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Actualizado el 2007-07-02 a horas: 13:42:28

Un film que refleja la desnudez ideológica de Evo Morales

"Cocalero", retrato del MAS antes de llegar al poder

Marcelino Villarreal

(ASC-Noticias).- Primero generó prejuicios pero finalmente “Cocalero” sembró silencio a nivel general. Este documental, que ya había sido presentado previamente en varios festivales internacionales fue proyectado por primera vez en el país, en la localidad del Chapare boliviano de Lauca Ñ, ante una multitud de campesinos cocaleros del lugar y el propio Evo Morales junto a otras figuras importantes de su gobierno. Allí, según se supo después, este film provocó aburrimiento y decepción entre los asistentes que esperaban algo más propagandístico de la figura de su líder, “el Evo”, y de las luchas de los campesinos cocaleros en defensa de su derecho de sembrar la coca sin restricciones. Tras su exhibición, Morales salió precipitadamente, sin siquiera felicitar a Landes.

Por otro lado, esta cinta fue esperada con ansias en la ciudad de Santa Cruz porque, tanto cívicos como la oposición, le hacían publicidad gratis. Sin haberla visto todavía, demostrando cuán ligeros son y cuán desesperados están de tener algo novedoso y bueno para usar contra el gobierno del MAS. Anunciaron que “esa película” se trataba de pura propaganda política “financiada por Chávez”, que era racista, es decir indigenista, y no faltó quien aseguró se trataba de un film cargado de desprecio al “oriente”, a los “cruceños”. A la inversa, los simpatizantes y seguidores de Morales, también prejuzgaban, pues creían que era una especie de justa apología al líder indígena sindical favorecido por los “achachilas” que le permitieron lograr el mayoritario voto popular que lo catapultó a la presidencia. Por eso, hubo quienes esperaron que el día del estreno en el lujoso Cine Center, se hagan presentes los unionistas pandilleros para impedir que se proyecte el film “anticruceño” yhaya enfrentamiento, pero curiosamente nada de eso pasó.

“Cocalero” resultó ser algo completamente diferente y sorprendente que dejó a los prejuiciosos, a favor y en contra de Evo, completamente callados y desconcertados, tal vez, porque no era lo que esperaban o tal vez porque no entendieron este material; lo último es muy seguro tanto en cívicos como en los seguidores de Evo que más de una vez han demostrado que no entienden qué es el MAS. “Cocalero” es un documental exquisito con datos en bruto de la campaña electoral del MAS, no interpretados ni deformados por el director de este film. Es de lo mejor que se ha visto en las salas cruceñas en lo que va del año, compitiendo humildemente con la basura hollywoodense.

La película que estuvo en la cartelera cruceña por casi un mes, finalmente pasó sin ser comentada por los analistas que todas las noches, en la televisión cruceña, aparecen dando supuestamente, cátedra de lo que es el MAS y el comunismo. Ni siquiera pudieron usarla como caballito de batalla para atacar el gobierno y sindicarlo de imitador de Goebbels, el propagandista de Hitler. Los “intelectuales” del civismo autonomista, simplemente callaron.

“Cocalero”, la llegada al gobierno de un hombre con la única virtud de ser común y corriente, trompetista y pelotero

Grabado con una casera cámara digital pequeña o de mano, “Cocalero” es un registro fílmico objetivo, porque no tienen interpretaciones, voz de relator o “voz en off” que dirija o interprete las imágenes para el público. No presenta entrevistas a “analistas” ni a académicos, ni a políticos o interesados en favorecer o en atacar a Evo Morales, a quien se refiere directamente el nombre de este documental. Quien la ve es transportado a presenciar y a vivir a escasos metros, junto a Evo, y ver cómo fue en los hechos la campaña del MAS para las elecciones presidenciales en diciembre del 2005.

En este documental se evidencia que muchas de las acusaciones que la oposición lanzó contra la campaña y la candidatura de Evo Morales fueron falsas o exageraciones malintencionadas. Con el objetivo de hacer una guerra sucia contra Morales y restarle votos, los opositores del MAS terminaron por convertir en un mito y un “monstruo” a un hombre tan común y corriente como muchos bolivianos, nacido en medio de la pobreza, campesino como la mayoría en el país, amante del fútbol y de la “selección”, de piel morena y con aires de “mujeriego”, churrasquero, pijcheador, cervecero, apegado a la costumbre de agradecer a las fuerzas telúricas el plato de comida que tiene en frente, que se corta el pelo con una misma peluquera y no con un estilista de lujo, que apenas puede hablar correctamente el español, que viste con camisa, pantalón jean y zapatillas deportivas, que vive en una pequeña y modesta casa, que se sienta en los comedores de los mercados a tomar api con empanadas de queso, que se declara admirador del Che pero sin llegar al extremo de ponerse una remera con su foto, y, encima, trompetista, y como diría alguien, fiestero pero sentimental y con alma de músico frustrado.

