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Área: Opinión >> Comentarios y enfoque
Actualizado el 2008-05-15 a horas: 21:07:12

La generación autonomista

Laura D´ Ramos

(Revista Cash).- El 4 de mayo no fue un día cualquiera. Fue una jornada histórica que deja atrás la Bolivia bicentenaria precedente, andina. La generación convocada a dar una respuesta frente al hundimiento del estatismo andino se ha convertido en un auténtico movimiento generacional.

La victoria del 4 de mayo es parte de un proyecto generacional. Es un paso en la obra que hoy ejecuta una generación de cruceños. Pero la autonomía es la forma. Así como podría haber sido el federalismo. El fondo es el nacimiento de un nuevo tiempo, de un nuevo poder, de una nueva geopolítica, de una nueva economía. En efecto. Asistimos al surgimiento de un nuevo tiempo en el cual, Santa Cruz es el proyecto -político y económico- alternativo al proyecto andino. Y entendámonos: esto no es un deseo, ni una queja. Para bien y para mal, es la pura realidad. En otras palabras. Asistimos al fin del Estado boliviano en su versión andina y por lo pronto, al comienzo del Estado autonómico. El fin del estatismo andino y el arranque del capitalismo cruceño. Ahora bien. Este nuevo tiempo, este nuevo poder, esta nueva economía y este nuevo camino que hoy por hoy conocemos con el nombre de "autonomía", tiene carne y hueso. Vive de personas reales: la generación cruceña que hoy tiene entre 35 y 50 años. Llamémosle pues "la generación autonomista". La autonomista puede convertirse en una generación fundacional. Como lo fue la del Chaco, que hizo la revolución del '52 y que a decir verdad, fundó el Estado boliviano: el Estado andino, minero, populista. El Estado colla.

