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Área: Opinión >> Comentarios y enfoque
Actualizado el 2008-09-23 a horas: 18:13:10

Autonomías o la lucha por el dinero de todos

Alfonso Bilbao Liseca

Tras los últimos sucesos en Pando y la creciente tensión prebélica en el país, finalmente y gracias, entre otros, al concurso decidido de los presidentes de UNASUR, se pudo reiniciar el diálogo nacional con la participación de los dos contendientes principales: por una parte el gobierno con Evo Morales a la cabeza y por otra los prefectos de la llamada media luna. El gran ausente sigue siendo el pueblo, el verdadero pueblo (porque una cosa son los llamados movimientos sociales y otra el ciudadano de a pie), que mira desde afuera, con los ojos como platos, azorado y compungido sin llegar a comprender cómo es posible que sus dirigentes no sean capaces de ponerse de acuerdo para pacificar de una vez al país. Pero, en fin, diálogo es algo y alimento es caldo como diría la tía Encarna de Paulovich.

Una de las primeras declaraciones del presidente Morales ha sido que estaría de acuerdo con dar más autonomía a las regiones siempre, claro está, dentro del proyecto masista de Constitución. Declaración sin duda esperanzadora pues daría a entender un posible acercamiento de posiciones. La cuestión sin embargo no parece ser tanto dilucidar si más o si menos autonomía, término por otra parte usado por todos con cierto desparpajo, sino en definir con la mayor precisión posible qué es lo que realmente los unos y los otros (y también el pueblo o sea la gente) entienden por autonomía. Resulta del todo engañoso pensar que para todos tiene un significado unívoco.

Hay muchos elementos que integran el concepto político de autonomía, diferente del meramente humano que implica no necesitar o depender de nadie, pero fundamentalmente tres de esta multitud de elementos son los que más han sido argüidos y casi alegados como "casus belli" por los reclamantes de las autonomías, a saber: el tan denostado centralismo burocrático-administrativo, la supuesta bondad del régimen autonómico para crear progreso y bienestar y la (también supuesta) incontrovertibilidad del postulado de que ningún país del mundo puede desarrollarse adecuadamente con un Estado centralista. Los tres asertos, tan atractivos en su postulación teórica, no tienen sin embargo tanta consistencia intrínseca como podría pensarse y son sólo parcialmente veraces. Veamos por qué.

Si bien es cierto que la pesada burocracia estatal (quizás deberíamos decir "los pesados de la burocracia estatal) ha significado siempre una rémora en el progreso, un estorbo y una tranca no solo frente a cualquier tramitación sino frente a cualquier iniciativa o emprendimiento empresarial, etc., no es menos cierto, como por otra parte se puede comprobar en cualquier país no ya del primer mundo sino incluso en aquellos de mediano desarrollo, que esto ha sido resuelto en gran parte con el uso de las nuevas tecnologías de la información. La racionalización y drástica simplificación de la tramitación burocrática, junto a la implementación de una red o sistema informatizado a lo largo y ancho del país haría fluir la información tanto para como desde el ciudadano facilitándole la vida y evitándole pérdidas de dinero, tiempo y esfuerzo. Los expertos podrán decirlo mejor que yo pero por la información de la que dispongo, el costo de ese sistema sería perfectamente asumible aun para Estados paupérrimos como el nuestro siendo además seguro que para un proyecto de esas características todas las ayudas estarían disponibles.En cuanto al segundo aspecto tampoco está tan claro que la administración autonómica sea inmediata y milagrosamente eficiente en cuanto a generar riqueza, desarrollo y bienestar. Y, por supuesto, aquí viene el tema central, el meollo del asunto, es decir: la lucha por el dinero de todos. El resultado de cómo queden las cuentas entre el Estado y las Autonomías depende fundamentalmente del tipo de acuerdo autonómico que hagamos. Si se trata de aplicar un criterio de cupo generalizado, en el que se fija un porcentaje (30, 50, 70 % o el que sea) de los recursos generados por una región para ser manejados autónomamente estaríamos aplicando exactamente el criterio que pretenden los pro-autonomistas de la llamada media luna, sobre todo Tarija y Santa Cruz. Si, por otra parte pactamos mantener, en lo principal, un sistema de "caja única" en la que el estado cumple el rol de moderador y redistribuidor de la riqueza generada desde las autonomías "ricas" a las autonomías "pobres", estamos hablando de un modelo autonómico cercano a lo que en teoría pretende el actual gobierno.

El primer criterio, el de "cupo generalizado" no deja de ser un concepto bastante insolidario ya que llevaría a una rápida africanización, en términos socio-económicos, del occidente del país al haber regiones enteras que aun no han alcanzado el grado de desarrollo que les permita subvenir sus necesidades más básicas. En las autonomías españolas, las que tantas veces han sido citadas como ejemplo por los promotores de la idea en Bolivia, es un sistema mixto aunque básicamente el que se aplica se aproxima más al sistema de "caja única" para la redistribución de la riqueza generada por las regiones, utilizando un mecanismo programático y presupuestario llamado Fondo de Compensación Interterritorial (FCI). Si bien es verdad que por otra parte y a través de la negociación de los Estatutos de Autonomía se determina también una especie de cupo de recursos que son manejados exclusivamente por las regiones.

Pero aun hay un matiz, en relación con el caso español, que es muy importante que tengan en cuenta sobre todo aquellos que quieran sacar deducciones apresuradas viéndose por adelantado en el espejo de otras realidades. El ejemplo español de hecho debería servirles de una forma más bien limitada a los pro-autonomistas bolivianos puesto que, en relación específica y estrictamente a los recursos generados por las regiones (autonomías españolas), se puede afirmar que dichos recursos son generados por los propios trabajadores de esas autonomías: Ahí entran el IVA o impuesto al valor agregado en las transacciones; el impuesto a la renta de las personas físicas (IRPF); el impuesto a las empresas, a las industrias, etc. O sea, en términos más claros y más prosaicos se puede decir literalmente que en España esos recursos son generados "con el sudor de la frente" de los trabajadores, industriales, empresarios, etc. de las regiones más favorecidas por un mayor grado de desarrollo. En el caso de Santa Cruz y la media luna, estas plusvalías no serían generadas tanto "con el sudor de la frente de los oriundos o habitantes de esas regiones sino en gran parte por el fortuito y providencial hallazgo de riquezas extractivas en el suelo y subsuelo de esas regiones que, como sabemos, son patrimonio del estado boliviano, es decir de todos los bolivianos.

Y finalmente para referirme muy escuetamente al tercer argumento sólo diré con ejemplos cuan falaz puede llegar a ser. El secante centralismo, incluso con diferentes sistemas políticos, no parece haber sido óbice para el desarrollo de países como Francia o China.

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