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Área: Sociedad >> Ecología
Actualizado el 2007-10-25 a horas: 23:06:54

Perspectiva del Medio Ambiente Mundial del PNUMA

La ONU llama a cambiar el “estilo de vida” para evitar una catástrofe ambiental

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente informa de que amenazas graves como el cambio climático, el índice de extinción de las especies y el reto de alimentar a una población en crecimiento, se encuentran entre las que aún están sin resolver. Todas ellas ponen en peligro a la Humanidad.

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Esta advertencia está incluida en la Perspectiva del Medio Ambiente Mundial del PNUMA: Un informe sobre un medio ambiente para el desarrollo (GEO-4) publicado 20 años después de que la Comisión Mundial para el Medioambiente y Desarrollo (la Comisión Brundtland) publicase su informe principal, "Nuestro Futuro Común".

GEO-4, el último de una serie de informes emblemáticos del PNUMA, evalúa el estado actual de la atmósfera, de la tierra, del agua y de la biodiversidad mundiales, describe los cambios acontecidos desde 1987 e identifica una serie de prioridades de actuación. El GEO-4 es el informe más completo de la ONU sobre el medio ambiente; ha sido preparado por unos 390 expertos y revisado por más de 1000 de todo el mundo.

El informe también da la bienvenida al progreso que se ha conseguido al combatir algunos problemas relativamente simples, ahora que el medio ambiente está mucho más cerca de disfrutar de una política general en todo el mundo. Sin embargo, a pesar de estos avances, aún permanecen los problemas difíciles de gestionar, los "persistentes". En este sentido, el GEO-4 dice lo siguiente: “No se han identificado graves problemas en "Nuestro Futuro Común" que se correspondan con tendencias previstas favorables”.

El PNUMA advierte de que, si no se abordan estos problemas persistentes, podemos destruir todos los logros conseguidos hasta ahora en relación con problemas menores y esto puede amenazar a la supervivencia de la Humanidad. Pero insiste en lo siguiente: “Nuestro objetivo no es presentar situaciones hipotéticas deprimentes y sin salida, sino una llamada a la acción urgente”.

Achim Steiner, Subsecretario General de la ONU y Director ejecutivo del PNUMA, dijo que “la respuesta de la comunidad internacional a la Comisión Brundtland ha sido valiente e inspiradora en algunos casos. Pero en demasiadas ocasiones esta respuesta ha sido lenta y ha estado marcada por un ritmo y un grado de actuación que no responden a, o que no reconocen la magnitud de los retos a los que se enfrentan las poblaciones y el medio ambiente del planeta”.

“La comunidad internacional ha recortado en un 95 por ciento la producción de sustancias químicas que dañan la capa de ozono durante los últimos 20 años; también ha creado un tratado de reducción de las emisiones de gas de efecto invernadero, junto con un comercio innovador y unos mercados de compensación de carbono; ha sustentado el aumento de las zonas terrestres protegidas que han llegado a cubrir casi un 12 por ciento de la Tierra y, por último, ha diseñado muchos instrumentos importantes para abordar problemas que van desde la biodiversidad y la desertización al comercio de residuos peligrosos y organismos vivos modificados”, añadió.

Sin embargo, como señala el GEO-4, aún existen problemas “persistentes” e intratables que aún no se han resuelto o abordado. Los problemas del pasado continúan y están surgiendo otros nuevos que van desde el rápido aumento de “zonas muertas” o carentes de oxígeno en los océanos, a la reaparición de enfermedades conocidas y desconocidas relacionadas en parte con la degradación del medio ambiente. Entretanto, instituciones como el PNUMA, que han sido creadas para contrarrestar las causas de estos problemas, siguen siendo débiles y carecen de suficientes recursos”, dice Steiner.

Con respecto al cambio climático, el informe dice que ahora la amenaza es tan urgente que es necesario recortar enormemente las emisiones de gases de efecto invernadero para mediados de siglo. En diciembre tienen que comenzar las negociaciones sobre un tratado que sustituya al Protocolo de Kioto, que es el acuerdo internacional que obliga a los países a llevar un control de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero. Aunque este acuerdo exonera a todos los países en vías de desarrollo de la obligación de reducir sus emisiones, cada vez se ejerce una mayor presión sobre los países de rápida industrialización, que ahora son emisores importantes, para que formen parte de los acuerdos de reducción de emisiones.