Bolivia siempre fue colla

Bolivia desde el principio fue muy colla. Nació colla. Creció colla. Nació minera y de poncho. Andina, en geografía. Aimara en identidad popular. "Colla" en general. Pero Bolivia no siempre fue estatal. Antes del '52 no era muy importante eso de ser un Estado. Bastaba con ser república. El '52 otorga a la Bolivia colla -andina- una forma política moderna: lo estatal. El '52 trae la combinación de lo andino con lo estatal. La estatalidad colla. Y desde entonces hasta hoy -o hasta hace unos meses- Bolivia es, antes que nada, andina y estatal. Un paréntesis. Es cierto: lo andino desde el '52 adopta la forma política de lo estatal. Es decir, la mina necesita un Estado y se lanza a construirlo. Los collas buscan con coraje un Estado moderno. ¿Lo logran? ¿Bolivia es o fue alguna vez un Estado moderno? Yo creo que no. Creo que el gran proyecto de lo andino desde el '52 es, en efecto, convertir Bolivia en Estado, pero también creo que ese proyecto fue un gran fracaso. Lo estatal en Bolivia fue un fiasco. Bien. Aclarado ese paréntesis, sigo con el tema: el '52 es la búsqueda -andina- de un Estado moderno.Tras la generación del '52, que abandona el poder el '64, llega una generación -la posrevolucionaria- que no inventó, ni fundó cosa alguna. Se limitó a seguir la obra de la generación anterior. La generación que llega el '64 fue la militar. Y fue la segunda de ese Estado andino nacido el '52. Con los ´80 llega la tercera generación de aquel Estado, el andino. Es la "generación demócrata" y es la tercera generación tras la revolución del '52. A ella le toca recuperar la democracia y si bien ya actúa en la oposición a las dictaduras, en realidad, toma todo su protagonismo y apogeo desde principios de los '80 con el sistema democrático. La demócrata y su tiempo, es también una generación y una época colla. Andina. No sólo lo es en el sentido cultural -que eso es lo de menos- sino básicamente lo es en el sentido político: en el sentido de quién y porqué tiene el poder. Y así, collas -andinas, mineras, estatales- fueron las tres generaciones que siguen al '52: colla fue la generación del Chaco... que en realidad es la generación fundadora de la estatalidad andina. Colla fue la generación de los militares posteriores a la revolución. Y colla es la generación que rescata la democracia a principios de los '80 para gobernar dos décadas. Modelo más, modelo menos, democracia más, democracia menos, todo lo que acontece -en lo básico de la vida pública boliviana- desde 1952 hasta hoy, es colla e hijo del '52. En economía -lo esencial durante las últimas tres generaciones- son los acontecimientos que parten de la economía extractiva: la mina o hidrocarburos. Cuando cambia el modelo económico, primero con la liberalización (1985) y después con la capitalización (1995), la economía básica boliviana no deja de ser extractiva. Estaño, zinc, gas y todo aquello. La fórmula de la economía y de la política andina, más allá del modelo económico, fue y sigue siendo la siguiente: saquemos riquezas de la tierra, vendámoslas al exterior y con esa plata, hagamos política. Y en lo político. En lo político, también, todos los acontecimientos de la vida pública durante las tres últimas generaciones son básicamente andinos. Revoluciones y revolucionarios collas desplazando del poder a las oligarquías collas. Militares andinos desplazando del poder a civiles andinos. Collas matando collas. Andinos discutiendo leyes andinas. Collas condecorando collas. Andinos comentando libros andinos. Demócratas collas, contra tiranos collas. Demócratas collas contra demócratas collas. Y lo que es igual: cambas jugando a la política colla, a la revolución colla, a la tiranía andina, a la democracia andina. La política desde el '52, consiste en las relaciones andinas de poder. O sea, en los últimos 55 años todos fueron o se comportaron como andinos. Y eso no fue necesariamente malo. Eso fue lo normal. Esa era la economía y la realidad. Bolivia fue los andes y los andes fueron Bolivia. La generación demócrata -vigente en política durante los '80 y los '90- encuentra su crisis en octubre de 2003. En efecto, la crisis de la generación demócrata se ilustra en la crisis de los partidos. Los partidos y sus ramas -sus intelectuales, sus periodistas, su íconos éticos- se agotaron del todo. Se agotaron económicamente. Políticamente. Físicamente y moralmente. Se agotaron en ideas. El siglo XIX fue potosino. Y el XX, paceño. Tiempos aquellos. Y vaya. La Paz no lo hizo mal del todo. Al fin y al cabo inventó el país por un siglo. Y en un siglo, desde luego, La Paz tuvo sus generaciones brillantes. Gestos grandes. Revoluciones sonoras. Arte. Cine. Y tuvo bellacadas, miserias. Pero todo eso es pretérito. Ya pasó. Porque el cambio definitivo de aquel Estado andino no viene -ni puede venir- envasado en una simple reforma andina. Por favor. No viene -ni puede venir- a modo de un cambio entre las élites collas: sean estas civiles, militares, indias, blancas como la nieve, sindicales, partidarias o sean lo que quieran y puedan ser. La crisis del Estado andino no se resuelve con un cambio del modelo económico, como el que vimos el '85. Ni tampoco con la variación de las formas políticas, como la operada el '82. Y menos aún, con el cambio de un gobierno colla por otro gobierno colla. La crisis definitiva del Estado andino -y así, el cambio definitivo y profundo del Estado andino- consiste en lo que está ocurriendo hoy. Consiste en la desaparición del tal Estado andino. Y