hezbollah, el Jihad Islámico y otros militantes radicales en Iraq. El gobierno de Irán también ha apoyado a los miembros del al-Qaeda, afirmaciones que Irán rechaza.

Por otro lado, según el Departamento de Estado, Siria “proporcionó apoyo político y militar a Hezbollah” y su Presidente Bashar al-Assad abiertamente “expresó apoyo” a varios grupos militantes palestinos. Varios grupos designados como organizaciones terroristas extranjeras, las cuales operan y entrenan activamente a militares en territorio Sirio, cuentan frecuentemente con la aprobación tacita del gobierno Sirio. Estas alegaciones no son facilmente controvertidas, a diferencia del lenguaje con menor evidencia que utiliza el Departamento de Estado hacia Cuba.

La inclusión de Cuba en la lista del terrorismo ha sido a menudo justificada por otros países que pertenecen a la lista de Estados patrocinadores. Particularmente el grupo anti-Cubano cita la visita de Fidel Castro a Irán, Siria y Libia en mayo del 2001 como evidencia de que su gobierno respalda el terrorismo; recordando a menudo el divulgado comentario de Castro al lider supremo Iraní Ayatolá Ali Khamein: “la cooperación de Irán y Cuba, el uno con el otro, pueden traer a Estados Unidos a sus rodillas. El régimen de este país es muy débil y estamos atestiguando esta debilidad de cerca.”

Dadas las fuertes hostilidades entre los Estados Unidos y Cuba, no es ninguna sorpresa que Castro encontrara un aliado ideológico en la República Islámica, siendo está a su vez otro gobierno que nació de una revolución contra un gobierno clientelar de Estados Unidos. Pero, no hay evidencia alguna de que la retórica de Castro se haya materializado para respaldar la cooperación con terroristas. Mientras que Cuba e Irán firmaron un acuerdo bancario a principios de 2006, el cual facilitó el comercio entre las dos naciones y preveía incrementar la cooperación económica y científica creciente en el futuro, los Estados Unidos no ha podido comprobar que este acuerdo vaya más allá de lo que públicamente se ha indicado. Visiblemente, las relaciones Cubano-Iraníes no han sido mencionadas en los informes sobre terrorismo durantes los últimos tres años, esta es una muestra de que Cuba no puede ser juzgada como Estado terrorista basándose únicamente en sus asociaciónes.

Conclusiones: Seguir adelante

Como muchos otros aspectos de las relaciones cubanas, la administración Obama hasta ahora no ha realizado los cambios políticos significativos esperados por los partidarios de un acercamiento racional y respetuoso hacia América Latina. Cuando el Senador Richard Lugar le preguntó a Hillary Clinton durante sus sesiones de confirmación respecto a la colocación de Cuba en la lista del terrorismo, su vaga respuesta sugería un cambio potencial: “Anticipamos una revisión de la política de los Estados Unidos respecto a Cuba y seguimos adelante trabajando con los miembros del comité y otros miembros del congreso mientras seguimos adelante con consideraciones de cuales son los pasos apropiados para contribuir a los intereses y valores de los Estados Unidos en el contexto de las relaciones con Cuba.” Sin embargo, es claro que el Departamento de Estado ha fallado en realizar una revisión objetiva; y por el contrario, hasta ahora ha sucumbido ante las demandas del grupo anticastrista, el cual a pesar de cincuenta años que prueban que el aislamiento no ha traido democracia a la isla, continúa presentando las mismas tácticas confrontaciónales.

La lista del terrorismo es más que un símbolo de una política anacrónica. En una era en la que el levantamiento del embargo comercial parece ser una posibilidad verdadera, la designación de Cuba como un Estado terrorista tiene implicaciones prácticas importantes para el comercio potencial entre las dos naciones. Incluso si el embargo fuera suprimido, todavía existirían significativos impedimentos para garantizar un comercio integral y otras conexiones bilaterales entre los dos países. Por ejemplo, los Estados Unidos serían forzados a rechazar la exención de impuestos a las mercancías importadas provenientes de Cuba; así como los ciudadanos de los Estados Unidos que quieran negociar con Cuba primero necesitarían buscar una licencia del Departamento del Tesoro. Adicionalmente, los Estados Unidos tendrían que oponerse a cualquier préstamo del Banco Mundial o del FMI a ese país. Estas estipulaciones de las leyes y las regulaciones de los Estados Unidos, bajo las cuales Cuba se considera como un Estado terrorista, obstruirían el desarrollo económico y el crecimiento del país respecto a las significativas relaciones comerciales entre Estados Unidos y Cuba.

A pesar de todo lo anterior, el retiro de Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo seria por el contrario un procedimiento simple: El presidente Obama sólo debe presentar al Congreso una declaración con una anticipación de 45 días antes del retiro propuesto, asegurando que Cuba no ha Estado apoyando el terrorismo internacional en los pasados seis meses y que ha prometido no hacerlo en el futuro. En los últimos dos años ha habido dos precedentes para el uso de la autoridad presidencial y ningún precedente para que el Congreso bloquee la desición del Presidente.

Tal acción podría señalar la re-evaluación de la política hacia Cuba basada en consistencia y racionalidad y no sobre las consideraciones de política domestica que hasta el momento la han determinado. Esta sería una muestra clara hacia ideólogos insidiosos como algunos congresistas del sur de la Florida como Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart; a quienes el gobierno no permitiría que su sentido ad-hoc de la historia detenga las intenciones de los Estados Unidos de mejorar sus relaciones con Cuba. Más aun, esta acción marcaría un paso decisivo hacia la completa normalización de las relaciones con Cuba, una muestra de la buena voluntad hacia los gobiernos de América Latina que no tendria ningún impacto negativo sobre la seguridad de los Estados Unidos, por lo contrario, emitiría señales de amistad. El retiro de Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terror es cuestión de consistencia, honradez e integridad: éstos son los valores en los cuales Obama se ha basado para la formulación de políticas durante su campaña presidencial; frente a lo cual, los latinoamericanos, tal como los norteamericanos, esperan ver el cumplimiento de sus promesas.

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