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Actualizado el 2007-09-05 a horas: 00:56:59

Elecciones generales en Guatemala

Basura electoral

Alfonso Gumucio D.

Guatemala no necesita convertirse en Guatepeor: ya está muy mal como está. Parece que no hubiera solución para sus problemas. En el país centroamericano, todos los tráficos van viento en popa: narcotráfico, tráfico de bebés para adopciones, saqueo y tráfico de piezas arqueológicas, tráfico de especies animales en extinción, tráfico de migrantes hacia México, desbosque y tráfico de maderas preciosas, etc. No hay muchas esperanzas de que las elecciones del 9 de septiembre sirvan para vislumbrar un país diferente.

Alfonso Gumucio Dagron

Alfonso Gumucio Dagron

Escritor, cineasta, periodista, fotógrafo y especialista en comunicación para el desarrollo. Ha trabajado en programas de comunicación para el cambio social en África, Asia, América Latina y el Caribe, con agencias de Naciones Unidas, con fundaciones internacionales y ONGs.

Fue miembro de la redacción del Semanario "Aquí" y ha publicado en un centenar de diarios y revistas de Bolivia, América Latina, Europa, Norteamérica, África y Asia. Dirigió películas documentales en varios países. Es Coordinador del Grupo Temático de Comunicación para el Cambio Social en la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC).

Ha publicado más de veinte libros de poesía, narrativa, testimonio, y estudios sobre literatura, cine y comunicación, entre ellos: Historia del Cine Boliviano (1982); Cine, Censura y Exilio en América Latina (1979); Luis Espinal y el Cine (1986); Las Radios Mineras de Bolivia (1989) en colaboración con Lupe Cajías; Comunicación Alternativa y Cambio Social (1990); La Máscara del Gorila (1982) Premio del Instituto Nacional de Bellas Artes de México; Haciendo Olas: Comunicación Participativa para el Cambio Social (2001), Antología de Comunicación para el Cambio Social (2008).

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La campaña electoral ha estado signada por la violencia. Más de 40 candidatos locales y nacionales han sido asesinados desde el mes de mayo. Y a veces, hijos de candidatos. Todos los partidos han sufrido bajas y esa violencia no se puede atribuir a un solo grupo político, sino más bien a las mafias del narcotráfico que operan en diferentes zonas del país, y que tienen en estas elecciones a sus propios representantes.

Un ejemplo emblemático es el diputado Manuel Castillo, o “Manolito”, que fue expulsado de varios partidos por su vinculación al narcotráfico, pero sigue protegido por su inmunidad parlamentaria, y ha creado ahora su propia agrupación política para presentarse otra vez como candidato en las próximas elecciones. Castillo fue recientemente señalado por ser el autor intelectual del asesinato de tres diputados salvadoreños, y de eliminar a varios candidatos opositores en su territorio, pero eso no cambia en nada la situación, pues Guatemala es el país de la impunidad por excelencia. Basta ver al ex dictador y genocida Efraín Rios Montt, que es también otra figura política vigente, aunque tiene mandatos de apremio internacionales.

El “oriente” de Guatemala, donde están los departamentos de Zacapa, Jutiapa, Chiquimula, Jalapa y Santa Rosa, es donde reinan las bandas de narcotraficantes. El poder político local les pertenece, así como las vidas de los habitantes. Las familias de narcotraficantes tienen sus propios ejércitos de sicarios, y el Estado nacional no se atreve a poner lo pies en esas zonas. Por ello la influencia del crimen organizado en las elecciones es tan notoria.

En casi todas las agrupaciones políticas, figuran candidatos con cola de paja, con juicios pendientes, con pasados turbios. En la Unión Nacional de la Esperanza (UNE), el partido que probablemente ganará las elecciones, liderado por Álvaro Colom, hay varias decenas de candidatos con cuentas pendientes con la justicia, señalados por vínculos con el narcotráfico, abusos de autoridad, tráfico de influencias o sospecha de asesinato.

Los casos más notorios incluyen a José Varuc Valle Morales, candidato a alcalde de Chiquimula, sobre el que pesa un juicio por el asesinato de un finquero y por el desvío de donaciones para víctimas del huracán Stan. Abel Sandoval Martínez, candidato a la alcaldía de Cuilapa, desvió el río Las Marías hacia su propiedad agrícola, afectando a 300 campesinos de la zona. Se lo acusó de peculado, tráfico de influencias y falsificación de documentos.