eso -querido lector- acontece en este justo instante en el cual usted está leyendo. Hoy y aquí, el Estado andino y la Bolivia andina están en la operación penosa de dejar de existir. Y esa es la verdadera crisis y ese es el verdadero cambio por el que hoy atraviesa el Estado colla. Es el cambio que va entre estar vivo y estar muerto. Así de simple.Evo, ¿la renovación de lo andino?Tras el agotamiento de la generación demócrata y de su propuesta (económica y política), surge una respuesta colla: una nueva generación andina, dispuesta a sustituir en el poder a los agotados. Surge Evo Morales y su gente. Surgen los hombres nuevos de los andes, que una vez más, llegan para sustituir a los hombres viejos de los andes. O sea, y sin ironías: de unos collas, a otros. Bien. ¿Es Evo la revolución? ¿Es el MAS, un cambio definitivo en el orden andino? ¿Es el cambio tras casi 200 años de "andinismo"? ¿Es el fin del Estado andino? O para qué quedarse cortos: ¿es el cambio después de 500 años? (¿o eran unos 1.000 y pico de años los que quería revertir el MAS y sus chamanes?). Es decir, ¿representa el MAS algo distinto al "eternísimo" pasado andino? Al revés. Evo y el MAS son la profundización dura de lo andino. Y son el retorno "light" del viejo estatismo colla. El MAS es un proyecto -no muy eficaz, por cierto- para ir al encuentro del pasado. Para ir al '52, por ejemplo. Para ir al rescate del agónico Estado andino. Y sin rodeos: el MAS es el proyecto más conservador que han hecho los collas en mucho tiempo. Juega a conservar lo andino y su versión estatal. ¿No es el MAS un empeñoso proyecto populista? ¿Y no tiende el MAS hacia el caudillismo autocrático como tiende toda la década de los 70? ¿No es el MAS un fiel creyente en la economía que se construye desde lo estatal y sobre la base de los recursos naturales? ¿No cree el MAS que el desarrollo, el socialismo y la política se hace con la plata de los recursos naturales? Es decir, Evo es más de lo mismo. Superandino. Superconvencido con la magia del estatismo andino. Lo nuevo, quizá, es el énfasis en el indigenismo. Ahora bien. El MAS tiene el mérito de ser la respuesta -generacional y andina- ante el poder colla que se fue a pique en octubre del 2003. En efecto, el MAS tiene la gallardía de proponer una salida. Una salida generacional y signada hasta el cuello con la identidad aimara: el MAS propone salvar el Estado colla por la vía de profundizarlo. Es una respuesta casi épica. Pero el resultado ya está claro: a más profundo es el estatismo del MAS y a más extractiva es su economía, a más aimarerío y a más centralista y autoritaria es su política, más grave es la descomposición del tal Estado andino. El remedio es peor que la enfermedad.En otras palabras, la respuesta generacional que dan los andes ante la crisis del Estado andino, se llama el MAS. Y dicho con claridad: la tal respuesta termina por aniquilar de una vez por todas, la viabilidad del poder andino sobre el resto del país. La generación autonomista. Ante semejante hecatombe, ahí está Santa Cruz. O mejor, ahí está la generación cruceña que hoy tiene entre 35 y 50 años. ¿Debe sumarse Santa Cruz y esta su generación protagonista al último proyecto andino -que es el del MAS- en la odisea de salvar el Estado colla? ¿Debe sumarse Santa Cruz a la profundización del estatismo, de la economía extractiva, del centralismo, del autoritarismo y del indigenismo aimara? Y resto del país, ¿debe someterse a la estrategia de esta última generación andina -la del MAS- para salvar el tal Estado colla? ¿O el país debe volver la mirada sobre Santa Cruz? ¿Y puede soportar Santa Cruz y su generación protagonista el cargar con el país que le mira con esperanza? ¿O es mucha tierra para ese camioncito? La política andina en su versión masista, es una magnífica representación del mundo aimara y del mundo campesino cocalero. Pero no lo es del mundo quechua, ni mucho menos del mundo camba. ¿Y deben los quechuas y los cambas, desde sus nuevas generaciones, continuar jugando en la cancha que marcan las nuevas generaciones aimará comandadas por el MAS? ¿A cambio de qué podría hacer semejante cosa Santa Cruz? ¿A cambio de qué tendría que sacrificar la economía de la agroindustria y conformarse con sobrevivir de la economía central y extractiva? ¿A cambio de qué Santa Cruz tendría que pasarse la vida pidiendo perdón por ser mestiza y no haber nacido india, aimara y pura de origen? En otras palabras: ¿por qué Santa Cruz tendría que acompañar la profundización del Estatismo andino en todas sus particulares características: populismo, indigenismo, nacionalismo, centralismo, autoritarismo? ¿Qué gana Santa Cruz con esta opción? ¿Qué gana el país no aimara con esta opción? ¿Por qué las nuevas generaciones cruceñas tendrían que plegarse al proyecto de las nuevas generaciones andinas? O sea, ¿qué ofrecen esas nuevas generaciones andinas? ¿Ofrecen la misión de salvar el Estado colla? ¿Es esa la oferta que los collas de entre 35 y 50 hacen a los cambas de entre 35 y 50? Y finalmente: ¿qué ganan los collas profundizando su propio fracaso? Sin duda, las nuevas generaciones cruceñas están desafiadas a construir una alternativa ante el hundimiento de la Bolivia andina. No les queda más. Deben responder, en resguardo de sus intereses ante el hundimiento del Estado andino. Ante el hundimiento de lo aimara como proyecto de poder boliviano. Y exactamente eso es lo que está aconteciendo. Vale decir, las nuevas generaciones cruceñas están construyendo el camino alternativo.

