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Actualizado el 2007-07-02 a horas: 18:00:48

Caroscuro de la autonomía universitaria

Mario Argandoña Yáñez (*)

A pesar del mal gusto de poner al burro por delante, me tomo la libertad de extender sobre el tapete mis antecedentes de defensor de la Autonomía Universitaria (AU) para luego justificar mi decepción con algunos extremos de la misma.

Yo había regresado a Cochabamba en julio de 1970 y obtuve por concurso de méritos y examen de competencia dos cátedras en la UMSS. Muy pronto choqué con la AU a rajatabla cuando un dirigente estudiantil que perdió su bicicleta creyó que el ladrón era un paciente psiquiátrico del Hospital Viedma al que torturó en la morgue con descargas eléctricas, fracturándole además varios dientes y costillas; el portero de la morgue corrió a avisarme que estaban matando a mi paciente, y así pude sorprender al estudiante y sus secuaces en flagrante delito, ellos huyeron mientras yo me ocupaba de la víctima. Me quejé al Decano, según quien no podían hacerse conocer estos líos fuera de la UMSS, por la AU, y prometió que se ocuparía personalmente del caso. No pasó nada, el estudiante sádico llegó a ser pediatra. El 21 de agosto de 1971, vino el golpe de Banzer, con salvaje represión de las universidades, el decreto 09873 de 4 de septiembre de 1971 clausuró las universidades. Dos años después se reiniciaron las actividades académicas bajo el control absoluto del CNES que distribuyó las pegas docentes y administrativas entre los adictos al régimen. Como yo era visto como recién llegado fui invitado a dirigir el departamento de medicina, que acepté previa consulta con los catedráticos excluídos, para evitar más perjuicios a los universitarios que ya habían perdido dos años; sin embargo, puse la condición de someter este nombramiento a la votación de los profesores del departamento, que en mayoría votaron por mí. Así fui legitimado por los colegas y pude organizar concursos de méritos y exámenes de competencia para nombrar nuevos profesores. Este puesto duró pocos meses. El sistema pedagógico del CNES resultó una maraña en la que estudiantes y docentes se enredaban y confundían sin remedio, aumentando el descontento y la resistencia. Ya en su agonía, el gobierno militar dictó el Decreto Supremo 15572 de 27 de junio de 1978 que facultaba al CNES para elaborar un cronograma de elecciones en el Sistema Universitario.La UMSS fue la primera universidad en aprovechar esta circunstancia de modo que en septiembre de 1978 se eligieron con voto docente-estudiantil al Rector, Dr. Jorge Trigo y a mi persona como Vicerrector. Las otras universidades llamaron a elecciones y el V Congreso de Universidades, que aprobó el Estatuto de la Universidad Boliviana, se realizó en Cochabamba en diciembre de 1978. Todo iba bien hasta el golpe feroz de García Mesa, el 17 de julio de 1980, que impuso rectores militares. Como muchos universitarios yo marché al exilio para volver clandestino a Cochabamba y participar en el movimiento de docentes, estudiantes y administrativos que el 6 de mayo de 1980 puso en fuga a las autoridades académicas de la dictadura.Fue a partir de esta segunda reconquista de la AU que el Rector de la UMSS y sus áulicos empezaron a ejercer la AU extrema, sin apelación ni control. Los dirigentes estudiantiles fueron comprados con sueldos de docentes auxiliares que eran automáticamente ascendidos a titulares; los estudiantes de los últimos cursos en cada carrera recibieron títulos de “egresados” que los eximían de los requisitos para obtener títulos profesionales en provisión nacional; los administrativos fueron cooptados con regalos y gangas. Así resultó pan comido manipular elecciones para que Decanos y dirigentes estudiantiles favorezcan al Rector, con alguna que otra excepción. La Universidad se manejaba con Resoluciones Rectorales y prácticamente desaparecieron las Resoluciones del Consejo Universitario. Durante varios años no se redactaron actas del Consejo Universitario. El manejo del presupuesto era un misterio guardado por un director Administrativo sin título académico. Las consecuencias de esta AU descontrolada se ilustrarán con dos ejemplos, entre muchísimos otros que sería tedioso enumerar.La UMSS tenía (y tiene) en el Valle del Sajta una extensa propiedad que había sido invadida por emigrantes paupérrimos del Norte de Potosí; una noche sus pequeños cultivos y chocitas fueron incendiados por profesores y administrativos de la UMS. Pocos días después, los damnificados acompañados por el compañero Sr. Sabino Rodríguez de la COB, pidieron audiencia al Consejo Universitario para denunciar esta atrocidad, se los escuchó durante 10 minutos al cabo de los cuales se los hizo salir sin dejarles continuar con sus quejas; yo propuse -con el apoyo de un solo decano- que se proceda al diálogo, pero esta moción fue derrotada por 26 votos contra 2. El Consejo Universitario nunca respondió a la COB ni a los “indios mañudos” que seguramente provocaron los incendios para sacarle plata a la U; y punto.En otra ocasión recibí en el Vicerrectorado una inesperada visita de Antonio Sanchez de Lozada Sanchez Bustamante, Contralor General de la República, por el siguiente problema: la UMSS era agente de retención que descontaba de los salarios el dinero que correspondía a los impuestos nacionales para entregarlos a la Renta, pero resulta que este dinero retenido no había sido entregado a la Renta. Yo aconsejé aplicar el rigor de la ley, pero el Contralor respondió que le era imposible por respeto a su abuelo Daniel Sanchez Bustamante, uno de los padres de la AU. Escandalizado y furioso llevé el problema al Consejo Universitario, alegando que la UMSS no podía ser el antro donde se enseña a estafar al Estado. Se me aclaró que la AU consiste en no rendir cuentas a nadie, y después de una votación de 26 contra 2 votos, se pasó otro asunto.