Este hombre ordinario, que se destaca entre los demás, aparece al mismo tiempo como un conservador, sin aires de intelectual pero encarnando el atraso del país, temeroso de los debates y de las cámaras, ni soberbio ni sobrador pero exigente cuando da una orden. Este hombre terminó convertido, en algo más de dos meses, en todo un mito, en un fenómeno político novedoso, gracias a la oposición, o sea los derrotados de octubre, a PODEMOS, a APB, a los cívicos cruceños, a sus medios empresariales, a las viejas beatas malhabladas, a los mozalbetes unionistas tira huevos y su aliado el ignorante Pablo Klinski. El dirigente cocalero Evo, gracias a los ataques de lo más odiado y despreciado por la mayoría de la gente, recogió y capitalizó serenamente la frustración de los explotados bolivianos experimentando cincuenta años de gobiernos nacionalistas y de la izquierda reformista, corrompidos y vende patrias.

“Cocalero”, el documental, muestra cómo Morales, a veces sorprendido por ir encontrando apoyo de la gente durante su campaña, fue recogiendo la ilusión por el cambio profundo, por la transformación social pero por la vía del voto y no por el de la revolución, vía que la fue negando a medida que avanzaba la campaña para ganar el voto de sectores empresariales y de clase media acomodada, blancoide y racista que en un arranque de fiebre democrática decidieron también darle una oportunidad.

Es necesario afirmar que para nada es una apología a Evo Morales, pues no hay entrevistas que lo alaben y lo disculpen, no aparecen biógrafos a favor, que lo llenen de cualidades y que le digan “carismático”, “iluminado” o “intelectual” de nacimiento. Tampoco es una acusación contra Evo, pues no hay entrevistas a analistas de última hora ni a “biógrafos no autorizados” que más que explicar a Morales políticamente, escriben sobre él como si quisieran recrear un Macondo, novelar su vida, pero a la boliviana, atrapados lastimosamente por el inveterado vicio de explicar la realidad latinoamericana con el realismo mágico y no con la política y la investigación objetiva de los hechos.

Un inicio revelador… y multitudinario

Como primeras escenas de este documental se ven imágenes captadas durante la gran concentración que el MAS organizó en la histórica plaza San Francisco, de la ciudad de La Paz en octubre del 2005 y que fue el inicio oficial de su campaña para las elecciones presidenciales.La multitud que asistió era de tal magnitud que por varias cuadras alrededor de la plaza San Francisco el tráfico vehicular se vio interrumpido por más de cuatro horas. La imágenes captan la gran expectativa por ver a los candidatos del MAS, a Evo en particular. La desesperación de los miles de asistentes por estar cerca de la tarima, generó algún desorden por lo cual la policía tuvo que actuar para poner orden. El mitin tuvo todos los elementos usados por los partidos tradicionales, música, ambiente de fiesta, grupos al vivo, pero estas imágenes sorprenden porque indican que en realidad, desde el inicio, el apoyo al MAS era ya grande y que los medios empresariales lo ocultaron y lo minimizaron para poder emprender luego su guerra sucia contra Morales. En estos primeros momentos de la cinta, a pesar de que organizaciones radicales de izquierda sostenían lo contrario, se constata un alto grado de ilusión en este hombre y que el fenómeno tendía a crecer, pues apenas era el inicio de campaña. Una importante corriente en el seno de la gente estaba decidiendo que en esas elecciones sí irían a votar porque veían a un candidato que era, en imagen, diferente a todos los demás, pero igual a ellos, a los de abajo, al hombre de la calle.

Allí vemos a Evo y García Linera que se dirigen hacia el mitin. Ambos no pueden seguir avanzando en el vehículo que los transporta a causa del embotellamiento. Se bajan de la movilidad y deciden caminar varias cuadras para llegar a la concentración. La cámara los sigue a paso ligero y capta el saludo de todo tipo de gente a Morales, incluso, señoras copetudas se le cruzan, le dan la mano y le saludan como si no fuera el “indio” que es. En esta parte también se escucha y se ve a quienes le insultan. Esto prueba que no hubo, por parte del director, intención alguna para seleccionar imágenes con saludos favorables a Evo, como dijeron los analistas cívicos que ni vieron la cinta.

Finalmente, Morales llega a la tarima donde iba a tomar la palabra ante miles y miles de simpatizantes y militantes del MAS. Lo hace con la única compañía de García Linera. No hay un gran despliegue de seguridad, guardaespaldas, ni aparato que lo lleve alzado en hombros hasta la tarima. ¡No!, llega solo, abriéndose campo entre la gente él mismo, nadie anunció con tiempo su llegada y sólo se dan cuenta que él está allí en el momento en que sube a la tarima, se para en medio y saluda. Muchos no advirtieron cuando pasó por su lado, sólo unos pocos lo vieron y se le acercaron pero Evo avanzaba rápidamente.

