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Área: Opinión >> Comentarios y enfoque
Actualizado el 2008-05-28 a horas: 20:49:13

El lío de la tierra en Alto Parapetí

Remberto Cardenas

En Alto Parapetí y alrededores (chaco cruceño), hacendados y ganaderos grandes (con apoyo de alguna gente del pueblo) rechazan el saneamiento de tierras para impedir una posible reversión, frente a la demanda legítima de guaraníes que a pesar de que nacen, trabajan y mueren en aquellos predios, muchos de ellos permanecen como siervos en pertenencias de patrones que muestran que están decididos a defender “a tiros” sus haciendas, como dijo el actual Alcalde de Trinidad (Beni), del que se conoce que tramó varios golpes, fracasados, mientras ejercía funciones de jefatura en el Ejército del que fue parte.

El atraso regionalNo obstante de que desde los años 30 del siglo pasado se explotó petróleo en Camiri y que este centro productivo fue denominado capital del oro negro (por la magnitud económica de aquel recurso), en la zona es visible el atraso, sobre todo en el agro. Atraso que, con certeza, no se debe sólo ni tanto al centralismo como factor fundamental sino a que el capitalismo dependiente en Bolivia siguió un cauce desigual de crecimiento. Sin embargo, en Camiri pobladores suyos dicen que ellos son víctimas de un centralismo que se ejerce desde la capital de Santa Cruz. En verdad, las clases sociales dominantes y los gobernantes, durante un pasado prolongado, fueron (y en cierto modo siguen siendo todavía) los beneficiarios principales de la explotación de aquella riqueza no renovable.Ese atraso es la base que genera la demanda regional de pobladores que se alzan para que se atiendan, sin más postergaciones, exigencias que no son nuevas, aunque se advierte que esa lucha, de la mayoría de los camireños, tiene un liderazgo que desarrolla una oposición, desde cierta izquierda, al actual gobierno con algunos de los que, probablemente, ayudaron a encumbrar a Evo Morales en el Palacio Quemado.La lucha por la tierra y el territorio de los guaraníes es tan antigua, así como la posesión de los originarios de esas tierras, los que fueron despojados de su hábitat natural por hacendados, en innumerables casos, mediante procedimientos dudosos y/o tramposos, pero para lo que contaron con el poder político que les favoreció durante más de siglo y medio. Asimismo, los guaraníes en especial (los indígenas tapiete y mataco, también pueblan el chaco boliviano), en su mayoría han sido reducidos a peones de las haciendas agroganaderas mediante relaciones de producción que mezclan formas servidumbrales, propias del feudalismo, con sobrevivencias esclavistas (el esclavismo moderno de acuerdo a las Naciones Unidas, lo que no necesita demostración, aunque se la pidió desde un sermón en una misa católica).Estos dos conflictos (el de la tierra y la explotación del oro negro por YPFB resucitado) tienen lugar y son parte a la vez de una crisis política que en vez de resolverse, con el uso de mecanismos de la democracia del rostro actual, como el diálogo y el acuerdo, se agrava, incluso con una consulta separatista en Santa Cruz la que, posiblemente, tiene en cuenta el deseo de jóvenes cruceños que hablan de la “limpieza étnica” a lo nazi o que encarnan la propuesta de ese universitario quien dijo para el semanario paceño La Época: Que si Hitler se hubiera enterado de que había aymaras en la tierra (entiéndase Bolivia) hubiera ordenado que los maten a todos.

El latifundio intacto

Cuando se discutía la actual Ley del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) empresarios agrupados en la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), en voz baja, dijeron que para evitar la migración colla hacia Santa Cruz, los empresarios entregarían tierra a sus propios “bárbaros” (así lo llaman a los indígenas).

En las inmediaciones de Alto Parapetí (provincia Cordillera de Santa Cruz, chaco cruceño), concretamente en Cuevo, algunos pobladores dicen que entre los guaraníes y los caray (“blancos”) no existen contradicciones insalvables, que la desunión presente ha sido provocada por el actual Viceministro de Tierras y que, además, están dispuestos a conversar sobre el saneamiento de tierras. Sin embargo, datos recogidos allí de manera directa, llevan a pensar que cuando menos lo que buscarán los hacendados (especialmente grandes) es que ese probable diálogo sea para preservar sus tierras, aunque hayan sido malhabidas y allí existan guaraníes cautivos.

Esos hacendados han conseguido unir a pequeños, medianos y grandes productores (les disgusta que se les diga hacendados y/o ganaderos), a pesar de que sus intereses de unos y otros no son los mismos. Las diferencias, asimismo, afloran solas: los pequeños y algunos medianos hacendados dicen que con el saneamiento pueden conseguir que se consolide su derecho de propiedad sobre sus predios.