Cuando el Rector decidió prorrogar su mandato llamando a elecciones universitarias para ser reelegido por tercera vez, renuncié al Vicerrectorado y a mis cátedras. Han pasado más de 20 años en los que me callé por aprecio y respeto a los innumerables estudiantes, docentes y administrativos honestos que pasan por los campus de la UMSS y que de buena fe creen en el Dogma de la AU, proclamado hace casi un siglo y desde entonces voceado machaconamente por sectores antipopulares de derecha e izquierda.

Para que esto no parezca un chismorreo autobiográfico hay que zambullirse en los orígenes de la AU y tratar de desembrollar sus errores, dejando para otra ocasión el balance de sus aciertos. La historia que sigue se basa en información publicada por el CEUB en Documentos de la Universidad Autónoma de Bolivia1918-1982, La Paz, 1984.

Reseña histórica

El proceso de la AU -un movimiento que pretendía un cambio social modificando la estructura universitaria y el comportamiento político del estudiante- comenzó el 21 de junio de 1918, con el Manifiesto de la Juventud Argentina de Córdoba a los Hombres Libres de Sud América, que empieza declarando que “acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica.”, para después seguir con que “la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud.” Unas pocas líneas más abajo se lee que “La juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido aún tiempo de contaminarse. No se equivoca nunca en la elección de sus propios maestros. Ante los jóvenes no se hace mérito adulando o comprando. … En adelante, sólo podrán ser maestros en la futura república universitaria los verdaderos constructores de almas, los creadores de verdad, de belleza y de bien.” También se aclara que “La juventud universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo cuestión de nombres ni de empleos. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas.”Aunque hoy parece cursi, el Manifiesto se propagó a toda Hispanoamérica. Al referirse sólo a la dominación monárquica y monástica el documento escondió la dominación de clase capitalista; lo que pretendían los universitarios de Córdoba era elegir sus propios maestros y autoridades, dentro de la torre de marfil desconectada de la sociedad. El elogio al heroísmo, pureza y desinterés incorruptibles de la juventud cordobesa repite el viejo mito de la dorada, inmaculada juventud, negando que las y los jóvenes sean también mujeres y hombres, con vicios y virtudes. La corrupción ha desmentido este mito. Por si acaso la opinión general no fuera suficiente, Bolpress publicó el 26 de enero de 2007 un artículo sobre el mercado negro de “servicios académicos”. Se trata de personas que alquilan sus servicios para hacer favores académicos a cambio de dinero. ¿Quiere pasar la materia sin ir a clases? Le cuesta entre 80 a 100 dólares, dependiendo de la materia y la categoría del “servicio”. ¿Quiere tener una carrera sin pasar clases? Es una cuestión de negociación y puede ser entre 5 mil a 10 mil dólares.En las universidades de Bolivia, el proceso autonomista se puso en marcha con el Programa de Principios de la Federación Universitaria Boliviana, Cochabamba, 20 de agosto de 1928. Este Programa intenta superar el aislamiento de la Universidad afirmando que “la juventud universitaria boliviana no vacila en declarar que se coloca frente a la Reacción, junto a la causa de las juventudes libres, del proletariado consciente y de los pensadores imparciales y altivos del orbe entero.” Así el movimiento universitario boliviano, proveniente de las clases medias en ascenso, irrumpió en el espacio político. Pero el Programa exagera el mito de la dorada juventud y le asigna el rol de conductora y suprema educadora: “La juventud universitaria condensa sus postulados respecto del problema educativo, en la forma que sigue: … Toda la educación debería ser entregada a la Universidad erigida en organismo autónomo, constituida como poder especial del Estado, poder que nacería por elección de los maestros y universitarios que son los ciudadanos más interesados en su perfecta constitución. … Se aboliría la atribución vigente que tienen las Municipalidades respecto de la instrucción primaria, pasando dicha