Inmediatamente después se ve a Evo, sentado, tranquilo, en una silenciosa habitación, en manos de su peluquera de siempre que le hace un corte de pelo casi imperceptible, al gusto del propio Morales. Nadie hay en la improvisada peluquería en la casa de campaña del MAS. El tiempo de Evo era tan apretado que mandaron a buscar a su peluquera para un corte de pelo “a domicilio”. Morales está sorprendido de lo que vio en la concentración, lo comenta con su peluquera como si fuese su amiga de años, y no da crédito de lo que ella le cuenta que vio y de los informes de sus compañeros que le comentan hasta dónde llegaba el embotellamiento vehicular debido al mitin.

Coqueto, le empieza a hacer bromas a su peluquera que es como esas y esos que tienen sus peluquerías o barberías en los mercados de la ciudad de La Paz, de precios populares, donde el hombre común se corta el cabello. Alrededor no hay asesores de imágenes, de moda, o estilistas especializados, metidos en trajes de moda formales, con agendas o lapiceros en mano, con celulares que suenan a cada rato, que indiquen o guíen el corte de pelo de su candidato para que se vea presentable. El futuro presidente de la República decide, como cualquier persona, sobre su corte de pelo y no se ve a nadie que le pase un teléfono celular con una llamada de Hugo Chávez con instrucciones para su peluquera, como insinúan los cívicos.

Un Evo humano y ningún “monstruo” de la división y el enfrentamiento a la vistaEn “Cocalero” se ve a un Evo que casi en solitario viaja por el país haciendo campaña, lo acompañan únicamente su chofer y su secretaria, una joven que viste igual que él, de manera sencilla. Es como un Quijote, se puede decir, en busca de su dulcinea: la silla presidencial. A donde llegaba no habían grandes comitivas o gente que le esperaban para levantarlo en hombros, tras su arribo, ante las cámaras de los medios, para mostrarlo como hombre de multitudes. A donde Evo llegó, por lo menos en la mayor parte de la campaña reflejada en este documental, lo hizo casi inadvertido y por poco no fue de incógnito. La mayor parte de las veces viajando en auto.

Cuando Morales llega a un mercado de una localidad, de paso a Cochabamba, donde lo esperaban para otro mitin con caravana incluida, él y sus acompañantes deciden parar a descansar y desayunar. Han viajado y conducido toda la noche. Entra al mercado y todavía es muy temprano, recién unos cuantos negocios están abriendo. Camina por los angostos pasillos y nadie le saluda, nadie le espera. Se acerca a un puesto de comidas y pide de desayunar api caliente y unas empanadas de queso para él, su chofer y su secretaria. Evo, incomodo por la presencia de la cámara que lo sigue en silencio a todos lados, invita al camarógrafo a relajarse, a apagar un momento su instrumento de trabajo y a tomar asiento en la mesa para desayunar, pero la cámara no se apaga porque el objetivo de su director es el de encontrar el más mínimo detalle de la humanidad de un candidato que era atacado ferozmente no sólo por el resto de los candidatos, sino también por la embajada norteamericana, los medios locales y periodistas desde el extranjero, expertos a sueldo para acusar “de comunista” a cualquiera. Es como si el director se hubiese propuesto encontrar dónde estaba ese demonio del que tanto hablan, lo que por momentos a Evo le molesta, porque implica tener una cámara encendida todo el rato detrás de él.

Mas tarde se ve a Morales que se da un tiempo para hacer una visita inesperada a sus tierras en el Chapare, donde sembraba coca. Él las llama “mi chaquito”. Uno creería que iba a encontrarse con toda una hacienda y una casona de pichicatero en medio, pero sólo se ve unas tierras invadidas por la maleza y en vez de una casona hay un “pahuichi”, una vivienda improvisada hecha con troncos, sin muros, ni muebles, sin el más mínimo lujo, sin nada que pueda calificarse de “comodidad”, con un techo de ramas de jatata, agujereado, donde llueve más adentro que afuera. Aquí entonces aparece el Evo melancólico, mira a su alrededor y comenta que sus vecinos, que son simples cocaleros de base con la única preocupación de trabajar sus tierras, tienen sus “chaquitos” y sus casas en mejores condiciones. “Hasta de ladrillo se han hecho algunos su casita”, dice con pena de él mismo al compararse con otros. El suyo, su chaco, está abandonado y su pahuichi está casi derrumbándose. Luego va al río y sin pudor se tira al agua a nadar, en calzoncillos; su chofer y su secretaria le siguen y juegan como si fueran niños. Morales se hace la mofa de su chofer que apenas chapotea en el agua, juega con él y se relaja. Alrededor no hay comitiva que les escolte, ni un secretario o un criado que espere a Evo, fuera del agua, con un exquisito jabón francés en una mano, un champú de los caros, en la otra, y con una toalla colgada del brazo, para que se seque su jefe después del baño. Están allí solos, Evo, su chofer y su secretaria… y por supuesto, la bendita cámara que registra para la posteridad imágenes simpáticas de Morales Ayma, antes de su llegada al poder, cuando todo le era más sencillo.