GEO-4 también advierte de que estamos viviendo muy por encima de nuestras posibilidades. La población humana es ahora tan grande que “la cantidad de recursos necesarios para sustentarla supera la disponibilidad de éstos...la huella ecológica de la humanidad [la demanda de la humanidad sobre el medio ambiente] es de 21,9 hectáreas por persona, mientras que la capacidad biológica media de la Tierra es de tan sólo 15,7 hectáreas por persona...”.

El informe dice también que el bienestar de miles de millones de personas en el mundo en desarrollo está en peligro, debido a que no se ha puesto remedio a los problemas simples que en otros lugares se han combatido con éxito. GEO-4 nos recuerda lo que la Comisión Brundtland enunció respecto a que el mundo no se enfrenta a crisis separadas: la “crisis medioambiental”, la “crisis del desarrollo” y la “crisis energética” son una sola. Esta crisis consiste, no sólo en el cambio climático, en los índices de extinción de especies y de hambruna, sino también en otro tipo de problemas causados por el aumento de la población humana, del consumo de los ricos y de la desesperación de los pobres. Algunos ejemplos son los siguientes:

• disminución de las poblaciones de peces;

• pérdida de tierra fértil por degradación;

• presión insostenible en los recursos;

• descenso de la cantidad de agua dulce disponible que el ser humano y otras criaturas tienen que compartir; y

• riesgo de que el daño al medio ambiente pueda superar niveles insospechados para los que no habrá vuelta atrás.

GEO-4 dice que el cambio climático es una “prioridad mundial” que exige voluntad política y liderazgo. Sin embargo, esta prioridad se encuentra con una “asombrosa falta de sentido de la urgencia” y una respuesta mundial “lamentablemente inadecuada”.

Varios países altamente contaminantes se han negado a ratificar el Protocolo de Kioto. El GEO-4 dice: “... algunos sectores de la industria que estaban en desacuerdo con el Protocolo se las arreglaron para debilitar la voluntad política de ratificarlo”. Y continúa:

“Para que se logre un progreso rápido es crucial que se den cambios fundamentales en las estructuras social y económica y también cambios en el estilo de vida”.

El informe identifica, entre otros puntos críticos, los siguientes:

El agua

El riego se lleva alrededor de un 70 por ciento del agua disponible y, sin embargo, lograr el Objetivo de Desarrollo del Milenio relativo al hambre significa que, para 2050, habrá que duplicar la producción de alimentos. La cantidad de agua dulce está disminuyendo: para 2025 se prevé que el uso del agua haya aumentado en un 50 por ciento en los países en vías de desarrollo y en un 18 por ciento en el mundo desarrollado. El GEO-4 dice: “El peso cada vez mayor de la demanda de agua llegará a ser intolerable en los países donde este recurso escasea”.

La calidad del agua también está descendiendo, ya que está contaminada por patógenos microbianos y por un exceso de nutrientes. El agua contaminada sigue siendo la mayor causa de enfermedad humana y de mortalidad a nivel mundial.

El pescado

El consumo se triplicó desde 1961 a 2001. El número de capturas se ha quedado estancado o ha descendido lentamente desde la década de los 80. Las subvenciones han creado un exceso en la capacidad de pesca; se calcula que representan un 250 por ciento más de lo que se necesita para capturar la producción sostenible de los océanos.

La biodiversidad

Los cambios actuales en la biodiversidad son los más rápidos que se han visto en la historia del ser humano. Las especies se están extinguiendo a un ritmo cien veces mayor que el que se aprecia en los registros de fósiles. Se cree que el comercio de carne de caza en los países de la cuenca del río Congo es seis veces mayor que el índice de sostenibilidad. De los grupos de vertebrados principales que se han evaluado exhaustivamente, más del 30 por ciento de los anfibios, el 23 por ciento de los mamíferos y el 12 por ciento de las aves se encuentra en peligro. La intrusión de especies exóticas invasivas es un problema en aumento. El ctenóforo americano, introducido accidentalmente por barcos americanos en 1982, ya había destruido 26 piscifactorías comerciales hacia 1992 y actualmente ha llegado a dominar el ecosistema marino del Mar Negro al completo.