atribución, junto con los Tesoros de Instrucción, a la Universidad, en forma exclusiva.” Más sugestivo es el capítulo III, sobre la población y la cultura nacional, que atiza el racismo y la discriminación franztamayistas: “c) Incorporación del indio a la vida civilizada. …la educación del indio, más que a su mera castellanización, debe orientarse hacia su habilitación técnica para la vida económica, mediante una intensa difusión de métodos y maquinarias para los trabajos rurales,” y pocas líneas después: “d) Moralización del mestizo inferior o cholo, cuyos vicios capitales son el alcoholismo y la politiquería, funestamente estimulados por la política partidista”. Es decir que el indio debe quedarse en el campo y el cholo inferior debe ser moralizado por la juventud superior, heroica, pura y desinteresada, como reitera más adelante: “Sólo una larga y desinteresada campaña emprendida por la Juventud … será capaz de desviar las fuerzas políticas de Bolivia de sus moldes tradicionales.” En cuanto al orden económico, el Programa de Principios declaró que “La única salvación de Bolivia está, pues, en la progresiva SOCIALIZACIÓN DE LA RIQUEZA PRIVADA.”A partir de este Programa es que se habla de la lucha por la AU. Sin embargo no hubo tal lucha sino una serie de componendas oportunistas que consiguieron el reconocimiento de la AU por los gobiernos golpistas militares –hambrientos de apoyo político- de la década de 1930. La crisis capitalista de 1930 desestabilizó el gobierno democrático del Dr. Hernando Siles, derrocado por la Junta Militar encabezada por el Gral. Carlos Blanco Galindo con el apoyo de los grandes intereses mineros. Esta Junta estableció el régimen autónomo para las universidades, en el artículo 23 del Estatuto de Gobierno de 29 de junio de 1930: “…declárase la Autonomía Universitaria. La Universidad Boliviana se regirá por los Estatutos que someterá a la aprobación del Gobierno”. Este inicio culminó con el Referéndum de 1930 que aprobó la AU, incorporada a la Constitución mediante Decreto-Ley de 23 de febrero de 1931. En 1932 empezó la guerra del Chaco.Después de la guerra, las universidades pidieron al gobierno recursos económicos. De acuerdo con este pedido, el gobierno de la Junta Militar presidido por el Cnl. David Toro, mediante Decreto de 1 de julio de 1936, fijó las modalidades de descentralización tributaria para que cada universidad contara con ingresos propios que provenían de fuentes municipales y departamentales, que gravaban al consumo de las zonas urbanas, no tocando en nada los intereses de la gran minería. Otro Decreto del mismo día estableció la autonomía económica de las universidades. Hasta entonces existían sólo las Universidades de Sucre, La Paz y Cochabamba, que, según Mario Miranda Pacheco tenían la potestad de emitir “certificados habilitantes para afirmarse en una posición privilegiada”. El gobierno del Tte. Cnl. Germán Busch decretó la creación de las Universidades Autónomas de Potosí, Oruro, y Santa Cruz.En 1938 el presidente Busch reunió en La Paz a los Rectores, a quienes propuso una racionalización de las carreras universitarias, pero los Rectores se limitaron a considerar la distribución de la subvención del Estado a las Universidades. En 1941 el Ministro de Educación Gustavo Adolfo Otero convocó a una nueva reunión de Rectores, con la idea de considerar la organización de las universidades desde el punto de vista pedagógico y lograr la integración universitaria nacional. Sin embargo, los pocos rectores que asistieron decidieron realizar el Primer Congreso de Universidades Bolivianas que se llevó a cabo en agosto de 1941 en Sucre. No asistió el Rector de La Paz, Héctor Ormachea, que desdeñó la invitación argumentando que el Congreso desmedra la autonomía integral y que ésta no era materia de acuerdos con las otras universidades. En este Congreso se trató de dar forma a la Universidad Boliviana con un Estatuto que recién fue promulgado en 1978. En los años cuarentas el movimiento estudiantil continuó activo agitando las banderas de la libertad de cátedra, alternabilidad del gobierno universitario, y co-gobierno docente estudiantil. En 1951 la FUL de San Andrés presentó a la Junta Militar del Gral. Hugo