Uno no puede dejar de sonreír en esta parte de la cinta y verse contagiado por la felicidad de un Evo muy humano, disfrutando del agua del río. Uno se siente tentado a aceptar que no hay un monstruo sino un hombre corriente en su pellejo, muy corriente, un campesino, un pequeño propietario amarrado a su chaco y a su forma de trabajarlo, forma que el capitalismo dejo atrás hace mucho tiempo; atado a un modo de vida del pasado, un bárbaro, un hijo de ese capitalismo atrasado incapaz de incorporar a la gran masa campesina a la modernidad.

También uno puede apreciarlo jugando al fútbol, en una cancha de uno de los tantos sindicatos cocaleros del Chapare, en la víspera de las elecciones, cuando las campañas ya se habían cerrado. Preparar y disfrutar de una parrillada, destapar una cerveza, sentarse a la mesa con sus compañeros, mofarse de los que están casados, auto alabarse por ser solterón y libre, y luego levantar su vaso espumeante de cerveza y decir “¡Salud! Aunque luego van a decir que somos borrachos”, para finalmente reírse, rociar un poco de cerveza en el suelo en agradecimiento a la pachamama, y secar el vaso.

Sí, sólo alguien objetivo, librado de las bajas pasiones que diseminan los medios empresariales y los cívicos ultraderechistas contra Evo, puede reconocer que este hombre es simplón, sobre todo después de verlo en calzoncillos y constatar que no le cuelga ningún rabo y que tiene pies en vez de pezuñas. Luego de ver “Cocalero”, si quieres explicarte mejor quien es Evo y el fenómeno del MAS, te das cuenta que la respuesta está en otra parte, en su condición de clase, en su forma material de vivir y no en los sentimentales, rabiosos y racistas ataques de la oposición de derecha.

La época de los indigenistas en el MAS y de los invitados actuando tras de bambalinasEl Evo de “Cocalero”, es el Evo de los indigenistas, es el hermano campesino Evo. Es la época en que él hace la mayor explotación de su condición de campesino y del discurso de reivindicación de los pueblos originarios o indígenas para ganar el voto de estos sectores. Es la época en que Evo se reunía con los indigenistas del MAS y con ellos definía detalles de la campaña, pero si uno se fija bien, son detalles en cuanto a la forma, de los mítines, de los discursos. Si es que los actos iban a ser ante campesinos o sectores populares tenían que ser encendidos, pro indigenistas y antiimperialistas. Con los indigenistas, se ve a Evo definir también sobre los grupos musicales y folklóricos a contratarse para cada concentración (todos debían ser indígenas) sobre cuestiones logísticas y de transporte (cada sindicato campesino que confirmaba su asistencia a algún acto proselitista tenia que movilizarse al lugar, desde sus comunidades, con sus propios fondos).

Los intelectuales “invitados” en la fórmula del MAS apenas aparecen en “Cocalero”. Sólo se lo ve a Álvaro García Linera y a Alex Contreras que juntos no suman ni cinco minutos de aparición en escena, de los 90 que dura todo el documental.

El García Linera que aparece en “Cocalero” es el de la época en que buscaba seducir a los indígenas, diferente al de hoy que choca con ellos y les critica su poco apego a la legalidad y a las normas constitucionales, a la vez que les reconoce el derecho a la inclusión en el estado boliviano. Como queriendo demostrar que detrás de su fachada de intelectual, hay un ser enamorado del altiplano boliviano y de sus indígenas, habla con la cámara y le dice que su deseo cuando muera es que lo entierren en el Altiplano, en alguna comunidad indígena. Esta escena se registra mientras espera a Evo en la vagoneta 4x4 que los iba a llevar hasta el mitin inicial en la Plaza San Francisco de La Paz. También se ve al candidato a vicepresidente cuando le expresa a Evo su preocupación sobre los rumores de golpe de estado que en esos días corrían como amenaza si el MAS ganaba las elecciones. Le aconseja que antes que nada, en caso de que hubiese golpe, lo primordial era ponerle a salvo para que dirija la defensa de la democracia y la resistencia al golpe.