Acaso lo que debe preocupar mucho más a los gobernantes es que aquellos hacendados han conseguido que gente del pueblo defienda los bienes de ellos como si fueran propios. Una vez más aquel comportamiento pone a la vista lo que antes sucedió: que hay momentos en los que los trabajadores defienden intereses ajenos, incluso los de sus enemigos, como son los hacendados de Alto Parapetí, respecto de la mayoría de la población del chaco cruceño y boliviano.Aquella rara alianza se forma sobre la base de la subinformación y de la desinformación (mentira difundida cada momento). Los hacendados o sus voceros (que los tienen vaya saberse a qué precio) difunden allí que al gobierno no le importa dotar de tierra colectiva a los guaraníes sino adueñarse de las riquezas petrolíferas de la zona, que las Tierras Comunitarias de Origen (TCO) avasallan el espacio territorial de los municipios, que serán mermados todavía más los ingresos provinciales por concepto del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), que el gobierno quiere imponer su voluntad mediante decretos supremos, que ya se aplica la Constitución Política del MAS, que los ponchos rojos irán cualquier momento a ese sitio chaqueño, que se los quiere enfrentar entre chaqueños lo que nunca ocurrió antes.Se constata, asimismo, la ausencia del Estado y del gobierno en aquel chaco. Los derechos humanos irrenunciables de los de abajo (de los guaraníes en primer lugar) son burlados y violados con crueldad. Los pobladores menos favorecidos carecen de las garantías para el ejercicio de sus derechos, en tanto que disfrutan de la abundancia material los que no trabajan o trabajan mucho menos que los marginados de siempre.

Para decirlo con palabras de los obispos católicos, pero parafraseadas, es posible afirmar que en Alto Parapetí la tierra es una madre fecunda para la minoría. Y sólo resulta fecunda esa tierra porque hay guaraníes, en especial, que las trabajan para el patrón y con toda su familia a cambio de una miserable paga. Población que como única herencia de los suyos les queda deudas sin cuantificar, así como hijos sin escuela, enfermos sin médicos y abuelos campesinos despojados de la tierra. Ningún contrato de trabajo y ultrajes diversos como yapa. Lo colectivo para los guaraníes en las haciendas es el trabajo agotador y la comida racionada y en una fuente de la que se disputan los alimentos apenas para calmar el hambre. A los guaraníes que no huyen para salvarse de esas formas de esclavitud contemporánea, los patrones los echan de las haciendas en la edad en la que otros se jubilan con una renta aunque sea escasa y cuando se deshacen de los guaraníes apatronados la hacienda se limpia de estos esclavos modernos y así el hacendado se libra de una posible reversión de tales tierras.

Bloque popular insuficiente

La vida enseña que ninguna política, por justa que sea, se puede aplicar sin sobresaltos si acaso no se cuenta con una fuerza social (y política), al menos apreciable, con vistas a que se convierta en mayoritaria.En Alto Parapetí y sus alrededores chaqueños se constata que los aislados, en este momento, son los guaraníes aunque su demanda es legal legítima y tramitada desde hace mucho tiempo. Es decir, los aislados con los que debieran contar con un apoyo no sólo declarativo y desde las ciudades sino masivo y en el sitio de la disputa por la tierra. Es insuficiente que el Comité Cívico de Camiri apoye de palabra a ese pueblo indígena.

Que los pobladores más resueltos tengan muy claras las ideas sobre la legalidad y la legitimidad de su demanda tampoco basta porque aquéllos necesitan de un amplio apoyo social y de fuerza política. La fuerza del gobierno, es mejor decirlo claro, no alcanza ahora para imponer el saneamiento de tierras en Alto Parapetí, como acción técnica y jurídica, la que antes que otra cosa es una tarea política, al menos en un momento en el que los latifundistas esperan los resultados del referendo separatista cruceño para que nada cambie sobre la tenencia de la tierra en aquel chaco cruceño y boliviano.

En Alto Parapetí el saneamiento y los encargados de ejecutarlo, en cambio, son los perseguidos y agredidos. Esa no es una paradoja, es una especie de gesto natural de los que ejercen el papel de dominadores incuestionables y hacen aún de la dominación de los más sencillos un sistema irrompible hasta ahora, el que azota especialmente a los guaraníes, los que con legalidad y legitimidad debieran ser los dueños de la tierra y del territorio para vivir, producir y reproducirse con autodeterminación y con sus costumbres como normas, las que no se sobreponen a las de Bolivia sino que las complementan.

Incluso el diálogo necesita de respaldo social y fuerza política para que se desarrolle. Aunque el cambio de la situación política, con el referéndum separatista, acaso imposibilite el diálogo que, desde la trinchera del gobierno, debe ser una forma de continuación de la lucha política por otros cauces que excluyan la confrontación violenta o armada.

Resolver de “a buenas” el lío de tierras en Alto Parapetí, como se dice en los valles cruceños, es en este momento lo más distante vistas las cosas en medio de la actual crisis política irresuelta. Sin embargo, la comisión interinstitucional que estuvo en Camiri y Cuevo (integrada por el Defensor del Pueblo, derechos humanos, iglesias y sindicatos de los trabajadores de la prensa), debe continuar la búsqueda del diálogo entre los bloques en pugna por la tierra para que se abra la senda al saneamiento de tierras, el que podría arrojar dos resultados probables: consolidación del derecho propietario de los poseedores legales de la tierra y la reversión de parte o de toda la hacienda grande si ésta no cumple una función económica ni social y si mantiene, como sobrevivencia retrógrada, formas modernas de esclavitud de hermanos nuestros como son los guaraníes, cuya demanda de tierra y territorio es irrenunciable e impostergable, como dicen ellos.

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