Ballivián un documento que solicitaba el co-gobierno, solicitud que fue rechazada. Después de la Revolución Nacional, se produjeron en 1955 revoluciones universitarias con apoyo y participación de la COB. Durante algunas semanas, la UMSS fue intervenida por campesinos armados que pijchaban en aulas y jardines. Un voto resolutivo del Comité Regional de la COB de La Paz del 24 de mayo de 1955, ilumina estos sucesos: “Que los universitarios revolucionarios y los sindicatos del interior de la República han producido revoluciones universitarias en las universidades de Potosí, Oruro, Santa Cruz, Cochabamba y Sucre, debido a que la Autonomía Universitaria fue el instrumento de dominación de las clases derrotadas el 9 de Abril, que se ocupaba de malgastar el dinero del pueblo en el doctorado parasitario e inoperante … Resuelve: Prestar el apoyo moral y material de los trabajadores de La Paz a las victoriosas Revoluciones Universitarias de Potosí, Oruro, Santa Cruz, Cochabamba y Sucre, por haber aplastado a uno de los últimos reductos de la oligarquía y piden la consolidación de esta nueva conquista nacional mediante el co-gobierno paritario entre el sector universitario-docente y el sector obrero-campesino por una parte y la centralización de las Universidades por otra.” Otro voto resolutivo, de 27 de mayo de 1955 solicita al Rector de la UMSA la representación paritaria de obreros y campesinos “con un total de 32 delegados universitarios-docentes, incluyendo al Secretario General y un delegado del Sindicato de empleados; y un total de representantes del sector obrero-campesino también de 32 delegados.” Poco después la COB se retiró de las universidades, explicando su posición en un comunicado del 9 de junio de 1955: “Con referencia a las acusaciones provenientes de grupos estalinistas y sus aliados reaccionarios … la COB establece que su intervención en algunos Comités Revolucionarios de las casas de estudio del país, es únicamente transitoria … su futura como inmediata actuación estará limitada a las representaciones organizadas que los trabajadores logren como estudiantes de la Universidad Revolucionaria Boliviana”. Así, el co-gobierno fue impuesto en las universidades por los obreros y campesinos.La década de los 60 estuvo marcada por la resistencia a los gobiernos del MNR y del Gral. Barrientos. El asesinato del Che en 1966 y la masacre de San Juan en 1967 radicalizaron a los universitarios que coordinaban su lucha con los sectores populares. En abril de 1970, surgió en la UMSA una Revolución Universitaria en la que los universitarios tomaron el gobierno de la universidad, y que significó en lo interno la defensa de la AU, la revisión de planes de estudio, el veto estudiantil, retiro de catedráticos, adecuación de la universidad a la realidad nacional y creación de comités revolucionarios; y en lo externo el intento de poner la universidad al servicio del pueblo. En julio de 1970 estalló la guerrilla de Teoponte que terminó trágicamente. El IV Congreso de Universidades Bolivianas, realizado en Trinidad del 4 al 11 de julio de 1971, inspirado en la Asamblea Popular resolvió “organizar la Universidad Boliviana … en función de las necesidades y aspiraciones de la clase obrera y todo el pueblo boliviano, reconociendo la hegemonía ideológica y política del proletariado en la conducción de la Universidad.” Un mes más tarde golpeó Banzer y el movimiento universitario empezó la lucha por recuperar la AU. En 20 años de democracias neoliberales la Universidad Boliviana incrementó su presupuesto y se alejó cada vez más de las clases populares, llegando a movilizarse para rechazar –con el pretexto de defender la AU- la propuesta de la Asamblea Constituyente sobre la participación social en la conducción de la universidad.Comentarios El Manifiesto de Córdoba que empieza declarando que “acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica.”, repetía las declaraciones de la independencia del siglo XIX que proclamaron la libertad frente al rey y la iglesia, mientras que mantuvieron intactos el poder de las clases dominantes (que cambiaron de españoles a criollos) y la opresión de los pobres e indígenas. La casta del saber mantuvo intactos sus privilegios