Alex Contreras, ahora portavoz oficial del Gobierno, defensor de la política energética de Evo y de las relaciones del gobierno con las transnacionales, aparece brevemente en una escena en la que consulta a Evo cuál fotografía poner en los almanaques de propaganda electoral. Evo se decide por una foto en la que aparece sumamente ataviado con indumentaria de indígena y Contreras se deshace en elogios para su decisión.

En la cinta se muestra que el MAS decidía sobre la mayor parte de la campaña de Evo, por no decir sobre toda ella. En todo el documental es así, no se ve ni a Chávez ni a Castro aconsejando ni nada por el estilo. En honor a los hechos, desde hace tiempo, incluso antes del MAS y de Evo, los indigenistas, muchos de los cuales ahora están en el MAS, siempre tuvieron una idea de cómo hacer campañas electorales. Esa prácticas las aplicaron con la figura de Evo. Las elecciones del 2005, para los indigenistas no era ninguna experiencia nueva. En “Cocalero” se ve que detrás de Evo no hay un maquiavélico grupo de marketing norteamericano ni extranjeros contratados. Hay indigenistas definiéndola directamente en cuanto a su imagen indígena y organización. Los intelectuales también están pero tras bambalinas.

Los intelectuales que Evo iba invitando no aparecen en “Cocalero”, uno no puede saber qué hicieron exactamente o dónde estaban en esos días, pero en los discursos de Morales registrados en este documental ante sectores que no eran campesinos, que eran de elite o urbanos, se puede constatar que las ideas de esos intelectuales “invitados” ya están, sobre todo en los anuncios que Morales hace de cómo pensaba hacer si ganaba las elecciones y llegaba al gobierno.

La visita a Santa Cruz de la Sierra, para una cena con los empresarios privados cruceños, es la parte del documental en la que mejor se aprecia esto. La condición de Evo, de pequeño propietario anticomunista, aferrado a la propiedad privada, con una obvia necesidad de escalar socialmente, sale a flote allí. Evo llega al salón de un hotel lujoso, repleto de mesas deliciosamente decoradas y servidas. Entra y los asistentes lo aplauden. Evo discursea y da garantías a la empresa privada que el no es la encarnación del comunismo, que respeta y respetará las inversiones, que buscará transnacionales socias para el estado y que el empresariado nacional tendrá prioridad en su gobierno. “Este es un gobierno del empresariado nacional” fue lo que también dijo Alvaro García Linera meses después de asumir el MAS su gobierno. Los asistentes a la cena con Evo son todos empresarios cruceños. Sus copetudas esposas le escuchan y bostezan, pero en general parece que esa noche Evo no les pareció peligroso pues se comprometió a proteger sus intereses de clase. La cena posterior transcurre en un ambiente relajado y ameno, hay mesas y sillas vacías, señal temprana de que ciertos empresarios no lo aceptaban ni desde el inicio. Como si se tratase de sacarse una postal al lado de un indio pintoresco que buscaba ser presidente, los presentes, muchos de los cuales ahora le dicen “indio de mierda” y afirman estar decepcionados de él, posaron junto a Evo para la foto y se sintieron felices con un indígena bien domesticado en el respeto a la propiedad privada.

Este documental certifica la mano de los intelectuales invitados del MAS en la campaña electoral actuando por debajo. Sólo ellos pudieron organizar y planear dicha cena con los empresarios cruceños y no los indigenistas que en su mayoría son fanáticos anti k´aras. “Cocalero” entonces, muestra a ese MAS con un pie puesto en tendencias anacrónicas y el otro en el respeto a la legalidad y estado de derecho. Con un discurso anticapitalista de corte indigenista, pero no comunista, en un rato y con un discurso de respeto a las transnacionales, en otro momento. Por eso, es el registro de cómo se opera la transición del MÁS y de Evo, de las posiciones indigenistas a las francamente neoliberales.

“Cocalero” muestra ese MAS de los indigenistas, pero no el de hoy donde los intelectuales que mandan “tienen secuestrado al hermano Evo y lo alejan de los indígenas” como dijo un senador masista. Muchos de los indigenistas que aparecen allí, decidiendo en la campaña como círculo cercano a Evo, denuncian ahora estar desplazados por una corriente de nuevos militantes, tránsfugas que se sumaron luego de la victoria electoral y por intelectuales y “profesionales” que Evo recibió con los brazos abiertos para decir “ahora somos más”.