Es impresionante que esto se sabe, se dice y se publica, y sin embargo no pasa absolutamente nada. Inclusive la ex guerrilla guatemalteca, representada por el partido Alianza Nueva Nación (ANN), tiene en su filas candidatos que uno no quisiera tener como amigos. Es el caso de Ana Lucía Alejos Botrán, ex vocera del fiscal, que competirá por una curul en el listado metropolitano, acusada por su ex marido de atentar asesinarlo. La lista es larga, en ese mismo estilo.

El transfugio político es una norma en Guatemala, y sucede con una naturalidad que escandaliza a quienes estamos acostumbrados a dosis menos grotescas. Alrededor de 50 alcaldes que ahora quieren ser reelegidos en las listas de la UNE, han pertenecido antes a otros partidos, pero le apuestan al caballo ganador para conservar sus puestos. Una treintena de ellos proviene de las filas del FRG, el partido de Ríos Montt que gobernó de 2000 a 2004.

El cinismo de todos estos personajes para justificar sus transfugios haría enrojecer de vergüenza a los trásfugas que tenemos en otros países de la región, apenas aprendices en este oficio que los guatemaltecos dominan. Tantos transfugios ha habido, que en estos cuatro años la relación de fuerzas en el parlamento cambió completamente. Eso sucede fácilmente en Guatemala, donde no hay partidos “tradicionales”. Los partidos se hacen y deshacen para las elecciones, las siglas surgen por arte de magia cada cuatro años, o se mantienen con gente diferente. Con apenas siete años de existencia, ahora aparece la UNE como el partido “tradicional” (de los que importan, porque la Democracia Cristiana –el más antiguo- ya no significa nada).

En ese escenario tan lamentable, la propuesta de Rigoberta Menchú con Encuentro de Guatemala o la del grupo MAIZ, no tienen posibilidades de acaparar muchos votos. Ambas agrupaciones representan a la izquierda honesta, pero eso en Guatemala –donde el espectro político está cargado hacia la derecha- no es precisamente una buena recomendación. A pesar de ser un país compuesto mayoritariamente por indígenas mayas, las encuestan no le dan a la candidatura de Rigoberta más de 6%, un cuarto lugar por detrás de Colom, encima del 30% de la intención de voto, a Otto Pérez Molina alrededor de 27%, y Alejandro Giammattei, del partido de gobierno, con un magro 10%. Y es que los indígenas están aquí más divididos y dispersos que en Bolivia o en Ecuador, donde también son mayoritarios. Incluso el Frente Republicano Guatemalteco (FRG), el partido del sangriento ex dictador Ríos Montt, tiene a un maya como candidato a la vicepresidencia.

Las encuestas difieren, pero el orden de llegada coincide en todas. La pelea final, en la segunda vuelta electoral de noviembre, se dará entre Colom y Pérez Molina, del Partido Patriota. Este último ha ido acercándose peligrosamente a Colom, con un discurso que ofrece “mano dura”. Lo que en otros países podría interpretarse como la amenaza de un régimen dictatorial, aquí sirve para capturar muchos votos: la gente quiere mano dura porque está harta de la violencia y de la impunidad.

No podemos excluir la posibilidad de que en noviembre el candidato del Partido Patriota consiga más votos que Álvaro Colom, resistido por ser un personaje melifluo, acomodaticio, de quien se puede esperar cualquier cosa. Y tampoco se puede excluir una sorpresa en el mismo sentido en la primera vuelta, el domingo 9 de septiembre… Una reciente encuesta en línea entre los lectores de El Periódico, que es el diario más progresista de Guatemala, indica que el 56% de los lectores escogería a Otto Pérez Molina y el 44% a Álvaro Colom, si tuviera que escoger solamente entre los dos.

De todas maneras, nada cambiará. Este es un país donde los intereses de una burguesía feudal muy consolidada, manejan la política detrás de bambalinas. Se sabe que las familias más ricas dan aportes de campaña a varios partidos al mismo tiempo, para asegurarse en todos los casos el favoritismo del ganador. Una nueva cara presidencial no hará la diferencia, ya que los principales ministerios, los del área económica y política, los decide el sector empresarial para mantener sus privilegios.

Tampoco cambiarán mucho las cosas en el poder local, ya que los mismos candidatos, con otras siglas, van a la reelección, luego de “despejar” convenientemente a sus opositores. El FRG de Ríos Montt no hace mucha publicidad para presidente, pero se sabe que intenta conservar las numerosas alcaldías que controla en todo el país, y su amplia bancada parlamentaria.

En síntesis, estas elecciones no sirven para nada. La basura electoral no es solamente la que inunda las calles y plazas, sino la que caracteriza la “democracia” guatemalteca.

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