y su poder, cambiando con la AU el contenido de su discurso desde la teología y la filosofía reaccionarias al paradigma de la modernidad positivista, científica y progresista.Pregonando el mito de la inmaculada juventud, la AU se reveló como un dogma de gran impacto emocional, que sedujo hasta el fanatismo a los estudiantes llamados a participar en el poder del conocimiento, pero tal participación se limitó al recinto cerrado de la universidad y a la práctica liberal de las profesiones. El error de esta limitación radica en la debilidad del poder universitario y profesional frente a los sistemas más amplios del poder político y social, particularmente en los momentos de grandes cambios sociales.Así se comprende que la AU se haya apoyado en las juntas militares de la década de 1930, década de la gran crisis del capitalismo, para luego quedarse quieta en los años 40 y después convulsionarse con la Revolución Nacional que arrastró a la AU a una alianza con obreros y campesinos para compartir el gobierno de la universidad. Con la Guerra Fría se acentuaron las presiones imperialistas que dividieron al mundo, de modo que en Bolivia las dramáticas guerrillas del Che y de Teoponte acabaron por dividir la AU entre las derechas democristianas y las izquierdas estalinistas, mientras los mineros eran masacrados y los campesinos controlados con el pacto militar-campesino. El breve período de la Asamblea Popular introdujo otra vez la adhesión de la AU a las necesidades y aspiraciones del pueblo boliviano reconociendo la hegemonía del proletariado en la conducción de la universidad. Los años y sacrificios de la lucha para recuperar la AU confiscada por las dictaduras militares solamente lograron -con las democracias neoliberales- aumentar los privilegios de casta y la corrupción del sector universitario, en desmedro de la calidad ética y académica de los Señores del Saber.Parece claro que la AU es un juguete de los poderes políticos internos y externos, un débil juguete que sólo podrá constituirse en un instrumento poderoso de la soberanía y el desarrollo nacional cuando se integre a las nuevas fuerzas que empujan el cambio irreversible de nuestra sociedad. Separada de los movimientos sociales, la AU de nuestra América seguirá siendo utilizada como mascota de los mandones de turno, o será manipulada por la CIA tal como describe Alfonso Gumucio D. en “El patrón del patrón (3)”, Bolpress 23 de junio de 2007. Pero aparte de la argumentación política, de relaciones, equilibrios y cambios de fuerzas, hay otros argumentos que podrían llamarse epistemológicos, que se refieren a los conocimientos, a su producción, enseñanza, aprendizaje y aplicación, es decir, a las actividades científicas, académicas y profesionales propiamente dichas. Conocimiento universitario y práctica humana Otro efecto del aislamiento de la AU es la separación entre el “conocimiento científico” impartido por las universidades y la “práctica humana”, separación que nos lleva por un lado a esperar de la ciencia toda salvación, y por el otro lado a negar los conocimientos recogidos del tránsito por la vida y de las experiencias que cada uno va teniendo de sí mismo y de su prójimo; además de que estamos sumergidos en conocimientos no-científicos, provenientes de la tradición cultural y religiosa, la literatura, las artes, la filosofía y la historia. Estos son saberes “subjetivos”, incontrolables e inestables, pero que no pueden ignorarse; son, además, conocimientos “no manifestados” que sólo se vuelven experiencia cuando se integran en la conciencia de quien actúa. La experiencia científica es distinta: es independiente de cualquier situación individual, su “objetividad” puede servir en cualquier contexto de acción; los conocimientos de la ciencia son manifiestos y pueden ser comprobados o utilizados por cualquiera. Por estar basados en el método, se constituyen en la única experiencia segura y en el único saber que puede legitimar cualquier experiencia. Lo que en la práctica se presenta como algo inesperado o aleatorio, es para la ciencia un nuevo tema de investigación, nada puede ser aleatorio sino que debe experimentarse y medirse para ser incluido en el ámbito científico. Así progresa