En este sentido el final de “Cocalero” simboliza aquello que el MAS está dejando de ser paulatinamente y que quiere dejar bien atrás. Los sastres de una reconocida modista boliviana de alta costura posan junto al saco que llevaría el nuevo presidente de Bolivia, allí acaba la cinta. El saco es una especie de elegante terno moderno mezclado con coloridos tejidos indígenas en proporción moderada. Atrás quedaron las abarcas, las camisas, los pantalones jeans, las zapatillas, la indumentaria indígena, la sencillez, como los discursos encendidos contra los yankis, contra las transnacionales. Mientras se ve cómo se confecciona el saco se escucha el diálogo entre Leonilda Zurita (candidata a senadora del MAS) y su madre. Ésta le pregunta, “ahora que Evo es presidente ¿cómo se va a vestir?”. Zurita le dice que tal vez tenga que usar traje y corbata, aunque muchos quieren que vista como indígena. ¿Como cualquier indígena? se pregunta en voz alta la madre de Zurita, suspira y dice “eso sería lindo”.

La encarnación del atraso camino a Palacio

“Cocalero” transmite cómo transcurrió velozmente la campaña electoral del MAS, casi sin tiempo para nada. Necesariamente alguien debía asumir el manejo de las cuentas económicas. Es ahí, en esta parte del documental, donde se ve a Leonilda Zurita intentando sacar cuentas de la plata y del material de propaganda donado, de lo gastado y de lo repartido. Zurita termina enredándose con las cuentas y complicándose más con la calculadora. Sentada en el piso de un cuarto, vestida de pollera pide ayuda a una compañera campesina, pero ambas no logran desenredarse de una simple operación de suma y resta. Atrás, echado en un colchón sobre el piso, esta el esposo de Zurita, un campesino común, vestido muy humildemente; se ríe de su esposa y termina aburrido de verla sumar y sumar y bregar con la calculadora y se queda dormido.Es una escena pintoresca, pero allí se refleja muy bien quiénes llegaron al Palacio Quemado días después con el voto de sectores populares e incluso de la clase media acomodada que se dice leída y culta. Si uno toma en cuenta esto entonces entiende que la cuestión no es tan pintoresca porque se trata de la encarnación misma del atraso del país que ganó las elecciones, venciendo a candidatos millonarios y a un chico de Harvard con saco y corbata. Es el resultado del fracaso y la quiebra de la burguesía boliviana y de todas sus expresiones políticas dando paso a la barbarie y no a una transformación profunda del país.

Leonilda Zurita, la de “Cocalero”, es una campesina propietaria, dueña de algunas parcelas en el Chapare donde ella misma cultiva para su autoconsumo algunos alimentos, además de la coca que comercializa. Su pahuichi es igual que el de Evo, cocina en el piso y las condiciones en las que se ve que vivía en esos días eran demasiado rústicas. Ella también apenas habla español y como Evo es una mujer común y corriente, similar a la mayoría de las bolivianas. Con fama de luchadora, también ella apostó por la vía democrática dizque para defender la coca y luchar contra las transnacionales.

En “Cocalero” se muestra también lo que es el Chapare boliviano, un lugar abandonado por el Estado y el capitalismo, en el cual sus habitantes han desarrollado marcadas tendencias localistas, con un gobierno local propio, que son los sindicatos cocaleros, con justicia propia que es la “comunitaria” y sus propios órganos deliberativos; gente que se aferra a costumbres y a un modo de producción anacrónico de la hoja de coca que da lugar a una de las “pestes” de la sociedad moderna. Es el pasado que aflora, se apodera de la situación, del aparato del Estado, y tiende naturalmente a mantener el atraso.Las confusiones del director de “Cocalero”

La madre de Leonilda Zurita es una simpática campesina de la tercera edad, que no sabe leer, que apenas habla español, pero que con entusiasmo alistó con tiempo sus documentos para votar por “el Evo”. Landes le pregunta ante las cámaras “¿está lista para votar?, a lo que ella responde “sí, ya tengo mis documentos”.En “Cocalero” se ve como mujeres y campesinos varones iletrados fueron preparados por sus sindicatos cocaleros para el día de la elección. Les impartieron cursos de cómo votar, de cómo reconocer la casilla del MAS. El documental no lo dice pero uno ve que los dirigentes cocaleros dieron por sentado que todas sus bases debían votar por Evo y listo, incluso dispusieron de sus fondos gremiales para la campaña de Evo y se preocuparon de que ningún cocalero se quede sin los documentos exigidos para el sufragio. Tampoco se dice, pero uno presencia el nivel al que ha llegado el MAS en su afán de convertir a los sindicatos y organizaciones gremiales campesinas, en este caso las cocaleras, en un apéndice del mismo partido, anulando su independencia y los derechos sindicales de las bases, imponiendo criterios bárbaros y consolidando indefinidamente la práctica del caudillismo.