Un movimiento generacional

Ahora bien, lo interesante de lo que acontece en Santa Cruz es que la generación convocada a dar una respuesta frente el hundimiento del estatismo andino se ha convertido en un auténtico movimiento generacional. Porque una cosa es ser una generación que hace sus tareas en la historia. Y otra muy distinta, es ser un movimiento generacional: es decir, un movimiento que hace la historia. Una generación que no se convierte en un movimiento generacional está condenada a vivir lo que la historia le impone. A vivir lo que otras generaciones construyeron. Pero un movimiento generacional entiende y toma el desafío de su tiempo. Entiende que está convocado a construir algo nuevo. Entiende su misión generacional. Entiende que puede construir la historia. Que puede construir política, arte, economía, culinaria, sexo, y todo... casi desde cero. Un movimiento generacional se sabe fundacional y funciona como tal. Creo que las nuevas generaciones cruceñas tienen la oportunidad de convertirse en un movimiento generacional. Y así, en una generación que funda. Tienen la oportunidad de ser protagonistas en la construcción de este camino alternativo que hoy se llama autonomía. Son la gente -dije- que en Santa Cruz tiene entre 35 y 50 años. En el mundo intelectual son gente como Juan Carlos Urenda, como Paula Peña, Reimy Ferreira y otros. En la política es Rubén Costas, es Aguilera y un montón de "treintañeros" que componen los equipos de la Prefectura. En lo cívico, la estrella es Marinkovic. En el periodismo es Caballero, Bowles y varios directores y jefes de redacción: gente en torno a los 40, convencida de que hay que levantar desde Santa Cruz, la alternativa al modelo andino de poder. En lo institucional es Edwin Fernández de la COD, Roca de la CAO, Paz de la Cainco, Díaz de Anapo. En el mundo campesino es Víctor Hugo Velasco. En los partidos es Oscar Ortiz, Klinsky, Franco, Cuéllar, Justiniano Urenda, Pereira. En el arte es Ejti Stih, es Varcárcel, es Valia Carvalho, es Suárez -el de la música-. En la oración es Hugo Ara. Y en el mundo empresarial, ni qué decir. Abundan. Abundan los de 35 a 50 que sienten la necesidad de levantar algo distinto al Estado andino. Abundan en cada sector. En culinaria, en transporte, en construcción. ¿Esta generación, la generación autonomista, es virtuosa y moralmente correcta? No lo creo. Simplemente tiene la oportunidad de construir su tiempo. Y su tiempo tendrá un signo: el poder alternativo al Estado andino. Y ello no significa, ni más ni menos virtud moral. En este tiempo y en este signo de la generación autonomista habrá inmoralidad como en todos los tiempos. Nada más que será inmoralidad nueva...y fundadora. Cuando hay una fundación generacional, todo se renueva. Hasta los males. En fin. Hoy en Santa Cruz hay una generación con una sensibilidad: lo andino ya no da. "No nos representa". "No nos comprende". "No nos escucha", pero sobre todo, "¡no tiene fuerza para mandarnos!" O sea, lo andino está acabado. Y a partir de esta constatación que en los últimos años se ha hecho muy evidente, viene el desafío y hasta el proyecto: "hagamos algo nuevo, distinto".Es esa sensibilidad -ese sentir y entender las cosas desde un punto de vista común-, la que da fuerza y cohesión a los movimientos generacionales. No es la edad, la que crea un movimiento generacional, aunque la edad es un elemento que está presente. No es el sitio de nacimiento. De hecho en este movimiento generacional autonomista y cruceño hay un montón de andinos. No es una estructura partidaria, aunque los movimientos generacionales puedan organizarse en un partido. No son unos intereses económicos, aunque existan. Es más que todo eso: el elemento aglutinante y definitivo de un movimiento generacional es un sentir y un entender la vida desde un punto de vista -desde una perspectiva- común. Y ese sentir y ese entender común, vienen de haber vivido, entre todos, ciertos hechos históricos muy importantes. Esta generación autonomista cruceña, ha vivido la crisis del Estado andino. Y da respuesta. ¿Cómo será la próxima generación de cruceños -los que hoy tienen entre 20 y 35- que sólo han vivido y viven los peores momentos del poder colla? Esa siguiente generación, literalmente, no querrá saber nada del poder andino. No tendrá ningún registro vital que le asocie de modo positivo con la Bolivia andina. Por el momento, aquí está la actual generación de cruceños: ella y su desafío histórico. Habrá que verla en una década.

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