la ciencia, gracias a su permanente necesidad de aplicar el método, lo que la caracteriza como una tarea siempre inconclusa y en expansión. En oposición irreconciliable con la ciencia inconclusa, la práctica humana exige elecciones y decisiones al instante, que en cada caso aplican conocimientos no-científicos como algo concluido y cierto. Mientras que la práctica de la convivencia humana está moldeada por normas validadas en nuestra tradición cultural, incuestionadas y aplicadas como algo natural, el avance del dominio científico y técnico desborda la fuerza de las costumbres y las inhibiciones de la cultura, haciendo retroceder cada vez más las decisiones del individuo y del grupo. La ciencia entra así en pugna con la conciencia de nuestro valor humano.Pero la declinación de la práctica y los valores humanos, junto al creciente dominio y explotación de la naturaleza por la ciencia, han adquirido tales dimensiones que ponen en peligro la existencia de la misma ciencia y de la especie humana. De ahí surgen reacciones extremas: por un lado la iconoclasia que atribuye todos los males a la ciencia y la técnica, y por el otro una fe supersticiosa en ellas, estimulada por la tecnocracia irresponsable. Pero no debe olvidarse que la ciencia cuenta con recursos propios: la crítica y la disciplina metódica, para desmistificarse y combatir sus extremismos.A pesar de que el mundo científico y académico está adquiriendo conciencia de su creciente responsabilidad con respecto al futuro de la humanidad, todavía falta la base científica para aplicar sus conocimientos con el fin de fomentar el bienestar, el medio ambiente, y -en especial- la paz. Esto significa que el rol social de las personas no-científicas pasa a ocupar el primer plano respecto al futuro, a través de un compromiso ético que reside en la interioridad de cada uno, en el autoconocimiento y en la dignidad de elegir por sí mismo. Si bien es cierto que las decisiones prácticas dependen del conocimiento general de una persona (incluyendo sus conocimientos científicos y técnicos), la decisión de aplicar un conocimiento o una regla a una situación dada es cuestión de discernimiento –y no de estudios ni experimentos- y estas son decisiones insoslayables que deben tomarse cada vez que un conocimiento se lleva a la práctica. Al contrario, cuando se trata de la ciencia, nada hay que discernir puesto que la técnica es precisamente la aplicación de la ciencia a cada objeto específico y descontextualizado. El problema surge al considerar que cuanto más se racionaliza la aplicación del conocimiento científico, tanto más decae el ejercicio de la capacidad de juicio, o capacidad de discernir, y con él la experiencia práctica en su verdadero sentido. A esto se suman las necesidades y soluciones artificiales creadas por expertos en mercadotecnia y publicidad que impiden el ejercicio del juicio apelando a una ciencia que preconizan como si fuera infalible e indiscutible (a pesar de que la ciencia siempre se cuestiona y se corrige). De hecho, el ciudadano tiene el derecho y la obligación de usar su propio sentido común, su escala de valores, sus hábitos, preferencias y hasta sus intereses y deseos propios; tiene el derecho de emanciparse de la autoridad del experto con título académico. Sólo cuando el ciudadano participe en la transformación permanente de la sociedad podrá alcanzar el pleno desarrollo de su bienestar, su libertad y sus potencialidades.

Las políticas universitarias válidas son totalizadoras e integradoras, unen los saberes objetivos de la ciencia con los saberes prácticos de la experiencia; y asumen las contradicciones de la técnica con la naturaleza, la vida subjetiva, la dinámica social, y el azar imprevisible. El único camino para alcanzar esta validez es el de la completa identificación de la universidad con el pueblo. La meta ya no es solamente la destrucción de camarillas y el control del poder universitario, como todavía creen los universitarios, el desafío es ahora controlar el poder de la ciencia y la técnica a través de la democratización de los conocimientos y la equitativa distribución del saber.

(*) Ex Vicerrector de la UMSS

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