Ahí se observa a organizaciones totalmente antidemocráticas, vaciadas de su esencia, preparando a sus agremiados para votar por el caudillo, sin la condición básica de la libertad de elección. Y aquí se equivoca el director de este film que en los medios manifestó estar admirado porque esto le parecía “un espíritu democrático loable” de los campesinos. También manifestó admiración por los sindicatos cocaleros y su nivel de organización sorprendente, que a pesar de ser en su mayoría analfabetos, organizados buscaron ser escuchados, incluidos en el Estado que los persigue, para defender su derecho al cultivo y al comercio de la coca y llevar a la Presidencia a uno como ellos. Landes parece no saber que más bien el MAS ha logrado así neutralizar la lucha de los cocaleros, imponiéndoles consignas que van contra sus propios intereses, como la erradicación voluntaria, sumarse a la lucha contra el narcotráfico y el control de los cultivos excendentarios.Gracias a ese control de los sindicatos cocaleros es que Landes ve llevar a Evo a la presidencia. Ahora estas organizaciones se estatizan haciendo que Evo siga siendo su máximo dirigente a la vez que es presidente del país y responsable del manejo del Estado. Esta acción es propia del nacionalismo de derecha y del estalinismo y así al cocalero de base le llega con más fuerza las presiones de erradicar más y más coca y de perseguir al narcotráfico. La confusión de Landes se hace evidente cuando introduce imágenes de mediados de la década de los 80, cuando las organizaciones cocaleras eran auténticos organismos de defensa, organizaciones casi espontáneas que se enfrentaron de manera valiente y beligerante a la política antidroga de los Estados Unidos adoptada por el estado boliviano. Esto fue antes de Evo y del MAS. Imágenes de masacres y abusos de los efectivos militares, en especial contra las mujeres, se presentan como prueba de lucha de las organizaciones cocaleras, pero sobre todo de Evo. El cineasta no sabe que los sindicatos cocaleros de esa época no son los mismos de ahora, en franca degeneración gracias a la influencia del indigenismo y del MAS. De alguna manera el director manifiesta ser víctima del mito, tal como muchos bolivianos que votaron por Evo por su supuesta tradición de lucha revolucionaria.

La realidad es que Evo se nutrió de esa lucha sin quererlo, esto seguramente no lo sabe Landes, y fue exactamente el tutismo y el embajador norteamericano Rocha quienes echaron el abono durante la denominada “guerra de la coca” que se desarrolló en la localidad cochabambina de Sacaba, en enero del 2002, que cobró la vida de varios cocaleros y policías en medio de duros enfrentamientos que llegaron a los tiros. El gobierno de Tuto Quiroga se decidió, en ese entonces, por prohibir el comercio de la coca en una región que era considerada como mercado tradicional, asumiendo, con el joven ímpetu fascista que le caracteriza, una tarea difícil, esto en lugar de un Banzer enfermo, acorralado por las movilizaciones sociales y que tuvo que renunciar desahuciado. La respuesta que obtuvo Tuto de parte de los cocaleros fue de la misma medida y le derrotaron. En el momento más cruento de esta guerra, el gobierno señaló a un culpable, Evo Morales. Este se deshizo en una y mil explicaciones de que él no había sido y que las bases lo habían rebasado. Evo no mentía. Las bases fueron aquella vez mas allá de lo que él les permitía generalmente porque siempre les dijo que era con el parlamentarismo y con la victoria en las elecciones de ese año, con los únicos instrumentos con los que defenderían la coca exitosamente. Evo y sus seguidores que controlaban los distintos sindicatos cocaleros diseminaron la idea de que aquellos que pedían que se luche por el libre cultivo de la hoja de coca y que se arme a los campesinos para ello eran “agentes de la CIA y del gobierno” que buscaban sembrar la derrota cocalera.A pesar de que Evo no mintió cuando dijo que nada tenia que ver con lo de Sacaba y que el gobierno fue quien los provocó y a pesar de haber llamado a los campesinos a deponer sus acciones y entrar al diálogo, el banzerismo y todas las demás fuerzas parlamentarias lo desaforaron del parlamento con un proceso lleno de irregularidades y amañado. Al ser perseguido por un gobierno tan impopular se convirtió, inmerecidamente, en líder moral de los cocaleros y en referencia de lucha. Luego vino el Embajador que dijo que su país retiraría la ayuda a Bolivia si Evo ganaba las elecciones en el 2002. ¡Para que más! su fama se fue hasta lo alto porque si hay en Bolivia una manera de ser popular es que el embajador norteamericano hable mal de uno.Cocalero no se sumerge en estos hechos del pasado, aunque con esto no se desmerece el valor de este documental. Tampoco se desmerece la oportuna aclaración de los hechos antes de “Cocalero”. Landes honesta y humildemente aclaró siempre sus objetivos cuando dijo que se sintió apasionado y movido por la idea de dejar un registro audiovisual de un momento y de un personaje que son nomás claves para entender lo que sucederá en el futuro de este país. En ese caso, que bien que lo haya hecho.“Un documental que puede verse con curiosidad y hasta simpatía, mañana quizás se vea con pena”Esta fue la sentencia que dio el periodista argentino Paraná Sendros, al momento de evaluar “Cocalero” y es correcta en toda su extensión.Por nuestra parte podemos decir como conclusión que “Cocalero” es una foto, una imagen congelada del MAS en un momento de su vida. Es un retrato de una organización que no está petrificada sino viva, que está en movimiento, entrando en contradicciones con ella misma; como todos los fenómenos de la sociedad. Es como cuando una persona se saca una foto de adolescente y la compara con la que se toma 40 años después. En la primera están los barritos, los frenillos, las facciones de ímpetu adolescente, el cabello espeso, el cuerpo firme, los músculos en su lugar y un rostro que denota sencillez, ingenuidad y una mente ágil. En la segunda están las patas de gallos, las arrugas, las canas, la calvicie, y el inicio de la decrepitud.El MAS es una organización que está recorriendo un periplo, una elipse. Landes le saco una preciosa foto en su punto más alto y nada más. Pero, en esa foto se puede pronosticar como será la caída y la vejez de este mozo. Allí se notan los elementos que mueven hoy en día a los explotados y sectores de los propios cocaleros, a superarlo y a desilusionarse de ese “joven” MAS. Hoy, después de las campañas y pasado el entusiasmo de los primeros días de la victoria electoral, ya aparecen los indicios de que ese buen mozo, retratado por Landes, envejece rápido, se abochorna de sus veleidades juveniles, adopta posiciones más conservadoras. Indefectiblemente se encamina a terminar yendo contra sus ideales, destruyendo la obra de su vida en un arranque de senilidad, mientras se niega a aceptar que está viejo, que ya no es útil. Hay quienes dicen que el MAS es como ese otro mozo del 52, que se llamaba MNR… y que va a terminar igual.Pero ¿y los cívicos que papel juegan entonces? Ellos son un virus letal, el del fascismo, que pueden matar al MAS muy joven, privando a las masas bolivianas de completar su experiencia por ellas mismas, de superar este romance por su cuenta. Si esto sucede los cívicos pueden convertirlo en un mito y la gente lo idealizará y patinará y patinará en la misma idea sin dejarlo atrás. Esta consecuencia a largo plazo, no importa a los autonomistas, quieren poder, o volver al poder que ellos dicen que corrompe.