El sexto caso de extinción más importante ya está en camino y esta vez ha sido causado por el comportamiento humano. Sin embargo, para que podamos satisfacer nuestra creciente demanda de alimentos, tendremos que conseguir una agricultura intensiva (utilizando más productos químicos, más energía y más agua, así como cultivos y cosechas más eficientes) o cultivar más tierra. De cualquier manera, la biodiversidad va a sufrir. Una señal de progreso es el continuo aumento de zonas protegidas. Pero hay que gestionarlas de forma eficiente y hacer que se respeten correctamente. Por otro lado, la biodiversidad (de todo tipo, no sólo la “megafauna carismática” como los tigres y elefantes) va a necesitar también que se conserven las zonas que están fuera de las protegidas.

Presiones en las regiones: Éste es el primer informe de la GEO en el que las siete regiones del mundo hacen hincapié en los efectos potenciales del cambio climático. En África, la degradación de la tierra e incluso la desertización constituyen amenazas; la producción de alimentos per cápita ha disminuido en un 12 por ciento desde 1981. Las subvenciones injustas en las regiones desarrolladas continúan impidiendo el progreso hacia una mayor producción. Las prioridades en la región de Asia y el Pacífico son, entre otras, la calidad del aire en las ciudades, el estrés por défi cit de agua dulce, los ecosistemas degradados, el uso de la tierra de cultivo y el aumento de los desechos. El abastecimiento de agua potable ha progresado enormemente en la última década, pero el tráfico ilegal de residuos electrónicos y peligrosos constituye un nuevo reto.

El aumento de los ingresos y de los núcleos familiares en Europa están provocando una producción y un consumo insostenibles, un mayor uso de la energía, una pobre calidad del aire en las ciudades y problemas de transporte. Otras prioridades de la región son la pérdida de la biodiversidad, el cambio de la utilización de la tierra y el estrés por déficit hídrico.

América Latina y el Caribe se enfrentan al crecimiento urbano, a amenazas a la biodiversidad, a los daños en las costas y la contaminación marina, así como a la vulnerabilidad ante el cambio climático. No obstante, las zonas protegidas cubren en la actualidad cerca de un 12 por ciento de la tierra y la deforestación anual en el Amazonas está descendiendo. América del Norte lucha por abordar el cambio climático, con el que el uso de la energía, la dispersión urbana y el estrés por déficit hídrico están relacionados. El uso de vehículos más grandes, los relajados criterios de ahorro de carburantes y el aumento del número de coches y de las distancias que cubren, han contrarrestado los logros en cuanto a eficiencia energética. Las prioridades en la región de Asia Occidental son, entre otras, el estrés por déficit de agua potable, la degradación de la tierra, de las costas y de los ecosistemas marinos, la gestión de las ciudades, la paz y la seguridad. También son motivo de preocupación las enfermedades de origen hídrico y el reparto de los recursos hídricos internacionales. Las Regiones Polares ya empiezan a sentir los efectos del cambio climático. La seguridad alimentaria y la salud de las poblaciones indígenas están en peligro debido al aumento de mercurio y de contaminantes orgánicos persistentes en el medio ambiente. Se calcula que la capa de ozono tardará otro medio siglo en recuperarse.

El futuro

GEO-4 reconoce que la tecnología puede ayudar a reducir la vulnerabilidad de las personas ante las tensiones ambientales, pero dice que a veces es necesario “corregir el paradigma del desarrollo centrado en la tecnología”. El informe explora la posibilidad de que las tendencias actuales evolucionen en cuatro situaciones hipotéticas hacia 2050.

El futuro real está determinado mayormente por las decisiones que los individuos y la sociedad tomen ahora, dice el GEO-4: “Nuestro futuro común depende de las acciones que llevemos a cabo hoy, no mañana ni en algún momento en el futuro”.

En el caso de algunos problemas persistentes, el daño puede ser ya irreversible. El informe GEO-4 advierte que la lucha contra las causas subyacentes a las presiones ambientales afecta a menudo a los intereses creados de algunos grupos poderosos que pueden influir en las decisiones políticas. La única forma de abordar estos problemas más arduos requiere que el medio ambiente pase de estar en la “periferia” a estar en el núcleo del proceso de toma de decisiones: un medio ambiente para el desarrollo, no un desarrollo para detrimento del medio ambiente.

“Desde la Comisión Brundtland ha habido suficientes llamadas de alerta. Sinceramente, espero que el GEO-4 sea la última. La destrucción sistemática de los recursos naturales y basados en la naturaleza de la Tierra ha alcanzado un nivel que supone un reto para la viabilidad de los sistemas económicos, un nivel en el que es posible que la factura que pasemos a nuestros hijos sea imposible de pagar”, dijo Steiner.

El informe GEO-4 acaba diciendo que “aunque se espera que los gobiernos tomen la delantera, también son importantes otros grupos de interés para garantizar resultados positivos a la hora de lograr un desarrollo sostenible. Ya que tenemos una mejor comprensión de los retos a los que nos enfrentamos, la necesidad no podría ser más apremiante y el momento más oportuno para actuar ahora y proteger nuestra propia supervivencia y la de las generaciones futuras”.

La atmósfera

Existe en la actualidad evidencia "visible e inequívoca" de los efectos del cambio climático y un consenso acerca de que las actividades humanas han sido decisivas en este cambio: la media de las temperaturas globales ha aumentado en unos 0,74°C desde 1906. Se prevé que el cálculo más aproximado de aumento en este siglo oscile entre 1,8°C y 4°C. Algunos científicos creen que un aumento de 2°C en la temperatura media global por encima de los niveles preindustriales es un umbral a partir del cual la amenaza de un daño grave e irreversible es más verosímil.

Los núcleos glaciales muestran que los niveles de dióxido de carbono (CO2) y de metano se encuentran muy lejos de su rango de variabilidad natural de los últimos 500.000 años: el clima de la Tierra ha entrado en una situación sin comparación en la prehistoria reciente. Las temperaturas medias en el Ártico están aumentando dos veces más rápido que en el resto del mundo. La subida del nivel de mar provocada por la expansión térmica del agua y por el derretimiento de los glaciares y de los mantos de hielo, continuará durante el futuro predecible y tendrá consecuencias enormes en potencia: más del 60 por ciento de la población en el mundo vive a una distancia de 100 kilómetros de la costa.

Es posible que el aumento de la acidificación y de las temperaturas del océano afecten también a la seguridad alimentaria mundial. La diarrea y la malaria se extenderán más.

Las tendencias actuales no favorecen un proceso de estabilización de las emisiones de gas de efecto invernadero. El sector de la aviación fue testigo de un aumento del 80 por ciento en el número de kilómetros que se cubrieron entre 1990 y 2003, mientras que el transporte marítimo aumentó la carga de mercancías de los 4000 millones de toneladas de 1990 a los 7.100 millones de 2005: cada sector demanda unas enormes cantidades de energía, que siguen aumentando.

Algunos gases de efecto invernadero pueden continuar en la atmósfera durante 50.000 años. A pesar del "impresionante" éxito a la hora de eliminar paulatinamente sustancias que reducen la cantidad de ozono, el "agujero" que hay en la capa de ozono estratosférica en primavera sobre la Antártica es mayor que nunca en la actualidad y permite que la dañina radiación solar ultravioleta llegue a la Tierra.

La lluvia ácida no supone ahora un problema tan grande en Europa y en América del Norte ("uno de los relatos de éxito de las recientes décadas"), pero es un reto mayor en países como Méjico, India y China.

La contaminación

Actualmente se utilizan más de 50.000 compuestos químicos para fines comerciales, a los que se les añaden cientos de ellos cada año; se prevé que la producción mundial de sustancias químicas aumente en un 85 por ciento durante los próximos 20 años.