Las fotos son muy incomodas a veces ¿saben?, en especial cuando en ellas se ve lo que ya no hay o lo que alguien no es más. De eso puede estar segura ahora Adriana Gil con “Cocalero”. Allí aparece retratada en una etapa de su vida, del brazo del buen mozo del MAS. Defendiendo a Evo, habla a la cámara maravillas de él, de su proyecto revolucionario, y trata de convencer de que es una revolucionaria consecuente y por convicción propia, a pesar de que maneje una lujosa movilidad. Ella aparece igual que García Linera cuando expresaba a la cámara su deseo póstumo.

Pero la Adriana de “Cocalero” ya no es más esa de allí. Ahora es autonomista y no centralista, es “dama cruceña” y ya no “revolucionaria”, es de “Santa Cruz” y no masista, defiende a “Santa Cruz” y no al “socialismo”, ya no canta trova revolucionaria cubana ahora le canta a las autonomías departamentales, como Aldo Peña. Ahora tiene otro amor, de mayor alcurnia, que se llama “Autonomía” y apellida “Santa Cruz”, al cual le ha jurado “dar su vida”. A éste, lo presenta oficialmente ante la sociedad y se saca fotos con él, bien segura de si misma la muchacha. Sus amigos y su entorno social están contentos y los zalameros hipócritas no dejan de decirle que le sienta bien el cambio, le regalan ramos de flores y la alaban por su “consecuencia”.

Adriana resultó cómo esas adolescentes riquillas enamoradizas y “rebeldes” que en un primer momento defienden, con uñas y dientes, a un ocasional “novio” pobretón de las criticas y los ataques de sus amigos y familiares que le dicen “¡Pero cómo vas a andar con ese indio!”. Pero cuando la jovencita se da cuenta que su “príncipe” no está dispuesto a seguir sus caprichos, a consentirla en todo porque la billetera no le alcanza y que tiene que compartirlo con otros compromisos adquiridos, con vicios y defectos, lo deja y luego dice a sus amigas “¿amar yo a ese? Ni loca, ya no, si yo siempre supe que era un patán y tenía razón porque ¡ese!, ¡ese…me usó!Todo esto es lo que hará a “Cocalero” una joya en el tiempo.

marcelino_villareal@ascnoticias.com

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