La exposición ambiental causa casi un cuarto de todas las enfermedades. Se calcula que más de dos millones de personas en todo el mundo mueren de forma prematura debido a la contaminación del aire fuera y dentro de los hogares.

Parte del progreso que se ha conseguido para reducir la contaminación en los países desarrollados ha sido a costa de aquellos que están en vías de desarrollo, a donde se están exportando ahora la producción industrial y sus efectos.

Los alimentos

Se ha calculado que las pérdidas en la producción agrícola mundial por causa de plagas de insectos suponen alrededor de un 14 por ciento. La expansión de las tierras de cultivo ha remitido desde 1987, pero la intensidad del uso de la tierra ha aumentado drásticamente. Entonces un campesino producía una media anual de una tonelada: en la actualidad la producción es de 1,4 toneladas. Una hectárea de tierra de cultivo, que entonces producía una media de 1,8 toneladas, ahora produce 2,5 toneladas.

El uso insostenible de la tierra está causando degradación, una amenaza tan grave como la del cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Este factor afecta a una tercera parte de la población mundial, a través de la contaminación, la erosión del suelo, el agotamiento de los nutrientes, la escasez de agua, la salinidad y la perturbación de los ciclos biológicos.

La seguridad alimentaria de dos tercios de la población mundial depende de fertilizantes, especialmente nitrógeno. El crecimiento de la población, el exceso de consumo y la continua alternancia entre el consumo de cereales y de carne significa que la demanda de alimentos aumentará de 2,5 a 3,5 veces la cifra actual.

Es probable que para 2030, los países en vías de desarrollo necesiten 120 millones más de hectáreas para alimentarse.

La pérdida de diversidad genética puede amenazar a la seguridad alimentaria: 14 especies animales forman el 90 por ciento de la existencia total de animales; 30 tipos de cultivos dominan la agricultura, lo que se calcula que proporciona el 90 por ciento de las calorías mundiales.

La biodiversidad

Cerca del 60 por ciento de los servicios de ecosistemas que se han evaluado están degradados o se han utilizado de forma insostenible; las poblaciones de vertebrados de agua dulce descendieron una media de casi el 50 por ciento desde 1987 a 2003, un descenso mucho más rápido que el de las especies terrestres o marinas. Más de la mitad de las 6000 lenguas del planeta están en peligro y hay quien cree que hasta un 90 por ciento del total de las lenguas probablemente no sobreviva este siglo.

El agua

Cada año, el 10 por ciento de los principales ríos del planeta no consigue llegar al mar durante unos meses, debido a la demanda de riego.

En los países en vías de desarrollo, unos 3 millones de personas mueren cada año por enfermedades de origen hídrico. La mayoría son niños menores de cinco años. Se calcula que 2.600 millones de personas carecen servicios sanitarios avanzados. Para 2025 se prevé que el descenso del agua haya aumentado en un 50 por ciento en los países en vías de desarrollo y en un 18 por ciento en el mundo desarrollado.

La preocupación es cada vez mayor por los efectos que los productos de cuidado personal y los farmacéuticos, como los analgésicos y los antibióticos, puedan tener en los ecosistemas acuáticos.

Un mundo desigual

Los aspectos económico, social y político del mundo han cambiado de forma radical desde 1987. La población ha aumentado en casi un 34 por ciento, el comercio es casi tres veces mayor y la media de ingresos por persona ha subido en un 40 por ciento.

El consumo ha ido creciendo de forma más rápida que la población, pero de forma desigual: el total de los ingresos anuales de casi 1000 millones de personas -la población de los países más ricos- es casi 15 veces el de los 2.300 millones de personas que habitan en los países más pobres.

Hay menos recursos que compartir: la cantidad de tierra por persona es de casi un cuarto de la que había hace un siglo. Se calcula que, para 2050 esta cantidad disminuya en un quinto del nivel que se alcanzó en 1900.

La urbanización es una presión importante: para 2025 se espera que solamente las poblaciones costeras lleguen a los seis mil millones. 2007 es el primer año en la historia de la Humanidad en el que más de la mitad de la población total vive en ciudades.

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